jueves, abril 03, 2025

Miguel Sales Figueroa: La (re)vuelta del sentido común

 La (re)vuelta del sentido común

Por Miguel Sales

31.03.2025

Hubo una época, no muy lejana, cuando una persona que estuviera convencida de que era mujer por la mañana, hombre por la tarde y -digamos- jirafa (o jirafo) por la noche, hubiera recibido un diagnóstico de autismo o de esquizofrenia y un tratamiento psiquiátrico acorde a su condición.

Pero de pronto, hacia principios de este siglo, algunos médicos y psicólogos tuvieron la brillante idea de que la persona en cuestión solo estaba aquejada de un padecimiento nuevo, algo que denominaron “disforia de género”. Vamos, que “había nacido en el cuerpo equivocado” y que eso podía solucionarse mediante dosis masivas de hormonas y “cirugía de reasignación”. Los hombres podrían transformarse en mujeres y viceversa. Había llegado la moda de la transexualidad. Y el término moda no está usado aquí en sentido peyorativo, sino todo lo contrario, con el mayor respeto hacia la potencia gregaria del fenómeno. 

Ocurrió entonces que, en vez de proporcionar a esos nuevos pacientes el tratamiento adecuado, se les aupó a la categoría de modelos de conducta, se les paseó por los platós de televisión y se les invitó a que fueran a las escuelas secundarias, para contar sus experiencias a los adolescentes que tal vez tuvieran dudas sobre su sexualidad y promocionar así la “solución” quirúrgica y hormonal. 

Cualquiera que tenga dos dedos de frente se preguntará cómo hemos llegado a esta situación. Porque esta faceta de la política identitaria no es otra cosa que el aspecto más absurdo y llamativo de un conjunto de síntomas, -un síndrome- que padece nuestra civilización y que está íntimamente vinculado a ideas y creencias que aspiran a conformar una nueva metafísica, es decir, una ideología global que explique el sentido de la vida y el futuro que nos aguarda.  

El naufragio del socialismo real

Como han señalado varios autores, el punto de partida de este fenómeno puede situarse hacia 1990, a medio camino entre la caída del Muro de Berlín y el hundimiento del socialismo soviético.

La mitad del imperio comunista había desaparecido bruscamente y la otra mitad emprendía una rápida evolución hacia un modelo mixto, que terminaría siendo un capitalismo de Estado más próximo a las ideas de Mussolini que a las de Mao Tsé Tung. Ni siquiera las reservas espirituales de Oriente y Occidente -Cuba y Corea del Norte- saldrían completamente indemnes de la catástrofe.  

Los gurús del socialismo real, desconcertados por el cataclismo, llegaron entonces a la conclusión de que “los grandes relatos”, que habían servido para explicar el sentido de la vida humana y el lugar del individuo en la sociedad, se habían venido abajo por sus propias contradicciones. Y que al hundimiento del comunismo seguiría inexorablemente el naufragio de las sociedades liberales.  En un movimiento especular, el fracaso de la democracia popular preludiaba la muerte de la democracia capitalista.

Era urgente, pues, elaborar una nueva cosmovisión que ofreciera a las masas decepcionadas por el fin del comunismo y, sobre todo, a los jóvenes que buscaban respuestas a sus inquietudes, una metafísica de amplio espectro, capaz de explicar la realidad de lo ocurrido y, sobre todo, de postular la creación de otra sociedad, mediante una praxis revolucionaria novedosa. Nada de internacionalismo proletario ni de guerrillas guevaristas. Se trataba ahora de identificar a los nuevos sujetos portadores del fuego sagrado: las minorías oprimidas -mujeres, grupos raciales no blancos, comunidades indígenas, miembros de colectivos definidos por sus preferencias sexuales (lo que la prensa llama a veces ‘el pueblo del alfabeto’ o LGTBIQ+), discapacitados y otros- que en nombre de la “justicia social” y la “interseccionalidad” iban a cambiar el mundo.

