viernes, agosto 20, 2021

Video de Pepe Forte: Historia de las Clínicas Cubanas. El artículo La Sanidad Licenciada, cuyo autor es el Dr. Antonio Guedes. Médicos cubanos propuestos para el Premio Nobel de Medicina

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

En mi artículo: Una primera Aproximación a la República (1902-1958) publicado en el número 49 de la revista Vitral de la Diócesis de Pinar del Río escribí:

En 1958 había aproximadamente 97 unidades hospitalarias, de ellas, 47 prestaban servicios en zonas rurales (Abreu, 40), y 52 casas de socorro municipales además de alguna que otra instalación a cargo del Estado y 242 clínicas mutualistas, de ellas 96 en la capital (Anuario Estadístico, 565 y 566 y Álvarez, 2). Las clínicas mutualistas, uno de los representantes de la salud rentada (la otra representante eran las consultas particulares o privadas), eran instituciones que por una módica mensualidad se tenía derecho a consulta, ingreso y cirugía así como a medicamentos; las había de poco más de 2 pesos mensuales, que eran la mayoría, hasta algunas de 10 pesos. En los años cincuenta, aproximadamente millón y medio de personas estaban asociados a las clínicas mutualistas:


Un ejemplo de lo que eran las clínicas mutualistas es el Centro de la Colonia Española en Pinar del Río:

Centro de la Colonia Española
(Fragmento tomado de http://baracuteycubano.blogspot.com)

Resulta significativo que con una cuota mensual de $2.50 los socios de la colonia Española tenían el derecho a los servicios que se brindaban, tales como: ingreso al sanatorio, medicinas, atención a través de visitas domiciliares de sus médicos y la correspondiente receta para recibirlas en la farmacia del centro sin costo alguno; hasta las operaciones por muy complicadas que fueran. Además tenían derecho a entrar al Centro de recreación donde se celebraban, además de otros servicios, bailes con las mejores orquestas locales, nacionales y extranjeras, así como el disfrute del Club de la playa Las Canas, también amenizadas con bailes y fiestas con organizadas excursiones.

Señalo que con el pago de dos pesos y pico mensuales  al  Centro Gallego, al Centro Asturiano, a Hijas de Galicia y otros,   el abonado  tenía derecho a instrucción escolar y profesional como mecanografía y taquigrafia, recreación, playa y las clínicas correspondientes a esos centros: Centro Gallego (clínica La Benéfica), Centro Asturiano (La Covadonga),  Centro de Dependientes de La Habana (Clínica de Dependientes) y otros. El balneario de Hijas de Galicia  estaba muy  cercano al Miramar Yacht Club (luego llamado Patricio Lumumba por la Robolución)  pertenecía a los  abonados en Hijas de Galicia-

Un poco más de detalles en:

http://baracuteycubano.blogspot.com/2018/08/la-cuba-que-robo-y-destruyo-el_24.html

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Pepe Forte

Agosto18, 2021

#ClinicasCubanas #ElAticoDePepe #PepeForte

Historia de las Clínicas Cubanas


Historia de las Clínicas Cubanas. El tema que tenemos hoy regresa a prestarle atención a la crisis en Cuba, y nos servirá para conectar con un aspecto histórico de La Isla, para intentar entender mejor, o explicar lo que está pasando ahí. El sujeto nace penosamente de la vicisitud sanitaria en Cuba a tenor de la pandemia, y por eso, para contrastar presente y pasado, vamos a abordar la historia de las clínicas en Cuba, desde la fundación del fenómeno en la Colonia hasta las décadas de los 60, 70 y 80, pasando por la época republicana. Nombres como La Covadonga; La Dependiente; Las Católicas Cubanas; La Colonia Española, son familiares para varias generaciones de cubanos. Así que si te has preguntado si es cierto como dice alguna gente que si la clínica mutual fue inventada en Cuba… si te has preguntado desde cuándo existen las clínicas en Cuba… cuándo se estas mencionadas y otras… este es tu programa.

En el programa hacemos un breve recorrido por insignes médicos cubanos, honrados con hospitales a su nombre, como Joaquín Albarrán; el Dr. Ángel Aballí; Julio Martínez Páez, y otros que también tienen notoriedad por patriotas, como es el caso de Juan Bruno Zayas, o de Fermín Valdés Domínguez, y hay que recordar que, aunque a veces se ignora, el presidente de la República, Ramón Grau San Martín, era médico. Baste decir además que la cátedra de la Universidad de La Habana aún en la época de la colonia era una de las mas nutridas, y es por eso que tristemente transita por uno de los episodios mas amargos de la historia patria, al protagonizar el fusilamiento de los 8 estudiantes de medicina en noviembre de 1871, con lo que queremos significar que el prestigio de la Medicina Cubana, y de la Docencia Médica Cubana, tienen profundas raíces desde la última mitad del siglo XIX, y luego en la primera mitad del siglo XX, ya con la república.

También, citamos cifras del formidable sistema de salud pública de Cuba antes de 1959, que alcanzó entonces el índice de mortalidad infantil más bajo de Latinoamérica. 

Estos datos estadísticos provienen de una variedad de fuentes e instituciones serias, acreditadas, como el Anuario Estadístico de Cuba, de 1956, y el Censo de 1953.

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La Sanidad Silenciada. Relevante artículo del Dr. Antonio Guedes sobre la Salud en Cuba antes de 1959. Artículo publicado en el No. 24 de la Revista Encuentro de la Cultura Cubana. Número homenaje a la República de Cuba

La Sanidad Silenciada puede ser leida haciendo click en el siguiente enlace:
http://arch1.cubaencuentro.com/pdfs/24/24ag250.pdf

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Este artículo de divulgación científica   fue escrito bajo las normas  de censura y ostracismo de la dictadura Castrista; muy probablementa esa sea la causa por la cual  no se habla del Dr. Domíngo Gómez Gimeránez  del cual el Dr. Severo Ochoa de Albornoz, médico asturiano nacionalizado en Estados Unidos de Norteamérica y Premio Nobel de Medicina 1959,  , expresó: «Si no hubiera sido un exiliado comprometido con la libertad de Cuba, Gómez Gimeránez hubiera recibido el Premio Nobel de Medicina. Él debió haber recibido el Nobel antes que yo.» 

(Dr. Severo Ochoa de Albornoz)


Albert Einstein prologó una de esas obras de Gómez Gimeránez y escribió de él que “no sabemos si es un biólogo en el mundo de las matemáticas o un matemático en el mundo de la biología”.

(Albert Einstein)

Albert Einstein en carta,  escrita el 27 de noviembre de 1942, al Presidente Fulgencio Batista, que el "doctor Domingo H. Gómez me ha dicho que él ha tenido la suerte de recibir su poderosa ayuda. Yo he tenido la oportunidad de familiarizarme con parte del trabajo científico del doctor Gómez relacionado con Hemodinámica y Angiocinética. En esta área, él ha creado y desarrollado una nueva técnica experimental, con la cual ya ha obtenido nuevos e importantes resultados"...

