martes, julio 25, 2023

Roberto Álvarez Quiñones: ¿Será un Partido Comunista el que dominará el mundo?. Según Pekín, para crecer la dictadura es mejor que la democracia. Occidente creó un Frankenstein que ahora apunta a su hacedor

 Tomado de https://diariodecuba.com/

¿Será un Partido Comunista el que dominará el mundo?

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Al convertir a China en la fábrica planetaria el capitalismo desarrollado hizo como el doctor Frankenstein: creó un monstruo que ahora apunta contra su hacedor.'

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Por Roberto Álvarez Quiñones

Miami

25 de julio 2023

¿Será uno de los cuatro partidos comunistas que todavía gobiernan en el mundo (Cuba, China, Vietnam y Corea del Norte) luego de los funerales del "socialismo real" en Moscú, en 1991, el que con su propia moneda nacional lidere la economía global?

¿Será el régimen comunista de Pekín, aliado clave de la tiranía castrista, represivo y antioccidental, convertido en ente global gracias a Occidente, el que marcará pautas geopolíticas y económicas del planeta en la segunda mitad del siglo XXI?

Napoleón Bonaparte devino oráculo cuando en 1803 dijo que China era un gigante dormido que haría temblar al mundo cuando despertase. En efecto, 220 años después ese gigante está despierto y se dispone a hacer temblar al mundo, si no lo paran ¡pronto!

Claro, el célebre corso no se imaginó que China no se despertaría ella sola de su milenario letargo, sino que sería despertada. Fue el Primer Mundo capitalista el que sacó a China de su atraso semifeudal y la convirtió en la fábrica del mundo, en la segunda economía más grande.

En busca de mayores ganancias con el pago de salarios más bajos, y aprovechando la laboriosidad de los chinos, las naciones industrializadas desde fines de los años 70 han invertido allí varios billones (millones de millones) de dólares. Solo en 2022, la cifra ascendió a 189.130 millones de dólares en inversiones directas de capital (IED) en suelo chino.

Los cincos continentes fueron invadidos, no con tropas y cañones como se imaginó Napoleón, sino con productos made in China. ¿Se acuerda alguien de cuando la mayoría de los artículos que se vendían en cualquier país decían made in USA?

Hoy China es el país mayor exportador mundial, el segundo mayor importador. Con 27 millones de automóviles fabricados en 2022 casi triplicó los diez millones fabricados en EEUU. Produce tanto acero como EEUU y, con sus masivas compras de materias primas, es motor del crecimiento de América Latina.

Los 3,2 billones de dólares de reserva en divisas al inicio de 2023, según el Banco Central chino, casi triplican los 1,2 billones de Japón, que ocupa el segundo lugar.

Occidente creó un Frankenstein que ahora apunta a su hacedor

Al convertir a China en la fábrica planetaria el capitalismo desarrollado de hecho hizo como el doctor Frankenstein: creó un monstruo que ahora apunta contra su hacedor. Sobre todo, con Xi Jinping al mando, ya con tanto poder, o más, que el mismísimo Mao Tse Tung.

En China gobierna el mismo Partido Comunista (PC) que con la colectivización forzosa de las tierras, el Gran Salto Adelante y la "revolución cultural", mató a 65 millones de chinos, de hambre o ejecutados por motivos políticos.

Hoy Pekín amenaza con invadir Taiwán, lanza globos espías sobre EEUU, compra fábricas y activos por todo el planeta, le "boconea" a Washington y lo espía desde La Habana. China es el mayor socio comercial de América Latina, salvo México, y apoya a cuanta dictadura o gobierno odia a EEUU.

Y aspira a imponer el yuan como moneda universal en sustitución del dólar, para lo cual cuenta con el apoyo de gobiernos populistas, autoritarios y antiestadounidenses, que son mayoría en la escena internacional, todos "amigos de Cuba" que denuncian el "bloqueo" de EEUU y silencian los crímenes del castrismo.

Al frente de esa avanzada antioccidental global, cuyo meollo es antidemocrático, están los países emergentes BRICS (siglas de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), con más de 3.200 millones de habitantes, a los que se van a sumar en agosto próximo muchos millones más (hasta con otros 40 países), en una reunión en Sudáfrica para precisar cómo desplazar al dólar, y montar un "nuevo orden mundial", que como mostró Charles Darwin en su teoría, tendría como líder al más fuerte, el Pekín comunista.