Para que las nuevas cohortes revolucionarias pudieran operar con eficacia, había que inocular en las masas la idea de que las sociedades occidentales eran un compendio sin precedentes de racismo, misoginia, opresión e injusticia. Era el orden blanco heteropatriarcal basado en el colonialismo, la explotación de los obreros y los pueblos menos desarrollados.

Era obvio que esta imagen no se correspondía con la realidad histórica, pero a los activistas de la justicia social la verdad no les preocupaba demasiado. Lo importante era movilizar a las víctimas e incorporarlas a la renovada lucha por el socialismo.

La difusión de esta versión distorsionada de la civilización occidental se logró con relativa rapidez, gracias al efecto multiplicador de las nuevas tecnologías. Internet y las redes sociales transformaron en pocos años los modos de comunicación y la capacidad de influir sobre las opiniones de los demás. Las grandes cadenas de difusión de radio, televisión y prensa plana, hicieron el resto. 

La menospreciada herencia de 1968

Pero lo que comenzó en torno a 1990 tiene a su vez antecedentes claros y paradójicos. Ese esfuerzo orientado a componer una nueva versión del profetismo marxista, combinándolo con elementos que antes la ortodoxia izquierdista había desdeñado, se basó sobre todo en un conjunto heterogéneo de ideas que prosperaron en las universidades francesas entre 1950 y 1968 y que luego cayeron en desuso, si no en el más negro olvido.

En mayor o menor grado, los pensadores estelares de la época, casi todos izquierdistas o neo-marxistas, aportaron conceptos que 20 años después serían recuperados por los ideólogos estadounidenses que confeccionaron el ideario woke. 

Así, de Michel Foucault tomaron la idea de que el poder, en todas sus manifestaciones, constituye el dato fundamental de la estructura política y social. En las páginas de Jacques Derrida comprendieron la necesidad de “deconstruir” o destejer la urdimbre de las relaciones humanas hasta tomar “conciencia del privilegio blanco y heterosexual” (woke) -siguiendo el ideario de Gilles Deleuze- que permite comprender la injusticia congénita del sistema patriarcal. Otros pensadores algo más antiguos, como Antonio Gramsci, ya habían subrayado la función hegemónica de la cultura y los mecanismos de control que las clases dominantes ejercen a través del sistema educativo, la religión y los medios de comunicación de masas.

Estas ideas navegaron con más o menos fortuna durante esas dos décadas pero luego se marchitaron súbitamente a finales del segundo decenio, cuando la insurrección estudiantil de mayo de 1968 demostró las limitaciones del utopismo neomarxista y muchos de los activistas radicales de entonces derivaron hacia movimientos anarquistas o terroristas como la banda alemana Baader-Meinhof, las Brigadas Rojas italianas o la Acción Directa francesa. 

Por un giro irónico de la evolución del pensamiento, esas mismas ideas que habían caído en el descrédito en la academia europea, arraigaron luego en algunas universidades estadounidenses y adquirieron una segunda vida, especialmente en facultades del Este del país, donde florecieron en el marco de los estudios feministas, la teoría crítica de la raza, los cursos sobre descolonización y otros por el estilo.

El aporte ecologista

El siguiente elemento clave en la constitución de la nueva metafísica fue la ecología anticapitalista. El movimiento ambientalista existía ya desde mucho antes de 1990 y abarcaba un conjunto variopinto de tendencias y organizaciones que tenían en común la preocupación por el planeta y la preservación del medio natural.

Pero, tras la publicación del estudio del Club de Roma Los límites del crecimiento (1972) y la creación, en 1988, del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) los ecologistas radicales se adhirieron en número creciente a los principios que iban a integrarse en la médula del ideario woke. 

