jueves, diciembre 09, 2021

Luis Cino desde Cuba: Los aseres ilustrados. Muchos de estos personajes se originaron en la atmósfera populista y populachera prevaleciente en los primeros años del régimen castrista

 Tomados https://www.cubanet.org

Los aseres ilustrados

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Muchos de estos personajes se originaron en la atmósfera populista y populachera prevaleciente en los primeros años del régimen castrista

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Por Luis Cino

8 de diciembre, 2021 

LA HABANA, Cuba. — Luego de 1959, en los medios intelectuales cubanos ha proliferado un curioso espécimen: el asere ilustrado. No importa cuán culto sea: entre citas beisboleras, de Lezama o de algún filósofo europeo —mientras menos conocido mejor— salpica su conversación con palabrotas y términos y frases de la jerga presidiaria.

Parece que ciertos escritores, cineastas y pintores creen que demuestran su cubanía y lo campechanos y desenfadados que son saludando con “qué volá”, hablando de “jevas” y llamando “asere” lo mismo a sus amigos que a cualquiera que se les ponga por delante, siempre que no sea un dirigente.

Es como si los hubieran hecho en un molde, todos se parecen: mal hablados, jaraneros, bebedores largos, machistas que presumen de ser ligones. Y rudos como son, pasan fácilmente —sobre todo cuando están curdas y el otro no se lo espera— del sentimentalismo y la afabilidad extrema al gaznatón.

Los escándalos en lugares públicos protagonizados por algunos de ellos, casi siempre borrachos, han pasado a ser leyendas urbanas.

Estos personajes se originaron en la atmósfera populista y populachera prevaleciente en los primeros años del régimen castrista, cuando, para no ser mal visto y poder abrirte paso en la nueva sociedad de proletarios que construían el socialismo, lo mejor era dejar a un lado los buenos modales y el refinamiento, para que a nadie se le ocurriera tomarte por un burgués, un señoritingo, un bitongo, un blandengue. O peor aún, un cundango.

De ese clima salieron los primeros aseres ilustrados: los que vistieron uniforme miliciano, cortaron caña y pudieron estudiar  —con especial énfasis en el marxismo según los manuales soviéticos— en la Facultad de Letras de la universidad para los revolucionarios o en la Escuela Nacional de Arte (ENA).

Los aseres pontificaban, se sentían más sueltos y en confianza para lucirse ante cortesanas y esnobistas, mejor que en las mesitas de la UNEAC, bebiendo aguardiente Coronilla en sus tertulias y cenáculos,  en alguna exposición en la Casa de las Américas, o en la Cinemateca, mientras esperaban que empezara la tanda con alguna película de Federico Fellini, Jean-Luc Godard o Glauber Rocha.

Sus descendientes, aunque menos apegados al dogma y los formalismos del socialismo castrista, se formaron en becas y escuelas en el campo donde, como predominaba la ley del más fuerte, había —¡vaya si lo sabré!— que ser duro para que te respetaran. Eso implicaba echar malas palabras a cada paso, no dejarte sopapear y estar listo a tromponearse con cualquiera. Ello no impedía que a muchos nos gustara la literatura, el buen cine y la música de Led Zeppelin y Pink Floyd, o de Creedence Clearwater Revival, como es el caso de Leonardo Padura, que al igual que su personaje novelesco y casi que alter ego (el teniente y luego librero por cuenta propia Mario Conde) es un confeso admirador del grupo californiano que sonaba cual si fuese de Memphis o New Orleans.

Leonardo Padura, junto a Pedro Juan Gutiérrez, uno de Mantilla, el otro de Centro Habana, son los más emblemáticos de los aseres ilustrados. El hecho de que ambos sean los más leídos escritores cubanos de los últimos 25 años indica que la fórmula de ser como son (o aparentarlo) funciona y da buenos dividendos, si de marketing literario se trata.

El real Padura, por muy de Mantilla que sea y mucha pelota manigüera que haya jugado en sus calles, es el que descubrió su afición por la escritura leyendo vorazmente a Vargas Llosa y a Cabrera Infante, por muy prohibidos que estuviesen. Lo demás se lo dio su innegable talento para el oficio, la ciudadanía española y la zorrería para lograr colarle goles a la censura.

