domingo, octubre 12, 2025

Videos sobre el Descubrimiento de América o Encuentro de civilizaciones: Los 3 Momentos Más Gloriosos de la Historia de España y Fray Bartolomé de las Casas: el "apóstol" de los indios. Un fabulador

Descubrimiento de América  Encuentro de civilizaciones

Los 3 Momentos Más Gloriosos de la Historia de España


Archivo Inédito

Julio 2025

Los Derechos de los Indígenas Americanos Durante la Monarquía Hispánica (Reyes Católicos)

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DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano


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Lo que la Leyenda Negra contra España no cuenta de las Leyes de Indias

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El cuerpo de normas que regló la vida en las colonias de América supuso el origen de lo que hoy conocemos como Derechos Humanos
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Imágenes añadidas al artículo por el Bloguista de Baracutey Cubano


Por Guillermo Llona
03/03/2013

«Y no consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien». Esta es la última voluntad que la Reina Isabel la Católica dirigió a sus súbditos en su testamento. Se trata sin duda de un deseo que choca con la imagen cruel que la Leyenda Negra ha propagado del Imperio español por todo el mundo.

Tal y como defiende Juan Sánchez Galera en su último libro «Vamos a Contar mentiras», y mal que les pese a los seguidores de la propaganda antiespañola, los monarcas hispanos no consolidaron la conquista de América a sablazo limpio, sino gracias a un ejército de maestros y curas. Frente a quienes presentan a los descubridores y conquistadores del Nuevo Mundo como crueles genocidas, el historiador afirma que Leyes de Indias que reglaron la vida en aquellas colonias supusieron el origen de lo que hoy conocemos como Derechos Humanos.

España consolidó la conquista de América con un ejército de maestros y curasEn 1493 el Papa Alejandro VI reconoce mediante la bula «Inter Caetera» la propiedad de la recién descubierta «terra nullis» (tierra de nadie) a los Reyes Católicos, a condición de que evangelicen a los nuevos súbditos. Pero muy pronto surge un debate en la intelectualidad española, alentado por la misma Corona, acerca de la licitud de obligar a todo el continente a pertenecer a un imperio con el que no había mantenido antes ninguna relación. Los españoles empiezan a hacerse preguntas incómodas. «Se parte completamente de cero con la premisa de establecer unas nuevas normas de convivencia entre los hombres, basadas no ya en lo que se entendía hasta ese momento como cierto en Europa, sino unos valores comunes a todos los hombres de todos los tiempos», explica Sánchez Galera.

Isabel la Católica fue la primera persona que se preocupó por los derechos de los indios: determinó que seguirían siendo los propietarios de las tierras que les pertenecían con anterioridad a la llegada de los españoles y, en el año 1500, dictó un decreto que prohibió la esclavitud. Nace así un nuevo derecho que, en palabras del autor, «reconoce que las libertades de los hombres y de los pueblos son algo inherente a ellos mismos, y que por tanto, les pertenecen por encima de las consideraciones de cualquier príncipe o Papa». Aquellas normas supusieron el punto de partida de la Leyes de Indias.

Más adelante, una junta de la Universidad de Salamanca convocada por el emperador Carlos V en 1540 concluye que «tanto el Rey, como gobernadores y encomenderos, habrían de observar un escrupuloso respeto a la libertad de conciencia de los indios, así como la prohibición expresa de cristianizarlos por la fuerza o en contra de su voluntad», cuenta Sánchez Galera. Con el tiempo se va formando un cuerpo de normas, las Leyes de Indias, que recogen, entre otros, los siguientes derechos para los indios: la prohibición de injuriarlos o maltratarlos, la obligación de pagarles salarios justos, su derecho al descanso dominical, la jornada laboral máxima de ocho horas y un grupo de normas protectoras de su salud, especialmente de la de mujeres y niños.

La esclavitud y las encomiendas

Aunque la Reina Isabel la Católica había prohibido la esclavitud, algunos colonos se ampararon en las encomiendas para sortear las leyes que llegaban desde la España europea y obligar a los indios a realizar trabajos forzados. Con todo, Sánchez Galera defiende la institución: «Los indios, fuera de ser unos desposeídos, son propietarios de pleno derecho de aquellas tierras que trabajan, y del rendimiento de las mismas pagan un tributo o servicio a su encomendero, quien a su vez tiene obligación de protegerlos y cristianizarlos. Como toda institución humana, la encomienda dio lugar a ciertos abusos, y en contados casos, incluso degeneró en una especie de esclavitud encubierta».

Ya en 1518 una ley establece ya «que sólo podrán ser encomendados aquellos indios que no tengan recursos suficientes para ganarse la vida, así como que en el momento en que fuesen capaces de valerse por sí mismos habrían de cesar» en este régimen. De todos modos, Carlos V da una estocada mortal a la institución con sus Leyes Nuevas de 1542, que limitan sobremanera las situaciones en que se podía poner en práctica.

En cualquier caso, la actitud de los monarcas españoles contra la esclavitud fue decidida. Isabel la Católica y el Emperador Carlos V promulgaron decretos que vedaban esa práctica y, «si bien es cierto que Felipe II se deja presionar por los colonos del Caribe haciendo concesiones especiales para Puerto Rico y La Española, poco más tarde vuelve a dejar clara su repulsa hacia este tipo de institución, prohibiendo una vez más la esclavitud, e incluso haciendo extensiva dicha prohibición a la incipiente importación de esclavos negros», explica el autor.

Frailes y maestros

La Leyenda Negra que pesa sobre España también acusa a sus colonizadores del Nuevo Mundo de haber cometido allí un genocidio contra la población indígena. Pero si el Imperio español pudo consolidar su conquista de América no fue gracias a las armas, sino, fundamentalmente, gracias a su clero y educadores. Ciertamente, si bien los primeros escritos de los descubridores españoles describían a los habitantes de aquellas tierras como «pueblo angelical» cuya «aparente ingenuidad hacía presagiar una fácil y pronta civilización y evangelización», pronto aquellas poblaciones resistieron armadas a los abusos de los primeros colonos, estallando así los enfrentamientos bélicos.

«Su aparente ingenuidad presagiaba una pronta civilización y evangelización»Fernando el Católico encarga entonces un estudio jurídico-teológico al dominico Matías de Paz y al jurista Juan López de Palacios, quienes concluyen que la guerra contra los indígenas sólo será justa «cuando sus caciques y jefes prohíban la libre conversión de sus súbditos, o bien sea menester el desterrar inhumanas costumbres que se niegan a abandonar», como el canibalismo o los sacrificios de personas a los dioses. Pero dado que, pese a las limitaciones fijadas desde España, en muchas ocasiones se recurría a las armas sin que hiciese falta, una Real Orden de 1526 impuso en todas las expediciones militares la compañía de sacerdotes con el fin de poner fin a aquellos abusos.

Pacificado ya el continente, en 1573 Felipe II pone fin a la lucha armada en América, «y confía sus mayores y más ricas posesiones a un nuevo ejército compuesto, esta vez, a base de frailes y maestros. Comienza la verdadera y definitiva conquista de América», concluye Sánchez Galera.
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Isabel la Católica, la reina que liberó a los esclavos

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Los indígenas americanos no fueron tan reprimidos como nos quieren hacer creer
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Por José María Zavala
28-08-2019

Tras acceder al arsenal de 3.160 legajos sobre Isabel la Católica repartidos en veintisiete volúmenes, el primero de ellos con dos tomos, que integran la denominada Positio (el documento para el proceso de canonización), estamos por fin en condiciones de arrojar luz sobre el polémico asunto de la esclavitud de los indígenas durante el Descubrimiento de América. Se trata, como ya sabe el lector, de uno de los pilares de la falsa leyenda negra contra la reina Isabel, entretejida con intereses espurios y la cual desmonto, parapetado en documentos desconocidos, en mi nuevo libro «Isabel la Católica. Por qué es santa».

El problema se planteó cuando, a finales de 1494, Colón envió a los reyes una primera remesa de quinientos esclavos. Sabemos, por dos Reales Cédulas del 12 y 16 de abril de 1495, que el mencionado envío se realizó desde La Española con la expedición de Antonio de Torres, compuesta por cuatro navíos.

Al parecer, los indios fueron hechos esclavos en acciones de guerra emprendidas por Colón y descritas por Bartolomé de las Casas. Los así «alzados», en el derecho de guerra de la época, eran hechos prisioneros en calidad de esclavos. No puede sorprender por tanto que el almirante actuase de ese modo, conforme a las ideas comunes de su tiempo. A no ser que esa acción de guerra fuese «injusta», como la califica el propio De las Casas, censurando a Colón por actuar «sin voluntad de los Reyes», pero reconociéndole al mismo tiempo como hombre «cristiano y virtuoso y de muy buenos deseos» cuya condición, unida a su idea de compensar los cuantiosos gastos de la Corona de España en las expediciones y a su «ignorancia del derecho», atenuarían la condena.