La cultura consumista occidental había destrozado los ecosistemas, causado la extinción de numerosas especies, contaminado el aire y el agua, y explotado sin escrúpulos los recursos mineros y energéticos del mundo. Y ahora, al propiciar el cambio climático de origen antropogénico, amenazaba con arrasar el planeta y acabar con la vida animal y humana. El capitalismo era un sistema depredador cuya destrucción era indispensable para salvar a la Tierra y la Humanidad.

Había que frenar o suprimir el crecimiento económico, ilegalizar los combustibles fósiles, cerrar las centrales nucleares y estigmatizar el consumo de carne, entre otras medidas urgentes para evitar la hecatombe. 

Coincidiendo con el derrumbe del sistema soviético, el catastrofismo de la ecología política cobró nuevo impulso. En cada conferencia sucesiva de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático aumentaba el grado de alarmismo y parecía aproximarse la fecha del apocalipsis del clima. 

Desde entonces, el “cambio climático” se convertió en la nueva religión laica y los gobiernos y medios progresistas sometieron a la población de Occidente a un lavado de cerebro permanente para justificar las medidas más disparatadas, desde la protección integral de depredadores como el lobo y el oso, hasta la aplicación de políticas “verdes” que la Unión Europea tomó por banderas (erradicación de las plantas nucleares, sobreabundancia de normativas en materia de caza y pesca, hiperregulación de la actividad agrícola, etc.).

Después de todo, los ambientalistas radicales encajaban bien en la definición de “víctimas del sistema capitalista” o “aliados naturales del movimiento socialista”, según los criterios elaborados, entre otros, por los teóricos marxistas Ernesto Laclau y Chantal Mouffe en su libro Hegemonía y estrategia socialista de 1987. Al igual que otras minorías oprimidas -las mujeres, los negros y mestizos, los homosexuales, los grupos indígenas- los ecologistas radicales aportarían su esfuerzo a la revolución socialista que iba a derrocar al heteropatriarcado.  

  La estrategia migratoria

La promulgación, en 1948, de la Declaración Universal de Derechos Humanos, fue saludada de manera casi unánime en el mundo entero como un logro del derecho y un importante paso de avance de la civilización. Compendiar los derechos permitiría, entre otras cosas, establecer normativas que obligarían a los diversos agentes -Estados, gobiernos, parlamentos- a respetar las prerrogativas de cada ciudadano y garantizaría la paz y la armonía social.  

El artículo 14 de la DUDH estipula que “toda persona tiene derecho a buscar y disfrutar de asilo en cualquier país en caso de persecución”. Posteriormente, en 1951 este derecho se amplió a los refugiados y, algo más tarde, empezó a considerarse además como derechoabiente la figura jurídica del “migrante”. Un aspecto que se menciona menos en los documentos internacionales es que todos ellos deben respetar las leyes nacionales del país anfitrión que es, en última instancia, el que se reserva el derecho a acoger o no a quienes solicitan asilo o protección.   

Los Estados Miembros de las Naciones Unidas, reunidos en Marrakch en diciembre de 2018, aprobaron el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular. Como explica el sitio web de las NN.UU., “se trata de un documento no vinculante que respeta el derecho soberano de los Estados a determinar quién entra y permanece en su territorio y demuestra el compromiso con la cooperación internacional en materia de migración”.

Es este principio del derecho soberano de la sociedad anfitriona a decidir quién entra o no en su país el que a partir de 1990 la metafísica woke se propuso erradicar. Había que borrar las fronteras y propiciar la entrada masiva de extranjeros indocumentados en las naciones más ricas y estables del planeta. Ese era un elemento decisivo en la lucha por la “justicia social” y la construcción del nuevo socialismo, contra las democracias liberales de Occidente y el heteropatriarcado capitalista.

