jueves, abril 13, 2023

Dos artículos sobre actuales descendientes de indígenas o indocubanos en Cuba. Una experiencia académica y personal sobre este asunto



Nota de Pedro Pablo Arencibia,  Bloguista de Baracutey Cubano

Formé parte  del equipo de Antropología Física y Social del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( posteriormente Universidad Pedagógica ¨ Rafael María de Mendive¨)  que llevó a cabo una investigación conjunta (a finales de los años 80 y principios de los 90 del pasado siglo XX) con el Instituto Superior Pedagógico de Guantánamao  sobre la población de la localidad en Caridad de los Indios, situada en el municipio Manuel Támes en la provincia de Guantánamo; localidad donde se encuentran muchos de los llamados ¨indios¨. Esta investigación surgió por el estudio que había hecho la investigadora suiza Claudine Sauvain en poblaciones aisladas en los Alpes Suizos; investigadora que este bloguista conoció en los Talleres Internacionales  de Antropología Física ¨Luis Montan騠 de la Universidad de la Habana y con la que participó, junto a parte del equipo del Pedagógico de Pinar del Río, en diferentes actividades docentes, de trabajo investigativos y presentación de los resultados  en varios viajes que hizo la investigadora a Cuba, incluyendo al Pedagógico de Pinar del Río. 

En  Caridad de los Indios  hay una población bastante aislada y con evidentes  características físicas muy similares a la de los indocubanos. Yo fui  la persona que en el Pedagogíco de Pinar del Río hizo el análisis estadístico de los datos que se habían tomado en el trabajo de campo llevado a cabo.  Dado que en aquella época  los métodos y medios  para hacer estudios de  pruebas de ADN  no estaban tan avanzados como hoy  y que los que existían no estaban a nuestro alcance,  en la investigación se tomaron dos muestras representativas. Una de las muestras estaban compuestas por individuos (masculinos y femeninos)   que solamente tenían los apellidos Rojas y Ramírez en ellos y en las 3 generaciones de sus ancestros. Rojas y Ramírez eran los apellidos de los dos españoles a los que se les concedieron en la zona Encomiendas ( es decir grupos de : indocubanos para catequizar y civilizar, aunque realmente eran explotados como esclavos; eso ocurrió  varios siglos atrás cuando la colonización de Cuba por España, la cual se inició en los primeros años del siglo XVI). La otra muestra estaba compuesta por individuos que tenían al menos en ellos o en sus tres generaciones de ancestros  otro apellido difrente a Rojas y Ramírez. Se midieron 10 variales correspondientes a la antropología física de cada individuo; a los datos obtenidos se les aplicó técnicas de Estadística Multivariada ( Análisis de Clusters, Análisis de Discriminantes, Componentes Principales, Regresión Logística, etc). Se obtuvo, entre muchos resultados, que había diferencias significativas entre ambas muestras y que la muestra de los solamente Rojas y Ramírez en sus apellidos y en los de sus ancestros no tenían diferencias significativas con las medidas antropométricas  del tronco arauco de América del Sur; estos reultados  se obtuvieron tanto para el sexo masculino como paa el sexo femenino.

Desde el punto de vista cultural, los pobladores de Caridad de los Indios poseen costumbres bastante diferentes (en cuanto a organización social, religión, etc.) a los campesinos cubanos, aunque en la investigación se tuvo que negar pues  al discípulo del Dr. Manuel Rivero de la Calle  y antropólogo  Oscar C. Tejedor Álvarez,  jefe de la investigación por el ISP de Pinar del Río (actualmente en EE.UU.)  se le citó a una reunión con un funcionario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba porque  en nuestra  investigación  se usaba la palabra indios; el funcionario estaba fuertemente en contra de que se usara esa palabra pues eso implicaba que Cuba era un país multicultural, lo cual no se podía aceptar.  El jefe de la investigación no sufrió  graves consecuencias laborales, profesionales y políticas porque argumentó que el propio Apóstol José Martí escribió de los ¨indios de Yateras¨en su diario de campaña.

Recuerdo que en una investigación que hice  a finales de los años 70 del pasado siglo junto a un amigo mio, sicólogo de profesión,  con el objetivo de estudiar  el desarrollo psicológico de los niños portadores de desnutrición pacientes del Hospital Pediátrico de Pinar del Río  y el de confeccionar  una escala cubana para medir el desarrollo psicológico infantil en Cuba, pues la escala que se usaba en Cuba era la norteamericana y ella no se ajustaba a las características particulares de los niños cubanos. Fui citado por una funcionaría  del Centro Multisectorial de la Academia de Ciencias en Pinar del Río y por una  trabajadora graduada en la Licenciatura en Información Científica  porque en el trabajo usábamos  la palabra desnutición y distrófia y en Cuba los niños no podían   estar desnutridos ni distróficos y si los había,  había que explicar  el porqué lo estaban ... Los censores sabían que  no culparíamos al Estado ni a la Revolución por la falta de una alimentación adecuada y la  existencia de la Libreta de (des)Abastecimiento..

En 1996 en el último evento científico internacional que participé en Cuba (los talleres internacionales de Antropología Física Luis Montané, de la Universidad de La Habana) le hice preguntas  sobre el daño neurológico en los niños  en los primeros años de vida por  el escaso o nulo consumo de proteinas   y consecuentemente por  la no ingestión de ciertos  aminoácidos esenciales (daños que no son reversibles.)  a un equipo multidisciplinario del Ministerio de Salud Pública que en su investigación  hablaba de que la población cubana ya se estaba recuperando, pues había recuperado el peso que tenía antes de 1993 y 1994 según la muestra poblacional analizada en la investigación. La ¨respuesta ¨ , más motivada por razones políticas que académicas, a esas preguntas vino de Ñico (entonces director del Museo Montané  de la Universidad de La Habana), uno de los organizadores del evento en forma de diatriba política, más que de explicación científica. Solamente  dos norteamericanos (una mujer y un hombre de una universidad norteamericana que no eran del Estado de La Florida ¿quizás del Estado de  Colorado?)  al finalizar  la exposición de la susodicha investigación esperaron en la puerta y cuando salí mefelicitaron y me dijeron que mi observación era muy necesaria. Nunca más fui invitado a participar a esos eventos y solamente una pareja de profesores norteamericanos de una universidad de Colorado o Nuevo Méjico fueron los que se me acercaron y me felicitaron por las preguntas tan necesarias que había hecho. La investigación y sus resultados fueron  llevados a cabo en pleno Período Especial, la mayor crisis económica que ha tenido Cuba desde que es república.

A la doctora española Consuelo Prado , profesora entonces de la Universidad Autónoma de Madrid, a principios de los años 90s no la invitaron a una recepción que el entonces Rector de la Universidad de La Habana dió a todos los investigadores extranjero de renombre que asistían a un evento Luis Montané porque presentó una investigación (con una muestra de mujeres de La Habana) en el evento que predecía lo que luego sucedió con la polineuritis óptica en Cuba. Consuelo Prado, miembro en aquel entonces del Proyecto ERASMO de la ONU, había sido la persona que había invitado a participar en el evento a muchos de esos científicos extranjeros relevantes a  nivel mundial . Esa noche Consuelo Prado lloró esa humillación en la fiesta que el apartheid Castrista había organizado para los cubanos que participábamos  en ese Taller  Internacional de Antropología Física Luis Montané.

