sábado, junio 03, 2023

René Gómez Manzano desde Cuba: El pueblo contra el “combo cultural” del castrismo. Los actos de rechazo a los emisarios culturales del castrismo gozan de comprensión y respaldo entre los cubanos de a pie

 
Tomado de https://www.cubanet.org

El pueblo contra el “combo cultural” del castrismo

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Los actos de rechazo a los emisarios culturales del castrismo gozan de comprensión y respaldo entre los cubanos de a pie

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Por René Gómez Manzano

2 de junio, 2023

LA HABANA, Cuba. — Una de las tareas predilectas de los castristas es la de hacer comparaciones entre la Cuba de 1958 y la de hoy. Por supuesto, al establecer tales parangones, nunca faltan la tendenciosidad ni la manipulación. Los voceros y cotorrones se cuidan muchísimo escoger sólo aquellos pocos indicadores en los que el régimen de sus amores pueda salir bien parado al hacerse el cotejo con la etapa prerrevolucionaria.

No obstante, es frecuente que las comparaciones de ese tipo resulten muy poco provechosas para los comunistas antillanos. Tomemos, por ejemplo, el área de la producción de bienes materiales. Según las obsoletas teorías del marxismo leninista, sería ese el campo en el cual se revelarían en mayor medida las ventajas que —dicen— la planificación socialista ostenta sobre la “anarquía de la producción capitalista”.

Pero los datos estadísticos, con su objetividad para ellos indeseable, echan por tierra las afirmaciones mentirosas del rojerío internacional, como la que cierra el párrafo precedente. El ejemplo obvio, en Cuba, sería un producto emblemático como el azúcar. Los castristas treparon al poder cuando nuestro país era, y por amplio margen, el mayor productor y exportador del dulce en todo el mundo. Hoy los pocos centrales destartalados que quedan apenas pueden cubrir el consumo nacional.

En un plano más general, podemos contrastar el desarrollo relativo que exhibían Cuba y algunos otros países. ¿En 1958 qué eran Taiwán o Sudcorea en comparación con nuestra Gran Antilla! ¿O incluso países del Viejo Continente, como España o Italia! A los rojillos que objeten que esas son naciones ajenas a nuestro espacio geográfico-cultural, los invitaría a hacer la comparación con —digamos— Panamá, Costa Rica o República Dominicana.

De modo que aquí viene al caso formularles una sugerencia a los plumíferos y cotorrones del régimen que padecemos: señores, por mucho que ustedes quieran defender al actual gobierno de La Habana, es preferible que renuncien a la idea de hacer comparaciones entre el desastre que hoy sufrimos y el país que teníamos en 1958. Con todo y sus deficiencias (que eran ciertas), este último siempre saldrá ganando de calle al ser parangonado con la calamidad que sufrimos hoy.

Otra de las actitudes por las que siente predilección el régimen castrista es la de adoptar poses de víctima. Ejemplos de esto los vemos en las recientes manifestaciones de rechazo sufridas en el extranjero por personas del mundo de la cultura que se han caracterizado por su apoyo incondicional a las políticas del régimen comunista. Ha sido, en días recientes, el caso del dúo Buena Fe, y también el de la poeta Nancy Morejón.

La pareja musical guantanamera, integrada por Israel Rojas y Yoel Martínez, ha sufrido en España el boicot de exiliados cubanos, quienes se han ocupado de enrostrarles su absoluta identificación con el actual régimen de nuestro país. Algunos de los autores de las denuncias dirigidas contra el dúo, aunque sin aducir otros elementos que sirvan de sostén a su dicho, han planteado “¡Basta de lavado de dinero para la dictadura militar castrista!”.

La versión de los hechos que ofrecen ambos artistas, alude a “acosos y amenazas fascistas”. La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) planteó que lo ocurrido representaba un “atentado contra la civilidad” (el repudio a Buena Fe, claro; no los golpes que cubanos del oficialismo propinaron a los críticos del dúo). Por su parte, Indira Fajardo, presidente del Instituto Cubano de la Música (ICM) adujo que se pretendía “el ahogamiento del pueblo cubano” en el terreno cultural.

