jueves, julio 21, 2022

Armando Rodríguez de cómo Fidel Castro Ruz vió el primer alunizaje del hombre el 20 de julio de 1969 y le negó al pueblo cubano disfrutar de ver ese momento

 Tomado de https://www.facebook.com/

(Salvo esta, las demás fotos y sus comentarios fueron añadidas por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Por Armando Rodríguez

20 de julio, 2021 


Un día como hoy en 1969 se oyó a Niel Armstrong decir “Eagle Touch down” y esto me trajo estas memorias… 

Era diciembre de 1968, era entonces alumno ayudante en el laboratorio de Fisica del Estado Sólido en la Escuela de Física de la Universidad de la Habana y pertenecía al grupo que se afanaba en obtener dispositivos semiconductores, proyecto que apadrinaba de cerca el entonces rector Chomi Millar. 

Junto con Manuel Hernández Calviño, impartíamos el curso de electrónica a los alumnos del tercer año de Física y nos habíamos aficionado a hacer antenas para la recepción de la TV americana. Ya habíamos hecho varias de distintos diseños, valiéndonos de tubería de desecho de cobre y alguna que otra antena vieja de TV.  

En una de sus frecuentes vistas a nuestro laboratorio, el rector conoce de nuestra afición y de como nos proponíamos hacer una para ver las trasmisiones del proyecto Apollo que en breve haría su lanzamiento #8 y orbitaría la luna.  Nos propuso apoyarnos en el proyecto de hacer una que podríamos poner en el techo del Rectorado, el punto más alto de la universidad y que su oficina contaba con un moderno televisor en colores.

(Los tres astronautas del Apollo 11)

Ese mismo día nos dimos a la tarea y la antena estuvo lista, para el lanzamiento. El proyecto fue un éxito, el canal 10 de ABC entraba alto y claro. También entraba fuerte el canal 7 de NBC y algún que otro espurio como el 11 que trasmitía desde Fort Myers. Se acercaba el día en que el Apollo 8 orbitaría el lado oculto de la luna y a eso de las 8PM, aquel grupo de Física concurriría, a la oficina del Rector a presenciar el evento.  

Yo decidí no irme a la casa, sino que me quedé allí dándole los últimos toques a la dirección de la antena, separar bien el bajante las paredes y dejar el ajuste fino del sintonizador en su posición optima.  En eso me afanaba cuando entra nada menos que Fidel Castro a la oficina de su amigo, Chomi Millar.  Venía a ver la trasmisión del Apollo que éste le había anunciado que vería en colores gracias a una excelente antena que sus especialistas le habían construido. 

(Ingeniero cubano que trabajó en el  viaje del Apollo 11)

A partir de ese momento, el edificio del rectorado quedo tomado por su inmensa escolta y más nadie más podría entrar ni salir del recinto.  Yo quedé dentro y el resto del grupo de física, incluyendo a Calviño, mi compañero de proyecto, se quedaron fuera.

El rector rápidamente dispuso de mis servicios como traductor de inglés para el Comandante.  Sentado a su diestra, recuerdo que inocentemente le pregunté que, siendo aquello un evento de indiscutible trascendencia científica, por qué no se le retrasmitía al pueblo. Me respondió que no se podían trasmitir los anuncios, que eso enviaba un mensaje de bienestar que podía confundir al pueblo.  Iluminado por todos los ángeles de mi guarda, más numerosos que aquella escolta y en contra de mi naturaleza contestataria, no insistí más en el asunto.   

Estuve en esas funciones de intérprete simultáneo hasta que la trasmisión terminó pasada ya la media noche.  Fue entonces que tomó la palabra y a los pocos presentes en aquella oficina, dos o tres trabajadores del rectorado que habían quedado atrapados por la ocupación y algunos miembros de la escolta, nos explicó algunos de sus planes inmediatos.  Entre ellos recuerdo que estaban los del café que proyectaba sembrar en los alrededores de La Habana y de como se proponía arruinar a Brasil, que entonces no era visto con buenos ojos por el Máximo.  El monólogo terminó a eso de las tres de la mañana.

Lo peor fue, que para los lanzamientos que se sucedieron, ya dejamos de estar invitados.  Desde temprano, el rectorado era ocupado por las tropas de seguridad personal.  Tanto Calviño como yo, tuvimos que buscar alternativas, para ver el resto de los Apollo.