Pero volvamos, después de dar algunos ejemplos de cómo trabaja la  censura política en el campo académico, al  tema de los dos artículos que se encuentran en este post mostrando algunos de los resultados estadísticos obtenidos:

En el trabajo se analizaron cuatro muestras: "indios", "indias", mestizos y mestizas, los tamaños de muestras fueron respectivamente 77, 75, 33 y 39. A todos los individuos se les midieron las variables: longitud máxima de la cabeza (G), ancho máximo de la cabeza (EU), ancho máximo de la cara (ZG), altura morfológica de la cara (AM), talla (T), Índice Córmico (IC), anchura de los hombros/talla (AA), anchura bicrestal/talla (AB),Índice Cefálico (IC1) e Índice Morfológico (IM). Las medidas de las variables G,EU,ZG y AM están dadas en milímetros, la variable T en centímetros y el resto de las variables no poseen  dimensiones y se obtienen de dividir en cada caso las variables que intervienen expresadas en centímetros.

Estas mediciones se realizaron con un compás de espesor y un andropómetro de tipo Martin con error (mas,menos) 1mm,siguiendo la metodología propuesta por Martin-Saller y aprobada por la convención de Mónaco de 1932. A los datos obtenidos se les aplicó la Prueba de Hotelling para la igualdad de dos vectores de media utilizando para ello un software creado por los propios autores, también se les aplicó las técnicas  Análisis de Discriminantes y Componentes Principales utilizando para ello el sistema estadístico  NCSS versión 5.1 del Dr. Jerry L. Hintze.

Para investigar  (tanto entre los individuos de sexo masculino como entre los individuos de sexo femenino) si existen diferencias significativas entre los vectores 10-dimensionales  de las medias  (media aritmética  o promedio)  de los "indios" y los mestizos,  aplicamos una de las primeras  pruebas creadas en la Estadística Multivariada, la cual en ocasiones es llamada  Reconocimiento de Patrones,  que es  la Prueba de Hotelling, para la cual creamos un software dado que no estaba  en el paquete estadístico que teníamos y usamos para las demás pruebas: NCSS versión 5.1 del Dr. Jerry L. Hintze.

Al aplicarle la Prueba de Hotelling a los datos se obtuvieron los resultados siguientes: existen diferencias significativas entre los vectores de medias  de los "indios" y los mestizos, tanto entre los individuos de sexo masculino como entre los individuos de sexo femenino.

Para investigar hasta qué punto son compatibles la clasificación inicial realizada sobre la base de los apellidos Rojas y Ramírez, y la clasificación mediante los valores de las 10 variables investigadas, realizamos un Análisis de Discriminantes. . El Análisis de Discriminantes se realizó utilizando la variante de los coeficientes de regresión, pues esta variante no requiere de  condiciones especiales como son la multinormalidad de la distribución de los vectores compuestos por los valores de las 10 variables para cada individuo y la igualdad de las matrices de varianza y covarianza para las muestras que se van a comparar. Es muy frecuente obviar estas condiciones, pues la variante  de las funciones discriminantes lineales es en la práctica válida en muchos casos  aunque no se cumplan estas condiciones,  pero no quisimos tomar  ese riesgo y utilizamos la variante dada por los coeficientes de regresión;  se obtuvo:  que 17 mujeres y 2 hombres cambiaron su clasificación inicial (mediante los apellidos Rojas y Ramirez)  respecto a la clasificación que obtuvimos utilizando el Análisis de Discriminantes teniendo en cuenta las 10  variables antropométricas que se midieron.

Para  determinar si eran significativos o no esos cambios  hice uso, para el sexo femenino, de  la prueba de McNemar para la significación de los cambios,la cual  determinó que los cambios no fueron significativos dentro del sexo femenino. Debemos hacer la observación que utilizamos la prueba de Mc Nemar con la corrección por continuidad de Yates. En el sexo masculino la frecuencia esperada fue muy pequeña, por lo cual aplicamos la Prueba no Paramétrica de la Binomial, arrojando esta que los cambios no fueron tampoco significativos dentro del sexo masculino. Luego podemos afirmar que existe compatibilidad entre las dos clasificaciones.   

La clasificación de poblaciones humanas, es de naturaleza multifactorial, o sea, ella depende de muchos factores que además de afectarla interactúan entre sí, por lo que fue necesario encontrar un método que nos explicara  el papel de cada una de las variables y su relación con las restantes de tal manera que la pérdida de información sea mínima. Es por ello que realizamos un Análisis de Componentes Principales con el objetivo de esclarecer las contribuciones de cada variable en cada una de las cuatro muestras. Estas contribuciones se tomaron para los tres primeros factores considerados ya que absorbían entre ellos un porciento elevado de variabilidad como pude observar en la  tabla de Valores propios y los porcientos de varianza absorbidas.

Los resultados de la aplicación de la técnica de  Análisis de Componentes Principales arrojó:

1.- En todas las muestras el primer factor está caracterizado por las contribuciones de las variables correspondientes a la cabeza y la cara, no existiendo para las mestizas y los "indios" bipolaridad en este primer factor. En las "indias" y mestizos, EU y ZG se oponen al índice morfológico (IM).
 
2.- El segundo factor está caracterizado por las contribuciones de las variables correspondientes a los índices: "indias" (IC1),mestizas (IC1),"indios" (IC) y mestizos (IM) oponiendose respectivamente a IM,AA,IM y IC1 en cada muestra.

3.- El tercer factor esta caracterizado por las contribuciones de las variables IC,IM,IC1 y T en las muestras : "indias",mestizas,"indios" y mestizos respectivamente ,oponiedose tambi'en respectivamente a las variables G,AB,G,G.  

Las conclusiones generales de uno de los trabajos de mi autoría  fueron:

Conclusiones

La Estad'istica Multivariada es una herramienta eficiente en la clasificación de poblaciones y es compatible con otros métodos usados en Antropología como es,por ejemplo,  el isonímico. En nuestro trabajo nos permite decir que:

1) Existen 2 tipos f'ísicos en la población tanto en un sexo como en el otro ,los cuales están perfectamente diferenciados  y se ajustan a la clasificación sobre la base de los apellidos Rojas y  Ramirez en sus cuatro combinaciones posibles .

2) Variables correspondientes a la cara y al cráneo son las mas importantes en cuanto a la contribución en cada una de las muestras.


Referencias

1.- Linares    Fleites   Gladys .Acosta Ramirez Lilliam y otros. 1986. Estadística multivariada.U.H.La Habana

2.- Pospisil, M. 1976. Indians Remnants from the Oriente Province. Cuba. Universita Komenskeho, Bratislava.

3.- Rivero de la Calle, M. 1966. Los aborígenes de Cuba. Ed.   Universitaria. La Habana.

4.-_________________. 1973. Los indios cubanos de Yateras. Rev. Santiago. 10:151-54.
 
5.-________________. 1978. Supervivencia de descendientes de Indoamericanos en la zona de Yateras. Oriente. Cuba Arqueológica:151-176.

6.- Salzano, M.F. 1980. Estructura populacional e genetica de indios sul-americanos. Actas IV Congr. Latin. Genética. Vol.2        pp 349-56.

7.- Sauvain-Dugerdil, C. 1988. Diversidad biológica de las poblaciones humanas de Centro América: elementos de discusión. (En impresión).

8.- Sieguel,Sidney. 1972. Diseño experimental no paramétrico aplicado a las ciencias de la conducta. Ediciones Revolucionarias. La Habana.

