miércoles, septiembre 07, 2022

Hermann Tertsch sobre el gran regalo de Gorbachov: Cambió para bien el mundo.

 
Tomado de https://gaceta.es/

El gran regalo de Gorbachov

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Cambió para bien el mundo

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Por  Hermann Tertsch

Septiembre 3, 2022

Ha muerto Mijaíl Gorbachov y toda la prensa mundial ha ponderado a la persona y su obra. Nada puede haber más justo. No hay nadie, ni siquiera en el bando de los vencedores de la Guerra Fría, cuyas decisiones personales fueran más trascendentes en el gran cataclismo mundial que se produjo entre el festivo corte de los alambres de espino de la frontera entre Hungría y Austria en junio de 1989 y las dramáticas y convulsas jornadas de tanques y pronunciamientos de la desaparición de la URSS dos veranos después. Pocas veces en la historia un individuo ha tenido una intervención personal tan relevante en un cambio el mundo para bien.

Y digo para bien porque a nadie debiera caber duda de que la destrucción de la URSS y la liberación de toda Europa Central y oriental así como otros países fue un bien absoluto para la humanidad. Entre Tallin y Tarifa, entre Jarkov, Estambul y Finisterre, habrá pocos europeos que puedan tener hacia Gorbachov otro sentimiento que el de gratitud. Porque con todos sus problemas, tensiones e incluso dramas, la historia de los últimos treinta años de los países liberados del yugo comunista es clamorosamente positivo. Aunque en algunos de ellos las democracias arrastren todo tipo de lacras y perversiones de su calvario socialista y subdesarrollo previo, todos ellos sin excepción son países mejores hoy que cuando Gorbachov llegó al poder en 1985.

Y no pocos se han convertido en vanguardia de desarrollo económico y social, de civismo, de probidad e identidad, como son los bálticos, Hungría o Polonia, ese pionero que en 1979 en la visita de Juan Pablo II y después con la huelga de Gdansk en 1980 puso en marcha la cuenta atrás para la dictadura en Europa Central y Oriental. El inmenso regalo de Gorbachov a la humanidad, por mucho que fracasara en lograr una salida digna para su propia Rusia, fue permitir sin derramamiento de sangre la libertad de más de una decena de países. Integrados en la Unión Europea ellos han traído consigo lo que Europa occidental hace tiempo que olvidó y perdió: la certeza de que hay un bien y un mal que los individuos y las sociedades en Europa no pueden relativizar si no quieren destruirse como parte de la civilización de los tres faros, de Atenas, de Roma y de Jerusalén. Esa convicción fortalecida y omnipresente por su experiencia reciente de los calvarios nacionalsocialista y comunista hace a estos países el músculo moral de Occidente.

Con una fuerza y firmeza que temen socialdemócratas globalistas, colectivistas y demás liberticidas, porque es la principal amenaza para sus planes de ingeniera social y desmantelamiento nacional y deconstrucción social con su vital e incondicional defensa de la nación, de los valores judeocristianos, de la libertad y la sacralidad de la persona. Para nosotros, es un regalo colosal que debe dotar a todo Occidente, América incluida, de las armas morales, culturales, políticas, para la reconquista de la libertad, también donde no ha sido el comunismo soviético, sino el narcocomunismo y el crimen organizado como en Iberoamérica, o la socialdemocracia y el mensaje «woke» como en Europa occidental o Norteamérica. La Hispanidad es el tesoro que puede permitir a España jugar ese papel de puente y catalizador de los valores de la verdad y la libertad hacia toda la Iberosfera.

A mí me regaló Mijaíl Gorbachov la mejor era que puede recordarse y hasta concebirse para el periodismo como relato de la realidad de trascendencia inmediata, de la historia en acción y pasión. Son miles las crónicas de la década milagrosa. El regalo no fue solo de él, pero sí sobre todo él y de ese trío que tuvo enfrente la URSS y que le hizo a él posible: Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Juan Pablo II, los tres «deslegitimadores» del sistema criminal que es el comunismo. Ellos tres neutralizaron la que hoy sabemos tramposa y cómplice Ostpolitik de Alemania y apostaron por la libertad y la verdad, los dos enemigos mortales del socialismo y no por aquel «apaciguamiento del consenso» que pretendía que los sistemas convergieran.

