miércoles, septiembre 03, 2025

Cuba. Sobre la masacre Castrista del 30 de agosto de 1962: Una masacre olvidada en la historia de Cuba

 

Por Enrique Del Risco

 ·2 de septiembre, 2025

La primera noticia que tuve de esta masacre fue casual. Trabajaba en el archivo del cementerio Colón cuando me encuentro con que a finales de agosto de 1962 y principios de septiembre aparecían asentados en los libros de enterramiento muchísimos difuntos con "choque traumático- hemorragia interna" como causa de muerte. Ese era el código que se manejaba en aquellos días los fallecidos por herida de bala, casi siempre fusilados. Eran muchos, muchos mas, por ejemplo, que los muertos durante los días de la invasión de Bahía de Cochinos, cuando en La Habana se aprovechó para fusilar a todo el que les pareciera en las prisiones, incluidos el veterano pistolero Eufemio Fernández y el comandante del Ejército Rebelde Humberto Sorí Marín. No fue hasta mucho después que conocería detalles de lo que ocurrió en aquellos días y hasta a alguno de sus sobrevivientes.

"Evelio Francisco fue fusilado el 21 de septiembre de 1962. Poco después, cayó frente al paredón Ricardo Olmedo, sobreviviente del ataque al Palacio Presidencial del 13 de marzo de 1957. Entre los ejecutados se cuentan, además, Juan Carlos Montes de Oca, Luis Sánchez Carpente y Jesús Sierra. También figura Sara Rodríguez, madre de Carlos y Juan Salabarría, detenida para obligarla a confesar el paradero de sus hijos. Antes de ceder, se quitó la vida"

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Tomado de https://blogacademiaahce.blogspot.com

Memorias indóciles: Una masacre olvidada en la historia de Cuba*

Por Isabel Soto Mayedo

2 de septiembre, 2025

Las páginas más oscuras de la historia de la revolución cubana fueron arrancadas de los textos escolares, pero el tiempo se está encargando de develar las verdades más escondidas. Una de ellas fue lo ocurrido en dos días de pólvora y silencio, a finales de agosto de 1962, cuando se desató un baño de sangre contra los integrantes de un grupo de militares y civiles organizados bajo el llamado Frente Anticomunista de Liberación (FAL).

Este episodio histórico fue el intento de alzamiento armado planeado para el 30 de agosto de 1962, fecha que, según el historiador Alberto Fibla (Diario Las Américas, 4 de agosto de 1999), “debe ser recordada por cada cubano” como un grito prematuro de libertad.

La frustrada conspiración del FAL intentó entonces lo inimaginable: derribar al régimen de Fidel Castro desde dentro de los cuarteles. La operación fracasó antes de comenzar y el horror que siguió aún resuena en informes diplomáticos secretos, en las memorias de los sobrevivientes y en la piel de las familias que nunca pudieron despedir a sus muertos.

Apenas tres años después de la entrada de los barbudos a La Habana, muchos de los que habían combatido contra Fulgencio Batista se sentían traicionados. El “halo de hipocresía” inicial de Fidel Castro, como lo describe Fibla, se disipaba con rapidez, dejando al descubierto la consolidación de un régimen marxista-leninista, de partido único y alineado con la Unión Soviética.

En ese contexto nació el FAL desde dentro de las propias filas castrenses. Su líder fue el comandante Evelio Francisco Pérez Menéndez, conocido como Frank, descrito como “un hombre digno y amante de la libertad”. A su lado figuraba Jesús Faraldo, segundo jefe del movimiento. Ambos planearon un levantamiento popular en La Habana y en otras regiones del país, para lo cual buscaron alianzas con miembros de la Marina de Guerra, la Policía y varios regimientos militares.

Entre las organizaciones que se sumaron al proyecto disidente se encontraban el Movimiento 30 de Noviembre, Unidad Revolucionaria, el Movimiento Montecristi, el Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), a través de Héctor Fabián, y otras agrupaciones menores.

También estuvieron incolucradas personalidades políticas como Rufo Lopez Fresquet, quien fungió como Ministro de Hacienda del gobierno revolucionario hasta marzo de 1960, cuando renunció a su cargo.

El FAL no era un grupo aislado. Según testimonios de opositores de la época, consiguió la unificación de un buen número de organizaciones representativas de la resistencia civil, creando una alianza inédita entre militares desencantados y civiles que sentían caer el “yugo comunista” sobre Cuba.

Una guerra civil inminente

La estrategia del FAL era audaz y de una escala colosal. El levantamiento estaba programado para iniciarse a las 7 pm del 30 de agosto de 1962, dos horas antes del tradicional cañonazo de las 9 pm en La Habana, con el fin de sorprender al régimen.

El plan maestro consistía en aislar la capital mediante bloqueos simultáneos en todas sus entradas. El objetivo era descabezar al gobierno, cortando comunicaciones y líneas de suministro, para dar inicio a una “guerra civil” que sus promotores consideraban “justa y necesaria” para liberar a la patria.

Pero la operación fue abortada, porque el gobierno logró infiltrar el movimiento. Cerca de 400 personas fueron detenidas y muchas de ellas terminaron ejecutadas en lo que se conoce como la Masacre del 30 y 31 de agosto de 1962.

Infiltración y represión

La magnitud del proyecto fue, irónicamente, su perdición. Los documentos históricos señalan que el plan “se difundió más de la cuenta”. El régimen activó su táctica predilecta: la infiltración. La Seguridad del Estado, con una eficacia temible debido a la amplia red de soplones y espías que desarrolló desde la clandestinidad y en la Sierra Maestra, penetró las células del FAL.

La reacción de Fidel Castro fue rápida, brutal y ejemplarizante. No hubo juicios justos ni clemencia. Consciente del peligro real que representaba esta convergencia de fuerzas, el régimen inició una oleada de arrestos y fusilamientos indiscriminados. Una purga silenciosa, pero implacable, cayó sobre militares y civiles.


(La represión culminó en jornadas de masacre en la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, escenario habitual de los fusilamientos de los llamados Tribunales Revolucionarios.)

Evelio Francisco fue fusilado el 21 de septiembre de 1962. Poco después, cayó frente al paredón Ricardo Olmedo, sobreviviente del ataque al Palacio Presidencial del 13 de marzo de 1957. Entre los ejecutados se cuentan, además, Juan Carlos Montes de Oca, Luis Sánchez Carpente y Jesús Sierra. También figura Sara Rodríguez, madre de Carlos y Juan Salabarría, detenida para obligarla a confesar el paradero de sus hijos. Antes de ceder, se quitó la vida.

La mayoría de los implicados encontraron la muerte ante el pelotón de fusilamiento y los que sobrevivieron fueron condenados a décadas de prisión en condiciones infrahumanas. La represión no se detuvo en 1962: durante años, se persiguió y ejecutó a cualquier sospechoso de vínculos con el complot que puso en entredicho la fe ciega en el liderazgo de Fidel Castro.

Un informe diplomático rescatado

Un diplomático occidental, asentado en La Habana en esa época, dejó constancia para su gobierno de lo que vio y conoció de primera mano a través de varias fuentes. Su informe –recuperado ahora en un libro en preparación– es un retrato crudo de la ingenuidad y el heroísmo de aquellos conspiradores. En un extenso y revelador despacho, el diplomático contextualizó el evento dentro del marco geopolítico de la Crisis de los Misiles, en octubre de 1962, y expuso los detalles del fallido plan desde una perspectiva realista que debe ser considerada en cualquier análisis de aquellos hechos.

Así aparece citado por el diplomático en los reportes que he logrado revisar, y cuya autoría omito por el momento a petición de los investigadores involucrados en la pesquisa de los legajos inéditos:

“Sublevación militar interna. Hay dos cuestiones que aparecen confundidas o se interfieren la una a la otra: régimen de Fidel Castro y ocupación militar del territorio de Cuba, como avanzada nuclear soviética contra Estados Unidos. Si esta avanzada, si este campamento militar, ofreciese para la URSS más garantías y seguridades el establecerlo, por hipótesis, en la isla de Puerto Rico o en la de Jamaica, el Kremlin hace tiempo que hubiera abandonado al Barbudo de la Sierra Maestra a su suerte, la cual hubiera sido muy afortunada si en ese mismo mes de agosto hubiera triunfado la última y disparatada sublevación militar interna, pésimamente organizada por el Frente Anticomunista de Liberación, cuyos elementos procedían en su mayoría del Ejército y de las Milicias.

