Es un blog diario digital conformado con los artículos, opiniones, ensayos, etc. del Catedrático universitario Lic. Pedro Pablo Arencibia Cardoso sobre diferentes temáticas de la problemática cubana, actual e histórica, así como por noticias y artículos de otros autores que se consideran de gran interés para profundizar en la realidad cubana.
jueves, septiembre 12, 2024
Luis Cino Álvarez desde Cuba: Los mandamases castristas deberían imitar la leninista Nueva Polírica Económica (NEP) y no al estalinismo
Los mandamases castristas deberían imitar la NEP y no al estalinismo
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Bajo la NEP se autorizó la producción y comercio libre de los campesinos y fueron creadas miles de empresas privadas en todas las ramas de la economía.
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Por Luis Cino
Sepyoembre 10, 2024
LA HABANA, Cuba.- Las medidas que están tomando los mandamases de la continuidad castrista para limitar las actividades de los dueños de Mipymes y otros emprendedores privados recuerdan la ofensiva emprendida por Stalin contra los kulaks (campesinos acomodados) y los nepmen (especuladores), a partir de 1928, cuando puso fin a la Nueva Política Económica (NEP, las siglas en ruso de Nóvaya Economícheskaya Polítika).
La NEP había sido decretada por Vladimir Ilich Lenin el 21 de marzo de 1921, en el Décimo Congreso del Partido Comunista Soviético.
Ante la desastrosa situación social y económica en que estaba Rusia luego de más de cuatro años de guerra civil, Lenin, con la NEP, optó por la adopción de un capitalismo de Estado que sustituyera al comunismo de guerra que estuvo vigente desde el triunfo de la revolución bolchevique de octubre de 1917.
Bajo la NEP se autorizó la producción y comercio libre de los campesinos y fueron creadas miles de empresas privadas en todas las ramas de la economía, incluso en la industria pesada. El Estado Soviético solo retuvo el control sobre los bancos, el comercio exterior y las principales industrias.
Pronto hubo una recuperación económica. Para 1928, la producción agrícola e industrial rusa había vuelto a los niveles de antes de la Primera Guerra Mundial. Pero a pesar de sus buenos resultados, la NEP fue revertida en 1928, cuatro años después de la muerte de Lenin, por su sucesor, Stalin.
El nuevo dictador negó que fuera una ruptura con las políticas leninistas, alegando que Lenin había dicho a los comunistas que se oponían a la NEP que esta era “un paso hacia atrás para luego dar dos pasos hacia adelante”.
Stalin creyó llegado el momento de dar esos pasos y acabó con la coexistencia entre el sector estatal y el privado al sustituir la NEP por los planes quinquenales. Obsesionado por conseguir capital para la industrialización acelerada de la Unión Soviética, Stalin volvió al monopolio estatal y al control centralizado de absolutamente toda la actividad económica. Y los desastrosos resultados no se hicieron esperar.
Al someter Stalin a los campesinos a la colectivización forzada, entre 1928 y 1937, murieron de hambre 12 millones de personas (solamente en Ucrania, entre 1932 y 1933, murieron seis millones).
Después de la muerte de Stalin en 1953, y del informe de Khruschev en el XX Congreso del Partido Comunista en 1956, el sistema presupuestario estalinista basado en la planificación centralizada fue sustituido por el cálculo económico, que concedía autonomía a las empresas estatales, decidía la producción y las inversiones y obtenía un porcentaje de las utilidades.
Fidel Castro, en políticas económicas, se la pasó dando alocados bandazos entre el sistema presupuestario estalinista y el cálculo económico de la época post-estalinista.
Como mismo Stalin revirtió la NEP, Fidel Castro, cuando contó con el petróleo venezolano que le garantizaba Hugo Chávez y con las ganancias derivadas del turismo y las remesas, dio marcha atrás a las tímidas reformas de mercado que se había visto obligado a adoptar durante el Período Especial.
Los mandamases de la continuidad fidelista, también dando bandazos y condenando a los cubanos a la miseria perpetua, apuestan testarudamente por el monopolio estatal y el control centralizado de la economía.
Aunque digan aprobar el desarrollo del sector privado, en realidad estrangulan a “los nuevos actores económicos no estatales”, como los llaman, con sus trabas y limitaciones absurdas, los altos impuestos y la falta de un mercado mayorista.
nsisten en conceder las mayores y mejores extensiones de tierras a las ineficientes empresas estales, aunque se llenen de yerba y marabú; y obligan a los campesinos y cooperativistas a vender, a precios bajísimos, la mayor parte de sus producciones a los centros de acopio estatales, no importa si los productos se echan a perder en los almacenes por falta de transporte, de combustible, de envases o simplemente por desorganización. Y para colmo, impone precios topados a lo poco que les dejan a los campesinos para vender a los particulares, haciéndoles incosteables sus cosechas.
La crisis de la agricultura cubana, cada vez más agravada por las miopes políticas de los mandamases, sumada a la desmesurada inflación provocada por el fracaso del reordenamiento económico, tiene a los cubanos al borde de la hambruna.
Y los mandamases, como si con ellos no fuera. Siguen culpando al “bloqueo”, mostrándose triunfalistas y hablando de sobrecumplimientos que solo existen en el NTV y el periódico Granma.
Cuando dicen que van a solucionar un problema, lo que hacen es agravarlo. Está ocurriendo ahora, con los topes de precio, las ventas forzadas y los cierres de Mipymes: lo que han conseguido es que haya menos productos y que haya que recurrir al mercado negro para conseguirlos.
Sería conveniente que, al menos para aliviar siquiera un poco las penurias de sus compatriotas, ya que no se deciden a soltar el poder y largarse, los mandamases continuistas, en vez de elucubrar “estrategias político-ideológicas” y otras sandeces, tuviesen en cuenta las experiencias de la NEP en Rusia y el desastre que provocó Stalin cuando la revirtió.
No es posible que los mandamases de la continuidad, pese a lo que les hayan enseñado sus profesores comunistas de la Escuela Ñico López, sean más dogmáticos con el marxismo-leninismo de lo que fue el mismísimo camarada Vladimir Ilich.
Fue probablemente Lenin quien inspiró en sus discípulos Stalin, Mao y Fidel Castro la animadversión contra los escritores, intelectuales y artistas que no se sometieran a sus designios
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Por Luis Cino Álvarez
16 de julio, 2023
LA HABANA, Cuba. — Fue probablemente Lenin quien inspiró en sus discípulos Stalin, Mao y Fidel Castro la animadversión contra los escritores, intelectuales y artistas que no se sometieran a sus designios.
Vladímir Ilich Lenin detestaba a los escritores que no sirvieran a la causa comunista. Desde mucho antes de que en 1917 se apoderara del poder, el líder bolchevique no ocultaba el desprecio que sentía por aquellos que no se plegaban a sus planes, a quienes calificaba de “pseudointelectuales” y otros epítetos.
En fecha tan temprana como 1905, cuando aún no había creado el primer soviet, en La organización y la literatura del Partido, escribía Lenin con su prosa exaltada y farragosa: “¡Fuera los literatos que no pertenezcan al Partido! ¡Fuera esos falsos superhombres de las letras! La literatura debe formar parte de la causa del proletariado universal, debe ser un tornillo o una palanca en el complicado mecanismo movido por la aparición de la conciencia de clases y colocarse al lado de los trabajadores.”
Tanto recelo sentía Lenin hacia los escritores, tanto le disgustaban, que incluso algunos de los que sirvieron lealmente al régimen soviético, como Máximo Gorki y los poetas Serguei Esenin y Vladímir Mayakovsky, tuvieron encontronazos con el poder y fueron acusados de “elitistas, individualistas y pequeño-burgueses”.
A Lenin le irritaba el más grande de los escritores rusos: León Tolstoi. Si no se ensañó más con él fue porque murió en 1910, siete años antes del triunfo de la Revolución bolchevique. Si no, quién sabe si hubiera terminado preso o exiliado.
El pacifismo de León Tolstoi, su misticismo cristiano y, particularmente, su doctrina de la no resistencia al mal se contradecían con la violencia propugnada por Lenin luego de la Revolución de 1905. Por eso, reprochaba a Tolstoi “la torpeza de los visionarios, la falta de perspicacia política”, “sus puntos de vista perjudiciales”, no entender la Revolución y “evitarla de modo consciente”.
El líder bolchevique, aunque decía admirar la literatura de Tolstoi, no conseguía ocultar el desdén que sentía por él. Afirmaba que los criterios de Tolstoi “eran los de un campesino patriarcal e ignorante y no los de un escritor de cultura europea”.
En el artículo León Tolstoi, espejo de la Revolución rusa, escrito por Lenin poco después de la muerte del autor de Ana Karenina y La Guerra y la Paz, sentenció: “Como profeta que ha descubierto nuevas fórmulas para la salvación de la humanidad, Tolstoi es francamente ridículo y sus seguidores rusos y extranjeros son criaturas lastimeras, porque tratan de elevar a dogmas la parte más débil de sus enseñanzas”.