O sea, el Primer Mundo despertó al gigante, y los países de la periferia de ese mundo se encargan de que sea cada vez más poderoso. Como dicen los guajiros cubanos: "eso es soga pa' tu pescuezo".  

A todas estas, todo indica que el ancestral “sinocentrismo”, o chinocentrismo, el creerse el "ombligo del mundo", no falleció con las reformas capitalistas, sino que subyace en el tuétano de la sociedad china y cunde en la cúspide oligárquica dictatorial.

El propio nombre de China en mandarín es zhong guo y significa "país del centro" o "el reino central". Los chinos creían que su país era el centro geográfico del mundo y eran ellos la única cultura civilizada.

Durante milenios, en China todo lo que no era chino era secundario. En los mapas de los emperadores chinos, hasta el siglo XIX, aparecía China en el centro del mundo. Los países periféricos, como Corea, Vietnam, o Japón, constituían un primer círculo de pueblos que habían asimilado la cultura y los caracteres chinos. Más allá en el mapa se encontraban los pueblos no chinos de Asia. Y solo después se ubicaban los "bárbaros" (waiyí), incluyendo Europa, y luego, bien lejos, estaba América.

Millones de chinos nacían y morían sin saber que había seres humanos sin los ojos rasgados. Con la enorme extensión del país, la autosuficiencia en recursos, su colosal población, y su geografía montañosa, ese país se encerró en sí mismo. Incluso en 1390, durante la dinastía Ming, el emperador Hongwu llegó a prohibir todo el transporte marítimo.

Hoy, convertida China en la segunda economía mundial, casi por gravedad están rebrotando retoños del "ombligo". Pero esta vez hacia afuera, en aras de convertirse en un imperio global con su Partido Comunista al frente.

Con teléfonos móviles y acceso al mundo, pese a la censura comunista (como en Cuba), hoy los chinos difícilmente pueden creer que China es el centro del mundo. Pero la cúpula pekinesa sí se aferra al egocentrismo, ahora imperialista, para expandirse.

A la muerte de Mao, el defenestrado Deng Xiaoping lanzó la consigna antimarxista de "enriquecerse es glorioso" y se desmontó el hambreador sistema económico estalinista. Pero sin ceder un ápice en el control del Big Brother sobre la sociedad, sin restablecer las libertades ni los derechos fundamentales de los ciudadanos. Baste recordar la masacre en la Plaza de Tiananmen en 1989, ordenada por el propio Deng.

Según Pekín, para crecer la dictadura es mejor que la democracia

El "socialismo de mercado", como lo llama Pekín, es un híbrido de capitalismo con socialismo, no imaginado por Marx o Lenin, aunque sí por los utopistas John Galbraith y otros autores que a mediados del siglo XX formularon la "Teoría de la Convergencia", según la cual las diferencias entre los sistemas capitalista y socialista se van borrando y tienden a la fusión completa.

Para Xi Jinping y sus allegados esa fusión es cierta, eso es el "socialismo" chino. Y pretenden convencer al mundo de que la fórmula perfecta para el desarrollo económico y social no radica en las "decadentes" libertades y la democracia occidental, sino el autoritarismo y la dictadura, como lo muestra el caso chino.

Falso. No fue el tiránico Partido Comunista el que sacó a China de su letargo feudal, sino el capitalismo liberal, afincado en las libertades humanas y la democracia.

El "socialismo de mercado" chino prohíbe las inversiones extranjeras o nacionales en los sectores que Pekín llama de "seguridad nacional", que incluye a los medios de comunicación, y mete en la cárcel a quienes critican al Gobierno. O los masacra, como hiciera en la Plaza de Tiananmen.

En China lo que hay es capitalismo de Estado, que solo es posible en un sistema totalitario con partido único, el monopolio de los medios de comunicación, el control policial enfermizo de la sociedad, y la violación masiva de los derechos humanos.

Y vuelvo al Frankenstein comunista. El Federal Reserve Bank de Dallas (RBD) reveló que en los primeros cuatro meses de 2023 México desplazó a China como primer socio comercial de EEUU, con un volumen comercial de 263.000 millones de dólares, el 15,4% de todas las exportaciones e importaciones de EEUU, cifra que superó el 15,2% del comercio con China. Por su parte, el Gobierno de Alemania anunció que "reducirá la dependencia comercial de China". Y se aprecia en el comercio internacional una tendencia al nearshoring, a comerciar más con países cercanos, y menos con los distantes.