Considero que los años ochenta del siglo XX en Europa oriental fueron para el periodismo político el momento mágico y paraíso profesional que probablemente solo se haya dado otra sola vez en la historia en los años que van de la Primera Guerra Mundial, el hundimiento de los imperios y la Revolución Bolchevique. El privilegio de presenciar los momentos más dramáticos del hundimiento de una tiranía y el advenimiento, la irrupción, de la libertad en las personas, y el fervor de la emancipación nacional de países tanto tiempo sometidos, marcó mi vida y sigue siendo fuente inagotable de inspiración, emoción y gratificación íntima.

Yo he visto perder a los peores. Y he sentido la felicidad de ver a las víctimas de los peores erigirse en vencedores y saber que entre ellos estaban los mejores, los que más aceptaron sufrir por mantener viva la llama de la esperanza y de la verdad. Los hombres y mujeres que asumieron ir presos por defender la verdad, ser torturados por preservar la memoria limpia, sufrir ellos en nombre de su nación esclavizada, para mantener la sagrada vigencia del mensaje de la integridad personal, la identidad nacional y el amor a la patria.

Da igual que después llegaran los oportunistas y los codiciosos y los «normales». La felicidad de los mártires fue realidad en Europa, yo estaba allí y Gorbachov lo hizo posible. Esta admirada gratitud no la eclipsa ninguno de sus fracasos, su debilidad y su impotencia posterior.

En casi todo el mundo han sido muy amables y agradecidos los obituarios salvo en su patria, Rusia, donde su nombre esta irremediablemente unido al naufragio, al fracaso, a la debilidad y la humillación. Es de justicia, lo uno como lo otro. Hizo posible una bendición para Europa, que fue devolver su libertad y su soberanía a todos los países que habían pasado como satélites sometidos más de cuarenta años. Pero también desencadenó la maldición sobre los rusos que comprobaron que siete décadas bajo la terrible disciplina de un régimen criminal habían impedido el desarrollo de unos códigos de conducta cívica que les permitieran una transición hacia una sociedad con libertad y responsabilidad individual y colectiva.

Por el contrario, se había desvanecido la mera memoria de la responsabilidad que emanaba de religiosidad, autoridad, civismo y patriotismo en la Rusia prerrevolucionaria. Enteramente suplantada por el miedo al Estado criminal y abusador durante siete décadas como único factor de contención, cuando bajo Gorbachov desaparece el miedo al Estado sobrevino el caos. El caos y el terror contra la población por parte del crimen ya no centralizado, sino fraccionando en miles de bandas bajo Boris Yeltsin, trajeron la añoranza del orden y protección del Estado, y llegó Vladimir Putin y puso orden, el suyo. Se endiosó el dinero y la fuerza, y los ricos se pusieron a las órdenes de Putin y todos a ganar dinero a espuertas. Ellos, los oligarcas y sus fuerzas acompañantes. Para todos los demás desapareció toda posibilidad del avance hacia una sociedad más veraz, más libre y más humana.

El fracaso de Rusia para emprender una nueva era se manifiesta trágicamente ahora más de 30 años después de que Gorbachov fracasara en su empeño de hacer funcionar la URSS por medio de inyecciones de probidad y verdad. Era imposible porque el sistema es criminal. Lo mismo le pasa al «nuevo» por mucho que lo disfrace con casullas de Popes ortodoxos a sueldo. Rusia lleva más de dos décadas en manos de un tirano que ha impuesto un orden que le beneficia a él, a su entorno, al colosal aparato de seguridad y control, y a quienes en la pirámide se sitúan en posiciones que les permiten sentirse privilegiados por modesto que el privilegio sea. Siempre en comparación con los que están más abajo. En medio de la fiebre del oro permanente de las clases pudientes. Y con un Estado garante de toda la arbitrariedad que requieren sus gobernantes para imponer el abuso y la total disuasión a la oposición o crítica.

Esa es la Rusia de Putin, cuya vida real cotidiana solo puede gustar fuera a propagandistas bien pagados y forofos muy engañados. Veinte años de Putin y el país vive de lo mismo que entonces, de sus materias primas, como los países del tercer mundo. Ni un avance significativo con repercusión, ni una patente, ni grandes empresas ni tecnología. Petróleo, gas, piedras y minerales. Como un país africano, pero con muchas armas nucleares. Con una sociedad resignada, enferma, depresiva y alcoholizada y nuevas generaciones de jóvenes que, aburridos de promesas, no creen ya en mejoras ni tras la muerte de Putin y buscan formas de irse a vivir lo más lejos posible.