“Uno de los objetivos más acariciados por los conjurados del FAL era el asalto a las bases soviéticas en las que se suponía la existencia de proyectiles balísticos. Ocasión habrá más adelante para detallar que estos hombres llegaron a celebrar conversaciones con los soldados recién llegados del Báltico y de la Europa Central, y que estos les manifestaron que ‘lo que deseaban era la libertad, pero que, en lo que planeaban, era casi imposible que pudieran ayudarlos’.

“Estos hombres del FAL, cuyo heroísmo y valentía nadie niega, cometieron el grave error de no contar con un jefe idóneo, de confundir a los que simpatizaban dentro de los cuarteles con la sublevación como auténticos comprometidos y seguidores; llevados de su entusiasmo e inocente impericia, se les ocurrió algo verdaderamente arriesgado e imprudentísimo, por falta de conocimiento interno de su modo de funcionar: visitaron las embajadas occidentales y anunciaron sus propósitos para pedir su colaboración en el sentido de que informasen inmediatamente a sus gobiernos cuando el golpe de Estado se produjese”.

El error fatal

El informe detalla el momento crucial en que la conspiración se expuso a sí misma. El funcionario diplomático revela que un colega suyo –embajador de un país occidental– estuvo a punto de informar a su capital sobre el inminente golpe, creyendo que triunfaría. Fue él quien, conociendo a los principales implicados y la deficiente organización, lo disuadió:

“Alguno de los embajadores occidentales creyó que el FAL, la primera conjura castrense del nuevo Ejército de la revolución marxista-leninista, iba a triunfar, y a punto estuvo de comunicárselo así a su gobierno. El día 27 de este mes de agosto consultó conmigo; conocía yo a varios de los principales encartados, sabía que eran hombres decididos y dispuestos a jugarse la vida en el empeño de derrocar al régimen por el cual no habían luchado. Yo mismo les advertí que con una organización tan deficiente, su fracaso era seguro. El embajador tenía ya redactado el telegrama: ‘No lo envíe señor embajador, esta sublevación está fracasada de antemano’, le dije”.


(Algunos otros implicados en el alzamiento del 30 agosto de 1962)

Ese error de confiar en los cuerpos diplomáticos resultó mortal. La filtración fue inevitable:

“Y así fue; además de otros informes, el gobierno castrista supo, por alguien –no sé si diplomático o subalterno de una de las embajadas que visitaron los entusiastas conjurados–, que el golpe de Estado se daría el 30 de agosto a las diez de la noche”.

Juicios sumarios y ejecuciones

La redada fue masiva y despiadada: “Cerca de 300 jefes y oficiales fueron arrestados entre el 29 y el 30, algunos fusilados inmediatamente, otros encarcelados. La sublevación había abortado. Interiormente, nada había que temer y aquel levantamiento había sido un suicidio, lleno de nobleza, pero también sobrado de imprudencias”.

La represión no se limitó a los implicados directamente. El informe destaca una víctima en particular, un caso de terror aleatorio para sembrar el miedo:

“Como víctima singular que nada tenía que ver con aquel patriótico alzamiento, al filo de las doce y minutos de la noche, también entre el 29 y el 30, era fusilado Manolín Guillot, que había sido detenido el mes de mayo anterior y sufrido torturas en Las Cabañitas, singulares ergástulas de tormento”.

Purga estalinista

A pesar del fracaso, la audacia del plan conmocionó a la cúpula gobernante. La reacción de Fidel Castro no fue de alivio, sino de paranoia, y por ello ordenó una purga sistemática.

“A pesar del fracaso, aquella sublevación puso nervioso a todo el gobierno y Fidel Castro creyó que sus ramificaciones eran mucho mayores que las descubiertas. La purga de oficiales del antes llamado Ejército Rebelde, el que le siguió en la Sierra Maestra, fue típicamente estalinista”, relata el informe.

El diplomático concluye con una aguda observación sobre la naturaleza de la alianza entre Castro y la Unión Soviética, y sobre el estado de ánimo de un líder que, aun habiendo sofocado la rebelión, se sabía vulnerable: “Pero no dormía tranquilo en ninguna parte el Amo de Cuba, como con la relativa independencia que las conveniencias de la Unión Soviética le consentían”.

Silencio y memoria

Los días 30 y 31 de agosto de 1962 quedaron borrados oficialmente. Nunca hubo alusiones a lo ocurrido, ni conmemoración, ni mención en la prensa controlada por el Estado. La historia fue reescrita para sostener el mito de una revolución humanista, monolítica e inquebrantable.

Pero los documentos –como este informe diplomático– persisten. Son testamentos mudos de un capítulo trágico: el de la valentía de unos hombres que, movidos por un ideal de libertad, se enfrentaron a una maquinaria totalitaria apenas en cierne y pagaron el precio máximo.

Su historia -y la de la madre que prefirió quitarse la vida antes de denunciar a sus hijos ligados al plan– fue silenciada durante décadas y ahora exige ser contada. No como un simple fracaso, sino como testimonio de que incluso, en los momentos de mayor opresión, algunos cubanos valerosos optaron por un “suicidio lleno de nobleza” antes de renunciar a ver la patria liberada del oprobio y la mentira bajo un régimen comunista.

El 30 de agosto de 1962 no fue una simple escaramuza, sino el clímax de una conspiración masiva que pudo haber cambiado el rumbo de Cuba. Su fracaso aseguró la consolidación definitiva del castrismo y exhibió la eficacia aterradora de su aparato de seguridad.

Lo peor: dejó al descubierto hasta dónde estaba dispuesto a llegar el poder para perpetuarse.

*Tomado de Café Fuerte

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martes, septiembre 17, 2024

Roberto Álvarez Quiñones: El castrismo repite disparates: ¿error o maldad?. Las nuevas medidas devastadoras contra el sector privado cubano son una repetición de errores cometidos anteriormente

 Tomado de https://diariodecuba.com/

El castrismo repite disparates: ¿error o maldad?

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Las nuevas medidas devastadoras contra el sector privado cubano son una repetición de errores cometidos anteriormente y el régimen lo sabe. ¿Por qué las aplica entonces

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Por Roberto Álvarez Quiñones

Miami 16 Sep 202

El proverbio "no se debe tropezar nunca con la misma piedra" surgió en la Grecia clásica. Otro muy añejo es su antítesis: "El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra", que fue esbozado por Confucio cuando dijo "el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla". O sea, quien no aprende de la realidad cometerá siempre los mismos errores.

La sabia conclusión de Confucio (hace 2.500 años) va de la mano de la de otro genio, Albert Einstein, para quien repetir lo mismo una y otra vez, esperando obtener resultados diferentes, es una clara expresión de locura.

Hago este preámbulo filosófico a propósito de las nuevas medidas devastadoras aplicadas por el régimen en Cuba contra el sector privado, que lógicamente han sido percibidas como la repetición de errores cometidos anteriormente, con lo cual surge la pregunta ¿por qué?

Me refiero a nuevos decreto-leyes que asfixian a las MIPYMES y demás negocios privados, a una resolución para "la contratación y comercialización de productos agropecuarios" y para "fortalecer el funcionamiento de la empresa estatal socialista", y a la creación del insólito Instituto Nacional de Actores Económicos No Estatales (INAENE), para el cumplimiento de "las proyecciones para corregir distorsiones y reimpulsar la economía".

O sea, son un déjà vu de la "Ofensiva Revolucionaria" de hace 56 años, y del "Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas" de hace 40 años.

Fidel y Raúl Castro, más que errores han cometidos canalladas  

Pero mucho ojo, no estamos ante la repetición de errores por ineptitud, falta de experiencia o conocimientos. No lo fueron hace décadas y mucho menos lo son ahora.

La sexagenaria historia del castrismo muestra que Fidel y Raúl Castro más que errores han cometidos canalladas a capricho, a propósito. Por ejemplo, ambos, y también el argentino Guevara, conocían perfectamente las terribles experiencias en la Rusia bolchevique y luego en China al implantar el comunismo.

