viernes, enero 22, 2021

Video. Bernie Sanders al Escuadrón comunista del Congreso de EE.UU le dice que la elección de Joe Biden no es el final de todo, es el comienxo

 

Bernie Sanders alto oficial o Comisario Político del Ejército Rojo de la desaparecida URSS (montaje)


Este video es de poco antes de las elecciones del 3 de noviembre de 2020

Bernie Tells Squad: "Electing Biden Is Not the End-All; It Is the Beginning"


Bernie Sanders praises The Squad for grassroots activism



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miércoles, enero 20, 2021

Julio M. Shiling: El socialismo norteamericano no es la socialdemocracia europea.Uno de los mayores malentendidos en la cultura popular es la noción de “socialismo democrático”. No existe.




Tomado de https://elamerican.com/

El socialismo americano no es la socialdemocracia europea

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Esta es la esencia del trabajo de BLM y de la campaña del socialismo americano para institucionalizar el objetivo del marxismo cultural

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Por Julio M. Shiling

01.19.21

[Read in English]

Uno de los mayores malentendidos en la cultura popular es la noción de “socialismo democrático”. No existe. La mentira que políticos socialistas como Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez (AOC) y la izquierda americana han estado promoviendo es un mito fabricado. Es una astuta estratagema para engañar a la ciudadanía.

El socialismo “democrático”

El uso del adjetivo “democrático” sirve para camuflar el abismal fracaso moral, político y económico del socialismo. El socialismo americano tiene una integración totalmente marxista. De hecho, rechaza inherentemente el Estado de bienestar social y los esquemas socialdemócratas. El socialismo americano entiende a esas alternativas como excusas meras. La nueva administración Biden, dirigida por el actual Partido Demócrata de extrema izquierda, retomará la dura “larga marcha a través de las instituciones” que comenzó Obama.    

Destacando una variante mitológica del “modelo nórdico” (Dinamarca, Noruega, Finlandia, Suecia), una fusión oscilante de una estructura de Estado de bienestar social con diversos grados socialdemócratas, el movimiento socialista de Estados Unidos está en otro campo de juego. Nada mejor que el discurso del ex Primer Ministro danés Lars Løkke Rasmussen en la Harvard Kennedy School of Government, en 2015, para aclarar la diferencia entre el “modelo nórdico” y el socialismo. “Sé que algunas personas en Estados Unidos asocian el modelo nórdico con algún tipo de socialismo”, dijo.

“Por lo tanto, me gustaría dejar una cosa clara. Dinamarca está lejos de ser una economía socialista planificada. Dinamarca es una economía de mercado”. “El modelo nórdico es un estado de bienestar ampliado”, continuó Rasmussen, “… pero también es una economía de mercado exitosa con mucha libertad para perseguir tus sueños y vivir tu vida como quieras”. Carl Bildt, primer ministro de Suecia de 1991 a 1994, también transmitió en Twitter una advertencia clara a los americanos sobre los efectos del socialismo, para elevar la concienciación acerca de esta farsa. 


Los mecanismos del Estado de bienestar social y de la socialdemocracia operan en el ámbito de un régimen democrático y un sistema económico capitalista. Las diversas propuestas de impuestos y gastos, junto con los correspondientes mecanismos de intervención estatal, aceptan los parámetros predominantes establecidos por las normas democráticas liberales. Su incursión se limita a cuestiones fiscales y/o regulatorias. Karl Marx ridiculizó este tipo de remedios para establecer modos de equilibrio social. El actual movimiento socialista americano relega los asuntos económicos a una importancia periférica. Es en el ámbito cultural, donde su guerra es más ambiciosa.   

La guerra socialista por el poder tiene muchos frentes. Dos de sus milicias más ardientes y exitosas son “Black Lives Matter” (BLM) y “Antifa”. La primera está mucho más organizada y es ideológicamente coherente. BLM ha cooptado a la nueva y poderosa clase oligárquica élite que consiste en las Big Tech, los medios de comunicación social y de masas, las grandes empresas, todos con acomodación en el Partido Demócrata, en una composición, conceptualmente, leninista de un partido revolucionario vanguardista y elitista.

La Teoría Crítica ha sido probablemente el arma intelectual más subversiva del marxismo. Esta es la esencia del trabajo de BLM y de la campaña del socialismo americano para institucionalizar el objetivo del marxismo cultural: monopolizar la hegemonía y el poseer los instrumentos legales para castigar la desviación de esta misión de consolidación de poder.

La Escuela de Frankfurt, los revisionistas más formidables del marxismo, mediante los caminos múltiples de la Teoría Crítica para que los revolucionarios comunistas sigan estableció la racionalidad intelectual para la subversión socialista disfrazada de medidas de “justicia social”.

La “Tolerancia represiva“, otro ingrediente del gabinete de medicina venenoso del marxismo cultural y orquestado por Herbert Marcuse, miembro de la Escuela de Frankfurt, ideó este instrumento para censurar a todos los puntos de vista y las opiniones que desafiaran la premisa de la Teoría Crítica Marxista que se estaba promulgando. Las grandes empresas tecnológicas, los medios de comunicación y sociales emplean actualmente la teoría de la tolerancia represiva de Marcuse para anular la disidencia. Hoy en día, la revolución socialista ha adaptado el doble principio ideológico de BLM: la Teoría Crítica de Raza y la Teoría Crítica Queer para su afirmación de que Estados Unidos debe ser reinventada. 

Cuando el columnista del Washington Post, Eugene Robinson, le dijo al cofundador de BLM, Nikole Hannah-Jones, durante una aparición en MSNBC, “Hay millones de americanos, casi todos blancos, casi todos republicanos, que de alguna manera necesitan ser desprogramados“, estaba invocando medios de reforzamiento cultural similares a los programas de “reeducación” ejercidos en los regímenes comunistas y fascistas, comúnmente llevados a cabo en los campos de concentración. Igual de reveladora, aunque consistente con el razonamiento de la Teoría Crítica de Raza, fue la respuesta del cofundador marxista de BLM de “tiene que haber consecuencias”.    

Durante un desbordamiento de más de una hora en un video de los medios sociales recientemente, AOC sugirió que el proceso de curación de la nación era “a través de la liberación real de los estados del sur”.

En una de sus reuniones virtuales Townhall a través de Zoom, la diputada demócrata de la Cámara de Representantes habló de planes financiados con fondos públicos para “desradicalizar” a los supremacistas blancos y, como era de esperar, estuvo muy cerca de decir que los partidarios de Trump están todos en esa categoría. “Les importa la supremacía blanca, les importa preservar el orden social y la mitología de la blancura”, continuó AOC. “No quiero escuchar o ver al Partido Republicano hablar de vidas azules nunca más”, enfatizó el representante socialista del Distrito 14 de Nueva York.   

Michael Beller, el abogado principal del Servicio Público de Radiodifusión (PBS), el conglomerado nacional de radiodifusión y televisión pública de Estados Unidos, dijo en una reunión privada, “Vamos por todos los votantes republicanos y Homeland Security se llevará a sus hijos… los pondremos en los campos de reeducación”.

Esto fue expuesto por un reportero encubierto del Proyecto Veritas. Cori Bush, el miembro del “escuadrón” marxista de la Cámara de Representantes más nuevo, presentó una legislación que busca eliminar a los miembros republicanos de la Cámara que desafiaron los votos del colegio electoral. A pesar de que los demócratas han ejercido el mismo procedimiento constitucional, ya que es totalmente legal, la activista del BLM convertida en política busca criminalizar a la oposición. 

Aquellos que votaron por la candidatura demócrata con la creencia de que la diferencia entre los partidos era simplemente una de cuál le asignaría un papel más importante a un gobierno más distribuidor y grande, se verán sorprendidos desagradablemente. Los casos citados representan sólo diminutos ejemplos de una agenda mucho mayor para deconstruir Estados Unidos. Será una que los socialistas desatarán después del 20 de enero.

La Teoría Crítica del marxismo y la Tolerancia Represiva serán los dos caminos principales que usarán. Días difíciles esperan a Estados Unidos. Una nueva era en la defensa de la libertad comienza.  

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano 

Rosa Luxemburgo fue una de las más destacadas personalidades de la socialdemocracia en las dos primeras décadas del siglo XX. Rosa Luxemburgo no sólo realizó un estudio teórico del marxismo, sino que siempre demostró un profundo interés en como el marxismo se llevaba a la práctica social. En su debate epistolar con Vladimir Ilich Ulianov,  conocido como Lenin, escribió: 

“La libertad reservada sólo a los partidarios del gobierno, sólo a los miembros del partido –por numerosos que ellos sean- no es libertad. La libertad es siempre únicamente libertad para el que piensa de modo distinto. No es por fanatismo de ‘justicia’, sino porque todo lo que pueda haber de instructivo, saludable y purificador en la libertad política depende de ella, y pierde toda eficacia cuando la ‘libertad’ se vuelve un privilegio.”

Luxemburgo, Rosa (1918); Crítica de la Revolución Rusa; traducción de José Aricó, y estudio preliminar de Georg Lukács. Buenos Aires, Argentina, 1969. Pág. 119

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“Es un hecho notorio e incontestable que sin una ilimitada libertad de prensa, sin una vida libre de asociación y de reunión, es totalmente imposible concebir el dominio de las grandes masas populares.”
Luxemburgo, Rosa (1918); Crítica de la Revolución Rusa; Argentina; pág. 118.

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“Sin elecciones generales, libertad de prensa y de reunión ilimitada, lucha libre de opinión y en toda institución pública, la vida se extingue, se torna aparente y lo único activo que queda es la burocracia.”
Luxemburgo, Rosa (1918); Crítica de la Revolución Rusa; Argentina; pág. 123.


