martes, agosto 16, 2022

El Terror Rojo de los comunistas Lenin, Trotsky, Karl Marx y otros, que tuvo como alumno aventajado a Lavrenti Beria, jefe de la NkVD y de la KGB bajo la tiranía de Iosiv Stalin

 Tomado de http://www.alerta360.org/

 El Terror Rojo

"Los rusos son demasiado amables, carecen de la habilidad de aplicar determinados métodos de terror revolucionario".

V. I. Lenin

("Lenin: Vida y Legado". Dmitri Volkogonov. [HarperCollins, 1994], pág. 203)

"La burguesía hoy es una clase en caída... Estamos forzados a arrancarla, a cortarla. El Terror Rojo es una arma utilizada contra una clase, condenada a la destrucción, que no desea perecer... El Terror Rojo acelera la destrucción de la burguesía".

León Trotsky

("Terrorismo y Comunismo: Una respuesta a Karl Kautsky". [New Park Publications, 1975], pág. 83)

"...lleven a cabo un terror masivo sin piedad contra kulaks, sacerdotes y Guardias Blancos; los elementos poco confiables deben ser encerrados en un campo de concentración fuera de la ciudad".

V. I. Lenin

("La Cheka: Policía Política de Lenin". George Leggett. [Clarendon Press, 1981], pág. 103) 

"Estamos haciendo lo que hizo Lenin. No pueden construir el socialismo sin el Terror Rojo".

Asrat Destu. Comisario político del Ejército Etíope.

("El archivo Mitrokhin II: La KGB y el Mundo". Christopher Andrew y Vasili Mitrokhin. [Penguin, 2006], págs. 467-8)

"La dictadura es un gobierno basado directamente en la fuerza y sin restricciones de ninguna ley. La dictadura revolucionaria del proletariado es un gobierno ganado y mantenido por el uso de la violencia por el proletariado contra la burguesía, gobierno que no tiene restricciones de ninguna ley".

V. I. Lenin

("La Revolución Proletaria y el Renegado Kautsky". [Foreign Languages Press, 1972], pág. 11)

"Seguramente ustedes no imaginan que obtendremos la victoria sin aplicar el más cruel terror revolucionario".

V. I. Lenin

("La Cheka: Policía Política de Lenin". George Leggett. [Clarendon Press, 1981], pág. 57)

"No podemos esperar llegar a ningún lado a menos que recurramos al terrorismo: los especuladores deben ser fusilados en el acto. Es más, los bandidos deben ser tratados con la misma firmeza: deben ser fusilados en el acto".

V. I. Lenin

(“Reunión del Presídium del Soviet de Petrogrado con delegados de Organizaciones de Suministro Alimenticio”. Obras completas, Vol. 26, pág. 501)

"El Terror Rojo es el exterminio de enemigos de la revolución en base a su afiliación de clase o a su papel pre-revolucionario".

Feliks Dzerzhinsky

("La Cheka: Policía Política de Lenin". George Leggett. [Clarendon Press, 1981], pág. 114)

"Ni un sólo problema de lucha de clases jamás ha sido resuelto en la historia excepto por la violencia... La lucha de clases no asumió esta forma accidentalmente. Es la forma en que las clases explotadas toman todos los medios de poder en sus propias manos para destruir completamente a sus enemigos de clase, la burguesía...".

V. I. Lenin

(“Informe sobre las actividades del Consejo de Comisarios Populares”. Obras completas, Vol. 26, págs. 459-61)

"En no más de un mes de tiempo el terror asumirá formas muy violentas, tras el ejemplo de la gran Revolución Francesa; la guillotina... estará lista para nuestros enemigos... esa notable invención de la Revolución Francesa que acorta al hombre por una cabeza".

León Trotsky

("La Cheka: Policía Política de Lenin". George Leggett. [Clarendon Press, 1981], pág.  54)

"El uso de rifles, revólveres, bombas, cuchillos, manoplas, garrotes, trapos empapados en kerosene para iniciar incendios... alambres de púas, clavos (contra la caballería)... o ácidos para arrojar sobre la policía... El asesinato de espías, policías, gendarmes, volar estaciones policiales... debe comenzar en cualquier momento".