Vale la pena citar en extenso el roñoso análisis que hace Lenin en dicho artículo sobre el ideario del apóstol de Yasnaia Poliana:
“Es algo que salta a primera vista la inconsistencia que se encuentra en las obras, opiniones, enseñanzas y doctrinas de la escuela de Tolstoi. Por un lado, tenemos a un autor de genio que ha producido pinturas inigualables de la vida rusa, obras que pueden ser calificadas de clásicas en la literatura universal, por el otro nos encontramos con el terrateniente, sectario de Cristo. Con una mano, Tolstoi escribe la protesta más sincera, directa y acuciosa que existe contra la falsedad e injusticia del actual orden social, y con la otra produce a los tolstoianos, cansados, lastimosos, harapos de intelectuales que se golpean el pecho públicamente exclamando: soy un pecador, un miserable pecador, pero ahora me entrego a perfeccionarme moralmente y ya no como carne, solo me alimento de arroz y lechuga. Por un lado, la obra de Tolstoi contiene la crítica más severa de la explotación capitalista, la acusación más desenmascaradora de la violencia gubernamental, de la comedia de la justicia y de los contrastes entre la creciente plutocracia y el aterrador avance de la pobreza entre las clases trabajadoras; por el otro, contiene esa imbécil prédica de la resistencia al mal. En algunas de sus páginas nos encontramos con el más sincero realismo, en otras con prédicas sobre la más absurda hipocresía existente, la religión, sentimiento que trata de imponer, sustituyendo a los predicadores oficiales con otros sacerdotes, movidos estos por convicciones morales, cultivando así una nueva, odiosa y refinada clerecía”.
Lástima que Tolstoi no hubiese estado vivo para ripostar.
¿Qué iba Lenin a apreciar la literatura, y el arte en general, por sus valores intrínsecos, más allá de la política? En Lenin, que era un hombre culto, el fanatismo y el odio se imponían sobre la cierta sensibilidad artística que poseía.
Sobre la Appassionata de Beethoven, escribió una vez,: “No conozco nada más hermoso que la Appassionata. Podría oírla todos los días. Es una música maravillosa, ultraterrena. Cada vez que oigo esas notas, pienso con orgullo, quizás con ingenuidad infantil en las hermosas cosas que el hombre puede realizar. Pero no puedo oír esa música a menudo, me afecta los nervios.Quisiera decirles cosas amables a las gentes y acariciarles la cabeza a quienes pueden crear tal belleza en un mundo tan horrible. Pero hoy no es el momento de acariciar cabezas, sino de destrozarlas con nuestros puños cerrados”. Y, en un rapto de sinceridad, concluía confesando: “Le aseguro, amigo mío, que nuestra tarea es verdaderamente infernal”.
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano
Lenin fue mucho más que el azote de los escritores libres en Rusia; fue un genocida:
Lenin: números, datos e imágenes de los crímenes del primer dictador comunista
********** Uno de los mitos históricos más aberrantes del siglo XX es presentar a Lenin como el dictador “bueno” de la URSS, y a Stalin como el “malo”, en un intento de salvar el mandato del primero. **********
@ElentirVigo Mar 8·11·2016
AVISO: este artículo contiene imágenes que pueden herir tu sensibilidad
Las cifras de víctimas del leninismo, de noviembre 1917 a enero 1924
Más de un millón de personas asesinadas por motivos políticos o religiosos.
Entre 300.000 y 500.000 cosacos asesinados.
Cientos de miles de trabajadores y campesinos asesinados por hacer huelgas.
240.000 muertos en la represión de la rebelión de Tambov.
Más de 50.000 prisioneros de guerra blancos ejecutados.
Entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos por hambrunas entre rusos, kazajos y tártaros.
Lenin en un mitin el 18 de marzo de 1918.
Una revolución comunista que abortó la democracia en Rusia
Para desmitificar a Lenin hay primero que romper otros mitos. El más básico es que cuando estalló la Revolución bolchevique el 7 de noviembre de 1917, los comunistas no derrocaron al Zar -que ya no reinaba- sino que abortaron la incipiente democracia en Rusia, aprovechando la crisis surgida entre conservadores y socialistas. Tras el asalto violento al poder por parte de los comunistas, estalló una guerra civil que duró cinco años, y en la que -ya desde el poder- se enfrentaron los bolcheviques -que resultaron vencedores- contra todos sus rivales. Era el comienzo de una sanguinaria dictadura que duraría más de 70 años, hasta la desaparición de la URSS en 1991.
Chekistas bolcheviques asesinando a un detenido, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947).
Lenin ya había adelantado sus planes: dictadura y represión violenta Poco antes de esa revolución comunista, en el verano de 1917 Lenin escribió un libro, “El Estado y la Revolución”, trazando cómo sería su dictadura. Entre otras consideraciones, el futuro déspota tiraba de la demagogia más burda y arremetía contra la democracia parlamentaria:
“Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias, sino en las repúblicas más democráticas.”
Lenin abogaba “por la destrucción del parlamentarismo burgués” y “por una República de los Soviets de diputados obreros y soldados, por la dictadura revolucionaria del proletariado“. Esa dictadura implicaría “una serie de restricciones impuestas a la libertad de los opresores, de los explotadores, de los capitalistas” (al final las aplicaría a todo el mundo), y añadía: “es evidente que allí donde hay represión hay violencia, no hay libertad ni democracia”. En el libro, además, ya adelantaba con absoluta franqueza y antes de llegar al poder que la violencia la usaría “tanto para aplastar la resistencia de los explotadores como para dirigir a la enorme masa de la población, a los campesinos, a la pequeña burguesía, a los semiproletarios, en la obra de “poner en marcha” la economía socialista.” Uno de los más estrechos colaboradores del dictador comunista, León Trotsky, escribiría años después las palabras de Lenin a quienes se mostraban reticentes al uso del terrorismo: “¿Creéis realmente que podemos salir victoriosos sin utilizar el terror más despiadado?”
Funcionarios de la Cheka de Uman en 1920.
En tres años Lenin multiplicó por 18 el aparato represor del zarismo Nada más tomar el poder los comunistas, empezaron a organizar su aparato represor. Una de las primeras medidas de la dictadura bolchevique fue instaurar la Chrezvycháinaya Komíssiya (más conocida como Cheka), un cuerpo de policía política fundado el 20 de diciembre de 1917, cuando Lenin llevaba algo más de un mes ejerciendo como dictador en concepto de “Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo”. La policía secreta zarista, la temible Ojrana, había llegado a tener a unos 15.000 miembros, encargados de detener a enemigos políticos, encarcelarles, torturarles e incluso ejecutarles sin ninguna orden judicial. A finales de 1918 la Cheka ya tenía 40.000 agentes, y dos años más tarde ya eran 280.000 chekistas. En tres años los bolcheviques había multiplicado por 18 el volumen del aparato represivo del zarismo.
Mujeres asesinadas por la Cheka de Járkov, Ucrania. Aún vivas, los chekistas les cortaron los pechos y les quemaron los genitales, introduciéndoles carbones dentro.
Los perversos métodos de tortura y asesinato de la Cheka
Si la Ojrana se había caracterizado por sus métodos brutales, la Cheka comunista superó en todos los sentidos el grado de crueldad de su predecesora zarista. Entre sus métodos de tortura y de asesinato contra disidentes políticos, clérigos ortodoxos y otras personas consideradas enemigas por los bolcheviques hay que citar salvajadas como las siguientes, documentadas por el historiador ruso Alexander Nikolaevich Yakovlev y por los Archivos Estatales de la Federación Rusa, entre otras fuentes:
Lapidaciones, es decir, apedrear al reo hasta quitarle la vida.
Crucifixiones, un método usado contra muchos sacerdotes y religiosos.
Estrangulamientos.
Arrojar a los reos a calderos de brea hirviente.
Ahogamiento de reos en aguas heladas.
Arrancarles el cuero cabelludo a los reos. Una práctica que se hacía, por ejemplo, en la Cheka de Járkov, en Ucrania.
Ahorcamiento.
Obligar a los reos a ingerir plomo fundido.
Empalamiento.
Matar a los reos arrojándolos a altos hornos.
Castraciones.
Enterrar a reos vivos, práctica perpetrada en la Cheka de Kremenchuk.
Desollamientos, es decir, arrancarle la piel a tiras a los reos. La Cheka de Járkov usaba la piel arrancada a los presos para elaborar guantes.
Piel arracada de las manos de detenidos en el sótano de la Cheka de Járkov, Ucrania. Los chekistas utilizaban peines metálicos y tenazas para aplicar esta horrenda tortura.
Escalfar al reo, es decir, arrojarle agua hirviendo hasta matarlo.
Decapitaciones.
Desnudar a reos, atarles y arrojarles agua fría en pleno invierno hasta congelarles, una práctica de la Cheka de Orel, a 360 Km de Moscú.
Matar a los reos tirándolos al mar o a un río maniatados (es lo que hacía periódicamente con sus prisioneros la Cheka de Kholmogory en el río Dvina).
Atar a víctimas desnudas en torno a barriles rodeados de clavos, y hacerlos rodar hasta que los reos morían, una práctica de la Cheka de Voronezh.
Atar jaulas con ratas a los cuerpos de los presos y atizar a los roedores con hierros candentes hasta que se abrían paso entre los intestinos de los reos, una práctica usada por la Cheka de Kiev y que años después incluiría George Orwell en su famosa novela “1984”.
Más de un millón de personas fueron asesinadas por motivos políticos o religiosos durante lo que se conoce como el Terror Rojo, entre 1918 y 1922, la época más dura de la dictadura de Lenin. Para que nos hagamos una idea, según el historiador británico Hugh Thomas, las víctimas de la represión franquista suman unas 100.000 personas, entre los asesinados durante la Guerra Civil y la represión de la postguerra. Es decir, que en poco más de seis años de dictadura Lenin asesinó a diez veces más gente de la que se atribuye a la dictadura franquista en casi 40 años. Sin embargo, muchos ultraizquierdistas españoles que llaman “genocida” a Franco no tienen reparos en proclamar su admiración por Lenin, como por ejemplo el diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón.