Así, entre 1990 y 2025, el número de migrantes internacionales se duplicó, pasando de 150 a 300 millones, lo que supone aproximadamente el 4% de la población mundial. En ese periodo aumentó de manera exponencial el número de personas que emigraban rumbo a Europa o Estados Unidos, por diversos motivos. La persecución política o religiosa, la necesidad de huir de la guerra, el hambre o la represión; o la simple búsqueda de mayor seguridad y bienestar, así como de mejores oportunidades económicas, impulsaron una corriente migratoria que alcanzó sus máximos con el millón largo de refugiados de Oriente Medio que llegaron a Alemania en 2015-2016 y las “caravanas” procedentes de América Central que entraron en Estados Unidos durante el gobierno de Joe Biden.  

 La inflación de derechos

 Como señala Douglas Murray en La masa enfurecida (2019) “lo que todas estas estrategias tienen en común es que empezaron como campañas legítimas en defensa de los derechos humanos”. Quizá fuera así, pero es evidente que luego se pasaron de rosca –“se pasaron tres pueblos”, dirían en España- y contribuyeron al descrédito en el que ha caído la doctrina humanitarista. Porque, tras la adopción de la DUDH en 1948 y la controvertida oleada de “derechos colectivos” de 1966, la atomización de los derechos en virtud de la ideología identitaria ha logrado que cada capricho o cada fantasía individual se convierta en una prerrogativa de idéntico rango. Por esa vía, se termina defendiendo el “derecho humano” al aborto y la autodeterminación de género (¿y por qué no de especie? ¿quién puede impedir que alguien se sienta leopardo u ornitorrinco, como ese asesor del gobierno de Oregón, J. D. Holt, que se “autodefine” como tortuga?) y a reconocer la identidad subjetiva como el elemento decisivo de la persona. 

Pero el pegamento que permitió aglutinar estas ideas a menudo contradictorias no fue el principio de los derechos humanos sino más bien la teleología hegeliana, reinterpretada por Marx. El pensador renano “descubrió” que, a diferencia de lo que afirmaba Macbeth sobre la existencia individual, la vida social no era “un cuento / contado por un idiota, lleno de ruido y de furia”, sino un proceso racional, en el que las comunidades humanas se relevaban unas a otras en función de su modo de producción y sus fuerzas productivas. Así, el esclavismo del mundo antiguo fue sustituido por el feudalismo, éste por el capitalismo e, inexorablemente, al capitalismo sucedería el comunismo y la sociedad sin clases. 

De modo que la amalgama de ideas, creencias y supersticiones procedentes de horizontes diversos -feminismo, antirracismo, derechos LGTBQI+, ecología anticapitalista, fomento de la inmigración ilegal- se fundió en una cosmovisión o metafísica que no solo comportaba una crítica feroz a la sociedad actual, sino que también prefiguraba el mundo del porvenir: una comunidad radicalmente igualitaria, compuesta por seres veganos, austeros y desinteresados, que militarían en ONG ecologistas y no tendrían que preocuparse por poseer una casa o conducir un automóvil. Como prometía el lema de la Agenda 2030, aunque no tuvieran nada, el Estado neosocialista les proporcionaría todo lo necesario para ser felices. Allí donde los marxistas-leninistas del siglo XX habían fracasado miserablemente, los ideólogos del wokismo lograrían reconciliar la justicia, las libertades, la tecnología y el bienestar económico. Como en Brave new world, la novela de Aldous Huxley de 1932, que casualmente se tradujo al español con el título de ‘Un mundo feliz’.

La vuelta del sentido común

No es preciso ser conspiranoico ni terraplanista para creer que todo este esfuerzo se orienta a la destrucción de la civilización occidental. Basta con leer los programas de agrupaciones ecologistas como la de Greta Thunberg o de partidos políticos como Podemos en España. La sociedad liberal capitalista -el mundo del heteropatriarcado, el sexismo, el racismo, la homofobia, la transfobia y la aniquilación del planeta- debe desaparecer para “avanzar hacia sociedades más libres, democráticas e igualitarias”, como proclamaba Laclau.