Vienen tiempos peligrosos y tormentosos que se nos echan encima y el jardín de los privilegiados que son aún hoy las democracias occidentales están amenazadas por la jungla exterior y por la jungla que le crece dentro por falta de cuidados, por indolencia, molicie, codicia y cobardía. Pero cuando llegan tiempos en los que van a pasar tantísimas cosas, que nadie dude de que habrá cosas buenas. Desde la resistencia y la nobleza de espíritu en la dificultad hasta la eventualidad de que se vuelvan a ordenar los astros en una constelación que abra el camino a la verdad y la libertad, es decir, al bien.

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REC ONLINE

Aug 30, 2022

La pregunta de Bernardo de la Maza para Mijaíl Gorvachov  y su respuesta en La Habana (1989) , Observen la cara del tirano Fidel Castro


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jueves, septiembre 01, 2022

Luis Cino Álvarez desde Cuba: Gorbachov, los cubanos también te agradecemos. Carlos Calvo: Supuesta señal de atentado a Gorbachov en su visita a Cuba

 
REC ONLINE

Aug 30, 2022

La pregunta de Bernardo de la Maza para Mijaíl Gorvachov  y su respuesta en La Habana (1989) , Observen la cara del tirano Fidel Castro



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RCN Mundo

Agosto 31, 2022

Entrevista donde  Manolo González Moscote  responde ¿Cuál fue el legado que dejó Mijaíl Gorbachov en Rusia y el mundo?


AmericaTeVeCanal41

Agosto 31, 2022

Análisis de la muerte de Mijaíl Gorbachov, el último presidente de la URSS


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Tomado de https://www.cubanet.org

Gorbachov, los cubanos también te agradecemos

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Los comunistas de línea dura nunca perdonarán a Gorbachov por haber provocado el derrumbe soviético y la consiguiente debacle mundial del comunismo y sus derivaciones que todavía hoy, más de tres décadas después, están reinventándose y no acaban de recomponerse

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Por Luis Cino Álvarez

31 de agosto, 2022

LA HABANA, Cuba.- Ha muerto en Moscú, a los 91 años, Mijaíl Gorbachov, el último secretario general que tuvo el Comité Central del Partido Comunista Soviético y presidente de la Unión Soviética.

Gorbachov protagonizó el hecho más importante de la segunda mitad del siglo XX para la política internacional: el fin del comunismo soviético, el llamado “socialismo real”.

A partir de su llegada al poder en 1985, quiso reformar el sistema y dotarlo de cierta democracia mediante la glasnost (apertura, transparencia) y la perestroika (reconstrucción) para sacar a la Unión Soviética del estancamiento y la crisis en que había caído bajo Brezhnev, Chernenko y Andropov. Pero el comunismo soviético era irreformable y todo se le fue de las manos a Gorbachov: se vino abajo la gigantesca cárcel de naciones que era la Unión Soviética y, con ella, uno tras otro, todos sus regímenes satélites de Europa Oriental.

Los comunistas de línea dura nunca perdonarán a Gorbachov por haber provocado el derrumbe soviético y la consiguiente debacle mundial del comunismo y sus derivaciones que todavía hoy, más de tres décadas después, están reinventándose y no acaban de recomponerse.

Los fundamentalistas del marxismo-leninismo-estalinista que acusan a Gorbachov de haberse confabulado con Occidente, hubieran preferido que Mijaíl Serguéyevich lo hubiese dejado todo tal y como estaba, sin hacer reformas. Y que en todo caso, de haber hecho las reformas y habérseles ido estas de control, hubiese tenido la misma mano dura de sus antecesores para la represión, aunque fuera preciso masacrar a millares de personas en los países de Europa del Este y las repúblicas soviéticas que aspiraban a la independencia.

Pero Gorbachov no era un criminal y si algo tenía era inteligencia y sentido común. Si algo se le puede reprochar a Mijaíl Gorbachov es el siniestro manejo hecho por el Kremlin de la explosión del reactor nuclear de Chernóbil en 1986. Pero siendo Gorbachov un producto del comunismo soviético, acostumbrado al secretismo y la férrea disciplina partidista, no se podía esperar otra cosa de él en aquel momento.