Monjes ortodoxos asesinados por la Cheka en 1919.
La salvaje persecución contra los cristianos y otras religiones
Con la Revolución bolchevique de 1917 se inició una persecución religiosa sistemática que supondría, a lo largo de la historia de la URSS, el asesinato de entre 12 y 20 millones de cristianos. En 1914 la Iglesia ortodoxa rusa tenía 55.173 iglesias, 29.593 capillas, 550 monasterios y 475 conventos: los comunistas clausuraron y destruyeron la amplia mayoría de ellos. Algo parecido ocurrió con las 5.000 sinagogas judías y las 25.000 mezquitas musulmanas que había en territorio ruso en 1917. Antes de la Revolución también había 112.629 sacerdotes y diáconos y 95.259 monjes y monjas de la Iglesia ortodoxa. Los comunistas desataron contra ellos una brutal persecución. Según Yakovlev, unos 3.000 sacerdotes, religiosos y monjas fueron asesinados ya sólo en 1918 con métodos tan brutales como los antes citados. Muchos laicos fueron acosados, torturados, detenidos y asesinados. El historiador Dimitry V. Pospielovsky dio cuenta de la brutalidad de los rojos contra los sacerdotes con casos como los siguientes:
Un sacerdote de 80 años llamado Amvrosi fue brutalmente golpeado a culatazos antes de ser asesinado.
Otro sacerdote llamado Dimitri fue llevado a un cementerio y desnudado, y cuando trataba de santiguarse antes de ser asesinado, un bolchevique le cortó el brazo derecho.
Otro viejo sacerdote que intentaba detener la ejecución de un campesino fue golpeado, asesinado y desmembrado a sablazos por los bolcheviques. Esta forma de deshacerse de los cadáveres no fue un caso aislado entre los crímenes bolcheviques contra el clero ortodoxo.
En el Monasterio de San Salvador los rojos mataron al abad, de 75 años, escalfándole y decapitándole.
A Hermógenes, Arzobispo de Tobolsk y Siberia, le ataron piedras a la cabeza y le arrojaron al río Tura, donde murió ahogado.
En Voronezh a siete monjas las mataron hirviéndolas en un caldero de alquitrán.
En Pechora, un anciano sacerdote llamado Rasputin fue atado a un poste de telégrafo, tiroteado y su cadáver entregado a los perros para que lo devorasen.
En mayo de 1920 Lenin ordenó la ejecución masiva de todos los sacerdotes que fuesen contrarios al comunismo: fueron asesinados entre 14.000 y 20.000.
Los granjeros I. Afanasyuk y S. Prokopovich, maniatados y desollados vivos en una Cheka en Ucrania.
La represión de los granjeros kulaks
En el verano de 1918 los bolcheviques tuvieron que hacer frente a una rebelión de los kulaks, campesinos de Ucrania y del Cáucaso que eran propietarios de sus propias tierras y que se oponían a las políticas de colectivización comunistas y a la confiscación masiva de sus producciones de grano. Lenin envió una orden escrita a los bolcheviques de Penza para que ahorcasen públicamente a por lo menos 100 renombrados kulaks, a fin de usarlos como escarmiento contra los demás, y para que tomasen rehenes para forzar a los demás a someterse a los comunistas. En otra orden Lenin fue aún más claro: “Hay que formar inmediatamente una troika dictatorial (usted mismo, Markin y otro) implantar el terror de masas, fusilar o deportar a los centenares de prostitutas que hacen beber a los soldados, a todos los antiguos oficiales, etc. No hay un minuto que perder.”
El asesinato de miles de desertores del Ejército Rojo y de sus familias
El Ejército Rojo sufrió 3 millones de deserciones en 1919 y 1920. El primer año fueron arrestados por la Cheka 500.000 desertores, y casi 800.000 el segundo. Miles de ellos fueron asesinados, y sus familias fueron tomadas a menudo como rehenes y asesinadas para chantajear a los desertores. Un reporte típico de la Cheka afirmaba lo siguiente:
“Provincia de Yaroslavl, el 23 de junio de 1919. La sublevación de desertores en el volost de Petropavlovskaya ha sido sofocada. Las familias de los desertores han sido tomadas como rehenes. Cuando empezamos a disparar a una persona de cada familia, los Verdes comenzaron a salir de los bosques y se rindieron. Treinta y cuatro desertores fueron fusilados como ejemplo.”
Entre agosto de 1920 y junio de 1921 se produjo en Tambov una gran rebelión antibolchevique con apoyo de desertores del Ejército Rojo, provocada por las masivas requisas ordenadas por los comunistas. Los rebeldes reunieron a un ejército de unos 40.000 hombres. Los bolcheviques aplastaron la rebelión. Entre las ejecuciones masivas y los internamientos en el Gulag murieron 240.000 civiles.
La brutal represión de los cosacos
Otro grupo que sufrió la brutal represión comunista fueron los cosacos, una etnia de origen turco. Muchos de sus miembros lucharon en el Ejército blanco, junto a los zaristas, en la Guerra Civil rusa. Entre 1918 y 1919 llegaron a formar una República independiente, de carácter democrático. Los bolcheviques dirigieron contra ellos una durísima represión. El historiador Michael Kort ha estimado que entre 300.000 y 500.000 cosacos fueron asesinados en 1919 y 1920, de una población de 1,5 millones.
En primer plano, el cadáver del telegrafista Ponomarenko en la Cheka de Járkov, Ucrania. Le cortaron la mano derecha y muestra cortes profundos en la cabeza. Al fondo se ven los cadáveres de otras dos víctimas de los chekistas.
La creación por Lenin de una red de campos de concentración: el Gulag
En abril de 1919 Lenin firmó un decreto para crear un sistema de campos de concentración que copiaba la Katorga zarista, que en 1916 contada con casi 20.000 reclusos, según cifras publicadas por Stephen G. Wheatcroft. La nueva red de campos de concentración recibió el nombre de Glávnoie upravlenie ispravítelno-trudovyj lagueréi i koloni (Dirección general de campos de trabajo). Era el nacimiento del Gulag, el mayor sistema de represión soviético. El primero de esos campos se había establecido en 1918 en Solovki, en las islas Solovetsky del Mar Negro. Nuevamente las cifras de la dictadura comunista acabaron superando con creces a las del zarismo en poco tiempo: a finales de 1920 ya había 84 campos con unos 50.000 prisioneros políticos. En octubre de 1923 ya eran 315 campos con 70.000 prisioneros. Los allí detenidos eran utilizados en trabajos forzados como mano de obra esclava. Entre la población reclusa había muy altos índices de mortalidad, debido a las durísimas condiciones de estos brutales centros de reclusión, en los que a menudo los presos morían de hambre o asesinados por sus guardianes.
Lenin animó a ejecutar en masa a huelguistas
Las huelgas también fueron sofocadas de forma sanguinaria. El 16 de marzo de 1919 la Cheka asaltó la factoría de Putilov, en la que sus trabajadores se habían declarado en huelga seis días antes, acusando al gobierno bolchevique de haberse convertido en una dictadura: 900 trabajadores fueron arrestados, y 200 ejecutados sin juicio alguno. La represión violenta, los encarcelamientos, la toma de rehenes y los asesinatos en masa fueron los métodos más usados por los bolcheviques para sofocar estas huelgas, tanto en las fábricas como en el campo. El 29 de enero de 1920, ante las huelgas de los trabajadores de la región de los Urales, Lenin envió un telegrama a Vladimir Smirnov animando a utilizar el asesinato en masa contra los huelguistas: “Me sorprende que usted tome el asunto con tanta ligereza y no ejecute inmediatamente un gran número de huelguistas por el delito de sabotaje.” Incluso se recurrió a estos métodos para sofocar las protestas de trabajadores al ser obligados a trabajar en domingo, como ocurrió en Tula, un malestar que los bolcheviques atribuían, sin más, a una “conspiración contrarrevolucionaria forjada por espías polacos”. Se estima que cientos de miles de trabajadores y campesinos rebeldes fueron ejecutados entre 1918 y 1922.
Asesinados por la Cheka de Kiev, Ucrania, en 1919.
La ejecución en masa de prisioneros de guerra
A finales de 1920 el propio Lenin dio su aprobación para el asesinato en masa de 50.000 prisioneros “blancos” y civiles en Crimea, a tiros o por ahorcamiento, en una de las mayores masacres de la Guerra Civil Rusa. Las víctimas de este crimen se habían entregado, según relata Robert Gellately, tras la promesa bolchevique de que habría una amnistía para ellos si se rendían.
Los cadáveres apilados de víctimas de la hambruna rusa en Buzuluk, en la región del Volga, invierno de 1921 a 1922.