Nos interesa saber qué hizo Isabel al enterarse de que la expedición de Antonio de Torres había salido de La Isabela con este cargamento de esclavos, el 2 de febrero de 1495, arribando al puerto de Cádiz a primeros de abril. En pocos días, el obispo de Badajoz, Juan Rodríguez de Fonseca, comunicó la llegada de la remesa a los reyes, pidiéndoles instrucciones sobre los esclavos.

De momento, en la Corte y cancillerías castellanas se actuó con normalidad, despachándose el 12 de abril una Real Cédula a Fonseca, que decía: «Paréscenos que se podrán vender allá mejor en esa Andalucía que en otra parte; debeislos faser commo mejor os paresciere». Pero de modo imprevisible, solo cuatro días después, el 16 de abril, salió de la misma cancillería otra Real Cédula dejando en suspenso la anterior. En la misma se ordenaba al obispo Fonseca que paralizase la venta de esclavos, aduciéndose la siguiente razón: «Porque Nos querríamos informarnos de Letrados, Teólogos e Canonistas si con buena conciencia se pueden vender».

Apelar a la «buena conciencia» era casi connatural a Isabel. Y eso, precisamente, fue lo que se hizo. De esta consulta a teólogos y canonistas no se conserva más documento hoy que el propio anuncio de los reyes en su carta, ya citada, del 16 de abril. Isabel ordenó recoger a todos los indios para entregárselos a Pedro de Torres y repatriarlos a sus familias, todo ello por su cuenta y riesgo. No resulta extraño así que el historiador Rafael Altamira, a la vista del documento correspondiente, reflexionase así: «Fecha memorable para el mundo entero, porque señala el primer reconocimiento del respeto debido a la dignidad y libertad de todos los hombres, por incultos y primitivos que sean; principio que hasta entonces no se había proclamado en ninguna legislación, y mucho menos se había practicado en ningún país».

Es importante subrayar que, aunque la doctrina universal fuese contraria en la práctica a la libertad de los esclavos, la reina Isabel dudó ya entonces en su propia conciencia de la licitud del tráfico con seres humanos. En el planteamiento de ese problema a nivel de conciencia se atisbaba una ley natural que prohibía el tráfico de personas; y esa ley no podía ser otra que la del respeto a la misma naturaleza del hombre, o como hoy suele decirse: el principio de la igualdad y de la dignidad de la persona fiel o infiel, civilizada o bárbara.

Y que en la mente de Isabel anidara ya una opinión más bien negativa, y que ella misma recabase el criterio de teólogos y canonistas sobre la licitud de la venta de personas, nos lleva a deducir lo siguiente: cansada de esperar la respuesta a su consulta, y dejándose llevar por su intuición, sin razonamientos, decidió liberar a los indios esclavizados.

PRECURSORA DEL DERECHO DE GENTES

En las instrucciones para el cuarto viaje, Isabel le dirá taxativa a Colón: «Y no habéis de traer esclavos». Con esta decisión, Isabel se anticipó en treinta y cinco años a la formulación del derecho de gentes de Francisco de Vitoria y Domingo de Soto: en América no habría esclavos, aunque la esclavitud continuó durante siglos en otros continentes. Entre los legajos inéditos figuran los que nos revelan ahora la existencia de marineros que acompañaron a Colón a las Indias y regresaron luego trayendo consigo cada cual su indio esclavo. En cuanto tuvo conocimiento de ello, la reina Isabel ordenó que se reclamase a los indios en cuestión para entregarlos a su secretario Pedro de Torres, quien a su vez abonó a los marineros, con cargo a la Contaduría Real, el gasto del viaje de cada aborigen (800 maravedís desde las Indias a Sevilla), decretándose su inmediata puesta en libertad.

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 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

En el artículo Desde el referente Cuba, una propuesta para la interpretación de la historia (II), del historiador cybano Vicente Morín Aguado, residente en Cuba, se lee: 

¨Al lado de los innegables méritos que avalan al Almirante genovés, deberían competir en ventaja, sin derribarle, esculturas de quiénes retaron con valor e inteligencia a la cultura dominante, contribuyendo a que la historia diera un paso más hacia la civilización.

Una contrapartida notable fue Bartolomé de Las Casas, compañero de viaje de Colón en su segunda incursión americana. El obispo de Chiapas se adelantó a su tiempo, demostrando la otra cara de la cultura, cuya expresión es la constante voluntad humana por cambiar para mejor la sociedad.

La honestidad política e intelectual de este hombre extraordinario se revela en dos vertientes: de un lado, respetó y admiró la obra del marino, hasta el punto de copiar para la inmortalidad su Diario de Navegación del primer viaje, salvando el único testimonio escrito de la hazaña. A la vez, comprendió la incongruencia entre el descubrimiento europeo y el genocidio de la población nativa, dedicando su vida a la redención de los llamados indios.

Ha de notarse que inicialmente propuso liberar a los indios sustituyéndolos por esclavos africanos, que según teorías erróneas, dados los limitados conocimientos biológicos, eran considerados físicamente más resistentes a la rudeza del trabajo. Nada para reprocharle, hombre de su tiempo, actuaba en pleno siglo XVI, no en la época en que Google, con su rápido motor de búsqueda, me ha permitido confirmar en un segundo, la pertenencia del valiente Fraile a la orden de los Dominicos.¨

Sin embargo: en el texto adjunto al video Fray Bartolomé de las Casas: el "apóstol" de los indios. Un fabuladorvideo argumentado por un sacerdote, se lee:  

¨¨A Bartolomé de Las Casas, el mentado “apóstol de los indios”, se le atribuye desde hace cuatro siglos la responsabilidad en la defensa de los nativos americanos, pasando a la fama por su conocida obra publicada en 1552 como la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, fuente “inequívoca” del “genocidio” que los españoles habrían perpetrado en América durante los años de conquista y plomo…

¿Fue realmente tan así? Veamos brevemente y a partir de las fuentes bibliográficas quién fue este “gran apóstol” de las tierras vírgenes.

Para más información en: El autor de la «leyenda negra» española: Fray Bartolomé de las Casas (I) .

(Extractos del libro "Que no te la cuenten I", disponible en Amazon¨

QNTLC

2020

Fray Bartolomé de las Casas: el "apóstol" de los indios. Un fabulador


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Sobre otros  temas concerniente a la Historia de Cuba, desde la colonia, pueden leerse en mi libro La Historia de Cuba que te ocultaron y otros temas:



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viernes, octubre 13, 2023

Jorge Dávila Miguel: La ira de los Torquemadas callejeros no busca monumentos más justos sino derribar aquellos que no marchan con su ideología. Guillermo Llona: Lo que la Leyenda Negra contra España no cuenta de las Leyes de Indias

 Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

Los que decapitan a Colón en EEUU no buscan la justicia

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La ira de los Torquemadas callejeros no busca monumentos más justos sino derribar aquellos que no marchan con su ideología

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Estatua de Cristóbal Colón decapitada.

Por Jorge Dávila Miguel,

Miami

19/08/2020

A Cristóbal Colón no le salieron muy bien las cosas con América. Quería llegar a la India y llegó a las Bahamas. Le otorgaron el gran título de almirante de la Mar Océana y terminó encadenado. Las tierras que descubrió nunca llevaron su nombre sino el de un cartógrafo, y su persona ya era despreciada pocos años después de descubrir el «Nuevo Mundo».

En la convulsa actualidad de Estados Unidos al almirante no le puede ir peor. Le cortan la cabeza a sus monumentos cuando no pueden derribar la estatua entera; y cuando no pueden cortarle la cabeza le llenan las manos y el rostro con sangrienta pintura roja, porque aseguran que representa la sangre indígena vertida durante siglos. El navegante no era en realidad italiano ––porque en aquella época Italia no existía–– y dicen que su verdadero nombre era Cristoffa Corombo, en lengua ligur, porque nació en Génova y esa era la lengua del lugar. Hoy se juzga a un hombre de hace cuatro siglos del que no conocemos bien ni el nombre.

Su gran pecado, y por lo que la reina Isabel la Católica lo mandó a encadenar, fue el abuso contra los indígenas americanos. Hay una cifra: 1.600 indígenas sometidos a la esclavitud por Colón, lo que insultó a la reina. Esa debe de ser la razón por la que los justicieros en las calles estadounidenses quieren desterrarlo de los parques y la historia.

Para cierta opinión popular, América a nadie le debe en particular el descubrimiento. Para ellos, Leif Erikson ya había descubierto América, o el señor Madoc, o un navegante chino. Incluso se habla de una “conexión africana”, precolombina, con el mundo olmeca. Bajo esta narrativa, Colón no sería importante, sino un colonizador, racista y esclavista al que debemos descabezar. Ven ––entendiblemente–– en Colón, el símbolo de la real opresión de una etnia sobre otras ––en este caso los abusos de la europea sobre la indígena americana.