Rosa Luxemburg

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martes, marzo 17, 2020

La 'revolución sanderista' se va a bolina. Miguel Sales Figueroa: El revés de fortuna de Bernie Sanders y su equipo revela al menos dos claves del próximo enfrentamiento en pos de la Casa Blanca.



La 'revolución sanderista' se va a bolina

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El revés de fortuna de Bernie Sanders y su equipo revela al menos dos claves del próximo enfrentamiento en pos de la Casa Blanca.
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Por Miguel Sales
Málaga
17 marzo,  2020

Durante algunos días, en febrero pasado, parecía que el socialista Bernie Sanders, senador independiente por el Estado de Vermont, iba a arrasar en las primarias del Partido Demócrata y sería el rival de Donald Trump en las elecciones de noviembre próximo. Pero entonces llegaron, en versión moderna, los idus de marzo: el Super Martes (3/3) y el Gran Martes (10/3) y un tal Joe Biden, a quien muchos consideraban un cadáver político, resucitó para superar a Sanders en casi todos los Estados importantes, con la excepción de California. El exvicepresidente de Obama (2008-2016) y senador cuasi vitalicio por Delaware es ahora el favorito para defender la candidatura demócrata en los comicios presidenciales de este año.

Este revés de fortuna de Sanders y su equipo revela al menos dos claves del próximo enfrentamiento en pos de la Casa Blanca. Primero, que los radicales del Partido Demócrata están muy lejos de concitar los apoyos suficientes, ni siquiera en sus propias filas y menos aún entre el electorado en general.

El mal llamado sector "progresista", que preconiza el igualitarismo a ultranza, exalta la multiculturalidad, defiende el ecologismo más radical y promete barra libre a la inmigración, sigue siendo minoritario en el espectro político estadounidense. Su peso específico se magnifica por la efebolatría de una sociedad que ha perdido muchos de los valores que la sustentaban y por la complicidad de los medios de comunicación que alimentan el mito del "progreso" unívoco e inexorable, versión posmoderna del “sentido de la Historia“ que Marx creyó haber descubierto cuando plagiaba a Hegel.

Poco después del revolcón electoral, Sanders declaró a la prensa: "Hemos ganado el debate ideológico, pero estamos perdiendo el de la elegibilidad". Curiosa interpretación. Equivale a decir que la mayoría de los militantes demócratas simpatizan con sus ideas y con las soluciones que propone, pero están convencidos de que, en una elección general, la mayoría de la población votaría en su contra.

(Bernie Sanders, Joe Biden. WNYC)

Los barones del Partido Demócrata están convencidos de esto último y por eso se movilizaron muy pronto, ante las primeras señales de que Sanders podría tomar demasiado impulso en las primarias. Si el anciano senador de Vermont llegara con ventaja a la convención de julio en Milwaukee, los demócratas tendrían que enfrentarse a un grave dilema: desautorizar al candidato más votado y buscar un recambio dentro del "aparato", o postular a Sanders contra Trump y arriesgarse a una repetición del duelo de 1972, en el que Richard Nixon superó a George McGovern por 520 votos electorales contra 17; o el de 1984, cuando Ronald Reagan infligió a Walter Mondale una derrota de proporciones homéricas (525 votos electorales contra 13).

El otro aspecto revelador de la maniobra interna para frenar la "revolución sanderista" en la familia demócrata es que, finalmente, el partido tendrá en Biden un candidato moderado y fiable, pero también una figura gris y poco inspiradora, un eterno segundón que concurrirá a los comicios presidenciales de noviembre con el sambenito de "mal menor".

En los últimos 120 años, solo dos vicepresidentes demócratas lograron ganar luego una elección presidencial y ambos lo hicieron tras haber accedido antes a la primera magistratura por fallecimiento de sus jefes. A los 60 años de edad, Harry Truman heredó la presidencia tras la muerte de Franklin D. Roosevelt en 1945, y luego ganó la elección de 1948 por un apretado margen; Lyndon B. Johnson, que sucedió a John F. Kennedy en 1963, a los 55 años de edad, revalidó mandato en los comicios de 1964. Estos antecedentes no prejuzgan el sino presidencial de Biden, que en la jornada inaugural de enero de 2021 tendría ya 78 años de edad, pero sí podrían influir en el ánimo de los electores.

Biden sirvió fielmente a Obama de 2008 a 2016 y luego dejó escapar la oportunidad de obtener la candidatura de su partido, en beneficio de Hillary Clinton. Su decisión de no presentarse a las primarias de 2016 ha sido objeto de múltiples especulaciones. ¿Fue realmente —como sostuvo entonces el interesado— una consecuencia de la aflicción causada en la familia por la muerte de su hijo Beau, en mayo de 2015? ¿O fue el pago ineludible de la deuda que el equipo Obama-Biden había contraído con los Clinton por el apoyo que estos les prestaron durante ocho años? En cualquier caso, el propio Biden ha lamentado luego en reiteradas ocasiones su decisión de no disputar entonces la candidatura demócrata a la presidencia.

¿Cómo va a repercutir esa (in)decisión de 2016 en los electores de 2020? Cuatro años es mucho tiempo y suele decirse que los pueblos tienen la memoria corta. Pero hoy tienen también la hemeroteca larga y accesible con solo pulsar una tecla.

En cualquier caso, la persona que los electores escojan en noviembre para gobernar el país los próximos cuatro años será un hombre blanco, rico, septuagenario y oriundo del noreste, anclado profundamente en los valores tradicionales de la sociedad estadounidense. Un hecho que debería inducir a la reflexión, tanto a las casandras del conservadurismo como a los heraldos de la multiculturalidad.

Predecir es muy difícil, solía decir el físico danés Niels Bohr, sobre todo cuando se trata de predecir el futuro. Pero aun a riesgo de equivocarme, apuesto a que Trump vencerá en noviembre y seguirá siendo presidente de Estados Unidos hasta 2024. Four more years! Malas noticias para la "revolución sanderista". Y aún peores para Maduro, Ortega, Díaz-Canel y el resto de la comparsa progre latinoamericana.

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sábado, marzo 07, 2020

Carlos Alberto Montaner: Las elecciones de los viejos. Bernie Sanders tiene 78 años, Joe Biden un año menos, Donald Trump casi 74 años.



Las elecciones de los viejos

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Bernie Sanders tiene 78 años, Joe Biden un año menos, Donald Trump casi 74 años.
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Bernie Sanders y Joe Biden, aspirantes a la candidatura demócrata a la Casa Blanca. GETTY

Por Carlos Alberto Montaner
Miami
07 marzo, 2020

Solo quedan Bernie Sanders (78 años) y Joe Biden (77 años)  en el campo demócrata. Un radical y un centrista. Uno de ellos se enfrentará a Donald Trump el próximo noviembre. Son dos ancianos, pero Trump, con casi 74 años, es también de la misma cuerda. Será una batalla entre personas que tienen un pie en la próstata, quiero decir, en la tumba.

Tal vez ese fenómeno sea consecuencia del envejecimiento de la población, o acaso porque la ciencia ha cambiado las nociones de juventud y vejez y ha movido una década la edad de gobernar. Ike Eisenhower fue el presidente más viejo elegido en EEUU hasta la llegada de Ronald Reagan. Llegó a la Casa Blanca a los 62 años. (George Washington, no obstante su solemne distanciamiento, solo tenía 57 años cuando llegó al poder).

En estas primarias, en el camino se quedaron Cory Booker (50), Beto O'Rourke (47), Andrew Yang (45), Julián Castro (45) y  Pete Buttigieg (38), por solo mencionar a los que tenían 50 años o menos. Había jóvenes negros, blancos, hispanos, asiáticos, gays, heterosexuales, empresarios, con experiencia militar, muy y menos educados. Había de todo.

¿Por qué los electores no tuvieron en cuenta el factor edad a la hora de depositar su voto? A Sanders, incluso, le dio un infarto hace pocas semanas. A esas edades puede repetirle. Es verdad que Eisenhower tuvo un severo infarto de miocardio en 1955, mientras jugaba golf, lo que no impidió que al año siguiente lo reeligieran y terminara gloriosamente sus ocho años de mandato.

Sanders tiene su base de apoyo en los millennials. Los millennials, grosso modo, son los nacidos entre 1981 y 1996. ¿Por qué los jóvenes, en todas las encuestas, dicen que les gustaría votar por un rostro fresco, pero, llegado el momento, optan por Sanders o Biden?

La respuesta a esta pregunta la escuché en un podcast del periodista Ricardo Brown (Visión 2020) mientras entrevistaba a Mike Hernández, un buen analista político de Telemundo: porque no dicen la verdad. No hay nada más fácil que despistar a un encuestador sin siquiera padecer la pena de mentir. Incluso, no existe la noción real del embuste.

El entrevistado quisiera que surgiera un joven con las propuestas y las características de Sanders, pero la selección de los candidatos es sobre personas concretas que pueden tener éxito, y entre ellas no aparece ninguna con el fuego y la determinación del senador de Vermont, pese a sus 78 años.

Por eso en las últimas batallas electorales ha descollado Biden. Era la hora de recomponer la opción centrista y moderada del Partido Demócrata para evitar un descalabro frente a Trump, algo que pronosticaban las encuestas si el candidato era Sanders.

El conjunto de la nación no padece el monotema del 1% de los ricos que se apoderan de las riquezas, como incesantemente predica Sanders, ni quiere abandonar sus planes sanitarios. Tampoco existe un consenso claro sobre quién debe pagar la factura de los estudios universitarios: ¿los que se beneficiarán de los títulos o todas las personas? ¿Disponer de muchos graduados universitarios es una inversión en la sociedad que nos beneficia a todos o, fundamentalmente, a los graduados?