Lenin usó el hambre con fines políticos: de 3,9 millones a 7,75 millones de muertos
Uno de los episodios más dramáticos de la dictadura de Lenin fue la hambruna rusa de 1921 y 1922, que afectó a unos 27 millones de personas y mató a entre 3 y 5 millones y que fue provocada, en gran medida, por las requisas masivas de grano ordenadas por los bolcheviques, la denominada Prodrazvyorstka (copiada y ampliada por los comunistas, como otras cosas, de la Razvyorstka, la requisa de grano zarista en la Primera Guerra Mundial). El grano requisado se usaba a menudo para exportación. Este exterminio mediante el hambre no fue algo accidental o que la dictadura bolchevique tratase de evitar: se hizo de forma intencionada e incluso se buscó con ella un fin antirreligioso, como escribía Lenin en una carta de Lenin al Politburó el 19 de marzo de 1922:
“Ahora y solo ahora, cuando las personas se consumen en áreas afectadas por la hambruna y cientos, si no miles, de cadáveres yacen en las carreteras, podemos (y por lo tanto debemos) perseguir la eliminación de propiedades de la iglesia con la energía más frenética y despiadada y no dudéis en sofocar la menor oposición. (…) Debemos perseguir la eliminación de los bienes de la iglesia por cualquier medio necesario para asegurarnos un fondo de varios cientos de millones de rublos de oro (no olvidéis la inmensa riqueza de algunos monasterios y lauras). (…) Todas las consideraciones indican que más adelante no lo haremos, porque en ningún otro momento, además del hambre desesperada, nos dará ese estado de ánimo entre la masa general de campesinos que nos garantizaría la simpatía de este grupo, o, al menos, nos aseguraría la neutralización de este grupo en el sentido de que la victoria en la lucha por la eliminación de la propiedad de la iglesia, de manera incuestionable y completa, estará de nuestro lado”.
Este uso de las hambrunas como método para conseguir objetivos políticos ya lo había adelantado Lenin en 1891, cuando se negó a colaborar con una campaña de ayuda a los hambrientos de la ciudad de Samara. Según Lenin el hambre tiene “numerosas consecuencias positivas”, pues “destruye no solamente la fe en el Zar, también en Dios” (citado por Stéphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Panné, Andrzej Paczkowski, Karel Bartosek y Jean-Louis Margolin en “Le livre noir du communisme”, 1997).
Bolcheviques requisando grano a campesinos, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947). Estas requisas provocaban un gran descontento y fueron, en gran medida, causantes de la letal hambruna de 1921 y 1922.
La hambruna rusa no fue la única en el territorio de la URSS durante la dictadura de Lenin. Hambrunas similares las sufrieron los kazajos (1919–1922, entre 400.000 y 750.000 muertos) y los tártaros (1921-1922, entre 500.000 y 2 millones muertos), todos ellos bajo dominio soviético. Sumando estas cifras a las de la hambruna rusa, tenemos entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos a causa del hambre, una situación provocada -insisto- por el propio régimen comunista.
Las hambrunas y las pésimas condiciones de vida dieron lugar a rebeliones en la URSS, hoy poco recordadas por la mayor parte del mundo. Una de las más significativas, además de la ya citada de Tambov, fue la de Kronstadt en marzo de 1921, cuando civiles, soldados y marinos de la flota soviética de Báltico se alzaron contra los bolcheviques. El Ejército Rojo sofocó la rebelión ejecutando a miles de personas. Y a día de hoy, tipos como el diputado comunista Alberto Garzón aún se atreven a ensalzar a esa dictadura criminal diciendo que representaba “Paz, Pan y Tierra”…
Roberto Álvarez Quiñones: 'Se está produciendo en buena parte del Occidente liberal un peligroso proceso de acercamiento al sueño de Antonio Gramsci, quien era más inteligente que Marx y Lenin juntos.'
El giro mundial a la izquierda explica la impunidad del castrismo
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Por Roberto Álvarez Quiñones
Los Ángeles
12 febrero 2022
Por estos días se cumplieron 60 años de dos los tres mayores golpes externos recibidos nunca por el régimen comunista cubano (el otro fue la desaparición de la URSS): la expulsión de Cuba de la OEA el 31 de enero de 1962, y unos días después el establecimiento del embargo comercial y financiero de EEUU.
Hoy, en 2022, eso sería imposible. La dictadura castrista no sería expulsada ni de la OEA, ni de ningún otro organismo internacional. No habría consenso ni votos suficientes para ello. Y si el demócrata presidente John F. Kennedy no lo hubiese hecho sería casi imposible que otro presidente demócrata, Joe Biden, lo pudiera hacer hoy.
Esa diferencia entre una época y otra, que los analistas no examinan a fondo, se debe a que la correlación de fuerzas y la identidad político-ideológica en la mayor parte del planeta ha cambiado sustancialmente en estas seis décadas. Y a mi modo de ver, no para bien. Que le pregunten a los cubanos.
Antes de la caída del Muro de Berlín, el mundo occidental en bloque rechazaba a los países ubicados detrás de lo que llamaba "Cortina de Hierro" comunista. Las democracias se negaban a confraternizar o ser cómplices políticos y diplomáticos de los regímenes estalinistas de Europa y Asia. Y quien lo hacía era muy mal visto.
Con Cuba, en cambio, la cosa era, y sigue siendo, diferente. Favorecida además por otro factor solo concerniente a la Isla. Con la excepción del Gobierno de EEUU y alguno que otro muy fugaz y puntualmente, el castrismo contó siempre, antes de la caída del Muro de la Vergüenza y después, con el silencio sobre los atropellos castristas, o con el beneplácito y hasta la complicidad política y diplomática de muchos gobiernos.
Así ha sido sobre todo por parte de América Latina, y la Unión Europea (UE) cuando en España gobierna el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que arrastra a la UE a no actuar nunca contra la dictadura cubana, sino a apoyarla con acuerdos y dinero. El actual jefe de la diplomacia europea es el socialista catalán Josep Borrell, un aliado de la tiranía castrista.
Con la excepción de Cuba, no hubo elogios y "vista gorda" para los restantes 36 países que también formaron parte del sistema internacional comunista en el siglo XX, contando separadamente a las 15 repúblicas de la URSS, las seis de Yugoslavia, otras nueve del Este de Europa, y seis en Asia.
El izquierdismo gramscista y el mito de la "revolución cubana"
Y no hubo rechazo a la Cuba igualmente estalinista por dos razones: 1) el encantador de serpientes Fidel Castro desde el principio encasquetó a su tiranía el disfraz de una "revolución cubana" autóctona redentora del pueblo cubano y defensora de los oprimidos de la Tierra, que cual David bíblico se enfrenta al ogro gigante del Norte; y 2) el mundo ha girado a la izquierda, que paradójicamente es ahora más numerosa y fuerte que cuando hace 31 años fue sepultado el cadáver del marxismo-leninismo en las murallas del Kremlin.
Esa izquierda, además, actúa internacionalmente bajo un dogma cuasi religioso: solo hay dictaduras de derecha, nunca de izquierda. Si un gobierno es dictatorial, pero de izquierda, no hay dictadura, y punto.
Se está produciendo en buena parte del Occidente liberal un peligroso proceso de acercamiento al sueño de Antonio Gramsci (fundador del Partido Comunista de Italia), quien era más inteligente que Marx y Lenin juntos.
Para Gramsci la vía para construir el socialismo no es la revolución sangrienta propugnada por Marx, Lenin, Trotski, Mao, el "Che" Guevara o Marulanda Véliz "Tiro Fijo", sino dominar o influir decisivamente en los medios de comunicación, las universidades, la cultura y la psicología social, modificar la percepción de la realidad, y neutralizar la influencia religiosa en la población. Y eso está ocurriendo incluso en la cuna de la democracia moderna, EEUU.
Hoy es inconcebible que la ONU haga algo fuerte y realmente efectivo contra la tiranía castrista. La alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet puso por delante su ideología socialista y procastrista en su informe anual sobre la violación de los derechos humanos presentado en septiembre de 2021 y no mencionó a Cuba entre los países en los que se pisotean esos derechos. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, es también socialista.La CEPAL divulga a los cuatro vientos las estadísticas probadamente falsas del castrismo. La FAO felicita al régimen por sus esfuerzos exitosos para alimentar al pueblo.
El castrismo está en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU
Bachelet guardó silencio, además, porque no se sintió compulsada a denunciar al castrismo. En la alta burocracia de la ONU pululan los funcionarios tan socialistas como ella y los simpatizantes de la "revolución cubana". El silencio de la alta comisionada alienta la represión en Cuba.
El colmo es que Cuba es uno de los actuales 47 miembros del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, como también lo son otros regímenes violadores de los derechos humanos como los de Venezuela, Rusia, China, Pakistán, Somalia, Libia, Sudán y otros. En la ONU ahora los zorros cuidan el gallinero.
Luego de la desaparición del comunismo en Europa, la mayor parte de los marxistas latinoamericanos se niegan a ser llamados comunistas porque la palabra comunista les suena a fracaso, políticamente inconveniente. Y se refugiaron en la izquierda populista socializante. Y la están copando.
Ese masivo aumento del populismo estatista en América Latina junto al avance geopolítico de China, Rusia e Irán, la debilidad de EEUU y de la UE, favorecen a la tiranía castrista cuando es más represiva, hambreadora y cruel.
Líderes marxistas erosionarán la democracia en Latinoamérica
Líderes marxistas, comunistas, enmascarados o descubiertos, están hoy incrustados en la estructura democrática latinoamericana, que va retrocediendo con el antiliberalismo retrógrado que, desde los tiempos de Juan Domingo Perón, Getulio Vargas, Lázaro Cárdenas y otros caudillos, paró en seco la posibilidad de que países latinoamericanos entraran en el Primer Mundo, cosa que sí han logrado muchas naciones de Asia porque no están taradas por las musarañas político-ideológicas nocivas a las que se rinde culto en América Latina.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial las naciones de Asia (con la excepción de Japón) eran más pobres que las de América Latina. Hoy cinco países asiáticos otrora pobres forman parte del Primer Mundo: Corea del Sur, Taiwán, Malasia, Singapur y Brunei. Y de Latinoamérica no hay ni uno solo.