¿Pudiera ser esto último el comienzo de un proceso global para contener las ínfulas imperialistas del Partido Comunista chino? El mundo necesita que la respuesta sea sí. La diferencia entre esa necesidad y su factibilidad real la abordaré en otro artículo.


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miércoles, mayo 27, 2020

Alfredo M. Cepero: ¿POR QUÉ LOS PUEBLOS COMETEN SUICIDIO?



¿POR QUÉ LOS PUEBLOS COMETEN SUICIDIO?

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En mi opinión, el mejor antídoto contra el suicidio de cualquier pueblo es crear ciudadanos que tengan el coraje de confrontar los mitos, el sentido común de cuestionar las nuevas ideas y la capacidad de pensar por sí mismos. En esto cuento con el aval de aquel iluminado que fue José Martí, quién dijo: "Cree hombres quien quiera pueblos".
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Por Alfredo M. Cepero
Director de www.lanuevanacion.com
Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero
5-26-2020

Una pregunta difícil de contestar pero digna de tomar en consideración porque una respuesta acertada impactaría la felicidad y la prosperidad de muchas personas. Una incógnita que se remonta a los primeros pasos del hombre sobre la Tierra. ¿Por qué se dejó Eva cautivar por la serpiente para que desobedeciera el mandato divino de no comer la fruta prohibida?  ¿Por qué se dejó Adán seducir por Eva para que comiera la manzana que lo condenó a él y a su descendencia al destierro y al sufrimiento? Dos preguntas para las que nadie, que yo sepa, ha proporcionado una respuesta satisfactoria; pero que demuestran la gigantesca incógnita que es el hombre.

Y, hablando de incógnita, el francés Alexis Carrel, en su muy difundida obra "La Incógnita del Hombre", ensayó una respuesta cuando dijo: " El hombre que conocen los especialistas no es pues el hombre concreto. El hombre real no es más que un esquema compuesto con esquemas construidos por las técnicas de cada ciencia. Es, a la vez, el cadáver disecado por los anatomistas, la conciencia que observan los psicólogos y los amos de la vida espiritual, y la personalidad que la introspección revela en cada uno de nosotros".

Al mismo tiempo, el ser humano no siempre sabe discernir conforme a la razón y por esa causa no aprende de la experiencia y vuelve a equivocarse en una situación semejante. Si a eso sumamos la fatídica mezcla de la ignorancia con la arrogancia nos encontramos con que, combinando dos refranes, podemos decir que: "El hombre es el único animal que no aprende por cabeza ajena y que tropieza dos veces en la misma piedra". En nuestra América hay ejemplos de pueblos que se creyeron inmunes al virus del comunismo y hoy sufren opresión y miseria bajo la bota de la tiranía cubana.

Otro francés, Gustavo LeBon, en su libro "Psicología de las Multitudes", afirma: "La masa es más que la simple adición de los individuos que la componen y es siempre intelectualmente inferior al hombre aislado". Por otra parte, el anonimato del que disfrutan como parte de un grupo numeroso, produce en sus integrantes un sentimiento de impunidad que los impulsa a una conducta belicosa y destructiva.

Por ejemplo, la masa criminal que asesinó, el 14 de julio de 1789, a Launay, gobernador de la Bastilla, estaba compuesta por honrados tenderos, boticarios y artesanos. Lo mismo puede decirse de la noche de San Bartolomé, de los comuneros, de los cubanos que en 1959 pedían "paredón" para los miembros del gobierno anterior y de toda suerte de manifestaciones públicas que terminan en orgías de sangre, saqueos y destrucción.

En tal sentido, podemos decir, sin temor a exagerar, que acontecimientos como estos son motivados por la renuencia de los ciudadanos a asumir la responsabilidad de velar por la honestidad del gobierno y el bienestar de su pueblo. Porque cuando la ciudadanía asume una actitud de indiferencia, el pueblo se convierte en una tribu dispuesta a seguir al primer  líder que le señale cualquier camino por equivocado que éste sea.

Ese fue el caso inaudito de un pueblo supuestamente educado y pragmático como el alemán. Los estudiosos del tema concuerdan en que el régimen de Adolfo Hitler fue el gobierno más popular en la historia alemana. Pero, todos sabemos que, después de la guerra, muy pocos alemanes admitieron haber colaborado con el Partido Nazi. Y esto no era una mentira sino parte del engaño perpetrado por todos los regímenes fascistas sobre sus víctimas.  