En el caso de la literata Nancy Morejón, que es más reciente, los órganos de agitación castristas han mostrado aún más actividad. Y en cierto modo es natural que así haya sucedido: mientras en el caso de Rojas-Martínez hubo una actuación física (tanto por parte de quienes protestaban como de quienes usaron la fuerza para reprimirlos), el affaire Morejón se ha limitado al terreno de las ideas.

Todo comenzó cuando los franceses que organizaban el “Mercado de la Poesía”, a celebrarse este año en París, tuvieron la peregrina idea de nombrarla “Presidente de Honor” del encuentro literario. Ni tardo ni perezoso, el destacado escritor exiliado Jacobo Machover se dirigió a los referidos señores y argumentó cuán improcedente resultaba esa nominación.

En su misiva, el autor de El libro negro del castrismo recordó que la homenajeada es directora del “órgano de la muy oficialista Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), que sólo admite en sus filas a los intelectuales allegados al poder y de la que todos los disidentes o críticos son excluidos sin piedad”. ¡Sí sabré yo de estas características de la UNEAC, cuya Asociación de Escritores me expulsó hace años por mi postura contestataria!

En sus muestras de apoyo a la que es también Premio Nacional de Poesía 2001, el referido gremio oficialista optó por aludir a “gastados lugares comunes en los ataques contra artistas e intelectuales que viven y trabajan entre nosotros”. Como resulta obvio, con una frase vaga como la recién citada, los aludidos hombres de letras se ahorran el tener que entrar al fondo de una discusión que jamás sería favorable para ellos.

Es que, en resumidas cuentas, se acusa a esos artistas itinerantes no por el solo hecho de vivir en Cuba. Las imputaciones que se les hacen tienen que ver con su plena identificación y respaldo a la dictadura que padece el país. Por ejemplo, su apoyo a las oleadas represivas de la Primavera Negra de 2003 o, en fecha más reciente, de julio de 2021.

¿O es que esos señores —y sus similares, que no faltan— piensan que pueden, con total impunidad, firmar los mamotretos que de tiempo en tiempo guisan en las cocinas del régimen para justificar las barbaridades que este perpetra! La chicharronería (“obsecuencia” en un lenguaje más clásico) tiene el rechazo abrumador del pueblo cubano, máxime ahora cuando el hambre, las carencias de todo tipo y la represión están más difundidas.

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LES DOLIÓ...

CREARTE  Ministerio de Cultura

1 junio, 2023

Denuncia desde la Unión de Escritores y Artistas de Cuba contra los ataques a Nancy Morejón



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Luis Cino desde Cuba: Nancy Morejón: una historia de sumisión, miedo y oportunismo

 Tomado de https://www.cubanet.org/

Nancy Morejón: una historia de sumisión, miedo y oportunismo

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Los comisarios de la UNEAC han tenido la cara dura de afirmar que los anticastristas del exilio quieren “excluir de la cultura de la nación a los escritores y artistas que viven en Cuba y apoyan a la Revolución”

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Por Luis Cino

1 de junio, 2023

LA HABANA, Cuba. – La oficialista Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) ha orquestado una pataleta de argolla con motivo de que en París, debido a las protestas del escritor Jacobo Machover y otros intelectuales cubanos exiliados, le retiraron a la poetisa Nancy Morejón la presidencia de honor del evento Mercado de la Poesía.

Los siempre obedientes a las orientaciones del régimen miembros de la UNEAC empataron el agravio a Nancy Morejón con el reciente boicot en España a los conciertos del grupo Buena Fe para asegurar que “una secta plattista y fascista” que pretende “miamizar Europa” (Abel Prieto dixit) ha  emprendido una campaña contra el arte y la cultura cubana, que según la entienden ellos, no es otra que la cultura oficial, o sea, la que aprueba la dictadura porque sirve a sus intereses, entre otras cosas, representándola ante el mundo y sirviéndole de propagandista.