Y agrega en la misiva: "Sería muy conveniente darle la oportunidad al doctor Gómez de divulgar su trabajo"... "Los caminos nuevos en la ciencia siempre encuentran una resistencia pasiva considerable por parte de otros especialistas, los cuales en este caso, tendrán dificultad para informarse acerca de las teorías y métodos experimentales que el doctor Gómez ha desarrollado eficazmente".

En la obra de 10 volúmenes  titulada Historia de la Nación Cubana, publicada en Cuba en 1952, se encuentran más relevantes  logros de la Medicina en Cuba  obtenidos por  médicos cubanos.

El Miami Medical Team ha desarrollado durante décadas medicina de urgencia en situaciones de desastres.

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 Tomado de http://www.revmedicaelectronica.sld.cu/

Un Premio Nobel para la medicina cubana

A Nobel Prize for Cuban medicine

Est. Luis Alberto Pérez Ramírez1*

Est. Dalina Laritza Rodríguez Rodríguez1

Dra. Élida Yadira Ramírez Pacheco2 

1 Universidad de Ciencias Médicas de Holguín. Holguín, Cuba.

2 Policlínico Docente de Levisa. Holguín, Cuba.

*Autor para la correspondencia: lpalberto@estudiantes.hlg.sld.cu

RESUMEN

Se realizó una revisión bibliográfica con el objetivo general de identificar los cubanos que por su excepcional obra merecieron la nominación al Premio Nobel, así como también de describir las semblanzas de su vida y obra, para lo cual se trabajó con un total de 24 bibliografías. Muchos han desfilado por el podio de premiación  para  recibir  tan alto  reconocimiento  a  su  esfuerzo,  orientados  al descubrimiento de los secretos de la naturaleza para proteger la salud. Aunque sin lograr dicho premio, los cubanos también han aportado relevantes hallazgos, destacándose aquellos estrechamente relacionados con la medicina, que marcaron una pauta a nivel mundial y merecieron nominaciones junto a personalidades de renombre universal.

Palabras clave: premios Nobel; medicina; fisiología.

ABSTRACT

A bibliographic review was carried out with the general objective of identifying Cubans who, for their exceptional work, deserved the Nobel Prize nomination, as well as describing the portrayals of their life and work, for which a total of 24 bibliographies were worked on. Many have marched through the award podium to receive such high recognition of their efforts, aimed at discovering the secrets of nature to protect health. Although not achieving this award, Cubans have also provided relevant findings, highlighting those closely related to medicine, which set a pattern worldwide and deserved nominations along with personalities of universal renown.

Keywords: Nobel prizes; medicine; physiology.

ecibido: 09/03/2018.

Aceptado: 11/04/2019.

INTRODUCCIÓN

El Premio  Nobel constituye en el mundo de las ciencias, de la literatura y de la política, uno de los mayores reconocimientos que puedan alcanzarse en vida a escala internacional, sin embargo, muy a pesar de las intenciones de su creador, el insigne científico sueco Alfred Nobel, algunos de ellos han estado viciados por ilícitas presiones políticas, injustos favoritismos y dolorosos olvidos.

Aunque no se ignora tampoco que dicho premio se ha conferido con justicia en muchas ocasiones, como en los casos de Alexander Fleming, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Gabriel García Márquez, Rigoberta Menchú o Nelson Mandela.

Ningún cubano, hasta el presente, ha tenido la suerte de lograr alguno de esos premios, los de Fisiología o Medicina, Física y Química en la actualidad casi exclusivamente al alcance de investigadores de países de alto desarrollo científico, pero sí siete de nuestros compatriotas, a lo largo de casi un siglo, han sido nominados para los premios de Fisiología o Medicina, Literatura y la Paz, son ellos en orden cronológico: Arístides Agramonte Simoni, Carlos J. Finlay Barrés, Joaquín Albarrán y Domínguez, Agustín Castellanos González, Raúl Pereira Valdés, Alejo Carpentier Balmont y Eduardo Boza Masvidal; a los que se suma como candidato al premio Nobel de la Paz 2015 al Contin­gente Internacional “Henry Reeve”.

Se hace necesario el desarrollo de esta revisión bibliográfica por ser un tema  poco conocido por los estudiantes y profesionales de la salud.

El objetivo es identificar las personalidades e instituciones representantes de la medicina cubana que han sido nominadas al Premio Nobel.

DESARROLLO

Hablar de la historia de los Premios Nobel es una ocasión ineludible para hablar de su mentor, el científico e inventor sueco Alfred Nobel. Con 30 años, Alfred Nobel crea su propia fábrica de nitroglicerina.

Precisamente, perfeccionando sus estudios sobre la inestabilidad de los éteres nítricos de la glicerina, estudios con los que se jugó la vida, al sufrir alguna peligrosa explosión que destruyó gran parte de su primera fábrica y provocó la muerte de su hermano Emilio, Alfred Nobel descubrió la manera de manipular de forma más o menos segura la nitroglicerina y, posteriormente, la dinamita en el año 1867.(1)

La patente sobre sus inventos dotó a Alfred Nobel de una grandísima fortuna pero también se fue engendrando en él la idea de que la utilización práctica de sus descubrimientos conllevaría la aniquilación de muchas vidas humanas, dado que los conflictos bélicos serían mucho más cruentos y devastadores. Ese complejo de culpa fue creciendo hasta que concibió la idea de destinar la mayor parte de su fortuna a incentivar los mejores esfuerzos del hombre en diversos campos de la ciencia, las artes o la diplomacia, cultivadas en favor de la humanidad.

Así, el 27 de noviembre de 1895, Alfred Nobel firmaba en París un testamento que recogía expresamente la creación de la Fundación Nobel. Un año después, el 10 de diciembre de 1896, Alfred Nobel fallecía en su residencia de San Remo. Esta fecha, el 10 de diciembre, estará siempre ligada a la Historia de los Premios Nobel, ya que la ceremonia de entrega se celebra precisamente ese día, para conmemorar la muerte del creador y mentor de dichos galardones.(3)

  • Dr. Arístides Agramonte Simoni


El doctor Arístides Agramonte Simoni fue el primer cubano en ser nominado para un premio Nobel. Su padre, el licenciado Eduardo Agramonte Piña, médico y primo segundo del mayor general Ignacio Agramonte Loynaz, fue igualmente un héroe legendario que ocupó altos cargos en la Guerra de los Diez Años como miembro de la Cámara de Representantes de la República en Armas, Secretario del Interior y Secretario de Estado en el gobierno del presidente Carlos Manuel de Céspedes y López del Castillo, murió el 8 de marzo de 1872, cuando ostentaba el grado de general de brigada.