Otro ingrediente manipulado por los déspotas para someter a sus víctimas es la creación del mito. El líder valiente, inteligente e infalible que los conducirá a la tierra prometida.  Tales han sido los ejemplos de líderes carismáticos como el propio Adolfo Hitler, Benito Mussolini, Fidel Castro, Mao Tse Tung,  José Stalin, Hugo Chávez y  Juan Domingo Perón.  El Che Guevara fue un fenómeno diferente pero digno de analizar.

Este "atorrante" fue exaltado de la mediocridad a la idolatría por una prensa comprometida con el castro comunismo. No se graduó de médico, no sabía una "papa" de economía, ni tenía habilidad de escritor. Sin embargo, era tratado como médico, fue presidente del Banco Nacional de Cuba y plagió el libro sobre guerrillas escrito por Mao Tse Tung. Pero el error de competir con Fidel Castro en sus proyecciones políticas le costó la vida en el pueblucho de La Higuera, en Bolivia.

Ahora bien, en la región donde el mito adquirió proporciones galácticas fue en la América Latina. El venezolano Carlos Rangel lo describió en forma magistral en su obra "Del buen Salvaje al buen Revolucionario". El principal mito a rebatir por Rangel es lo que él identifica como una versión adaptada del mito del buen salvaje y la Edad de Oro —mitos del Viejo Mundo— en la que los latinoamericanos serían personas buenas pero corrompidas por la sociedad occidental. Esta mitología sería el resultado de un proceso compensatorio ante el fracaso histórico de las naciones hispanoamericanas frente al progreso de la europea y la norteamericana que en algunos casos partieron de iguales o peores condiciones.

Pero, a pesar de todos sus progresos, las naciones desarrolladas no cuentan con un seguro que las proteja contra el suicidio. Tal es el caso de la propia capital del capitalismo en el mundo. El control de los claustros universitarios por la izquierda vitriólica y la ignorancia de la juventud americana sobre la realidad de los regímenes totalitarios de izquierda ponen en peligro a la democracia en los Estados Unidos. Esos jóvenes, ignorantes del fracaso y de la maldad de los regímenes comunistas, creen en la fábula del socialismo idealista y teórico que les venden el obsesivo Bernie Sanders y la alucinada Alexandria Ocasio-Cortez.

Esa juventud desorientada y desarraigada no ha tenido el beneficio de una sólida educación de historia. Y los pueblos sin historia son una macilla moldeable en las manos de demagogos y tiranos. Sus profesores le han ocultado esa historia para llevarlos con mayor facilidad hacia el abismo de un comunismo disfrazado de socialismo democrático. No se han enterado que el socialismo, en cualquiera de sus formas, es un camino que siempre termina en el comunismo.

Si estos jóvenes hubieran escuchado las advertencias de Churchill, o Thatcher sus profesores no habrían podido envenenarles las mentes. Margaret Thatcher describió la doctrina diabólica con muy pocas palabras: "El problema con el socialismo es que fracasa cuando se le acaba el dinero de los demás". Pero fue Winston Churchill, el hombre de hierro que salvó a Inglaterra de la furia destructiva del nazismo, quien lo describió en forma brutal en un discurso pronunciado en la Universidad de Fulton, en los Estados Unidos, el 5 de marzo de 1946. "Por cuanto he visto de nuestros amigos los rusos durante la guerra, estoy convencido de que nada admiran más que la fuerza y nada respetan menos que la debilidad". Después de esto, no es  necesario decir mucho.

Sin embargo, no es posible mantener silencio en cuanto a esta compleja situación de los pueblos que cometen suicidio. Aún cuando no exista una solución total contamos con medios para reducir el riesgo. Dos de ellos me vienen a la mente en este momento. Primero, poner fin a la primacía de una ideología sobre otras en nuestros centros de educación y enseñar a los estudiantes a optar entre varias. Segundo, establecer límites de tiempo en el ejercicio de los cargos de los miembros de los gobiernos a todos los niveles. Dos metas ambiciosas que demandarán tiempo y esfuerzo pero la alternativa es tan devastadora que no puede ser ignorada.

En mi opinión, el mejor antídoto contra el suicidio de cualquier pueblo es crear ciudadanos que tengan el coraje de confrontar los mitos, el sentido común de cuestionar las nuevas ideas y la capacidad de pensar por sí mismos. En esto cuento con el aval de aquel iluminado que fue José Martí, quién dijo: "Cree hombres quien quiera pueblos".

