viernes, septiembre 09, 2022

El ingrato papel del aguafiestas. Carlos Espinosa Domínguez sobre una Antología de Gastón Baquero


El ingrato papel del aguafiestas

*******

Una antología de ensayos y artículos demuestra que Gastón Baquero fue un penantologíasador íntegro y sin miedo, que asumió la responsabilidad de no callarse y denunció y desmontó tópicos

*******


Por Carlos Espinosa Domínguez

Aranjuez

09/09/2022

En vida, Gastón Baquero se preocupó de recoger en libros parte de los ensayos y artículos sobre literatura, arte e historia que había escrito. Lo hizo en Ensayos (1948), Escritores hispanoamericanos de hoy (1966), Darío, Cernuda y otros temas poéticos (1968), Indios, blancos y negros en el caldero deAmérica (1991) y La fuente inagotable (1995). Aparte de esos títulos, póstumamente se han publicado además otras compilaciones similares, tanto dentro como fuera de Cuba.

En cambio, en ese rescate ha quedado olvidado el quehacer periodístico en el cual Baquero se ocupó de temas sociales y políticos. He confeccionado la bibliografía de esa labor y puedo asegurar que en el Diario de la Marina (1945-1961) esos asuntos son los que cuantitativamente dominan en la labor que desarrolló en ese medio a lo largo de varias décadas. No así en Información (1944-1945), donde los textos referidos a esas temáticas son más bien pocos.

No soy dado a desenvolverme en el terreno de las especulaciones, en las conjeturas puramente teóricas. Pero me atrevo a decir que este desinterés, llamémoslo así, por esa copiosa parcela de la faena periodística de Baquero tiene mucho que ver con los calificativos que a lo largo de su vida recibió a causa de sus ideas políticas. Lo tildaron de hombre de derecha, de reaccionario, de batistiano, y eso, quiérase o no, ha condicionado a priori la opinión que se tiene sobre esos artículos en los cuales expresó sus opiniones. Y aquí entramos en el terreno de esas calificaciones tan vagas y tan convencionales que, como comentó Francisco Ichaso, no convencen a nadie. Calificaciones que se deben por lo general a “esos Linneos de vía estrecha incapaces de entender nada si no apelan a la cuadrícula o al cartabón”.

Al respecto, Ichaso agrega para sustentar su argumento: “Esta clasificación tan vaga, tan convencional, no satisface a ningún espíritu exigente. «Siempre se es pompier de alguien», ha dicho Cocteau. Siempre se está a la derecha o a la izquierda de alguien. Frente a ciertos radicalismos delirantes, bien de un extremo, bien del otro, la mente más avanzada resulta cautelosa o la más moderada resulta progresista”.

Un sambenito que crea hábito


Pero ya se sabe —o debe saberse— que en este sentido nada hay que se pueda hacer. Desde siempre han abundado aquellos que se dedican a encasillar a las personas con etiquetas, como si se tratasen de especies animales o vegetales. Y una vez aplicados y puestos en circulación esos rótulos, resulta muy difícil, casi imposible, escapar de ellos. A esto se refirió Jorge Mañach en uno de sus artículos, donde expresa:

“Basta que alguna vez le hayan colgado a usted gratuitamente un sambenito cualquiera y que se haya insistido un poco en él —cosa en que los comunistas, sus derivados y sus apóstatas suelen ser expertos— para que eso críe hábito. De nada le valdrán al así calificado ni sus opiniones escritas ni sus actividades vividas. Rectificar o dejarse convencer es lo que más trabajo les cuesta a los vagos de la inteligencia, a los que tienen interés en que alguna verdad no prospere, o simplemente a los que no pueden contener las ganas de ser desagradables”.

Es difícil concebir algo más injusto, por todo lo que reduce y deja fuera, que el sintetizar y caracterizar la existencia y la ejecutoria de una persona con una palabra o una frase. Eso es precisamente lo que hacen los “forjadores de la vida ajena”, como los llama Ichaso: ajustar algo tan complejo al molde mezquino elaborado por ellos. Para ello, se pasan la vida observando al hombre o la mujer objeto de su atención, para tratar de pillarle un gazapo, denunciarle una falta o sorprenderle una contradicción.

Desde joven, cuando se inició en el periodismo, a Baquero le tocó desempeñar, como él mismo admitió, el ingrato papel del aguafiestas, “del pesado señor que llega con el jarrito de agua fría a cortar el hervor y a reducir el entusiasmo prematuro, el regocijo enloquecedor y enloquecido”. En los primeros artículos que se pueden leer en la antología La reacción necesaria. Ensayos y artículos (1944-1990) (Ediciones Homagno, 2022, 412 páginas), se advierte cómo ya sus opiniones desencadenaron un alud de cartas de los lectores, e incluso uno le escribió para preguntarle por qué era reaccionario. Fue un sambenito que le acompañó casi hasta el final de su vida y al cual dedicó espacio en más de una ocasión.

Eso tenía mucho que ver con su opinión sobre las revoluciones. No se oponía a ellas, pero pensaba que la única revolución deseable es aquella “que dé un revés a la injusticia, pero sin poner otra mayor en su lugar; una revolución que signifique echar los cimientos de algo mejor y no volar las paredes del hogar materno”. Rechazaba la injusticia, el mal reparto del bienestar material, pero discrepaba en cuanto a que el único modo de erradicar esos males era mediante una violenta trasmutación de regímenes y derrumbes de sistemas.

Rechazo visceral del comunismo

De ahí viene su visceral rechazo del comunismo. No creo que en las décadas de los 40 y los 50 pueda encontrarse otro periodista que se dedicara con tanta tenacidad y tanto empeño a combatir una ideología que para él era enemiga de la civilización y de la conciencia humana y que atentaba contra la libertad en todos sus aspectos. No le importaba que al hacerlo estaba clamando en el desierto. Tampoco que, desde las páginas del diario Noticias de Hoy, los comunistas cubanos lo cubrieran de insultos, calumnias y vejámenes. Estaba convencido de que ante el comunismo solo cabe la acción, pues más allá de las diferencias políticas, se trata de la defensa de la propia existencia. Quienes se proponen hacer que triunfe e implantarlo, buscan “sustituir todo el mundo que tenemos, defectuoso, pero abierto a la reforma y a la superación, por un régimen que declara abolida la conciencia individual y abre proceso a Dios y a su iglesia”.