Chile se estaba acercando al Primer Mundo, pero ahora todo indica que se va a frenar ese proceso con Gabriel Boric como presidente (desde el 11 de marzo próximo). Boric es un populista antiliberal, estatista, que obtuvo la presidencia en alianza con el Partido Comunista de Chile, y tendrá como ministros a varios comunistas que liderearon las manifestaciones terroristas que en 2019 destruyeron 23 estaciones del metro urbano y por poco arrasan con Santiago de Chile. Fueron protestas muy violentas que se sabe tuvieron la participación de la Inteligencia castrista y "amigos de Cuba" dentro de Chile, para desestabilizar al Gobierno de derecha de Sebastián Piñera.
Si las encuestas aciertan, el populista castrista Lula da Silva volverá a ser presidente de Brasil. Y en Colombia puede que sea electo el primer presidente de izquierda en la historia colombiana, Gustavo Petro, ex guerrillero guevarista y procastrista.
De ser así, con excepción de los tres países más pequeños —Uruguay, Paraguay y Ecuador—, prácticamente toda Sudamérica estará en manos de la izquierda populista, junto a México y buena parte de Centroamérica. Con Cuba serán 11 los gobiernos izquierdistas, estatistas, dedicados a erosionar la democracia liberal "burguesa", la que luego de la Revolución Francesa construyó el mundo moderno que hoy conocemos.
En fin, es grande la diferencia entre el mundo de 1962 y el de 2022, en el que se abre paso un gramscismo subrepticio. Sin ese cambio muy probablemente el totalitarismo que casi acabó con Cuba no hubiera podido tener tan larga vida con una asombrosa impunidad todo el tiempo. Y hoy, cuando los cubanos gritan en las calles "¡Basta ya!" y son golpeados y encarcelados, muchos por el mundo siguen hablando de una "revolución" que es solo una pandilla de mafiosos atornillados en el poder.
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano
Es importante puntualizar que en Cuba antes del triunfo de la revolución de 1959 había educación gratuita desde la escuela primaria hasta la universitaria. En los años 50 del pasado siglo más del 20% de la matrícula de la Universidad de La Habana eran matrícula gratis pese a que la carrera más costosa era la de Medicina con un costo de 70 pesos cubanos anuales (incluyendo 5 pesos por el uso del estadiun universitario) y el pago se podía hacer en tres cuotas. También existía educación privada. El Estado cubano en esa época era uno de los Estados de América Latina que dedicaba, de su presupuesto anual, el mayor porciento a la Educación de sus habitantes.
La influencia de Antonio Gramsci: Educacion y Socialismo
Por Alberto Benegas Lynch (h)
Estimo que nada ha influido más sobre el corazón del mundo moderno que los escritos y la consiguiente estrategia gramsciana. Desafortunadamente muchos son los que se quejan de los sucesos del momento pero muy pocos los que contribuyen a revertir la situación estudiando y difundiendo los principios y valores sobre los que descansa una sociedad abierta.
En la colección de sus escritos bajo el título de La ciudad futura Gramsci apunta que “Algunos lloriquean compasivamente, otros maldicen obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: si yo hubiera cumplido con mi deber, si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, mis ideas ¿hubiera ocurrido lo que pasó? […] Odio a los indiferentes porque me molesta su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas de cada uno de ellos por como ha desempeñado el papel que la vida le ha dado y le da todos los días, por lo que ha hecho y, sobre todo, por lo que no ha hecho”.
(Antonio Gramsci)
Desde la perspectiva liberal (y desde muchas otras) todo ser humano está interesado en que se lo respete, ergo, todos (cada uno) tenemos la responsabilidad ineludible e indelegable de contribuir a explicarnos y a explicar los fundamentos de una sociedad en la que prevalezca el respeto recíproco. Es irrelevante a que nos dediquemos en la vida, esta faena no es tarea solo de filósofos sino también de quienes se dedican a la danza, la pintura, el derecho, la economía, la mecánica o la literatura. Todos necesitamos para sobrevivir el cuidado y la garantía a nuestras autonomías individuales.
Antonio Gramsci era marxista, por ende, no consideraba el resguardo de la propiedad de cada cual como parte del respeto recíproco (Marx y Engels consignaron que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta expresión: abolición de la propiedad privada”), pero el pensamiento citado más arriba ilustra los esfuerzos realizados en pos de un ideal, el ideal del colectivismo que ha desembocado en los atropellos más brutales a los derechos de las personas. Debido a las enseñanzas gramscianas, estas ideas son las que de un tiempo a esta parte han tenido mayor éxito en el llamado mundo libre. El eje central de Gramsci puede resumirse en su frase: “Tomen la educación y la cultura y el resto se dará por añadidura”. Es a esto a lo que se refiere el premio Nobel en economía Friedrich Hayek cuando escribe en Intellectuals and Socialism que los liberales deben tomar como ejemplo las permanentes y persistentes tareas educativas de los socialistas. Ese fue el sentido de la insistente proclama de los Padres Fundadores en Estados Unidos en cuanto a que “el precio de la libertad estriba en su eterna vigilancia”.
Los apurados de siempre pretenden buscar atajos y coartadas que no existen y, para no proceder en consecuencia, se escudan en el lugar común de sostener que “la educación es a largo plazo” sin percatarse que se han dejado vencer infinidad de plazos y que como ha dicho Mao Tsé-Tung “la marcha más larga comienza con el primer paso”. El asunto no es endosar la responsabilidad a otros, se trate de la llamada oposición o de políticos en el Ejecutivo, sino de preguntarse que hace uno todos los días para contribuir con un granito de arena a despejar telarañas mentales.
Gramsci sugiere el establecimiento de una contra-hegemonía cultural que nazca del proletariado (cosa en la que Lenin descreía y que los hechos le dieron una y otra vez la razón) al efecto de arremeter contra la educación burguesa (una intelligentsia “orgánica” para oponerse a la tradicional). En otros términos influir sobre la cultura (“guerra de posición”) para tomar el poder (“guerra de momento”), lo cual no significaba adherir a todo lo dicho por Marx, por ejemplo, en “La Revolución contra Das Kapital”, Gramsci sostenía que la sublevación de octubre demostró que no es necesario esperar la maduración del capitalismo para establecer el socialismo.
En la selección de trabajos de Gramsci publicados bajo el título de Los intelectuales y la organización de la cultura el autor se detiene a considerar en detalle las estrategias de penetración en revistas, periódicos, centros de estudio, bibliotecas populares, escuelas, universidades y academias en el contexto de referencias históricas y del análisis de diferentes tipos de audiencias y lectores para concluir que lo que existe refleja “cementerios de la cultura” y que “el objetivo es obtener una centralización de la cultura y un impulso de la cultura nacional”. Y en los ensayos recopilados en Antología, Gramsci -la mayor parte escritos desde la cárcel fascista y muchas veces entre vómitos de sangre debido a su precaria salud- alienta a los revolucionarios de todos las épocas al manifestar que “Es en verdad admirable la lucha que lleva la humanidad desde tiempos inmemoriales, lucha incesante con la que se esfuerza por arrancar y desgarrar todas las ataduras”.
La mayor parte de mis amigos que han abandonado el socialismo para abrazar el liberalismo confiesan que uno de sus autores favoritos era precisamente Antonio Gramsci puesto que sin bombas ni metralletas aconsejaba el recorrido cultural y educativo como el arma más potente para implementar el socialismo. Paradójicamente, las recetas de quien sufriera las persecuciones y encierros de Mussolini se han convertido de facto en políticas fascistas por doquier. Esto es, en lugar de seguir el camino más directo de expropiar la propiedad de modo completo se opta por permitir el registro a nombre de particulares pero el aparato estatal usa y dispone del flujo de fondos.
La misma paradoja se presenta en el ahora célebre panfleto de Stéphane Hessel que sirve de base a los “indignados” del mundo: el autor fue apresado por los criminales de la Gestapo y escapó milagrosamente de Buchenwald y, sin embargo, aconseja el programa económico de sus captores nacional-socialistas, léase el férreo control y administración de las empresas más relevantes por parte de los gobiernos. Es a raíz de influencias de este tipo que los “indignados” piden más de lo mismo a pesar de que un Leviatán elefantiásico les succiona el fruto de sus trabajos, el cual se endeuda de modo astronómico, establece presiones tributarias crecientes, impone regulaciones asfixiantes, revela déficit alarmantes, alienta sistemas bancarios insolventes, promueve legislación que expulsa del mercado a los que más necesitan trabajar y, como si esto fuera poco, financia a manos llenas con recursos de otros a empresarios irresponsables, ineptos o las dos cosas al mismo tiempo.
Ya escribí antes en estas mismas columnas un extenso artículo donde mostraba el íntimo parentesco entre “derechas” e “izquierdas” y su común odio al liberalismo (y no digo “neoliberalismo” puesto que se trata de una etiqueta que ningún intelectual serio de esta época asume). Tal vez el meollo de la cuestión resida en la incomprensión respecto a las causas de las condiciones de vida de la gente. Se trata de contar con marcos institucionales civilizados, es decir respetuosos del derecho de todos, lo cual significa descartar los discursos de pretendidos brujos que compiten desde los más variados flancos para manejar a su antojo las vidas y las haciendas de los demás. Por esto es que Juan Bautista Alberdi al referirse a nuestra Constitución fundadora subrayaba que “no bastaba reconocer la propiedad como derecho inviolable. Ella puede ser respetada en su principio y desconocida y atacada en lo que tiene de más precioso: en el uso y disponibilidad de sus ventajas […] El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado en nombre de la utilidad pública”.