Frente a esta ofensiva, lo ocurrido el 4 de noviembre de 2024 en Estados Unidos marcó la (re)vuelta del sentido común. A lo largo de ese año, ya habían aparecido signos precursores en las elecciones de Francia, Alemania, los Países Bajos y algunos países escandinavos. 

Esta rebelión era la consecuencia lógica de la decisión de Angela Merkel de abrir las fronteras en 2015 y permitir la entrada masiva de inmigrantes ilegales, gesto que Biden y Harris imitaron a partir de 2020. Era la insurgencia de campesinos, pescadores y transportistas ante las políticas “verdes” que pretenden salvar al planeta arruinando a sectores enteros de la sociedad y rebajando el nivel de vida de la mayoría de la población. Era la respuesta a la imposición de normas que promueven los delirios queer en las escuelas y una larga lista de medidas sociales.

Mientras tanto, la izquierda estadounidense sigue sin entender qué pasó el 4 de noviembre. Hace poco, el candidato a la vicepresidencia derrotado en los comicios, Tim Walz, insistía en que los resultados adversos de las elecciones generales se debieron a que los demócratas no habían hecho suficiente hincapié en las políticas woke, la transición ecológica y los beneficios de la inmigración ilimitada.

La reforma radical encabezada por Donald Trump y su equipo someterá la política de la diversidad, la equidad y la integración (DEI) a la prueba de la verdad. Los estadounidenses -y con ellos el resto del mundo- podrán comprobar qué grado de realidad tienen las creencias que componen la nueva metafísica progresista cuando pierden el sustento de los fondos públicos, los subsidios de los multimillonarios izquierdistas y la propaganda constante de los medios de comunicación cómplices.

Por ahora, la vuelta del sentido común parece una auténtica rebelión. 


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martes, junio 18, 2024

Dictadura de Cuba: Nueva Ley de Migración eliminará límite de estancia de 24 meses en el exterior y establece más limitaciones de entrada y salida del país para cubanos por razones de "Seguridad y Defensa Nacional".

Martí Noticias

21 de junio, 2024

Régimen cubano explica nueva ley de inmigración: será peor de lo que se pensaba

Mario J. Pentón

20 de junio. 2024

¿Cubanos podrán renunciar a la ciudadanía y entrar a Cuba con otro pasaporte?

 Mario J. Pentón

17 de junio, 2024

Nueva ley de emigración en Cuba podría eliminar el límite de estancia en el exterior por 24 meses


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Tomado  de https://www.cubanet.org/

Nueva Ley de Migración eliminará límite de estancia de 24 meses en el exterior

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También establece limitaciones de entrada y salida del país para cubanos por razones de "Seguridad y Defensa Nacional".

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CUBANET

17 de junio, 2024 

SAN LUIS POTOSÍ, México.- Un anteproyecto de la nueva Ley de Migración, publicado por la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, busca implementar cambios que pondrían fin a los límites de estancia de los cubanos en el exterior.

Según expone el documento legal relativo a los proyectos legislativos de Extranjería y de Migración, la ley suprimiría el tiempo de estancia de 24 meses en el exterior y la designación de migrante por esta razón, “a partir de la nueva definición de residencia efectiva migratoria”.

El proyecto de ley busca regular el proceso migratorio cubano para alcanzar una “migración regular, ordenada y segura”, en medio de la severa crisis migratoria que atraviesa el país.

De acuerdo con el texto, el objetivo principal es ofrecer soluciones migratorias que coadyuvan a la inserción de los cubanos en el nuevo modelo económico.

Según la propuesta de ley, los cubanos, cuando estén en el territorio nacional, recibirán un tratamiento “similar al de los cubanos residentes, excepto en aquellos aspectos que la Ley establece otro”.

Al suprimir el tiempo de estancia límite de 24 meses en el exterior y en consecuencia, de la desginación de migrante por esa razón, se introduce la definición de “residencia efectiva migratoria”.