V. I. Lenin

(“Tareas de los contingentes del Ejército Revolucionario”. Obras completas, Vol. 9, pág. 420)

"Nosotros no tenemos compasión y no pedimos compasión de ustedes. Cuando llegue nuestro turno, no pondremos excusas para el terror".

Karl Marx

(“Supresión del Neue Rheinische Zeitung”. Neue Rheinische Zeitung, 19 de mayo, 1849¨

****************

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano


 La masacre de la familia del Zar Nicolás Romanov es una gran mancha de Lenin pero no la más grande:la más grande es la Revolución de Octubre de 1917. La masacre del Zar y su familia es una gran mancha ni siquiera viéndola como una venganza por el fusilamiento de su hermano, pues su hermano estaba involucrado en un complot para matar al Zar; además, Lenin asesinó a mujeres, niñas y niños que no tuvieron absolutamente  nada que ver con la muerte de su hermano. Lenin tenia miedo (recordemos que Lenin estuvo en el exilio en los momentos de más peligro;  León Trosky fue el que se ocupó de estar en Rusia conspirando in situs)   y quería sembrar, aún más, el terror bolchevique; Fidel y Raul Castro también sembraron el terror  al triunfo de la Revolución durante décadas con los  fusilamientos y largas condenas de cárcel. En los años finales de la década del 70 o principios de la década de los 80 del pasado siglo XX se publicó la novela Diamantes para la dictadura del proletariado, de Yulian Semionov, el autor del bestseller 17 instantes de una primavera, y en el se narra la masacre de la familia Romanov y otras personas. Semionov posteriormente  fue un activista prodemocracia. Yo le pregunté en esos años a un amigo mio que estaba haciendo el doctorado en Moscú si la gente en la URSS hablaba de ese asesinato y me dijo que nadie hablaba y que eso no le interesaba a nadie... años después la realidad lo desmintió con la cobertura y la gran muchedumbre que acompañó el  entierro de lo que quedaba de los restos de la familia Romanov. En Cuba pasará lo mismo con muchos hechos del período Castrista.

(Olga, Tatiana, María y Anastasia Romanov)

Lenin y sus bolcheviques  le dieron un golpe de Estado (realmente Lenin estuvo disfrazado, temeroso  y escondido  en el Smolny y el golpe fue ejecutado por León Trosky)  al gobierno socialdemócrata de Kerenski. Después que el Zar Nicolás II había abdicado, los socialdemócratas tomaron el Poder político en Rusia al frente del cual estaba Kerenski; ante un intento de golpe de Estado por parte de los mencheviques,  los socialdemócratas con ayuda de los bolcheviques abortaron dicho golpe,  pero posteriormente los bolcheviques fueron los que dieron el golpe de Estado y derrocaron al gobierno de Kerenski. Es una FALSEDAD HISTÓRICA presentar que los bolcheviques derrocaron al Zar Nicolás II. En Cuba   Fidel y Raul Castro se lo dieron a las fuerzas revolucionarias antibatistianas. Fidel Castro Ruz copió algunos aspectos del  régimen político impuesto por Lenin y cómplices: uno de esos aspectos fue que su toma del Poder haya sido producto de un golpe de estado al frente de una minoría de simpatizantes. Fidel Castro dió  dos  golpes de Estado a las fuerzas revolucionarias que  combatieron al régimen encabezado por Fulgencio Batista: el primero de esos golpes  fue a las propias fuerzas del Movimiento 26 de Julio, (M-26-7) que combatían clandestinamiente en los pueblos y ciudades (las cuales no estaban subordinadas a él); eso ocurrió en la reunión de Altos de Mompié cuando le echó la culpa del fracaso de la Huelga de Abril de 1958, a la cual él había llamado en el  Manifiesto de la Sierra Maestra de marzo de 1958 y después  no la respaldó fuertemente cuando ella se produjo; René Ramos Latour ¨Daniel¨ se había opuesto a esa huelga propuesta por Fidel porque no habían armas pero Faustino Pérez (el otro firmante junto a Fidel del manifiesto antes citado) expresó que las armas las traerí una expedición (la expedición de ¨El Corojo¨) pero esa expedición fracasó. El otro golpe de Estado se empezó a ejecutar  después del triunfo revolucionario y fue contra  las otras fuerzas antibatistianas que se habían unido en el Pacto de Caracas de 1958;  ese golpe empezó a fraguarse más aceleradamente  en la casa de descanso del Che Guevara en el reparto de Tarará cuando el Che  tenía una crisis de asma (uno de los contados presentes fue Osvaldo Sánchez, un alto operativo de la KGB en Cuba)   y se acabó de ejecutar desde las oficinas del INRA (Instituto Nacional de la Reforma Agraria). 

