jueves, febrero 24, 2022

Alejandro Armengol: La guerra contra las ideas en Cuba. Cambios se han visto, pero la naturaleza del sistema no ha cambiado

 
Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

La guerra contra las ideas en Cuba

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Cambios se han visto, pero la naturaleza del sistema no ha cambiado

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Por Alejandro Armengol

Miami

23/02/2022

Controlar a los intelectuales siempre ha sido uno de los mayores esfuerzos del régimen cubano. También uno de sus fracasos más manifiestos.

El gobierno de La Habana siembre se ha mostrado preocupado frente a quienes piensan y crean. Una y otra vez resurge el temor de que escritores, pintores, periodistas, economistas, ingenieros, profesores y hasta bibliotecarios, en algún momento cuestionen el sistema.

Bajo su punto de vista, no le falta razón. La oposición en Cuba, en estos momentos, no se define en la lucha armada, sino en la confrontación política. No hay simplemente una batalla ideológica: hay una lucha contra las ideas.

Esta confrontación no se limita a no perder el control de la calle. Va mucho más allá: se dirige al control de las ideas. No importa que no se compartan, basta que se acaten.

Por décadas esta premisa ha sido uno de los pocos dogmas mantenidos sin variación, mientras se ha ido desarrollando un ajiaco ideológico que permite asimilarlo todo, siempre y tanto esté previamente autorizado.

Este dogma siempre se ejemplificó en manifestaciones burdas, como las famosas reuniones laborales y estudiantiles para “discutir el último discurso de Fidel”, pero también tuvo momentos canónicos, como las tristemente célebres “Palabras a los intelectuales”:

“¿Sentimos el temor de la existencia de un organismo nacional, que es un deber de la Revolución y del Gobierno Revolucionario contar con un órgano altamente calificado que estimule, fomente, desarrolle y oriente, sí, oriente ese espíritu creador? ¡Lo consideramos un deber!”, escribió Fidel Castro en dicho folleto.

“Si nosotros impugnamos ese derecho del Gobierno Revolucionario estaríamos incurriendo en un problema de principios, porque negar esa facultad al Gobierno Revolucionario sería negarle al gobierno su función y su responsabilidad, sobre todo en medio de una lucha revolucionaria, de dirigir al pueblo y de dirigir a la Revolución”, añade.

El entonces gobernante estableció muy claro lo que consideraba los derechos de la revolución. Es decir, sus derechos. Y por supuesto, no todos los derechos eran iguales: unos estaban apoyados con cañones, policías y cárceles y otros dependían simplemente del individuo.

Así que a partir de ese momento todo el mundo debía saber a qué atenerse. Y el principio no ha cambiado hasta hoy. Podrá haber desaparecido físicamente su autor, pero su obra continúa.

Lo que nunca admitirá el régimen es una renuncia a sus “derechos”. Lo que nunca estará dispuesto a ceder es en poder de decisión.

Cambios se han visto. Por años estuvo prohibida la exhibición de la mayor parte del cine norteamericano y perseguidos los homosexuales, para citar dos ejemplos siempre repetidos. Ya no, pero la naturaleza del sistema no ha cambiado.

Lo anterior lleva a reconocer —aunque nunca a compadecer— el triste papel de los represores de todo tipo, que por miedo llevan a cabo tareas que pueden resultarles desagradables —o gustosas, porque para todo siempre hay alguien dispuesto— y que saben, ya que a estas alturas no queda la posibilidad de duda al respecto, que en el futuro enfrentan la posibilidad de ser criticados, separados o incluso sancionados.

Los escritores y artistas de la isla no deben olvidar que, a los ojos del régimen, es igualmente sospechoso un disidente que se cuestiona el curso del proceso social que un creador interesado en difundir su punto de vista.

La única diferencia aceptada es el grado de encubrimiento a la hora de exponer una opinión.

En ambos casos, el grado de distanciamiento del punto de vista oficial lo establece el sistema. No son solo las circunstancias las que hacen más o menos permisible una crítica. El régimen se reserva el derecho de dictaminar sobre qué protestar, cómo y cuándo hacerlo.

Todo escritor y artista honesto que vive en la isla está ante una situación sumamente difícil. Guardar un silencio culpable ante cualquier acción represiva compromete la dignidad intelectual. Manifestarse abiertamente implica no solo un peligro personal, sino también la posibilidad de ver interrumpida la labor creativa. Queda a cada cual determinar qué es más importante.

Como nación, Cuba atraviesa una crisis cultural sin salida. Por décadas el país se ha caracterizado por la existencia de un gran número de intelectuales silenciados o silenciosos. No se puede arengar desde el exterior el asumir un compromiso que se negó al abandonar el país. Sí se puede sugerir que, al menos, se practique un retraimiento decente.

© cubaencuentro.com

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Fidel Castro: ¨Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada¨


La reportera Bernadette Pardo le dice las verdades a Fidel Castro en su cara



En el número 43 de la relevante revista  Encuentro de la Cultura Cubana se pueden leer los siguientes  interesantes artículos sobre las palabras del tirano Fidel Castro Ruz a los intelectuales en 1961, Ese número 43 de la revista puede leerse completamente haciendo click AQUÍ

1961: Palabras de los intelectuales

Introducción

Página de inicio: 146

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La pistola sobre la mesa

Manuel Díaz Martínez

Página de inicio: 147

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Encuentro de los intelectuales cubanos con Fidel Castro

Página de inicio: 157

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Testimonios

Página de inicio: 176

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Confesión de timidez

Rafael Rojas

Página de inicio: 186

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Una reunión de miedo

Antonio José Ponte

Página de inicio: 190

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sábado, febrero 13, 2021

Un José Martí censurado en Cuba que habla de la religión cristiana del Amor; además: ¿ Existe la Ciencia Trascendental en el orden intelectual absoluto?

