miércoles, abril 05, 2023

Emilio Morales sobre la sentencia en el tribunal de Londres por la deuda de la dictadura Castrista con el CRF I

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Un titular de hoy  en Diario de Cuba es:  El régimen de Cuba apelará la sentencia en el tribunal de Londres por la deuda con CRF IEl ministro de Justicia de la Isla asegura que La Habana 'continuará defendiendo la verdad: CRF no es acreedor legítimo de ninguna de sus instituciones'.

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Tomado de https://diariodecuba.com

El verdadero buitre se sale (por el momento) con la suya en Londres

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El Gobierno cubano se ha quedado prácticamente sin líneas de créditos, reconoce una deuda de 20.000 millones y hasta sus aliados suspenden la inversión en la Isla.

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Por Emilio Morales

Miami 

05 abril 2023

En audiencia desarrollada el martes 4 de abril en la Alta Corte de Inglaterra y Gales, la jueza Sara Cockerill notificó a los abogados de las partes que desestimaba la reclamación de CRF contra el Estado cubano. La jueza reconoció que el Banco Nacional de Cuba (BNC) ya no representa al Estado cubano, papel que corresponde al Banco Central de Cuba desde su creación en 1997, pero consideró que CRF I adquirió legítimamente los derechos de dicha deuda y por lo tanto tiene capacidad para reclamar su pago a esa entidad. En este sentido, la Justicia inglesa asestó el martes un revés a La Habana al dar luz verde para proceder con un juicio que podría tener consecuencias potencialmente graves para el régimen cubano.

¿Este era un fallo esperado?

Sí. Primero que todo hay que tener en cuenta que la Constitución cubana establece que el Estado no es responsable de las deudas de sus empresas ni sus instituciones. Por tanto, nunca iba a ser posible enjuiciar el Estado cubano en la Corte de Londres.

¿Tendrá un desenlace positivo el proceso que seguirá contra el BNC?

Es muy difícil de pronosticar. El Gobierno cubano hace más de 20 años atrás jugó sus cartas para evitar que en el futuro reclamaciones como estas lo pudieran perjudicar. En este sentido, se hace necesario remontarnos a 1959 para poder entender toda esta madeja que el régimen cubano tejió en su momento para entrampar a los deudores reclamantes que surgirían en el futuro.

Antecedentes

El Banco Nacional de Cuba comienza a operar en 1950 bajo el amparo de una ley que demoró en plasmarse ocho años después que fuera aprobada la Constitución de 1940.

En 1961, dos años después del triunfo de la revolución se aprueba en el mes de febrero  la Ley 930, la cual centralizaba en el BNC las funciones de banca central, y toda la actividad de banca comercial existente entonces en el país. Un año antes se habían nacionalizado todas las entidades bancarias nacionales y extranjeras, así como todas las empresas extranjeras y un número considerable de importantes empresas cubanas, cuyas acciones fueron endosadas al BNC.  Desde entonces el BNC paso a ser el dueño de todas las propiedades confiscadas en la Isla y de todas las empresas estatales que posteriormente fueron surgiendo en el proceso revolucionario.

Este movimiento convirtió al BNC en un banco con una gran cantidad de activos de alto valor, los cuales le servían de respaldo para pedir préstamos y líneas de créditos a entidades internacionales. Durante este proceso, muchas empresas que prestaban dinero y que habitualmente daban créditos a estas compañías que fueron confiscadas en los años 60 comenzaron a endeudarse. Dicha deuda comenzó a acumularse al pasar de los años, junto a otros préstamos que fueron gestionados por el BNC utilizando como respaldo a todos esos activos que en su momento fueron confiscados. Hay que recordar que estas empresas confiscadas eran empresas activas y producían bienes. Por ejemplos: los 161 centrales azucareros que fueron confiscados al triunfo de la revolución, la industria minera en todo el país, los puertos, aeropuertos, hoteles, etc. Todos estos bienes representaban cientos de millones de dólares en activos.

Ya a finales de los años 80, la deuda externa cubana era considerablemente alta. Ante esta realidad, Fidel Castro, quien siempre fue reacio a pagar la deuda externa cubana incentivó fuertes campañas políticas internacionales cuando Cuba ocupaba la presidencia del llamado Grupo de Países no Alineados. Dichas campañas tenían el objetivo arrastrar a otros países a estas campañas políticas para no pagar la deuda a numerosos acreedores. En su cruzada, llegó a afirmar que "la deuda externa era un cáncer creado por el imperialismo". Llegó incluso a publicar un mesiánico libro titulado: Fidel Castro y la deuda externa, donde intentaba dar al mundo su visión sobre la situación de la deuda externa en los países del Tercer Mundo, desde su origen hasta la imputabilidad de esta.