La carrera de medicina la cursó en la Universidad de Columbia de la propia ciudad, donde obtuvo el doctorado en junio de 1892, con honores especiales como el premio Harsen.

 En New York de 1892 a 1898 desarrolló una brillante labor médica y logró una sólida formación científica: médico interno, por oposición, del Hospital Roosevelt, en el Servicio de Medicina (1892-1893) y en el Servicio de Cirugía (1893-1894); médico de visita del Departamento de Enfermedades de la Infancia del Hospital Bellevue y del West Side Dispensary (1894-1898); inspector médico por oposición del Departamento de Sanidad de la ciudad de New York (1895-1897) y bacteriólogo del Departamento de Sanidad de la ciudad de New York, por oposición (1897-1898).

Ya en Cuba se le nombró encargado del Laboratorio de Anatomía Patológica y Bacteriología de la División de Cuba establecido en el Hospital Militar Número Uno, actual Hospital Clínico Quirúrgico Docente “General Calixto García” y en esta misma institución se le nombró médico de visita del Servicio de Enfermedades Tropicales en agosto de 1900.

En la Universidad de La Habana revalidó sus estudios y el 25 de enero de 1900 recibió el título de licenciado en medicina. El 30 de julio de 1900 realizó los ejercicios para el grado de doctor, en los que presentó su tesis "La parasitología del paludismo en el hombre".

Al crearse la IV Comisión del Ejército Norteamericano para el Estudio de la Fiebre Amarilla y al quedar establecida en los cuarteles de Columbia, Quemados de Marianao, el 25 de junio de 1900, se le nombró patólogo de la misma y participó ininterrumpidamente en todos los trabajos de investigación de la Comisión, que dieron como resultado la confirmación del descubrimiento del doctor Carlos J. Finlay del agente transmisor de la fiebre amarilla. Obtuvo por oposición la plaza de profesor auxiliar jefe del Laboratorio de la Cátedra de Bacteriología y Patología Experimental de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, el 13 de septiembre de 1900 y el 9 de abril de 1901, fue ascendido a profesor titular.(1-3)

Publicó libros de texto para sus dos asignaturas, Lecciones de Patología Experimental, La Habana (1922) y Compendio de Bacteriología. Técnica Bacteriológica, La Habana, (1924). Fue académico de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.

Para el tercer Premio Nobel de Fisiología o Medicina que se otorgaría en 1903 fueron propuestos los doctores Walter Reed, Arístides Agramonte y James Carroll, miembros de la IV Comisión del Ejército Norteamericano para el Estudio de la Fiebre Amarilla que vivían en esos momentos, pero la prematura muerte del doctor Reed en noviembre de 1902 impidió tal otorgamiento pues el Comité del Premio interpretaba que los doctores Agramonte y Carroll solamente eran colaboradores y no coautores de los trabajos de confirmación del descubrimiento de Finlay, de cuyo descubrimiento erróneamente el Comité reconocía como autor al doctor Reed.

Las próximas nominaciones del doctor Agramonte se realizaron conjuntamente con el doctor Carlos J. Finlay.(1-3)

  • Dr. Carlos Juan Finlay Barrés

El doctor Carlos J. Finlay Barrés, al igual que el doctor Agramonte, nació en la ciudad de Santa María del Puerto Príncipe, actual Camagüey, treinta y cinco años antes, el 3 de diciembre de 1833 y a diferencia de éste en el seno de una familia extranjera, sin arraigo en este país.

Estudió la carrera de medicina en el Jefferson Medical College de Philadelphia, Estados Unidos de Norteamérica, en Cuba es que se formó como investigador y donde realizó toda su obra científica.

 Los resultados de sus investigaciones, que aportaron descubrimientos de la importancia de la teoría metaxénica del contagio de enfermedades, el agente transmisor de la fiebre amarilla y las medidas epidemiológicas para la erradicación de la propia enfermedad, descubrimientos por los que fue propuesto para el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, así como la confirmación de la transmisión hídrica del cólera, fueron presentados ante las dos más importantes instituciones científicas del país, la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana y se publicaron en las principales revistas médicas cubanas de la época.(1,2)

Lo más esencial de sus descubrimientos fue presentado en eventos internacionales tan importantes como:

La V Conferencia Sanitaria Internacional, Washington en 1881; el Congreso de Climatología, Chicago en 1893; el VIII Congreso Internacional de Higiene y Demografía, Budapest en 1894; el III Congreso Pan-Americano, La Habana en 1901; el Congreso Sanitario Internacional, La Habana en 1902; la Conferencia de las Juntas de Sanidad de los Estados y de las Provincias de la América del Norte, New Haven, Conn en 1902; la I Convención General Sanitaria Internacional de las Repúblicas de América, Washington en 1902; la XXXI Reunión Anual de la Asociación Americana de Salud Pública, Washington en 1903; el IV Congreso Médico Pan-Americano, Panamá en 1905 y el XIV Congreso Internacional de Higiene y Demografía, Berlín en 1907.

La más reconocida autoridad europea en fiebre amarilla, el doctor Louis J. Béranger-Féraud, comentó ampliamente y en forma elogiosa la obra del doctor Finlay en varios capítulos de su clásico libro Teoría y clínica de la fiebre amarilla, París, 1890.

El doctor Finlay llegó a ocupar los más destacados cargos de la salud pública cubana de su época: Director Nacional de Sanidad, Presidente de la Junta Nacional de Sanidad y Jefe de la Junta Municipal de Sanidad de La Habana. En 1907 recibió la medalla "Mary Kingsley", la más alta condecoración de la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool, Inglaterra, indiscutiblemente la más importante institución de la infectología en aquella época en el mundo, al reconocerlo como descubridor del agente de transmisión de la fiebre amarilla; un año después el gobierno francés le otorgó la Orden de la Legión de Honor de Francia y el gobierno interventor de los Estados Unidos en Cuba lo nombró Presidente de Honor de la Junta Nacional de Sanidad y Beneficencia al jubilarse en 1908.

En 1904 el doctor Ronald Ross, médico inglés, que había recibido el Premio Nobel en 1902 por su descubrimiento del agente transmisor del paludismo, lo propuso para el premio de 1905, al genial investigador camagüeyano y al doctor Henry R. Carter, descubridor del período de incubación extrínseca de la fiebre amarilla. El premio se le concedió al doctor Robert Koch, bacteriólogo alemán, junto a Louis Pasteur, las dos más grandes figuras de la bacteriología mundial de todos los tiempos, descubridor entre otros de los bacilos de la tuberculosis y del cólera y de los postulados, que llevan su nombre, sobre si un agente biológico es capaz o no de producir una enfermedad infecciosa.

El coronel doctor John W. Ross, jefe de sanidad de la Armada de los Estados Unidos propuso el 27 de noviembre de 1905 al doctor Finlay para el premio de 1906 y un poco después el 9 de enero de 1906 incluyó al doctor Henry R. Carter. El premio se otorgó compartido a los doctores Camillo Golgi, histólogo italiano y Santiago Ramón y Cajal, histólogo español, por sus aportes al conocimiento de la estructura del sistema nervioso.