Según esas versiones, los europeos vinieron desde el año 1492 a estropear el paraíso que existía en aquel mundo mesoamericano aún en la edad de piedra, donde no se había descubierto la rueda ni el hierro y la sangre de los esclavos sacrificados bajaba por las escalinatas de varios templos después de que el sacerdote los abría por la ventrecha y le daba un mordisco ritual al corazón.

Un holocausto que intriga es el de Ochpaniztli, a la diosa Toci, que tenía lugar por agosto o septiembre, y en el cual se decapitaba a una mujer por sorpresa y después se la desollaba cuidadosamente para que el sacerdote se vistiera con su piel. Qué trabajo el de aquel sacerdote para cubrirse con el pellejo de la mujer, porque esa era una condición esencial para complacer a Toci.

Así se ve el asunto: Colón y detrás los conquistadores españoles fueron como unos diablos blancos que con su colonizador catolicismo vinieron a estropear las legítimas prácticas culturales y religiosas de las poblaciones autóctonas mesoamericanas. Son alabados los reales avances de la ciencia matemática y astronómica en aztecas y mayas, su numeración dual, su dominio de la medicina natural. Pero no hay reparo a los cuchillos de obsidiana que sacrificaban niños y vestales, no hay reparo para el canibalismo de los mexicas: los prisioneros de guerra que escapaban al sacrificio ritual, se convertían en esclavos. Acorde con los febriles perseguidores de Colón, los restos del Templo Mayor de Tenochtitlán debían ser barridos de faz de la tierra, por los inocentes que fueron sacrificados allí.

Pero no puede, ni debe ser así. Es errado juzgar a una cultura, a un hombre, desde valores de otra época. Ambas están dibujadas en la larga historia del ser humano con sus luces y sus sombras. Con su gloria y su dolor. Con sus particulares relaciones entre este mundo, y el del más allá que concebían, ––para mantener un equilibrio cósmico al que atribuían su equilibrio social–– como es en el caso del ritual a la diosa Toci.

Puede decirse que un hombre fue un criminal y no es justo que su vida se enaltezca en un monumento. ¿Pero con qué mejor monumento sustituirán los “Torquemada del iPhone” al del hombre que esclavizó indios, pero cambió al mundo? ¿Con el de la reina Isabel la Católica que le ordenó tratarlos “muy bien y con cariño”, y que encadenó a Colón por sus abusos? No, porque la ira de los Torquemadas callejeros no busca monumentos más justos sino derribar monumentos que no marchan con su ideología.

Nadie puede conocer el futuro de la historia. Cómo serán las cosas y qué decidirá contar sobre nosotros. Colón nunca pudo haber imaginado una ciudad como Nueva York, con más habitantes que los reinos de Castilla y Aragón. Tampoco que en esa ciudad le erigirían más de un monumento y menos que con rabia algún día vandalizarían uno de ellos. Winston Churchill era renuente a las estatuas. Tal vez por aquello de que solo sirven para que las palomas defequen sobre ellas. Fidel Castro nunca permitió una estatua en vida y las condenó en su testamento político. A Churchill le vandalizaron su única estatua en plaza pública en Londres. Los intolerantes justicieros le gritaban racista al hombre que luchó a brazo partido contra el racismo nazi y lo venció en pro de la democracia y su tolerancia. El peligro es que tolerar la intolerancia termine por permitir que la intolerancia crezca y reine. Ha pasado en otras partes del mundo. ¿Estamos seguros de que no puede pasar en America the Beautiful?

© cubaencuentro.com

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Fray Bartolomé de las Casas: el "apóstol" de los indios. Un fabulador



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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

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Lo que la Leyenda Negra contra España no cuenta de las Leyes de Indias

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El cuerpo de normas que regló la vida en las colonias de América supuso el origen de lo que hoy conocemos como Derechos Humanos
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Imágenes añadidas al artículo por el Bloguista de Baracutey Cubano


Por Guillermo Llona
03/03/2013

«Y no consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien». Esta es la última voluntad que la Reina Isabel la Católica dirigió a sus súbditos en su testamento. Se trata sin duda de un deseo que choca con la imagen cruel que la Leyenda Negra ha propagado del Imperio español por todo el mundo.

Tal y como defiende Juan Sánchez Galera en su último libro «Vamos a Contar mentiras», y mal que les pese a los seguidores de la propaganda antiespañola, los monarcas hispanos no consolidaron la conquista de América a sablazo limpio, sino gracias a un ejército de maestros y curas. Frente a quienes presentan a los descubridores y conquistadores del Nuevo Mundo como crueles genocidas, el historiador afirma que Leyes de Indias que reglaron la vida en aquellas colonias supusieron el origen de lo que hoy conocemos como Derechos Humanos.

España consolidó la conquista de América con un ejército de maestros y curasEn 1493 el Papa Alejandro VI reconoce mediante la bula «Inter Caetera» la propiedad de la recién descubierta «terra nullis» (tierra de nadie) a los Reyes Católicos, a condición de que evangelicen a los nuevos súbditos. Pero muy pronto surge un debate en la intelectualidad española, alentado por la misma Corona, acerca de la licitud de obligar a todo el continente a pertenecer a un imperio con el que no había mantenido antes ninguna relación. Los españoles empiezan a hacerse preguntas incómodas. «Se parte completamente de cero con la premisa de establecer unas nuevas normas de convivencia entre los hombres, basadas no ya en lo que se entendía hasta ese momento como cierto en Europa, sino unos valores comunes a todos los hombres de todos los tiempos», explica Sánchez Galera.

Isabel la Católica fue la primera persona que se preocupó por los derechos de los indios: determinó que seguirían siendo los propietarios de las tierras que les pertenecían con anterioridad a la llegada de los españoles y, en el año 1500, dictó un decreto que prohibió la esclavitud. Nace así un nuevo derecho que, en palabras del autor, «reconoce que las libertades de los hombres y de los pueblos son algo inherente a ellos mismos, y que por tanto, les pertenecen por encima de las consideraciones de cualquier príncipe o Papa». Aquellas normas supusieron el punto de partida de la Leyes de Indias.

Más adelante, una junta de la Universidad de Salamanca convocada por el emperador Carlos V en 1540 concluye que «tanto el Rey, como gobernadores y encomenderos, habrían de observar un escrupuloso respeto a la libertad de conciencia de los indios, así como la prohibición expresa de cristianizarlos por la fuerza o en contra de su voluntad», cuenta Sánchez Galera. Con el tiempo se va formando un cuerpo de normas, las Leyes de Indias, que recogen, entre otros, los siguientes derechos para los indios: la prohibición de injuriarlos o maltratarlos, la obligación de pagarles salarios justos, su derecho al descanso dominical, la jornada laboral máxima de ocho horas y un grupo de normas protectoras de su salud, especialmente de la de mujeres y niños.

La esclavitud y las encomiendas

Aunque la Reina Isabel la Católica había prohibido la esclavitud, algunos colonos se ampararon en las encomiendas para sortear las leyes que llegaban desde la España europea y obligar a los indios a realizar trabajos forzados. Con todo, Sánchez Galera defiende la institución: «Los indios, fuera de ser unos desposeídos, son propietarios de pleno derecho de aquellas tierras que trabajan, y del rendimiento de las mismas pagan un tributo o servicio a su encomendero, quien a su vez tiene obligación de protegerlos y cristianizarlos. Como toda institución humana, la encomienda dio lugar a ciertos abusos, y en contados casos, incluso degeneró en una especie de esclavitud encubierta».

Ya en 1518 una ley establece ya «que sólo podrán ser encomendados aquellos indios que no tengan recursos suficientes para ganarse la vida, así como que en el momento en que fuesen capaces de valerse por sí mismos habrían de cesar» en este régimen. De todos modos, Carlos V da una estocada mortal a la institución con sus Leyes Nuevas de 1542, que limitan sobremanera las situaciones en que se podía poner en práctica.

En cualquier caso, la actitud de los monarcas españoles contra la esclavitud fue decidida. Isabel la Católica y el Emperador Carlos V promulgaron decretos que vedaban esa práctica y, «si bien es cierto que Felipe II se deja presionar por los colonos del Caribe haciendo concesiones especiales para Puerto Rico y La Española, poco más tarde vuelve a dejar clara su repulsa hacia este tipo de institución, prohibiendo una vez más la esclavitud, e incluso haciendo extensiva dicha prohibición a la incipiente importación de esclavos negros», explica el autor.

Frailes y maestros

La Leyenda Negra que pesa sobre España también acusa a sus colonizadores del Nuevo Mundo de haber cometido allí un genocidio contra la población indígena. Pero si el Imperio español pudo consolidar su conquista de América no fue gracias a las armas, sino, fundamentalmente, gracias a su clero y educadores. Ciertamente, si bien los primeros escritos de los descubridores españoles describían a los habitantes de aquellas tierras como «pueblo angelical» cuya «aparente ingenuidad hacía presagiar una fácil y pronta civilización y evangelización», pronto aquellas poblaciones resistieron armadas a los abusos de los primeros colonos, estallando así los enfrentamientos bélicos.