No me propongo santificar a Gorbachov, ningún político merece ser beatificado. Pero los amantes de la libertad y la democracia debemos agradecerle que, habiéndoselo propuesto o no, haya conseguido el fin del aberrante imperio soviético.

También los cubanos debemos estarle agradecidos a Gorbachov, a pesar de que el derrumbe de la Unión Soviética (“el desmerengamiento”, como lo llamó Fidel Castro) causó que nos sumiéramos en el hambre y los apagones del llamado “Periodo Especial”. Debemos estarle agradecidos porque nos sacó del letargo e hizo que la mayoría de los cubanos abrieran los ojos a la realidad del monstruoso sistema al que estábamos sometidos. De haber seguido el régimen castrista viviendo parásitamente del millonario subsidio soviético, aun serían muchos los cubanos que seguirían con los ojos cerrados o negándose a ver.

Recuerdo la atmósfera que había en Cuba a finales de la década de 1980, cuando estaba en marcha en la Unión Soviética la Perestroika. Éramos muchos los que seguíamos los discursos de Gorbachov; nos desvivíamos por leer Sputnik y Novedades de Moscú, para enterarnos de los crímenes de Stalin, de que Afganistán se había convertido en el Vietnam soviético; descubríamos que el paraíso comunista no era como nos lo habían pintado.

Muchos, incluso con carnet del PCC, se ilusionaron con la posibilidad de reformar el socialismo en Cuba, haciéndolo más abierto y democrático. No se ocultaban para hablar de ello.

Pero a aquellos perestroikos, como los llamaban, Fidel Castro les tronchó las esperanzas al lanzar en 1987 su Política de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, que iba a contracorriente de la Perestroika, y con la cual, según aseguraba, “ahora sí vamos a construir el socialismo”.

Para rematar, Fidel Castro desairó a Gorbachov cuando visitó Cuba a principios de 1989, interrumpiendo sus palabras durante una rueda de prensa, para aferrarse tercamente al dogma comunista. Y en diciembre de 1989, por órdenes suyas, quedó prohibida la distribución en Cuba de las revistas Sputnik y Novedades de Moscú.

También recuerdo lo ilusionados que estaban los castristas en agosto de 1991, durante el breve tiempo en que un golpe de estado sacó del poder a Gorbachov. Supongo que a los mandamases castristas, aunque no lo digan, les alegre la muerte de Gorbachov. Nosotros, los que aspiramos a la democracia, le estaremos siempre agradecidos. O al menos lo respetaremos. Ojalá los dirigentes comunistas que sufrimos por acá tuvieran un átomo de la sensatez y la decencia de Mijaíl Serguéyevich. Y que conste, que lo de la decencia no es un desquite porque Díaz-Canel haya tildado de “indecentes” a los cubanos que protestan contra su régimen.

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Tomado de https://www.cubanet.org/

Gorbachov: el hombre que detestaba la violencia

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Visité Moscú tres o cuatro veces durante el último periodo de Gorbachov y la primera etapa de Boris Yeltsin

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Por Carlos Alberto Montaner

Septiembre 3, 2022

Mijail Gorbachov murió a los 91 años. No está mal. La esperanza de vida de los rusos, para el 2019, justo antes de la pandemia, era ocho años menos que el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Si usted decide ser coreano, país miembro de la institución, le aconsejo que nazca en el sur, rabiosamente capitalista, y no en el norte, gloriosamente socialista. Como promedio vivirá 12 años más (80.5 frente a 68.8) y tendrá más de tres centímetros de estatura (168.6 frente a 165.6). Pero quiero escribir sobre Gorbachov, “Gorby” para sus amigos, que no tenía demasiados en Rusia. 

Visité Moscú tres o cuatro veces durante el último periodo de Gorbachov y la primera etapa de Boris Yeltsin. En esa época viajaba como vicepresidente de la Internacional Liberal -en el sentido que le daban al término en Europa-, y como presidente de la Unión Liberal Cubana. No conocí a Gorbachov, aunque tuve amigos que sí trabaron cierta amistad con él. En cambio, sí conocí a Aleksander Yakovlev, la conciencia antitotalitaria del hombre que acaba de morir que y la persona que más influyó en él. De manera que puedo asegurar que los cambios sucedidos en aquella torturada región del planeta fueron debidos al consejo de Yakovlev.