El doctor Carl Sundberg, miembro del Comité del Premio, repitió la propuesta de los doctores Finlay y Carter para el premio de 1907, pero ese año se le concedió al doctor Charles Louis Alphonse Laveran, inmortal médico francés, por su descubrimiento de uno de los hematozoarios o plasmodium del paludismo en 1880.(4,5)

Para el premio de 1912 el profesor Braut Paes Lewe, de la Facultad de Medicina de Río de Janeiro, Brasil, propuso nuevamente al doctor Finlay y para ese mismo premio el doctor Laveran propuso a los doctores Finlay y Agramonte, a este último por ser el único sobreviviente en esos momentos de la IV Comisión Americana. Lo obtuvo ese año el doctor Alexis Carrell, fisiólogo y cirujano francés, por sus procedimientos hemostáticos de suturas de los vasos sanguíneos, sus tratamientos de las heridas, tratamiento para fijar injertos sobre una superficie ulcerada y por sus estudios sobre injertos de tejidos en general.

El doctor Laveran repitió su propuesta de los doctores Finlay y Agramonte para los premios de 1913, 1914 y 1915. La muerte del sabio cubano el 20 de agosto de ese último año hizo que el sabio francés cesara en sus propuestas y que el descubrimiento del agente intermediario de la fiebre amarilla dejara también de ser posible motivo de un premio Nobel.(4,5)

En 1913 se le concedió a Charles Robert Richet, fisiólogo francés, por sus estudios sobre anafilaxia, regulación térmica de los animales homotermos y por sus descubrimientos de las propiedades diuréticas de los azúcares; en 1914 al doctor Robert Bárány, otólogo y patólogo austríaco, por sus aportes en el estudio del aparato vestibular y los procesos o cuadros patológicos radicados en el mismo y no se concedió por la primera guerra mundial en 1915, ni tampoco en 1916, 1917 y 1918.

Cargado de legítimas glorias científicas y con el reconocimiento agradecido de su pueblo y de la humanidad falleció en La Habana el 20 de agosto de 1915.(4,5)

  • Dr. Joaquín María Albarrán y Domínguez

Al médico cubano Joaquín Albarrán y Domínguez se le tiene como símbolo de las generaciones de especialistas hoy dedicadas a la Urología. Hace 145 años que nació el 9 de mayo, en Sagua la Grande, Villa Clara, esta ilustre personalidad mundial de las Ciencias Médicas. Aunque de vida relativamente corta, su trabajo investigativo fue muy intenso. Sus conocimientos enciclopédicos aplicados a un dominio especial de la Medicina hicieron que fuera considerado el más completo de los urólogos modernos.(6)

En 1873 en la Universidad Literaria se gradúo cuatro años más tarde de Licenciado en Medicina con notas de sobresaliente.(6)

Fue discípulo del doctor Félix Gullón, pionero de la urología quirúrgica y fundador del prestigioso Instituto Necker, a quien Albarrán sucedió en la cátedra de clínica de enfermedades de las vías urinarias donde sus conocimientos histológicos unidos a la rica tradición anatomoclínica francesa, le permitieron alcanzar un excelente nivel científico. Fue el primer médico francés en realizar una prostactecmía radical perineal.

Está reconocido como el inventor de un instrumento para el ajuste del cistoscopio durante la caterización del uréter: uña de Albarrán.  Fue además el primer profesor español de Cirugía en Francia en el siglo XIX, además de profesor titular de la cátedra de enfermedades de las vías urinarias de la Universidad de París.(3)

Su extensa obra científica comprende la invención de 21 instrumentos, aparatos y piezas de técnica de cirugía urológica; los libros, todos publicados en París: "Estudio experimental de la retención de la orina" (1890); "Los microorganismos del cáncer" (1890); "Los tumores de la vejiga" (1892); "Enfermedades quirúrgicas del riñón y de la uretra" (1899); "Enfermedades de la próstata y estrechez de la uretra" (1900); "Los tumores del riñón" (1907).(8)

Entre sus más de 300 obras y artículos se encuentran Tumores del riñón (1903), Exploración de las funciones renales (1905), y Medicina operatoria de las vías urinarias (1909), para muchos su creación maestra.(9,10)

Solo 51 años tenía el excepcional clínico, urólogo, histólogo y bacteriólogo cuando falleció en París el 17 de enero de 1912, como consecuencia de una tuberculosis. Había contraído la enfermedad en el Hospital Necker al terminar una nefrectomía a un paciente joven que padecía de tuberculosis renal. El mismo año de su fallecimiento, Albarrán había sido nominado para el Nobel de Medicina.(11,13)


  • Dres. Agustín W. Castellanos González y Raúl A. Pereira Valdés

Agustín W. Castellanos González

Al igual que los doctores Finlay y Agramonte, los doctores Castellanos y Pereira fueron propuestos juntos para el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, por lo que expondremos sus semblanzas biográficas y sus nominaciones en un mismo capítulo.

El doctor Agustín W. Castellanos González nació en La Habana, el 12 de septiembre de 1902, con rasgos fisonómicos de la raza amarilla, pues aunque sus padres eran habaneros, su abuelo paterno, Antonio Castellanos, nació en China y fue de los agricultores traídos de dicha nación engañosamente a Cuba.

Este inmigrante chino fundó, sin embargo, una familia de médicos cubanos, algunos de prestigio internacional: Agustín Castellanos González, figura relevante de la cardiología mundial; Israel Castellanos González, uno de los mejores médico-legistas y policiólogos de América; Agustín Castellanos Sánchez, como su padre, cardiólogo eminente, con importantes investigaciones sobre arritmias cardíacas, con publicaciones en el New England Journal of Medicine y el American Journal of Medicine.(14)

Se graduó el doctor Agustín Castellanos González de bachiller en letras y ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, el 28 de julio de 1919 y pudo graduarse de doctor en medicina, como segundo de su curso, sin pagar matrícula ni derechos de grado, el 14 de julio de 1925.(15)

Por sus trabajos desde 1937, aunque ya venía laborando desde 1931, con sus colaboradores principales los doctores Raúl Pereira Valdés y Argelio García López, se le considera por muchos el creador de la angiocardiología, por aportes como la angiocardiografía radiopaca, la cavografía superior, la cavografía inferior y la aortografía retrógrada.(1,2)

Su extensa e importante bibliografía producida en Cuba comprende un libro, Cardiopatías congénitas de la infancia, La Habana, 1948 y 250 monografías y artículos científicos.