Y allá el que se crea el pendenciero, cínico, sexomaniático y escatológico Pedro Juan de los solares habaneros que se inventó Pedro Juan Gutiérrez para su narrativa y sus poemas. En la vida real, el Bukowski criollo es un tipo culto, de buen gusto y con dinero y relaciones suficientes como para pasar, al igual que Padura, más tiempo en Europa que en Cuba.

En los últimos años, los epatantes aseres ilustrados de la nueva hornada, para no incurrir en lo políticamente incorrecto, han modificado algunos de los rasgos típicos de la especie. Extremándose en las citas y el lenguaje críptico, por no decir la palabrería metatrancosa, han decidido ser (o aparentar que son) más cultos que populares. Pero siempre irreverentes, lo mismo en el ambiente artístico y letrado que cuando “perrean” en una discoteca.

La principal transformación en las conductas de algunos, impensable hace unos años, es que ahora, en vez de posar de supermachos y  “ligones de jevas”, desenfadadamente, y sin que nadie indague su orientación sexual,  presumen de ser los más “open mind”.

No obstante, algunos petulantes de campeonato, en Cuba o fuera de ella, cuando tienen una perreta o quieren llamar la atención porque se sienten relegados, se les olvida la corrección política y se muestran groseramente  machistas, homofóbicos y racistas. Son aseres al fin y al cabo, por muy pulidos y posmodernos que parezcan.

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lunes, abril 26, 2021

Zoé Valdés: RESPUESTA, OTRA VEZ... ¿QUÉ ENVIDIA PADURA Y QUÉ ES LO QUE LO HA CONDUCIDO A LA POPULARIDAD?

 

RESPUESTA, OTRA VEZ... ¿QUÉ ENVIDIA PADURA Y QUÉ ES LO QUE LO HA CONDUCIDO A LA POPULARIDAD?


Por Zoé Valdés.

Bien, como nadie responde, una vez más tengo que hacerlo yo.

Hypermedia Magazine, ese panfleto entre lo castrista chic y la filosofía de la metatranca centromorronguda con Grants como soporte de la dependencia politiquera, acaba de publicar una baba jalaleva, titulada algo así como 'Envidiar a Padura', y que empieza preguntándose "¿Qué se envidia cuando se envidia a Padura?".

En primer lugar, el único envidioso y chivato es Leonardo Padura, que fue preparado y entrenado tras la publicación exitosa de mi novela 'La nada cotidiana' y de mis siguientes novelas para destruir -órdenes del Comité Central mediante- mi carrera literaria. Como mismo quisieron hacer mucho antes con Senel Paz contra Reinaldo Arenas.

Lo inmediato que hizo Padura fue dar una entrevista en El País, sirviéndose de Luis Sepúlveda, chileno mentiroso donde los haya, que fue quien por órdenes del castrismo introdujo a Padura en su editorial francesa, de la editora izquierdista Anne-Marie Metaillié... En El País, Padura desbarró contra mí y contra Cabrera Infante, lo que no ha cesado de hacer desde entonces.

En segundo lugar, el triunfo de Padura está entonces servido por la izquierda mundial. Padura plagió la novela de Álvaro Alba que ya llevaba años dando vueltas entre editoriales, y que cayó en manos de su editora, brasileira de origen, pro castrista, pro Lula da Silva, como se pudo comprobar después cuando Padura visitó a Lula en la cárcel y manifestó públicamente por su liberación en Brasil. Esa editora es la misma que desde Tusquets se fue deshaciendo de los libros de Reinaldo Arenas para imponer a Padura.

Tras ver que yo en 1998 fui la tercera artista y escritora cubana exiliada que recibió la Orden francesa de Chévalier des Arts et de Lettres, después de los cubanos Brindis de Salas y Gina Pellón, Padura y sus "agentes de influencia" hicieron todo para que se la entregaran a él; lo que ocurrió años más tarde de que me la dieran a mi, por no decir décadas, y de paso también se la zumbaron a la Wendy Guerra, otra 'personaja del puerto' (cito el poema de mi amigo Gonzalo Rojas) montada a horcajadas en el lomo del Gabo.