9.- Tejedor, O. y S. Gutiérrez. 1989. La población aborigen cubana. Aproximación al conocimiento de sus características      actuales.Estudios de Antropología Biológica. México D.F. : 297-305.

10.- Yasuda, N. y N. E. Morton. 1967. Studies on Human Populations  structure. Proc. 3rd. Int. Cong. Human Genetics. John Hopkins Press. 244-66. 

(Este resumen continuará aquí mismo cuando encuentre mis artículos  donde 1) Demuestro que no hay diferencias significativas (tanto en el sexo masculino como en el femenino) respecto a las 10 variables de  la muestra que solamente tenían los apellidos Rojas y Ramírez en ellos y en las 3 generaciones de sus ancestros y esas 10 variables en el tronco arauco. 2)  Obtengo la expresión de  la función que me permite obtener la probabilidad que un  individuo cualquiera de la población  pueda ser clasificado como indio sobre la base  de esas 10 variables;  dicha expresión la obtuve utilizando la Regresión Logística)


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Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

De la india cubana Luisa Gainsa, hace un siglo, al ADN recién probado en sus descendientes de hoy

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Después de leer algunos comentarios sobre el libro Cuba indígena hoy, sus rostros y ADN

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Por Vicente Morín Aguado

La Habana

11/04/2023

El universo mediático Cuba está reproduciendo la noticia de que, mediante pruebas de ADN, se ha confirmado, ¡al fin!, la supervivencia hasta el presente de los aborígenes cubanos existentes cuando Cristóbal Colón encontró la tierra que le hiciera exclamar nunca tan hermosa cosa vido. Se trata del libro Cuba indígena hoy, sus rostros y ADN, firmado por cinco autores, de los cuales cuatro son científicos cubanos y el quinto un fotógrafo profesional español.

Parafraseando un decir popular, vamos a comentar “sin perder la ternura”, porque el libro amerita leerse, más allá de las escasas páginas necesarias para dar a conocer una prueba de ADN. La controversia asalta cuando constatamos que algunos reportes sobre el suceso hacen borrón a la historia anterior o la sitúan en un estatus neblinoso, “que no es lo mismo, pero es igual”, repitiendo el estribillo de una conocida canción, también parte del fraseo cubano.

Puede afirmarse sin lugar a dudas, y vamos a demostrarlo, que la supervivencia hasta el presente de los agroalfareros cubanos, tainos y siboneyes, es algo conocido y probado más allá de toda duda razonable, antes de la conquista científica sintetizada en las letras ADN. Estos aborígenes pertenecen a la etnia arahuaca, igual es lícito escribir Arawak, aún viva en la amazonía. Sus ancestros emigraron a las Antillas unos mil años antes que nos visitara el Gran Almirante de la Mar Océana, y Cuba fue el final obligado de esta emigración sucesiva, al cerrar el gran arco de islas que conforman un mediterráneo tropical.

Sin ir tan atrás en el tiempo, que nos obligaría a entrar en archivos propios de especialistas, es mundialmente conocida la foto de la India Gainsa, tomada por el arqueólogo estadounidense Mark Reymond Harrington en 1919, durante su extenso periplo del oriente al occidente de la mayor insularidad caribeña, auspiciado por la Smithsonian Institution.

No es una foto aislada, Harrington tomó otras igual de elocuentes, pero la mirada desafiante de esta mujer, auténtica sobreviviente del holocausto indígena, es impactante. Otras imágenes captadas por el arqueólogo nos muestran una familia, mujer indígena, esposo de origen ibérico, otros niños y no falta una canoa hecha con un tronco de palma real, anclada en la rivera del Toa, el río de mayor caudal en Cuba, columna vertebral de la única selva tropical clasificada como tal en nuestro país, convertida en el parque natural Alejandro de Humboldt. El pie de foto escrito por Harrington es argumento y reto desde hace un siglo: The canoe did not disappear (La canoa no ha desaparecido).

Durante el pasado 2018, el Centro Latino asociado al Smithsonian, abrió una exposición dedicada a este pasado que se niega a desaparecer no solo en nuestro gran archipiélago tropical y, las fotos antes comentadas se exhibieron durante largo tiempo.

( la india cubana Luisa Gainsa)

Los estudios del mencionado arqueólogo norteamericano fueron publicados inicialmente en un libro de obligada lectura para quiénes se interesan por el tema que nos ocupa, bajo el título de Cuba Before Columbus (1921). Cuba antes de Colón, fue traducida al español bajo el cuidado del ilustre etnólogo cubano Fernando Ortiz, de prolífica labor, a quien paradójicamente, le debemos buena parte de la controversia que estamos tratando.

El portal web CUBAENCUENTRO, dándole justa bienvenida a Cuba indígena hoy, sus rostros y ADN, reproduce una entrevista telefónica del reportero Carlos Olivares al novelista y considerado etnólogo Miguel Barnet, conocido por el multi editado testimonio Biografía de un cimarrón, traducido al inglés como Biography of a runaway slave.

Luego de una larga carrera matizada por cargos políticos designados por el gobierno cubano y su partido comunista, a los 82 años Barnet preside la Fundación Fernando Ortiz, creada bajo su iniciativa y con el aval de haber sido discípulo directo del sabio que le da nombre.

Tal vez sea la edad, pero asombra esta declaración suya, tomada del portal web CUBAENCUENTRO, sobre el nuevo texto de antropología que nos motiva:

“Este libro explora en la pervivencia y herencia legada por los habitantes originarios del archipiélago cubano: tierras de los indios taínos, siboneyes y guanajatabeyes, de quienes sólo se refiere que dejaron alimentos como la malanga y la yuca. El más respetado etnógrafo cubano, Fernando Ortiz, afirmaba que los indios se extinguieron con la llegada española a principio del siglo XVI: este libro rompe con ese mito que ha imperado durante más de 500 años.”

Una deducción simple acorta la pervivencia de tal mito a menos de un siglo de historiografía. Aunque figuras de tanto prestigio intelectual como Ortiz, ejercieron influencia para mantener la aseveración absolutista de la “desaparición de los indios”, antes de escribir su prolífica obra, en su tiempo y ya en su ocaso existencial, la tesis de Don Fernando fue rebatida con argumentos convincentes.

La negativa a una conclusión derivada de los testimonios del Harrington traducido y publicado en Cuba por Don Fernando, pretendía preservar la pasión predominante en sus estudios, el indudable y por entonces soslayado aporte africano a la cultura cubana.

Sin embargo, en pleno apogeo de su vida intelectual, el gran etnólogo debió leer en Bohemia, la revista número uno de Cuba, de gran difusión en Latinoamérica, un reportaje firmado por el entonces joven espeleólogo, recién graduado Dr. en filosofía por la Universidad de La Habana, Antonio Núñez Jiménez, quien tituló su noticia “Con los últimos indios de Cuba” —año 1949—, relatando la presencia de descendientes aborígenes claramente identificados en Yateras, La Caridad de los indios y Punta de Maisí, actual provincia de Guantánamo, así como en Ocujal del Turquino y Bella Pluma, Sierra Maestra, provincia de Santiago de Cuba.

En 1962 Núñez Jiménez, capitán del ejército rebelde de Fidel Castro, fue nombrado por su Comandante en Jefe Presidente de la recién creada Academia de Ciencias de Cuba, una de cuyas oficinas ocupó Fernando Ortiz.