¿Por qué sucedió la fantástica victoria de Joe Biden en Carolina del Sur, y luego en el Supermartes cuando ganó en diez de los 14 Estados en que compitieron por la candidatura demócrata? No fue por devoción al líder. Biden carece de carisma. Es porque el Partido Demócrata hoy se parece más a Biden que a Sanders. Es el partido de la inclusión. El de los inmigrantes, las minorías, el que surgió con F. D. Roosevelt y Harry Truman al calor de la Segunda Guerra mundial.

A lo que se agrega el "elemento Trump". Mucha de la gente que votó por Biden lo hizo convencida de que puede en noviembre desalojar a Trump de la Casa Blanca. ¿Es eso verdad? No sé. No es fácil sacar a un gobernante en el ejercicio del poder. El personaje tiene muchos enemigos conseguidos a punta de "tuits", mentiras y deformaciones de la realidad, pero también numerosos fanáticos dispuestos a seguirlo hasta el punto de que puede asesinar a una persona en la Quinta Avenida impunemente, como ha dicho alguna vez.

Pudiera ocurrir. Al fin y al cabo, han seleccionado a Biden para que liquide a Trump en las urnas, pero también puede suceder lo mismo que en el 2016: los demócratas ganan el voto popular y pierden el decisivo, el voto electoral, por un puñado de sufragios en ciertos estados clave. Para evitar que eso suceda acaso Biden tendrá que incluir en su programa algunos de los asuntos de Sanders. París bien vale una misa. 

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martes, marzo 03, 2020

Germán M. González desde Cuba: Bernie Sanders, Senador y aspirante a la nominación por el Partido Demócrata a la Presidencia de los EE.UU., y la campaña de alfabetización en Cuba

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Cuba en 1958 tenía uno de los índices de analfabetismo más bajos (era el cuarto de toda América Latina pese a la gran cantidad de braceros antillanos de Jamaica y Haiti, donde se hablan otros idiomas diferentes al español o castellano,  que se habían quedado a residir en Cuba)  del continente americano; diferentes autores los sitúan entre el 18% y el 23%. Una frase de Fidel Castro fue  ¨yo no te digo cree, yo te digo lee¨. Lo que no dijo el Manipulador en Jefe es que se iba a apropiar de todos los medios masivos de comunicación de Cuba, en particular de la prensa escrita y de todas las imprentas, y que sólo se publicaría lo que la tiranía quería que el pueblo cubano leyera, a la vez que prohibía la entrada al país de diarios, libros, revistas, etc. que tuvieran un mensaje en contradicción con el adoctrinamiento  que le imponía el naciente Castrismo  al pueblo cubano con su bloqueo cultural e informativo.

En varios gobiernos anteriores a 1959 más del 20% del presupuesto nacional se invertía en Educación; es de notar que en Cuba no se doblaban al español las películas o films  en los que se hablaban otros idiomas diferentes al español o castellano. En esos films la traducción se reflejaba  mediante subtítulos escritos en español.


Alfabetizadoras cubanas en el antiguo Cinódromoal cual se le llamó posteriormente Estadium Eduardo Saborit, el autor de  la canción Cuba, qué linda es Cuba y del himno de la alfabetización; foto de archivo.

Muchos brigadistas fueron enviados zonas de conflicto armado  con una cartilla Castrista  para adoctrinar  enseñando la letra F con el nombre Fidel, la letra R con la palabra Revolución, etc. y cantando el himno  de la alfabetización  cuya letra  muestro a continuación. La perversidad del Castrismo buscando mártires de vidas ajenas  es inigualable en la historia cubana,  pues saben que en los conflictos armados se hace presente el heroismo pero también en algunas personas,  independientemente de la causa  por la que estén luchandom,  los peores y más bajos sentimientos del ser humano .

Himno de la Alfabetización. Eduardo Saborit

Somos la Brigada Conrado Benítez,
somos la vanguardia de la Revolución,
con el libro en alto cumplimos una meta:
llevar a toda Cuba la alfabetización.
Por llanos y montañas el brigadista va,
cumpliendo con la Patria, luchando por la paz.
¡Abajo  imperialismo!, ¡Arriba  libertad!
Llevamos con las letras la luz de la verdad.
Cuba, Cuba, estudio, trabajo, fusil,
lápiz, cartilla, manual,
 alfabetizar, aalfabetizar.

 Ah!, El adolescente de 16 años Manuel Ascunce Domenech  fue situado en un momento álgido de la lucha  en casa de Pedro Lantigua, un campesino de la zona que era guía (práctico) de las tropas Castristas que combatían a los alzados antiCastristas y que les mostraba a la tropa  los lugares donde  los alzados podían refugiarse, según testimonió (a principios de los años 90s del pasado siglo XX en unos supuestos juicios sobre el daño del Imperialismo norteamericano al pueblo de Cuba) el General Anibal Velaz  quién era un alto jefe del MINFAR en toda la provincia de Las Villas en esos años.. Los alzados ya le habían enviado amenazas a Pedro Lantigua. El jefe de la tenientura que llevó a cabo el asesinato de Manuel Ascunce Domenech y la muerte de Pedro Lantigua fue Braulio Amador sin que se tenga conocimiento, hasta ahora,  que alguna capitanía o comandancia de los alzados tuviera conocimiento o hubiera dado la orden de asesinar al adolescente brigadista, aunque Fidel Castro  en un discurso culpó a los jefes insurgentes de las montañas del Escambray...

Guillermo Fariñas, quién, según él,  tuvo un tío  en el selecto grupo El Molino  de la Seguridad del Estado, en la provincia de Las Villas y su padre combatió en El Congo junto a Che Guevara, escribió en  su artículo TOTAL FALTA DE CONSIDERACIÓN : 

Luís Felipe Denis Díaz, un difunto General, en una conferencia en los Camilitos de la desaparecida provincia de Las Villas expresó: “Nosotros como Seguridad del Estado contábamos con la colaboración de los maestros voluntarios en las zonas de guerra”. Así que serán los historiadores quienes dirán si Ascunce era  colaborador o no de la Seguridad del Estado o quizás  hasta agente pues hubo reclutamientos  por parte del DSE hasta de adolescentes de 13 años.

Luís Felipe Denis Díaz fue el jefe de la Seguridad del Estado en todo El Escambray cuando la lucha contra las guerrillas antiCastristas y anticomunistas.

Manuel Ascunce Domenech no fue el único brigadista asesinado. El Castrismo obtuvo sus mártires para sostener su régimen ¨de difuntos y flores¨.


Libro Primer Grado Cuba. Este libro es el INICIO DEL ADOCTRINAMIENDO CASTRO-COMUNISTA. Para ver su contenido hacer click AQUÍ.
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Sanders y la campaña de alfabetización en Cuba

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El senador y aspirante a candidato a las presidenciales por el partido Demócrata se “va con la de trapo” con una de las más repetidas mentiras del surtido arsenal castrista
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Anderson Cooper  y Bernie Sanders

Por Germán M. González
Bauta, Artemisa
02/03/2020

En entrevista con el periodista de CNN Anderson Cooper el senador por Vermont y aspirante a la nominación por el partido Demócrata declaró que “es injusto decir simplemente que todo está mal. Cuando Fidel Castro llegó al poder, ¿sabe lo que hizo? Un programa de alfabetización masiva. ¿Es eso malo por más que haya sido Castro el que lo hizo?”. Y con la campaña de alfabetización justificó olímpicamente los miles de fusilamientos y condenas en juicios sumarísimos sin las más mínimas garantías procesales. También justificó millones de exiliados, la destrucción del patrimonio productivo de un País y la desaparición de un número desconocido de personas ahogadas o desparecidas en las selvas de Centroamérica tratando de escapar de esa prisión llamada Isla de Cuba.

Junto con los de “los veinte mil mártires de la lucha antibatistiana, el “30 % de analfabetismo existente en Cuba” antes de 1961 —año de la campaña de alfabetización que enternece a Sanders— constituyen de las mayores y primeras falsedades que para justificar la derogación de la república lanzaron los jefes y repitieron (y aun repiten) sus voceros en los medios de propaganda del partido&gobierno en Cuba.

Sobre los “20 mil mártires” bastante se ha desmentido, solo recomendaríamos a quienes aún mantengan dudas la lectura de las primeras ediciones de la revista Bohemia donde se relacionaron las muertes ocurridas del 10 de marzo de 1952 hasta el 1º de enero del 1959 y sus causas. Al respecto el propietario y director de dicha revista, Miguel Ángel Quevedo, responsabilizó en su carta testamento de la autoría del embuste al “dipsómano” (así lo califica) Enrique de la Osa, periodista de ese medio.

Para aclarar lo del “30 % de analfabetismo” es posible acudir al propio informe oficial sobre la campaña y a los censos de población y viviendas de 1899 y de 1953, todo disponible en (www.onei.cu).

En 1953 la población total cubana ascendía a cinco millones 8 mil habitantes, de ellos 3,7 millones mayores de 14 años, y un millón 33 mil de ellos eran analfabetos, es decir el 23 % de los mayores de 14 años y el 18 % del total. En esos 50 años de república el analfabetismo se redujo del 70 % según el censo de 1899 al 23 % según el censo de 1953, con una reducción sistemática según los censos de 1907; 1919; 1931 y 1943. Nada mal para una república que salió devastada de una guerra de “tierra arrasada” y con números muy superiores a los del resto de América (incluidas zonas del sur estadounidense), muchos países europeos, como España o Italia, y ni hablar de África, Asia u Oceanía.