Baquero siempre se mantuvo vigilante y conservó la misma perspicacia. Ni siquiera se dejó engañar cuando, tras la muerte de Stalin, en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética se inició una crítica directa del llamado período del culto a la personalidad, por ser ajeno a la ideología marxista. En fecha muy temprana advirtió:

“Son los de hoy igual que Stalin, o peores que Stalin. Buscan lo mismo que Stalin buscó, y emplean las mismas armas de hipocresía, cambio de táctica, oportunismo que Stalin empleara. Cae dentro de su filosofía de la vida mancillar la memoria de un muerto que en el fondo de su corazón veneran, si a cambio de esto pueden conseguir que la ideología gane un solo centro en su batalla por avanzar dentro de los países libres de la tierra”.

Eso le dio la lucidez para darse cuenta, con una anticipación que hoy asombra, de lo que se le venía encima a Cuba. El primer signo que lo alertó de ello fue el empleo de la violencia para derrocar a la dictadura de Batista. Cuando estaba ya en marcha la lucha armada, escribió un artículo donde se preguntaba: “Si hoy queman escuelas públicas, que son el hogar de la enseñanza de los pobres, ¿qué concepto tienen de la enseñanza y de la cultura, y cuál sería su conducta si llegaran al poder?”. Hoy ya sabemos la respuesta.

A partir de septiembre de 1958 dejó de escribir en el diario del cual era jefe de redacción. Hasta entonces, Baquero había abogado por que se agotaran todos los medios para lograr una solución sin convulsiones, sin desórdenes, sin radicalismos. En un momento histórico en el cual se hablaba de la revolución como una necesidad, defender un pensamiento como el suyo tenía que caer mal, pues para los partidarios de la violencia toda opinión moderada es una traición. En esas circunstancias, Baquero llegó a la conclusión de que el periodista no tenía nada que hacer, pues todo lo que pudiese realizar era baldío.

En abril de 1959, publicó en el Diario de la Marina uno de sus textos más difundidos: “Palabras de despedida y de recomienzo”. Los hechos lo pusieron en una disyuntiva: no podía aplaudir una dictadura que cometió horribles errores y horrores: el derramamiento de sangre, la censura de prensa, el imperio del terror como norma de gobierno. Pero de igual modo, tampoco estaba dispuesto a apoyar lo que venía y que muy pocos entonces sospechaban. Se contaba entre los viejos reaccionarios que creen que “la revolución conduce siempre a un crimen mayor que el que quiere evitar, y a una destrucción paridora de miseria mayor que la denunciada”. En medio del desbordamiento de júbilo del pueblo, entendió que aquel júbilo no era el suyo. Optó, pues, por el silencio y, algunos meses después, por el exilio. Allí siguió expresando y defendiendo las ideas en las que creía y de las cuales se sentía orgulloso, “por maltratadas, incomprendidas y vilipendiadas que hoy se hallen”.

Hay dos aspectos de sus ideas y opiniones políticas que incluso aquellos que discrepan con ellas están obligados a reconocerle. El primero es que responden a convicciones muy sólidas, que Baquero mantuvo y defendió hasta el final de sus días. Nunca cambió de casaca, nunca renunció a su ideología. Pensaba que el miedo a defender las ideas que van contra la corriente o que son estigmatizadas como nocivas, constituye la mayor de las cobardías. Y que quien tiene un pensamiento como el suyo ha de mantenerlo con cierta lógica y ser consecuente consigo mismo. Lo hizo hasta el final de su vida, rechazando con terquedad un dicho yoruba según el cual “cuando uno se hace viejo, ya no se deja enredar en batallas”.

Anticipó verdades que después la realidad validó

Por esa razón tuvo que pagar un precio. El estigma de conservador y anticastrista lo acompañó durante las cerca de cuatro décadas que vivió en España. En su libro Gastón Baquero: el hombre que amaba las estrellas, el escritor Carlos Barbáchano recuerda que durante la etapa en la que buena parte de la intelectualidad española babeaba con la revolución cubana, esta consideraba a Baquero un reaccionario, un “gusano”. Por su parte, el régimen franquista, que nunca rompió relaciones diplomáticas con la Cuba castrista, tampoco veía “con buenos ojos a un poeta negro y, por si fuera poco, homosexual”.

Eso hizo que durante unos cuantos años Baquero sufriera un rechazo y unos recelos que le dificultaron el establecerse de forma normal en España. De acuerdo a Barbáchano, esto se multiplicó en la transición democrática. Agrega que, asimismo, se le cerraron muchas puertas durante los primeros años de gobierno del Partido Socialista Obrero Español, “afecto en un principio al castrismo”. Esto lo ha corroborado el también español Miguel García Posada, quien al morir Baquero escribió que, pese a ser “uno de los grandes poetas cubanos de este siglo, un poeta imprescindible de la lengua”, el sectarismo y el maniqueísmo determinaron su suerte crítica.

El otro aspecto que me parece relevante es la lucidez y la agudeza demostradas por Baquero en sus análisis. Particularmente en los que trata asuntos de mayor calado se anticipó a expresar verdades que después la realidad se ha encargado de validar. Pienso en los numerosos trabajos que dedicó a poner al desnudo aquella grandiosa utopía que fue el comunismo. Lo hizo en los años 40, 50 y 60, cuando la suya era, junto a unas pocas más, una voz disonante. Entonces advirtió sobre lo que casi nadie quiso escuchar, pues la quimera comunista era muy rentable gracias al uso dialectico de la mentira. Los textos escritos por él en 1990 que se pueden leer en esta compilación vinieron a confirmar aquellas críticas y denuncias suyas sobre una ideología que, como afirma el filósofo ruso Yuri Kariakin, hoy ha perdido el derecho al poder.

Detrás de estos textos, hay un pensador íntegro y sin miedo, que asumió la responsabilidad de no callarse y denunció y desmontó tópicos. Baquero es especialmente sólido al expresar sus críticas. Demuestra una notable capacidad para argumentar y defender el andamiaje de sus criterios. En sus artículos hay no solo una honestidad esencial, sino además rigor y calidad en la escritura. El suyo constituye un periodismo intenso y estupendamente escrito, pero que siempre es ameno y de lectura asequible.

Creo que no debo extenderme más, pues esos textos hablan por sí solos. Quienes lean la compilación objeto de estas líneas encontrarán a un hombre que, reaccionario al fin, reaccionó contra los geófagos insaciables que despojan al campesino de su único patrimonio, la mendicidad infantil, los gobiernos que aspiran a mantenerse en el poder sin oposición, la perpetuación de las injusticias sociales, el odio y el desprecio al negro por el solo hecho de su color, y que defendió la libertad personal como fuente de salvación eterna para el alma humana.

La reacción necesaria se puede comprar en Amazon.