La realizada en los Estados Unidos de Norteamérica desde 1960 comprende otros 85 trabajos publicados. En 1951 fundó principalmente con recursos económicos aportados por él y dirigió hasta su cierre en 1960, la Fundación Agustín Castellanos para el estudio de las cardiopatías congénitas, en el segundo piso del Hospital Municipal de la Infancia de La Habana, hoy Hospital Infantil “Pedro Borrás”. De esta última institución fue también director fundador en 1935 y director de 1946 a 1959.(15)

En 1967 presidió el I Congreso Mundial de Angiocardiografía que tuvo lugar en la ciudad de Panamá. Ese mismo año el Colegio Americano de Radiología lo reconoció como descubridor de la angiocardiografía y lo premió con la Medalla de Oro de dicha institución, honor que sólo había recibido otro extranjero, madame María Curie, por su tratamiento del cáncer por medio del radium.

En 1970 recibió el Premio Anual de Medicina del Departamento de Salubridad, Educación y Bienestar Social de Washington y en 1973 tres altas distinciones:

- Miembro de Honor de la Sección de Cardiología de la Academia Americana de Pediatría, honor que se confería por primera vez.

- Miembro del Colegio Internacional de Pediatría, con sede en Suiza.

- Miembro de la Asociación Médica Mundial, con sede en New York.

Propuesto por las Sociedades de Cardiología de Europa, Asia, África, América Central y Suramérica recibió el Premio Fundación Pedro Cossio durante el Congreso Mundial de Cardiología celebrado en septiembre de 1974, en Buenos Aires, Argentina, quizá el más alto reconocimiento que se le ha otorgado.

En sus casi 60 años de estudios y logros, el profesor de Medicina de la Universidad de Miami (UM), junto a otros profesionales, creó distintos marcapasos que en la actualidad se usan con regularidad.

“El doctor Castellanos contribuyó de forma inconmensurable al campo de la electrocardiografía y la electrofisiología clínica, y será recordado tanto en EEUU como en otros países por todas sus contribuciones. Era un formidable intelectual que estimulaba a sus colegas y estudiantes para que pensaran de forma creativa”, dijo el médico Robert Myerburg, profesor de Medicina y Fisiología de la Escuela de Medicina Miller de la UM.(15-17)

El doctor Raúl A. Pereira Valdés  nació en La Habana, el 5 de mayo de 1904. Se graduó de bachiller en letras y ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara, el 24 de septiembre de 1924.

De gran vocación por los estudios médicos en general, matriculó ese mismo año en la Universidad de La Habana para cursar, simultáneamente, las carreras de Farmacia y Medicina.(1,2)

Con nota de sobresaliente en los ejercicios de grado finalizó los estudios para el doctorado en Farmacia y se le expidió el título el 7 de agosto de 1928. Con igual nota finalizó los de Medicina y se le extendió el título de doctor en dicha facultad el 26 de abril de 1934.(15)

En 1932 verán la luz en la revista Crónica Médica Quirúrgica de La Habana, fundada y dirigida por el eminente oftalmólogo cubano doctor Juan Santos Fernández Hernández, sus artículos "La estrechez mitral muda" y "La enfermedad mitral".

Años después varias personalidades e instituciones científicas y docentes de América propusieron al Comité del Premio Nobel de Fisiología o Medicina la candidatura de los doctores Castellanos y Pereira: la Sociedad de Radiología de Panamá el 11 de enero.

Ese año se le otorgó el premio al doctor Severo Ochoa de Albornoz, médico asturiano nacionalizado en Estados Unidos de Norteamérica, profesor de Farmacología y Bioquímica de la Facultad de Medicina de la Universidad de New York y al doctor Arthur Kornberg, profesor de la Universidad de Stanford, California, por sus trabajos sobre síntesis biológica de los ácidos nucleicos.

  • Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epi­demias, Henry Reeve.

En agosto de 2005, se conforma una brigada médica para brindar ayuda a la población afectada por el Huracán Katrina en Nueva Orleans. Este ofrecimiento de ayuda del Gobierno Cubano fue rechazado por el Gobierno de los Estados Unidos. Esta brigada fue denominada Fuerza Médica “Henry Reeve”, en memoria de aquel excepcional joven combatiente norteamericano que murió luchando por la independencia de Cuba.(18)

Pocos días después, el 19 de septiembre, queda constituida por el Comandante en Jefe una organización que hasta hoy no tiene precedentes en el mundo: El Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias "Henry Reeve".

Sus objetivos fundamentales de trabajo apuntan a lograr un despliegue territorial extenso en las zonas de desastre, con el establecimiento de los hospitales Integrales de Campaña, capaces de dar amplia respuesta a las exigencias asistenciales de la población damnificada. La inmediata cobertura epidemiológica por los Médicos Generales Integrales de la brigada, es otro de los principios de trabajo del contingente.

El contingente, especializado en situaciones de desastres, no se alzó con el Nobel pero cuenta con el prestigio internacional el 26 de mayo de 2017 recibió de manos de la doctora Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el premio de salud pública que entrega la OMS, en reconocimiento a la labor solidaria en materia de salud de la Mayor de las Antillas.(18)

El premio a la Brigada Henry Reeve "confirma el compromiso de seguir con este trabajo, de ir a los lugares del mundo más difíciles, y de servir a las personas que están en gran necesidad. Queremos continuar haciendo esto, y salvar más vidas, no importa cuán difícil sea", subrayó el médico cubano.(18)

CONCLUSIONES

El papel de los cubanos en el proceso de nominación los Premios Nobel ha marchado con pasos seguros desde los inicios del anhelado galardón. Con la realización de esta investigación se identificaron aquellos cuyo aporte en la medicina los hizo merecedores de tan alto honor. Cuba cuenta con un potencial humano competente que iguala a los países desarrollados.

Para ver las REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS hacer click AQUÍ.

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 El científico cubano que enfrentó a Hitler, Batista y Castro

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Gómez Gimeránez, analfabeto hasta los 14 años, fue un eminente médico y matemático cubano que desarrolló inventos e investigaciones que le ganaron la amistad y admiración de Albert Einstein.
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El ex congresista federal y director del Instituto la Rosa Blanca, Lincoln Díaz Balart, derecha, hace entrega del Premio Juana Gros de Olea a Sita Gómez, centro, hija de Gómez Gimeránez, en presencia de Diana Artega, izquierda, quien fungió como maestra de ceremonias. Foto de Wenceslao Cruz.

Por Armando de Armas

 martinoticias.com
mayo 11, 2013


En carta del 27 de noviembre de 1942, Albert Einstein escribe "a su excelencia", el presidente cubano Fulgencio Batista, que el "doctor Domingo H. Gómez me ha dicho que él ha tenido la suerte de recibir su poderosa ayuda. Yo he tenido la oportunidad de familiarizarme con parte del trabajo científico del doctor Gómez relacionado con Hemodinámica y Angiocinética. En esta área, él ha creado y desarrollado una nueva técnica experimental, con la cual ya ha obtenido nuevos e importantes resultados"...