El informe oficial de la campaña de alfabetización refleja un total de 707 mil alfabetizados de un censo realizado en esos momentos ascendente a 985 mil analfabetos, con una población de 7,2 millones de habitantes, de ellos 4,6 millones mayores de 14 años, lo que arroja un 15 % de alfabetizados contra la población mayor de 14 años, es decir, la mitad del proclamado “30 %” de analfabetismo, más 278 comparando con el censo, el 6 %, “no alfabetizables” por edad o por desconocimiento del idioma español entre otras causas, según el informe citado. Por otra parte, esos números llevan otra lectura:

  • Según los censos de 1953 y 1970 en esos años residían en Cuba más de 200 mil migrantes, procedentes de España (gallegos fundamentalmente), haitianos, jamaicanos, otros caribeños, chinos, japoneses y otras nacionalidades, analfabetos casi el 100 % de ellos, al menos en español (incluidos y sobre todo los gallegos). Muchísimos fueron alfabetizados y reflejados en las estadísticas, sin ser residentes legales.
  • Es de todo conocido los métodos estadísticos del régimen cubano, que hoy manipulan desde los resultados de los procesos electorales hasta el Producto Interno Bruto nacional. Las estadísticas de la campaña no lo fueron menos, se manejaron en forma de “partes” diarios o semanales, con resúmenes mensuales hasta llegar al gran total. Es proverbial la repugnancia de los jefecitos municipales y provinciales a que los números no los favorezcan, lo cual además les trae problemas con la dirección, de ahí a inflar un globo, como se dice acá, no hay más que un paso.
  • La prueba de la alfabetización era una carta que el recién letrado le enviaba a Fidel Castro, carta que en innumerables ocasiones confeccionaba otra persona, los chistes al respecto en esa época corrían entre los propios alfabetizadores.
  • Las cartillas y textos para el trabajo de alfabetización contenían un barraje de propaganda que aún lastra el sistema educacional cubano, desde los textos escolares hasta la enciclopedia digital cubana, la ECURED, pasando por los diccionarios todos muestran contenidos sorprendentes por el grado de falsedad.

Tomando en cuenta estos factores es lógico pensar que el nivel de analfabetismo “alfabetizable” en los momentos en que se llevó a cabo la campaña debió estar más cerca del 10 % que del 15 % que obtuvimos con los números oficiales del partido&gobierno. Estos números, repetimos, en la década de los cincuenta del pasado siglo eran estelares internacionalmente, algo que cuando se compara la Cuba de hoy con la republicana suele obviarse.

En cuanto a la campaña en sí adoleció del mismo gigantismo, despilfarro y otros males que han caracterizado el proceso desde 1959 hasta hoy. Hubiera sido más lógico y racional completar la escolarización en los escasísimos lugares que por remotos no contaban con escuelas y maestros y en pocos años se hubiera resuelto igual el tema del analfabetismo, incrementando el ritmo seguido desde la instauración de la república.

© cubaencuentro.com
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La enseñanza en Cuba. ¿Instrucción o adoctrinamiento?


Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.-
20 de agosto de 2019

Santa Cruz de Tenerife. España.- La lucha por la supervivencia es una condición inherente a todas las criaturas vivientes. El hombre es capaz de extrapolar esta cualidad a las instituciones, entidades, edificaciones e instancias fruto de su creación, a las que intenta salvar de la destrucción y del olvido cuando estas pasan a su fase decadente. Para esto se auxilia de formas muy inverosímiles, y aunque parezca increíble, con frecuencia acude a métodos cuasi inhumanos para salvaguardar lo que considera una reliquia. 

Es por esto que no debe sorprendernos cualquier disparate en los sendos titulares de algunos medios oficialistas cubanos, o en las llamadas redes sociales – tan de moda por estos tiempos–, los que movidos por cierto ímpetu en pos de hacer algo por su perdida revolución se empeñan en realzar aquellos elementos que aun siguen considerando dentro de sus “triunfos”, cual paradigmas intocables.  

Cuando creía haber visto todo alguien comparte lo que tal vez considera sea lo último en materia de “hazañas” de la revolución cubana. “Unesco: La educación cubana es un ejemplo para el mundo”, es el titular de un medio conocido como Actualidad, y que comparte en las redes uno de los que se empeña en hacer sobrevivir lo que resulta demasiado decadente y carcomido como para poder hacer algo por su supervivencia. 

Dicho artículo en realidad fue publicado en febrero de 2014. No obstante, el encargado de promoverlo ahora, a pesar de haber pasado más de cinco años, lo hace cumpliendo lo que le han “orientado” desde “niveles superiores” (tratando de emplear el obsoleto y ridículo lenguaje de los comunistas de la isla), esto es, tratar de demostrar al mundo las “proezas” de la llamada revolución cubana, justamente ahora que está en su peor momento, no solo desde el punto de vista económico con las grandes penurias y escaseces que ya todos conocemos, sino desde el punto de vista social, ético y moral.

(Martha del Carmen Mesa, Viceministra primera del Ministerio de Educación Superior (MES))

Recordemos que esa educación gratuita y para todos que tanto se han encargado de pregonar los defensores del castrismo no es más que una apariencia a modo de imagen estereotipada. Detrás de esa imagen, que al parecer la UNESCO se creyó, se esconde la verdadera historia de un sistema educativo fundamentado en el más cruel adoctrinamiento de nuestros tiempos. 

En los primeros años de la década del sesenta tuvieron lugar una serie de transformaciones capaces de invadir todos los espacios del territorio cubano. Nada ni nadie quedaron exentos a la terrorífica influencia de los radicales cambios que se gestaron de manera gradual, pero siempre aniquilando todo aquello que el régimen consideró “rezago del pasado” o residuos “pequeño-burgueses”, acudiendo a su terminología oficial.  

El llamado gobierno revolucionario se encargó de marginar a los profesores de una trayectoria destacada en los años precedentes al 1959 que no mantuvieran una conducta acorde a los nuevos cánones que estableció el comunismo. Esto determinó un gran éxodo de docentes, en su mayoría doctores en pedagogía, y en filosofía y letras por la Universidad de La Habana, y de otros que sin tener esta honorable categoría – actualmente corresponde a una licenciatura en ciencias pedagógicas– eran personas de una cultura extraordinaria y con vocación por el magisterio, lo que unido a la marginación que ejerció el régimen con los que se quedaron, originó el primer gran caos educacional.

A partir de entonces comenzaron los maestros y profesores improvisados que sin tener conocimientos  pedagogía – una verdadera ciencia y todo un arte en su sentido esencial y fundamental– tuvieron que dar “su paso al frente” ante el llamado que les hizo la naciente revolución cubana. 

(Jorge Mañach)

Atrás quedaron los tiempos de Jorge Mañach y de Medardo Vitier – por solo citar a dos insignes pedagogos y filósofos cubanos–, colosales pilares de la docencia en la etapa anterior a la usurpación del poder por Fidel Castro. Aquellos que no tenían una línea de formación, y ante todo de praxis, de carácter marxista no pudieron continuar sus investigaciones y sus labores en la docencia de un país que de la noche a la mañana se convirtió al socialismo, y en el que se declaró al engendro monstruoso de la filosofía marxista-leninista como forma oficial de filosofía.  

Con la campaña de alfabetización, promovida entre el 1 de enero de 1961 y el 22 de diciembre de 1962, comenzó el proceso de adoctrinamiento más grande de la historia de la nación cubana. Bajo la óptica de enseñar a leer y escribir a las multitudes se intentó – y por desgracia se logró– transformar el pensamiento de los hombres. 

Este fue el verdadero objetivo de la masiva campaña que tuvo como autor intelectual nada menos que al Che Guevara, personaje que ya por aquel entonces había dirigido los fusilamientos masivos de miles de cubanos y estaba a punto de declarar en la ONU que seguirían fusilando, amén de haber inculcado el odio entre los hombres, aunque actualmente los niños cubanos han de repetir, cual sagrado mantra, cada mañana antes de comenzar sus clases: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. 

Con este precedente qué se podía esperar de la educación cubana de la era castrista, considerada por los seguidores del régimen como etapa revolucionaria. La mala-suerte estaba echada. En lo adelante un fracaso tras otro ha caracterizado a la educación cubana, a pesar de que algunos se aferran a creer lo contrario, y lo peor, que sabiendo de sus derrotas se encargan de convertir cada revés en una “victoria”.  

Ya las multitudes estaban listas, cartilla y manual en mano, para reproducir las consignas comunistas devenidas luego en célebres frases del peor régimen del hemisferio occidental de nuestro tiempo. Luego las aspiraciones fueron otras. Había que hacer una campaña por alcanzar el sexto grado de escolaridad, después las Facultades Obrero-Campesinas, las pretensiones de un noveno grado, y con el tiempo la masividad de la educación superior, aunque algunos universitarios cubanos sean semianalfabetos.     

No importa que se tenga o no los conocimientos y las habilidades que se sobreentiende exijan los planes de estudios y las normas curriculares de la enseñanza. Hay que aprobarlos a todos; esa es la premisa del corrupto régimen que intenta afianzarse mostrando al mundo cifras numéricas y  sin importar la calidad, algo que la UNESCO en 2014, y posteriormente otras instituciones internacionales, al parecer desconocen o prefieren desconocer. 

Si se realizara un sondeo mediante una muestra aleatoria estratificada a estudiantes de diversos niveles de la enseñanza podrá comprobarse el grado de desconocimiento generalizado de los educandos cubanos, incluidos los universitarios de cualquier carrera.