 
 ***********

Los Romanov en 1917


Video con fotos en colores de la familia del Zar.

*****
 El asesinato de los Romanov


*****

El destino de los asesinos del último zar

Por Yan Shenkman,
Rusia Hoy
15 de julio de 2013

 (El sótano de la casa de Ipatiev trás la ejecución de la familia Romanov. Fuente: Archivo)

En 1918 los bolcheviques fusilaron a los once miembros de la familia Romanov. Los principales implicados en aquel pelotón de ejecución ostentaron una posición respetable dentro de la sociedad soviética.
A día de hoy, 95 años después del asesinato de la familia real rusa, no se sabe a ciencia cierta cuántos asesinos estuvieron involucrados en el regicidio. Según una versión, fueron ocho los implicados en el regicidio. Conforme a otra, el número se eleva a once, tantos como víctimas de la matanza.

Los que desempeñaron un papel más relevante en el pelotón de ejecución fueron Yákov Yurovski y Medvédev-Kudrin.
Según Yurovski, él disparó mortalmente contra el zar. La participación de este, que era judío, en el regicidio permitió afirmar después a los nacionalistas que “a nuestra padrecito el zar lo mataron los ‘inorodtsy’ (habitantes no rusos durante el zarismo)”. En realidad, los ‘inorodtsy’ eran sólo dos: él y el fusilero letón Tselms, cuya participación en el asesinato no está definitivamente probada.

(Yákov Mijáilovich Yurovski en 1918)

Yurovski, de profesión joyero, se propuso encontrar los diamantes de la familia real en la noche de la ejecución. Y, en efecto, los encontró: después de registrar los cadáveres descubrieron que entre la ropa de las hijas del zar habían cosido abundantes joyas (pesaban más de ocho kilos).

Yurovski entregó todos los objetos de valor al comandante del Kremlin de Moscú. Los primeros bolcheviques eran gente bastante desinteresada en el plano material, pero de una crueldad infinita.

En la hoja de servicios de Yurovski, figuran los cargos de presidente de la Cheká provincial de los Urales, Jefe del Tesoro del Estado Soviético (Gosjran) y director del Museo Politécnico de Moscú. Todos ellos eran puestos de muy alto rango y de importancia estratégica en los primeros años del gobierno soviético.

(Yákov Mijáilovich Yurovski años más tarde)

Murió en el hospital del Kremlin cuando ser atendido allí era un privilegio reservado a muy pocos, especialmente destacados funcionarios del Estado. El diagnóstico: una úlcera péptica. Según testigos presenciales, su agonía fue dolorosa.

Una cuestión de orgullo y la redacción de las memorias  

Algunos de los asesinos del zar eran amigos entre sí y se veían a menudo. Yurovski, Goloschekin y Medvédev, todos ellos participantes en la ejecución, a veces rememoraban el crimen mientras tomaban una taza de té.

Les gustaba hablar especialmente de quién había sido el primero en disparar aquella noche. Una vez, Yurovski llegó al encuentro con aire triunfal. Había recibido un libro publicado en Occidente, donde, blanco sobre negro, se leía que él era el asesino de Nicolás II. Estaba pletórico de felicidad.

Mijaíl Aleksándrovich Medvédev-Kudrin (1891-1964) también ocupó cargos de relevancia después de la revolución. Durante un tiempo fue ayudante del jefe de la 1ª Sección Especial del NKVD de la URSS.

En 1930, se dedicó a dar charlas sobre el regicidio en los institutos superiores provinciales. A finales de la década de 1950 se le asignó una pensión personal de 4.500 rublos, una cifra alta para la época. En un encuentro con estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad Estatal de Moscú (MGU) rememoró con sumo placer cómo, en 1918, él y sus compañeros bolcheviques ahorraron cartuchos y remataron con bayonetas a los enemigos de la clase trabajadora.