Y agrega en la misiva: "Sería muy conveniente darle la oportunidad al doctor Gómez de divulgar su trabajo"... "Los caminos nuevos en la ciencia siempre encuentran una resistencia pasiva considerable por parte de otros especialistas, los cuales en este caso, tendrán dificultad para informarse acerca de las teorías y métodos experimentales que el doctor Gómez ha desarrollado eficazmente".

Quién es, pues, esta persona sobre la que se digna escribir Einstein, nada menos que a Batista, bueno, no es otro que Domingo Gómez Gimeránez, nacido un 22 de septiembre de 1903 en Guaracabuya, provincia de Las Villas, y muerto un 10 de diciembre de 1978, en Nueva York, no pudiendo alfabetizarse hasta los 14 años y sólo tras entrar al Ejército, donde a los 15 obtiene el grado de cabo.

(Albert Einstein)

Posteriormente comienza estudios de Medicina y, en 1921, a través de una convocatoria que hace la Embajada de Francia en La Habana, obtiene una beca para estudiar en la Sorbona donde, en 1928, se gradúa con honores de doctor en Medicina y, en 1929, de doctor en Matemáticas.

En 1941, bajo la ocupación alemana, el científico cubano publica el libro, de más de mil páginas, Hemodinámica y Angiocinética, donde explica las bases de la circulación de la sangre y técnicas para la evaluación de las arterias.

Su prestigio se expande entre la comunidad científica europea y Adolfo Hitler le hace llegar una invitación para que viaje a Alemania y se integre con sus investigaciones al Tercer Reich, pero el doctor Gimeránez dando muestras de compromiso cívico opta por escapar de París, en abril de 1941, con la ayuda del presidente Batista quien, por demás, recibe después la citada carta de Einstein.

El Gobierno cubano le ofrece una pequeña pensión y, en 1942, parte hacia EE.UU donde de inmediato obtiene un puesto como investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York. Durante este periodo el científico isleño mantiene un estrecho contacto con Einstein quien, encontrándose en Princeton desde 1933, le ofrece consejo y orientación.

(Domingo Gómez  Gimeránez de pie;  a su lado y sentado Rafael Diaz-Balart. New York 1960)

En 1952, invitado por el presidente Carlos Prío, Gómez Gimeránez regresa a Cuba para dirigir el nuevo Instituto Nacional Cardiológico en La Habana, nombramiento que se le ratifica luego del golpe de Estado en marzo de ese año.

No obstante, hay también que decir que el científico, fiel a su civismo, tuvo serias confrontaciones con Batista debido a no estar de acuerdo con su régimen de facto y, en el otoño de 1958, rechaza la Orden Nacional de la Legión de Honor que otorga Francia, porque ese mismo año se le había adjudicado también a Batista.

Pero, en 1959, Fidel Castro se apodera del poder en la isla y, en los primeros días, Gómez Gimeránez es arrestado brevemente, por lo que descontento parte enseguida al exilio y se establece en la Universidad de Columbia, en Nueva York, como profesor asistente.

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Cuba, una potencia médica desde siempre… Dr. Domingo Gómez Gimeranez fue nominado tres veces al Premio Nobel.






Gracias a su hija, la pintora Sita Gómez de Kanelba.


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Gómez Gimeránez

Por Lincoln Díaz-Balart
 05-17-2013

Cuando se escriba la historia – que sin duda se escribirá— de estas décadas de sufrimiento y luchas del pueblo cubano bajo la tiranía comunista, uno de los nombres que se destacará con luces más brillantes será el del eminente científico Doctor Domingo Gómez Gimeránez. El 10 de mayo de 2013 el Instituto La Rosa Blanca pudo honrarlo, otorgándole el Premio Juana Gros de Olea póstumamente a través de su hija, Sita Gómez. El amigo Armando de Armas, autor, vice-presidente del Pen Club, y miembro fundador del Instituto La Rosa Blanca, pronunció unas brillantes palabras sobre él esa tarde.

Cuando llegó al exilio en 1959, Gómez Gimeránez ya tenía un nombre en el mundo de la medicina y de la ciencia en general. Por eso, inmediatamente fue designado profesor e investigador en la Universidad de Columbia, de Nueva York. Era Doctor en Medicina y también Doctor en Matemáticas por la Universidad de la Sorbona de París. Sus libros científicos eran conocidos y sus teorías se estudiaban y siguen estudiándose en los centros de investigación de Europa y América. Albert Einstein prologó una de esas obras de Gómez Gimeránez y escribió de él que “no sabemos si es un biólogo en el mundo de las matemáticas o un matemático en el mundo de la biología”. Sus estudios y descubrimientos pioneros sobre las leyes que rigen la circulación de la sangre son aportes sólidos para la medicina moderna.

Como dijo Armando de Armas durante su presentación del 10 de mayo: “Su prestigio se expande entre la comunidad científica europea y Adolfo Hitler le hace llegar una invitación para que viaje a Alemania y se integre con sus investigaciones al Tercer Reich, pero el doctor Gimeránez dando muestras de compromiso cívico opta por escapar de París, en abril de 1941. El Gobierno cubano le ofrece una pequeña pensión y, en 1942, parte hacia EEUU donde de inmediato obtiene un puesto como investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York. Durante este período el científico isleño mantiene un estrecho contacto con Einstein quien, encontrándose en Princeton desde 1933, le ofrece consejo y orientación.

En 1952, invitado por el presidente Carlos Prío, Gómez Gimeránez regresa a Cuba para dirigir el nuevo Instituto Nacional Cardiológico en La Habana, nombramiento que se le ratifica luego del golpe de Estado en marzo de ese año. No obstante, hay también que decir que el científico, fiel a su civismo, tuvo serias confrontaciones con Batista debido a no estar de acuerdo con su régimen de facto y, en el otoño de 1958, rechaza la Orden Nacional de la Legión de Honor que otorga Francia, porque ese mismo año se le había adjudicado también a Batista.”

Nacido en el mismo corazón de Cuba, en el campo de Las Villas, a los 14 años aún trabajaba en el campo y era analfabeto. Su interés en los estudios lo hizo aprender a leer y escribir y hacer el bachillerato por la libre, ingresando en el ejército como soldado raso y ascendió a cabo hasta lograr ingresar en la facultad de medicina de la Universidad de la Habana. Ganó la “Beca Albarrán” y marchó a París como alumno de los Doctores Langevin y Henry Vázquez y obtuvo los más altos premios de la Academia de Ciencias de Francia.

Pero puso a un lado la tranquilidad de su vida y de sus estudios y arriesgó su cátedra en la Universidad de Columbia para luchar por la libertad y la dignidad de Cuba. Cuando mi padre tocó a su puerta en Nueva York y le dijo hasta qué punto estaban solos los pocos hombres y mujeres que planeaban fundar “La Rosa Blanca”, Gómez Gimeránez dio un paso al frente y aceptó nada menos que la presidencia de la primera organización que se dispuso a combatir la tiranía de Castro.