Esos marcos institucionales permiten atraer inversiones que hacen de apoyo logístico al trabajador para elevar su productividad. No es lo mismo arar con las uñas que hacerlo con un tractor y no es lo mismo pescar a cascotazos que hacerlo con una red para tal fin. Los salarios no son más altos en Canadá que en Angola debido a la generosidad de los empleadores canadienses sino que están obligados a pagar sumas mayores como consecuencia de las mayores tasas de capitalización.
Por último, y sin pretender que con esta nota periodística se agoten los innumerables temas respecto al debate socialismo-liberalismo, es de interés destacar que, en un mercado abierto, la tendencia al igualitarismo crematístico atenta contra el nivel de vida de los más necesitados puesto que los factores de producción se asignan allí donde se atiende mejor la demanda. En esta línea argumental, el que da en la tecla obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. Este cuadro de situación queda por completo distorsionado cuando los amigos del poder hacen negocios en los despachos oficiales, en cuyo caso los patrimonios resultantes son fruto de una gravísima explotación a los consumidores.
DISCURSO PRONUNCIADO POR EL COMANDANTE FIDEL CASTRO RUZ, EN LA CONCENTRACIÓN PARA CELEBRAR EL IV ANIVERSARIO DE LA INTEGRACIÓN DEL MOVIMIENTO JUVENIL CUBANO, EN LA CIUDAD ESCOLAR “ABEL SANTAMARÍA”, SANTA CLARA, EL 21 DE OCTUBRE DE 1964.
Pero no es solo un problema de educación política, no es solo un problema de educación económica, es también un problema de educación moral. Todos los hombres no se comportan siempre igual. En un grupo de diez hombres, en cualquier grupo de diez hombres, siempre se encontrarán un hombre que es el primero y siempre se encontrarán un hombre que es el último; en todo grupo de diez hombres siempre se encontrarán uno que es el más generoso de todos, uno que es el mejor compañero de todos, uno que es el más sacrificado de todos, y siempre se encontrarán otro que es el menos generoso de todos, que es el menos sacrificado de todos, que es el más egoísta de todos. Y eso es lógico, la naturaleza humana no produce a todos los hombres exactamente iguales. Hay solo una cosa que puede hacer a todos los hombres más o menos iguales, hay solo un medio de hacer que todos los hombres se semejen, y ese medio es la educación.
La educación es el único medio capaz de ir creando en el hombre, desde que empieza a tener uso de razón, una conducta social, una conducta moral; la educación es lo único capaz de hacer que los hombres sean mejores, es lo único capaz de hacer que los hombres puedan variar una inclinación del mal hacia el bien.
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Spanish Libertarian
Nov 20, 2017
Yuri Bezmenov, Ex espía desertor de la KGB soviética, sobre la Subversión Ideológica
Lenin no ha muerto: Andrés Reynaldo: 'La anécdota, propia de estos tiempos de guerra civil fría, tiene para mí un espeluznante significado. Aquellos que venimos de un país comunista ya hemos visto esta película.'
'La anécdota, propia de estos tiempos de guerra civil fría, tiene para mí un espeluznante significado. Aquellos que venimos de un país comunista ya hemos visto esta película.'
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Por Andrés Reynaldo
Miami
05 Oct 2019
El hombre, más bien regordete, se baja del metro en la estación de Times Square. Su traje blanco y la pajarita que le cierra el cuello de la camisa blanca le dan un aire de académica ingenuidad. Sin embargo, el joven que lo ha descubierto en la multitud no cederá en su indignación.
"¡Por culpa tuya hay niños muertos en las calles!", le grita el joven. "¡Ese es tu legado: niños muertos!"
Luego lo culpará de haber comenzado varias guerras y le gritará que es un nazi, un blanco nacionalista, un fascista.
El hecho ocurrió hace una semana. Y el hombre es James Panero, editor ejecutivo de New Criterion, probablemente la revista cultural conservadora más prestigiosa de EEUU. Considerado una autoridad en la crítica de artes plásticas, también escribe sobre arte y cultura. Su especialidad es el modernismo francés.
Más tarde, Panero descubriría un tuit del joven, cuya identidad no quiso revelar en el artículo publicado el pasado sábado en The Wall Street Journal.
"Le he gritado semi-incoherentemente a un hombre que tomé por un blanco nacionalista debido a su traje blanco, su pajarita, su corte de pelo y su cara presumida y pastosa", decía el tuit ya borrado de la red. "Mi dispositivo antimperialista se disparó al ver su bolsa @newcriterion. Escoria imperial".
La anécdota, propia de estos tiempos de guerra civil fría, tiene para mí un espeluznante significado. Por primera vez, en casi 40 años en EEUU, compruebo que alguien con mis gustos, alguien que escribe lo que yo leo, alguien que escribe lo que yo quisiera escribir, puede ser atacado en plena calle. Con toda impunidad. Yo, también, soy escoria imperial. Imperial scum.
(Lenin en sus úñtimos días. Fotos añadidas por el Bloguista de Baracutey Cubano)
Aquellos que venimos de un país comunista ya hemos visto esta película. Su título es Marxismo-leninismo. Sabemos, además, que nunca tiene un final feliz. Precisamente, en un ensayo publicado en el número de octubre de New Criterion, Gary Saul Morson aborda este fenómeno de una generación que, sin leer a Lenin, actúa con un pensamiento leninista.
Como matriz de los totalitarismos comunistas y fascistas, dice Morson, el "pensamiento Lenin" solo se preocupa de quién domina a quiénes, quién le hace qué a quién y quién, finalmente, aniquila a quiénes. Es la introducción en la historia de un principio de dominación basado, según el término empleado por Morson, en la antiempatía: el rechazo programático a considerar las opiniones, los derechos y hasta la misma existencia de quienes no piensan como tú.
Morson pone el ejemplo de sus estudiantes que se dicen defensores de la libertad de expresión, excepto cuando se trata de un discurso de odio. El problema es que los estudiantes califican como discurso de odio toda opinión contraria a la suya. Viene a cuento Georgi Plejanov, el primer marxista ruso, quien postulaba que no hay contradicción en condenar los puntos de vista contrarios antes de comprenderlos. El solo hecho de ser contrarios prueba que están equivocados. Entonces, concluye Plejanov, si están equivocados sirven al enemigo y, por tanto, son criminales.
(Momia de Lenin. REUTERS)
Panero habla en su nota de cómo el marxismo-leninismo reemplaza nuestro sentido natural de la vergüenza por la cultura del avergonzamiento. Cita la máxima aristotélica de mantener a la vergüenza en su adecuado equilibrio. Poca vergüenza, advierte, y los descarados dirán lo que quieran, sin respeto por la opinión ajena. Mucha vergüenza, agrega, y los tímidos, los decentes, se quedarán callados ante la feroz opinión contraria, aunque sepan que tienen la razón. Los leninistas no mostrarán la menor vergüenza en destruirte. A su vez, para destruirte, se aprovecharán de tu sentido de la vergüenza.
Con Panero no había nada que debatir. El joven ni siquiera se quitó sus auriculares. La cuestión era someterlo a la pública ignominia. Hacerlo culpable de una falta que contemple una condena unánime. Privarlo de un lugar en la comunidad. Mientras más absurdos los cargos, menor la posibilidad de defensa de la víctima. Ante los fiscales de Stalin, ¿quién pudo demostrar que no había envenenado el trigo de Ucrania?
Escenas como esta ya no sorprenden. De Nueva York y París a Sydney, en las sociedades más libres, prósperas y democráticas, el "pensamiento Lenin" encarna en la rebelión de las minorías, los jóvenes y los mediocres. Las minorías para ejercer el poder que no les corresponde por la proporción del voto. Los jóvenes, criados en la tolerancia y la abundancia, para vivir el ideal thelemita de hacer lo que deseas, sin el límite de la autoridad ni el compromiso de la responsabilidad. Los mediocres para evadir el juicio del mérito.
Al joven de Times Square le bastó ver un traje blanco, la pajarita, un corte de pelo... No, yo no quiero repetir esa película.
Lenin: números, datos e imágenes de los crímenes del primer dictador comunista
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Uno de los mitos históricos más aberrantes del siglo XX es presentar a Lenin como el dictador “bueno” de la URSS, y a Stalin como el “malo”, en un intento de salvar el mandato del primero.
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@ElentirVigo
Mar 8·11·2016
AVISO: este artículo contiene imágenes que pueden herir tu sensibilidad
Las cifras de víctimas del leninismo, de noviembre 1917 a enero 1924
Más de un millón de personas asesinadas por motivos políticos o religiosos.
Entre 300.000 y 500.000 cosacos asesinados.
Cientos de miles de trabajadores y campesinos asesinados por hacer huelgas.
240.000 muertos en la represión de la rebelión de Tambov.
Más de 50.000 prisioneros de guerra blancos ejecutados.
Entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos por hambrunas entre rusos, kazajos y tártaros.
Lenin en un mitin el 18 de marzo de 1918.
Una revolución comunista que abortó la democracia en Rusia
Para desmitificar a Lenin hay primero que romper otros mitos. El más básico es que cuando estalló la Revolución bolchevique el 7 de noviembre de 1917, los comunistas no derrocaron al Zar -que ya no reinaba- sino que abortaron la incipiente democracia en Rusia, aprovechando la crisis surgida entre conservadores y socialistas. Tras el asalto violento al poder por parte de los comunistas, estalló una guerra civil que duró cinco años, y en la que -ya desde el poder- se enfrentaron los bolcheviques -que resultaron vencedores- contra todos sus rivales. Era el comienzo de una sanguinaria dictadura que duraría más de 70 años, hasta la desaparición de la URSS en 1991.