Esta se describe como “la condición que alcanzan los ciudadanos cubanos y los extranjeros residentes, cuando permanecen durante cada año calendario, anterior a la fecha en que se certifica, la mayor parte de su tiempo en el territorio nacional, o mediante una combinación de un período de permanencia y otras evidencias materiales que demuestren arraigo en el país”.

Regulaciones sobre la entrada

Respecto a las entradas y salidas del país, el anteproyecto de ley ratifica que se debe tener un pasaporte válido o documento equivalente expedido a nombre del titular de viaje, el carnet de identidad o una tarjeta de menor como residente temporal, permanente, humanitario o provisional.

Los extranjeros no residentes en el país, por su parte, deben tramitar una visa de entrada, a excepción de aquellos ciudadanos de países con los que exista un convenio de exención de este documento con el Ministerio de Relaciones Exteriores.

En el texto se puntualiza que para su entrada en el territorio nacional puede resultar inadmisible una persona con antecedentes vinculados a actividades de terrorismo, trata de persona y tráfico ilícito de migrantes, de drogas, lavado de activos o tenencia o portación ilegal de armas, además de otros actos que sean condenados a nivel internacional.

También será limitada la entrada al país a cubanos cuando por “interés de garantizar la Defensa, Seguridad Nacional o el Orden Interior”; “medidas dirigidas a combatir o impedir la propagación de epidemias”; “orden o interés público”; entre otras que conlleven un estado de emergencia o que puedan perjudicar a la población, refiere el documento.

A su vez, señala que estas medidas le serán informadas al ciudadano cubano cuando estén en el territorio  nacional, a su arribo al país o “por otros medios apropiados.”

Limitaciones de salida

No podrán salir del país, según la legislación del régimen, quienes estén sujetos a proceso penal o de cualquier otra materia, siempre que las autoridades hayan dispuesto la medida cautelar de prohibición del territorio nacional.

Tampoco podrán hacerlo los que tengan pendiente el cumplimiento de una sanción penal en la que la prohibición de salida del país sea una sanción accesoria; quienes estén sujetos a las prestaciones del Servicio Militar Obligatorio; “cuando razones de Seguridad y Defensa Nacional así lo aconsejen”; quienes tengan obligaciones con el estado cubano o responsabilidad civil, siempre que hayan sido dispuestas por las autoridades correspondientes, entre otras.

La Asamblea Nacional del Poder Popular incluyó en su página oficial el texto de este y de la Ley de Extranjería e insertaron los correos electrónicos mediante los cuales los interesados podrán enviar criterios y sugerencias: comunicacion@anpp.gob.cu y leyesdiie@rem.cu.

El pasado año, Laura Pujol, subdirectora general de Asuntos Consulares y Atención a Cubanos Residentes en el Exterior de la Cancillería, indicó que la normativa traerá “muchísimos cambios que van a estar atemperados con la nueva Constitución”.

“No puede haber el más mínimo pensamiento de que esas leyes van a venir para crear un retroceso en la relación con la emigración. Todo lo contrario. Esas leyes, como todo lo que se ha venido haciendo, van a venir para dar un paso más hacia adelante en esos vínculos”, dijo.

La funcionaria  aseguró que la política de las autoridades de la Isla con respecto a los cubanos que residen en el extranjero “ha sido siempre la de dar pasos en el abrazar, pasos en el recibir, pasos en el sanar, pasos hacia el estrechamiento de los vínculos”.

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Daniel Benitez News

17 de junio, 2024

Nueva ley migratoria en Cuba, cubanos podrán renunciar a ciudadanía y más reformas



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miércoles, enero 18, 2023

Dimas Castellanos desde Cuba: La crisis migratoria: nuevo escenario en ausencia del ciudadano. la caldera que explotó parcialmente el 11J comienza a tomar presión nuevamente dentro de Cuba.