 



Tomado de http://josemartiyperez.blogspot.com



Hay en el hombre...


Por José Martí

Hay en el hombre un conocimiento íntimo, vago, pero constante e imponente, de UN GRAN SER CREADOR: Este conocimiento es el sentimiento religioso, y su forma, su expresión, la manera con que cada agrupación de hombres concibe este Dios y lo adora, es lo que se llama religión. Por eso, en lo antiguo, hubo tantas religiones como pueblos originales hubo; pero ni un sólo pueblo dejó de sentir a Dios y tributarle culto. La religión está, pues, en la esencia de nuestra naturaleza. Aunque las formas varíen, el gran sentimiento de amor, de firme creencia y de respeto, es siempre el mismo. Dios existe y se le adora.


Entre las numerosas religiones, la de Cristo ha ocupado más tiempo que otra alguna los pueblos y los siglos: esto se explica por la pureza de su doctrina moral, por el desprendimiento de sus evangelistas de los cinco primeros siglos, por la entereza de sus mártires, por la extraordinaria superioridad del hombre celestial que la fundó. Pero la razón primera está en la sencillez de su predicación que tanto contrastaba con las indignas argucias, nimios dioses y pueriles argumentos con que se entretenía la razón pagana de aquel tiempo, y a más de esto, en la pura severidad de su moral tan olvidada ya y tan necesaria para contener los indignos desenfrenos a que se habían entregado las pasiones en Roma y sus dominios.

Pura, desinteresada, perseguida, martirizada, poética y sencilla, la religión del Nazareno sedujo a todos los hombres honrados, airados del vicio ajeno y ansiosos de aires de virtud; y sedujo a las mujeres, dispuestas siempre a lo maravilloso, a lo tierno y a lo bello. Las exageraciones cometidas cuando la religión cristiana, que como todas las religiones, se ha desfigurado por sus malos sectarios; la opresión de la inteligencia ejercida en nombre del que predicaba precisamente el derecho natural de la inteligencia a libertarse de tanto error y combatirlo, y los olvidos de la caridad cristiana a que, para afirmar un poder que han comprometido, se han abandonado los hijos extraviados del gran Cristo, no deben inculparse a la religión de Jesús, toda grandeza, pureza y verdad de amor. El fundador de la familia no es responsable de los delitos que cometen los hijos de sus hijos.

Todo pueblo necesita ser religioso. No sólo lo es esencialmente, sino que por su propia utilidad debe serlo. Es innata la reflexión del espíritu en un ser superior; aunque no hubiera ninguna religión todo hombre sería capaz de inventar una, porque todo hombre la siente. Es útil concebir un GRAN SER ALTO; porque así procuramos llegar, por natural ambición, a su perfección, y para los pueblos es imprescindible afirmar la creencia natural en los premios y castigos y en la existencia de otra vida, porque esto sirve de estímulo a nuestras buenas obras, y de freno a las malas. La moral es la base de una buena religión. La religión es la forma de la creencia natural en Dios y la tendencia natural a investigarlo y reverenciarlo. El ser religioso está entrañado en el ser humano. Un pueblo irreligioso morirá, porque nada en él alimenta la virtud. Las injusticias humanas disgustan de ella; es necesario que la justicia celeste la garantice.

Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, 1991, T. 19, págs. 391-392.
Tomo 19 (Viajes, Crónicas, Diarios, Juicios), en las páginas 391-392, edición de 1975 del Instituto Cubano del Libro

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Por José Martí
¿ EXISTE LA CIENCIA TRASCENDENTAL EN EL ORDEN INTELECTUAL ABSOLUTO ?

La ciencia trascendental es la verdad única, generadora y matriz de todo género y toda clase de verdades. 

Ella, madre--se abre y se esparce en ciencias múltiples y verdades inferiores y distintas.

Todo va a la unidad, todo a la sintesis, las esencias van a un ser; los existentes a lo existente: un padre es padre de mucboo hijos: un tronco es asiento de infinitas ramas: un sol se vierte en innúmeros rayos: de lo uno sale en todo lo múltiple, y lo múltiple se refunde y se simplifica en todo en lo uno.

Así de una verdad nacen las ciencias, y así las ciencias van a una verdad y apenas el espíritu generalizador entra a estudiarlas descubre en ellas principios de una a otra, principios comunes, base común de ciencias diferentes que dice cómo todo va de la ramificación al tronco uno.

La ciencia trascendental existe, pues. El talentc más estimado es el sintético. El genio es superior entre los hombres porque abarca más de una mirada. En la tierra misma, mientras mas aitos son los espíritus, más sencillas conciben las ideas. Pero no hay en la tierra espíritu tan alto que conciba y en si encierre y en sí resuma la verdad generadora de verdades. Vemos que se unen, que se forman en grupos, que ascienden en progresión simplificadora; pero en la Tierra la vida más ilustre es absorbida por una sola ciencia.

La ciencia trascendental, existe; pero no existe en el orden intelectual humano.

Si existe, en algún orden indudablemente ha de existir; superior al nuestro, más sintético, más conjuntivo, más armónico. En el orden posthumano e infra-humano; en el orden intelectual universal; que como todos los hijos van a un padre, y todas las ramas a un tronco y todos los rayos a un sol, todas las ciencias van a una ciencia, todas las verdades van a una verdad, todos los mundos van, en el universal sublime armónico sintético conjunto, a Dios. 

Luego :

Si existe la ciencia trascendental en el orden intelectual absoluto.

Obras Completas, Tomo 21, PP 52-53)
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Muchas más reflexiones martianas de carácter filosófico en: Alberto Roteta Dorado

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