© cubaencuentro.com

*************

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano 


Gastón Baquero tenía ¨en su contra¨ cuatro supuestos estigmas para la Cuba anterior a 1959: ser de raza negra, campesino (para la mayoría de los residentes de La Habana, y sobre todo para aquellos habaneros de primera generación, ser de Banes y de cualquier pueblito del interior de Cuba es ser campesino), pobre y homosexual. En lenguaje peyorativo de la época, Gastón Baquero se diría que era: ¨negro, guajiro, 'muerto de hambre' y maricón¨ , o sea, ¨la última carta de la baraja¨; sin embargo, Baquero llegó a ser Jefe de Redacción del Diario de La Marina, el más importante diario o periódico cubano de Cuba. El gran poeta y ensayista Gastón Baquero es un ejemplo de que con talento y perseverancia se salía adelante en aquella anterior República tan vilipendeada por los Castristas.

Por cierto:

¿ Cuántos Jefes de Redacción negros ha tenido: Granma, Juventud Rebelde, Trabajadores o cualquier diario de provincias después del triunfo revolucionario de 1959 ?. Yo no he conocido a ninguno...

**********************




Texto de Gastón Baquero, Diario de la Marina, 19.4.1959



Al iniciar un viaje que por muchos motivos puede denominarse de vacaciones, consideramos obligado ofrecer a los lectores amigos los otros se lo explican todo a su manera algunas consideraciones sobre la actitud de este columnista antes y después del 1º de Enero.

Veníamos en silencio, sin escribir, desde la aparición de la censura. Meses y meses previos al desenlace de una etapa histórica, nos vieron callados, y posiblemente interpretados por algunos frívolos o por algunos ciegos apasionados como indiferentes a un dolor patrio o como partícipes de la mentalidad y ejecutoria que producía esos dolores. A cada cual su juicio, su interpretación, su creencia, que sólo puede modificarla el tiempo. Es inútil razonar contra los prejuicios.

Las personas de nuestra manera de pensar nos veíamos cada día más arrojadas a un callejón sin salida. Estábamos contra el crimen y la violencia, pero no podíamos irnos con la revolución. Comprendíamos que ya la tragedia cubana avanzaba con violencia arrasadora y que no tenía nada que hacer la voz del periodista, y menos si éste pertenecía a la ideología conservadora. Se habían gastado las palabras persuasivas, los llamamientos al cese de la lucha, las apelaciones a buscar una salida incruenta. La palabra pertenecía a las armas, que no se han hecho para propiciar el entendimiento. A quienes no podíamos ni aplaudir lo que ocurría, ni dar por bueno lo que venía, no nos quedaba otra postura que la del silencio. Y al silencio fuimos.

Los tiempos cubanos, como los de casi todos los países en esta hora del mundo, se inclinaban visiblemente hacia las soluciones extremas. Muchos creían que se gestaba simplemente la caída del gobierno con su reemplazo por otro mejor, pero adscrito en definitiva a una línea jurídica, económica, social, política, dentro de una tradición inaugurada en la Carta Magna de 1940. Quienes veíamos que la nueva generación iba mucho más allá, y propugnaba una revolución y no un simple cambio de gobernantes abogábamos, por no tener fe en las revoluciones, por salidas de otro tipo, que eliminaran el gobierno malo, pero que no abrieran la terrible incógnita de una revolución social siempre más radical y profunda de lo que ¨afortunada o desdichadamente¨ Cuba puede y debe intentar en esta hora.

¿Y por qué no tenemos fe en las revoluciones? No es porque ellas produzcan trastornos, lesionen intereses, vuelquen las costumbres. No tenemos fe en ellas porque siempre se fijan tareas que requerirían la asistencia de grandes genios, la milagrosa autoridad de ángeles y santos para cambiar de la noche a la mañana la naturaleza humana. Las revoluciones quieren hacer por decreto que en un instante se precipite el progreso, y nazca el hombre nuevo y surja por encanto la ciudad soñada. Su gran paradoja consiste en que no quiere dar al tiempo lo que es del tiempo, ni al hombre lo que es del hombre, sino que intenta saltar, a pies juntillas, por encima del tiempo y del hombre para llegar de una vez a la meta teóricamente fijada. Provocan sufrimientos y conmociones que alteran a fondo y por mucho tiempo el desarrollo normal y seguro, el avance lógico y humano hacia el mejoramiento constante de las formas de vida. Quiere la perfección de la noche a la mañana y es en definitiva una noble pero trágica terquedad ideológica, soberbia intelectual, que quiere desconocer la naturaleza humana y piensa que las grandes ideas, el afán por la justicia, la sed de verdad, no han aparecido en el mundo porque a éste le han faltado revolucionarios. La historia muestra que los revolucionarios han contribuido como nadie a la aparición de nuevas ideas, de mejoramiento y de justicia, pero que los revolucionarios, cuando triunfan, ya no saben sino saltar hacia el porvenir, de un golpe, ignorando la dura materia del tiempo y la fuerte resistencia del hombre. Mientras no llegan al poder son un bien, pues traen el fermento de la inquietud y el aguijón del progreso.

(Gastón Baquero en su Exilio en Madrid)

El progreso cubano culminó, como se sabe, en la fuga del dictador, en la impotencia de la junta militar, y en el ascenso al poder de la juventud partidaria de la revolución. Los caracteres ideológicos de ésta no fueron nunca disfrazados por sus dirigentes. En el manifiesto dado por el Dr. Fidel Castro en diciembre de 1957, al desembarcar en Cuba, están contenidas todas las ideas que hoy se van convirtiendo en leyes. (Nota de Mons. Carlos M. de Céspedes: el desembarco del Granma tuvo lugar el 2 de diciembre de 1956, no de 1957; a qué manifiesto se está refiriendo Gastón, ¿no será acaso a La Historia me absolverá, manifiesto pronunciado por el Dr. Fidel Castro en el juicio por el asalto al Cuartel Moncada y al Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, en 1953?). Si algún capitalista se engañó, fue porque quiso; si algún propietario pensó que todo terminaría al caer el régimen, pensó mal, porque claramente se le dijo por el Dr. Castro que todo comenzaría al caer el régimen; y si alguna persona alérgica a las grandes conmociones económicas y sociales siguió y ayudó al Movimiento, creyendo que éste venía solamente a tumbar a Batista, pero no a cambiar costumbres muy arraigadas en la organización económica y social, se equivocaron totalmente o no leyó con atención aquel manifiesto. El Dr. Castro no ha engañado a nadie, aunque mucha gente conservadora y enemiga de las convulsiones le siguieron sin preguntarse detenidamente hacia donde la llevaban.