En China, en los años 50, Mao Tse Tung colectivizó a la fuerza las tierras agrícolas, creó comunas asombrosamente improductivas y confiscaba las cosechas a los campesinos. Llamada pomposamente "Gran Salto Adelante", aquella barbaridad derrumbó la producción agropecuaria, toda la economía. En unos 20 años, murieron de hambre unos 30 millones de chinos.

También los Castro sabían que Lenin se percató de que la colectivización de las tierras era lo que estaba matando de hambre a millones de rusos, y en 1921 implantó la Nueva Política Económica (NEP). Se regresó a la producción libre de los campesinos, se crearon medianas y pequeñas empresas privadas agrícolas e industriales. Los campesinos podían vender por su cuenta el 90% de sus cosechas y contratar trabajadores. Se duplicó la producción agropecuaria. El hambre desapareció. Pero regresó tan pronto Stalin puso fin a la NEP.

Conociendo las consecuencias de aquella estatización de tierras en Rusia y China, Fidel Castro hizo lo mismo en Cuba. Incumplió incluso su promesa de realizar una reforma agraria y entregar las tierras a campesinos y a obreros agrícolas. Al contrario, estatizó el 77% de todas las tierras confiscadas a sus legítimos dueños, y creó versiones castristas de los hambreadores sovjoses y comunas chinas.

Desde entonces, se obliga a los campesinos cubanos a entregar al Estado el 80% de sus cosechas, a precios miserables. Y el Gobierno tiene el monopolio del comercio agropecuario del país (Acopio). Así, el comandante derrumbó tanto la producción de alimentos que tan pronto como en marzo de 1962 surgió la "libreta". Increíblemente, aún vigente.

Lo peor fue que aquel desastre no le bastó, y en marzo 1968, con su "Ofensiva Revolucionaria" dio el puntillazo a lo que quedaba de economía de mercado en la Isla. Desmanteló los 57.280 negocios privados que aún subsistían. Alegó que sus dueños eran "holgazanes en perfectas condiciones físicas, que montan un timbiriche, un negocio cualquiera, para ganar 50 pesos todos los días".

Por cierto, inadvertidamente Fidel Castro se calificó a sí mismo de holgazán, pues siendo estudiante universitario (y pandillero), con dinero enviado por su padre compró un puesto de fritas en la concurrida esquina habanera de Infanta y San Lázaro. Solo iba al negocio a recoger la venta de cada día.

Con la perestroika Castro I se espantó y volvió al estalinismo

Pasaron 18 años de aquella "ofensiva" y, para agradar a Moscú y que aumentase los subsidios a Cuba, Castro I suavizó la asfixia del centralismo estalinista-guevarista con el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (SDPE), un modelo de cálculo económico aplicado en la URSS desde la muerte de Stalin.

En la URSS aquello no salvó al comunismo, pero al menos estaba inspirado en la racionalidad capitalista. Las empresas estatales tenían que ser rentables sin recibir subsidios, trazaban su propio plan, disponían de fondos propios, y se entregaban premios en dinero a los trabajadores. En Cuba ya en los años 60 Carlos Rafael Rodríguez había propuesto aplicar ese modelo en contraposición al demoledor centralismo estalinista del Che Guevara, pero fue ese último el que prevaleció.

Con el SDPE se abrieron mercados libres campesinos, se les dio cierta autonomía a las empresas para autofinanciarse, se entregaron estímulos monetarios a los trabajadores en vez de banderitas y diplomas. La producción agrícola e industrial se recuperó un poco y la población sintió un alivio con el "mercado paralelo" y los "mercaditos", gracias al aumento de unos 1.500 millones de dólares más al monto de dinero que regalaba el tío Volodia.

Pero al comenzar en 1985 la perestroika soviética de Gorbachov, Castro I se espantó y regresó al centralismo estalinista con el "Proceso de rectificación…", que provocó un enorme retroceso económico multifacético.

Hoy, 56 años después de la "Ofensiva Revolucionaria" y a 38 de la "Rectificación de Errores", Castro II igualmente, en vez de darle más protagonismo al sector privado, le declara la guerra cuando más se necesita de él, pues de hecho es el que alimenta, viste, calza, el que "más resuelve" en la Isla.

Esta nueva arremetida contra natura tiene un fondo mafioso

Está claro que el equipo de Gobierno que encabezan Miguel Díaz-Canel y Manuel Marrero es posiblemente el más inepto habido nunca en Cuba, pero estas nuevas decisiones, indudablemente erróneas, se ajustan a la "continuidad de la revolución socialista" que imponen el dictador, ahora con título de "Líder Histórico de la Revolución", y demás dinosaurios de la Sierra Maestra.

Como el régimen necesita dinero para disminuir el fabuloso déficit de ingresos estatales necesarios (un déficit fiscal del 18% del PIB), quiere obtener fondos a la brava con multas exorbitantes, impuestos abusivos, eliminación de exenciones de impuestos a MIPYMES. En general, quiere captar ingresos que la economía estatal es incapaz de generar.

Solo en una semana de agosto se realizaron 157.331 inspecciones, que detectaron deudas al fisco por 3.000 millones de pesos que el Gobierno exige se le paguen, y fueron cerrados 360 negocios privados, según Granma.

A la vez, el régimen quiere quitarle empuje económico al sector privado independiente, y reducir la inflación con la extracción de dinero en circulación. No le importa que al reducirse la masa monetaria los consumidores tengan menos dinero, compren menos y se agrave el hambre y la desesperación de las familias.

Y hay otro detalle muy importante: sin duda en el alto mando dictatorial hay quienes, para beneficio de ellos, quieren ya desmontar el modelo centralista estalinista, que no aguanta más. Pero Castro II y demás históricos de línea dura siguen políticamente al mando. Por tanto, no es descartable que los "reformistas" agazapados estén adoptando deliberadamente medidas erróneas, pero coherentes con la "continuidad" raulista, para que el modelo centralista implosione de una vez.

Es especulación, pero ¿no es una posibilidad real? Por supuesto, el cambio que pretenden GAESA, sus compinches militares y civiles, y la burocracia gobernante más ambiciosa, sería probablemente parecido al modelo ruso actual, o una hibridación de "putinismo" con corporativismo fascista-mafioso, rasgos chinos y vietnamitas.

Pero, otra vez, ojo: también el colapso final de la economía puede conducir a escenarios muy diferentes, como otro 11J, esta vez desbordado, exitoso, definitivo.

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miércoles, abril 17, 2024

Julio M. Shiling: La traición costosa del Presidente Joe Biden

 
Tomado de https://patriademarti.com

La traición costosa de Biden

Por Julio M. Shiling

14 de abril  2024

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Apaciguar el mal ha demostrado ser históricamente costoso. La presidencia de Biden, o mejor expresado, el régimen Biden-Obama, ha superado a cualquier administración estadounidense anterior en el avance de las ideologías radicales y sus movimientos y en hacer del mundo un lugar más peligroso y menos libre. Enamorados del islamismo chií y de las propuestas de extrema izquierda, primero Barack Obama y luego su apoderado Joe Biden, han conseguido destruir el equilibrio y, por consiguiente, el ecosistema político de Oriente Próximo.

Alegando haber respondido a un ataque israelí contra la embajada iraní en Damasco, Siria, la dictadura islámica chií lanzó un ataque aéreo masivo el sábado 13 de abril. Irán lanzó 320 armas de asalto aéreo consistentes en misiles balísticos, misiles de crucero y aviones no tripulados. Se trata de serias armas de guerra. Si Israel no hubiera poseído su emblemático sistema de defensa antimisil de última generación, el país habría sido devastado. La decisión del despotismo islámico de emprender esta descarada acción supone una derrota fundamental para Occidente y una prueba de que Estados Unidos, bajo el liderazgo actual, ha perdido el rumbo.

Los fracasos de la política exterior estadounidense suelen tener consecuencias catastróficas y duraderas. La tragedia iraní comenzó cuando Jimmy Carter traicionó al acérrimo pro occidental Mohammad Reza Pahlavi, permitiendo así que el islamista radical Ruhollah Jomeini se hiciera con el poder. Estados Unidos no ha aprendido la lección de que a menudo la medicina es peor que la enfermedad. Dwight Eisenhower cometió el mismo error con Batista en Cuba y Carter, de nuevo, en Nicaragua con Somoza. Lo que siguió fue mucho más tiránico, empobrecedor y costoso para el orden democrático. Si vas a elaborar una estrategia para derribar un régimen autoritario, asegúrate de que su sustituto no sea un régimen totalitario.