A comienzos de los 90 la situación de la economía de Cuba se agravó debido al derrumbe de los países socialistas de Europa del Este y a la desintegración de la Unión Soviética, lo cual significó la pérdida del 85% de las exportaciones cubanas. También el precio del azúcar tuvo un fuerte declive en el mercado internacional, lo cual afectó a la principal industria del país. El país entró en el llamado Periodo Especial, lo cual que llevó al Gobierno a implementar una serie de medidas económicas dirigidas a revertir la grave crisis económica.

En este sentido, se implementaron varias medidas para descentralizar la economía. Entre estas medidas podemos mencionar la apertura a la inversión extranjera, al turismo internacional, la apertura a los envíos de remesas, la creación de un mercado minorista dolarizado, la libre circulación del dólar, el trabajo por cuenta propia, la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) y la apertura de mercados agropecuarios, industriales y artesanales.

Esto derivó en la creación de cientos de nuevas empresas mixtas y sociedades anónimas dentro y fuera del país para dar respaldo estructural a la nueva economía que se estaba construyendo, canalizar las inversiones extranjeras en el país y conseguir nuevos créditos.

Mientras tanto, los acreedores de la deuda cubana se desgastaban infructuosamente en tratar de cobrar las respectivas deudas que el Gobierno cubano tenía con ellos.  Dado el deterioro de todas esas industrias que fueron confiscadas en los 60, este nuevo tejido empresarial surgido a finales de los 80 y en los 90 pasó a conformar los nuevos activos que tenía el BNC para gestionar sus créditos internacionales. Al mismo tiempo, comenzó a convertirse en objetivo financiero de los acreedores que no podían cobrar sus deudas.

Ante esta realidad, el régimen cubano hizo un movimiento opaco en su banca y traspasó todos los activos del BNC (propiedad confiscada y nuevas empresas creadas) al Banco Central de Cuba (BCC), el cual fue creado el 28 de mayo de 1997 por el Consejo de Estado, a través del Decreto Ley 172, con la finalidad de dividir las funciones desempeñadas hasta entonces por su antecesor, el BNC. Dicha operación tuvo el objetivo de dejar al BNC solo con la deuda y poner a resguardo y bajo custodia del BCC todos los activos que habían sido endosados con anterioridad al BNC.

De esta forma, el BNC quedaba sin activos, lo cual significaba que se convertía en una entidad sin capacidad de pago. En este sentido, toda la deuda adquirida y acumulada por el BNC al paso de los años tendría que ser gestionada a través del BCC por medio de un engorroso proceso burocrático, el cual establece que si un acreedor quiere ceder sus derechos de deuda pública está en la obligación de remitirla al Ministerio de Finanzas y Precios, y este, a su vez, al Consejo de Ministros, en su función de máximo órgano del Gobierno de la República de Cuba, para su procesamiento y aprobación. En otras palabras, ese mecanismo que se convertiría a la postre en una especie de limbo financiero del cual iba a ser muy difícil salirse, donde los acreedores quedarían atrapados en un callejón sin salida.

La deuda externa cubana crece y ahuyenta las inversiones

Uno de los principales problemas que tiene el régimen cubano para atraer la inversión extranjera es el  abultado lastre de ser mal pagador. Hoy, la deuda externa que tiene el país lo asfixia financieramente, y lo encarcela en la cárcel de la desconfianza, al convertirlo en un mercado de extremadamente alto riesgo para la inversión.

Recientemente el régimen cubano pospuso una vez más su pago de la deuda externa con el Club de París correspondiente al 2022, después de no haber pagado el 2021, el 2020 y parte del 2019. La imagen de mal pagador sigue creciendo aceleradamente. Esta realidad está ahuyentado a los pocos suicidas que todavía miran con desconfianza dónde invertir en el país. La Isla se ha convertido en el paraíso del riesgo, donde los inversionistas extranjeros hoy presentes se encuentran atrapados entre el impacto que dejó la pandemia, la inflación desatada por la Tarea Ordenamiento, el nuevo mercado cambiario y el corralito financiero que ha impuesto el Gobierno.