«Su aparente ingenuidad presagiaba una pronta civilización y evangelización»Fernando el Católico encarga entonces un estudio jurídico-teológico al dominico Matías de Paz y al jurista Juan López de Palacios, quienes concluyen que la guerra contra los indígenas sólo será justa «cuando sus caciques y jefes prohíban la libre conversión de sus súbditos, o bien sea menester el desterrar inhumanas costumbres que se niegan a abandonar», como el canibalismo o los sacrificios de personas a los dioses. Pero dado que, pese a las limitaciones fijadas desde España, en muchas ocasiones se recurría a las armas sin que hiciese falta, una Real Orden de 1526 impuso en todas las expediciones militares la compañía de sacerdotes con el fin de poner fin a aquellos abusos.

Pacificado ya el continente, en 1573 Felipe II pone fin a la lucha armada en América, «y confía sus mayores y más ricas posesiones a un nuevo ejército compuesto, esta vez, a base de frailes y maestros. Comienza la verdadera y definitiva conquista de América», concluye Sánchez Galera.
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Isabel la Católica, la reina que liberó a los esclavos

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Los indígenas americanos no fueron tan reprimidos como nos quieren hacer creer
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Por José María Zavala
28-08-2019

Tras acceder al arsenal de 3.160 legajos sobre Isabel la Católica repartidos en veintisiete volúmenes, el primero de ellos con dos tomos, que integran la denominada Positio (el documento para el proceso de canonización), estamos por fin en condiciones de arrojar luz sobre el polémico asunto de la esclavitud de los indígenas durante el Descubrimiento de América. Se trata, como ya sabe el lector, de uno de los pilares de la falsa leyenda negra contra la reina Isabel, entretejida con intereses espurios y la cual desmonto, parapetado en documentos desconocidos, en mi nuevo libro «Isabel la Católica. Por qué es santa».

El problema se planteó cuando, a finales de 1494, Colón envió a los reyes una primera remesa de quinientos esclavos. Sabemos, por dos Reales Cédulas del 12 y 16 de abril de 1495, que el mencionado envío se realizó desde La Española con la expedición de Antonio de Torres, compuesta por cuatro navíos.

Al parecer, los indios fueron hechos esclavos en acciones de guerra emprendidas por Colón y descritas por Bartolomé de las Casas. Los así «alzados», en el derecho de guerra de la época, eran hechos prisioneros en calidad de esclavos. No puede sorprender por tanto que el almirante actuase de ese modo, conforme a las ideas comunes de su tiempo. A no ser que esa acción de guerra fuese «injusta», como la califica el propio De las Casas, censurando a Colón por actuar «sin voluntad de los Reyes», pero reconociéndole al mismo tiempo como hombre «cristiano y virtuoso y de muy buenos deseos» cuya condición, unida a su idea de compensar los cuantiosos gastos de la Corona de España en las expediciones y a su «ignorancia del derecho», atenuarían la condena.

Nos interesa saber qué hizo Isabel al enterarse de que la expedición de Antonio de Torres había salido de La Isabela con este cargamento de esclavos, el 2 de febrero de 1495, arribando al puerto de Cádiz a primeros de abril. En pocos días, el obispo de Badajoz, Juan Rodríguez de Fonseca, comunicó la llegada de la remesa a los reyes, pidiéndoles instrucciones sobre los esclavos.

De momento, en la Corte y cancillerías castellanas se actuó con normalidad, despachándose el 12 de abril una Real Cédula a Fonseca, que decía: «Paréscenos que se podrán vender allá mejor en esa Andalucía que en otra parte; debeislos faser commo mejor os paresciere». Pero de modo imprevisible, solo cuatro días después, el 16 de abril, salió de la misma cancillería otra Real Cédula dejando en suspenso la anterior. En la misma se ordenaba al obispo Fonseca que paralizase la venta de esclavos, aduciéndose la siguiente razón: «Porque Nos querríamos informarnos de Letrados, Teólogos e Canonistas si con buena conciencia se pueden vender».

Apelar a la «buena conciencia» era casi connatural a Isabel. Y eso, precisamente, fue lo que se hizo. De esta consulta a teólogos y canonistas no se conserva más documento hoy que el propio anuncio de los reyes en su carta, ya citada, del 16 de abril. Isabel ordenó recoger a todos los indios para entregárselos a Pedro de Torres y repatriarlos a sus familias, todo ello por su cuenta y riesgo. No resulta extraño así que el historiador Rafael Altamira, a la vista del documento correspondiente, reflexionase así: «Fecha memorable para el mundo entero, porque señala el primer reconocimiento del respeto debido a la dignidad y libertad de todos los hombres, por incultos y primitivos que sean; principio que hasta entonces no se había proclamado en ninguna legislación, y mucho menos se había practicado en ningún país».

Es importante subrayar que, aunque la doctrina universal fuese contraria en la práctica a la libertad de los esclavos, la reina Isabel dudó ya entonces en su propia conciencia de la licitud del tráfico con seres humanos. En el planteamiento de ese problema a nivel de conciencia se atisbaba una ley natural que prohibía el tráfico de personas; y esa ley no podía ser otra que la del respeto a la misma naturaleza del hombre, o como hoy suele decirse: el principio de la igualdad y de la dignidad de la persona fiel o infiel, civilizada o bárbara.

Y que en la mente de Isabel anidara ya una opinión más bien negativa, y que ella misma recabase el criterio de teólogos y canonistas sobre la licitud de la venta de personas, nos lleva a deducir lo siguiente: cansada de esperar la respuesta a su consulta, y dejándose llevar por su intuición, sin razonamientos, decidió liberar a los indios esclavizados.

PRECURSORA DEL DERECHO DE GENTES

En las instrucciones para el cuarto viaje, Isabel le dirá taxativa a Colón: «Y no habéis de traer esclavos». Con esta decisión, Isabel se anticipó en treinta y cinco años a la formulación del derecho de gentes de Francisco de Vitoria y Domingo de Soto: en América no habría esclavos, aunque la esclavitud continuó durante siglos en otros continentes. Entre los legajos inéditos figuran los que nos revelan ahora la existencia de marineros que acompañaron a Colón a las Indias y regresaron luego trayendo consigo cada cual su indio esclavo. En cuanto tuvo conocimiento de ello, la reina Isabel ordenó que se reclamase a los indios en cuestión para entregarlos a su secretario Pedro de Torres, quien a su vez abonó a los marineros, con cargo a la Contaduría Real, el gasto del viaje de cada aborigen (800 maravedís desde las Indias a Sevilla), decretándose su inmediata puesta en libertad.

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jueves, abril 13, 2023

Dos artículos sobre actuales descendientes de indígenas o indocubanos en Cuba. Una experiencia académica y personal sobre este asunto



Nota de Pedro Pablo Arencibia,  Bloguista de Baracutey Cubano

Formé parte  del equipo de Antropología Física y Social del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( posteriormente Universidad Pedagógica ¨ Rafael María de Mendive¨)  que llevó a cabo una investigación conjunta (a finales de los años 80 y principios de los 90 del pasado siglo XX) con el Instituto Superior Pedagógico de Guantánamao  sobre la población de la localidad en Caridad de los Indios, situada en el municipio Manuel Támes en la provincia de Guantánamo; localidad donde se encuentran muchos de los llamados ¨indios¨. Esta investigación surgió por el estudio que había hecho la investigadora suiza Claudine Sauvain en poblaciones aisladas en los Alpes Suizos; investigadora que este bloguista conoció en los Talleres Internacionales  de Antropología Física ¨Luis Montan騠 de la Universidad de la Habana y con la que participó, junto a parte del equipo del Pedagógico de Pinar del Río, en diferentes actividades docentes, de trabajo investigativos y presentación de los resultados  en varios viajes que hizo la investigadora a Cuba, incluyendo al Pedagógico de Pinar del Río. 