Los comisarios de la UNEAC y sus corifeos han tenido la cara dura de afirmar que los anticastristas del exilio quieren “excluir de la cultura de la nación a los escritores y artistas que viven en Cuba y apoyan a la Revolución”. 

Se atreven a hablar de exclusión cuando sirven a un régimen que durante seis décadas ha excluido sistemáticamente a cientos de escritores y artistas por el solo hecho de discrepar del pensamiento oficial, de no estar “dentro de la Revolución”. 

Es el mismo régimen que desterró y prohibió en Cuba a Celia Cruz, Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Zoé Valdés, Amir Valle, Bebo Valdés, Paquito D’Rivera, Arturo Sandoval y Mike Purcell, por solo citar a algunos de los más destacados; que condenó al ostracismo a Lezama Lima y a Virgilio Pinera; obligó a un mea culpa al estilo estalinista a Heberto Padilla y arrasó con lo mejor del arte y la cultura nacional durante el Decenio Gris; que encarceló a los poetas Raúl Rivero, Jorge Vall, Tania Díaz Castro, María Elena Cruz Varela, Belkis Cuza Malé, Manuel Vázquez Portal y Jorge Olivera; el mismo régimen que hoy se arroga el derecho de arreciar la censura, dictaminar quién es artista y quién no y mantener en prisión a Luis Manuel Otero y Maikel Osorbo.

Los castristas califican de “odiadores”, sin hacer distingos, a todos los que se le oponen cuando han sido ellos los que desde enero de 1959 se han ocupado de mantener vivo el fuego en la cátedra del odio y la intolerancia.  

Uno se esfuerza por que el rencor y el odio no lo carcoma, pero hay que preguntarse y entender por qué van a ser tolerantes y amorosos con el castrismo y sus representantes aquellos que lo perdieron todo, hasta su país; los que sufrieron la muerte en el paredón de familiares y amigos; los que pasaron años en las dantescas cárceles cubanas; las madres que ahora mismo tienen a sus hijos presos porque la dictadura no admite el derecho a la protesta pacífica.       

En verdad, es muy lamentable que hayamos llegado a este grado de polarización. El arte y el deporte no deberían politizarse bajo ningún concepto. Pero fue el castrismo el primero que lo hizo. Sembró vientos y ahora recoge tempestades. Sus adversarios le están pagando con su misma moneda.

El repudio en el evento parisino no es tanto a Nancy Morejón, la poeta, y al valor de su obra, sino al régimen dictatorial que representa.

No faltarán intelectuales extranjeros que se solidaricen con Nancy Morejón y le sigan la rima a los papanatas de la UNEAC. Como apunta mi amigo Guillermo Labrit, escritor exiliado que radica en California, Nancy Morejón es reverenciada en círculos académicos y universitarios señoreados por liberales de izquierda a quienes fascinan las historias de superación personal, máxime si provienen de una poeta afrodescendiente, de un país del Tercer Mundo.

Pero la historia de Nancy Morejón, más que de superación personal, es una historia de miedo, sumisión y oportunismo. Recordemos que ella, como más de una decena de autores, en su mayoría negros, fue una de las represaliadas luego del cierre de Ediciones El Puente, aquella editorial que dirigía el poeta José Mario, con la que a mediados de la década de 1960, Fidel Castro se encarnizó. 

Nancy Morejón, a fuerza de acatamiento y de tragar sapos, emergió del castigo y fue rehabilitada. Pero, como ella confesó en cierta ocasión, sentía miedo cada vez que en su presencia se hablaba de Ediciones El Puente. Eso puede explicar su incondicionalidad al castrismo, esa que ahora acaba de costarle el viajecito a París y la presidencia de honor del Mercado de la Poesía.

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