Chekistas bolcheviques asesinando a un detenido, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947).
Lenin ya había adelantado sus planes: dictadura y represión violenta
Poco antes de esa revolución comunista, en el verano de 1917 Lenin escribió un libro, “El Estado y la Revolución”, trazando cómo sería su dictadura. Entre otras consideraciones, el futuro déspota tiraba de la demagogia más burda y arremetía contra la democracia parlamentaria:
“Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias, sino en las repúblicas más democráticas.”
Lenin abogaba “por la destrucción del parlamentarismo burgués” y “por una República de los Soviets de diputados obreros y soldados, por la dictadura revolucionaria del proletariado“. Esa dictadura implicaría “una serie de restricciones impuestas a la libertad de los opresores, de los explotadores, de los capitalistas” (al final las aplicaría a todo el mundo), y añadía: “es evidente que allí donde hay represión hay violencia, no hay libertad ni democracia”. En el libro, además, ya adelantaba con absoluta franqueza y antes de llegar al poder que la violencia la usaría “tanto para aplastar la resistencia de los explotadores como para dirigir a la enorme masa de la población, a los campesinos, a la pequeña burguesía, a los semiproletarios, en la obra de “poner en marcha” la economía socialista.” Uno de los más estrechos colaboradores del dictador comunista, León Trotsky, escribiría años después las palabras de Lenin a quienes se mostraban reticentes al uso del terrorismo: “¿Creéis realmente que podemos salir victoriosos sin utilizar el terror más despiadado?”
Funcionarios de la Cheka de Uman en 1920.
En tres años Lenin multiplicó por 18 el aparato represor del zarismo
Nada más tomar el poder los comunistas, empezaron a organizar su aparato represor. Una de las primeras medidas de la dictadura bolchevique fue instaurar la Chrezvycháinaya Komíssiya (más conocida como Cheka), un cuerpo de policía política fundado el 20 de diciembre de 1917, cuando Lenin llevaba algo más de un mes ejerciendo como dictador en concepto de “Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo”. La policía secreta zarista, la temible Ojrana, había llegado a tener a unos 15.000 miembros, encargados de detener a enemigos políticos, encarcelarles, torturarles e incluso ejecutarles sin ninguna orden judicial. A finales de 1918 la Cheka ya tenía 40.000 agentes, y dos años más tarde ya eran 280.000 chekistas. En tres años los bolcheviques había multiplicado por 18 el volumen del aparato represivo del zarismo.
Mujeres asesinadas por la Cheka de Járkov, Ucrania. Aún vivas, los chekistas les cortaron los pechos y les quemaron los genitales, introduciéndoles carbones dentro.
Los perversos métodos de tortura y asesinato de la Cheka
Si la Ojrana se había caracterizado por sus métodos brutales, la Cheka comunista superó en todos los sentidos el grado de crueldad de su predecesora zarista. Entre sus métodos de tortura y de asesinato contra disidentes políticos, clérigos ortodoxos y otras personas consideradas enemigas por los bolcheviques hay que citar salvajadas como las siguientes, documentadas por el historiador ruso Alexander Nikolaevich Yakovlev y por los Archivos Estatales de la Federación Rusa, entre otras fuentes:
Lapidaciones, es decir, apedrear al reo hasta quitarle la vida.
Crucifixiones, un método usado contra muchos sacerdotes y religiosos.
Estrangulamientos.
Arrojar a los reos a calderos de brea hirviente.
Ahogamiento de reos en aguas heladas.
Arrancarles el cuero cabelludo a los reos. Una práctica que se hacía, por ejemplo, en la Cheka de Járkov, en Ucrania.
Ahorcamiento.
Obligar a los reos a ingerir plomo fundido.
Empalamiento.
Matar a los reos arrojándolos a altos hornos.
Castraciones.
Enterrar a reos vivos, práctica perpetrada en la Cheka de Kremenchuk.
Desollamientos, es decir, arrancarle la piel a tiras a los reos. La Cheka de Járkov usaba la piel arrancada a los presos para elaborar guantes.
Piel arracada de las manos de detenidos en el sótano de la Cheka de Járkov, Ucrania. Los chekistas utilizaban peines metálicos y tenazas para aplicar esta horrenda tortura.
Escalfar al reo, es decir, arrojarle agua hirviendo hasta matarlo.
Decapitaciones.
Desnudar a reos, atarles y arrojarles agua fría en pleno invierno hasta congelarles, una práctica de la Cheka de Orel, a 360 Km de Moscú.
Matar a los reos tirándolos al mar o a un río maniatados (es lo que hacía periódicamente con sus prisioneros la Cheka de Kholmogory en el río Dvina).
Atar a víctimas desnudas en torno a barriles rodeados de clavos, y hacerlos rodar hasta que los reos morían, una práctica de la Cheka de Voronezh.
Atar jaulas con ratas a los cuerpos de los presos y atizar a los roedores con hierros candentes hasta que se abrían paso entre los intestinos de los reos, una práctica usada por la Cheka de Kiev y que años después incluiría George Orwell en su famosa novela “1984”.
Más de un millón de personas fueron asesinadas por motivos políticos o religiosos durante lo que se conoce como el Terror Rojo, entre 1918 y 1922, la época más dura de la dictadura de Lenin. Para que nos hagamos una idea, según el historiador británico Hugh Thomas, las víctimas de la represión franquista suman unas 100.000 personas, entre los asesinados durante la Guerra Civil y la represión de la postguerra. Es decir, que en poco más de seis años de dictadura Lenin asesinó a diez veces más gente de la que se atribuye a la dictadura franquista en casi 40 años. Sin embargo, muchos ultraizquierdistas españoles que llaman “genocida” a Franco no tienen reparos en proclamar su admiración por Lenin, como por ejemplo el diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón.
Monjes ortodoxos asesinados por la Cheka en 1919.
La salvaje persecución contra los cristianos y otras religiones
Con la Revolución bolchevique de 1917 se inició una persecución religiosa sistemática que supondría, a lo largo de la historia de la URSS, el asesinato de entre 12 y 20 millones de cristianos. En 1914 la Iglesia ortodoxa rusa tenía 55.173 iglesias, 29.593 capillas, 550 monasterios y 475 conventos: los comunistas clausuraron y destruyeron la amplia mayoría de ellos. Algo parecido ocurrió con las 5.000 sinagogas judías y las 25.000 mezquitas musulmanas que había en territorio ruso en 1917. Antes de la Revolución también había 112.629 sacerdotes y diáconos y 95.259 monjes y monjas de la Iglesia ortodoxa. Los comunistas desataron contra ellos una brutal persecución. Según Yakovlev, unos 3.000 sacerdotes, religiosos y monjas fueron asesinados ya sólo en 1918 con métodos tan brutales como los antes citados. Muchos laicos fueron acosados, torturados, detenidos y asesinados. El historiador Dimitry V. Pospielovsky dio cuenta de la brutalidad de los rojos contra los sacerdotes con casos como los siguientes:
Un sacerdote de 80 años llamado Amvrosi fue brutalmente golpeado a culatazos antes de ser asesinado.
Otro sacerdote llamado Dimitri fue llevado a un cementerio y desnudado, y cuando trataba de santiguarse antes de ser asesinado, un bolchevique le cortó el brazo derecho.
Otro viejo sacerdote que intentaba detener la ejecución de un campesino fue golpeado, asesinado y desmembrado a sablazos por los bolcheviques. Esta forma de deshacerse de los cadáveres no fue un caso aislado entre los crímenes bolcheviques contra el clero ortodoxo.
En el Monasterio de San Salvador los rojos mataron al abad, de 75 años, escalfándole y decapitándole.
A Hermógenes, Arzobispo de Tobolsk y Siberia, le ataron piedras a la cabeza y le arrojaron al río Tura, donde murió ahogado.
En Voronezh a siete monjas las mataron hirviéndolas en un caldero de alquitrán.
En Pechora, un anciano sacerdote llamado Rasputin fue atado a un poste de telégrafo, tiroteado y su cadáver entregado a los perros para que lo devorasen.
En mayo de 1920 Lenin ordenó la ejecución masiva de todos los sacerdotes que fuesen contrarios al comunismo: fueron asesinados entre 14.000 y 20.000.
Los granjeros I. Afanasyuk y S. Prokopovich, maniatados y desollados vivos en una Cheka en Ucrania.
La represión de los granjeros kulaks
En el verano de 1918 los bolcheviques tuvieron que hacer frente a una rebelión de los kulaks, campesinos de Ucrania y del Cáucaso que eran propietarios de sus propias tierras y que se oponían a las políticas de colectivización comunistas y a la confiscación masiva de sus producciones de grano. Lenin envió una orden escrita a los bolcheviques de Penza para que ahorcasen públicamente a por lo menos 100 renombrados kulaks, a fin de usarlos como escarmiento contra los demás, y para que tomasen rehenes para forzar a los demás a someterse a los comunistas. En otra orden Lenin fue aún más claro: “Hay que formar inmediatamente una troika dictatorial (usted mismo, Markin y otro) implantar el terror de masas, fusilar o deportar a los centenares de prostitutas que hacen beber a los soldados, a todos los antiguos oficiales, etc. No hay un minuto que perder.”