En este lugar, debió confrontar, ya anciano, con el Antropólogo Dr. Manuel Rivero de la Calle, profesor de la Universidad de La Habana, quien llegara a presidir la cátedra correspondiente. Rivero de la Calle estudió al fondo una muestra de población aborigen superviviente en Yateras, municipio de la provincia de Guantánamo, demostrando con apoyo de las técnicas entonces existentes, el indudable ancestro indígena arahuaco de estos cubanos.

Los resultados de su investigación, además de publicarse en revistas científicas, aparecen sintetizados para el lector general en la obra Las Culturas aborígenes de Cuba (1966), de cuyo contenido cito:

“El grupo que conserva más puras sus características aborígenes y, a la vez el más numeroso, se encuentra viviendo en el municipio de Yateras, provincia de Guantánamo. Se ha calculado que más de 1000 personas de esta región presentan esas características, y en algunas son tan evidentes los rasgos de nuestros primitivos aborígenes que se les conoce con el nombre de “indios” y nadie tiene dudas de quiénes son estas personas.”

Sobre la valoración de esta investigación, escribió posteriormente otro especialista en la materia, José Barreiro, Smithsonian Scholar Emeritus, quien ha dirigido numerosos proyectos de esta institución centenaria, siendo fundador además de la Red de Pueblos Indígenas. Su pasión le llevó a Cuba, al extremo por donde primero sale el sol en el país, lugar que recorrió con un guía excepcional, el antropólogo Alejandro Hartman, historiador de la Ciudad de Baracoa y, uno de los 5 autores del libro que es noticia.

Primero leemos la apreciación de este destacado miembro del exilio cubano sobre las investigaciones del Dr. Rivero de la Calle:

“El estudio biológico de Rivero, realizado en dos etapas —1964 y 1972-1973— se centró exclusivamente en certificar la composición racial en una muestra de 300 personas de origen indígena del municipio Yateras. Su metodología incluyó mediciones antropométricas y observaciones somastópicas (siguiendo el Programa Biológico Internacional), características serológicas y genealogías familiares.” (Sitio Web: Cultural & Survival. Indios en Cuba, 2 de marzo de 2010).

Se trata de un conjunto de técnicas antropométricas evaluativas del cuerpo humano en toda su manifestación visible que excede en detalles al presente artículo: Estatura, hombros y caderas, mandíbulas, narices, pilosidad de la piel, cabellera, epicanto, oblicuidad de los ojos, iris, arcos superciliares, regiones glúteas, pelvis, pies y piernas, y coloración de la piel. Los resultados fueron comparados con la numerosa colección de restos humanos correspondiente a nuestros aborígenes, otros testimonios y estudios conocidos de la población arahuaca actual.

Las conclusiones que hemos citado, se reproducen actualizadas en una segunda obra de tan importante autor, esta vez firmada junto al profesor de la Universidad de La Habana y arqueólogo, Ramón Dacal Moure. Hablo de Arqueología aborigen de Cuba, de la editorial dedicada a la juventud Gente Nueva, La Habana, 1984.

Volviendo a Barnet, resulta inexplicable, por lo obvio, su errado comentario en torno al legado indígena cuando dice “de quienes sólo se refiere que dejaron alimentos como la malanga y la yuca.” Dejaron muchísimo más, es penoso que siendo este señor el asiento número dos de la Academia cubana de la Lengua, desconozca el aporte de más de 200 vocablos claramente tainos al idioma que hoy se habla en Cuba.

El profesor José Juan Arrom, cubano de Mayarí con cátedra en Yale, escribió durante sus 97 años de vida enjundiosos ensayos sobre la cultura taina, de los cuales señalo Mitología y artes prehispánicas de las Antillas (1975), Estudios de lexicología antillana (1980) y El murciélago y la lechuza en la cultura taína, editado con Manuel A. García Arévalo (1988).

Por si fuera poco, el entrevistado para CUBAENCUENTRO no puede desconocer a un colega suyo que también tiene asiento en la Academia Cubana de la Lengua, Sergio Valdés Bernal, autor de un texto en dos volúmenes titulado Las lenguas indígenas de América y el español de Cuba (1991-1993).

Inclusive, sin repasar los libros enumerados, bastaría andar por los campos del país, apreciando herencias indias tales como el bohío, humilde casa campesina, los caneyes, construcción mayor, muy difundida en las instalaciones turísticas, los recipientes elaborados con la Yagua, el pan de yuca llamado casabe por los tainos y, una larga lista donde ocupa lugar especial toda una tradición asociada a la Palma Real, árbol símbolo nacional.

¿Habló a la ligera el autor de Biografía de un cimarrón? ¿Descuido del entrevistador, igual de ausente a conocimientos tan populares?

A sus 82 años, Miguel Barnet ha causado vergüenza ajena cuando, por ejemplo, justificó y minimizó la responsabilidad de Fidel Castro en la represión sistemática de los homosexuales durante la década del sesenta.

En cuanto al mito de la desaparición de los aborígenes cubanos a mediados del siglo XVI, interpretando el hecho en la calidad de conclusión general, puede darse por válido si consideramos que de una población estimada por expertos en tal vez 200 mil individuos, sobrevivieron quizás 5 mil. El genocidio del 97 % de una población es un acto de exterminio, aunque lo extraordinario está en quienes sobrevivieron para con su presencia denunciarlo. La mirada de Luisa Gainsa condena para siempre lo que jamás debiera repetirse.

Por tanto, es altamente pernicioso y totalmente anti educativo conocer que el libro de texto básico para enseñar historia de Cuba, contiene el este párrafo:

“Una cultura que llevaba diez siglos de evolución en Cuba —su llegada el tiempo coincide con la invasión bárbara visigoda de España y el fin del imperio romano occidental— desapareció pocos años después de la llegada a América, a fines del siglo XV, de los descendientes de los visigodos, los españoles.” (Eduardo Torres Cuevas, Doctor en Ciencias Históricas, autor de Historia de Cuba en 3 tomos.)

Tal cultura y sus habitantes, definitivamente no desaparecieron, inspiran a otros novelistas de dignidad manifiesta, en especial menciono a Daína Chaviano, cuya última obra se titula Los hijos de la diosa Huracán. Precisamente el Catedrático emérito de Yale, José Juan Arrom, ha afirmado que fue huracán la primera palabra india incorporada regularmente a la lengua española.

Un doctor en ciencias históricas cubano, conoce de seguro la existencia de los llamados “pueblos de indios”, resultado del decreto real que en 1542 puso fin a las encomiendas, declarando a los nativos americanos súbditos del monarca español. Esta ley demoró una década en hacerse efectiva, cuando según estimaciones de expertos, tal vez quedaban en Cuba unos 5 mil indígenas.

Entonces fueron creadas varias comunidades bajo los derechos dados por el Rey, de ellas, un ejemplo fue recordado por el periodista Osviel Castro Medel en el segundo diario de mayor circulación del país, Juventud Rebelde, 24 de enero de 2011. Se trata de Jiguaní, fundado el 25 de enero de 1701 por el indio Miguel Rodríguez, con el apoyo de un cura llamado Andrés Jerez, según confirma el historiador de la localidad, Hugo Armas.