Y como este columnista no fue ni es partidario de las revoluciones, ni de las transformaciones violentas de la estructura social (lo que no quiere decir que permanezca indiferente ante los males y renuncie a la superación de estos por medios que le parecen menos dañinos y más duraderos), no creyó nunca que se debió abandonar los esfuerzos para poner fin pacífico y no revolucionario a los horrores que Cuba padecía. Por supuesto que esta idea no sólo fue derrotada por los hechos lo que es mortal para una idea sino que se prestó y se presta a las interpretaciones más agresivas y mortificantes sobre el origen de la actitud.

Al triunfar la revolución no faltaron los atolondrados que seguían creyendo que por haber sido más o menos antibatistianos eran ya suficientemente revolucionarios. No veían que el 1º de enero, volado ya el posible puente de una junta militar delicia de los que querían dinamitar la casa, pero sin derribar las paredes ni el techo, Cuba entraba a vivir una etapa histórica absolutamente distinta. Esta etapa iba a requerir una nueva mentalidad en las clases, en los ciudadanos, en el Estado, en las costumbres, pero muy pocos lo sospechaban.

Al principio, todo fue júbilo. La caída de una dictadura que cometió tan terribles errores y realizó tantos horrores, fue ocasión justificada para el desbordamiento oceánico de alegría pura y sincera, sin diferencia de clases ni de individuos. Todos eran felices porque había caído la tiranía; pero muchos no sospechaban siquiera que recibían entre palmas una revolución social. Ya de Batista estaban hasta la coronilla los más tenaces batistianos. El río de sangre, la inseguridad para la vida y la propiedad, la censura de prensa, el imperio del terror como norma de gobierno, habían llegado a sensibilizar hasta a los reacios al dolor ajeno. Cuba había apurado el límite de la resistencia física y de la resistencia moral. De todos sus sufrimientos parecía librarse, en jubilosa catarsis, cuando ofrecía enardecida a los revolucionarios victoriosos el laurel de la gratitud y el aplauso de la admiración. Y como en 1902, como en 1933, como en 1944, el pueblo cubano se dispuso a iniciar de nuevo el camino hacia la honradez administrativa, la libertad ciudadana, el respeto a los derechos, la desaparición de los privilegios, y la vida reglada por la paz, la cultura y el progreso.

¿Cuál era la actitud correcta de quienes no creímos en la revolución y no hicimos por ella nada, aunque tampoco hicimos, en conciencia, nada contra ella? A nuestro juicio, lo decoroso, lo justo, era el silencio. Fácil nos hubiera sido, de quererlo, y pese al riesgo de esa burla, presentarnos en pose demagógica, arrojando flores al paso de los vencedores. ¿No es esto lo usual?¿ No hemos presenciado el desfile ignominioso de los incorporados, de los revolucionarios del 2 de Enero, de los radicales que no tienen mucho que perder y de los conservadores y hasta reaccionarios disfrazados de dantones? Quienes comprendimos que el 1º de Enero se iniciaba en Cuba una etapa de gran conmoción social, de renovación que iba mucho más allá de lo imaginado por tantos y tantos que confunden revolución con antibatistismo y sentíamos que esas nuevas ideas triunfantes no eran las nuestras, no podíamos hacer otra cosa que callarnos y dejar que la revolución misma se abriese paso entre las clases sociales, perfilando su real fisonomía y declarando paladinamente a quienes aún vivían engañados cuáles eran sus verdaderas proyecciones.

Ahora nos encontramos en el ápice del despertar. Aquella señora que compró sus bonitos del 26, no soñó que la revolución le iba a rebajar el 50% de sus rentas por alquileres; aquel industrial que por ideología o por miedo abrió sus arcas, creyó que tenía adquiridos títulos revolucionarios y subsiguiente influencia; aquel sacerdote que hizo de su sotana un manto de piedad para salvar vidas de jóvenes acosados y de su Iglesia un centro de conspiración, creyó que se tendría en cuenta su filosofía de la sociedad y de la vida. Cuantas ilusiones, esperanzas, elucubraciones y cálculos han fallado. Pues llegó la revolución de veras, radical, inflexible, sin compromiso ante sus ojos y anhelosa de llevar a cabo un enorme cambio, un programa descomunal de contenido económico y social, que ha venido gestándose en la mente de los cubanos revolucionarios desde los mismos años inaugurales de la República. Llegó la revolución en la que no tienen cabida el perdón de los errores, el pensamiento conservador, la doctrina tradicionalista ni el conformismo acomodaticio que, es cierto, ha frustrado tantas esperanzas del cubano.

Al chocar frente a frente con la realidad, muchos se han asustado. No sabían que una revolución era así. Pues así, y más, son las revoluciones. Por eso ante ellas, quienes no tenemos vocación política y no nos inclinamos a participar en movimientos contrarrevolucionarios por mucho que la revolución nos persiga, no sabemos hacer otra cosa que ponernos al margen, dejar pasar el poderoso torrente y desear, sin el menor resentimiento, que triunfe y se consolide cuanto sea bueno para Cuba, y que se disuelva rápidamente en el vacío cuanto pueda ser un mal para esta tierra de la cual pueden incluso hasta arrojarnos, pero no pueden impedir que la amemos con la misma pasión que pueda amarla el más revolucionario de sus hijos.

Al iniciar este viaje, lector, dejamos en manos de nuestro querido Director y amigo, José Ignacio Rivero, hombre cristiano, hombre de carácter, nuestro cargo en el DIARIO DE LA MARINA, de Jefe de Redacción, que tanta honra nos deja para siempre. Comprendemos que hay momentos en los cuales pueden ser confundidas, con daño para lo que más importa que es el DIARIO, las actitudes personales, las ideas propias, con las actitudes del periódico. En medio de la pasión, del asombro de las clases, del choque ideológico inesperado, tiene por ahora poco que hacer un periodista verticalmente conservador, un derechista en tiempos de derrota para las derechas. Cabe la adaptación sinuosa, o cabe el combate. Aquella es lo innoble y éste es lo absurdo. Desde lejos hablaremos, en tanto Dios provea otra cosa si nos da venia para ello el Director y si no se oponen ciertos defensores de la libertad de pensamiento¨, de otras tierras, de otros cielos, de otros personajes. Posiblemente, con toda posibilidad, volveremos de un modo o de otro a defender aquellas ideas en las cuales creemos sobre la sociedad, la economía, las relaciones humanas, la libertad frente al comunismo esclavizador, ideas de las que nos sentimos orgullosos, por maltratadas, incomprendidas y vilipendiadas que hoy se hallen. El mundo las necesita, aunque no quiera verlo. El miedo a defender las ideas que van contra la corriente o que son estigmatizadas como nocivas, es la mayor de las cobardías. Vale más morir junto a una idea vencida, en la cual se cree todavía, que uncirse al primer carro victorioso que pasa, renunciando a tener ideas, a defender una ideología, a proclamar la visión propia y sincera que se tiene de los hombres y del mundo.
*****************
Tomado de http://www.islaternura.com