Las cuotas dejadas de abonar al Club de París ya superan los 200 millones de dólares de un pacto realizado en el 2015, en el cual le condonaron al régimen cubano 8.484 millones dólares de 11.084 millones que debían a dicha organización, quedando por saldar 2.600 millones a pagar por cuotas anuales hasta el 2033.  

Lo cierto es que el régimen cubano ha perdido toda credibilidad y ha desaprovechado tremendas oportunidades para poder recuperar la confianza con los acreedores. El escenario generado por el deshielo de las relaciones entre EEUU y Cuba constituyó una plataforma fértil para hacer realidad ese propósito. Sin embargo, seis años después el tema de la deuda ha vuelto prácticamente al punto de partida de cuando se comenzó la negociación con el Club de París: La Habana no paga sus cuentas.

Anterior al acuerdo alcanzado con los acreedores pertenecientes al Club de París, el Gobierno cubano había restructurado con éxito su deuda externa con acreedores comerciales de Japón, México, Rusia, China y Uruguay, logrando una reducción sustancial del 81,6%, lo que significó en su conjunto la condonación 42.089 millones de dólares. El saldo de la deuda por pagar quedaba en 9.466 millones de dólares, de los cuales 2.600 millones de dólares corresponden a los deudores agrupados en el Club de París, ya mencionados arriba.

Es importante señalar que los acuerdos de condonación de la deuda externa cubana no incluyeron la deuda con acreedores privados y con países como Venezuela y Brasil, la cual en el año 2010 se estimaba en 11.336 millones de dólares y 1.050 millones respectivamente.  En el caso de Brasil incluye los casi 700 millones de dólares de préstamo que otorgó para el proyecto de construcción del puerto y obras de infraestructura en la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM). Tampoco se incluye la vieja deuda con Argentina, que es de 4.805 millones de dólares y que pudiera llegar a ser 6.800 millones de dólares si se toma en cuenta los intereses moratorios y punitorios que correspondería aplicar por el no pago de dicha deuda. También quedó fuera la deuda con el Club de Londres, la cual suma 1.400 millones de dólares.

Hoy, el Gobierno cubano se ha quedado prácticamente sin líneas de créditos, no bastó el borrón y cuenta nueva que generó el deshielo con EEUU. El régimen cubano ha vuelto a su mala práctica de no pagar. Esto le está pasando factura en estos momentos tan críticos que el país afronta una crisis sistémica. Ya ni sus aliados políticos le dan créditos. China y Rusia han tomado un fuerte distanciamiento financiero del régimen cubano.

A finales de diciembre del 2020 Rusia tenía suspendido 50 proyectos de inversión en la Isla por falta de pago. Para esa fecha la caída de las importaciones de productos chinos a la Isla mostraba un declive de 75% con respecto al 2015. Estos datos dejan dudas sobre este distanciamiento. Incluso España, el país extranjero con mayor cantidad de inversiones en la Isla también ha tomado distancia. La reciente retirada de Bankia y tres hoteles de Meliá en Cuba así lo demuestran.

En el periodo 2015-2020 las importaciones de productos chinos cayeron en un drástico 74,57%.  De 1.900 millones reportados en 2015 declinaron a 483 millones en 2020. Estos datos muestras cuán tensas se han puesto las relaciones financieras entre Pekín y la Habana.

Hoy el régimen cubano reconoce una deuda de unos 20.000 millones. Sin embargo, debe otros 26.000 a otros acreedores a los que no pretende pagarles. Al final suman 46.000 millones de dólares, unos 4.000 millones más que los que tenía hace siete años cuando un grupo de acreedores le condonó 42.000 millones a raíz del deshielo con EEUU.

Conclusiones

Cuando en 1997 el régimen cubano hizo su acto de "magia" al traspasar los activos que pertenecían al BNC para ponerlos bajo la sombrilla del Banco Central de Cuba, nadie imaginó que 26 años después de haber sembrado esta trampa, el régimen cubano en su primer encontronazo con los deudores que lo persiguen para cobrarle lo que les deben, comenzaría a recoger los frutos de este acto de mala fe. Hoy el BNC es una entidad llena de deudas y sin activos, es como una especie de cascarón vacío que no tiene ningún valor. Al cual será muy difícil cobrarle deuda alguna.