 Tomado de https://diariodecuba.com/

La crisis migratoria: nuevo escenario en ausencia del ciudadano

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En este nuevo escenario, la caldera que explotó parcialmente el 11J comienza a tomar presión nuevamente dentro de Cuba.

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Por Dimas Castellanos

La Habana

16 Ene 2023

El número de cubanos que están emigrando —causado por la mayor crisis de nuestra historia y estimulado por la autorización del Gobierno de Nicaragua de permitir la  entrada a los que desearan viajar a su país sin visa— generó el crecimiento exponencial del éxodo que condujo a los acuerdos migratorios de fines del pasado año entre Cuba y EEUU.

En el año fiscal de octubre de 2021 a septiembre de 2022, un promedio de 600 cubanos ingresaron diariamente a EEUU. Al mes siguiente, octubre de 2003, el número sobrepasó los 900 diarios y en noviembre ya fueron casi 1.200 al día. Suponiendo que esta última cifra se mantuviera constante, aproximadamente en un año otro medio millón de cubanos abandonaría la Isla, con las múltiples consecuencias negativas que ese éxodo generaría para Cuba.

La crisis migratoria

La migración es un reacomodo geográfico que ocurre cuando y donde las condiciones naturales o sociales de un lugar impiden a sus habitantes satisfacer sus necesidades y/o la de garantizar la conservación de sus vidas. En el caso de Cuba, la prolongada duración de esas condiciones, constituye la causa principal de la estampida prolongada y sostenida durante 64 años.

Durante la etapa colonial y durante la República, Cuba se caracterizó por ser un país de inmigrantes. La prueba está en que en 1959, a pesar de las buenas relaciones, de la cercanía geográfica y de las oportunidades, los cubanos en EEUU no llegaban a 125.000. Fue a partir de 1959 que la dirección de la corriente migratoria se invirtió.

Los intentos del Gobierno cubano por detener el éxodo mediante la Ley 989 de 1959, que dispuso la expropiación de los muebles, inmuebles y cualquier otra clase de valor a quienes abandonaban el territorio nacional; y mediante la implantación del permiso de salida en 1961, fracasaron, por lo cual, el 28 de septiembre de 1965, en el discurso por el quinto aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución, Fidel Castro tomó la iniciativa para "demostrar" que la causa era exógena: "Y puesto que esto es así, nosotros incluso estamos dispuestos a habilitar un puertecito en algún lugar (…) Podríamos habilitar, digamos —por ejemplo—, el puerto de Camarioca, en Matanzas, que es uno de los puntos más próximos, para que todo el que tenga algún pariente le damos permiso para venir en el barco, sea quien sea. (…) quiénes son los que tienen la culpa, repito, de que alguien se ahogue tratando de llegar al "paraíso" yanki. (…) Ahora los imperialistas tienen la palabra; vamos a ver qué hacen o qué dicen".

Ese discurso acusatorio, con otras palabras, se repitió en 1980 y 1994: o se toman medidas o no obstaculizaremos a aquellos que vienen a buscar a sus familiares.

Por Camarioca y por los vuelos fletados por EEUU entre 1965 y 1973 se fueron 260.000 cubanos. Por el puerto de Mariel en 1980 salieron otros 125.000. En 1994 se sumaron otros 33.000. Y por la última estampida que comenzó por Nicaragua, ya pasan de los 300.000.

Es decir, el éxodo comenzó antes de las administraciones de Donald Trump y de Joe Biden; antes del restablecimiento de las relaciones durante la Administración Obama; antes de las medidas "reformistas" implementadas por Raúl Castro en 2008; antes de la Ley de Ajuste de 1966; e incluso antes de la ruptura de las relaciones diplomáticas en 1961. La suposición no ofrece dudas: las medidas estadounidenses pueden haber sido un incentivo, pero la causa es interna.