5-26-2020

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sábado, octubre 05, 2019

La vida secreta de Mao Tse-Tung: el líder comunista de los 40 millones de muertos y las mil amantes

Las vidas de Karl Marx y de Mao Tse Tung  (Mao Zedong) narradas al estilo de Alex Ota Ola


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Tomado de https://www.abc.es/

La vida secreta de Mao Tse-Tung: el líder comunista de los 40 millones de muertos y las mil amantes

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Resulta sorprendente que la biografía íntima del líder comunista haya estado rodeada de tanto misterio hasta hace pocos años en los que algunas obras escritas por colaboradores cercanos lo han retratado como a un ególatra cruel y sádico con un insaciable apetito sexual
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Mao Tse-Tung, rodeado de mujeres, en 1950, un año después de que creara la República popular China - ABC

Por Israel Viana
Madrid

« China, sin Mao Tse-Tung», titulaba ABC en su edición del 10 de septiembre de 1976. El dictador había muerto el día anterior, tras casi tres décadas dirigiendo con mano de hierro los designios del país más poblado del planeta. Tal fue su influencia que acabó convirtiéndose en una especie de icono cultural del siglo XX. En 2017, uno de los retratos que Andy Warhol hizo de él se vendió a través de la casa de subastas Sotheby’s de Hong Kong  por más de 17 millones de dólares. Como ya comentaba a este diario entre lágrimas una joven pekinesa frente a las puertas de la Ciudad Prohibida durante el funeral: «Vosotros los extranjeros nunca podréis entender lo que significa para nosotros».


Resulta sorprendente que la vida del «Gran Timonel», como se le conocía en vida, estuviera rodeada de tanto misterio hasta muchos años después de su muerte, a unos niveles enfermizos solo alcanzados por los norcoreanos Kim Jong-un y su padre Kim Jong-il. El mismo día 9 de septiembre, la radio china daba la noticia de que «el líder Mao ha muerto a consecuencia de un empeoramiento de su enfermedad», pero no se especificaba cuál era esta. Se sabía que dos años antes había sufrido un ataque al corazón y se rumoreaba con que, últimamente, había experimentado problemas de salud debidos al mal de Parkinson, aunque esto nunca fue confirmado. Sobre lo que no hubo una sola noticia fue de los tres infartos que tuvo en la primera mitad de 1976.

Hagiografías oficiales aparte, solo unos pocos libros en los últimos años han vertido algo de luz sobre la vida privada del líder comunista. Véase, « Mao: la historia desconocida», de Jung Chang y Jon Halliday, o « La vida secreta del presidente Mao, memorias del médico personal de Mao» , del doctor Li Zhisui, los cuales retratan al líder comunista como un ególatra cruel y sádico. No en vano, durante décadas ejerció el poder absoluto sobre la cuarta parte de los habitantes del planeta y fue responsable de la muerte de más de setenta millones de personas en tiempo de paz. Todo ello unido a que desplegó uno de los cultos a la personalidad más extravagantes y profusos de los que se tengan memoria. De ningún otro líder político del siglo XX puede decirse tanto, ni tan siquiera de Hitler, que provocó una guerra mundial.

«Egoísta, paranoico y sanguinario»

Según describe el escritor Pedro Arturo Aguirre en «Historia mundial de la megalomanía: Desmesuras, desvaríos y fantasías del culto a la personalidad en la política» , Mao Tse-Tung era un «egoísta, absolutamente inescrupuloso, paranoico, envidioso, sanguinario y vil. A pesar de ser considerado uno de los baluarte del comunismo, en realidad no tuvo otra ideología en su vida que no fuera conservar el poder. En lo personal, Mao siempre estuvo reñido con la más mínima higiene corporal pero, eso sí, estaba obsesionado con el sexo».

(Mao Tse-Tung, en una imagen de 1966 - ABC)

Muchas de las pretendidas hazañas del padre del comunismo chino fueron leyendas difundidas por él mismo. Un ejemplo es el «Gran Salto Adelante», con el que Mao trató de transformar la tradicional economía agraria del país con unas serie de medidas económicas, sociales y políticas, entre 1958 y 1961, pero con las que lo único que consiguió fue acabar con la vida de 40 millones de personas. Una rápida industrialización y colectivización con la que quiso convertir a China en una superpotencia económica y militar, pero acabó en prácticamente un holocausto.