Ante esta realidad se impone hacer un descubrimiento de todos los activos que tenía el BNC al momento de adquirir la deuda que es objeto de demanda por parte de CFR I en la Corte de Londres. ¿A dónde fueron a parar esos activos? ¿Quiénes son sus nuevos dueños? ¿Es el Banco Central de Cuba o son empresas ocultas en paraísos fiscales, o están en manos de testaferros del régimen? Descubrir esa madeja es lo interesante que puede venir ahora en este juicio. Es una manera de desentrañar y desmontar el acto de mala fe que el régimen cubano practica diariamente con las ingenuas instituciones e inversionistas que les prestan dinero o que caen en la tonta tentación de invertir en la Isla.

¿Cuántos acreedores podrían estar en una situación similar a la de CFR I? ¿Cómo podrían defenderse los acreedores de la deuda cubana ante semejante truco para no pagarles? ¿Podrá el régimen cubano seguir actuando impunemente extorsionando a inversionistas y deudores? ¿Seguirá el régimen cubano consumando el mezquino acto de seguir desfalcando miles de millones de dólares a sus víctimas? ¿Podrá la jueza Sara Cockerill poner fin a estos actos de mala fe del régimen cubano?

Los próximos meses serán decisivos para el desenlace final de esta historia.

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miércoles, junio 29, 2022

Javier Prada desde Cuba: Estupidez y pillaje: los dos carriles de la política cubana

 
Tomado de https://www.cubanet.org/

Estupidez y pillaje: los dos carriles de la política cubana

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Díaz-Canel planifica en base al dinero que no tiene, tal como lo hizo en abril pasado el primer ministro, Manuel Marrero, cuando exhortó a darle vida a Varadero más allá de sus hoteles

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Por Javier Prada 

29 de junio, 2022 

LA HABANA, Cuba.- La producción azucarera en Cuba ha muerto. No dejará de existir dentro de dos años como pronosticó el gobernante Miguel Díaz-Canel. Es un hecho. No vale la pena hablar de proyecciones a corto o mediano plazo. Ni siquiera es posible imaginar cómo será Cuba en 2024; pero al menos sabemos que su deuda externa crecerá en 100 millones de euros, puesto que de la nada, India ha decidido ocupar el lugar de los acreedores tontos, al abrir una línea de crédito para un país que le debe fortunas a medio mundo.

Según la nota publicada por Prensa Latina a propósito del acuerdo, los 100 millones podrían ser destinados a sectores como las fuentes renovables de energía, la agricultura o la biotecnología; pero no se precisa cómo ni cuándo serán invertidos. Lo más probable es que este capital termine donde mismo lo hizo el crédito ruso de 1200 millones de euros aprobado en 2016 para incrementar la generación eléctrica en Cuba entre 2022 y 2024. Basta observar la situación energética actual para comprender que aquella enorme cantidad de dinero fue destinada a fines oscuros, y que la suma aportada ahora por India no hará ninguna diferencia en la calidad de vida de un pueblo que ve aumentar la inflación y con ella el hambre, avivada por el martirio de los apagones.

El régimen sigue estrechando manos y estampando firmas sin dar explicaciones a los “electores”. Díaz-Canel reconoce el desastre de la industria azucarera y a la vez exhorta a utilizar la biomasa cañera para impulsar la generación de energía eléctrica, como si fuera una novedad y una solución factible a corto plazo. Pero ni una cosa, ni la otra.

En el año 2000 la generación de electricidad en los centrales azucareros a partir de esta fuente orgánica llegó a cubrir el 6.1% de la generación del sistema energético nacional. Han transcurrido más de veinte años, se han deteriorado tanto los centrales como las plantaciones de caña, y durante ese tiempo el sistema energético se hizo dependiente del combustible que llegaba gratuito y a borbotones desde Venezuela.

Sin materia prima, tecnología y mano de obra suficiente, no será posible resucitar lo que fue una industria próspera por más de tres siglos. Cualquier “enfoque” que proponga Díaz-Canel chocará con la verdad que el Partido Comunista se niega a admitir en toda su fatídica dimensión: no hay dinero para rescatar la industria que nos hizo país.

Entre 2002 y 2004 cerraron 100 centrales azucareros de los 156 existentes. Los que quedaron en pie continuaron operando en pésimas condiciones, rindiendo cada vez menos hasta el colapso actual, con la peor zafra en más de cien años, en la cual intervinieron 35 centrales y solo tres cumplieron su plan de producción.