El nuevo escenario

Con los recientes acuerdos migratorios, basados en el Título 42 —implementado por la Administración Trump en marzo de 2020 para limitar la llegada de venezolanos—, EEUU aceptará hasta 30.000 migrantes mensuales de Cuba, Nicaragua y Haití. Los que intenten llegar de manera irregular serán expulsados o devueltos a México, país que ha aceptado la devolución de hasta 30.000 personas al mes.

De tal forma, de ahora en adelante, los cubanos están obligados a contar con un patrocinador que demuestre poseer capacidad económica y no tener antecedentes penales, para recibir un permiso de permanencia en EEUU por dos años y recibir un permiso para trabajar durante ese periodo. Queda por ver si después de ese tiempo los cubanos podrán acogerse a la Ley de Ajuste Cubano, vigente desde 1966, para permanecer en EEUU.

El sábado 7 de enero de 2023 fueron devueltos los primeros migrantes a Piedras Negras (México) y el 9 de enero se repatriaron por el puerto de Cabañas, municipio Mariel, 187 balseros cubanos que fueron interceptados entre el 1 y el 4 de enero de 2023. Lo que anuncia la suerte de los que intentan huir de de Cuba.

Entre las disímiles consecuencias, destaca la inauguración de un nuevo escenario: la caldera que explotó parcialmente el 11 de julio comienza a tomar presión nuevamente.

El cumplimiento por la parte norteamericana de las 20.000 visas anuales, sumados aproximadamente a otros 100.000 que pudieran salir por la vía de los patrocinadores,  no cubre, ni aproximadamente, la cifra de los que están dispuestos a marcharse. Como todo indica que no será posible promover una quinta oleada masiva, la situación se tornará explosiva en un futuro próximo, a menos que se implementen, con urgencia, los cambios internos que la realidad cubana viene demandando hace mucho tiempo.

El ciudadano

El término política, derivado de polis, con el que los antiguos griegos designaban a la ciudad, es un ámbito de toma de decisiones, relacionado con las actividades públicas, para la solución de problemas; mientras con el concepto de ciudadano se designa al sujeto de derechos y deberes refrendados en las leyes para participar en los destinos de su nación.

En Cuba una parte considerable de sus habitantes, agobiados por la sobrevivencia y por el desconocimiento del papel de la política en los fenómenos sociales y en sus vidas, se desentendieron de ella y han facilitado que las decisiones que los afectan permanecieran bajo el control monopólico del Partido-Estado-Gobierno. Esa conducta constituye un obstáculo para que los cambios, inminentes e inexorables, conduzcan a transformaciones positivas en ausencia del ciudadano. Se pone al día, más que nunca,  la necesidad de priorizar la formación cívica, que no es una asignatura nueva en Cuba.

El padre Félix Varela comprendió que el civismo constituía una premisa para alcanzar la independencia y en consecuencia eligió la educación como camino para la liberación, por eso decía: "se impone, primero, empezar a pensar". José de la Luz y Caballero arribó a la conclusión de que "antes de la revolución y la independencia, la educación". Y Enrique José Varona se quejaba de que la República había entrado en crisis "porque gran número de ciudadanos han creído que podían desentenderse de los asuntos públicos". Decepcionado por los resultados obtenidos en su labor como político se dedicó, como Varela y Luz, a la pedagogía para formar ciudadanos.

Resumiendo

El éxodo incontrolado ha sido empleado hasta ahora para aliviar la presión de la caldera al interior del país, para culpar a EEUU de la inviabilidad del totalitarismo, y para conservar el poder sin cambiar. Si embargo, con los recientes acuerdos migratorios cambian las reglas del juego y se inaugura un nuevo escenario, que de un lado resulta insostenible para el poder y de otro representa un reto para los cubanos.

El reto y la responsabilidad de los que deseamos y/o actuamos por una Cuba mejor, consiste en ocupar y hacer uso de la cuota política que nos corresponde. Es decir actuar como ciudadanos,  o en cambio continuar siendo súbditos de la elite que encabeza el Partido-Estado-Gobierno y continuar intentado huir del país

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