Se perfectamente que esto no es un fenómeno exclusivo de la educación cubana, sino que de manera general en el mundo existen serios problemas con la calidad del aprendizaje y la enseñanza. Solo que no siempre nos encontramos con un disparate tan grande como el que se comparte en las redes sociales, aún cuando es noticia algo caducada, acerca de que “La educación cubana es un ejemplo para el mundo”. 

Este escueto escrito que se publicó en el medio Actualidad está basado en informaciones de aspecto cuantitativo como: calidad, primera infancia, la primaria, los jóvenes, la alfabetización de los adultos y la paridad entre los sexos; dejando a un lado los aspectos cualitativos, donde se debió incluir la  de la enseñanza siempre que esta se hubiera medido en realidad por observadores mediante la aplicación de métodos cualitativos y no reafirmada según los datos ofrecidos por las autoridades del castrismo.  

Debe distinguirse bien lo que es instrucción, educación y en primer lugar lo que es adoctrinamiento. Es justamente esta última categoría la que ha prevalecido en el sistema educativo cubano, esto es, su verdadera razón de ser para lograr el servilismo masivo que se requiere para sostener a un sistema dictatorial y totalitario. 

¿Cómo pueden instituciones y organizaciones creerse semejante disparate cuando en realidad cada inicio de un curso escolar representa una odisea ante la carencia de maestros y profesores, sin contar que la calidad de dichos maestros es la peor?

Justamente al inicio del curso escolar 2014-2015, coincidiendo con el año en que la UNESCO declaró de manera pública la idea de que el sistema de enseñanza cubano constituye un ejemplo para el mundo, había un déficit de 10. 800 maestros y profesores, lo que significa que solo se contaba con el 93% de la plantilla requerida para poder ofrecer instrucción a casi dos millones de educandos de diversos niveles de la enseñanza.   

Esta deficiencia se ha mantenido cada curso toda vez que al inicio del curso 2016-2017 se repetía la historia, esta vez con el 94,2% de los docentes requeridos; aunque en este curso se reporta que 390 centros escolares se encontraban en estado crítico en cuanto a infraestructura, lo que determinó que se tuvieran que reubicar miles de estudiantes en otros centros ante el cierre de dichos colegios a punto de derrumbarse. En el 2017-2018 hubo un déficit de 16.000 maestros y para el curso 2018-2019 una carencia de 10.000, lo que demuestra que resulta imposible el slogan de que la educación cubana sea un modelo ante el mundo.

No obstante, los dirigentes comunistas de la isla se mantienen aferrados a un “proceso de perfeccionamiento de la educación” que jamás termina – como tampoco culmina la disparatada idea de esa sociedad que hace seis décadas dicen estar edificando mediante la permanencia de un modelo socioeconómico de tipo socialista–, y que sin importar las consecuencias pretenden sostener. 

Dentro de las llamadas “estrategias” que el régimen ha adoptado en sus intentos de hacer sobrevivir la “educación” en medio del caos se encuentran ideas tan disparatadas como la utilización de adolescentes de 15 años, los que recién han concluido sus estudios de secundaria básica, para “formarlos” como profesores de dicho nivel de enseñanza. 

Ya se podrán imaginar los lectores que podrá salir de este nuevo engendro propuesto en el 2017, toda vez que dichos educandos al no haber recibido una formación con un mínimo de calidad no podrá esperarse que puedan aportar absolutamente nada a los estudiantes, excepto la reiteración de las consignas socialistas y alguna que otra reseña de elogio –aprendida de memoria unas horas antes se presentarse al aula– al considerado líder histórico de la llamada revolución cubana, con lo que incentivarán el culto a la personalidad, la adoración y el servilismo que tanto promueven los sistemas totalitarios. 

Otra de las opciones a las que ha tenido que acudir la dictadura castrista consiste en utilizar a estudiantes de la enseñanza universitaria entre el tercer y quinto años de estudios para dar clases en las secundarias básicas, nivel del mayor déficit de maestros; otro desacierto, por cuanto, se sobreentiende que dichos estudiantes no tengan motivaciones de carácter pedagógico y solo asumirán su rol por cumplir lo establecido sin ser señalados luego como una negación ante una “tarea designada por la revolución”.   
     
En fin, que si alguna vez alguien dudó de las historias que se cuentan acerca de que durante los exámenes de ingreso a la universidad los aspirantes no saben escribir correctamente la letra del himno nacional cubano, o no tienen la menor idea de los aspectos más elementales de la historia patria, o de la pésima ortografía de aquellos que salen de las universidades cubanas, que no quepa la menor duda, todo es real, aunque para muchos resulte increíble. 

A estas alturas ¿qué más da? Al fin de cuentas  –como suele ponerse en sendos carteles en la isla– “la universidad es para los revolucionarios”, y algunos seguirán creyendo la utopía de que “la educación cubana es un modelo para el mundo”; solo que dicho modelo es el del adoctrinamiento y no el de la instrucción. 



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sábado, febrero 29, 2020

Andrés Reynaldo: La mina que decía 'Cuba'. Esta semana hubo más de un norteamericano que abrió los ojos sobre Cuba.

Alex Otaola a Bernie Sanders

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La mina que decía 'Cuba'

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Esta semana hubo más de un norteamericano que abrió los ojos sobre Cuba.
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Anderson Cooper (izq.) entrevistando a Bernie Sanders, 2016. THE HOLLYWOOD REPORTER

Por Andrés Reynaldo
Miami 29 Feb 2020 

Mal momento para que Bernie Sanders defendiera el legado de los Castro. Justo cuando en el establishment demócrata comienza a cundir el pánico ante la expectativa de que el izquierdismo se les convierta en socialismo real.

En verdad, Uncle Bernie dijo lo que los liberales estadounidenses llevan diciendo por 60 años. "Sí, los Castro fusilan, reprimen, exilian….Sin embargo, la educación, la salud… Es injusto decir que todo es malo". Dicho en el programa "60 Minutes", de la cadena CBS, una de las plazas fuertes del prime time dominical, frente al ultraliberal Anderson Cooper, Bernie pensaría que estaba en casa.

Pues no. Cooper, que en la cadena CNN oficia de cancerbero a las puertas de la corrección política, el #MeToo, el chantajismo de las minorías y la descerebrada intifada antioccidental de la academia, desguazó la plataforma sandernista con la agresiva lógica de un exasperado contable. ¿Y cuánto va a costar el programa de salud? ¿Y quién va a pagar por esto? ¿Quién por aquello? Bernie esperaba una alfombra roja y se encontró con un campo minado.

La explosión de la mina que decía "Cuba" en grandes letras rojas tiene que haber salpicado de mordiente metralla el mojón funerario de Fidel en Santa Ifigenia. Ya en los noticieros del domingo por la noche, la repulsa al castrismo compartía titulares con el coronavirus. Todavía sigue al cierre de esta columna.

De pronto, el establishment liberal estuvo clarísimo sobre la dictadura. Abundaron las comparaciones con los nazis. A la mañana del martes, en el programa The View, de la cadena ABC, Whoopi Goldberg (¡ya uno no puede con tanta sorpresa!) advirtió que alabar a los Castro equivale a minimizar a Hitler. Hemos leído editoriales y tuits sobre los presos políticos, los fusilamientos, la represión a los disidentes, la escasez. Por no faltar, salió a relucir el formidable récord de alfabetización precastrista. (Al respecto, habla por sí mismo el dato de que en toda la Isla nunca se doblaron las películas extranjeras y antaño tuvimos más cines que hoy Comités de Defensa).

El clímax vino en el debate de los precandidatos el martes a la noche en Carolina del Sur. Bajo el abucheo de la audiencia, Bernie insistía (correctamente) en que no había dicho nada que no dijera Barack Obama. Al exvicepresidente Joe Biden se le pusieron los tres pelos de punta. De hecho, el rechazo al castrismo fue su más vehemente pasaje en el debate. A toda dentadura y con preocupante espasmo ocular, Biden aseguró que ni él ni Obama jamás elogiaron ningún aspecto del castrismo ni han consentido con ningún régimen autoritario. ¿Qué les parece? ¡Y ni una sola mención al embargo!

Excepto Elizabeth Warren, el resto de los precandidatos se sacudió el castrismo a cuatro manos. Pete Buttigieg, el más joven y, probablemente, el único a quien espera un mayor destino político, cerró lamentando que a estas alturas hubiera demócratas tratando de mostrar el lado bueno de los Castro.

Más tarde, en el programa "Cuomo Prime Time", de CNN, vimos tragar en seco y con temblores de barbilla al editor político de The New York Times, Patrick Healey, frente a la andanada anticastrista de la analista Karen Finney.

Healy, familiar por su izquierdismo a todo lector asiduo del NYT, argumentó, grosso modo, cuán difícil era condenar a unos líderes que habían hecho tanto por su pueblo. Finney precisó que bastaba ir a Cuba para ver lo que no habían hecho. La educación castrista, agregó en amplio detalle, no fue otra cosa que el vehículo del adoctrinamiento totalitario.

Robert Conquest estableció que todos somos conservadores en lo que más nos importa. También, que una organización acaba por derivar hacia la izquierda si no se propone ser deliberadamente conservadora. Estas dos leyes históricas aplican a los demócratas. Ahora están probando cuán amargos son los frutos que sembraron. Amargos, con un potencial venenoso.

La ola socialista no es poca cosa. Su tumultuosa base consiste en dos generaciones educadas en el odio al capitalismo y el mercado, la supresión (si viene al caso, violenta) de las ideas conservadoras en las universidades, la noción de una América irredimiblemente imperialista, decadente y racista, la apreciación del cambio climático en términos religiosos y la denuncia de las humanidades y por último las ciencias como el maligno legado del hombre blanco.