En  Caridad de los Indios  hay una población bastante aislada y con evidentes  características físicas muy similares a la de los indocubanos. Yo fui  la persona que en el Pedagogíco de Pinar del Río hizo el análisis estadístico de los datos que se habían tomado en el trabajo de campo llevado a cabo.  Dado que en aquella época  los métodos y medios  para hacer estudios de  pruebas de ADN  no estaban tan avanzados como hoy  y que los que existían no estaban a nuestro alcance,  en la investigación se tomaron dos muestras representativas. Una de las muestras estaban compuestas por individuos (masculinos y femeninos)   que solamente tenían los apellidos Rojas y Ramírez en ellos y en las 3 generaciones de sus ancestros. Rojas y Ramírez eran los apellidos de los dos españoles a los que se les concedieron en la zona Encomiendas ( es decir grupos de : indocubanos para catequizar y civilizar, aunque realmente eran explotados como esclavos; eso ocurrió  varios siglos atrás cuando la colonización de Cuba por España, la cual se inició en los primeros años del siglo XVI). La otra muestra estaba compuesta por individuos que tenían al menos en ellos o en sus tres generaciones de ancestros  otro apellido difrente a Rojas y Ramírez. Se midieron 10 variales correspondientes a la antropología física de cada individuo; a los datos obtenidos se les aplicó técnicas de Estadística Multivariada ( Análisis de Clusters, Análisis de Discriminantes, Componentes Principales, Regresión Logística, etc). Se obtuvo, entre muchos resultados, que había diferencias significativas entre ambas muestras y que la muestra de los solamente Rojas y Ramírez en sus apellidos y en los de sus ancestros no tenían diferencias significativas con las medidas antropométricas  del tronco arauco de América del Sur; estos reultados  se obtuvieron tanto para el sexo masculino como paa el sexo femenino.

Desde el punto de vista cultural, los pobladores de Caridad de los Indios poseen costumbres bastante diferentes (en cuanto a organización social, religión, etc.) a los campesinos cubanos, aunque en la investigación se tuvo que negar pues  al discípulo del Dr. Manuel Rivero de la Calle  y antropólogo  Oscar C. Tejedor Álvarez,  jefe de la investigación por el ISP de Pinar del Río (actualmente en EE.UU.)  se le citó a una reunión con un funcionario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba porque  en nuestra  investigación  se usaba la palabra indios; el funcionario estaba fuertemente en contra de que se usara esa palabra pues eso implicaba que Cuba era un país multicultural, lo cual no se podía aceptar.  El jefe de la investigación no sufrió  graves consecuencias laborales, profesionales y políticas porque argumentó que el propio Apóstol José Martí escribió de los ¨indios de Yateras¨en su diario de campaña.

Recuerdo que en una investigación que hice  a finales de los años 70 del pasado siglo junto a un amigo mio, sicólogo de profesión,  con el objetivo de estudiar  el desarrollo psicológico de los niños portadores de desnutrición pacientes del Hospital Pediátrico de Pinar del Río  y el de confeccionar  una escala cubana para medir el desarrollo psicológico infantil en Cuba, pues la escala que se usaba en Cuba era la norteamericana y ella no se ajustaba a las características particulares de los niños cubanos. Fui citado por una funcionaría  del Centro Multisectorial de la Academia de Ciencias en Pinar del Río y por una  trabajadora graduada en la Licenciatura en Información Científica  porque en el trabajo usábamos  la palabra desnutición y distrófia y en Cuba los niños no podían   estar desnutridos ni distróficos y si los había,  había que explicar  el porqué lo estaban ... Los censores sabían que  no culparíamos al Estado ni a la Revolución por la falta de una alimentación adecuada y la  existencia de la Libreta de (des)Abastecimiento..

En 1996 en el último evento científico internacional que participé en Cuba (los talleres internacionales de Antropología Física Luis Montané, de la Universidad de La Habana) le hice preguntas  sobre el daño neurológico en los niños  en los primeros años de vida por  el escaso o nulo consumo de proteinas   y consecuentemente por  la no ingestión de ciertos  aminoácidos esenciales (daños que no son reversibles.)  a un equipo multidisciplinario del Ministerio de Salud Pública que en su investigación  hablaba de que la población cubana ya se estaba recuperando, pues había recuperado el peso que tenía antes de 1993 y 1994 según la muestra poblacional analizada en la investigación. La ¨respuesta ¨ , más motivada por razones políticas que académicas, a esas preguntas vino de Ñico (entonces director del Museo Montané  de la Universidad de La Habana), uno de los organizadores del evento en forma de diatriba política, más que de explicación científica. Solamente  dos norteamericanos (una mujer y un hombre de una universidad norteamericana que no eran del Estado de La Florida ¿quizás del Estado de  Colorado?)  al finalizar  la exposición de la susodicha investigación esperaron en la puerta y cuando salí mefelicitaron y me dijeron que mi observación era muy necesaria. Nunca más fui invitado a participar a esos eventos y solamente una pareja de profesores norteamericanos de una universidad de Colorado o Nuevo Méjico fueron los que se me acercaron y me felicitaron por las preguntas tan necesarias que había hecho. La investigación y sus resultados fueron  llevados a cabo en pleno Período Especial, la mayor crisis económica que ha tenido Cuba desde que es república.

A la doctora española Consuelo Prado , profesora entonces de la Universidad Autónoma de Madrid, a principios de los años 90s no la invitaron a una recepción que el entonces Rector de la Universidad de La Habana dió a todos los investigadores extranjero de renombre que asistían a un evento Luis Montané porque presentó una investigación (con una muestra de mujeres de La Habana) en el evento que predecía lo que luego sucedió con la polineuritis óptica en Cuba. Consuelo Prado, miembro en aquel entonces del Proyecto ERASMO de la ONU, había sido la persona que había invitado a participar en el evento a muchos de esos científicos extranjeros relevantes a  nivel mundial . Esa noche Consuelo Prado lloró esa humillación en la fiesta que el apartheid Castrista había organizado para los cubanos que participábamos  en ese Taller  Internacional de Antropología Física Luis Montané.

Pero volvamos, después de dar algunos ejemplos de cómo trabaja la  censura política en el campo académico, al  tema de los dos artículos que se encuentran en este post mostrando algunos de los resultados estadísticos obtenidos:

En el trabajo se analizaron cuatro muestras: "indios", "indias", mestizos y mestizas, los tamaños de muestras fueron respectivamente 77, 75, 33 y 39. A todos los individuos se les midieron las variables: longitud máxima de la cabeza (G), ancho máximo de la cabeza (EU), ancho máximo de la cara (ZG), altura morfológica de la cara (AM), talla (T), Índice Córmico (IC), anchura de los hombros/talla (AA), anchura bicrestal/talla (AB),Índice Cefálico (IC1) e Índice Morfológico (IM). Las medidas de las variables G,EU,ZG y AM están dadas en milímetros, la variable T en centímetros y el resto de las variables no poseen  dimensiones y se obtienen de dividir en cada caso las variables que intervienen expresadas en centímetros.

Estas mediciones se realizaron con un compás de espesor y un andropómetro de tipo Martin con error (mas,menos) 1mm,siguiendo la metodología propuesta por Martin-Saller y aprobada por la convención de Mónaco de 1932. A los datos obtenidos se les aplicó la Prueba de Hotelling para la igualdad de dos vectores de media utilizando para ello un software creado por los propios autores, también se les aplicó las técnicas  Análisis de Discriminantes y Componentes Principales utilizando para ello el sistema estadístico  NCSS versión 5.1 del Dr. Jerry L. Hintze.

Para investigar  (tanto entre los individuos de sexo masculino como entre los individuos de sexo femenino) si existen diferencias significativas entre los vectores 10-dimensionales  de las medias  (media aritmética  o promedio)  de los "indios" y los mestizos,  aplicamos una de las primeras  pruebas creadas en la Estadística Multivariada, la cual en ocasiones es llamada  Reconocimiento de Patrones,  que es  la Prueba de Hotelling, para la cual creamos un software dado que no estaba  en el paquete estadístico que teníamos y usamos para las demás pruebas: NCSS versión 5.1 del Dr. Jerry L. Hintze.

Al aplicarle la Prueba de Hotelling a los datos se obtuvieron los resultados siguientes: existen diferencias significativas entre los vectores de medias  de los "indios" y los mestizos, tanto entre los individuos de sexo masculino como entre los individuos de sexo femenino.

Para investigar hasta qué punto son compatibles la clasificación inicial realizada sobre la base de los apellidos Rojas y Ramírez, y la clasificación mediante los valores de las 10 variables investigadas, realizamos un Análisis de Discriminantes. . El Análisis de Discriminantes se realizó utilizando la variante de los coeficientes de regresión, pues esta variante no requiere de  condiciones especiales como son la multinormalidad de la distribución de los vectores compuestos por los valores de las 10 variables para cada individuo y la igualdad de las matrices de varianza y covarianza para las muestras que se van a comparar. Es muy frecuente obviar estas condiciones, pues la variante  de las funciones discriminantes lineales es en la práctica válida en muchos casos  aunque no se cumplan estas condiciones,  pero no quisimos tomar  ese riesgo y utilizamos la variante dada por los coeficientes de regresión;  se obtuvo:  que 17 mujeres y 2 hombres cambiaron su clasificación inicial (mediante los apellidos Rojas y Ramirez)  respecto a la clasificación que obtuvimos utilizando el Análisis de Discriminantes teniendo en cuenta las 10  variables antropométricas que se midieron.