Medvédev alcanzó el rango de coronel. Antes de morir dejó escritas unas memorias detalladas sobre el asesinato de la familia real rusa. El manuscrito, titulado “Torbellinos hostiles”, estaba dirigido al entonces dirigente de la URSS, Nikita Jruschov, pero nunca se publicó.

(Mijaíl Aleksándrovich Medvédev-Kudrin) 

En esas memorias impugna el papel dirigente de Yurovski y se atribuye el mérito principal en la aniquilación de la familia del zar. Medvédev fue enterrado con honores militares en el cementerio de Novodévichi, la necrópolis más prestigiosa de Rusia. En su testamento, Medvédev legó la pistola Browning con que mató a Nicolás II a Nikita Jruschov.

Después de la muerte de Medvédev, su hijo convenció al de Nikulin para que grabaran sus testimonios sobre los acontecimientos de la noche del regicidio en un estudio de radio.

Se cree que Nikulin fue un mero testigo que identificó los cadáveres de los miembros de la familia Romanov. No obstante, su hijo declaró al respecto: “Me acuerdo de que, en 1936, cuando yo todavía era pequeño, Yákov Mijáilovich Yurovski vino a vernos y escribió algo… Recuerdo que estaba precisando algunos datos con mi padre, a veces, por lo que recuerdo, discutían… Sobre quién fue el primero en disparar contra Nicolás II… Mi padre decía que era él quien había disparado primero, pero Yurovski lo rebatía, afirmaba que había sido él…”.

Otro miembro del pelotón de ejecución, Radzinski, grabó sus recuerdos en un magnetófono: “Un hombre bajó al agua con cuerdas y sacó los cadáveres. El primero que sacaron fue el de Nicolás. El agua estaba tan fría que los rostros de los cadáveres estaban sonrojados, como si estuvieran vivos… El camión se atascó en un lodazal, y a duras penas avanzábamos… Y de pronto tuvimos una idea y actuamos en consecuencia… Decidimos que no encontraríamos un lugar mejor… Excavamos en el lodazal… sumergimos los cadáveres en ácido sulfúrico… Los desfiguramos… Cerca había una vía férrea… Llevamos las traviesas podridas para camuflar la tumba. Enterramos en el lodazal sólo a algunos de los ejecutados, a los otros los quemamos… Quemamos el cadáver de Nicolás, me acuerdo… Y el de Botkin también… Y creo que el de Alexis…”.

A principios de la década de 1980, a Yuri Andrópov, entonces jefe del KGB, le gustaba escuchar algunas tardes los testimonios de los regicidas. Según se dice, estas grabaciones se conservan todavía hoy en los archivos del Comité para la Seguridad del Estado.
 ************

Stali, Svetlana (hija de Stalin) y Lavrenti Beria

Escena del film Katyn  de Andrej Wajda, nombre del bosque donde militares rusos asesinaron, por orden de Stalin y de Beria,  a más de 20 000 oficiales  e intelectuales polacos. El padre de ese director de cine polaco fue  uno de los asesinados. Los rusos dijeron  durante décadas que los alemanes de Hitler fueron los que llevaron a cabo esa masacre, pero la verdad salió a la luz.

#ElAticoDePepe #PepeForte
Un Demonio Llamado LAURENTI  BERIA








Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

jueves, junio 25, 2020

David Barreira del diario El Español: Los 25.000 polacos que Stalin asesinó: así fue el mayor crimen soviético de la II Guerra Mundial

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

La verdadera historia sovietica


Documentos relacionados  con   el mayor crimen soviético de la II Guerra Mundial:



*******************

Los 25.000 polacos que Stalin asesinó: así fue el mayor crimen soviético de la II Guerra Mundial

********
Un libro indaga en la matanza perpetrada por la URSS en el bosque de Katyn y en la guerra propagandísitca que se desató entre nazis y aliados.
********


Por David Barreira
10 marzo, 2020

El teniente coronel Friedrich Ahrens observó a un lobo cavando un agujero en la nieve profunda del bosque de Katyn, a las afueras de la ciudad rusa de Smolensk. Al lado del animal, el militar alemán vislumbró una cruz de abedul como las que se colocan sobre las tumbas de los soldados y rápidamente dio aviso al oficial al mando. Era finales de enero de 1943 y la tierra estaba congelada: hubo que esperar hasta mediados de marzo para que el lugar pudiese ser examinado. Aquellas fosas escondían miles de huesos humanos.