Yakovlev fue un héroe de la URSS. Perdió una pierna durante la Segunda Guerra mundial en la batalla de Leningrado, el mayor asedio de la historia (900 días). Apenas tenía 20 años. Nació en 1923 de padres semianalfabetos, aunque comunistas, en el pueblucho de Korolyovo. Se inscribió en el Partido comunista a los 21 y ahí ascendió hasta convertirse en el jefe de Propaganda Nacional del Comité Central. Conoció el marxismo hasta el último detalle y comenzó a sospechar del Partido. El Partido conducía a la creación de estructuras parásitas que sólo servían para sostener a la dirigencia, y para darles vida a actitudes ridículas como el chauvinismo y el nacionalismo. Publicó un artículo en 1972 en Literatunaya  Gazeta denunciándolas. Como Brezhnev, que era quien mandaba, se sintió aludido, lo sacó por la chimenea: lo mandó de Embajador a Canadá. Ahí no haría “daño” a los comunistas “verdaderos”, que eran los de su ralea.

Sólo que Gorbachov en 1983 lo visitó y se quedó deslumbrado. Estaba de en Canadá. Se trataba de un abogado que era un técnico agrícola. ‘Era el teórico que necesitaba’, pensó Gorbachov, pero no se lo dijo en esa oportunidad. Fueron varios días de maratónicas conversaciones permitidas por la sempiterna rotura de Aeroflot. 

Articulaba como nadie la defensa de la glasnost, la transparencia, porque ya se habían intentado todas las reformas económicas, con pocos resultados reales, salvo los iniciales, debidos al ímpetu de salida (luego los agarraban el Partido, con sus adocenados incompetentes, y los sofocaban): la Nueva Política Económica (la NEP por sus siglas en inglés), en la era de Lenin hasta 1924, y Stalin hasta 1929. Las “tierras vírgenes” se habían puesto a producir en la década que había mandado Jruschov. Más de 300,000 kilómetros cuadrados (1954-1964). Había que suprimirles el terror a la discusión pública y a las consecuencias del debate popular. En Canadá las cosas funcionaban de otra forma. Era un territorio enorme y helado, similar a la URSS. Realmente, ¡la diferencia radicaba en la glasnost!

Eran dos comunistas idealistas. Ambos querían reformar el sistema sin destruirlo. Yuri Kariakin, un filósofo y pensador, el marido de Irina Zorina, una economista experta en Cuba, me había contado que existía un tipo de comunista, refractario a la violencia, entre los que se encontraban Mijaíl Gorbachov y, ciertamente, Aleksander Yakovlev. Querían convencer a sus adversarios, no vencerlos. La historia de Rusia estaba llena de hombres y mujeres encharcados en sangre que habían creado el mito de la incapacidad de los rusos para no ser obedientes a otra cosa que al palo y tentetieso. 

¿Sería cierta la historia de Kariakin? La creo a pie juntillas. Todos los pueblos tenían un sexto sentido para la libertad. Es cuestión de tiempo. Hay un primer momento de ensoñación con el “hombre fuerte”, pero muy pronto se observan las ventajas de la democracia. La primera de ellas es la humilde posibilidad de la rectificación. La segunda, es la selección de un grupo con ideas diferentes. Ya he escrito que Gorbachov ha muerto sin el aprecio de la mayoría de los rusos. Lo aman en el extranjero. Al mismo tiempo, la sociedad rusa no está dispuesta a volver al colectivismo y al partido único. 

 Leo que Vladimir Putin no asistirá a los funerales de Gorbachov. Es un kagebista sin redención posible. Es un “hombre fuerte”.

Prefiere transmitir una imagen de un tipo feroz capaz de no respetar los puntos de vista de sus adversarios y envenenarlos. Es todo lo que detestaban Gorbachov y Yakovlev. Como conocían la historia del país, prefirieron sacrificarse en una ceremonia democrática. A ésos sí la historia los absolverá.