No es posible que ahora la gran meta sea generar electricidad a partir de biomasa cañera, no habiendo siquiera caña que moler. Primero habría que recuperar miles de hectáreas de tierra, contratar abundante mano de obra y remunerarla con salarios acordes a la debacle ocasionada por Murillo. Habría que optimizar los centrales capaces de moler grandes volúmenes del cultivo, garantizar transporte y distribución (entiéndase cantidades ingentes de combustible), y disponer de una infraestructura tecnológica eficiente para transformar la materia orgánica en energía.

Esa hipotética recuperación estaría en manos del mismo régimen inepto y derrochador que lleva meses remendando antiguas termoeléctricas para “garantizar el verano”. Un gobierno que se rehusó a gastar en equipamiento moderno para evitar la crítica situación energética en que se halla el país, pero justo ahora, en plena bancarrota, propone una solución que demanda inversiones millonarias en tecnología, si realmente se quiere salir del atolladero.

Díaz-Canel planifica en base al dinero que no tiene, tal como lo hizo en abril pasado el primer ministro, Manuel Marrero, cuando exhortó a darle vida a Varadero más allá de sus hoteles; a embellecer sus espacios urbanos y sostener las ofertas gastronómicas. Y lo dijo como si sus anhelos fueran realizables con un golpe de varita mágica, porque en eso consiste la política económica cubana: traficar con fantasías.

Mientras se destruye el patrimonio agrícola del país, los verdaderos dueños del chiringuito multiplican las inversiones en la construcción de hoteles, las telecomunicaciones y las importaciones destinadas a los mercados online, donde se exprime a la emigración cubana. El resto no cuenta, pues mientras haya un “ñongo” de pollo o una salchicha por los cuales hacer cola, el pueblo seguirá sin prestarle atención al trasiego de millones entre gobiernos que son o se fingen idiotas y las arcas del castrismo, dueño de un país donde no hay nada que administrar, salvo el hambre de sus ciudadanos.

Díaz-Canel firma el acta de defunción de la industria azucarera, y López-Calleja presume el imponente hotel Be Live Collection La Habana, que abrirá sus puertas en agosto próximo, a despecho de la galopante miseria que se extiende por el país. Y después hay que leer en el diario Tribuna que un grupo de militares se interesa por “generar espiritualidad positiva en el pueblo”.

Esos son los “cuadros” que cobran miles de pesos por sentarse en una oficina con aire acondicionado para repetir las mismas sandeces, garabatear algo en sus agendas y engordar tres o cuatro libras más. A esos inútiles, entre los que figura Díaz-Canel, se les ha ordenado reconocer públicamente que la cosa está mala; mientras los pillos de verde olivo y guayabera la ponen peor sin dar la cara, ni dejar de engrosar sus cuentas en paraísos fiscales.

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viernes, marzo 06, 2020

Cuba va camino a la quiebra financiera. Roberto Álvarez Quiñones: Se produce muy poco, hay que importarlo casi todo y se corre el riesgo de perder todo acceso a los créditos internacionales.

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

En el libro La verdadera República de Cuba, escrito por el Dr. Andrés Cao Mendiguren,  uno de los  mejores libros sobre la república cubana (1902-1958 ) que se ja escrito (quizás el mejor de los que  he leido en mi vida),  incluyendo la monumental obra en 10 tomos Historia de la Nación Cubana, aunque este último incluye el período colonial y llega hasta el año 1952, se lee:

 ¨Cabe decir que aquellos pensamientos de 1913 expresaban una realidad  porque esa nación  se alcanzó muy pronto  en décadas posteriores,  aunque en 1959  fue demolida por los que  usurparon el poder, y ha sido vilipendeada  por una oleada de intelectuales comprometidos o  mediocres. El testimonio de ello es que Cuba ocupaba  las primeras posiciones  en todos los renglones de los anuarios de las Naciones Unidas  para la América Latina. Y hay que reconocer que estos logros  tan destacados  no se hubieran podido conseguir  si nuestros gobernantes, y a pesar de sus errores,  no hubieran tenido interés  y acierto para  resolver los problemas de la sociedad cubana, si nuestros legisladores no nos hubieran  dado una legislación avanzada  y moderna, o si el  pueblo cubano no hubiera estudiado  y trabajado  para superarse. El pueblo cubano era exigente  y siempre aspiraba  a lo mejor, pero tenemos  que acusarnos  de un pecado,  y es que  cuando no lo lográbamos plenamente, en vez de analizar  los fallos  y aplaudir lo logrado, prodigábamos una crítica irresponsable.¨ (Cao, 2008, p. 87)