SOLEDAD DE GASTÓN BAQUERO

Por Jesús Díaz


Quizá la soledad sea la circunstancia esencial del poeta; no me parece gratuito que la tradición haya querido hacer de Homero un ciego. Hay, sin embargo, casos en los que la procesión solitaria transcurre exclusivamente dentro del tuétano del creador, como asfixiada por la fama que atruena desde fuera y que puede ser letal para la poesía. Pienso en Rubén Darío, en lo mucho que de perecedero indujeron en su obra los laureles, encargos y aplausos recibidos en la marcha triunfal que fue su vida, por contraste con la fuente nostálgica y solitaria que le permitió evocar para siempre a un simple buey visto en la niñez. Hay, también, casos en los que la soledad interior resulta fecundada por un frío llegado de afuera; un frío biográfico que en casos extremos se pega al pellejo del poeta como una sombra o un perro y llega a adquirir los rostros terribles de la marginación, la cárcel, la emigración y el hambre. Tal es el caso de César Vallejo, a mi juicio el más grande poeta de la lengua española desde el Siglo de Oro. Gastón Baquero supo de ambas cosas, de la miel y el acíbar, en grado tan extremo que muy bien pudiera decirse que vivió dos vidas, o bien una sola partida en dos mitades contrapuestas por el rayo terrible de la revolución cubana. Nació en 1918, en Banes, una pequeña ciudad del extremo oriental de Cuba, y vivió acunado por el calor y la sensualidad de la isla durante 41 años, en los que llegó a obtener el bienestar y el éxito. Desde 1959, y durante otros 38 años, vivió en la soledad del exilio en Madrid, donde acaba de morir el mes pasado. Estamos, pues, ante un desequilibrio vital tan desgarrador, asombroso y perfecto como su excepcional obra poética.

Baquero nació con todas las de perder. Era negro, homosexual, pobre y poeta en una Cuba, como cualquier país racista, machista y clasista, donde la poesía era oficio de locos. Sólo una inteligencia y un carácter absolutamente excepcionales como los suyos le permitieron imponerse a aquel medio y alcanzar éxito y reconocimiento en su condición de periodista. En efecto, llegó a ser una personalidad clave, jefe de redacción y de hecho director en la sombra nada menos que del Diario de la Marina, un periódico extraordinariamente conservador e influyente, decano de la prensa cubana durante la época colonial y la Primera República (1902-1959).

Pero también, y sobre todo, Baquero era poeta. Y resultaba de algún modo inevitable que en sus primeros años habaneros topase con la imantación todavía casi secreta de la obra y la persona de José Lezama Lima. Desde entonces, su nombre está indisolublemente asociado a la generación de Orígenes, uno de los coros de solistas más extraordinarios de cuantos han escrito nunca en nuestra lengua, integrado por el propio Lezama, Eliseo Diego, Cintio Vitier y Fina García Marruz, entre otros. Sin embargo, y pese a que siempre fue parte de ese grupo excepcional, lo cierto es que Baquero publicó un solo poema en Orígenes, justamente en el número 1; casi nada si tenemos en cuenta que la revista nos dio 34 entregas a lo largo de 10 años de heroísmo.

(Gastón Baquero)

Durante su vida en Cuba, Baquero publicó apenas dos cuadernos de poesía, Poemas y Saúl sobre su espada, ambos en 1942. Después, y durante unos interminables 18 años, calló como poeta. Es un hecho asombroso, sobre todo si tenemos en cuenta la radical calidad de su obra inicial. Adelanto una hipótesis que quizá podría contribuir a explicarlo. Baquero, al igual que los origenistas, concebía el cultivo de la poesía como un acto de entrega total, como una religión que no podía compartirse con otro menester tan acuciante como el de su responsabilidad en el Diario de la Marina. Optó por lo segundo, y nos dejó en herencia una colección de artículos periodísticos a la que los cubanos tendremos que volver la mirada, agradecidos, cuando vuelva a haber prensa en nuestro país.

En 1959, con el triunfo de la revolución cubana, Baquero marchó al exilio; su vida se fracturó como después empezaría a fracturarse Cuba. Sólo la poesía puede ayudarnos a imaginar cuánto debe haber sufrido, qué solo debe haberse quedado este cubano, negro por más señas, durante los largos años en los que la revolución concitó el fervor y la adhesión del mundo, y él estaba en contra y vivía lejos de Cuba, pobre, aislado e ignorado en el sotabanco del número 5 de la calle de Antonio Acuña, en Madrid. «Hay golpes en la vida tan fuertes», escribió Vallejo, «golpes como del odio de Dios, / como si ante ellos / la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma». Así de brutal debe haber sido el golpe que entonces recibió Gastón Baquero.

Eso habría bastado para matar a cualquiera. Al poeta Gastón Baquero, sin embargo, lo hizo renacer. En el pórtico de un luminoso ensayo, La poesía como reconstrucción de los dioses y del mundo, escrito ya en España, cifró su situación vital con una cita de Martin Heidegger: «Cuando el poeta queda consigo mismo en la suprema soledad de su destino, entonces elabora la verdad como representante verdadero de su pueblo». Ésa fue su hazaña. La llevó a cabo en unos pocos libros escritos y publicados en su exilio español con la soledad como inseparable compañera y maestra. En 1993, a propósito de un fugaz y único contacto sostenido en Madrid con Eliseo Diego -que ha sido narrado con pudorosa ternura por la hija de éste en el número 3 de la revista Encuentro de la Cultura Cubana -, Baquero le escribió a Diego, refiriéndose al grupo de Orígenes: «Yo viví en un mundo y cerca de unas personas que no volveré a ver. No es, compréndanlo, que no quiera volver a ustedes, es que no quiero volver al pasado (...). Yo no vivo, floto. Dije: 'Ya no vivo en España. / Ahora vivo en una isla. / En una isla / llamada soledad».