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Carlos Calvo
30 de agosto,2022

Visita de Gorbachov. / Discusiones y señal de atentado. | Carlos Calvo


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Tomado de http://cafefuerte.com

¿Conocía Fidel Castro los planes del golpe militar contra Gorbachev en 1991?

Por ALVARO ALBA*
21 agosto, 2011

El domingo 18 de agosto de 1991 finalizaron en La Habana los XI Juegos Panamericanos, pero a pesar de la diferencia de horario la noticia sobre el golpe de Estado en la URSS no se difundía al día siguiente en Cuba.

Al conocerse ya que Mijaíl Gorbachev había regresado a Moscú el 21 de agosto, las autoridades cubanas emitían una declaración afirmando que “no se ha hecho una declaración contra personalidad política alguna en la URSS, independientemente de sus posiciones y militancia”.

La posición de crítica fuerte y condena asumida por los presidentes de Francia y Estados Unidos, el premier del Reino Unido y el canciller alemán, contrastaban con la de quien se mantenía en el poder por el apoyo y el suministro de la URSS.

En el preámbulo de la Constitución de Cuba por más de 15 años se expresó claramente la “inquebrantable amistad de la URSS y Cuba”, un acápite que desapareció después que dejó de existir la Unión Soviética. Pero en el momento del golpe esta “amistad” se reflejaba explícita y constitucionalmente. Era deber moral de los cubanos, según la Constitución de su país, defender a los soviéticos ante la ruptura del orden institucional.

Basta echar un vistazo a la lista de los principales golpistas para identificar sus contactos continuos con La Habana. El ex ministro de Defensa de la URSS, Dimitri T. Yazov, era uno de los jóvenes oficiales soviéticos que cumplían misión militar nuclear al frente de un batallón en Cuba en los días de la Crisis del Caribe, en octubre de 1962. El intercambio de visitas militares mutuas aumentó en los meses previos al golpe de Estado de manera alarmante. La capital soviética fue visitada por el Coronel Alfonso Borges, jefe de la Dirección Política del Ministerio de las Fuerzas Armadas de Cuba (MINFAR) y fue recibido por el ministro Yazov.

Jerarcas rusos llegan a La Habana

En octubre de 1990, después de un viaje a los Estados Unidos, arribó a La Habana el jefe del Estado Mayor del Ejercito Soviético, Mijail A. Moiseev, mientras que en Cuba se encontraba un huésped frecuente de Castro, el ex ministro de Defensa soviético Serguei L. Sokolov. El mariscal Sokolov fue removido del cargo por orden expresa de Gorbachev en mayo de 1987, después del aterrizaje de Matias Rust en la Plaza Roja.

El general Moiseev recibió la Orden de la Solidaridad en La Habana en el 2009. El Mariscal Serguei F. Ajromeev, quien se suicidó días después del golpe, no perdía ocasión para afirmar en la prensa soviética que no existían tropas soviéticas en Cuba, y se negaba a juzgar lo que sucedía en la isla cuando era inquirido entonces por los periodistas en su calidad de asesor militar de Gorbachev.

 El jefe del KGB, Vladimir A. Kriushkov, visitó Cuba desde el 27 de mayo hasta el 1 de junio de 1991. Seis días en total, algo inusual para el jefe de los servicios secretos de una de las superpotencias de aquel momento. Como jefe de la dirección de análisis del KGB fungía el general Nikolai S. Leonov, amigo de Raúl Castro desde mayo de 1953 y uno de los más férreos críticos de la perestroika. De enero a agosto de 1991 se encargó de elaborar todos los reportes analíticos para la dirección del KGB.

Otro que hacía gala de presencia en la capital cubana en mayo de 1990 era Oleg D. Baklanov, vice jefe del Consejo de Defensa Nacional de la URSS, encargado del complejo militar-industrial. Baklanov viajó a La Habana invitado nada menos que por Juan Escalona, Presidente de la Asamblea Nacional y fiscal de la causa 1/89. El propio Fidel Castro recibía a este miembro del Secretariado del PCUS y al regreso a Moscú hacía hincapié en la prensa soviética sobre la “necesidad defensiva” de Cuba como “bastión del socialismo”, por lo que necesitaba de la “imprescindible ayuda militar” de la URSS.