Otro capítulo de especial interés es el testimonio del Lugarteniente General del Ejército Libertador, de hecho su segundo Jefe, Antonio Maceo Grajales, citado por José Barreiro:

“Antonio Maceo ordena, utilizando la actividad de una india yerbera/médium, conocida como Cristina, lograr poner a los indios al lado de la causa mambisa e incluso se formará una unidad de combatientes indígenas en la zona de Maisí que ha pasado a la historia como Regimiento Hatuey, el cual participó en numerosas acciones hasta el fin de la Guerra de Independencia en 1898 y entre ellas los historiadores resaltan la importancia de la batalla de Sao del Indio.” (Sitio Web Cultural & Survival )

Volviendo al libro de reciente publicación, Cuba indígena hoy, sus rostros y ADN, el portal web No. 1 del rating en internet si de nuestro país se trata, CiberCuba, incluye una nota con la siguiente aseveración:

“En 2019 el fotógrafo español Héctor Garrido, uno de los impulsores del proyecto, comentó a la cadena SER que existían pruebas científicas de la existencia de descendientes directos de los taínos y causó revuelo al afirmar que no se extinguieron, tal y como han planteado los historiadores cubanos.”

Es perdonable en términos de historiar, esta imprecisa opinión de un fotógrafo español a quien hemos de agradecer su indudable protagonismo en el proyecto que dio a la luz el libro, junto a otros materiales audiovisuales de indudable valor. Sin embargo, ni Fernando Ortiz, ni el Dr. Torres Cuevas, menos aún el novelista Miguel Barnet, componen juntos a “los historiadores cubanos.”

Hay una pléyade de cronistas del pasado nacional de imperecedera memoria, cuyas obras ocupan un espacio imposible de borrar con algunas simples declaraciones mediáticas.

Quien escribe habla con pleno conocimiento de causa, conocí al catedrático Arrom durante su visita a Cuba en 1980, participando de un productivo almuerzo cargado de enseñanzas, en Trinidad, durante la IV jornada de la Cultura Aborigen, bajo la dirección personal del Dr. Antonio Núñez Jiménez. Con este último participé en varias expediciones por las cavernas de nuestro hermoso cocodrilo verde.

Desde entonces colaboré con Rivero de la calle y Ramón Dacal, de quiénes fui alumno de postgrado. Ejerciendo la responsabilidad de Director del Museo Municipal de Historia de Isla de Pinos, mal llamada Isla de la Juventud, realizamos una excavación arqueológica dirigida por el propio Rivero, en Punta del este, litoral sur pinero, conocido por la existencia en sus cavernas marinas de la más notable muestra de arte rupestre de las Antillas.

Años después conocí en Baracoa a Alejandro Hartman, historiador de la ciudad primada de Cuba, durante la siguiente jornada arqueológica nacional (1985).

Entonces volví a mi niñez en aquellos parajes selváticos, únicos de su clase en nuestra patria, porque mis padres enseñaron allí durante un lustro de sus vidas a los niños montunos, abundaban entre ellos los de clara identidad india, junto al Duaba, cuya desembocadura sirvió de rada al Titán Maceo, al desembarcar el 1ro de abril del glorioso año 1895.

Está de moda en las redes sociales la expresión cambiar el mundo, asociada a hechos y personas que supuesta o realmente, en algo o mucho han ejercido influencia en la globalizada vida actual. La frase, de tanto usarla, ha degenerado y deben reprobarse los excesos que oscurecen con sus olvidos la continuidad de los procesos históricos, además, porque “honrar honra”, bien lo dijo el Maestro de la ética política e intelectual, José Martí.

Cuenta José Barreiro, destacado activista por los derechos de los pueblos indígenas de nuestro planeta, que durante su visita a La punta de Maisí, mientras discutía con su colega, el historiador Hartman, sobre el grado de autenticidad de aquella cultura aún viva, desde el asiento trasero del auto, el indio Pedro Hernández, habitante de una comunidad allí radicada, cuyo padre y abuelo guiaron a Núñez Jiménez y Mark Harrington respectivamente, les interrumpió diciéndoles:

“Pero estoy aquí, Indios o descendientes, es lo mismo. Ellos, los viejos taínos, estaban aquí. Ahora, nosotros, mi generación, estamos aquí. No vivimos exactamente como ellos, pero todavía estamos aquí”.

Desde hace al menos un siglo, Luisa Gainsa viene diciendo lo mismo.

© cubaencuentro.com

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Tomado de https://www.cubaencuentro.com/ 

«Cuba Indígena Hoy»

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Un estudio que subraya la presencia de raíces nativas en la población cubana y rompe con la creencia de que los primeros pobladores de la isla desaparecieron tras la llegada de los españoles

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Por Carlos Olivares Baró

 Ciudad de México

07/04/2023 

Un equipo multidisciplinario (antropología, genética clínica, historia, sociología…) publica Cuba Indígena Hoy. Sus Rostros y ADN (Ediciones Polymita, 2022) en colaboración con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo donde se contradice que la población nativa de la Isla haya sido extinguida después de la llegada de los españoles. Resultado de una investigación que demuestra con pruebas de ADN que la herencia india sigue latente en la población cubana.

Volumen que recoge las conclusiones de un estudio in situ (área de la provincia de Guantánamo, municipio de Baracoa) conformado por los ensayos: “Cuba Indígena: Genesis de un proyecto”, del etnógrafo español Héctor Garrido; “Aquí estamos”, del antropólogo cubano Alejandro Hartmann; “Herencia aborigen en el siglo XXI cubano”, del sociólogo cubano Enrique J. Gómez; “Cuba indígena: huellas en el ADN”, de la cubana, especialista en Genética, Beatriz Marcheco; y “Los rostros del ADN”, de Beatriz Marcheco y Héctor Garrido.

“Este libro explora en la pervivencia y herencia legada por los habitantes originarios del archipiélago cubano: tierras de los indios taínos, siboneyes y guanajatabeyes, de quienes sólo se refiere que dejaron alimentos como la malanga y la yuca. El más respetado etnógrafo cubano, Fernando Ortiz, afirmaba que los indios se extinguieron con la llegada española a principio del siglo XVI: este libro rompe con ese mito que ha imperado durante más de 500 años”, explica en entrevista telefónica con CUBAENCUENTRO el etnógrafo, poeta y escritor cubano Miguel Barnet, autor del clásico Biografía de un Cimarrón.

¿En qué consiste el proyecto Cuba Indígena Hoy?

Aporta una nueva visión sobre esta polémica histórica a través de un estudio que empalma los rasgos físicos individuales de pobladores de la región oriental de Cuba, sobre todo de Baracoa, con los análisis genéticos. La edición se enriquece con un catálogo fotográfico que ilustra el genotipo indígena de estas poblaciones.

¿Investigación concluyente sobre el tema?

Se decía hace poco que aún quedaban algunos indígenas cubanos ‘mestizados’ por las serranías de Santiago de Cuba y de Pinar del Río; pero nada científicamente se podía asegurar, ahora con estas conclusiones avaladas por estudios de ADN se puede afirmar que la huella indígena en Cuba nunca desapareció. Lo más sorprendente y emocionante de Cuba Indígena Hoy se sustenta en sus irrebatibles resultados científicos.

¿Leyenda que perduró durante más de cinco centurias?

(foto del libro) 

Según estudios arqueológicos, puede especularse que en 1510, el número total de indígenas cubanos era de unos 112 mil, se cree que el 50 por ciento se asentaba en la geografía oriental (Santiago, Guantánamo, Baracoa…); pero, las enfermedades contagiosas de los europeos, las carnicerías humanas, la mala alimentación, los brutales trabajos y los suicidios, entre otras procedencias, hicieron que en 1570 quedaran sólo 3 mil: la mayoría del sexo femenino, quienes se convirtieron en esclavas sexuales de los españoles. De esos datos parte la creencia de la extinción nativa en la Isla.