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Pedro Arencibia

Mandy: ¿Habra un error en estas palabras?: ¨Era diciembre de 1968, hacía unos ocho años que era profesor en la Escuela de Física de la Universidad de la Habana...¨ No me cuadran los números con el año 1968 aunque contaras los años de ¨alumno ayudante¨como profesor, pues estarias impartiendo clases desde 1960. Cuando el Apollo 11 se corrió, entre algunos amigos, en la Escuela de Matemáticas que se iba ver el alunizaje en el Rectorado pero ese día bien pasada la tarde no vimos movimiento alguno; quizás el Fifo y Chomi se fueron a verlo en otro lado. Yo salí esa noche a pasear (algo que me era muy habitual) y en la calle recostado al Hotel Capri por 21 me di cuenta que la Ciencia en Cuba no era nada prioritaria para la dictadura. Años después me enteré que en la Escuela de Geofísica de la CUJAE muchos alumnos vieron el alunizaje.


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Armando Rodriguez

Tienes razon, confundí 68 con 78. Entonces había comenzado el 4to año y era alumno ayudante en los laboratorios de fisica del estado sólido, aun no se llamaba LIEES. La introducción tiene un error, pero la anécdota es correcta, fue como lo cuento. Lo que ocurría dentro la oficina del rector, no necesariamente tenía que verse desde la calle, además las trasmisiones del Apollo 8 (no el Apoolo 11) , fueron varias a lo largo de unos 4 días. Me contaron los otros del grupo que había sido invitado, entre los que estaba Calviño, que bañaditos y vestidos como venían, no los dejaron entrar. Lo de la CUJAE con el Apollo 11, es correcto, fue allí, en el fondo de un aula enorme que tuve que ir a verlo, pero me parece recordar que fue en el edificio de Eléctrica, ese que estaba cerca de la parada de la 84, aunque es posibe que fuera un aula de Geodésica, esa escuela no tenía un edificio completo, si me parece recordar que ertaba en el último piso.

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Armando Rodriguez

 Chomi fue el último respiro de la autonomía universitaria. Cuando crearon el Ministerio de Educación Superior, tuvieron que salir de él, porque no se sometía al nuevo orden.

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Julio A. Cartaya

Tengo un vago recuerdo que pusieron un televisor en colores en la planta baja del rectorado, y que hubo un grupo de estudiantes de ciencias que lograron ver dos cosas inusuales entre las cabezas de los otros: una imagen televisada que no fuera en blanco y negro, y un pedazo de historia.

Armando Rodriguez

No recuerdo eso, el resto de las transmisiones del proyecto Apollo, tuve que irlas a ver a otros otros lugares.

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Dos de las mujeres que trabajaron en las misiones de los Apollo


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viernes, julio 23, 2021

Video de Pepe Forte: ¿Por qué el pueblo cubano no pudo ver EL HOMBRE EN LA LUNA el 20 de julio de 1969?

 
Pepe Forte

Julio 20, 2021

Por qué CUBA no pudo ver EL HOMBRE EN LA LUNA? La dictadura comunista de Cuba, por orden estricta de Fidel Castro, privó a Cuba de ver el suceso más grande la humanidad, EL HOMBRE EN LA LUNA. De esta manera, del hemisferio occidental, los cubanos fueron los únicos que quedaron fuera de esa emoción. En este programa contamos los detalles de esta política, y hacemos un análisis de los daños de corte emocional que traen a una sociedad aislarla de hechos paralelos a su existencia. 

#HombreEnLaLuna #ElAticoDePepe #PepeForte

Por qué CUBA no pudo ver EL HOMBRE EN LA LUNA?


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Tomado de https://www.facebook.com

Por Armando Rodríguez

20 de julio, 2021

Un día como hoy en 1969 se oyó a Niel Armstrong decir “Eagle Touch down” y esto me trajo estas memorias… 

Era diciembre de 1968, era entonces alumno ayudante en el laboratorio de Fisica del Estado Sólido en la Escuela de Física de la Universidad de la Habana y pertenecía al grupo que se afanaba en obtener dispositivos semiconductores, proyecto que apadrinaba de cerca el entonces rector Chomi Millar. 

Junto con Manuel Hernández Calviño, impartíamos el curso de electrónica a los alumnos del tercer año de Física y nos habíamos aficionado a hacer antenas para la recepción de la TV americana. Ya habíamos hecho varias de distintos diseños, valiéndonos de tubería de desecho de cobre y alguna que otra antena vieja de TV.  

En una de sus frecuentes vistas a nuestro laboratorio, el rector conoce de nuestra afición y de como nos proponíamos hacer una para ver las trasmisiones del proyecto Apollo que en breve haría su lanzamiento #8 y orbitaría la luna.  Nos propuso apoyarnos en el proyecto de hacer una que podríamos poner en el techo del Rectorado, el punto más alto de la universidad y que su oficina contaba con un moderno televisor en colores.