Tres años antes, primavera de 1940: más de 22.000 oficiales y funcionarios de la élite polaca son ejecutados con un balazo en la nuca entre los árboles del bosque de Katyn, al borde de una fosa común, y en otros lugares de la Unión Soviética. Muchos de ellos fueron a la muerte atados, otros con sus abrigos sobre la cabeza. Había oficiales de Estado Mayor, médicos, profesores y hasta medallistas olímpicos. También una mujer, la piloto Janina Lewandowska. ¿Su delito? Ser supuestos "criminales de guerra", "contrarrevolucionarios".

Pero en este caso, los verdaderos asesinos fueron Stalin y sus secuaces, con Lavrenti Beria, jefe del temible , NKVD, la policía secreta de Moscú, a la cabeza. Fue el mayor crimen cometido por los soviéticos en el trascurso de la II Guerra Mundial, una escalofriante lista de ejecuciones que el Kremlin tardó medio siglo en reconocer. Ahora, un ensayo del periodista e historiador alemán Thomas Urban, titulado La matanza de Katyn (La Esfera de los Libros), bucea en documentos originales y los relatos de los testigos oculares de la masacre para construir una rigurosa y documentada historia que vierte luz sobre todos los intentos de manipulación y mentiras que se encadenaron.


Su relato arranca con la inverosímil firma del Tratado de No Agresión entre la Alemania Nazi de Hitler y la Unión Soviética, y recordando que la invasión de Polonia en septiembre de 1939 no solo fue obra las tropas de la Wehrmacht. El Ejército Rojo, atacando desde el este, tomó 180.000 prisioneros polacos, unos números que superarían los 230.000 tras las detenciones realizadas por los funcionarios del NKVD en las semanas posteriores. La élite del país sería encerrada en tres campos de concentración: Kozelsk, Ostashkov y Starobelsk.

El 5 de marzo de 1940 comenzaron las tareas de liquidación: el Politburó emitió la 'Decisión nº 144', según la cual se fusilaría a 25.700 polacos. Dos días después, Beria firmó la orden de destierro por diez años de todos los allegados de los condenados a muerte sin su conocimiento. A partir de mediados del mes de abril, unas 60.000 mujeres, hijos, hermanos y padres fueron deportados a la estepa kazaja en condiciones miserables. Vivieron en pésimas cabañas de madera o agujeros en el suelo. Miles de ellos no sobrevivieron al primer invierno, con temperaturas de hasta 45º bajo cero. Todas sus propiedades fueron entregadas a los oficiales del Ejército Rojo y a miembros del Partido Comunista.

Los reos fueron transportados en trenes en grupos de 250 personas y conducidos al bosque de Katyn en autobuses. Los guardias soviéticos les habían hecho soñar con una inminente liberación, pero en realidad iban a ser despedidos con un disparo en la cabeza. "El nombre de este pequeño pueblo en el oeste de Rusia representa el intento de Stalin de exterminar a la clase dominante polaca, para extender su sistema totalitario de la Unión Soviética a Polonia. La orden del Kremlin no solo afectó a Katyn, sino también a otros lugares donde murieron, en total, unos 25.000 oficiales e intelectuales polacos", escribe Urban.

La jugada de Goebbels

La Operación Barbarroja lanzada en junio de 1941 sacudió el transcurso de la II Guerra Mundial: los nazis invadieron el territorio anexionado por los soviéticos y estos huyeron despavoridos hacia el este, elevando en miles el número de víctimas polacas. Paradójicamente, Moscú decretó una amnistía cuya finalidad era integrar a los oficiales de Polonia —a los que no habían ejecutado— en las filas del Ejército Rojo. A finales de ese año, se habían creado tres divisiones polacas, con un total de casi 40.000 hombres exhaustos y mal alimentados.