Soledad, quizá la mejor metáfora de una Cuba rota. Siempre desde ella, la obra de Baquero va ascendiendo hasta culminar en la cima de su último libro, publicado por Verbum en 1991, reveladora e irónicamente titulado Poemas invisibles. En esa obra maestra dialoga con el universo, pero la dedica «A los muchachos y muchachas nacidos con pasión por la poesía en cualquier sitio de la plural geografía de Cuba, la de dentro de la isla y la de fuera de ella». Consecuente con esa mirada, en 1994 Baquero participó, defendió e impulsó, contra el doble boicoteo del Gobierno castrista y de los sectores más enconados del exilio, el encuentro de poetas cubanos del interior y del exterior, que tuvo lugar en Madrid bajo el título de La isla entera. En 1996 apoyó con todo el peso de su autoridad, y contra el mismo fuego cruzado del odio, la aparición de la revista Encuentro de la Cultura Cubana; quienes la hacemos y tuvimos el privilegio de dedicarle en vida un homenaje se lo agradeceremos siempre.

Esa actitud es un acto esencial de generosidad presente también en Poemas invisibles. Aquí, Baquero se hermana con su numen poético profundo. Contra lo que se dice y se repite, éste no fue Lezama, sino el sufridor por excelencia, el solísimo, el que llevó la poesía de nuestra lengua al tuétano, César Vallejo. «Algo de indio reconcentrado, algo de lenta introspección, de amargura, de protesta ante el misterio y el aporreamiento constante que la vida da», escribió Baquero, «presta a Vallejo un carácter de abogado defensor de la pobreza humana, de la fatalidad, de la tremenda y desequilibrada relación entre la pequeñez y condena del hombre y la potencia de lo Supremo».

Quiso el destino que ambos espíritus gozaran de una estremecedora contigüidad. En la espléndida evocación titulada Oye, mira: esos pasos son los de él, Baquero nos dice: «Ocurre que soy vecino de Vallejo, aquí en Madrid. Vivió en el 4 de la calle Antonio Acuña, el obispo degollado por los borgoñeses, y yo vivo en el 5». El cubano escuchó indudablemente los pasos del peruano y contó esa experiencia de dos maneras: «Va y viene en la noche de los Andes a Madrid, de Madrid a la sierra peruana», dijo en la crónica citada. Luego, convirtió a Vallejo en el protagonista secreto de su poema El viajero, que como si fuera el resucitado por la humanidad del poema vallejiano Masa, en el de Baquero «... echó a andar sin más finalidad que sacudirse el tedio de estar vivo (...) y con el gran sombrero tejido a ciegas por indios / de dedos iluminados por rayos puros de luna bajo el río (...) emprendió, así, la última etapa de su peregrinar, / que consistía y consiste todavía, -porque el viajero / ni ha terminado de andar ni conoce el cansancio o el sueño- / en ir y volver a pie, incesantemente, / desde Lisboa hasta Varsovia, y desde Varsovia hasta Lisboa (...) apiadado siempre (...) de la pavorosa soledad de la Tierra en el cosmos».

En otro poema seminal, Con Vallejo en París, mientras llueve, Baquero visita a su amigo, y «... harto de no entender el mundo, de ser el pararrayos del sufrir...», usa una incorrección del habla popular cubana para pedirle desde el fondo del alma que le empreste un «... hombreante poema panadero, padrote, semental poema (...) ... testicular semilla, antihambre poema, / antiodio poema vallejiano...». Vallejo, cómo no, le empresta «un alarido en quechua o en mandinga», y Baquero se echa «... a morir, digo a dormir, acorazado / por el poema de Abraham, de César digo, quiero decir Vallejo».

Así está ahora Gastón Baquero, muerto, digo, dormido, y sin embargo insomne, caminando incesantemente, desde la punta de Maisi hasta el cabo de San Antonio, y desde el cabo de San Antonio hasta la punta de Maisi, de un extremo al otro de su infeliz isla de Cuba, con el universo a cuestas, vivo en nosotros para siempre.



Etiquetas: , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

miércoles, mayo 04, 2022

La Batalla de Donbás. Ex General Rafael del Pino sobre la guerra de agresión de Rusia a Ucrania

 AmericaTeVeCanal41

May 6, 2022

Análisis de la Guerra: Rusia ensaya el lanzamiento de misiles con capacidad nuclear



************

Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

La Batalla de Donbás

*******

Ucrania y Rusia están ahora involucradas en la que probablemente sea la mayor batalla en Europa desde la Segunda Guerra Mundial

*******

Por Rafael del Pino

EEUU

02/05/2022 

La batalla por la región conocida como Donbás, segunda fase de la invasión rusa de Ucrania ha entrado en la fase decisiva de la guerra total que las fuerzas armadas de Putin libran contra su vecino país.

Ucrania y Rusia están ahora involucradas en lo que probablemente sea la mayor batalla en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Esta batalla probablemente definirá el resultado de la guerra.

En esta oportunidad las jefaturas militares de Occidente incluyendo Estados Unidos y la OTAN como también la comunidad de analistas militares han rectificado los enormes errores iniciales que pronosticaban una fácil victoria rusa a definirse en 72 horas y han sido más objetivos en las predicciones.

Como ya definimos en artículos anteriores, la derrota rusa en la batalla de Kiev a finales de marzo significó el fin del plan del Kremlin de una rápida victoria sobre Ucrania. Contrariamente a lo esperado, el asalto relámpago a la capital de Ucrania fracasó casi al instante. Los avances rusos al este y al oeste de Kiev se estancaron en medio de problemas de logística, suministro, organización y ganancias extremadamente costosas.

Una serie de contraataques ucranianos cerca de Kiev, Chernihiv y Sumy hicieron que las posiciones rusas fueran aún más débiles. Obligando al Kremlin a tomar la decisión de retirarse de Kiev, enfrentando un desastre potencial sin precedentes. Junto con Kiev, que indudablemente era el objetivo principal inicial de la guerra, Rusia se vio obligada a renunciar a la ocupación de las provincias (óblasts) de Chernihiv y Sumy, cuyas operaciones también habían resultado infructuosas.

Rusia subestimó en gran medida el poder militar de Ucrania y su voluntad de luchar, desarticulando la guerra relámpago de Rusia al costo de casi un tercio de sus 120-125 grupos tácticos de batallón (BTG) que tenía disponibles para la invasión, retirándose ineficaces o destruidos en acción.

En particular, muchas de esas maltrechas formaciones de combate formaban parte de la conocida 2ª División Motorizada de la Guardia (“La División Taman”) y la 4ª División de Tanques de la Guardia (“La División Kantemir”), dos de las formaciones más elitistas y capaces de combate de Rusia.

A principios de abril, Rusia se había retirado de casi el 40% de los territorios ucranianos que habían ocupado desde el 24 de febrero. En otros ejes clave, particularmente Mykolaiv y Kryvyi Rih, las ofensivas rusas también se estancaron sin esperanza de ningún progreso, descarrilando cualquier ataque potencial en Odesa y el centro de Ucrania.