¿Pruebas de ADN echan abajo lo que se decía?

Así es. Estudios realizados en las localidades de Baracoa donde se refugiaron pequeños grupos de indios cubanos, sobrevivientes de la crueldad de la colonización con resultados científicos que exigen reinterpretar los hechos. El ADN reveló que mientras a nivel nacional el porcentaje de genes de origen amerindio era del 8 por ciento; en Baracoa, llegaba al 20 por ciento. Es interesante, recordar que le ponemos al apodo de ‘indio’ a las personas nacidas en esa región de piel morena y pelo lacio.

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jueves, mayo 05, 2022

Haroldo Dilla Alfonso: En memoria del Dr. Roberto Rodríguez Suárez (1953-2022)

Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

Recordando a «El Yanqui»

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En memoria del Dr. Roberto Rodríguez Suárez (1953-2022)

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Por Haroldo Dilla Alfonso

Santiago de Chile

04/05/2022 

Hace unos días tuve un arranque de curiosidad por saber algo de un gran amigo: Roberto Rodríguez Suárez. De los que siempre se quiere, y con el que compartí buena parte de mi vida juvenil, esos espacios de vida en que las relaciones te marcan para siempre, dando o tomando prestado, probablemente porque son los momentos en que aun aprendemos lo fundamental de la vida: convivir.

No demoré mucho en dar con la terrible noticia de su muerte, unas semanas antes, aquejado por un Covid que se empeñó en terminar de destruirle un sistema renal achacoso. La nota no venía de una fuente cubana, mucho menos de la prensa, pues la prensa cubana nunca se tomaría el trabajo de reportar el deceso de un tipo como Roberto. Lo hicieron los científicos mexicanos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, con quienes tuvo la oportunidad de compartir algunas jornadas de trabajo en sus años finales. Pero curiosamente lo anuncian —con esa ingenuidad militante de una parte de la izquierda mexicana— como un “espléndido hijo de la revolución cubana” cuyo mérito más relevante fue haber participado en el equipo que encontró los restos de Ernesto Guevara y sus compañeros muertos en Bolivia.

Imagino a Roberto —a quien todos decíamos “El Yanqui” por su cara ancha siempre colorada por el sol, ojos claros y pelo rubio— riendo a carcajadas tanto de la omisión como de la mención. Porque Roberto era un tipo muy irreverente, directo y profundamente desinteresado en la política. No es que fuera insensible, pero nada en el anunciaba ni a un partisano, ni a un opositor del sistema. Su vida, y en eso fue formidable, eran las ciencias que cultivó y su familia que cuidó con esmero en un matrimonio de 49 años con Esther Lobaina —su alter ego contestatario— que solo la muerte interrumpió. Y eran sus amigos, entre los que me cuento con orgullo.

(Dr. Roberto Rodríguez Suárez )

Su gran mérito científico no reside, en haber participado en la búsqueda de los restos del Che Guevara, por mucho que ello entusiasme a los mexicanos solidarios o que alguna que otra vez Granma lo haya mencionado, sino en haber desarrollado metodologías de análisis aplicadas en nuestra arqueología —siempre recuerdo su pasión temprana por el desarrollo de un método que permitiría la datación mediante la variación del colágeno en los huesos y sus aportes a los estudios tafonómicos, justo lo que los mexicanos le agradecen en su nota. Y hacerlo a pura pasión, con muy pocos recursos y aún menos estímulos. En términos locacionales, sus estudios son cruciales en el conocimiento de la arqueología de la costa norte Habana/Matanzas, donde enfocó su mayor atención en el sitio arqueológico más importante del occidente cubano, casi en la desembocadura del río Canímar. No es posible hacer una historia de la arqueología en Cuba sin citar a Roberto Rodríguez, justo lo que muchos de los contertulios del grupo estudiantil hubiéramos querido, y solo él consiguió.

Lo vi por última vez hace 20 años, durante mi último y único viaje a Cuba tras mi salida. Nos encontramos en una cafetería del Vedado y hablamos largo y tendido de muchas cosas, incluyendo sus intenciones de extender sus contactos científicos con otros lugares de América Latina y eventualmente concluir su doctorado. Las dificultades en la comunicación con la Isla por un lado, las múltiples ocupaciones por otro, limitaron nuestros contactos a breves cambios de mensajes, siempre amistosos y deseándonos vernos pronto. Alguien me dijo que había estado deambulando por los muy sofisticados centros de investigación de la UNAM, por lo que me ilusioné con la idea de encontrarlo en alguno de mis viajes a México. Pero llegó esto, inevitable, y nunca mas podré disfrutar esa carcajada sonora de mi amigo “El Yanqui”, tan sincera como su vida. Pero eso no quiere decir que vaya a prescindir de él por el tiempo que me queda sobre el planeta.

Me explico. En aquellos lejanos tiempos en que ambos no llegábamos a los 20, una noche, en la costa de Boca de Jaruco, me dio una lección tan ética como práctica, que siempre he recordado. Éramos entonces miembros de un grupo estudiantil de espeleología, cuyo jefe, un apasionado de los usos militares (cosa de los tiempos) decidió una noche, durante una expedición, expulsarlo del grupo por indisciplina. “El Yanqui” no dijo nada y cuando el grupo echó a andar buscando los espléndidos farallones de Punta Jijira para armar campamento, sencillamente caminó junto a él. Cuando “el jefe” le recordó que estaba expulsado, Roberto se limitó a responder que él solo caminaba junto a un grupo de personas que eran sus amigos. Y se quedó, con tanta fuerza, que muchos años después, conversando con el entonces jefe en un bar de Miami, me confesó que esa noche se había sentido muy frustrado pues no supo que hacer ante la irreverencia del “Yanqui”. Roberto nos demostró, a esa edad en que todo se aprende, que es posible resistir las decisiones arbitrarias simplemente no acatándolas. Y luego, que siempre es posible estar si consigues ser parte.

Tras su muerte, él está, porque ha sido siempre parte. Por ello no solo invoco al científico indispensable, sino también seguiré dialogando con el amigo, —directo, transparente, sencillo— como en aquellos tiempos cuando a orillas del Canímar, nos dedicábamos despreocupadamente a imaginar un futuro que creíamos lineal y lleno de colores.

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sábado, enero 11, 2020

Sobre Lydia Cabrera (autora del libro El Monte, de religión afrocubana) escribe Gastón Baquero y habla la Dra. Mariela Gutiérrez gran especialista en la vida y obra de la relevante etnóloga conocedora de la religión yorubá o Lucumí

Un Café con Pinelli (Lydia Cabrera (Mariela A. Gutierrez)) [Viernes Enero 10, 2020]


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Una carta de Gastón Baquero a Lydia Cabrera

Querida, querida Lidia:

La gente que habla swahili, gente de toda cortesía, abre su saludo diciendo: ¿jambo? ¿abari gani? que es la versión elegante de nuestro decir montuno y criollo ¿quíubo, qué pasa en el timbeque? Jambo, y quíubo, y holaquetál, te digo. Y como siempre, te escribo Lidia con i, porque en español eso es pelea, lucha, batalla. La y no le pega nada a una criolla rellolla. Con la i de Martí hay bautizo suficiente.