Desde el principio, en 1979, la dictadura chiíta iraní declaró la yihad a Estados Unidos, Israel y la civilización occidental. Esta guerra nunca ha cesado. La República Islámica de Irán facilitó que su territorio y sus redes estatales se asociaran con movimientos extremistas suníes y regímenes de extrema izquierda para hacer del mundo un lugar más mortífero para la democracia. Afortunadamente, Occidente pudo contar con Israel y los países musulmanes suníes moderados para contrarrestar las ambiciones revolucionarias del islam radical. Obama saboteó el delicado equilibrio de Oriente Próximo favoreciendo al Irán jomeinista y a grupos terroristas islámicos como Hamás, los Hermanos Musulmanes y Hezbolá. El uso de la tierra, el dinero, la logística y el poder estatal iraníes para promover la yihad internacional, una mezcla tóxica fusionada de islamismo y socialismo ha tenido un enorme alcance extraterritorial.

Cuando Obama pastoreó un infame acuerdo en 2015 que concedió a Irán acceso a unos 150.000 millones de dólares, que estuvieron disponibles en 2016, se encontraron los fondos necesarios para la yihad contra Occidente. El dinero, las materias primas y los activos financieros no líquidos son fungibles. No hace falta ser muy brillante para concluir el enorme valor de esta transferencia de riqueza. El hecho de que el dinero “perteneciera” a Irán es irrelevante. Se mantuvo alejado de las arcas del régimen islámico terrorista por la misma razón por la que se separan los activos de las unidades del crimen organizado y de los señores de la guerra de los cárteles de la droga. Estos grupos sin ley matan a gente y hacen cosas terribles. El Departamento de Defensa de Estados Unidos tenía pruebas concluyentes, ya en julio de 2015, de que Irán era directamente responsable de la muerte de más de 500 soldados estadounidenses por artefactos explosivos improvisados. El testimonio del general Joseph S. Dunford, Jr., ante el Comité de Servicios Armados del Senado, confirmó este hecho. Sin embargo, esta inquietante información no sirvió para disuadir a Obama de seguir adelante con este fatal regalo a Irán.     

Biden, actuando como sustituto de Obama, deconstruyó las sanciones que Donald Trump había impuesto a la dictadura iraní. Los negocios no solamente volvieron a la normalidad, sino que se amplificaron. Estados autoritarios, pero pro occidentales como Egipto, Arabia Saudí, Líbano, Jordania y Emiratos Árabes Unidos, entre otros, volvieron a pivotar hacia la posición regional de desventaja de los tiempos de Obama. El radicalismo iraní volvió a ser una entidad estadounidense mimada y protegida en la política de Oriente Próximo. Ni siquiera la audaz invasión de Israel por Hamás del 7 de octubre y la horrible matanza y esclavización de ciudadanos israelíes produjo un divorcio entre la América de Biden y el Irán jomeinista. 

Hamás mantiene una relación simbiótica con el régimen de los ayatolás. Sin Irán, no habría sido posible atacar Israel. A pesar de este hecho conocido e indiscutible, Biden concedió al régimen iraní una exención el 13 de marzo de 2024, que dio a Teherán acceso a 10.000 millones de dólares. Esto ocurrió cinco meses después de la invasión de Hamás y en medio del ejercicio por parte de Israel de su defensa soberana y de los intentos de rescate de rehenes. La traición de Biden no se detiene ahí. Continúa reescribiendo arrogantemente las reglas de enfrentamiento en la guerra, configuradas para beneficiar a los agresores islámicos.

Barak Ravid, de Walla, un sitio web israelí de noticias, informó y actualizó el domingo 14 de abril que Biden había dicho al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en una llamada telefónica, que Estados Unidos no apoyaría a Israel en un contraataque a Irán. Además, una semana antes, Biden advirtió descaradamente a Israel de que Estados Unidos pondría fin a su apoyo si no se establecía un “alto el fuego inmediato” y las Fuerzas de Defensa israelíes se retiraban del sur de Gaza. Justo cuando Israel está concluyendo su guerra justa contra el yihadismo islámico, el actual presidente estadounidense parece querer evitar el colapso de Hamás. 

Durante esta época de oscuridad en el liderazgo político estadounidense, que es propiedad del islamismo y la ultraizquierda, Israel debe perseguir la victoria total en Gaza, y debe contraatacar a la República Islámica de Irán. No seguir adelante con ninguno de los objetivos mencionados solo producirá acciones más mortíferas por parte de los agresores islámicos y sus aliados marxistas. El Estado de Israel, las vidas de judíos y cristianos y la supervivencia de Occidente están en juego. Al final, la sociedad estadounidense no abandonará a Israel, aunque Biden y la izquierda ya lo hayan hecho. 

© Patria de Martí. Todos los derechos reservados.

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lunes, agosto 15, 2022

Cuba. 12 de agosto de 1933: ida, que no fuga ni huida, del Presidente constitucional Gerardo Machado y Morales

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano


La crisis económica que sufrió Cuba en parte de la presidencia  del Presidente Gerardo Machado y Morales (1925-1933),  fue  consecuencia de la Crisis Mundial del 1929 que afectó durante años al mundo. La situación económica de Cuba en el período machadista  pero antes de esas crisis mundial puede inferirse de la canción del Trio Matamoros titulada La Mujer de Antonio. La política económica de Machado de  desarrollar la industria nacional  y llevar a cabo la Reforma Arancelaria de 1927 afectaron intereses norteamericanos que usando el lobbysmo que existe en el Congreso Norteamericano  afectaron la gestión gubernamental del Presidente Machado.  Esa situación se repetiría con el gobierno de Fulgencio Batista en el período presidencial de 1955-1958.


Multitud festejando la salida  de Cuba del Presidente Gerardo Machado y Morales; muchos de ellos muy probablemente habían participado anteriormente en actos multitudinarios a favor de Machado con la consigna: ¨Con Machado hasta el Polo¨, pero no eran los únicos:  en su mayoría, la prensa en los primeros años del gobierno de Machado lo adulaba descaradamente y se rendía a sus pies...

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Cuba.  12 de agosto de 1933:  ida, que no fuga ni huida, del Presidente constitucional Gerardo Machado y Morales 

Por Pedro Pablo Arencibia
12 de agosto de 2019


Recuerdo que en Cuba vi por la TV castrista, la única existente desde hace  60 años, un documental histórico sobre la República de Cuba antes de 1959 (¡Viva la República! (1972)) que al hablar de la oposición del pueblo cubano a la dictadura de Gerardo Machado mostraron las imágenes de gigantescas manifestaciones populares que según las palabras del narrador, eran de oposición a Machado. Me llamó mucho la atención esas imagénes y con mi viejo video VHS, las pasé cuadro a cuadro para leer un cartel que aparecía un tanto lejano en la multitudinaria manisfestación; el cartel decia: ¡CON MACHADO HASTA EL POLO!,  que era una de las consignas más populares.  Ante ese respaldo abrumador a Machado, el oportunismo de políticos de los otros partidos políticos  llevó a la creación del Cooperativismo,  el cual no fue creado  por Machado, pues de no aliarse con Machado  no obtendrían votaciones significativas en las  elecciones  .  El  famoso Trio Matamoros  en su canción La Mujer de Antonio    habla de cierta manera, del existente respaldo popular que tuvo Machado  en determinado momento: 



Malalegua  tu no sigas 
hablando mal de Machado 
que te ha puesto alli un mercado
que te llena la barriga

El novelista, ensayista, guionista y director de cine Jesús Díaz Rodíguez (1941-2002), uno de los guionistas del  antes mencionado documental, cambió posteriormente su percepción sobre la República de Cuba anterior al 1 de enero de 1959 hasta el punto que siendo fundador y Director de la Revista Encuentro de la Cultura Cubana,  dedicaría el número 24 de esa revista para homenajear la República  que él  tanto vilipendió  en otra etapa de su vida.  