Rusia logró apoderarse de las áreas del sur entre Kherson y Mariúpol, así como ganar un punto de apoyo cerca de Kharkiv (Jarkov), aunque nunca llegó a apoderarse de la ciudad, la continúa hostigando con fuego de artillería y misiles para evitar que los ucranianos puedan destinar parte de las tropas que defienden la ciudad y sus alrededores hacia el nuevo teatro de operaciones en Donbás.

Frente al estruendoso fracaso de Kiev y una insuficiente preparación de las tropas y la técnica de combate, el Kremlin cambió a un objetivo menos ambicioso: apoderarse de todo el Donbás. Como por arte de magia, la propaganda estatal rusa se olvidó de la “desmilitarización” y la “desnazificación” de toda Ucrania y, en cambio, comenzó a insistir en “la liberación de Donbás” como el objetivo final de la invasión rusa.

Variantes posibles de la ofensiva

Después de retirarse del norte de Ucrania, Rusia ha pasado las últimas cuatro semanas redesplegando estas fuerzas y aumentando las nuevas reservas para enviarlas al sur este.

A unos 120 kilómetros al sur de la ciudad de Kharkiv (Járkov), el ejército ruso ha ido concentrado sus fuerzas en la región alrededor de la villa de Izum para posteriormente en conjunto con las tropas que ocupan las regiones de Donetsk y Luhansk al sur, iniciar la ofensiva desde el norte y desde el sur para tratar de unirse y cercar a la mayoría de las fuerzas ucranianas que se defienden en sus bastiones altamente fortificados.

Se espera que el eje Izium intente avanzar más al sureste hacia la ciudad de Slovyansk. Al mismo tiempo, otro eje importante que viene del sur en Zaporizhia y partes de las provincias (óblasts) de Donetsk y Luhansk se reunirá en el área de Slovyansk-Kramatorsk en el centro de Donbás.

Aparte de los principales ataques en el sur e Izium, Rusia también está llevando a cabo una serie de ataques secundarios contra el área de Sievierodonetsk-Lysychansk en el óblast de Lugansk y contra Avdiivka en el óblast de Donetsk, donde ha tenido poco o ningún progreso durante semanas.

El mapa muestra los ejes de ataque rusos aproximados (rojo) y los cinturones de defensa ucranianos (azul) en la etapa inicial de la Batalla de Donbás.

En muchos sentidos, el plan tiene un parecido con la Batalla de Kursk de 1943 de la Segunda Guerra Mundial. Durante la fase inicial de la batalla, la Operación Zitadel de la Wehrmacht previó penetrar un bolsón soviético de 170 kilómetros de ancho alrededor de la ciudad de Kursk.

Se suponía que dos ataques alemanes desde el norte y el sur se encontrarían en el medio, atrapando a decenas de tropas soviéticas en el bolsón gigante alrededor de Kursk.

Pero ambos ejes alemanes se agotaron en una lucha feroz y prolongada contra cinturones defensivos profundos y luego fueron destruidos, siendo uno de los puntos de inflexión clave de la Segunda Guerra Mundial.

Ahora, en 2022, a una escala más pequeña en términos de fuerzas militares involucradas en ambos lados, Rusia está tratando de seguir generalmente el viejo plan alemán.

Si Rusia tiene éxito, el grupo militar más grande de las formaciones más capaces de combatir de Ucrania, las Fuerzas Conjuntas, podrían quedar atrapadas en un gran bolsón en Donbás, aislado del resto del país, agotado, destruido u obligado a rendirse.

Tal resultado sería catastrófico para la posición de Ucrania en las conversaciones con Rusia, y mucho menos para la moral de la nación.

También podría dejar la puerta abierta al mayor avance de Rusia dentro de Ucrania hacia Zaporizhia y Dnipro, con el poder militar de Ucrania seriamente disminuido.

Posibilidades combativas de las fuerzas contrincantes

El 18 de abril, el Estado Mayor de Ucrania dijo que Rusia había concentrado 87 grupos tácticos de batallones (hasta 70.000 soldados) en toda Ucrania, incluso en el sur ocupado.

El mismo día, el Pentágono dijo que Rusia, como parte de su redespliegue en el este de Ucrania, había agregado 11 BTC, lo que elevó su número a un total de 76 (casi 60.000 soldados) Más de 22 BTC se posicionaron al norte de Ucrania, probablemente reabastecidos y reacondicionados, según el Pentágono. Al mismo tiempo, el presidente ucraniano Zelensky dijo el 14 de abril que Rusia estaría tratando de rodear a un grupo ucraniano de casi 44.000 soldados en Donbás.

Es probable que este número haya aumentado, ya que, según fuentes independientes de Kiev en varias formaciones del ejército ucraniano, decenas de formaciones de combate ucranianas que habían sido victoriosas en el norte habían sido redesplegadas hacia el este para reforzar el grupo Donbás a raíz de la ofensiva de Rusia.

El campo de batalla

La Batalla de Donbás de 2022 se desarrolla en un área que es tan amplia como el famoso saliente de Kursk de 1943.

Esto, sin duda, indica una gran operación ofensiva que el ejército ruso moderno nunca ha tenido, y para la que nunca se ha preparado, según los analistas que estudian el ejército ruso.

De acuerdo con los fundamentos de la ciencia de la guerra, las fuerzas en la ofensiva deben disfrutar de una triple superioridad sobre las fuerzas enemiga que se defiende para esperar razonablemente el éxito.

Según los datos conocidos sobre cuánto del poder militar Rusia puso a disposición para la invasión de Ucrania, las fuerzas militares rusas y militantes colaboracionistas en Donbás no tienen esta ventaja, aunque probablemente podrían obtener la ventaja en puntos clave. Además, la feroz defensa ucraniana de Mariúpol, que ha durado más de 50 días, también ha impedido que casi 10.000 soldados rusos (casi una docena de BTC) se desplieguen en Donbás.

Rusia, a su vez, tendrá que lidiar con defensas ucranianas firmemente fortificadas y ciudades que estaban preparadas para una guerra larga y agotadora. Las áreas metropolitanas clave de la parte de Donbás controlada por Ucrania, como Slovyansk-Kramatorsk, Sievierodonetsk-Lysychansk, Avdiivka o Kurakhove, se han convertido en fortalezas fuertes que serán difíciles de alcanzar.

Debido al extenso uso ucraniano de armamento antiaéreo y antitanque proporcionado por Occidente, así como a las densas áreas urbanas de la región, la supremacía de Rusia en aire y tierra enfrentará serios desafíos. Además, como indican los monitores occidentales, Rusia continúa enfrentando problemas logísticos y comprometiendo reservas de baja calidad.