Para el Partido Demócrata acaso haya sonado tarde la alarma de Bernie. Imposible saber si en noviembre el sandernismo pasará del sueño al coma. Pero esta semana hubo más de un norteamericano que abrió los ojos sobre Cuba.
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Es importante puntualizar que en Cuba antes del triunfo de la revolución de 1959 había educación gratuita  desde la escuela primaria hasta la universitaria.   En los años 50 del pasado siglo más del 20% de la matrícula de la Universidad de La Habana eran matrícula gratis pese a que la carrera más  costosa era la de Medicina  con un costo de 70 pesos cubanos anuales   (incluyendo 5 pesos por el uso del estadiun universitario)  y el pago se podía hacer en tres cuotas. También existía educación privada. El Estado cubano en esa época era uno de los Estados de América Latina que  dedicaba, de su presupuesto anual, el mayor porciento a la Educación de sus habitantes.
FIDEL CASTRO RUZ EN EL DISCURSO PRONUNCIADO EN CONMEMORACION DEL XX ANIVERSARIO DEL ATAQUE AL CUARTEL MONCADA  EL 26 DE JULIO DE 1973 EXPRESÓ: En la educación está el instrumento fundamental de la sociedad para desarrollar los individuos integrales capaces de vivir en el comunismo.  

Tampoco podemos ignorar que el Estado Castrista  le pagaba y paga de por vida salarios indecorosos  a todos sus trabajadores, incluyendo a los profesionales. Durante décadas  más del 90% de la fuerza laboral de Cuba tenía como patrón al Estado con sus escalas salariales. 

Finalmente: 

Una de las ideas fundamentales del comunista Antonio  Gramsci puede resumirse en su frase: “Tomen la educación y la cultura y el resto se dará por añadidura”.

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¿Y la educación y la salud pública?

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La vitrina sanitaria y educacional del castrismo existió, pero no fue autóctona, sino un  castillo de naipes construido con dinero ajeno.
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Por Roberto Álvarez Quiñones
Los Ángeles
8 Sep 2015

Tras el reportaje El suplicio de cada inicio de curso: comprar un uniforme  , publicado en DIARIO DE CUBA, parece oportuno echarle un vistazo al derrumbe de la espina dorsal de la propaganda castrista durante décadas: la educación y la salud pública como "obra genuina de la revolución".

Ambos servicios sociales, sin costo alguno para pacientes y educandos, conformaron la imagen más fuerte que Fidel Castro  vendió al mundo entero en su afán de mostrar que Cuba gozaba de un sistema social superior al vigente en Latinoamérica y en todo Occidente.

Pero "para decir mentiras y comer pescado, hay que tener mucho cuidado", como reza el refrán español. Resulta que hoy los Castro ya no hablan de educación ni de salud pública, como no sea para decir que la exportación —léase explotación— de miles de médicos, enfermeros y técnicos de la salud es la mayor fuente de divisas del país.

El Gobierno ya no logra que las escuelas y las universidades funcionen adecuadamente. Faltan libros de texto, libretas, lápices, uniformes, materiales y equipos imprescindibles. Tampoco hay suficientes maestros y profesores calificados, ni programas de estudio de acorde con los nuevos tiempos de avances tecnológicos —revolucionarios de verdad— que en el orden educacional van marcando a su paso esta primera centuria del tercer milenio.

La calidad de la enseñanza cubana es mala por lo general. Y los edificios y muebles de las escuelas casi sueltan los pedazos por falta de mantenimiento. El presupuesto nacional para la educación ha sido reducido drásticamente. En fin, que el sistema de educación en Cuba prácticamente colapsó.

Se cierran hospitales

En el sector de la salud, la "revolución", en vez de aumentar el número de camas y de centros hospitalarios, y modernizarlos, como hacen todos los países, lo que hace es clausurarlos. Casi 60 hospitales han sido cerrados desde 2010. La nación ya perdió la cuarta parte de su capacidad de hospitalización.

Decenas de miles de empleados de la salud han sido despedidos. Los consultorios del médico de la familia se redujeron de 14.007 en 2006 a 11.486 en 2012, y luego han ido desapareciendo en la medida que aumenta la exportación de médicos.

Esclavos de bata blanca

Todavía algunos organismos internacionales se hacen eco de la propaganda castrista y afirman que Cuba es el país del mundo que cuenta con el mayor número de médicos por habitante. Falso. Casi la mitad de los 82.000 médicos cubanos graduados en la Isla (también se gradúan extranjeros) prestan servicio en 67 países, fundamentalmente en Venezuela (unos 28.000) y Brasil (11.487 en junio de este año). Algo increíble.

Son enviados por el régimen no por altruismo, sino para apropiarse del grueso del salario de dichos doctores en moneda convertible. Esos galenos son verdaderos esclavos de bata blanca en pleno siglo XXI.

Con tanta escasez  de médicos en Cuba ha caído peligrosamente la atención primaria de la salud y en mayor grado la atención médica especializada. Muchas intervenciones quirúrgicas  no se realizan por falta de cirujanos, o de lo necesario para operar.

Las entidades sanitarias globales aún deslumbradas por el castrismo tampoco dicen que de los  3.8 millones de viviendas que hay en la Isla el 29% de ellas carecen de abastecimiento de agua por acueducto y que el 61% no tiene desagüe hacia sistemas de alcantarillado; ni que las aguas albañales corren como riachuelos medievales por muchas calles de las ciudades.

(Caricaturas y foto añadidas por  el  bloguista de Baracutey Cubano)

La propia prensa oficial critica el estado calamitoso de los hospitales, en los que la falta de higiene es alarmante. Pululan las cucarachas y los mosquitos. Los pacientes tienen que llevar sus sábanas, almohadas,  bombillos, y a veces hasta las jeringuillas, el yodo y el mercurocromo. Y la poca comida para los hospitalizados es intragable.
El tío Boris pagaba la cuenta

¿A qué se debe ese cataclismo sanitario y educacional de la "revolución"? La respuesta es simple: los sistemas de salud y de educación en Cuba eran financiados por la Unión Soviética y, cuando ese país se desintegró, arrastró consigo a los servicios sociales cubanos, pese al apuntalamiento que durante varios años han tenido con las subvenciones de Venezuela.

Ciertamente entre los años 60 y fines de los 80, según los estándares del Tercer Mundo, Cuba tuvo un alto nivel sanitario y educacional. Castro, en sus discursos grandilocuentes, hacía creer que el sistema económico "superior" existente en la Isla sustentaba aquellas prestaciones sociales.

Se ampliaron los servicios médicos gratuitos a la población, incluyendo zonas rurales, con una calidad aceptable internacionalmente y destacada en ciertos aspectos científicos. Se erigió una vasta red de escuelas a lo largo y ancho de la Isla, la cual elevó el "piso" educacional general y contribuyó a formar decenas de miles de profesionales universitarios.

Pero por los discursos del dictador nadie en el mundo, ni siquiera dentro de Isla, podía percatarse de que todo era  postizo. El Comandante en Jefe se acreditaba los honores, pero era el tío Boris quien pagaba la cuenta, con subsidios que oscilaban entre $2.000 y $4.000 millones anuales. Fue cuando faltaron las subvenciones soviéticas que se evidenció la imposibilidad del castrismo de sufragar los gastos sociales de que tanto presumía.

De alguna manera los subsidios de Venezuela pudieron solventar parte de esos gastos sociales durante algunos años. Pero el deterioro incesante de la economía cubana ha venido ensanchando tanto el barril sin fondo en demanda de cash que los regalos chavistas se hicieron insuficientes. Para colmo el precio del petróleo se desplomó.

Éxodo imparable de maestros

La falta de recursos financieros externos para la educación generó otro factor que ha agravado seriamente el panorama. Debido al ínfimo salario que reciben los maestros (unos 20 dólares),  estos abandonan la profesión para trabajar por cuenta propia, bien como "repasadores" (maestros privados), o para abrir una "paladar", etc. El Gobierno les aumentó algo el sueldo, pero dada la inflación desmesurada estos no alcanzan el poder adquisitivo equivalente al de 1989, antes de desintegrarse la URSS.

Lo cierto es que ya casi nadie quiere ser maestro en Cuba. El Gobierno informó que de 19.859 plazas disponibles nacionalmente en 2015 para cursar estudios pedagógicos, solo se matricularon 4.398 alumnos. O sea, 15.461 plazas (el 78%) se quedaron sin cubrir porque nadie se interesó por ellas.

La conclusión de todo esto es que los hermanos Castro y la Junta Militar que los sostiene en el poder engañaron al pueblo de Cuba y al mundo. La educación y la salud pública no constituyeron en verdad un "logro de la revolución". La  improductiva economía centralmente planificada instaurada por el dueto Che Guevara-Fidel Castro nunca habría podido sustentar aquellos servicios porque sobrepasaban la precaria capacidad financiera del país.

Sin el dinero del Kremlin y los petrodólares bombeados desde Caracas no habrían funcionado ni medianamente los hospitales y las escuelas. El way of life de los cubanos habría retrocedido a la Edad Media, al borde de la hambruna y las epidemias cíclicas, dependiendo sobre todo de la ayuda humanitaria internacional.

Moraleja: la vitrina sanitaria y educacional del castrismo existió, pero no fue autóctona, sino un  castillo de naipes construido con dinero ajeno.