Ese mismo día nos dimos a la tarea y la antena estuvo lista, para el lanzamiento. El proyecto fue un éxito, el canal 10 de ABC entraba alto y claro. También entraba fuerte el canal 7 de NBC y algún que otro espurio como el 11 que trasmitía desde Fort Myers. Se acercaba el día en que el Apollo 8 orbitaría el lado oculto de la luna y a eso de las 8PM, aquel grupo de Física concurriría, a la oficina del Rector a presenciar el evento.  

Yo decidí no irme a la casa, sino que me quedé allí dándole los últimos toques a la dirección de la antena, separar bien el bajante las paredes y dejar el ajuste fino del sintonizador en su posición optima.  En eso me afanaba cuando entra nada menos que Fidel Castro a la oficina de su amigo, Chomi Millar.  Venía a ver la trasmisión del Apollo que éste le había anunciado que vería en colores gracias a una excelente antena que sus especialistas le habían construido. 

A partir de ese momento, el edificio del rectorado quedo tomado por su inmensa escolta y más nadie más podría entrar ni salir del recinto.  Yo quedé dentro y el resto del grupo de física, incluyendo a Calviño, mi compañero de proyecto, se quedaron fuera.

El rector rápidamente dispuso de mis servicios como traductor de inglés para el Comandante.  Sentado a su diestra, recuerdo que inocentemente le pregunté que, siendo aquello un evento de indiscutible trascendencia científica, por qué no se le retrasmitía al pueblo. Me respondió que no se podían trasmitir los anuncios, que eso enviaba un mensaje de bienestar que podía confundir al pueblo.  Iluminado por todos los ángeles de mi guarda, más numerosos que aquella escolta y en contra de mi naturaleza contestataria, no insistí más en el asunto.   

Estuve en esas funciones de intérprete simultáneo hasta que la trasmisión terminó pasada ya la media noche.  Fue entonces que tomó la palabra y a los pocos presentes en aquella oficina, dos o tres trabajadores del rectorado que habían quedado atrapados por la ocupación y algunos miembros de la escolta, nos explicó algunos de sus planes inmediatos.  Entre ellos recuerdo que estaban los del café que proyectaba sembrar en los alrededores de La Habana y de como se proponía arruinar a Brasil, que entonces no era visto con buenos ojos por el Máximo.  El monólogo terminó a eso de las tres de la mañana.

Lo peor fue, que para los lanzamientos que se sucedieron, ya dejamos de estar invitados.  Desde temprano, el rectorado era ocupado por las tropas de seguridad personal.  Tanto Calviño como yo, tuvimos que buscar alternativas, para ver el resto de los Apollo.

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Pedro Pablo Arencibia escribió:

 Cuando el Apollo 11 se corrió, entre algunos amigos, en la Escuela de Matemáticas que se iba ver el alunizaje en el Rectorado pero ese día bien pasada la tarde no vimos movimiento alguno; quizás el Fifo y Chomi se fueron a verlo en otro lado. Yo salí esa noche a pasear (algo que me era muy habitual) y en la calle recostado al Hotel Capri por 21 me di cuenta que la Ciencia en Cuba no era nada prioritaria para la dictadura. Años después me enteré que en la Escuela de Geofísica de la CUJAE muchos alumnos vieron el alunizaje.

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Armando Rodrñiguez escribió:

 Lo que ocurría dentro la oficina del rector, no necesariamente tenía que verse desde la calle, además las trasmisiones del Apollo 8 (no el Apoolo 11) , fueron varias a lo largo de unos 4 días. Me contaron los otros del grupo que había sido invitado, entre los que estaba Calviño, que bañaditos y vestidos como venían, no los dejaron entrar. Lo de la CUJAE con el Apollo 11, es correcto, fue allí, en el fondo de un aula enorme que tuve que ir a verlo, pero me parece recordar que fue en eldificio de Eléctrica, ese que estaba cerca de la parada de la 84, aunque es posibe que fuera un aula de Geodésica, esa escuela no tenía un edificio completo, si me parece recordar que ertaba en el último piso.