Para  determinar si eran significativos o no esos cambios  hice uso, para el sexo femenino, de  la prueba de McNemar para la significación de los cambios,la cual  determinó que los cambios no fueron significativos dentro del sexo femenino. Debemos hacer la observación que utilizamos la prueba de Mc Nemar con la corrección por continuidad de Yates. En el sexo masculino la frecuencia esperada fue muy pequeña, por lo cual aplicamos la Prueba no Paramétrica de la Binomial, arrojando esta que los cambios no fueron tampoco significativos dentro del sexo masculino. Luego podemos afirmar que existe compatibilidad entre las dos clasificaciones.   

La clasificación de poblaciones humanas, es de naturaleza multifactorial, o sea, ella depende de muchos factores que además de afectarla interactúan entre sí, por lo que fue necesario encontrar un método que nos explicara  el papel de cada una de las variables y su relación con las restantes de tal manera que la pérdida de información sea mínima. Es por ello que realizamos un Análisis de Componentes Principales con el objetivo de esclarecer las contribuciones de cada variable en cada una de las cuatro muestras. Estas contribuciones se tomaron para los tres primeros factores considerados ya que absorbían entre ellos un porciento elevado de variabilidad como pude observar en la  tabla de Valores propios y los porcientos de varianza absorbidas.

Los resultados de la aplicación de la técnica de  Análisis de Componentes Principales arrojó:

1.- En todas las muestras el primer factor está caracterizado por las contribuciones de las variables correspondientes a la cabeza y la cara, no existiendo para las mestizas y los "indios" bipolaridad en este primer factor. En las "indias" y mestizos, EU y ZG se oponen al índice morfológico (IM).
 
2.- El segundo factor está caracterizado por las contribuciones de las variables correspondientes a los índices: "indias" (IC1),mestizas (IC1),"indios" (IC) y mestizos (IM) oponiendose respectivamente a IM,AA,IM y IC1 en cada muestra.

3.- El tercer factor esta caracterizado por las contribuciones de las variables IC,IM,IC1 y T en las muestras : "indias",mestizas,"indios" y mestizos respectivamente ,oponiedose tambi'en respectivamente a las variables G,AB,G,G.  

Las conclusiones generales de uno de los trabajos de mi autoría  fueron:

Conclusiones

La Estad'istica Multivariada es una herramienta eficiente en la clasificación de poblaciones y es compatible con otros métodos usados en Antropología como es,por ejemplo,  el isonímico. En nuestro trabajo nos permite decir que:

1) Existen 2 tipos f'ísicos en la población tanto en un sexo como en el otro ,los cuales están perfectamente diferenciados  y se ajustan a la clasificación sobre la base de los apellidos Rojas y  Ramirez en sus cuatro combinaciones posibles .

2) Variables correspondientes a la cara y al cráneo son las mas importantes en cuanto a la contribución en cada una de las muestras.


Referencias

1.- Linares    Fleites   Gladys .Acosta Ramirez Lilliam y otros. 1986. Estadística multivariada.U.H.La Habana

2.- Pospisil, M. 1976. Indians Remnants from the Oriente Province. Cuba. Universita Komenskeho, Bratislava.

3.- Rivero de la Calle, M. 1966. Los aborígenes de Cuba. Ed.   Universitaria. La Habana.

4.-_________________. 1973. Los indios cubanos de Yateras. Rev. Santiago. 10:151-54.
 
5.-________________. 1978. Supervivencia de descendientes de Indoamericanos en la zona de Yateras. Oriente. Cuba Arqueológica:151-176.

6.- Salzano, M.F. 1980. Estructura populacional e genetica de indios sul-americanos. Actas IV Congr. Latin. Genética. Vol.2        pp 349-56.

7.- Sauvain-Dugerdil, C. 1988. Diversidad biológica de las poblaciones humanas de Centro América: elementos de discusión. (En impresión).

8.- Sieguel,Sidney. 1972. Diseño experimental no paramétrico aplicado a las ciencias de la conducta. Ediciones Revolucionarias. La Habana.

9.- Tejedor, O. y S. Gutiérrez. 1989. La población aborigen cubana. Aproximación al conocimiento de sus características      actuales.Estudios de Antropología Biológica. México D.F. : 297-305.

10.- Yasuda, N. y N. E. Morton. 1967. Studies on Human Populations  structure. Proc. 3rd. Int. Cong. Human Genetics. John Hopkins Press. 244-66. 

(Este resumen continuará aquí mismo cuando encuentre mis artículos  donde 1) Demuestro que no hay diferencias significativas (tanto en el sexo masculino como en el femenino) respecto a las 10 variables de  la muestra que solamente tenían los apellidos Rojas y Ramírez en ellos y en las 3 generaciones de sus ancestros y esas 10 variables en el tronco arauco. 2)  Obtengo la expresión de  la función que me permite obtener la probabilidad que un  individuo cualquiera de la población  pueda ser clasificado como indio sobre la base  de esas 10 variables;  dicha expresión la obtuve utilizando la Regresión Logística)


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Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

De la india cubana Luisa Gainsa, hace un siglo, al ADN recién probado en sus descendientes de hoy

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Después de leer algunos comentarios sobre el libro Cuba indígena hoy, sus rostros y ADN

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Por Vicente Morín Aguado

La Habana

11/04/2023

El universo mediático Cuba está reproduciendo la noticia de que, mediante pruebas de ADN, se ha confirmado, ¡al fin!, la supervivencia hasta el presente de los aborígenes cubanos existentes cuando Cristóbal Colón encontró la tierra que le hiciera exclamar nunca tan hermosa cosa vido. Se trata del libro Cuba indígena hoy, sus rostros y ADN, firmado por cinco autores, de los cuales cuatro son científicos cubanos y el quinto un fotógrafo profesional español.

Parafraseando un decir popular, vamos a comentar “sin perder la ternura”, porque el libro amerita leerse, más allá de las escasas páginas necesarias para dar a conocer una prueba de ADN. La controversia asalta cuando constatamos que algunos reportes sobre el suceso hacen borrón a la historia anterior o la sitúan en un estatus neblinoso, “que no es lo mismo, pero es igual”, repitiendo el estribillo de una conocida canción, también parte del fraseo cubano.

Puede afirmarse sin lugar a dudas, y vamos a demostrarlo, que la supervivencia hasta el presente de los agroalfareros cubanos, tainos y siboneyes, es algo conocido y probado más allá de toda duda razonable, antes de la conquista científica sintetizada en las letras ADN. Estos aborígenes pertenecen a la etnia arahuaca, igual es lícito escribir Arawak, aún viva en la amazonía. Sus ancestros emigraron a las Antillas unos mil años antes que nos visitara el Gran Almirante de la Mar Océana, y Cuba fue el final obligado de esta emigración sucesiva, al cerrar el gran arco de islas que conforman un mediterráneo tropical.

Sin ir tan atrás en el tiempo, que nos obligaría a entrar en archivos propios de especialistas, es mundialmente conocida la foto de la India Gainsa, tomada por el arqueólogo estadounidense Mark Reymond Harrington en 1919, durante su extenso periplo del oriente al occidente de la mayor insularidad caribeña, auspiciado por la Smithsonian Institution.

No es una foto aislada, Harrington tomó otras igual de elocuentes, pero la mirada desafiante de esta mujer, auténtica sobreviviente del holocausto indígena, es impactante. Otras imágenes captadas por el arqueólogo nos muestran una familia, mujer indígena, esposo de origen ibérico, otros niños y no falta una canoa hecha con un tronco de palma real, anclada en la rivera del Toa, el río de mayor caudal en Cuba, columna vertebral de la única selva tropical clasificada como tal en nuestro país, convertida en el parque natural Alejandro de Humboldt. El pie de foto escrito por Harrington es argumento y reto desde hace un siglo: The canoe did not disappear (La canoa no ha desaparecido).

Durante el pasado 2018, el Centro Latino asociado al Smithsonian, abrió una exposición dedicada a este pasado que se niega a desaparecer no solo en nuestro gran archipiélago tropical y, las fotos antes comentadas se exhibieron durante largo tiempo.

( la india cubana Luisa Gainsa)

Los estudios del mencionado arqueólogo norteamericano fueron publicados inicialmente en un libro de obligada lectura para quiénes se interesan por el tema que nos ocupa, bajo el título de Cuba Before Columbus (1921). Cuba antes de Colón, fue traducida al español bajo el cuidado del ilustre etnólogo cubano Fernando Ortiz, de prolífica labor, a quien paradójicamente, le debemos buena parte de la controversia que estamos tratando.

El portal web CUBAENCUENTRO, dándole justa bienvenida a Cuba indígena hoy, sus rostros y ADN, reproduce una entrevista telefónica del reportero Carlos Olivares al novelista y considerado etnólogo Miguel Barnet, conocido por el multi editado testimonio Biografía de un cimarrón, traducido al inglés como Biography of a runaway slave.

Luego de una larga carrera matizada por cargos políticos designados por el gobierno cubano y su partido comunista, a los 82 años Barnet preside la Fundación Fernando Ortiz, creada bajo su iniciativa y con el aval de haber sido discípulo directo del sabio que le da nombre.