 En Cuba se oculta que los que realmente ¨tumbó¨ a Machado fue una crisis económica mundial que afectó a Cuba y que los militares no quisieron esperar más para dejar de apoyar a Machado. Orestes Ferrara afirma que Machado desde hacía ya un tiempo deseaba dejar la Presidencia, pero que no encontraba a nadie capacitado que pudiera frenar el caos que se iba a desencadenar si él se iba del poder.  Machado, creyendo que el Partido Comunista tenía ascendencia para controlar la huelga (que no fue convocada ni iniciada  por los comunistas aunque sí  aprovechada)  intentó terminarla mediante  un pacto con el Partido Comunista lidereado por Rubén Martínez Villena  (los comunistas cubanos, las pocas veces que hablan de ese pacto, le llaman ¨el error de agosto¨ del cual  Blas Roca  Calderio también fue responsable por ser de la cúpula dirigente de dicho partido)  a cambio de ciertos reconocimientos al partido comunista en Cuba,  pero  los militares de manera espontánea (no hubo una dirección  clara ya que los oficiales intermedios  no tuvieron un liderazgo)  se opusieron  a seguir apoyando a Machado; esa oposición empezó primero en la fortaleza de La Cabaña, posteriormente al Castillo de la Fuerza y después al Campamento de Columbia (La Verdadera República de Cuba, Manuel Cao Mendiguren, página 53).  Veamos lo anterior con más detalles:

Está claro que la naturaleza de los fenómenos sociales son casi siempre multifactoriales, pero  esos factores conforman diferentes componentes entre las cuales se hayan las llamadas componentes principales. En el caso de la situación nacional e internacional durante el segundo período de mandato de Machado,  la primera componente principal es en la que se incluyen los factores económicos, entre los que se destaca la crisis económica mundial y  los muy bajos precios del azúcar y sus consecuencias: pobreza en el gobierno y en la población, el no pago de salarios a los empleados públicos, mientras el gobierno  pagaba una  deuda externa  con intereses que provocaban que el gobierno  cayera en nuevos empréstitos a pagar,  etc.. La segunda componente, de esas componentes principales,  es la que incluye factores de carácter ¨social¨ entre los que se encuentra la labor de zapa del anarcosindicalismo y el comunismo internacional  en estudiantes y obreros  manipulables, ignorantes  e inexpertos que   provocaban huelgas  y más dificultades a la gestión del gobierno; los comunistas y anarcosindicalistas se guiaban en la práctica  por el refrán: ¨a río revuelto, ganancia de pescadores¨ siguiendo orientaciones y lineamientos teóricos de otras lejanas latitudes.

 Otros elementos, pero no todos, de esa segunda componente principal  son la represión, los asesinatos  y la censura  machadista y la violencia de las escopetas recortadas, las ¨ametralladoras¨ y la dinamita  de los luchadores  y terroristas antimachadistas. El Ejército, como parte del pueblo cubano, estaba presente  dentro de toda esta situación nacional.

No obstante, es falso lo que se dice que Rubén Martínez Villena organizó la huelga general para derrocar a Machado.   En el libro La Verdadera República de Cuba del Dr. Andrés Cao Mendiguren se lee:

¨Ya terminando el mes de julio, los obreros del transporte de La Habana fueron a una huelga.  Enrique Izquierdo, el sustituto del Alcalde, ya que no había Alcalde, sino un jefe de distrito central, había impuesto un gravamen extra a los dueños de transporte. Estos no lo aceptaron, y los obreros fueron a la huelga.  Este incidente provocó  escalonadamente, sin que nadie lo hubiera organizado ni dirigido,  una huelga general revolucionaria, a la cual se fueron sumando progresivamente todos los gremios,  estuvieran sindicalizados o no lo estuvieran, y llegó a paralizarse completamente la nación, pese a los esfuerzos de las fuerzas policiales.
El 5 de agosto se corrió la especie de que Machado había renunciado. El pueblo se lanzó a las calles y fue ametrallado a mansalva en los alrededores de Palacio. Nunca pudo saberse de quién procedía la radio pirata que dio la noticia ni qué fines buscaba.  Ante la grave situación  que lo rodeaba, Machado trató  desesperadamente  de detener la huelga y creyó que los comunistas eran capaces de hacerlo. Recibió  a una delegación en el Palacio dirigida por Martínez Villena y formada por  Jorge Vivó y Joaquín Ordoqui, con los cuales  hizo un pacto: reconocería al Partido Comunista legalmente , promulgaría un decreto ley  para la jornada de 8 horas y les daría otra serie de facilidades de organización obrera a los comunistas, con tal de que ellos detuvieran la huelga.
Los comunistas aceptaron, pero no podían parar la huelga porque primero, ni la habían organizado, y segundo, ni tenían preponderancia  en general sobre  el sector obrero cubano, sino sobre algunos pequeños sindicatos, que no representaban  ni con mucho la  mayoría de la situación. La Huelga continuó y la cosa se siguió poniendo en malas condiciones.¨ (páginas 369-370).

Se narra que cuando el Presidente Machado fue a pedir ayuda a los militares, un alto oficial le aconsejó que reuniera a su familia y partiera del  país.

Deseo señalar que Rubén Martínez Villena (hijo de Luciano Rogelio Martínez Echemendía 1876-1954, Profesor de Metodología Pedagógica en la Escuela de Educación y de Filosofía y Letras, de la Universidad de La Habana y que en 1935 sería Secretario de Educación y Secretario de Estado (interino)) descaradamente le llamó ¨asno con garras¨a Machado,  mientras adoraba a Iosef Stalin  principal responsable de la muerte de  MILLONES de personas rusas, ucranianas, etc.  pese  haber  estado en la Unión Soviética  en su intento de curarse de la tuberculosis que lo llevó a  la muerte. Rubén Martínez Villena  le vió las garras a Machado pero permaneció ciego ante las masacres y persecuciones stalinistas. Por cierto, Villena por su terquedad y sectarismo destruyó al movimiento Minorista en Cuba y eso en la historia que se estudia en Cuba apenas se dice.  Es interesante conocer que  la casa donde se escondió Martínez Villena,  en determinado momento  de la persecución Machadista,  fue la casa  de José M. Irrisari quien llegaría a ser uno de los miembros de la Pentarquía y que fue la persona que le consiguió, a través del importante e influyente Ministro machadista Carlos Miguel de Céspedes,  el permiso para salir  de su refugio y viajar a la Unión Soviética  para tratar su enfermedad.  

Sumner Welles trató de ayudar  a darle una salida lo menos traumática  a la situación en Cuba pues los EE.UU. , como en el 1906, no querían intervenir en Cuba pero deseaban su estabilidad.  Según la entonces Constitución vigente  le correspondía al Secretario de Estado sustituir al Presidente de la República cuando este faltara por una  licencia de vacaciones, etc., pero en esos días Ferrara todavía estaba en Europa y cuando regresó ya era muy tarde; además, el  traspaso también llevaba su tiempo para poder aplicarlo. Para darle solución a esa situación hubo que nombrar primero Secretario de Estado  al  entonces jefe del Ejército (General Alberto Herrera Franchi) y posteriormente Presidente (para ello hubo que cambiar las normas establecidas como fue, por ejemplo, el tiempo necesario para hacer el  nombramiento)  y este traspasó el poder inmediatamente a Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, quien era una persona  que conocía muy bien la situación cubana, pues había ocupado varios altos cargos en diferentes gobiernos de la  joven República de Cuba. El hijo, del segundo matrimonio de Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo (Padre de la Patria cubana) se había unido a la lucha  y peleado en combate  por la independencia de Cuba,  arribando en  una expedición desde EEUU donde se había criado cuando fue llevado por su madre debido a  la Guerra de los Diez Años y el relevante papel protagónico que tuvo en ella su padre. Estas maniobras se llevaron  a cabo con la aprobación de Gerardo Machado, hasta entonces Presidente elegido constitucional y democráticamente, y la de otros políticos presentes en una residencia cercana  al entonces Hospital Reina Mercedes,  que es donde hoy está ubicada la Heladería Coppelia.

Carlos Manuel de Céspedes era el individuo ideal para un gobierno de transición, pues no tenía ambiciones de poder, era honesto, capaz, conciliador, etc., pero la prensa (la misma que había adulado intensamente a Machado)  lo  tildaba, injustamente,  como una persona  débil pues querian ver resultados de  la noche a la mañana; por otra parte, el revolucionarismo, solamente experto en formar revueltas,  poner bombas y hacer atentados, querian en el poder a un hombre fuerte que les diera cuotas de poder en la estructura política del país.