En otro orden de cosas. Al triunfar la debacle Castrista el 1 de enero de 1959, la deuda de Cuba no llegaba a 50 millones de pesos  (1 peso cubano =  1 dólar en esa época), por lo que cada cubano solamente debía poco más de 7 pesos.  Cuba durante  su período de República (1902-1958) ocupó una posición privilegiada  a nivel regional y hasta mundial en Educación, Salud y Economía  por sus propios recursos, El peso cubano llegó a valer 1 y hasta  2 céntimos por encima del dólar. Esa Deuda Externa era una cantidad irrisoria cuando tenemos en cuenta la Renta Nacional cubana de esa época. 

Apunto que la existencia de esa  Deuda Externa,  pese  a la gran  Renta Nacional de Cuba,  tenía el propósito de tener  prácticamente garantizada la aprobación de  un gran préstamo  en  el futuro, cuando fuese necesario, ya que a esa petición la  acompañaría y respaldaría  un excelente historial de pago de las deudas contraidas.
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Cuba va camino a la quiebra financiera

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Se produce muy poco, hay que importarlo casi todo y se corre el riesgo de perder todo acceso a los créditos internacionales.
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Por Roberto Álvarez Quiñones
Los Ángeles
05 marzo 2020 

Las noticias en los últimos días muestran  que la crisis financiera en Cuba se agrava a un mayor ritmo del que admite la cúpula gobernante, y lo peor, sin que esa elite cívico-militar dé señales de que va a tomar las medidas necesarias urgentes para evitar el desastre que se ve venir para los cubanos de a pie.

Varios factores van llevando a prácticamente una bancarrota del Estado cubano, lo cual implicaría un derrumbe  de las importaciones en un país que hay que importarlo casi todo porque  produce muy poco. La Habana no pagó en 2019 los 82 millones de dólares que debía abonar  al Club de París, y corre nuevamente el riesgo de perder el acceso a créditos para las importaciones, como en 1986 cuando Fidel Castro dejó de pagar el servicio de la deuda externa cubana.

Entonces la economía se mantuvo a flote porque Moscú aumentó los subsidios a los Castro y hasta exportaba al mercado occidental tres millones de toneladas de petróleo que les "sobraban" a Cuba de su cuota en el CAME y enviaba las divisas a la Isla. Y cuando desapareció la Unión Soviética muy pronto el dictador legalizó la circulación del dólar, y las remesas, paquetes y viajes a la Isla de la "gusanera"  emigrada salvaron de la bancarrota  total a las finanzas internacionales cubanas, aunque no pudieron evitar el medieval "Periodo Especial".

En turismo, mal servicio y coronavirus

Ahora al factor Club de París se unen otros agravantes. En enero pasado, en plena temporada alta, el turismo se desplomó en un 19,6%. Visitaron la Isla 95.856  turistas menos que en enero de 2019. Viajaron a Cuba un 69% de turistas menos desde EEUU, pero se hundió  también el flujo desde Alemania (-29,7%), Francia (-24,5%), Italia (-19,5%) y desde otros grandes emisores de turistas a Cuba.

La caída del turismo alemán va a aumentar con la reducción de vuelos chárter a Varadero y La Habana a partir de mayo próximo, con la anunciada retirada de la aerolínea alemana Eurowings.

En general, en el turismo todo apunta a peor, no solo por las sanciones de Washington por la intervención castrista en Venezuela, sino por el coronavirus,  que golpea al turismo internacional, al comercio, y a toda la actividad económica planetaria. Y también porque con la crisis económica la industria turística cubana no ofrece sus servicios con los estándares de calidad necesarios.

Con el sistema estalinista de economía centralmente planificada no se puede producir en grande ni con calidad suficiente para exportar y generar recursos con los cuales importar lo que hace falta. De ahí la gravedad de que Cuba se pueda quedar sin créditos para financiar las importaciones al no cumplir con lo poco que le piden el Club de París y sus otros acreedores. Quien no paga una deuda ya reducida y renegociada se coloca encima el cartelito de "malapaga" y se cierra a sí mismo el acceso a nuevos créditos.  