Tal vez sea la edad, pero asombra esta declaración suya, tomada del portal web CUBAENCUENTRO, sobre el nuevo texto de antropología que nos motiva:

“Este libro explora en la pervivencia y herencia legada por los habitantes originarios del archipiélago cubano: tierras de los indios taínos, siboneyes y guanajatabeyes, de quienes sólo se refiere que dejaron alimentos como la malanga y la yuca. El más respetado etnógrafo cubano, Fernando Ortiz, afirmaba que los indios se extinguieron con la llegada española a principio del siglo XVI: este libro rompe con ese mito que ha imperado durante más de 500 años.”

Una deducción simple acorta la pervivencia de tal mito a menos de un siglo de historiografía. Aunque figuras de tanto prestigio intelectual como Ortiz, ejercieron influencia para mantener la aseveración absolutista de la “desaparición de los indios”, antes de escribir su prolífica obra, en su tiempo y ya en su ocaso existencial, la tesis de Don Fernando fue rebatida con argumentos convincentes.

La negativa a una conclusión derivada de los testimonios del Harrington traducido y publicado en Cuba por Don Fernando, pretendía preservar la pasión predominante en sus estudios, el indudable y por entonces soslayado aporte africano a la cultura cubana.

Sin embargo, en pleno apogeo de su vida intelectual, el gran etnólogo debió leer en Bohemia, la revista número uno de Cuba, de gran difusión en Latinoamérica, un reportaje firmado por el entonces joven espeleólogo, recién graduado Dr. en filosofía por la Universidad de La Habana, Antonio Núñez Jiménez, quien tituló su noticia “Con los últimos indios de Cuba” —año 1949—, relatando la presencia de descendientes aborígenes claramente identificados en Yateras, La Caridad de los indios y Punta de Maisí, actual provincia de Guantánamo, así como en Ocujal del Turquino y Bella Pluma, Sierra Maestra, provincia de Santiago de Cuba.

En 1962 Núñez Jiménez, capitán del ejército rebelde de Fidel Castro, fue nombrado por su Comandante en Jefe Presidente de la recién creada Academia de Ciencias de Cuba, una de cuyas oficinas ocupó Fernando Ortiz.

En este lugar, debió confrontar, ya anciano, con el Antropólogo Dr. Manuel Rivero de la Calle, profesor de la Universidad de La Habana, quien llegara a presidir la cátedra correspondiente. Rivero de la Calle estudió al fondo una muestra de población aborigen superviviente en Yateras, municipio de la provincia de Guantánamo, demostrando con apoyo de las técnicas entonces existentes, el indudable ancestro indígena arahuaco de estos cubanos.

Los resultados de su investigación, además de publicarse en revistas científicas, aparecen sintetizados para el lector general en la obra Las Culturas aborígenes de Cuba (1966), de cuyo contenido cito:

“El grupo que conserva más puras sus características aborígenes y, a la vez el más numeroso, se encuentra viviendo en el municipio de Yateras, provincia de Guantánamo. Se ha calculado que más de 1000 personas de esta región presentan esas características, y en algunas son tan evidentes los rasgos de nuestros primitivos aborígenes que se les conoce con el nombre de “indios” y nadie tiene dudas de quiénes son estas personas.”

Sobre la valoración de esta investigación, escribió posteriormente otro especialista en la materia, José Barreiro, Smithsonian Scholar Emeritus, quien ha dirigido numerosos proyectos de esta institución centenaria, siendo fundador además de la Red de Pueblos Indígenas. Su pasión le llevó a Cuba, al extremo por donde primero sale el sol en el país, lugar que recorrió con un guía excepcional, el antropólogo Alejandro Hartman, historiador de la Ciudad de Baracoa y, uno de los 5 autores del libro que es noticia.

Primero leemos la apreciación de este destacado miembro del exilio cubano sobre las investigaciones del Dr. Rivero de la Calle:

“El estudio biológico de Rivero, realizado en dos etapas —1964 y 1972-1973— se centró exclusivamente en certificar la composición racial en una muestra de 300 personas de origen indígena del municipio Yateras. Su metodología incluyó mediciones antropométricas y observaciones somastópicas (siguiendo el Programa Biológico Internacional), características serológicas y genealogías familiares.” (Sitio Web: Cultural & Survival. Indios en Cuba, 2 de marzo de 2010).

Se trata de un conjunto de técnicas antropométricas evaluativas del cuerpo humano en toda su manifestación visible que excede en detalles al presente artículo: Estatura, hombros y caderas, mandíbulas, narices, pilosidad de la piel, cabellera, epicanto, oblicuidad de los ojos, iris, arcos superciliares, regiones glúteas, pelvis, pies y piernas, y coloración de la piel. Los resultados fueron comparados con la numerosa colección de restos humanos correspondiente a nuestros aborígenes, otros testimonios y estudios conocidos de la población arahuaca actual.

Las conclusiones que hemos citado, se reproducen actualizadas en una segunda obra de tan importante autor, esta vez firmada junto al profesor de la Universidad de La Habana y arqueólogo, Ramón Dacal Moure. Hablo de Arqueología aborigen de Cuba, de la editorial dedicada a la juventud Gente Nueva, La Habana, 1984.

Volviendo a Barnet, resulta inexplicable, por lo obvio, su errado comentario en torno al legado indígena cuando dice “de quienes sólo se refiere que dejaron alimentos como la malanga y la yuca.” Dejaron muchísimo más, es penoso que siendo este señor el asiento número dos de la Academia cubana de la Lengua, desconozca el aporte de más de 200 vocablos claramente tainos al idioma que hoy se habla en Cuba.

El profesor José Juan Arrom, cubano de Mayarí con cátedra en Yale, escribió durante sus 97 años de vida enjundiosos ensayos sobre la cultura taina, de los cuales señalo Mitología y artes prehispánicas de las Antillas (1975), Estudios de lexicología antillana (1980) y El murciélago y la lechuza en la cultura taína, editado con Manuel A. García Arévalo (1988).

Por si fuera poco, el entrevistado para CUBAENCUENTRO no puede desconocer a un colega suyo que también tiene asiento en la Academia Cubana de la Lengua, Sergio Valdés Bernal, autor de un texto en dos volúmenes titulado Las lenguas indígenas de América y el español de Cuba (1991-1993).

Inclusive, sin repasar los libros enumerados, bastaría andar por los campos del país, apreciando herencias indias tales como el bohío, humilde casa campesina, los caneyes, construcción mayor, muy difundida en las instalaciones turísticas, los recipientes elaborados con la Yagua, el pan de yuca llamado casabe por los tainos y, una larga lista donde ocupa lugar especial toda una tradición asociada a la Palma Real, árbol símbolo nacional.

¿Habló a la ligera el autor de Biografía de un cimarrón? ¿Descuido del entrevistador, igual de ausente a conocimientos tan populares?

A sus 82 años, Miguel Barnet ha causado vergüenza ajena cuando, por ejemplo, justificó y minimizó la responsabilidad de Fidel Castro en la represión sistemática de los homosexuales durante la década del sesenta.

En cuanto al mito de la desaparición de los aborígenes cubanos a mediados del siglo XVI, interpretando el hecho en la calidad de conclusión general, puede darse por válido si consideramos que de una población estimada por expertos en tal vez 200 mil individuos, sobrevivieron quizás 5 mil. El genocidio del 97 % de una población es un acto de exterminio, aunque lo extraordinario está en quienes sobrevivieron para con su presencia denunciarlo. La mirada de Luisa Gainsa condena para siempre lo que jamás debiera repetirse.

Por tanto, es altamente pernicioso y totalmente anti educativo conocer que el libro de texto básico para enseñar historia de Cuba, contiene el este párrafo:

“Una cultura que llevaba diez siglos de evolución en Cuba —su llegada el tiempo coincide con la invasión bárbara visigoda de España y el fin del imperio romano occidental— desapareció pocos años después de la llegada a América, a fines del siglo XV, de los descendientes de los visigodos, los españoles.” (Eduardo Torres Cuevas, Doctor en Ciencias Históricas, autor de Historia de Cuba en 3 tomos.)

Tal cultura y sus habitantes, definitivamente no desaparecieron, inspiran a otros novelistas de dignidad manifiesta, en especial menciono a Daína Chaviano, cuya última obra se titula Los hijos de la diosa Huracán. Precisamente el Catedrático emérito de Yale, José Juan Arrom, ha afirmado que fue huracán la primera palabra india incorporada regularmente a la lengua española.

Un doctor en ciencias históricas cubano, conoce de seguro la existencia de los llamados “pueblos de indios”, resultado del decreto real que en 1542 puso fin a las encomiendas, declarando a los nativos americanos súbditos del monarca español. Esta ley demoró una década en hacerse efectiva, cuando según estimaciones de expertos, tal vez quedaban en Cuba unos 5 mil indígenas.