El resultado fue la peor hambruna de la historia, que fue provocada principalmente al expropiar los alimentos del pueblo para enviarlos a la URSS a cambio de fábricas y armas. Superó con creces a la provocada por Stalin en Ucrania, que había acabado unos años antes con diez millones de inocentes. «China tiene en su enorme población uno de los recursos renovables más preciados. Hay que pensar en términos estratégicos. Si alcanzar el rango de potencia nos va a costar el 10 o 15% de la población, es un precio más que asequible», justificó el dictador.

La Gran Revolución Cultural

Al «Gran Salto Adelante» le siguió la «Revolución Cultural Proletaria», con la que Mao Tse-Tung eliminó sin contemplaciones a quienes consideraba sus enemigos. Se calcula que cerca de un millón y medio de personas perdieron la vida, y otros 20 millones fueron enviados a campos de reeducación. Era, tal y como lo como la calificó él mismo, una purga contra «la camarilla derechista y burguesa. Y también fue el periodo de clímax en lo que respecta al culto a su personalidad, que él defendió bajo el pretexto de «fomentar la alta moral de las tropas».

Con esta Revolución Cultural, la vida de todos los chinos debía girar en torno a la figura del presidente y su pensamiento, porque Mao sentía que era el intelectual e ideólogo más importante de todos los tiempos. De ahí la enorme difusión que hizo de su « Libro Rojo» , una recopilación de citas, discursos, escritos y ocurrencias que en solo tres años se convirtió en el libro más publicado del mundo por detrás de la Biblia. Su estudio se hizo obligatorio en todas las escuelas y centros de trabajo. Una obsesión que llegó hasta el punto de que todos los teléfonos oficiales debían contestar, por ley, con una de las citas de esta obra: «Las masas son los verdaderos héroes, en tanto que nosotros somos a menudo pueriles y ridículos» o «El Partido Comunista es el núcleo dirigente del pueblo», por poner dos ejemplos.

Pedro Arturo Aguirre cuenta que Mao Tse-Tung fue, sobre todo, un envidioso de lo más ruin e inclemente: «Aniquiló moral y físicamente a tres grandes héroes de la Revolución china: Liu Shaoqi, He Long y Peng Dehui, quienes tenían muchos más méritos, agallas y cualidades humanas que el miserable Sol Rojo; y a un cuarto, Zhou en Lai, lo obligó a tolerar una dolorosa y larga agonía». Este último fue quien se atrevió a detener el demencial «Gran Salto Adelante», para iniciar una serie de reformas que pusieran freno a la hambruna, pero el Gran Timonel no se lo perdonó. Fue depuesto de su cargo y humillado públicamente de manera salvaje. Los Guardias Rojas le acusaban de «rata capitalista» y «traidor» y China entera se llenó de carteles en los que se le insultaba, hasta que finalmente fue enviado a prisión. Allí falleció a los tres años, después de que el líder comunista se negara a que recibiera tratamiento por su diabetes y por su neumonía.

Secreciones vaginales

El doctor Li Zhisui comenzó a escribir su «vida secreta» de Mao, publicado en 1995, con las primeras anotaciones que hizo al ser nombrado nombrado para el importante e ingrato cargo de médico del líder comunista, a los 35 años, que no pudo rechazar. El mismo empleó que le llevó al ostracismo cuando el corazón de Mao Tse-Tung se paró el 10 de septiembre y la viuda del mandatario, Jiang Qing, fue a verle: «¿Y ustedes qué estaban haciendo? Ustedes tendrán que responder por esto», amenazó al equipo de doctores que tenía a su mando. No hay que olvidar que, durante décadas, se había hecho popular el eslogan de «Mao no debería morir» y los chinos habían terminado creyéndoselo.

(Portada de la edición sevillana del 10 de septiembre de 1976 - ABC)

El mismo Mao Tse-Tung estaba obsesionado con ello. A medida que iba envejeciendo, buscaba cualquier terapia de rejuvenecimiento. Una de ellas eran las aguas de yin o secreciones vaginales que usaba para complementar su declinante yang o esencia masculina. Es decir, la fuerza y su longevidad, que él consideraba la fuente de su poder. «Se sentía feliz y satisfecho cuando tenía varias muchachas compartiendo su cama simultáneamente. Casi siempre les decía a las jovencitas que leyeran el manual taoísta “La vía secreta y simple de las muchachas” antes de llegar a su cama. Como el texto era de difícil lectura, ellas me pedían explicaciones con frecuencia», cuenta el doctor Li en su libro.