Sobre el carácter  espontáneo (en el sentido de no haber sido previamente programado o fijado y sin un liderazgo claro) del golpe militar que depuso al Presidente Gerardo Machado y Morales  leemos lo siguiente en el antes mencionado libro:

¨... Pero ya el 12 de Agosto de 1933 ocurrió la deposición de Machado. Fijémonos bien en el siguiente detalle: Machado fue depuesto por un golpe militar que comenzó en la Fortaleza de La Cabaña, se extendió al Castillo de la Fuerza y después al Campamento de Columbia. Un golpe militar que a todas luces  fue espontáneo porque no tuvo una dirección clara ya que los oficiales intermedios  del Ejército, que eran los que estaban más descontentos, no tuvieron un líder que se hiciera cargo de la situación. Simplemente la situación era tan insostenible que depusieron a Machado.

Ante este hecho el Presidente Machado se reunió en Palacio con Sumner Welles, algunos oficiales del Ejército y con el General Herrera  que era su Secretario de la Guerra  para analizar cual  podía ser  la línea de acción. La ¨neo¨ Constitución  que operaba en Cuba  desde la prórroga  y las modificaciones en 1927, había eliminado el cargo de Vicepresidente, luego Machado no tenía sustituto inmediato. Se podía pensar en que Machado firmara su renuncia,  pero la Constitución vigente  establecía que se deberían  esperar seis meses para que  su Secretario de Estado lo sustituyera, y ese sería un período demasiado largo para un país  en plena efervescencia política. Se podía pensar  en que Machado  pidiera seis meses de licencia, pero entonces la sustitución sólo podría realizarse en el período de un mes, y el pueblo  no se sentiría satisfecho de que Machado  no fuera depuesto de una vez y por todas. Si se pensaba en una licencia, que era lo más rápido, el sustituto reglamentario debía ser el Secretario de Estado que era Orestes Ferrara, pero este se encontraba en Londres realizando una misión diplomática. Podía también pensarse en que Machado  moviera al General Herrera de la Secretaría de Guerra a la Secretaría de Estado, pero en cualquiera de ambos casos  considerados el sustituto  tendría que esperar un mes antes de tomar posesión y el país no estaba en condiciones  de sentirse sin gobierno.  Además a Herrera había  que descartarlo  porque los militares lo consideraban un traidor a la causa del Ejército.  Se querían hacer todos los esfuerzos posibles  para mantener los hechos dentro de un formato civilista  y al  que no se le pudiera discutir su legitimidad, pero ¿ quién sería  pues el que podría  cubrir aquel vacio de poder? Y fue precisamente el General Herrera  a quien  se escogio para  la obra de prestidigitación  de Sumner Welles ¿Por qué decimos esto?

General Alberto Herrera, cuando joven,  y Carlos Manuel de Céspedes y Quesada

Aquello  no parecía tener solución pero Sumner Welles sí creyó que la tenía. Con un pequeño resto del Congreso  que fue llamado a Palacio para convalidar unos últimos Decretos del Presidente Machado, se dictó un Decreto Presidencial que anulaba aquella parte de la Constitución  que hablaba de los seis meses de espera para una sustitución  en el caso de una renuncia presidencial. Con otro Decreto se anulaba la parte de la Constitución que para el caso de una licencia  presidencial establecía el requisito de un mes  de espera para la sustitución por el Secretario de Estado. Con otro Decreto se nombró  como nuevo Secretario de Estado  al General Herrera, lo que era una facultad del todavía Presidente Machado, y que ante la renuncia  de éste  y por los Decretos dictados y convalidados, ya pasaba automáticamente a convertirse en el nuevo Presidente. Una vez que Herrera ocupaba el nuevo cargo en propiedad pudo pedirle la renuncia a todos los demás Secretarios. El siguiente paso también lo dió Herrera al nombrar a Carlos Manuel de Céspedes como su Secretario de Estado. Y entonces sólo faltó la renuncia de Herrera  para que se cumpliese el objetivo final  de sustituir  a Machado por Carlos Manuel de Céspedes.¨ (páginas 53.55)

(Gerardo Machado y su familia)

Todos los trámites anteriores ocurrieron gracias a que  los militares  sublevados (el día 11 de agosto se sublevó La Cabaña y  marcharon hasta el Castillo de la Fuerza) se detuvieron en el Castillo de la Fuerza, pues el objetivo de los militares sublevados no era  luchar contra Machado  sino presionar para que renunciara; por otra parte,  Machado había ido al Campamento Militar de Columbia y la respuesta del jefe de ese campamento, el Coronel Rogerio del Castillo le había expresado: ¨General, póngase a buen recaudo y salve su vida y la de su familia¨. Machado regresó, hizo los trámites  antes narrados,  y posteriormente con sus familiares y algunos de sus más cercanos seguidores se fue del país. El escritor  Roberto Luque Escalona en su libro Los niños y el tigre  escribe  que Machado antes de irse almorzó, durmió la siesta y posteriormente se fue  vía aérea a Nassau. Gerardo Machado y Morales  tendría garras y dientes, no por gusto llegó a ser el general más joven del Ejército Libertador (terminó la guerra con el grado de Coronel pero posteriormente fue ascendido a General)  pero no era ni asno ni cobarde.

Más adelante en  la misma página 55 del libro del Dr. Cao  se lee:

¨... Pero el Ejército no estuvo de acuerdo y no apoyó a Céspedes, además de estar disgregado, disperso, carente de líderes y sin voluntad de actuar. Mientras tanto las fuerzas revolucionarias, que no fueron las que depusieron a Machado, siguieron en su rutina de violencia durante el breve  tiempo que duraría  la Presidencia de Carlos Manuel de Céspedes. Y puede decirse sin temor a mentir, que durante ese tiempo el país estuvo en total anarquía  y carente de gobierno.¨

Una persona  que posteriormente durante esa década de los años 30  ayudó a encausar al país hacia la normalidad fue el sargento convertido en Coronel Fulgencio Batista y Zaldivar; grado militar  no otorgado por sí mismo, sino por el miembro de la Pentarquía Sergio Carbó, y con la aprobación de otros miembros de la Pentarquía,  cuando ese colectivo  de cinco personas presidía la República de Cuba. El nombramiento de Carbó  a Batista fue motivado porque Sumner Welles en correspondencia a sus superiores  hablaba ¨de un sargento llamado Batista¨ y Batista se iba a entrevistar con Sumner Welles. Es poco conocido que Fulgencio Batista y Zaldivar   fue miembro clandestino del ABC Radical cuando Machado. En esa década y parte de la siguiente Batista era ideológicamente de ¨centro izquierda¨, que tampoco quiere decir que era  comunista.

(Sucesión de Presidentes y gobiernos no elegidos en elecciones en 1933: General Alberto Herrera Bianchi convertido en un ´santiamén¨ Secretario de Estado para poder ser nombrado Presidente, Presidencia que le traspasó inmediatanamente a Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, el cual fue depuesto por militares y estudiantes, le sucedió la Pentarquía (José M. Irrisari, Porfirio Franca, Guillermo Portela, Ramon Grau San Martín, y Sergio Carbó; a Batista, que en la foto sin recortar está al lado de Carbó, se le invitó a pertenecer a la Pentarquía pero el declinó esa invitación)  y Ramón Grau San Martín, quién ocupó alegadamente  el cargo de Presidente porque los restantes miembros de la pentarquía fueron renunciando y Grau argumentó que cómo el Directorio Estudiantil no se había retirado de  la junta  de organizaciones de la revolución  que conformaron a la Pentarquía el se quedaba al frente del Gobierno. A los aproximadamente  126 días de su ¨gobierno de los 100 días¨  el Directorio Estudiantil se autodisolvió  en una reunión en la Universidad de La Habana y Grau, ante esa situación, tuvo que dejar  la Presidencia  de un gobierno que no fue constitucional (Grau rehusó jurar con la Constitución de 1901 por ella tener la Enmienda Platt) ni elegido democraticamente en elecciones  por el pueblo cubano. Es importante conocer que en su  gobierno constitucional y democraticamente elegido de 1940-1944, Grau no tenía en cuenta a las dos Cámaras del Congreso cubano para  gobernar ni aún cuando en el Congreso  su partido tuvo la mayoría dos años después de comenzado su mandato. En ese período firmó más de 17 000  dictámenes personales. Durante la Presidencia de Carlos Prío Socarrás (1948-1952)  que era también del Partido Auténtico y al que Grau había ayudado a ser Presidente (lo que trajo el disgusto de Eduardo R, Chibás y la creación del Partido Ortodoxo),   Grau tuvo sus desavenencias con Prío y fundó otro partido político; es  poco conocido que en un momento de la década de los años 30 del siglo XX Grau  fue separado del Partido Auténtico al que posteriormente se reintegró. Grau, en 1958 y pese a su edad, no le dio paso a otra figura de su partido político para aspirar a la Presidencia de Cuba  ya que ¨padeció¨ de mesianismo,   esa enfermedad de la que adolecen tantos políticos. No se conoce que personalmente  Grau haya robado, aunque en su gobierno  estuvieron presente la corrupción y el pandillismo político) 