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viernes, julio 19, 2019

Vicente Echerri: Conciencia de los límites: a medio siglo del primer alunizaje


Conciencia de los límites: a medio siglo del primer alunizaje

Por Vicente Echerri
Nueva York
19 de Julio de 2019

Cuando veo los cielos, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que tú formaste.
Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria…?
(Salmo 8:3-4)

Las hermosas palabras del Salmo 8 —convocándonos a la humildad frente a la vastedad del universo— resonaban en toda la tierra aquel 20 de julio de labios de Buzz Aldrin que, junto con Neil Armstrong, acababa de poner pie en el desolado paisaje de la Luna. El exitoso viaje del Apolo 11, del que se cumple este año medio siglo, era sin duda una de las proezas más espectaculares de la Historia, como lo definiera el propio Armstrong: "un salto gigantesco para la humanidad".

El satélite que siempre había sido testigo de nuestra peripecia —objeto de culto, inspiración de poetas y motivo de siniestras leyendas— dejaba de ser la metáfora de lo inalcanzable. Los seres humanos hollaban su suelo —mucho más ingrávido que el nuestro— haciendo realidad una aspiración milenaria. La humanidad en pleno, más allá de ideologías, religiones, lenguas y razas, estaba presente en aquellos dos astronautas.

Podemos imaginarnos enfundados en aquellos trajes espaciales y andando por esa enorme roca —sin agua y sin aire— en que el sol se refleja; y allá, en el horizonte, en medio de la oscuridad del espacio sideral, ver destacarse nuestro grácil planeta azul, principio y fin de nuestra existencia como especie, en toda su finitud y vulnerabilidad. Por primera vez, la Tierra era vista y fotografiada a la misma distancia en que para nosotros se muestra la Luna. Esa esfera rodante era nuestra totalidad, contenido de nuestra trayectoria y de nuestros saberes, hábitat de la única vida conocida.

En la Tierra vivíamos entonces en medio de la polarización de la llamada "Guerra Fría" y del conflicto bastante caliente de Vietnam. En las calles de las ciudades de Estados Unidos, que acababa de ponerse a la cabeza de la carrera espacial, tenían lugar gigantescas protestas por su intervención en Indochina que, de alguna manera, era una continuación de la lucha en pro de los derechos civiles que encabezara Martin Luther King Jr., asesinado un año antes. Europa apenas se reponía de los sacudimientos del 68, tanto en el ámbito capitalista (el mayo francés) como en el comunista (la "primavera de Praga", que terminó abruptamente con los tanques soviéticos el 20 de agosto).

(La Tierra vista desde la nave Apolo 11. (NASA))

De repente, la llegada de estos astronautas americanos a la Luna empequeñecía y ridiculizaba nuestras disputas y, con nuevos ojos, veíamos por primera vez la Tierra tal vez como la veía Dios. El movimiento ecológico, que en ese momento todavía estaba en ciernes, encontraría en esa foto un icono y un punto de partida; había en verdad una razón superior a las que debían supeditarse todas las querellas fronterizas y las esferas de influencia: el hogar de la raza humana era uno solo y nuestras insensatas disputas lo estaban poniendo en peligro.

Las misiones a la Luna no se extendieron por mucho tiempo. Con el viaje del Apolo 17, en diciembre de 1972, tendría lugar la última de esas aventuras. La NASA canceló el programa que ha permanecido abandonado por todos estos años. Eugene Cernan, fallecido en 2017, fue el último hombre en dejar sus huellas en la superficie lunar.

Muchos han cuestionado la utilidad de las misiones a la Luna —más allá del triunfo propagandístico de Estados Unidos frente a la rivalidad de la URSS— y muchos han criticado el dispendio que significo todo el programa cuando había "tantas cosas que arreglar en la Tierra".

Yo creo, sin embargo, que, pasando por alto cualquier gesto de supremacía, esa sola foto de la Tierra tomada desde nuestro satélite justificó el gasto y la aventura. Nos impuso a todos la conciencia de nuestra finitud, sirvió para doblegar nuestra fatuidad y nuestro orgullo, nos enfrentó con nuestra entrañable pequeñez. De pronto, ante a ese único hogar que compartíamos, todas las religiones, las ideologías y los odios resultaban patéticos.

Han pasado 50 años y nuestros conflictos no parece que se atenúan. Algunos órdenes —como el comunismo soviético— se desmoronaron, pero han surgido otros —como el islamismo fundamentalista— que insisten en imponer su visión segmentada y fanática.

Frente a esos brotes de barbarie deben alzarse siempre los marcos mayores de nuestra supervivencia colectiva: la Tierra es un todo en el que estamos obligados a convivir y a la que todos debemos cuidar y proteger, puesto que, al menos de momento, no tenemos alternativa.
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Misión Apolo 11 - 50 Aniversario de la llegada a la Luna (2019)


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Live: NASA celebrates the 50th anniversary of the Apollo 11 Moon landing




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