Pero el hallazgo en Katyn por los alemanes de las pruebas de la masacre soviética abrieron un nuevo frente en la guerra. "No podía creer lo afortunado que era", dijo de Joseph Goebbels, ministro nazi de Propaganda, uno de sus subordinados. Rápidamente y empujado por Hitler, armó una campaña destinada a abrir una brecha en los aliados: el 11 de septiembre de 1943, la agencia alemana informó del hallazgo de las fosas comunes con miles de cuerpos. El duelo propagandístico había dado el pistoletazo de salida: Radio Moscú contraatacó diciendo que sus enemigos habían preparado los cuerpo en Auschwitz y los habían enterrado en el bosque de la localidad rusa.

La operación de Goebbels fue un éxito a medias: por una parte, logró que el Gobierno polaco en el exilio reclamase al resto de los Aliados que una misión de la Cruz Roja realizase un informe sobre el terreno. La URSS, evidentemente, no estaba dispuesta a dilucidar responsabilidades. Reino Unido y EEUU trataron de apagar el incendio: en un telegrama, Churchill le dijo A Roosevelt: "Los hemos convencido de que no se concentren en los muertos, sino en los vivos, en el futuro, no en el pasado".

Los nazis, por el contrario, sí supieron explotar informativamente la masacre: Goebbels ordenó que los propios polacos relatasen a sus compatriotas los extremos de las ejecuciones. La Cruz Roja del país realizó una investigación en la que se concluía que los asesinatos tuvieron lugar entre marzo y abril de 1940 a raíz de los documentos encontrados entre los cadáveres.También les llamó la atención las heridas de bayonetas cuadradas que presentaban muchos de los cuerpos: este tipo de arma solo la poseían el Ejército Rojo y el NKVD.


A pesar de las evidencias irrebatibles, Stalin siempre negó la implicación de la URSS en la matanza de Katyn. Todo este proceso de sucesión de versiones lo reconstruye con elegancia y atractivo Thomas Urban en su libro. Algunos pasajes de su investigación se leen con perplejidad, sobre todo el capítulo dedicado a la Comisión Burdenko, una operación de reescritura sistemática de la historia orquestada por Beria y su delegado, Vsevolod Merkulov.

Los talleres de falsificación de los servicios secretos soviéticos, escribe el historiador, recibieron el encargo de "producir y obtener documentos fechados entre el otoño de 1940 y el verano de 1941. Debían demostrar que los oficiales polacos aún estaban a salvo en los campos soviéticos durante este período". Fotografías aéreas tomadas por los alemanes y conservadas en los archivos estadounidenses evidencian que en Katyn "se utilizaron excavadoras y bulldozers para realizar extensos movimientos de tierra" entre octubre y noviembre de 1943. También persiguieron a todo tipo de testigos mediante calumnias, intimidación o la liquidación. Pero las mentiras terminaron desvelándose.

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

martes, febrero 04, 2020

"¿Qué hiciste en la guerra, amado Stalin?". Uno de los mayores tiranos del pasado siglo aún tiene millones de seguidores, algunos de los cuales se sientan en el consejo de ministros de España


Un largo segmento del importante y muy  significativo documental  La verdadera historia Soviética, pues el documental original dura una hora y 25 minutos


********
LA MATANZA DE KATYN - Pruebas oficiales y documental.



******************

"¿Qué hiciste en la guerra, amado Stalin?"

*******
Uno de los mayores tiranos del pasado siglo aún tiene millones de seguidores, algunos de los cuales se sientan en el consejo de ministros de España.
*******

Por Pedro Fernández Barbadillo
2020-02-02


1945, soldados rusos en el hospital de Auschwitz | Cordon Press

En un debate sobre el aniversario de la caída del Muro Antifascista que separaba la Alemania socialista de la Alemania occidental en el que participé, un dirigente español de Izquierda Unida justificó la existencia de las tiranías comunistas porque eran un contrapeso al "mercado" y al "neoliberalismo".

Estamos en un momento de blanqueo del comunismo, objetivo para el que la formidable máquina de propaganda de la extrema izquierda emplea cualquier recurso. Estos días han recurrido al LXXV aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, por parte del Ejército Rojo en su avance hacia Berlín.