Florencio me dice que va a dedicarte un número de su admirable periódico de arte y patria, dos cosas que siempre están vivas y con ímpetu de carga al machete, de mambisería, en Florencio. Y como a él es inútil decirle no, porque hace mucho rebanó del diccionario esa palabra, como quien se saca la nigua del dedo gordo con una agujita de hacer canebá, yo acepto con gozo el participar de alguna manera en este “asaltico” que en el día de tu santo Florencio y muchos más quieren darte. Me arrebato y entro en la trulla guajira de tu alabanza, con sombrero de guano, con zapatos de baqueta, con filipina cruda, ¡y con bandurria! para cantarte el punto guajiro como una diana por el veinte de mayo, y por tu veinte de mayo.

No me gusta la palabra “homenaje” porque casi siempre rima con paliza y con uno de esos discursos que llaman algunos cubiches “arranque tribunicio”. ¡Solavaya! Decir “vamos a darle un homenaje a Fulanito”, o algo peor, vamos a darle un “homenajito” (en mi pueblo había una maestra linda y achocolatada como un cucurucho de Baracoa, que decía homenajecito y resoponcito), es como amenazar a un niño con leerle un artículo de E. R. de L. [se refiere a Emilio Roig de Leuchsenring] en Carteles, tortura prohibida expresamente en las partidas de Alfonsito el Sabichoso.

¡Los homenajes con discurso! ¿Te acuerdas de aquel amigo, bajito, melenudo, que parecía un león con cólico nefrítico nada más trepar a la tribuna, y perdía la noción del tiempo (no sin advertir modestamente al comenzar “voy a ser breve, muy breve”), y se arrojaba en la borrachera de las palabras, y traca, traca, traca, y fuácata, fuácata, fuácata, dejaba a los comensales hechos una cutarita, despeluzados como malatobos espoloneados por gallitos-giro de Manila rociados con sangre de cotunta?

No quiero imitar esto, ni aun por escrito que puede dejarse cuando uno quiera, porque sumarse a un homenaje por letra impresa no puede ser tampoco una ocasión para sacar el pavo real que llevamos dentro a pavonearse bajo el sol. Lo que quiero decirte, Lidia con i, es que me parece muy bien que gracias esta vez a Florencio podamos dejar regrabado en letras el sentimiento de gratitud hacia ti, que junto con el de cariño, tenemos muchos de los criollos que para ser completamente tales vivimos hoy como vivieron los mejores cubanos del siglo pasado, sin patria, pero sin amo.

Por muchas que sean las repeticiones escritas de estos sentimientos guajiros, criollos de raíz, ganados por Lidia en las almas de los cubanos-cubanos, siempre serán pocas en comparación con lo que te debemos. Lo escrito queda, y puede ser perenne, hasta donde cabe aspirar a perennidad para las acciones humanas. Lo que escribamos de ti, lo escribimos e imprimimos de la cubanía perfecta. (Iba a decir, no de ti, sino sobre ti, pero me avisé a tiempo de que escribir o imprimir sobre ti sería como anunciarte que vamos a hacerte un tatuaje, ¡y a no ser que se tratase de una palma real pintada por Botticelli, no veo cuál otro tatuaje sería propio de ti!). Por mucho que digamos en alabanza de quien como tú dedicó y dedica su vida a enseñarnos a identificar y a amar las raíces, no devolvemos ni la milésima parte de lo que nos tienes dado.

Lidia: hiciste muy bien en nacer un 20 de mayo. Eres lista prenatal. Naciste en el día del nacimiento de la República, y tú y yo sabemos a cuánta maravilla sabe la palabra República, la República. Lo que eso quiere decir para los cubanos con un poquitico de raíces criollas intactas, es difícil contarlo a los extraños. Ahora andan sueltos por ahí y por aquí, y por todas partes, algunos cubanitos comemierdas que dicen no sentir la patria, ni importarles nada su destrucción y su pena. Yo creo que adoptan esa pose, no por la cursilería de hacerse los europeos o los norteamericanos, sino porque les falta el valor de amar a Cuba, de querer a la patria, y estar lejos de ella. Para no sufrir, fingen no amar, no sentir nostalgia, ni echar de menos las raíces. Han hecho de la expatriación una despatriación, para que no les duela la diáspora, porque su egoísmo, su frivolidad y su hedonismo de quincallería les exige quitarse del corazón todo lo que pueda llevarlos al santo insomnio de Cuba.

Ahora que nos acercamos a la hora del bilan, del pasar balance, tú tienes que sentirte muy serena y contenta de tu fidelidad a la cubanía, a lo criollo rellollo. Habrá nacido contigo, dirás, para quitarle importancia a tu actitud y a tus aptitudes. Pero venga de donde venga, de volición o de destino, esa encarnación que hay en ti de lo criollo profundo, es cosa que fue, es y será una bendición para Cuba y para los cubanos.

El veinte de mayo nació una nueva manera —diseñada por Martí sobre la materia prima que venía borboteando entre las venas de la isla a lo largo de tres siglos— de ser entendida y cumplida la convivencia ideal de los cubanos. Las dificultades, las desobediencia a lo dictado por los Fundadores resumidos en el Fundador de la República, los incumplimientos y deslealtades con la patria, no dañan para nada al ser auténtico de la patria. Una de las características del bien es la resignación y la paciencia con que se espera que pasen los días del mal. La República, la Idea de la República del 20 de mayo, no ha muerto, ni puede morir.

Quienes, ciegos ante la historia y ante la verdad de esa República, han creído posible borrar las fechas, anular la manera martiana y pura de la convivencia, destruir todo el edificio de la República (dicen ellos que por tener grietas aquí y allá, goteras y defectos en la cumbrera exterior del tejado), no han podido hacer otra cosa que encadenar y retrotraer a Cuba a otra manera de colonia, cien veces más atroz que la anterior. No celebran el 20 de mayo, ni el 10 de octubre, ni el 24 de febrero, ni el 7 de diciembre, porque se han quedado sin raíces y sin libertad —¡el bien de los bienes, hasta para las bestias!— y pretenden que su patria está en Moscú, y que su Céspedes es Lenin, su Martí Fidel, y su Maceo el Ché. Decían “patria o muerte”, y la gente aplaudía; aplaudía hasta que descubrió que lo que querían decir estos cabritos era “patria muerta”. Decían traer la libertad, la paz y el bienestar para todos, y lo que trajeron fue la M del marxismo-leninismo, que en el vientre trae únicamente, y siembra en cuanto se apodera de un país, las cuatro emes terribles: muerte, miseria, maltratos y mierda. Y si al horror del marxismo-leninismo le agregas a Castrico y su morralla, ¡quiquiribú mandinga!

Frente a los que intentan borrar de la conciencia de los cubanos, hállense dentro o fuera de Cuba, y sea cual sea la edad de cada uno, la noción verdadera de patria, de la cubanía, de la criolledad (noción excluyente de la esclavitud y de la crueldad, los dos pilares del comunismo), frente a esos desdichados, ¿no tenemos que sentir multiplicada por mil la gratitud ante los que como tú aman a Cuba, y traen cada día un recuerdo, una lucecita más para que no se esfume la imagen, para que no se haga en nosotros la oscuridad de oscuridades que es no amar a una patria, no sentir una raíces, no recordar la enorme dicha de haber nacido en Cuba, la gloria de ser cubano.