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano 

Sin embargo, Cuba durante  su período de República (1902-1958) ocupó una posición privilegiada  a nivel regional y hasta mundial en Educación, Salud y Economía  por sus propios recursos, pues la Deuda Externa  Cubana era aproximadamente de 40 millones de dólares que eran aproximadamente  la misma cantidad en pesos cubanos, pues el peso cubano llegó a valer 1, 2 y hasta 3 céntimos por encima del dólar; una cantidad irrisoria cuando tenemos en cuenta la Renta Nacional cubana de esa época. Esa Deuda Externa  por habitante era aproximadamente de 7 dólares. A continuación y básicamente algunos fragmentos de mi artículo UNA PRIMERA APROXIMACIÓN A LA REPÚBLICA (1902-1958) publicado en la revista Vitral,  número 49, de la Diócesis de Pinar del Río en el año 2002 cuando yo aún vivía en Cuba.


EDUCACIÓN 

La inmigración masiva hasta mediados de los años treinta (el crecimiento demográfico de Cuba por décadas entre 1902 y 1919 fue de una magnitud extraordinaria: 39%, según plantea Pichardo en su página 468), y muy en particular los miles de braceros antillanos, influyó en la tasa de analfabetismo de los habitantes del país. El 24.8% de 1 193 058 de inmigrantes que llegaron a Cuba entre 1902 y 1934 eran procedentes de Jamaica, Haití y Puerto Rico (Ibarra, 452); la inmensa mayoría eran braceros. No obstante lo anterior, en la década de los cincuenta, el nivel de analfabetismo se encontraba entre el 18% y el 23% (según diferentes autores), siendo uno de los más bajos de América ya que ocupaba el 4to. lugar  en cuanto a la población que sabia leer y escribir. Existía la enseñanza pública (gratuita) a cargo del Estado para todos los actuales niveles y tipo de enseñanza pero con otros nombres: Primaria, Superior, Bachillerato, Comercio, Técnica Industrial, Universidad, etc.; en algunas de ellas, la selección se hacía por escalafón mediante exámenes de ingreso dado el número limitado de plazas.

Según el testimonio de algunos familiares y amigos, la matrícula en la Universidad de la Habana en la década del veinte costaba aproximadamente 30 pesos y en la década de los cincuenta, 50 pesos; pero si se presentaba una carta, solicitando que no se le cobrara esa entrada inicial por poseer bajos ingresos, se le exoneraba del pago de la matrícula. Para resolver el costoso problema de los libros para estudiar, se crearon las bibliotecas escolares y universitarias. Al terminar la década de los cincuenta, existían 3 universidades públicas y varias privadas, aunque de estas últimas, la única con verdadera importancia era la de Santo Tomás de Villanueva, en Miramar. El número de profesores y alumnos universitarios eran respectivamente de 801 y 22 500 (Anuario Azucarero 1958, 11). Al comenzar la República, los alumnos universitarios eran poco más de 300.

En 1958 la educación privada se desarrollaba notablemente y contaba con una matrícula de aproximadamente 90 000 alumnos (Abreu, 42). La enseñanza privada le aliviaba al Estado cubano los gastos concernientes a Educación, pues le ahorraba los gastos de educación de aquellas personas que tenían la solvencia económica para ello y deseaban pagarla; además, la educación privada garantizaba, en cierta medida, el tipo de educación que deseaban los padres para sus hijos acorde a sus valores e intereses personales. En algunas ocasiones parte del cobro de la matrícula servía para brindarles matrícula gratis a niños y adolescentes pobres en escuelas anexas a esas instituciones; un ejemplo de lo anterior ocurría en el antiguo Colegio de Belén, hoy Instituto Técnico Militar (ITM) . El Estado cubano antes de 1959 no era dueño de los medios de producción y de los servicios; básicamente su presupuesto se obtenía de la recaudación de aduanas y de una limitada recaudación de impuestos por diferentes rubros.

En el año 1956-1957 se gastaron 75,8 millones en Educación y Cultura, los cuales representaban el 22,3% de los gastos del presupuesto del Estado cubano (Zuaznábar, 107); porciento que comparado con los que dedicaron a ese rubro el resto de los países latinoamericanos en los años 1975, 1980 y 1984, solamente fue superado por Costa Rica en 1975, Bolivia en 1980 y 1984, Colombia en 1984, Ecuador en 1975 y 1980 y Venezuela en 1984 (Anuario Estadístico de Cuba, 672). La enseñanza pública en la anterior República no estaba politizada en cuanto a sus contenidos, objetivos y exigencias.

La corrupción administrativa gubernamental provocaba que una parte de esos recursos fueran malversados por algunos funcionarios. El escándalo producido por la apropiación de los recursos financieros destinados al Desayuno Escolar en la década de los cincuenta, es un ejemplo inequívoco de la existencia de esa corrupción.

En 1958 había en el país 21 Institutos de Segunda Enseñanza, 6 Escuelas Normales para maestros, 9 Escuelas Profesionales de Comercio, 11 Escuelas del Hogar, 1 Escuela Nacional de Bellas Artes, 3 Escuelas de Artes Plásticas, 3 Escuelas de Artes y Oficios, 3 Escuelas Técnicas Industriales, 108 Escuelas Primarias Superiores, 40 Misiones Educativas, 1 824 Escuelas Primarias Elementales Urbanas, 4 114 Escuelas Primarias Elementales Rurales, 9 898 Aulas Escuelas Elementales Urbanas y 4 669 Rurales, 1 597 Kindergartens (o preescolar) y 736 Centros de Enseñanza Privada, 6 Escuelas de Agricultura, 350 Clubs de Enseñanza Agrícola, 1 Instituto Cívico Militar y Centro Superior Tecnológico. Todo el sistema educacional de Cuba estaba integrado por unos 20 000 profesores y 500 000 alumnos aproximadamente. (Anuario Azucarero de Cuba 1958, 11).

La hoy llamada Educación Especial estaba en un grado de desarrollo muy incipiente y muy limitada; estaba generalmente a cargo de instituciones de caridad y religiosas.

SALUD

En 1958 la tasa bruta de mortalidad de la población era del 6,4 por cada mil habitantes (Zuaznábar, 1) pese a la situación política y de confrontación armada que existía en el país; en 1953 había sido de 6,3 por cada mil habitantes. Esa tasa ubicaba a Cuba entre los países de menor tasa de América Latina y con índices que solamente alcanzaron muchas de sus repúblicas hermanas iberoamericanas veinte años después (Anuario Estadístico de 1988,629 ). La esperanza de vida al nacer era de 58.8 años y la mortalidad infantil en menores de un año era de 32,5 por cada mil nacidos vivos, la cual desde principios de siglo seguía una tendencia decreciente (Zuaznábar, 1) pese al existente rechazo social al recurso del aborto, rechazo que existía hasta en casos en que se presentaran malformaciones fetales en el embarazo, y la no invención todavía en el mundo de algunas pruebas de análisis de laboratorio clínico o algunos instrumentos de la electromedicina(como es, por ejemplo, el equipo de ultrasonido) los cuales permiten detectar tempranamente problemas serios en el embarazo. La esperanza de vida de 58.8 años era superior en esa época a la de muchos países de América Latina y el Caribe, y mayor que las que alcanzaron veinte años después todos los países de África, salvo Argelia y Túnez (Anuario Estadístico 1988, 627). La cifra de mortalidad infantil cubana de 32,5 correspondiente a 1958 era todavía en la primera mitad de los años ochenta mejor que la de muchos países de Latinoamérica en esos años: Paraguay (45,0), Ecuador (69,5), Brasil (70,6), Méjico (53), Colombia (50), Bolivia (124,4), Honduras (82), Perú (98,6), Argentina (35,3), El Salvador (35,1) y Guyana (36,2) (Anuario Estadístico de 1988, 629). América Latina en su conjunto presentó aún en el año 2001 la cifra de 32 (Granma, 5). Cuba en estos dos últimos parámetros tenía índices pertenecientes al Primer Mundo de esos años según los datos de la UNICEF que aparecen en la Tabla de la página 16 del Material de Estudio Nro. 3 del Ministerio de Educación; los valores de Cuba en 1958 en estos dos parámetros con respecto de los Países en Desarrollo y Países menos Desarrollados fueron similares o mejores que los que ellos presentaron en 1992: En China y Vietnam la mortalidad infantil en 1996 era respectivamente de 34 y 40 por mil nacidos vivos (Robaina, 35).

La población cubana en 1958 era de aproximadamente 6 763 736 habitantes y había en el país 6 286 médicos ( sin incluir estomatólogos ) y un total de 32 501 camas y de ellas 28 536 de asistencia médica (Anuario Estadístico de 1988, 564 y 569). Del total de camas de servicio hospitalario 10 643 pertenecían al servicio estatal, servicio en el cual laboraban 1 125 médicos (Zuaznábar, 5). El 51% de las camas de los hospitales estaban situadas en la capital del país (Abreu, 40). Los números de habitantes por cama (237) y de habitantes por médico (1076) en 1958 eran mejores que los de la mayoría de los países latinoamericanos en esa época y más aún, que los que tuvieron esos países aproximadamente 20 años después como se puede comprobar observando la página 675 del Anuario Estadístico de 1988. Observando las cifras de aproximadamente el año 1980 diré, que solamente Puerto Rico (789), Argentina (521), Uruguay (533) y Venezuela (888) tuvieron mejores índices de habitantes por médico que el que tuvo Cuba en 1958; el resto lo tuvieron peor. Al comparar las cifras de aproximadamente el año 1980 con relación al número de habitantes por camas diré que solamente Argentina (176 ), Puerto Rico (229) y Guyana (215) tuvieron mejores índices que el que tuvo Cuba en 1958; el resto de los países latinoamericanos todavía en el año 1980 presentaron índices peores que el que presentó Cuba en 1958. En la Cuba de 1958 el número de camas de asistencia médica por cada 100 000 habitantes era de 422, En América Latina en su conjunto y en estos momentos es solamente de 220 camas (Granma, 5).