Padura seguía hablando pestes 'sotto voce' aquí y allá en mi contra y en contra de Guillermo Cabrera Infante. Cuando la Universidad de Valenciennes en Francia me dio el Doctor Honoris Causa junto a varios Premios Nobeles muy conocidos todos, la Embajada de Cuba en París y el propio Padura hicieron con anterioridad lo indecible para que no me lo dieran a mí, y por el contrario se lo dieran a él. Cosa que no ocurrió porque los profesores se pusieron en sus trece y dijeron que de ninguna manera, cosa que ellos mismos me contaron luego.

Cuando murió Guillermo Cabrera Infante, ahí Padura vio los cielos abiertos, y desbarró en una entrevista en ABC contra el autor de 'Tres Tristes Tigres' argumentando al descaro que Guillermo Cabrera Infante había dejado de escribir en cuanto se exilió. No puede haber una falsedad mayor, puesto que toda la gran obra de GCI fue hecha en el exilio. Tuvo que contestarle con la verdad y poniéndolo bonito, el gran Aurelio Mayor desde Barcelona, en otro artículo publicado en La Razón.

Para subirle la parada al Premio Cervantes de GCI, el régimen castrista cabildeó con el gobierno español un Premio Princesa de Asturias para Padura, ojo al dato: su editora pro castrista de origen brasileiro formaba parte del jurado que daba el premio.

Padura jamás ha parado de ponerme piedras y zancadillas en cuanto festival, feria del libro, o evento literario han querido invitarme. En un evento celebrado en París a finales de los noventa, Padura sintiéndose cómodo entre la 'claque' enviada por la embajada castrista para abuchearme, negó todo el sentido de mi presentación de mi novela 'Café Nostalgia'; debo decir que no fue el único, Karla Suárez también lo hizo en su momento con mi novela 'Querido primer novio'. Pero, en aquella ocasión la escritora cubana supuestamente exiliada en Puerto Rico, Mayra Montero, a quien yo había conocido en La Habana en los años ochenta, invitada a Cuba por Wichy Nogueras, se puso del lado de Padura a la hora de criticarme. Como mismo hizo, tiempo después en Guadeloupe, cuando tres escritores cubanos optábamos por el Premio Literario de las Américas: ella, Pedro Juan Gutiérrez y yo. Pedro Juan Gutiérrez se paseaba en el automóvil del policía de la embajada castrista todo el rato, y Mayra Montero por su parte -junto a él- hacía como que creía que el premio me lo darían a mi por el mero hecho de que yo vivía en Francia, y el premio lo entregaban unos bekés (colonos franceses dueños de centrales azucareros que tenían negocios con el castrismo); pues sucedió que para un mal actuado asombro de Montero y del premiado, le otorgaron el premio a Pedro Juan Gutiérrez, me lo quitaron a mí y a ella, y reitero, se lo dieron a Pedro Juan Gutiérrez, como mismo predije que sucedería desde el primer momento. Por cierto, en el jurado estaba el 'sembradito' -según escribió Reinaldo Arenas en su correspondencia a Margarita y Jorge Camacho- Eduardo Manet. Pero Pedro Jota, el cubano chabacano, al que todos le bendijeron las malas palabras, como literato del realismo sucio no dio la talla, y volvieron a echar mano de Padura el oficialista.

Basta ya de querer vender a Leonardo Padura como un pobre envidiado por todos, cuando no ha sido más que un oportunista, mediocre, envidioso, chivato y buen agente del castrismo que no se ha detenido a atacarme a mí, escritora, mujer y exiliada, no sólo por envidia y por chivato, sino además por malvado y por agentón castrista.

Aquí estoy para contar esto, y mucho más.

Zoé Valdés es escritora y artista. Fundadora y Directora General de ZoePost y de Libertad de Prensa Foundation Corp.
Photo Jean-Marie Périer, el mismísimo... 

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miércoles, septiembre 18, 2019

Zoé Valdés: De imitaciones y plagios



De imitaciones y plagios

Por Zoé Valdés
17 de  septiembre de 2019

 años, en New Jersey, un tipo -cubano él, de dónde sino-, me aseguró y juró por su madrecita (señal de la cruz mediante) que había un cantante puertorriqueño que se vislumbraba como el nuevo Benny Moré, y que para él lo era sin duda de ninguna clase. Bien. No quise contradecirlo porque yo en aquella época todavía andaba medio 'bobaliconalírica' guindada del humo de las chimeneas.