Desde la derrota en la Batalla de Kiev, las asediadas fuerzas rusas no han tenido tiempo suficiente para descansar y reagruparse.

“Los rusos no han establecido completamente las condiciones para una operación ofensiva a gran escala”, dijo el 19 de abril el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), con sede en Washington. “Los rusos no han tenido tiempo suficiente para reconstituir las fuerzas retiradas de la batalla de Kiev y prepararlas adecuadamente para una nueva ofensiva en el este. Los rusos parecen seguir construyendo capacidades logísticas y de comando y control, incluso cuando comienzan la próxima ronda de combates importantes”.

Múltiples indicios sugieren que Rusia tuvo que formar apresuradamente nuevas formaciones de combate a partir de las rupturas de las fuerzas que aún eran capaces de combatir después de las batallas en el norte de Ucrania.

Muchos expertos dicen que una prisa tan irrazonable podría precipitarse por el capricho del dictador ruso Vladimir Putin de alcanzar sus propios objetivos políticos ganando la Batalla de Donbás para el 9 de mayo, el día en que Rusia celebra el Día de la Victoria de la Segunda Guerra Mundial.

Innovadores principios empleadas por los ucranianos en la guerra

Primer principio, muchos y pequeños ganan a grandes y pesados. Los ucranianos están operando en unidades de pelotones y escuadras armadas con armas inteligentes que son capaces de destruir formaciones mucho más grandes y derribar helicópteros y aviones. Así que, aunque los rusos les superan en número, los ucranianos tienen muchas, más unidades de acción, normalmente de entre ocho y diez soldados cada una.

Estas pequeñas unidades ucranianas armadas con armas inteligentes de precisión, como drones kamikazes, misiles antiaéreos portátiles y armas ligeras antitanque, pueden acabar con las unidades de tanques de los rusos, mucho más grandes y mejor armadas. Se asemeja mucho a una copia contemporánea de las tácticas utilizadas por los Boers en Sudáfrica durante su guerra de guerrilla que enloqueció y finalmente derrotó al imperio británico en el cono sur africano.

El segundo principio que ha resultado muy exitoso en la doctrina militar de las nuevas generaciones de oficiales ucranianos, es la de anticiparse al enemigo en la detección del adversario. Cuando esto se logra, la balanza en las posibilidades de la victoria estará definitivamente en las manos del que lo logre. Especialmente si el enemigo está formado por unidades grandes, como el convoy de 40 millas de largo en tanques y vehículos blindados de transporte de personal que vimos por las imágenes de satélite que no pudo sobrepasar le distancia de 25 kilómetros de la capital ucraniana. Una prueba fehaciente de esto ha sido también el hundimiento del crucero Moskva, buque insignia de la flota rusa del Mar Negro. Devastador golpe a la moral combativa del ejército invasor.

Los ucranianos están haciendo un uso formidable de los drones, en particular los de fabricación turca, que son muy efectivos. También donde han logrado un éxito extraordinario ha sido en la organización y empleo de los sensores humanos. Y esto está dado por la juventud y creatividad de los jefes y mandos ucranianos en el empleo de las últimas tecnologías de comunicaciones e información.

Comenzando por el joven jefe de las fuerzas armadas ucranianas, el general Valery Zaluzhny, que a sus cuarenta y tantos años de edad encarna a una generación de militares que se han preparado para la guerra total contra Rusia desde 2014. Su estrategia de guerra más ágil y descentralizada cuenta son sus sensores humanos —el cuerpo informal de observadores ucranianos— que están devastando a los rusos. Hasta las abuelitas y los niños están superando a los satélites con sus iPhones. Constantemente llaman e informan donde están las unidades rusas y por donde se mueven.

Esto quizás haya influido en la cólera de los jefes militares rusos llevándolos a cometer más atrocidades en los terribles crímenes de guerra que han perpetrado contra la población civil.

No se puede descartar que la alta jerarquía militar rusa, la mayoría ya entrando en su tercera edad, haya ordenado en su desesperación ejecutar a todo aquel que posea un teléfono inteligente. Puede parecer una exageración, pero cuando se sirve a un régimen absolutista los jerarcas militares prefieren cortar cabezas que perderla ellos a manos de la autocracia. En resumen, si con esta ventaja de recibir inteligencia procesable en tiempo real continúan detectando al enemigo en ese inmenso territorio, superaran al adversario sin volverse decisiva la superioridad numérica de un ejército barbárico.

El tercer principio que ha estado empleando esta nueva generación de militares ucranianos ha estado basada en que la calidad y modernidad se imponen a las oleadas y la barbarie. Mientras la doctrina militar rusa continúa congelada en las oleadas del Arco de Kursk de la Segunda Guerra Mundial y en los métodos de terror de las huestes de Atila, los jóvenes jefes militares ucranianos están demostrando que un montón de pequeñas armas inteligentes han sido capaces de reducir a polvo centenares de modernos tanques.

En el momento en que escribo este articulo a solo dos meses y cuatro días de iniciada la invasión rusa a ucrania, los defensores han destruido 970 tanques y les han ocasionado 22.800 muertos, sin contar los centenares de aviones y helicópteros derribados y los millares de transportadores blindados, camiones, sistemas de misiles y demás medios de combate destruidos.

Los gobernantes rusos se ven muy erráticos y contradictorios. Lo mismo autorizan evacuaciones de civiles y después las paran o las atacan, o el propio dictador Putin declara a la prensa que ha dado la orden de detener los ataques a los ucranianos defensores que por dos meses han resistido el sitio de las tropas rusas en un complejo industrial metalúrgico de Mariúpol, con el fin de rendirlos por la falta de municiones y de alimentos e inmediatamente reanuda los bombardeos con todo tipo de armamento incluyendo la aviación estratégica rusa.

Se entrevista con el secretario general de la ONU, le asegura que permitirá evacuar a los civiles que se encuentran refugiados en ese complejo industrial y al siguiente día cuando el secretario general de la ONU está visitando al presidente Zelensky en Kiev, arremete indiscriminadamente contra la capital ucraniana con una lluvia de misiles.

Pero lo más preocupante ha sido las actitudes que denotan miedo. Constantemente el propio Putin y su ministro de Relaciones Exteriores amenazan con la guerra nuclear, pero lo hacen no con preocupación por la humanidad, sino por alardes y guaperías reflejo de que están perdiendo la guerra injusta en que se metieron y que ahora no saben cómo salir ni como salvar la cara ante la comunidad internacional y ante su propio pueblo.

Cada vez más, se vislumbra que en la batalla por el Donbás está en juego no solo la seguridad de toda Europa sino también de la humanidad.

© cubaencuentro.com

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...