El "malapaga" ahora de veras no puede pagar

Para colmo, ahora el "malapaga" castrista de veras no tiene cómo pagar. El modelo estatista está en fase terminal, agravado por la crisis venezolana, y porque la cifra de médicos cubanos explotados en el extranjero se ha reducido en unos 9.000. Además, como el país produce poco, exporta cada vez menos; el turismo cae y seguirá cayendo; y el cash desde EEUU (remesas, paquetes y visitas) no alcanza para mantener a flote una economía no sustentable.

A propósito, el flujo de divisas procedente de  EEUU tiende a bajar. En enero pasado disminuyó en un 12% el número de cubanos residentes en el extranjero (90% en EEUU) que viajaron a la Isla, y más de la mitad del dinero que llega del "Imperio" a Cuba lo llevan  los cubanos que la visitan.

El no pago de lo acordado con el Club de París y otros acreedores puede ser la gota que colme el vaso.  Es feo el panorama que tienen ante sí los cubanos, que nada pueden hacer por ellos mismos pues se les prohíbe la libre empresa y la independencia económica.

En el mundo de hoy no se comercia con cash, sino a base de crédito. Incluso  quien va a exportar muchas veces exige de antemano al comprador una carta de crédito (crédito comercial) para financiar la operación de venta.

La carta de crédito es una garantía que le exige el exportador al importador contra la entrega de la documentación (certificados aduaneros, factura de compra, seguro) que evidencie que en el puerto de origen ha sido embarcada la mercancía comprada. Esa carta de crédito la paga el importador al momento de recibir los documentos y cerciorarse de que la mercancía deseada está en tránsito hacia el puerto de destino pactado.

Sin acceso a créditos se importará muy poco

De no pagar al Club de París, La Habana se va a quedar sin acceso a las finanzas internacionales y no podrá emitir las cartas de créditos que generalmente le exigen los exportadores privados capitalistas.  

Vale recordar que debido al parasitismo económico castrista, aun con los cuantiosos subsidios soviéticos, en los años 80 la deuda cubana se montó en 51.000 millones de dólares, proporcionalmente la mayor deuda de Latinoamérica según el FMI. Con el Club de París (22 países), la deuda llegó a 11.100 millones, de la que Fidel Castro no pagó ni principal ni intereses a partir de 1986, y Cuba se quedó sin acceso a créditos internacionales.

Pekín en 2011 le perdonó a los Castro la deuda de 6.000 millones de dólares. En 2013 México le condonó 341 millones de una deuda total de 487 millones, y en 2014 Rusia le perdonó el 90% de 35.000 millones. Putin,  consciente de que nunca lo cobraría todo redujo el adeudo a  3.500 millones de dólares. Inútil intento, pues tampoco va a cobrar nada.

Finalmente, en 2015 el Club de París recortó en 8.500  millones de dólares(un 76%) la deuda cubana y la dejó en 2.600 millones, con facilidades de pagos bajísimos hasta 2033, y le perdonó los intereses hasta 2020, y con cláusulas para realizar inversiones en la Isla.

Luego de ese acuerdo varios países de la Unión Europea, mostrando una inaudita ingenuidad acerca de la naturaleza parasitaria de la economía cubana, decidieron  invertir capital en la Isla y  se convirtieron en el primer socio comercial de Cuba, al punto de que en 2018 el intercambio comercial cubano con ese bloque de naciones ascendió a 2.730 millones de dólares. Por supuesto, seguramente buena parte de esa cifra se convirtió en nuevas deudas.

El no pagar los adeudos a nadie es parte de la cultura fidelista. Cuba no paga ni a sus aliados y mecenas. Ahora incumple lo negociado con el Club de París, sobre todo con España, Francia, Austria, Bélgica y Japón. Y aunque el vicepresidente Ricardo Cabrisas afirma que se pagará en mayo, ya no le creen.

Los sesudos comunitarios europeos no fueron capaces de advertir que por la condición no sustentable de la economía cubana, dependiente de una Venezuela también en crisis, la capacidad financiera de la Isla iba a desplomarse.

Pero además, no importa si en mayo paga o no en París, el problema aquí es que el régimen castrista camina hacia la quiebra financiera. ¿Y cómo con menos divisas cada día se podrán importar los miles de millones de dólares que necesita el país en alimentos, materias primas, medicamentos y bienes de consumo de todo tipo?

Hay una sola respuesta: generando nacionalmente esos recursos financieros, para lo cual hay que desmantelar el sistema estalinista de economía centralmente planificada, liberar totalmente las fuerzas productivas, permitir que el sector privado importe y exporte, y dejar de intervenir en Venezuela.

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