Esa misma semana otra tipa, cubana también, me invitó a la primera pasarela de la marca de trapos de esta niña mexicana que canta -eso dicen- y baila peor, de la que Cristina Saralegui en un arranque de guataquería afirmó que era más bonita que María Félix. ¡Semejante alfeñique con nombre de musa griega (mal bautizada por supuesto) compararse con la Doña! ¡Josú! como dicen los andaluces, que Dios me ampare y me favorezca, como decían los cubanos de antes. Entonces, a esa pasarela en el centro de New York fui por mi hija, que era una niña todavía, y que cuando llegó y vio aquello me miró con cara de susto, y se durmió en cuanto nos sentamos, y también asistió Donald Trump. Aquello estaba repleto de mexicanos que se tiraron en plancha como los monjes tibetanos ante un Buda en cuanto lo vieron. Saludó a todo el mundo, muy amistoso, y al rato, cuando la mexicana salió a cantar que vio al Moñe, se hizo la que no sabía que él vendría (o sea, como si ella y el marido poderoso no lo hubieran invitado), interrumpió la canción de mierda que estaba interpretando para asombrarse toda emocionada con la siguiente exclamación: "Omaigá, Donald Trump!!!" Y de nuevo cogió el micrófono con la puya encharcada en aquello que tú sabes: fluido vaginal.

Detrás de ella salió a berrear el supuesto sustituto de Benny Moré: Un blanquito fuñido, desteñido y con espejuelos de pasta negra, que si bien es cierto que tiene un chorro de voz, lo que no se puede negar, no se le para ni al lado de una verruga del calcañal del Bárbaro del Ritmo. Pero ya saben ustedes cómo son los cubanos, enseguida necesitan tumbar al original para colocar en un pedestal a la copia mala. Mala no, malísima.

De esa característica tan insensata del cubano, como todo lo que hace siempre, se ha aprovechado y aprendió la tiranía, de ése quítate tú para ponerme yo o en su defecto al otro. De tal modo, a partir de finales de los ochenta, entendieron que suplantando a Reinaldo Arenas y su éxito en España y en el mundo, por Senel Paz, no sólo borrarían a Reinaldo, impedirían que éste publicara y ganara premios y de un golpe magistral le arrancaban la tribuna que él mismo se había construido con su obra y sus derechos de ciudadano libre. El cuento ya se los hice en uno de los programas que le dediqué a Reinaldo en mi Canal de You Tube. Un guajirito revolucionario (Senel Paz) de un empujón y con un helado vulgar de Coppelia le daba un fondillazo al guajirito natural 'gusano' (a mucha honra) y anticastrista. También así colocaron a la Pelúa del 14ymierda por encima de Oswaldo Payá.

En mi caso han tratado de enviar a varios para tumbar mi imagen y debilitar mi voz: Abilio Estévez primero, Pedro Juan Gutiérrez fue el segundo (que desde Cuba llegó directamente a mi agente literario, contra, vaya casualidad), Padura Caradura y la Quendi Retaco Guarra, que no sólo fue a mi casa a robar libros y sombreros de mi pertenencia pidiéndoselos a mi pobre madre enferma de los nervios, además me escribía cartas de amor, y una vez fuera se dio a la tarea de intentar denigrarme y de imitarme con sus ridículos sombreros que le fabrica la chea del momento de la isla, cuyos diseños más parecidos a nidos de gorriones hambrientos no se pueden comparar con los míos adquiridos todos en Galeries Lafayette y en el Faubourg Saint-Honoré.

Así han venido actuando los castristas, y es lo que trata de hacer la Aymée Nuviola: imponerse con el estilo mal copiado de la única Sonera, Guarachera y Reina de Cuba, Celia Cruz. Que lo intente es una cosa, que lo consiga es otra. Jamás podrá pararse ni al lado de la sombra de la Ceiba más potente de Cuba.

Aunque.

Recuerden cómo son los cubanos. Habrá alguno que dirá, no pocos -dicho sea de una vez- que afirmarán que la Nuviola es mejor mil veces que Celia. Como mismo acuñaron que Estévez, Gutiérrez, Caradura y la Guarra son mejores que la Valdés. Como si yo viviera de ese pedacito, como si los originales necesitáramos de las opiniones y del mal gusto de los adulones de las falsas copias.

Bah.

Zoé Valdés.
Blúmeehierro Lenguaechucho. Uniquita del Montón.

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