Como Presidente de “La Rosa Blanca” y como presidente del primer movimiento de un gobierno cubano en el exilio, Gómez Gimeránez vio su propia vida en peligro ante los ataques castristas.

Cuba lo recordará siempre como se merece este hombre bueno y humilde, patriota ejemplar, valiente luchador, tan cubano como científico y tan científico como cubano.

Muchas veces, el dolor de la diáspora y la prolongación de la lucha por la libertad, pueden desanimar a algunos. Pero ejemplos como el del ilustre médico que supo ofrendar a la patria en agonía todos sus triunfos para echar las bases de la lucha sin tregua, servirán de estímulo para las nuevas generaciones que no han de descansar hasta que Cuba sea libre, democrática, independiente y soberana.

Domingo Gómez Gimeránez, como científico, estará siempre en las más altas cumbres del recuerdo en Cuba. Como patriota ya tiene un lugar preferente en el corazón de los cubanos. Su recuerdo será siempre imperecedero y su ejemplo guiará a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, de generación en generación.


 

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viernes, diciembre 11, 2015

Francisco Almagro: Médicos encadenados


Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

 Los costos para estudiar medicina en Cuba en la década de los años 50 de pasado siglo XX en la prestigiosa Universidad de La Habana era de $45 + $ 5 = $ 50 dólares ANUALES  y que se podían hacer  en tres pagos. No obstante, más del 25% de la matrúla de la Universidad de La Habana era ¨matrícula gratis¨, la cual se otorgaba mediante una carta explicando las razones por las cuales no podían pagar la matrícula. Un artículo muy ilustrativo del lugar privilegiado que tenía la salud  en Cuba en esa década y su desarrollo histórico  es La Sanidad Silenciada, del cual les dejo este fragmento; su autor es el Dr. Antonio Guedes.

 
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También pueden leer mi artículo Una primera aproximación a la república: 1902-1958.del cual les dejo estos  fragmentos:

En 1958 la tasa bruta de mortalidad de la población era del 6,4 por cada mil habitantes (Zuaznábar, 1) pese a la situación política y de confrontación armada que existía en el país; en 1953 había sido de 6,3 por cada mil habitantes. Esa tasa ubicaba a Cuba entre los países de menor tasa de América Latina y con índices que solamente alcanzaron muchas de sus repúblicas hermanas iberoamericanas veinte años después (Anuario Estadístico de 1988,629 ). La esperanza de vida al nacer era de 58.8 años y la mortalidad infantil en menores de un año era de 32,5 por cada mil nacidos vivos, la cual desde principios de siglo seguía una tendencia decreciente (Zuaznábar, 1) pese al existente rechazo social al recurso del aborto, rechazo que existía hasta en casos en que se presentaran malformaciones fetales en el embarazo, y la no invención todavía en el mundo de algunas pruebas de análisis de laboratorio clínico o algunos instrumentos de la electromedicina(como es, por ejemplo, el equipo de ultrasonido) los cuales permiten detectar tempranamente problemas serios en el embarazo. La esperanza de vida de 58.8 años era superior en esa época a la de muchos países de América Latina y el Caribe, y mayor que las que alcanzaron veinte años después todos los países de África, salvo Argelia y Túnez (Anuario Estadístico 1988, 627). La cifra de mortalidad infantil cubana de 32,5 correspondiente a 1958 era todavía en la primera mitad de los años ochenta mejor que la de muchos países de Latinoamérica en esos años: Paraguay (45,0), Ecuador (69,5), Brasil (70,6), Méjico (53), Colombia (50), Bolivia (124,4), Honduras (82), Perú (98,6), Argentina (35,3), El Salvador (35,1) y Guyana (36,2) (Anuario Estadístico de 1988, 629). América Latina en su conjunto presentó aún en el año 2001 la cifra de 32 (Granma, 5). Cuba en estos dos últimos parámetros tenía índices pertenecientes al Primer Mundo de esos años según los datos de la UNICEF que aparecen en la Tabla de la página 16 del Material de Estudio Nro. 3 del Ministerio de Educación; los valores de Cuba en 1958 en estos dos parámetros con respecto de los Países en Desarrollo y Países menos Desarrollados fueron similares o mejores que los que ellos presentaron en 1992: En China y Vietnam la mortalidad infantil en 1996 era respectivamente de 34 y 40 por mil nacidos vivos (Robaina, 35).

La población cubana en 1958 era de aproximadamente 6 763 736 habitantes y había en el país 6 286 médicos ( sin incluir estomatólogos ) y un total de 32 501 camas y de ellas 28 536 de asistencia médica (Anuario Estadístico de 1988, 564 y 569). Del total de camas de servicio hospitalario 10 643 pertenecían al servicio estatal, servicio en el cual laboraban 1 125 médicos (Zuaznábar, 5). El 51% de las camas de los hospitales estaban situadas en la capital del país (Abreu, 40). Los números de habitantes por cama (237) y de habitantes por médico (1076) en 1958 eran mejores que los de la mayoría de los países latinoamericanos en esa época y más aún, que los que tuvieron esos países aproximadamente 20 años después como se puede comprobar observando la página 675 del Anuario Estadístico de 1988. Observando las cifras de aproximadamente el año 1980 diré, que solamente Puerto Rico (789), Argentina (521), Uruguay (533) y Venezuela (888) tuvieron mejores índices de habitantes por médico que el que tuvo Cuba en 1958; el resto lo tuvieron peor. Al comparar las cifras de aproximadamente el año 1980 con relación al número de habitantes por camas diré que solamente Argentina (176 ), Puerto Rico (229) y Guyana (215) tuvieron mejores índices que el que tuvo Cuba en 1958; el resto de los países latinoamericanos todavía en el año 1980 presentaron índices peores que el que presentó Cuba en 1958. En la Cuba de 1958 el número de camas de asistencia médica por cada 100 000 habitantes era de 422, En América Latina en su conjunto y en estos momentos es solamente de 220 camas (Granma, 5).

La prevalencia de la Lepra en 1958 era de 0,7 por cada mil habitantes (Informe Anual 1976, Anexo p. 46). Las tasas de morbilidad por cada 100 000 habitantes de muchas enfermedades en la Cuba de finales de los años cincuenta eran también mejores que las de muchos países latinoamericanos: Tuberculosis (18,2); Difteria (2,4); Escarlatina (0,1). No se habían presentado casos de Fiebre Amarilla, Tifoidea y Peste Bubónica; al comenzar la República, la Tifoidea, por ejemplo, había presentado una morbilidad de 5,1 por mil habitantes. Las cifras de morbilidad de Viruela, Tifus, Tosferina, Sarampión, Sífilis y Hidrofobia eran de las mejores en América Latina. Las siguientes tasas de muerte por 100 000 habitantes en el año 1958, salvo que se especifique otro año, apoyan lo anterior: Fiebre Tifoidea (0,4); Tétanos (3,0); Tuberculosis en 1959 (16,6); Poliomielitis aguda (0,1); Sarampión (0,4); Meningitis no meningococcica (2,1); Paludismo (0,4); Difteria en 1959 (0,9); suicidio o lesiones autoinfligidas (13,9); accidentes de vehiculo de motor y otros accidentes de transporte (7,2); defunciones maternas (125,3) y defunciones maternas por aborto (9,3). Las dos últimas tasas son por cada 100 000 nacidos vivos. (Informe Anual de 1976, Anexos 36-43). La tasa de mortalidad materna de Cuba en 1958 de 125,3 era mejor que las que aún aparecen en el año 1992 para Países en Desarrollo (350) y Países menos Desarrollados (590) en la Tabla mencionada del Material de Estudio del MINED..