Hago notar  estas dos siguientes observaciones para que el lector reflexione y saque conclusiones sobre la  impronta que dejó ¨el Machadato¨ en la población cubana de aquellos tiempos: 
  •  Que pese a Orestes Ferrara haber estado muy vinculado al gobierno de Gerardo Machado,   el fue elegido por el pueblo cubano para ser uno de los delegados a la constituyente que le daría a Cuba la  muy relevante Constitución de 1940. 
  • Que el Partido Liberal,   que fue el que  llevó a  Gerardo Machado  a la Presidencia de la República en 1925,  ocupó el segundo lugar (empatado con el partido político liderado por el ex Presidente Mario García Menocal) en el número (17) de delegados a la  Constituyente de 1939 de la cual surgió la Constitución de 1940., el cual fue sólo superado por el Partido Revolucionario  Cubano (Auténtico)  que alcanzó 18 delegados.
Dos libros de memorias:  Ocho Años de Lucha  y Orestes Ferrara. Una mirada sobre tres siglos que nos dicen respectivamente  los puntos de vista de Gerardo Machado y Morales y  de Orestes Ferrara  sobre diferentes períodos de la historia política de Cuba. Libros escritos por  Gerardo Machado y Orestes Ferrara.


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De cómo comenzó a caer la noche en Cuba

Alberto Lamar Schweyer, autor de Cómo cayó el presidente Machado: una página oscura de la diplomacia norteamericana.

Por Armando de Armas
Marzo 12, 2020

El libro de Alberto Lamar Schweyer Cómo cayó el presidente Machado: una página oscura de la diplomacia norteamericana, publicado originalmente por Espasa-Calpe, en 1934, y reeditado por Exodus, en 2020, es un texto-testimonio fundamental para entender la historia de Cuba por al menos los últimos noventa años que, por si fuera poco, se lee de un tirón como si de un thriller político se tratase.

Contrariamente a lo que se nos ha asegurado por parte de la historiografía al uso en ambas orillas, y coincidiendo con Lydia Cabrera, Gastón Baquero y Orestes Ferrara, la Revolución del 33 es uno de los acontecimientos más funestos de la historia isleña, al punto que puede apuntarse que con la caída del general Gerardo Machado se desencadenan los problemas sin solución en la isla para recalar en las miasmas de 1959.

Así la Revolución del 33 es un antecedente directo de la revolución castrista. Suele oírse el lugar común, repetido hasta la saciedad, de que sin Batista no hay Castro. Pero lo cierto pareciera ser que sin el 33 no hay Batista; ni tampoco Castro. Hasta el 33 prevaleció la República de los hombres de la independencia, la soñada por Martí, Maceo, Gómez, Céspedes, Agramonte, Francisco Vicente Aguilera y tantos otros. Es el periodo en que Cuba empieza a sedimentar una élite -después que la élite nacional hubiese sido escabechinada durante treinta años de guerra contra España- y a erigir grandes obras arquitectónicas como el Capitolio Nacional y la Carretera Central.

Pero después del 33 empieza la República de los revolucionarios, sin apego a la ley y con la voluntad de gobernar a punta de metralleta. A partir de ese momento tenemos una República que se aleja de lo constitucional y apuesta decididamente por lo social; por una democracia social. La misma Constitución que se dieron los cubanos en 1940, tan cantada aún, es un ejemplo de cuán hondo habían calado en el imaginario nacional las reivindicaciones revolucionarias y sociales.

Es un periodo de mucha inestabilidad política, de mucha violencia, de grupos gansteriles dirimiendo las querellas revolucionarias a tiro limpio en las calles, de la inauguración del terrorismo en la isla, del terrorismo a gran escala como método de lucha válido para alcanzar el poder.

(Orestes Ferrara, primero  de izquierda a derecha en la foto y al centro el Presidente Gerardo Machado y Morales Fotos en el texto añadidas por el Bloguista de Baracutey Cubano)

En Cómo cayó el presidente Machado se lee: “Se mataba y se moría exactamente como entre los gánsteres de Chicago y con las mismas ametralladoras “Thompson”. Además, los jóvenes terroristas cubanos introdujeron un arma nueva y terrible: la escopeta de caza con el cañón recortado y cargada de balas de diversos tamaños. Con este equipo y con bombas de dinamita, por ellos mismos confeccionadas, se lanzaron a batir a Machado. No murió Machado, que estaba en Palacio o en su finca, pero, en cambio, murieron numerosas personas”.

(Presidente y general de la independencia de Cuba, Gerardo Machado.)

Y continúa el escritor: “Esto debió haber creado en la opinión pública un movimiento de repulsa hacia el sistema. Posiblemente, en el fondo de la conciencia ciudadana existió ese movimiento, pero nadie se atrevió a manifestarlo. Era extremadamente peligroso ir contra la opinión de aquella muchachada armada en guerra. Los estudiantes habían llegado a la conclusión de que su inexperiencia y su mocedad eran intangibles y que el error era sagrado por ser de ellos. Defendían a sangre y fuego sus teorías políticas y aunque muchos ignoraban quién fue Cromwell lo remedaban en su firmeza de criterio, si bien no en otras cualidades que él tuvo y de las que ellos carecían”.

Rubén Martínez Villena -poeta comunista admirador de Stalin- bautizó a Machado como el Asno con Garras, pero en La Habana, “un niño de cuatro años fue destrozado por una bomba cuando paseaba con su madre. Fue el día de Jueves Santo de 1933 y la bomba iba destinada al Dr. Orestes Ferrara, secretario de Estado. Ese mismo día de Jueves Santo hicieron explosión en La Habana, en el espacio de dos horas, más de treinta bombas. Algunas fueron puestas en las iglesias, y en la del Santo Ángel, junto al Palacio Presidencial, hizo explosión una de ellas”; nos cuenta Lamar Schweyer en su libro.

Estos grupos parecen estar convencidos de que la República no era la de Martí y de que ellos, por decreto histórico, eran los elegidos para cumplirle el sueño a Martí. Ellos sólo cumplían el mandato martiano.

Contaba Baquero que con la caída de Machado la Universidad de la Habana cae al punto de no recuperase nunca más, pues las cátedras no fueron ocupadas teniendo en cuenta el aval académico sino el aval revolucionario. De modo que la degradación de la enseñanza universitaria en Cuba no la empieza Castro sino los revolucionarios del 33, Castro es más bien un producto de esa degradación. En consecuencia, el hombre nuevo en Cuba es bastante viejo, no lo inventa Castro, Castro mismo es un espécimen de hombre nuevo.

En entrevista con la escritora Nedda G. de Anhalt para el libro Dile que pienso en ella, el poeta dice: “La Universidad de La Habana era una de las mejores de América. Se eclipsó con la caída de Machado (…) A Cuba se le rompió la columna vertebral con esa caída y nunca más pudo marchar el país”.

(Gerardo Machado en la Guerra de 1895)

Pero tan importante como el declive de la universidad a manos del revolucionarismo -al punto de que Castro no inventa aquella aberración de que la Universidad para los revolucionarios, pues ya desde 1933 las cátedras universitarias eran ocupadas en la isla no por los intelectualmente más dotados sino por los más revolucionarios- fue el declive del Ejército de la República que como consecuencia directa de la caída del general independentista se convirtió poco a poco en un Ejército de revolucionarios donde, como en el caso de Fulgencio Batista, se podía pasar de la noche a la mañana de sargento a coronel sin haber estado no ya en una academia militar sino sin ganar, o siquiera participar, en una batalla.