El médico le había acompañado en sus viajes por el país. Recuerda que se trasladaban en un tren lujoso y que el líder comunista ordenaba al partido que se sembraran de arroz todos los campos que por lo que pasaban las vías por las que él pasaba. Miles de kilómetros sólo para deleitarse con la supuesta fertilidad de sus tierras. No le importaba que el trabajo implicara a centenares de miles de agricultores y que tuvieran que paralizar o desviar el itinerario de muchos trenes durante semanas.

«Apetito por cualquier forma de sexo»

El asunto de la obra de Li que más ha llamado la atención ha sido la vida sexual de Mao. Hiperactividad, sería la palabra clave, dirigida fundamentalmente a jovencitas bailarinas, que eran su debilidad. Se dice que las tuvo por miles y que, a menudo, exigía que fueran vírgenes. El médico asegura que nunca dejó de saciar su apetito sexual, pese a saber perfectamente que sufría blenorragia y que podía contagiar a todas sus amantes. Ni siquiera consintió jamás ser tratado de esa enfermedad.

Como revolucionario seguidor del taoísmo, llegó a escribir que «la sexualidad es una fuerza cósmica cargada de potencialidad revolucionaria». En 1931, 18 años antes de tomar el poder, se mostraba partidario de la libertad sexual e hizo suya la teoría del vaso de agua de los soviets rusos, según la cual las relaciones sexuales no sólo deben servir para quitar la sed. Se ha dicho que durante la Larga Marcha (1934-35) Mao exigía una joven vírgen en cada pueblo por el que pasaba. Algo que contrasta vivamente con el impecable comportamiento de sus soldados en esta epopeya, aunque fuera una estudiada estrategia para ganarse el favor de los campesinos.

El médico confirmó el gigantesco apetito sexual del líder poco después de incorporase a su puesto. «Menos de una semana después de haber empezado a trabajar para Mao, quedé sorprendido cuando me enteré de que el presidente estaba organizando un baile. Los salones de baile habían sido prohibidos como decadentes y burgueses después de la revolución, pero tras los muros de Zhongnanhai, Mao organizaba fiestas una vez a la semana. Se esperaba que yo asistiera. Entré al inmenso salón Loto de Primavera con Mao e, inmediatamente después, estaba rodeado de jóvenes atractivas que coqueteaban con él para que las sacara a bailar [...]. Pasaron varios años hasta que entendí cuál era el propósito de estas fiestas: en 1961, una de las camas de Mao fue llevada a un cuarto contiguo al salón de baile donde se retiraba a “descansar” durante los bailes. Varias veces lo vi llevando a una de las jóvenes de su mano hasta el cuarto donde se metía con ella y cerraba la puerta». Y añade después: «Varias veces su esposa lo encontró con otras mujeres, incluyendo sus propias enfermeras. La conducta de Mao la hirió profundamente. Una vez la encontré llorando en un banco a las afueras de la residencia de Mao. Sollozante dijo que nadie, ni siquiera Stalin, podría ganar una batalla política contra su esposo, de la misma manera que ninguna mujer podría ganar jamás una batalla por su amor. Su gran temor era que Mao la dejara».

La homosexualidad penada, menos para Mao

La actividad sexual del dictador comunista no se limitaba a las mujeres, según confiesa el doctor Li. Los apuestos guardaespaldas del presidente tenían que darle masajes en su cuerpo, incluyendo sus partes íntimas. El mismo médico describe una escena que él mismo presenció: «En 1964 vi como Mao, completamente desnudo, agarró a un joven guardaespaldas y lo comenzó a acariciar. Al principio tomé esa actitud como una evidencia de su homosexualidad, pero más tarde concluí que no era más que un insaciable apetito por cualquier forma de sexo». Y a continuación relata que, como se negaba a bañarse, obligaba a estos a que le lavaran con toallas calientes.

(Una de la imágenes propagandísticas de Mao Tse-Tung - ABC)

Resulta curioso que esto ocurriera en un lugar como China, donde la tolerancia con respecto a la homosexualidad desapareció en el mismo momento en que Mao creó la República Popular el 1 de octubre de 1949, hace hoy justo 70 años. El régimen comunista persiguió duramente a los gays y a las lesbianas, pues consideraban su libertad sexual como una perversión del capitalismo y, por lo tanto, una práctica contrarrevolucionaria que debía ser erradicada. No existía una ley que tipificara específicamente la homosexualidad como delito, pero las personas que la practicaban eran condenadas a severas penas de cárcel, castración forzada e, incluso, pena de muerte, bajo cualquier pretexto con foma de legalidad.