Entonces fueron creadas varias comunidades bajo los derechos dados por el Rey, de ellas, un ejemplo fue recordado por el periodista Osviel Castro Medel en el segundo diario de mayor circulación del país, Juventud Rebelde, 24 de enero de 2011. Se trata de Jiguaní, fundado el 25 de enero de 1701 por el indio Miguel Rodríguez, con el apoyo de un cura llamado Andrés Jerez, según confirma el historiador de la localidad, Hugo Armas.

Otro capítulo de especial interés es el testimonio del Lugarteniente General del Ejército Libertador, de hecho su segundo Jefe, Antonio Maceo Grajales, citado por José Barreiro:

“Antonio Maceo ordena, utilizando la actividad de una india yerbera/médium, conocida como Cristina, lograr poner a los indios al lado de la causa mambisa e incluso se formará una unidad de combatientes indígenas en la zona de Maisí que ha pasado a la historia como Regimiento Hatuey, el cual participó en numerosas acciones hasta el fin de la Guerra de Independencia en 1898 y entre ellas los historiadores resaltan la importancia de la batalla de Sao del Indio.” (Sitio Web Cultural & Survival )

Volviendo al libro de reciente publicación, Cuba indígena hoy, sus rostros y ADN, el portal web No. 1 del rating en internet si de nuestro país se trata, CiberCuba, incluye una nota con la siguiente aseveración:

“En 2019 el fotógrafo español Héctor Garrido, uno de los impulsores del proyecto, comentó a la cadena SER que existían pruebas científicas de la existencia de descendientes directos de los taínos y causó revuelo al afirmar que no se extinguieron, tal y como han planteado los historiadores cubanos.”

Es perdonable en términos de historiar, esta imprecisa opinión de un fotógrafo español a quien hemos de agradecer su indudable protagonismo en el proyecto que dio a la luz el libro, junto a otros materiales audiovisuales de indudable valor. Sin embargo, ni Fernando Ortiz, ni el Dr. Torres Cuevas, menos aún el novelista Miguel Barnet, componen juntos a “los historiadores cubanos.”

Hay una pléyade de cronistas del pasado nacional de imperecedera memoria, cuyas obras ocupan un espacio imposible de borrar con algunas simples declaraciones mediáticas.

Quien escribe habla con pleno conocimiento de causa, conocí al catedrático Arrom durante su visita a Cuba en 1980, participando de un productivo almuerzo cargado de enseñanzas, en Trinidad, durante la IV jornada de la Cultura Aborigen, bajo la dirección personal del Dr. Antonio Núñez Jiménez. Con este último participé en varias expediciones por las cavernas de nuestro hermoso cocodrilo verde.

Desde entonces colaboré con Rivero de la calle y Ramón Dacal, de quiénes fui alumno de postgrado. Ejerciendo la responsabilidad de Director del Museo Municipal de Historia de Isla de Pinos, mal llamada Isla de la Juventud, realizamos una excavación arqueológica dirigida por el propio Rivero, en Punta del este, litoral sur pinero, conocido por la existencia en sus cavernas marinas de la más notable muestra de arte rupestre de las Antillas.

Años después conocí en Baracoa a Alejandro Hartman, historiador de la ciudad primada de Cuba, durante la siguiente jornada arqueológica nacional (1985).

Entonces volví a mi niñez en aquellos parajes selváticos, únicos de su clase en nuestra patria, porque mis padres enseñaron allí durante un lustro de sus vidas a los niños montunos, abundaban entre ellos los de clara identidad india, junto al Duaba, cuya desembocadura sirvió de rada al Titán Maceo, al desembarcar el 1ro de abril del glorioso año 1895.

Está de moda en las redes sociales la expresión cambiar el mundo, asociada a hechos y personas que supuesta o realmente, en algo o mucho han ejercido influencia en la globalizada vida actual. La frase, de tanto usarla, ha degenerado y deben reprobarse los excesos que oscurecen con sus olvidos la continuidad de los procesos históricos, además, porque “honrar honra”, bien lo dijo el Maestro de la ética política e intelectual, José Martí.

Cuenta José Barreiro, destacado activista por los derechos de los pueblos indígenas de nuestro planeta, que durante su visita a La punta de Maisí, mientras discutía con su colega, el historiador Hartman, sobre el grado de autenticidad de aquella cultura aún viva, desde el asiento trasero del auto, el indio Pedro Hernández, habitante de una comunidad allí radicada, cuyo padre y abuelo guiaron a Núñez Jiménez y Mark Harrington respectivamente, les interrumpió diciéndoles:

“Pero estoy aquí, Indios o descendientes, es lo mismo. Ellos, los viejos taínos, estaban aquí. Ahora, nosotros, mi generación, estamos aquí. No vivimos exactamente como ellos, pero todavía estamos aquí”.

Desde hace al menos un siglo, Luisa Gainsa viene diciendo lo mismo.

© cubaencuentro.com

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Tomado de https://www.cubaencuentro.com/ 

«Cuba Indígena Hoy»

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Un estudio que subraya la presencia de raíces nativas en la población cubana y rompe con la creencia de que los primeros pobladores de la isla desaparecieron tras la llegada de los españoles

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Por Carlos Olivares Baró

 Ciudad de México

07/04/2023 

Un equipo multidisciplinario (antropología, genética clínica, historia, sociología…) publica Cuba Indígena Hoy. Sus Rostros y ADN (Ediciones Polymita, 2022) en colaboración con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo donde se contradice que la población nativa de la Isla haya sido extinguida después de la llegada de los españoles. Resultado de una investigación que demuestra con pruebas de ADN que la herencia india sigue latente en la población cubana.

Volumen que recoge las conclusiones de un estudio in situ (área de la provincia de Guantánamo, municipio de Baracoa) conformado por los ensayos: “Cuba Indígena: Genesis de un proyecto”, del etnógrafo español Héctor Garrido; “Aquí estamos”, del antropólogo cubano Alejandro Hartmann; “Herencia aborigen en el siglo XXI cubano”, del sociólogo cubano Enrique J. Gómez; “Cuba indígena: huellas en el ADN”, de la cubana, especialista en Genética, Beatriz Marcheco; y “Los rostros del ADN”, de Beatriz Marcheco y Héctor Garrido.

“Este libro explora en la pervivencia y herencia legada por los habitantes originarios del archipiélago cubano: tierras de los indios taínos, siboneyes y guanajatabeyes, de quienes sólo se refiere que dejaron alimentos como la malanga y la yuca. El más respetado etnógrafo cubano, Fernando Ortiz, afirmaba que los indios se extinguieron con la llegada española a principio del siglo XVI: este libro rompe con ese mito que ha imperado durante más de 500 años”, explica en entrevista telefónica con CUBAENCUENTRO el etnógrafo, poeta y escritor cubano Miguel Barnet, autor del clásico Biografía de un Cimarrón.

¿En qué consiste el proyecto Cuba Indígena Hoy?

Aporta una nueva visión sobre esta polémica histórica a través de un estudio que empalma los rasgos físicos individuales de pobladores de la región oriental de Cuba, sobre todo de Baracoa, con los análisis genéticos. La edición se enriquece con un catálogo fotográfico que ilustra el genotipo indígena de estas poblaciones.

¿Investigación concluyente sobre el tema?

Se decía hace poco que aún quedaban algunos indígenas cubanos ‘mestizados’ por las serranías de Santiago de Cuba y de Pinar del Río; pero nada científicamente se podía asegurar, ahora con estas conclusiones avaladas por estudios de ADN se puede afirmar que la huella indígena en Cuba nunca desapareció. Lo más sorprendente y emocionante de Cuba Indígena Hoy se sustenta en sus irrebatibles resultados científicos.

¿Leyenda que perduró durante más de cinco centurias?

(foto del libro) 

Según estudios arqueológicos, puede especularse que en 1510, el número total de indígenas cubanos era de unos 112 mil, se cree que el 50 por ciento se asentaba en la geografía oriental (Santiago, Guantánamo, Baracoa…); pero, las enfermedades contagiosas de los europeos, las carnicerías humanas, la mala alimentación, los brutales trabajos y los suicidios, entre otras procedencias, hicieron que en 1570 quedaran sólo 3 mil: la mayoría del sexo femenino, quienes se convirtieron en esclavas sexuales de los españoles. De esos datos parte la creencia de la extinción nativa en la Isla.

¿Pruebas de ADN echan abajo lo que se decía?

Así es. Estudios realizados en las localidades de Baracoa donde se refugiaron pequeños grupos de indios cubanos, sobrevivientes de la crueldad de la colonización con resultados científicos que exigen reinterpretar los hechos. El ADN reveló que mientras a nivel nacional el porcentaje de genes de origen amerindio era del 8 por ciento; en Baracoa, llegaba al 20 por ciento. Es interesante, recordar que le ponemos al apodo de ‘indio’ a las personas nacidas en esa región de piel morena y pelo lacio.

© cubaencuentro.co

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