(Mijail Gorbachey y Fidel Castro en La Habana)

En noviembre de 1990, Oleg S. Shenin, otro de los miembros del GKChP (Comité Estatal de Situación de Emergencia), visitaba en calidad de miembro del Politburó a Cuba. Al regresar a Moscú diría que “publicaciones destructivas introducen elementos desagradables en nuestras relaciones, las afectan”. Desde el Departamento Ideológico del PCUS, encabezado por Alexander S. Kapto, ex embajador de la URSS en La Habana (también Orden de la Solidaridad), se emitía la orden de cerrar el semanario Novedades de Moscú, en agosto de 1991, Entre las faltas que se le imputaba a la publicación moscovita estaba el haber afectado las relaciones de la Unión Soviética con Cuba.

Después de las visitas que se efectuaron en 1990, Fidel Castro afirmó en la prensa española en diciembre: “No creo que sea irreversible el proceso político empezado por Gorbachev… por ahora no está dicha la última palabra sobre lo que está ocurriendo en la URSS”.

Una carta para Castro

Al comenzar el año 1991, Juan Escalona visitó la URSS. Su homólogo soviético Anatoli I. Lukianov lo recibió en Moscú y el periódico Pravda le dedicó una página entera para exponer las características del socialismo en Cuba. En junio de ese mismo año arribó a la capital soviética Carlos Aldana, miembro del Buró Político y entonces tercer hombre en la jerarquía partidista cubana. Aldana era recibido por Gorbachev, el canciller Alexander A. Besmertnij, pero en especial por el vicepresidente soviético Guenadi I. Yanaev, el hombre que  asumiría el control de la URSS tras el golpe de Estado.

Fue durante esa visita de Aldana que Yanaev aprovechó para enviarle una carta a Castro, con promesas de “buenas noticias” en el horizonte.

Para el ex premier de la URSS, Valentín S. Pavlov, otro de los miembros del GKChP, la ayuda a La Habana tenía mayor prioridad que cualquier arreglo de desarme nuclear entre la URSS y los Estados Unidos. Cuba era un tema permanente en los encuentros de alto nivel entre el Kremlin y la Casa Blanca.

La cumbre Bush-Gorbachev, que terminó con la firma del acuerdo START I en julio-agosto de 1991, no fue la excepción. Al preguntarle los periodistas a Pavlov sobre la presencia en Cuba de tropas soviéticas y los bombarderos estratégicos TU-95 y M-4 que podían volar o permanecer en la isla, el dirigente respondió de manera tajante: “Nadie tiene derecho a inmiscuirse en nuestras relaciones con un país que ha sido nuestro amigo durante tantos años”.

Todo parece indicar que los planes de la cúpula golpista era utilizar la todavía apreciable influencia de Castro en América Latina y el Tercer Mundo  para legitimar el nuevo gobierno de facto. Hasta dónde estuvo involucrada la alta dirigencia cubana en el golpe contra Gorbachev es algo que los historiadores tienen todavía como asignatura pendiente.

*Periodista y analista político. Trabaja en la Oficina de Transmisiones para Cuba (OCB) en Miami.

Artículo relacionado:
Tanques para un enfermo: lecciones del colapso soviético en 1991
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domingo, abril 25, 2021

Video de El Ático De Pepe: La Evolución de la revista soviética Sputnik; de sumisa a subversiva.

Nota:

Pepe Forte rectificó: La URSS fue fundada en 1922... quiero hacer la aclaración porque dije, en el fragor de las palabras, por un lapsus, dije 1992.

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Pepe Forte

23 abril, 2021

La revista Sputnik | La Evolución de la Revista Sputnik; de sumisa a subversiva.

La historia de la revista soviética que imitaba a la SELECCIONES del Reader's Digest.  Eco y vitrina de la vida típicamente soviética, editorialmente sometida para reflejar el paraíso kremliniano, tras la asunción de Gorbachev y el establecimiento de la Perestroika y la glásnost, la SPUTNIK comenzó primero tímida y veladamente a criticar el universo bolchevique, hasta terminar atacándolo y revelándolo sin piedad, y por eso los jerarcas Honecker y Castro en la Alemania Oriental y Cuba, respectivamente, terminaron prohibiendo su distribución. La historia y anatomía de la revista, y un repaso histórico de su marco de vida.

#Sputnik #revistasputnik #ElAticoDePepe

La Evolución de la Revista SPUTNIK | La Revista Sputnik





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