Los tuiteros de la extrema izquierda, encabezados por Pablo Iglesias, clamaron que el III Reich nacional-socialista fue vencido sólo gracias a la URSS y, en consecuencia, si no le agradecemos a Stalin haber derrotado a Hitler somos o ignorantes o fascistas.

Y lo primero que hay que responder es que la URSS se unió a la guerra contra el nazismo tarde, casi dos años después de que empezase, cuando los polacos la estaban librando desde el primer día y los británicos desde el tercero.

El cuarto reparto de Polonia

En la primavera de 1939, en Europa sólo había tres poderes capaces de determinar la guerra o la paz: la URSS soviética, el Reich nacional-socialista y el Imperio británico. Francia estaba subordinada a Londres; Italia y Polonia carecían de fuerza suficiente para inclinar la balanza; y España acaba de salir de una guerra. Stalin optó por firmar un pacto de no agresión con Hitler. Y Stalin sabía que su decisión provocaría la guerra, tal como dijo a sus camaradas (Simón Montefiori, en La corte del zar rojo).

"Naturalmente el juego consiste en ver quién engaña a quién. Ya sé lo que trama Hitler. Cree que es más listo que yo, pero en realidad soy yo quien lo ha engañado. La guerra tardará en afectarnos todavía un poco".

El plan de Stalin consistía en que "los burgueses" se destrozasen entre ellos para luego invadir Europa, como había intentado el Ejército Rojo, pero fue detenido en 1920 a las puertas de Varsovia.

Stalin atacó Polonia por la espalda el 17 de septiembre de 1939 y las tropas soviéticas desfilaron junto a las alemanas en Brest-Litovsk. Luego, absorbió Lituania. Letonia y Estonia y en noviembre atacó Finlandia, motivo por el que la URSS fue expulsada de la Sociedad de Naciones

En los meses siguientes, y sobre todo después de la victoria de Alemania sobre Francia, Stalin colaboró con los nazis: suministro de materias primas imprescindibles para el ejército alemán, como el petróleo, y alimentos. Moscú quería ganar tiempo, mientras se preparaba, y por tanto no quería indisponerse con Berlín. Sirva como ejemplo de esta entente la derrota del crucero Komet. En el verano de 1940, un rompehielos soviético abrió paso al barco alemán por el mar Ártico hasta que salió al Pacífico. Allí atacó varios mercantes aliados.

Además, Stalin tuvo tiempo para ordenar, con su firma, el genocidio de Katyn: la matanza de 22.000 oficiales polacos capturados, entre los que había un 8% de judíos. También entregó a los militares, las SS y la Gestapo a miles de polacos huidos y a comunistas alemanes.

La ruptura entre Alemania y la URSS sólo se realizó cuando Hitler invadió a su vecino. Para entonces, ya existía Auschwitz, construido en la zona de Polonia conquistada por Alemania.

La victoria, imposible por separado

Sin el sacrificio de los soviéticos, ¿habría sido posible la victoria de los anglosajones sobre Alemania? Seguramente, no. Pero tampoco la URSS habría podido soportar las ofensivas del Eje y realizar sus contraataques.

El historiador Anthony Beevor me dijo en una entrevista que "el 80% de las bajas alemanas las causó el Ejército Rojo" en el frente oriental, pero la ayuda de Gran Bretaña y, sobre todo, de EEUU, fue imprescindible.


"Sabemos que tanto Stalin como el mariscal Zukov reconocieron que la URSS jamás habría sobrevivido para ganar la guerra sin la ayuda británica y sobre todo de EEUU: acero, comida y en especial 500.000 vehículos militares que transformaron la movilidad del Ejército Rojo. Otro aspecto que los historiadores rusos se niegan a aceptar hoy es que los bombardeos británicos de ciudades alemanas forzaron a la Luftwaffe a trasladar la mayoría de sus escuadrones de combate y artillería antiaérea del frente Oriental a la defensa del Reich. Y esto dio la superioridad aérea a la Unión Soviética".

Uno de los argumentos más usados por los neo-comunistas es el recuerdo de las bajas sufridas por los soviéticos, que en la actualidad se calculan en cerca de 27 millones de seres humanos. Es cierto que los nazis trataron a los eslavos (fuesen polacos o rusos o ucranianos) casi tan mal como a los judíos; en su ideología tenían reservado el papel de esclavos. Millones de ellos murieron de hambre, explotados en las fábricas, las minas o los campos y asesinados en represalias.