Lidia, te dejo. No quiero darte la lata en vez de tocar la diana del 20 de mayo, el tararí de la alegría porque te tenemos, la diana por tu nacimiento, que era todo lo que quería decirte. Nosotros los tauros estamos orgullosos de que pertenezcas a la Casa Zodiacal que fue la cuna de Shakespeare, de Mahoma, de Ortega y Gasset, del Papa Woitila, y donde se nos coló Carlos Marx, que era el menos malo de los marxistas, y que se espantaría de ver lo que han hecho con él, como se espantarían Cristo y Martí, de lo que han hecho con el cristianismo y el martianismo muchos de sus presuntos seguidores.

He dicho más de una vez que las dos máximas desgracias históricas de la humanidad son las manos en que acabó por caer el cristianismo, y las manos en que cayó el socialismo. Los latinos teatralizaron y deformaron el cristianismo, por estatizarlo como los españoles, o por politizarlo y comercializarlo como los italianos; y los eslavos secuestraron el socialismo y lo monstruizaron en el molde tradicionalmente tiránico y esclavizador de aquella gente. Ni el latino concibe la humildad, ni el eslavo concibe la libertad, salvo rarísimas excepciones: San Francisco de Asís de un lado, Fedor Dostoievski de otro, y pocos, muy pocos más en ambas filas. ¡Un desastre que abarca veinte siglos de historia!

Perdóname por citarme a mí mismo, señal de que mi mala educación empeora por días. Estoy llegando, si no he llegado ya, a esa insoportable edad en que el hombre sólo habla de sí mismo, la edad del yo-yo-yo, que es también la de la vuelta al yoyo, pues por algo dijo Chateaubriand que un viejo es dos veces niño, y por algo dice un cuasi-poeta amigo tuyo llamado Gastonet que el viejo es un orinal donde mean los elefantes de los ángeles.

Te dejo al fin, que esto va pareciéndose a un discurso del caudaloso doctor Zayas. Yo aprendí a reconocerte el tesoro de la cubanía a raíz de lo que de ti pensaba y decía Lezama. Íbamos a verte a San José, a ti y a esa Dama Cubana pura que es Titina Rojas, como quien iba a una ceremonia de rebautizo bajo una ceiba. Cierto es que ni a él ni a mí nos faltó nunca el cordón umbilical bien ceñido a la tierra nuestra, pero de tiempo en tiempo sentíamos la necesidad de empaparnos más de lo cubano, como bajo un aguacero tremendo, de los que traen enterrado en los goterones de lluvia los frutos y la vida. Y fue Lezama quien nos confirmó la fiesta innumerable que es nacer donde nacimos.

Sé, Lidia, que no hace mucho bailaron un danzón Eugenio Florit y tú. Esa estampa criolla no me la perdí, porque yo vivo en el recuerdo, respiro por la memoria. Vi y reviví esa danza de ustedes, y me sentí muy feliz. Ya vendrán otros tiempos. Quizás no estaremos corpóreamente en ellos, ni tú, ni yo, ni ninguno de cuantos hoy estamos al lado tuyo duplicando el amor al 20 de mayo. Pero de algún modo sí estaremos allí, estaremos en los tiempos del otro renacimiento de Cuba, porque nunca hemos dejado de sentirnos extranjeros dondequiera hayamos vivido y vivamos fuera de Cuba. Albert Camus lo expresó a la perfección: Étranger, qui peut savoir ce que ce mot veut dire. Y el sol nuestro de cada día, el Martí de exilios infinitos, dijo: “Ya tarde a casa vuelvo [sic]: ¿Casa dije? no hay casa en tierra extraña!” [sic]. Somos extranjeros, a mucha honra, pero a mí en particular me duele que criollas como tú no puedan celebrar en Cuba el veinte de mayo de cada año y de todos los años, sea sobre o debajo de la tierra cubana, que es lo mismo.

Iba a despedirme con saludo africano-cubano, tomado, naturalmente, de un libro tuyo, pero recordé aquello que le dijo Nicolás Guillén a Stalin: “Capitán, a quien Changó proteja y a quien resguarde Ochún”, y luego de reírme abundantemente de esta comemierdería de Guillén, dí marcha atrás, por si acaso. Me despido sin más a la criolla, de ti, guajira profunda, capaz de hablar lo mismo con Rudyard Kipling que con Tata Cuñengue: ¡hasta pronto, hasta lueguito, hasta siempre, Lidia!

Un abrazo mío para Titina. Un recuerdo grande, de gratiud, para la buena gente que te quiere y te ayuda a seguir con la luz del alma encendida para iluminación de Cuba y de los cubanos. Pienso en Josefina Inclán, en Rosario Hiriart, en tantos nombres que, a la l no puedo poner aquí ahora. Tú eres algo tan especial, que has conseguido que hasta algunos mequetrefes del sub grupo Orígenes, que no respetan nada ni a nadie, se quiten ante ti el mugriento sombrero. Te pasa un poco lo que a Martí, que hasta los comunistas tienen que pretender apropiárselo. Tú eres demasiado buena. No te dejes entrevistar ni dar la lata por ninguna cagarruta con espejuelos, como esa que te entrevistó hace poco. Cuídate como un gallo fino, por dentro y por fuera. Huye de la gente con focú, de la que hay abundancia en Miami, capital del bembeteo, donde hay tantos que no pudiendo matar a Fidel de un bombazo quieren matarlo de un bembazo.

Te quiere, y pide bendiciones para ti a la luna, a la albahaca, a las nubes, a los montes, al mar, tu amigo, guajiro de Bijarú, de Remanganangua y de los Remates, de Bayatiquirí y de Baní, de Camagüey y de Camajuaní, del Cobre y de Jatibonico, tu amigo,

Gastón

PS: Para no iniciados, enumero algunas citas del original, no demasido precisas en un hombre de la edad del que escribió la carta. En primer lugar, la alusión al poema de Eliseo Diego, “El sitio en que tan bien se está”,

    Tendrá que ver
    cómo mi padre lo decía:
    la República.

dibuja el escenario de la amistad/enemistad entre Gastón y Eliseo que tiene varios episodios abundantemente comentados.

La cita martiana, de los Versos libres (“No música tenaz, me hables del cielo…”), reza en el original:

    Si del día penoso a casa vuelvo…
    ¿Casa dije? no hay casa en tierra ajena!…
    ¡Roto vuelvo en pedazos encendidos!
    Me recojo del suelo: alzo y amaso
    Los restos de mí mismo; ávido y triste,
    Como un estatuador un Cristo roto:

La cita de Nicolás Guillén (Stalin, Capitán,/ a quien Changó proteja y a quien resguarde Ochún”) procede de su poema “Una canción a Stalin”.

[Esta carta se publica por cortesía de Cuban Heritage Collection, University of Miami Libraries. El mecanuscrito digitalizado puede consultarse aquí  .]

PD: Es posible fechar esta carta en 1982, pues el homenaje a Lydia que se menciona aquí tuvo lugar en mayo de ese año, en “Noticias de arte. Gaceta de las artes visuales, escénicas, musicales y literarias”, cuyo director era Florencio García Cisneros. La portada anuncia la colaboración de Gastón, pero ésta no aparece incluida. A parecer, llegó demasiado tarde.

PD2: La foto de Florit y Lydia Cabrera bailando un danzón  .

PD3: La referencia a Rudyard Kipling no es arbitraria: en 1935 Lydia y Titina de Rojas se encontraron con el escritor inglés en el balneario de Marieband. Aquí   y aquí  fotos de ese encuentro.



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