El asesinato de miles de desertores del Ejército Rojo y de sus familias
El Ejército Rojo sufrió 3 millones de deserciones en 1919 y 1920. El primer año fueron arrestados por la Cheka 500.000 desertores, y casi 800.000 el segundo. Miles de ellos fueron asesinados, y sus familias fueron tomadas a menudo como rehenes y asesinadas para chantajear a los desertores. Un reporte típico de la Cheka afirmaba lo siguiente:
“Provincia de Yaroslavl, el 23 de junio de 1919. La sublevación de desertores en el volost de Petropavlovskaya ha sido sofocada. Las familias de los desertores han sido tomadas como rehenes. Cuando empezamos a disparar a una persona de cada familia, los Verdes comenzaron a salir de los bosques y se rindieron. Treinta y cuatro desertores fueron fusilados como ejemplo.”
Entre agosto de 1920 y junio de 1921 se produjo en Tambov una gran rebelión antibolchevique con apoyo de desertores del Ejército Rojo, provocada por las masivas requisas ordenadas por los comunistas. Los rebeldes reunieron a un ejército de unos 40.000 hombres. Los bolcheviques aplastaron la rebelión. Entre las ejecuciones masivas y los internamientos en el Gulag murieron 240.000 civiles.
La brutal represión de los cosacos
Otro grupo que sufrió la brutal represión comunista fueron los cosacos, una etnia de origen turco. Muchos de sus miembros lucharon en el Ejército blanco, junto a los zaristas, en la Guerra Civil rusa. Entre 1918 y 1919 llegaron a formar una República independiente, de carácter democrático. Los bolcheviques dirigieron contra ellos una durísima represión. El historiador Michael Kort ha estimado que entre 300.000 y 500.000 cosacos fueron asesinados en 1919 y 1920, de una población de 1,5 millones.
En primer plano, el cadáver del telegrafista Ponomarenko en la Cheka de Járkov, Ucrania. Le cortaron la mano derecha y muestra cortes profundos en la cabeza. Al fondo se ven los cadáveres de otras dos víctimas de los chekistas.
La creación por Lenin de una red de campos de concentración: el Gulag
En abril de 1919 Lenin firmó un decreto para crear un sistema de campos de concentración que copiaba la Katorga zarista, que en 1916 contada con casi 20.000 reclusos, según cifras publicadas por Stephen G. Wheatcroft. La nueva red de campos de concentración recibió el nombre de Glávnoie upravlenie ispravítelno-trudovyj lagueréi i koloni (Dirección general de campos de trabajo). Era el nacimiento del Gulag, el mayor sistema de represión soviético. El primero de esos campos se había establecido en 1918 en Solovki, en las islas Solovetsky del Mar Negro. Nuevamente las cifras de la dictadura comunista acabaron superando con creces a las del zarismo en poco tiempo: a finales de 1920 ya había 84 campos con unos 50.000 prisioneros políticos. En octubre de 1923 ya eran 315 campos con 70.000 prisioneros. Los allí detenidos eran utilizados en trabajos forzados como mano de obra esclava. Entre la población reclusa había muy altos índices de mortalidad, debido a las durísimas condiciones de estos brutales centros de reclusión, en los que a menudo los presos morían de hambre o asesinados por sus guardianes.
Lenin animó a ejecutar en masa a huelguistas
Las huelgas también fueron sofocadas de forma sanguinaria. El 16 de marzo de 1919 la Cheka asaltó la factoría de Putilov, en la que sus trabajadores se habían declarado en huelga seis días antes, acusando al gobierno bolchevique de haberse convertido en una dictadura: 900 trabajadores fueron arrestados, y 200 ejecutados sin juicio alguno. La represión violenta, los encarcelamientos, la toma de rehenes y los asesinatos en masa fueron los métodos más usados por los bolcheviques para sofocar estas huelgas, tanto en las fábricas como en el campo. El 29 de enero de 1920, ante las huelgas de los trabajadores de la región de los Urales, Lenin envió un telegrama a Vladimir Smirnov animando a utilizar el asesinato en masa contra los huelguistas: “Me sorprende que usted tome el asunto con tanta ligereza y no ejecute inmediatamente un gran número de huelguistas por el delito de sabotaje.” Incluso se recurrió a estos métodos para sofocar las protestas de trabajadores al ser obligados a trabajar en domingo, como ocurrió en Tula, un malestar que los bolcheviques atribuían, sin más, a una “conspiración contrarrevolucionaria forjada por espías polacos”. Se estima que cientos de miles de trabajadores y campesinos rebeldes fueron ejecutados entre 1918 y 1922.
Asesinados por la Cheka de Kiev, Ucrania, en 1919.
La ejecución en masa de prisioneros de guerra
A finales de 1920 el propio Lenin dio su aprobación para el asesinato en masa de 50.000 prisioneros “blancos” y civiles en Crimea, a tiros o por ahorcamiento, en una de las mayores masacres de la Guerra Civil Rusa. Las víctimas de este crimen se habían entregado, según relata Robert Gellately, tras la promesa bolchevique de que habría una amnistía para ellos si se rendían.
Los cadáveres apilados de víctimas de la hambruna rusa en Buzuluk, en la región del Volga, invierno de 1921 a 1922.
Lenin usó el hambre con fines políticos: de 3,9 millones a 7,75 millones de muertos
Uno de los episodios más dramáticos de la dictadura de Lenin fue la hambruna rusa de 1921 y 1922, que afectó a unos 27 millones de personas y mató a entre 3 y 5 millones y que fue provocada, en gran medida, por las requisas masivas de grano ordenadas por los bolcheviques, la denominada Prodrazvyorstka (copiada y ampliada por los comunistas, como otras cosas, de la Razvyorstka, la requisa de grano zarista en la Primera Guerra Mundial). El grano requisado se usaba a menudo para exportación. Este exterminio mediante el hambre no fue algo accidental o que la dictadura bolchevique tratase de evitar: se hizo de forma intencionada e incluso se buscó con ella un fin antirreligioso, como escribía Lenin en una carta de Lenin al Politburó el 19 de marzo de 1922:
“Ahora y solo ahora, cuando las personas se consumen en áreas afectadas por la hambruna y cientos, si no miles, de cadáveres yacen en las carreteras, podemos (y por lo tanto debemos) perseguir la eliminación de propiedades de la iglesia con la energía más frenética y despiadada y no dudéis en sofocar la menor oposición. (…) Debemos perseguir la eliminación de los bienes de la iglesia por cualquier medio necesario para asegurarnos un fondo de varios cientos de millones de rublos de oro (no olvidéis la inmensa riqueza de algunos monasterios y lauras). (…) Todas las consideraciones indican que más adelante no lo haremos, porque en ningún otro momento, además del hambre desesperada, nos dará ese estado de ánimo entre la masa general de campesinos que nos garantizaría la simpatía de este grupo, o, al menos, nos aseguraría la neutralización de este grupo en el sentido de que la victoria en la lucha por la eliminación de la propiedad de la iglesia, de manera incuestionable y completa, estará de nuestro lado”.
Este uso de las hambrunas como método para conseguir objetivos políticos ya lo había adelantado Lenin en 1891, cuando se negó a colaborar con una campaña de ayuda a los hambrientos de la ciudad de Samara. Según Lenin el hambre tiene “numerosas consecuencias positivas”, pues “destruye no solamente la fe en el Zar, también en Dios” (citado por Stéphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Panné, Andrzej Paczkowski, Karel Bartosek y Jean-Louis Margolin en “Le livre noir du communisme”, 1997).
Bolcheviques requisando grano a campesinos, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947). Estas requisas provocaban un gran descontento y fueron, en gran medida, causantes de la letal hambruna de 1921 y 1922.
La hambruna rusa no fue la única en el territorio de la URSS durante la dictadura de Lenin. Hambrunas similares las sufrieron los kazajos (1919–1922, entre 400.000 y 750.000 muertos) y los tártaros (1921-1922, entre 500.000 y 2 millones muertos), todos ellos bajo dominio soviético. Sumando estas cifras a las de la hambruna rusa, tenemos entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos a causa del hambre, una situación provocada -insisto- por el propio régimen comunista.
Las hambrunas y las pésimas condiciones de vida dieron lugar a rebeliones en la URSS, hoy poco recordadas por la mayor parte del mundo. Una de las más significativas, además de la ya citada de Tambov, fue la de Kronstadt en marzo de 1921, cuando civiles, soldados y marinos de la flota soviética de Báltico se alzaron contra los bolcheviques. El Ejército Rojo sofocó la rebelión ejecutando a miles de personas. Y a día de hoy, tipos como el diputado comunista Alberto Garzón aún se atreven a ensalzar a esa dictadura criminal diciendo que representaba “Paz, Pan y Tierra”…
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Libro de Pedro Pablo Arencibia: Paradigmas Psicopedagogicos y caminos de la Investigacion Matematica en la Ensenanza de la Matematica Universitaria y Media
OPINIÓN SOBRE EL LIBRO:
Lo he ojeado, aqui y alla; es conmovedor. humano. Tardare en leerlo de tapa a tapa. Comprendo que es holistico, lo que me parece admirable, meritorio, politica, experiencia humana, Matematicas, Ciencias, y tambien ¨very scholar. Una combinacion unica. Gracias. B.M.
“Marco Rubio a Donald Trump: Te diré lo que es un buen acuerdo: que Cuba sea libre
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Licenciado en Matemática Pura en la Universidad de La Habana (UH) y Catedrático universitario con 24 años de experiencia en la docencia universitaria cubana; posee la Categoría Docente Principal de Profesor Titular universitario. Fue expulsado el 29 de enero de 1997 del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( universidad de perfil formativo o pedagógico) por motivos políticos. Activo colaborador desde su fundación de la revista VITRAL y del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de la Diócesis de Pinar del Río. Colaboró en Cuba con las organizaciones opositoras: Todos Unidos, Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba y con el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC).
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COLABORADORES:
Paul Echániz