La prevalencia de la Lepra en 1958 era de 0,7 por cada mil habitantes (Informe Anual 1976, Anexo p. 46). Las tasas de morbilidad por cada 100 000 habitantes de muchas enfermedades en la Cuba de finales de los años cincuenta eran también mejores que las de muchos países latinoamericanos: Tuberculosis (18,2); Difteria (2,4); Escarlatina (0,1). No se habían presentado casos de Fiebre Amarilla, Tifoidea y Peste Bubónica; al comenzar la República, la Tifoidea, por ejemplo, había presentado una morbilidad de 5,1 por mil habitantes. Las cifras de morbilidad de Viruela, Tifus, Tosferina, Sarampión, Sífilis y Hidrofobia eran de las mejores en América Latina. Las siguientes tasas de muerte por 100 000 habitantes en el año 1958, salvo que se especifique otro año, apoyan lo anterior: Fiebre Tifoidea (0,4); Tétanos (3,0); Tuberculosis en 1959 (16,6); Poliomielitis aguda (0,1); Sarampión (0,4); Meningitis no meningococcica (2,1); Paludismo (0,4); Difteria en 1959 (0,9); suicidio o lesiones autoinfligidas (13,9); accidentes de vehiculo de motor y otros accidentes de transporte (7,2); defunciones maternas (125,3) y defunciones maternas por aborto (9,3). Las dos últimas tasas son por cada 100 000 nacidos vivos. (Informe Anual de 1976, Anexos 36-43). La tasa de mortalidad materna de Cuba en 1958 de 125,3 era mejor que las que aún aparecen en el año 1992 para Países en Desarrollo (350) y Países menos Desarrollados (590) en la Tabla mencionada del Material de Estudio del MINED..

Todo esto debemos de enmarcarlo en el desarrollo incipiente que existía de las vacunas y, en general, del desarrollo de las Ciencias Médicas en esa época a nivel mundial (por ejemplo, la vacuna antipoliomielítica que se aplica en Cuba desde hace cuatro décadas fue creada por Albert Sabin a principios de la década de los sesenta), aunque debo recordar que en esos años los niños de entonces recibimos de manera masiva y gratuita en las escuelas, yo era alumno de escuela pública, las vacunas contra el tétanos y el tifus. Existen cifras de una muy citada encuesta de 1957 de la Agrupación Católica Universitaria realizada a una muestra de 2 500 familias de obreros agrícolas que difieren mucho de esos índices (Pino, 119-120) y que a mí personalmente, me hacen cuestionar la representatividad de la muestra o la fiabilidad de las fuentes indirectas por mí consultadas sobre esa investigación, aunque conozca que en el ambiente rural las cifras de morbilidad y mortalidad de muchas enfermedades eran muy superiores a las que se presentaban en el entorno urbano. La prostitución, de la que se habla en el Análisis Globalizador, se había reducido extraordinariamente pese a la propaganda de algunas agencias de viajes extranjeras, publicadas también en algunas revistas extranjeras, que promocionaban a Cuba como el burdel de América. El bajo índice de enfermedades venéreas que presentaba el país y la información aparecida en el periódico El Mundo del 14 de febrero de 1958 que plantea, que aproximadamente 11 000 personas vivían de la prostitución, hablan del bajo índice de prostitución del país. Debo aclarar que en esa cifra se encuentran: los dueños de casas, burdeles y bares, las matronas, los proxenetas, el personal de servicio y limpieza, los policías corruptos, etc. y los llamados inversionistas, que eran los que echaban a andar el negocio (Abreu, 49). Esa actividad se llevaba a cabo generalmente en zonas muy específicas y era criticada y rechazada socialmente.
En 1958 los gastos del presupuesto del Estado para la salud pública fueron el 5,3% (18 millones) del total de gastos del presupuesto nacional para ese año (Zuaznábar, 107).

Los tres sistemas nacionales de salud (estatal, privado y mutualista) existentes al triunfo de la Revolución de 1959, no cubrían las zonas rurales más apartadas del país. En 1959 se inició la construcción acelerada de 50 hospitales rurales (Informe Anual 1976, 22). A finales de la década de los cincuenta, la muerte por enfermedades diarréicas agudas, muertes fácilmente evitables, ocupaba el tercer lugar entre las causas de muerte para todos los grupos de edades y en primer lugar para los menores de un año (Informe Anual 1976, 45); esta situación continuó hasta 1963 en que ocupó el quinto lugar con el 6,0% del total de defunciones del país. La corrupción administrativa en el sistema nacional de salud estatal provocaba que se dieran tristes situaciones como, por ejemplo, la del hospital psiquiátrico ubicado en la localidad de Mazorra; otra mácula en ese sistema de salud estatal es que frecuentemente se utilizó la asistencia médica (en particular los ingresos hospitalarios) con fines políticos dada la existencia de un sistema pluripartidista con elecciones periódicas y el oportunismo de algunas personas.

ECONOMÍA

La renta nacional o ingreso nacional ( la variable más importante de la economía cubana), el PIB y los salarios, todos ellos expresados en millones de pesos, tuvieron el siguiente comportamiento esos años:
Nota: Las cifras correspondiente al año 1957 eran provisionales. Las cifras pertenecen al Anuario Azucarero de 1958. El ingreso nacional en 1958 fue de 2 320,5 millones.

La renta anual por habitante osciló entre los 330 dólares y los 350 dólares; la de E.U. era aproximadamente de 2 000 dólares en esos años (Pino, 97). En el Atlas de la Economía Mundial de fines de la década de los cincuenta, Cuba estaba situada en el lugar 22 entre más de ciento veinte naciones (Apuleyo, 149). Sobre la base de los valores de la Tabla de la página 16 del Material de Estudio Nro. 3 del MINED, los Países en Desarrollo y Países menos Desarrollados tuvieron respectivamente en 1976 un Producto Nacional Bruto per cápita de 450 y 140 dólares y en 1987 de 650 y 210 dólares respectivamente, todos menores que el que tuvo Cuba en 1957 (433,5) cuando se tiene en cuenta la devaluación que ha tenido el dólar desde 1957 hasta esas fechas. En 1958 aproximadamente entre el 82% y el 85% de la riqueza nacional estaba en manos cubanas, según se infiere del Anuario Azucarero (página 11) y de la tabla de la página 24 del libro "En el último año de aquella República" de Ramiro J. Abreu. 


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Adoctrinados desde la cuna

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Niños de entre seis y once años repiten las frases en que se comprometen a ser “dignos relevos de la Unión de Jóvenes Comunistas”
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Por Ana León y Augusto César San Martín
18 DE JUNIO, 2018

LA HABANA, Cuba.- El juramento de los “Pioneros José Martí” que cada año se realiza en honor al aniversario por el natalicio de Ernesto “Che” Guevara, evidencia la extrema ideologización a que son sometidos los niños cubanos, un proceso obligatorio enmascarado tras la propaganda de la enseñanza gratuita. Bajo un sol calcinante, acosados por los gritos y amenazas de las maestras, alumnos de entre seis y once años repiten las frases en que se comprometen a ser “dignos relevos de la Unión de Jóvenes Comunistas”.

A pesar del obvio fracaso que ha sido el esquema socialista insular —durante y después del período sovietizante—, pervive una mentalidad enfocada hacia un pasado distópico, cuyas consecuencias resuenan hoy en cada aspecto de la vida social que los infantes no son capaces de comprender. Ellos nada saben del comunismo y sus implicaciones; por consiguiente, el juramento pioneril constituye una violación a su derecho de elegir libremente una afiliación política.

Los padres no pueden oponerse a este feroz adoctrinamiento que desde las aulas deforma la conciencia social y política de sus hijos. Apenas conocen el juramento y no se atreven a cuestionar su sesgo militante, porque el miedo es mayor que la preocupación por la calidad de la educación que están recibiendo los niños.

El trabajo ideológico sobre los educandos es más importante que la pedagogía, la ética y la cultura, rasgo que refrenda el esquema de perpetuidad diseñado por el gobierno para mantener un poder a todas luces fallido; pero contra el cual resulta muy difícil luchar debido a la progresiva anulación de la voluntad política ciudadana.

El anhelado cambio es muerto antes de nacer en la conciencia de esos niños que sudan de pie bajo el sol, tratados con un rigor propio del Servicio Militar. Su juramento es un discurso muerto que pronto será olvidado; porque esa perorata hueca no garantiza que se convertirán en jóvenes comunistas, ni siquiera en hombres y mujeres de provecho. Lo que sí asegura es que crezcan en el miedo, la confusión, la mentira y la hipocresía, llevando consigo la semilla de un inmovilismo crónico, razón primera por la cual Cuba continúa destruyéndose desde dentro.

La deliberada exclusión por parte del gobierno cubano de otras alternativas educacionales ha atentado contra la pluralidad de experiencias y criterios que eventualmente pudieran derivar hacia la creación de un modelo de sociedad basado en la democracia abierta y participativa. Por ello impulsar un cambio en la Isla es más complicado de lo que se cree.

Las secuelas del adoctrinamiento alcanzan tal magnitud que incluso quienes no están de acuerdo con el sistema llevan el germen del totalitarismo, víctimas de una inoculación sostenida que ha corrompido generaciones.

La captura del libre pensamiento inicia en edades tan tempranas que prácticamente obliga a considerar una “refundación” de la Patria; algo que solo podría lograrse con ciudadanos menores de cinco años, pues una vez que pisen las escuelas del régimen quedarán expuestos a la amenaza. Esos retoños incontaminados serían el último recurso para construir una sociedad inmune a la tara ideológica que ha sido la desaparecida y todavía mal llamada “revolución cubana”

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