Cuando empezó a sufrir los primeros síntomas de impotencia a una edad temprana, Mao se volvió prácticamente loco. Estaba convencido de que un líder como él debía ser sexualmente activo hasta lo 80 años. Para intentar ponerle freno, estaba convencido de que debía seguir tratándose con toda clase de afrodisíacos, tal y como habían hecho sus antecesores, incluyendo inyecciones de un extracto de cuernos de venado. Zhisui le recomendó que se sometiera a los tratamientos convencionales, pero su desconfianza se lo impedía. «En todos los años que trabajé para Mao, nunca fui capaz de educarlo en la medicina moderna. A él le faltaban los más rudimentarios conocimientos del sistema reproductor del ser humano. Cuando le dije que las pruebas de laboratorio habían revelado que él no era fértil, respondió: “¿Eso significa que me volví eunuco?”. Pero a Mao no le preocupaba la infertilidad, pues ya había sido padre de seis niños con cuatro esposas», explica el doctor.

A día de hoy, Mao Tse-Tung siendo un desconocido por el celo con que el régimen de Pekín protege su figura. El motivo es sencillo: aunque el país se abrió al capitalismo hace ya cuatro décadas, la legitimidad de su autoritario sistema político sigue descansando en la herencia que él dejó como «padre» de la «nueva China», cuya gestión fue valorada como «positiva en un 70% y negativa en un 30%». Con esta solución de compromiso, el Partido Comunista salvaba siempre la cara del líder y se aseguraba su supervivencia tras causar dos de las mayores catástrofes de la historia del país, las mencionadas «Revolución Cultural» y el «Gran Salto Adelante».
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Mao Tse Tung 

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jueves, noviembre 29, 2018

España. Federico Jiménez Losantos recibe a Xi Jingping: 13 libros con toda la verdad sobre la peor tiranía del mund. Sugerencia de Bibliografía sobre el comunismo en China

Tomado de https://www.youtube.com

esRadiovideos
Published on Nov 28, 2018


 Mao Tse Tung o Mao Zedong junto al Presidente Richard Nixon


Federico recibe a Xi Jingping: 13 libros con toda la verdad sobre la peor tiranía del mundo



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Bibliografía: el comunismo en China (por cortesía de don Federico Jiménez Losantos):

 1) Diane Wei Liang: Les amants de Tiananmen (Aube, 2006) [Los amantes de Tiananmen]
 2) Frank Dikötter y Joan Josep Mudarra Roca: La Gran Hambruna En La China De Mao (El Acantilado, 2017)
 3) Frank Dikötter: The Cultural Revolution (Versión Kindle y Bloomsbury Plc, 2017)
 4) Frank Dikötter: The Tragedy of Liberation: A History of the Chinese Revolution 1945-1957 (Versión Kindle) [La tragedia de la liberación: una historia de la revolución china 1945-1957]
 5) Harry Wu y Carolyn Wakeman: Vientos amargos: memorias de mis años en el gulag chino (Libros del Asteroide, 2008)
 6) Jean-Luc Domenach: Mao, sa cour et ses complots. Derrière les Murs rouges (Fayard, 2012 y Versión Kindle) [Mao, su corte y sus complots. Detrás de los muros rojos]
 7) Jean-Luc Domenach: Chine: L'archipel oublié (Fayard, 1992) [China: el olvidado archipiélago]
 8) Jean-Luc Domenach: Les fils de princes: Une génération au pouvoir en Chine (Fayard, 2016) [Los hijos de los príncipes: una generación en el poder en China]
 9) Jung Chang y Jon Halliday: Mao: La historia desconocida (Taurus, 2006)
10) Jung Chang: Cisnes salvajes: tres hijas de China (Circe Ediciones, 2003)
11) Li Zhisui: La vida privada del presidente Mao (Editorial Planeta, 1995)
12) Philip Short: Mao (Editorial Crítica, 2003, y Club Círculo de Lectores, 2008)
13) Stein Ringen: The Perfect Dictatorship: China in the 21st Century (Hong Kong University Press, 2016) [La dictadura perfecta: China en el siglo XXI]
14) Thierry Wolton: Le grand bluff chinois: Comment Pékin nous vend sa «révolution» capitaliste (Robert Laffont, 2007) [El gran engaño chino: cómo Pekín nos vende su "revolución" capitalista]

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