Paracaidistas sin paracaídas

Pero a Stalin y su camarilla les corresponde una enorme responsabilidad en esa orgía de sangre. El Gobierno, el Partido y la Stavka (mando soviético) trataron a su propio pueblo con una crueldad que en Alemania los nazis solo aplicaron en los últimos meses de la guerra, cuando ésta ya estaba perdida.

En los primeros días de Barbarroja, Moscú ordenó contra-ataques desesperados, que sólo causaron más muertos y no detuvieron el avance alemán. En cumplimiento de la Orden 227, firmada por Stalin en julio de 1942, llamada '¡Ni un paso atrás!', casi 430.000 militares fueron destinados a batallones de castigo, por delitos como derrotismo, o flojedad en el combate. Los comisarios políticos ametrallaban sin vacilar a los soldados que no ponían suficiente empeño en lanzarse contra los tanques alemanes. Los ataques frontales fueron una táctica constante hasta la batalla de Berlín, aunque costasen más bajas y la Stavka dispusiera de la artillería, los vehículos, el espacio de maniobra y la masa humana necesarios para evitarlos.

Para asegurar el triunfo del cerco de Stalingrado (Operación Urano), Stalin aprobó la revelación de otra operación, llamada Marte, a los alemanes mediante un agente doble. La distracción se consiguió, pero al coste de entre 70.000 y 100.000 muertos en el Ejército Rojo.

Los rojos aplicaron métodos espantosos en el campo de batalla. Cuando la nieve tenía un metro de espesor, lanzaban a los paracaidistas sin paracaídas y daban por aceptables un treinta por ciento de bajas. Colocaban infantes sin protección encima de los plintos de sus blindados para aprovechar las penetraciones. Y el mariscal Zhukov mandaba a sus tropas penetrar en los campos de minas sin detenerse a desminarlos:

Las bajas que sufrimos por minas las consideramos equivalentes a las que habríamos sufrido por ametralladoras y artillería si los alemanes hubieran decidido defender el área con grandes cuerpos de tropas en lugar de minas.

Stalin deportó en condiciones inhumanas a millones de seres humanos, como las poblaciones de alemanes del Volga y los tártaros de Crimea ante las sospechas de colaboración con los invasores.

Mientras en Inglaterra hubo huelgas obreras en las fábricas de armamento en petición de mejores condiciones (descansos y paga), el Kremlin estableció jornadas de 18 horas en las fábricas de armamento y la pena de muerte para el personal para delitos como no cumplir la producción asignada o llegar tarde al puesto.

La maquinaria de represión no se detuvo, porque ésta era la única manera en que los bolcheviques podían mantener su régimen, que sabían odiado por el pueblo. A continuación, unos datos sacados de La tormenta de la guerra, de Andrew Roberts.

Entre junio y octubre de 1941, en los peores meses de la guerra para la URSS, la NKVD detuvo a unas 26.000 personas y mató a no menos de 10.000. En 1942, los Gulags tenían cuatro millones de presos, algunos de ellos condenados por la pantomima de ser espías de las potencias que, por la vía de los hechos, se habían convertido en aliadas de la URSS. "No menos de 135.000 soldados del Ejército Rojo –el equivalente a 12 divisiones— fueron fusilados por su propio bando, entre ellos muchos que se habían rendido a los alemanes y habían sido recapturados".

Cambio de tiranos

Sí, el Ejército Rojo fue imprescindible en la derrota de Hitler, pero sin Stalin y su marxismo la Segunda Guerra Mundial no habría comenzado cuando y como lo hizo y la victoria no le habría costado tantos millones de muertos a los rusos y demás pueblos sometidos a la URSS.

En Europa Oriental entre 1944 y 1945 se cambió a un tirano por otro. A uno de esos tiranos hoy solo lo defiende un puñado de locos; por el contrario, el otro, debido a la superioridad moral de la izquierda, aún tiene millones de seguidores, algunos de los cuales se sientan en el consejo de ministros del Reino de España.
************

Etiquetas: , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...