Asegura Lamar Schweyer en su libro que Machado garantizaba el orden en la isla a pesar del terrorismo desatado y que por la fuerza era inamovible: “Hacía falta algo más. ¿Qué podía hacerse? En revolución armada nadie osaba pensar. Machado estaba más fuerte que nunca. Tenía tras sí el ejército mejor organizado de Latinoamérica. Ese Ejército no se mezclaba en política”.

Y eso que hacía falta, según nos lo presenta el autor, no fue otro que el embajador estadounidense Benjamín Sumner Welles que, lejos de mediar como se ha dicho, no hizo otra cosa que socavar los intentos de Machado y su Gobierno por sostener el orden y una salida honorable de la crisis, aún a costa de abandonar el poder y dejarlo en manos del general Alberto Herrera –respetado entre los militares y los civiles-, y apostar por los chicos de las ametralladoras y las escopetas recortadas. Por cierto, situación que se repite con Batista en 1958 cuando el Departamento de Estado no acepta otra salida en Cuba que no fuese la de Castro y sus muchachos armados en la Sierra Maestra; por si las dudas ver el libro El Cuarto Piso, 1962, del embajador estadounidense Earl E. T. Smith.

Y de un Ejército y una Policía profesionales en la primera República, pasamos a un Ejército y a una Policía compuesta por revolucionarios en la segunda. De manera que lo que ocurre a finales de los cincuenta en Cuba no es más que una revuelta de revolucionarios que querían el poder contra revolucionarios ya establecidos en el poder. Batista mismo no es otra cosa que un revolucionario. Castro y sus guerrilleros jamás hubiesen vencido al Ejército profesional de la primera República, uno que había peleado y se había fogueado, formado en una guerra real, no en escaramuzas como las libradas en la Sierra Maestra comparables, si acaso, al asalto de un bar en Chicago en los tiempos de Al Capone. El folclor y el furor de los barbudos castristas no hubiesen aguantado un round a las letales tropas del general José Miguel Gómez; más prusiano que cubano en cuanto a su formación militar.

Con la Revolución del 33 se rompe el equilibrio entre el pensamiento de izquierdas y el de derechas, y viene a primar el de izquierdas; sin conciencia cabal de ello. Al punto que las lides electorales en la isla a partir de ese momento se dan entre la izquierda y la izquierda. El supuesto ogro de la derecha isleña, Fulgencio Batista y Záldivar, no sería más que un socialdemócrata radical. Ese desbalance, escoramiento ideológico a la izquierda, está entre los elementos que nos llevan directamente a la dictadura de Castro. No sería así descabellado afirmar que la Revolución del 33 culmina exitosamente en 1959 (a pesar del interregno de la Constitución de 1940 y los muy democráticos gobiernos auténticos de Grau y Prío). Es algo que sin dudas merece más estudios, pero por ahora el análisis desapasionado apunta a esa hipótesis. Castro recoge los frutos de lo que se había iniciado en el 33.

De la República nacionalista pasamos rápidamente a la República social, primero, y a la socialista después. De modo que Machado (1869-1939), como anticipo del destino de muchos cubanos debido a esa infausta fractura, descansa aún hoy en el Cementerio Norte de Woodlawn, en Miami. La lectura del libro de Alberto Lamar Schweyer -lúcido testigo de los acontecimientos que cuenta- sería imprescindible para comprender cómo es que comenzó a caer la noche en Cuba.
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martes, abril 20, 2021

Dimas Castellanos desde y sobre Cuba: La conceptualización del modelo: una camisa de fuerza

 








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Tomado de https://diariodecuba.com/

La conceptualización del modelo: una camisa de fuerza

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Ninguna conceptualización que no parta del reconocimiento del fracaso y de los cambios que requiere la sociedad en Cuba podrá obtener resultados positivos.

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Por Dimas Castellanos

La Habana

19 Abr 2021

Aún conservo fresca en mi mente aquella declaración que aseguraba: "ahora sí vamos a construir el socialismo", y aquella otra acerca de que: "nadie sabía cómo se construía el socialismo".

Después de una secuencia sostenida de fracasos durante décadas, el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) aprobó en el día de ayer la resolución que actualiza las bases teóricas y conceptuales del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista.

Esta resolución modifica una parte sustancial de los 342 párrafos del documento anterior, expone las pautas en que se sustentan las principales relaciones económicas y sociales de la construcción del socialismo, y plantea la elevación del nivel y calidad de vida como un objetivo prioritario permanente, con énfasis en la seguridad alimentaria y energética, la educación y la salud, entre otros.

Lo contradictorio con el objetivo declarado consiste en aspirar a esos propósitos con los mismos principios que condujeron a la actual crisis. Me refiero a la existencia de un solo partido político, el PCC; la consolidación de la propiedad estatal, con el apellido de "todo el pueblo" como forma principal; el perfeccionamiento del Sistema de Dirección Planificada del Desarrollo Económico y Social para la dirección de la economía nacional; y la prohibición de no permitir "la concentración de la propiedad y la riqueza en personas naturales o jurídicas no estatales" —olvidando aquella máxima martiana de que una nación rica es imposible si sus habitantes no pueden ser ricos también.

A lo anterior se une el daño antropológico ocasionado por el modelo totalitario, que constituye hoy como mecanismo de freno. El deterioro ético sufrido por los cubanos sumidos en la sobrevivencia en tan largo período de tiempo, se refleja en indisciplinas, incumplimientos, deficiente control interno, ilegalidades y desinterés por los resultados productivos.

Para salir de ese estado, una vez más se omite lo determinante: la liberación de la economía de las trabas burocráticas e ideológicas dirigidas a impedir la formación de una clase media y la implementación de los derechos y libertades para que los cubanos puedan desarrollar su iniciativa creadora y asociarse libremente.

En las sociedades modernas, desarrolladas económicamente, las empresas pequeñas y medianas han mostrado ser más eficientes y satisfactorias y son un antídoto contra la excesiva centralización y concentración de los grandes monopolios. En Cuba, por el contrario, en lugar de permitir que coexistan las diversas formas de propiedad en condiciones de igualdad para que se imponga la más eficiente, se insiste en el fortalecimiento del papel de la empresa estatal y la conservación del sistema de planificación socialista como vías principales para la dirección de la economía; y a la vez, limita al sector privado nacional y al cooperativo a actividades secundarias. Por ello la conceptualización pasará a engrosar la abultada lista de fracasos.

El resto de las medidas contenidas en la resolución aprobada, como la descentralización de facultades a los niveles territoriales con énfasis en el municipio; la regulación para lograr un adecuado funcionamiento del mercado; impedir que los productores o comercializadores impongan la especulación y condiciones contrarias a los intereses y principios de la sociedad; y asegurar que el trabajo y la laboriosidad constituyan valores morales cardinales, resultan imposibles sin la implementación de la economía de mercado y los derechos y libertades citados.

La subordinación de la sociedad al Estado es contraproducente con el desarrollo, con la experiencia histórica y con los cambios en la arena internacional. Ninguna conceptualización que no parta del reconocimiento del fracaso y de los cambios que la sociedad cubana requiere, podrá obtener resultados positivos.

Países con regímenes similares de partido único, como son los casos de China y Vietnam, hasta tanto no rompieron con el predominio de la propiedad estatal y permitieron a los nacionales participar como agentes activos de la economía, no pudieron salir de las hambrunas. En Cuba caminamos en dirección contraria: hacia la hambruna.

Lo que podría haber hecho del VIII Congreso del PCC un evento trascendente para el país era reconocer el camino errado que se inició con la estatización de la economía desde 1959 y que no se detuvo hasta que en 1968, con la llamada Ofensiva Revolucionaria, barrió las más de 55.000 pequeñas empresas en manos cubanas que habían logrado sobrevivir. Y en consecuencia, implementar las libertades suprimidas para que los cubanos se conviertan en empresarios y trabajadores libres en su país. Y no lo que ha ocurrido: convertir la Conceptualización del Modelo en una nueva camisa de fuerza.


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