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Tomado de http://www.diariodecuba.com/cuba/1449601792_18684.html


Médicos encadenados

Por Francisco Almagro
Miami
9 Dic 2015

 


Médicos cubanos rumbo a misión en Venezuela. (THECUBANHISTORY.COM)


Pueden que hayan sido dos jóvenes doctoras, entrevistadas en Costa Rica y parte de la riada humana en camino a EEUU, quienes dieron el aldabonazo. Una de ellas, especialista joven, se declaró de "rendimiento excepcional", como si tal excepcionalidad académica la eximiera de cumplir determinados deberes con quienes pagaron por su carrera y especialidad. Rendimiento excepcional y Plan Talento significa que los médicos pueden hacer una especialidad directamente, es decir, una vez graduados, pasar a ser residentes y tras unos pocos años, especialistas en una rama médica.

No tenemos idea de cuántos galenos y técnicos de la salud están entre esos cubanos varados en Centroamérica, pero pueden ser muchos y podrían haber sido muchos más si el Gobierno cubano, "casualmente", no publica el 30 de noviembre una declaración donde recicla el Decreto 306 que regula las salidas temporales para asuntos personales de profesionales y técnicos de la salud.

En honor a la verdad, debemos recordar que tal decreto no es una regulación nueva. Ya existió algo parecido hace años y ocasionó importantes e innecesarios sufrimientos a médicos y técnicos de la salud cubanos. En aquellos tiempos una ordenanza que muy pocos pudieron ver, y menos discutir, mantuvo separadas a familias y a médicos y técnicos casi siempre por más de cinco años.

Eran los días del incremento de la colaboración médica en el exterior, sobre todo en Venezuela con la Misión Barrio Adentro. Para que el régimen mantuviera allí miles de médicos y técnicos, se bloqueó la salida de cientos de trabajadores de la salud. Muchos habían sido reclamados por sus familiares en EEUU o habían ganado el sorteo de visas de la Oficina de Intereses.

Pasaban los años, se cumplía el tiempo, parte de la familia debía emigrar y en Cuba quedaba el profesional de la salud con todas las consecuencias que ello traía. La respuesta de los funcionarios siempre fue  la misma, dicha sin una gota de compasión: el Ministro no ha firmado su liberación. Liberación, nunca mejor palabra. Pero aquel sacrificio ajeno no bastó para que cientos, tal vez miles de médicos y técnicos de esas misiones en Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia no fueran, ellos mismos, emigrantes; o mejor y como los llama el régimen, "desertores". Nunca mejor venganza: desertar.

En aras de balancear las cosas, es necesario decir que si usted vive en La Habana o Santiago de Cuba y lleva a su hijo a la emergencia de un hospital y no hay un cardiólogo, un cirujano infantil o un intensivista que le salve la vida a la criatura, usted puede estar muy de acuerdo con la regulación del Gobierno cubano. La carrera de Medicina es una de las más caras en cualquier parte del mundo. Una especialidad médica aumenta en varios miles la deuda contraída y se necesitan años para adquirir la maestría necesaria para lidiar con una grave enfermedad cardiaca, un quirófano complicado o un ser humano acoplado a máquinas de asistencia vital. Es una deuda que debe pagarse. Pero no es una deuda eterna ni un cheque en blanco al prestamista. Antes de recibir la primera conferencia de Anatomía o Fisiología, los futuros galenos deben saber cuánto y cómo devolver la inversión en sus estudios y prácticas. Es lo justo. Es, ni más ni menos, una muestra de seriedad y ética ciudadana.    

El dilema histórico de los médicos y los técnicos cubanos es que casi nunca las cosas quedan claras para ellos, y muy pocas veces las cosas están a su favor. Eso sucede con las llamadas misiones internacionalistas, las asignaciones de automóviles y viviendas, la ubicación laboral una vez concluido el servicio social. Funciona más o menos así: se emite un decreto y son los funcionarios quienes deciden cuándo, cómo y dónde se cumple la letra. Un decreto, por cierto, no es una ley pues no ha sido refrendado por los destinatarios o sus representantes.

Es aquí donde el juramento hipocrático hace aguas. El juramentado depende de la voluntad del gris funcionario, de los compromisos políticos del Gobierno, del ego de quienes usan el poder para convertir las mochilas con medicamentos en cajas de balas. El encadenado hipocrático se debate en un conflicto ético, moral: siente tener derecho zafarse de las cadenas y al mismo tiempo, se duele al abandonar el deber al cual se ha consagrado.  

Sucede que la medicina, como el deporte, no soporta politizaciones. La medicina no puede ser un negocio como tampoco un arma política porque pierde su esencia; quienes así la practican, se envilecen al punto de hacer daño en vez de curar. Los seres humanos son nacidos con una libertad intrínseca para tomar decisiones sobre sus vidas. Ese derecho no lo da ningún gobierno, y mucho menos el funcionario de turno. Nada ni nadie puede violar ese principio sin pagar algún día por las consecuencias de tal desatino.

De ese modo, es responsabilidad del Gobierno procurar a su patrimonio profesional y técnico tomar decisiones responsables y libres de toda presión política, ideológica e incluso económica pues cuando quienes velan por la salud están confundidos, cansados y mal pagados, sus servicios son, igualmente, lamentables. También los médicos tienen el compromiso de velar porque el niño, el anciano o la mujer embarazada sean asistidos con sus dolencias sin excusas de ningún tipo. En pago, ni jaba de viandas, ni litros de gasolina ni reservación en la playa. A los médicos y los técnicos de la salud, solo respeto a su dignidad y el derecho, humano e inapelable, de emigrar una vez cumplidas las obligaciones con la sociedad.
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Published on Jul 27, 2015
Documental hecho por el Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo que recoge testimonios de profesionales de la salud cubanos, de tres generaciones, que han ejercido en Cuba y en el extranjero, durante las cinco últimas décadas y que actualmente residen en la isla y en el extranjero.
 El documental recoge testimonios de profesionales de la medicina

Documental: Mito y realidad de la medicina en Cuba - IMHCT 




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