sábado, mayo 03, 2025

Fallece Alfredo Felipe Fuentes, exprisionero político cubano de la Primavera Negra y autor de los libros La falsa imagen de Fidel Castro y Fidel Castro y la junta militar argentina. Fidel Castro y el Genocidio Camboyano

 Tomado de https://www.cubanet.org//

Fallece Alfredo Felipe Fuentes, exprisionero político cubano de la Primavera Negra

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Defensor de los derechos humanos y miembro del Proyecto Varela, Alfredo Felipe Fuentes fue condenado a 26 años de prisión en 2003 y desterrado en 2010.

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CUBANET

Mayo 2, 2025

MADRID, España.- El periodista independiente y exprisionero político cubano Alfredo Felipe Fuentes falleció este jueves en Austin, Texas, a los 75 años de edad, según confirmaron fuentes cercanas al exmiembro del Grupo de los 75.

La noticia fue compartida por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), que lamentó su muerte a través de un mensaje en la red social X: “Lamentamos profundamente el fallecimiento de Alfredo Felipe Fuentes, periodista independiente y expreso político cubano…”.

“Su vida estuvo marcada por la defensa de los derechos humanos, la libertad de expresión y su valentía frente a la represión”, añadió la organización, que destaca su papel como activista y comunicador en uno de los momentos más represivos de la historia reciente de Cuba.

 Lamentamos profundamente el fallecimiento de Alfredo Felipe Fuentes, periodista independiente y ex preso político cubano del Grupo de los 75.

Fuentes cercanas han confirmado su partida, aunque hasta ahora no se ha hecho un anuncio oficial. Su vida estuvo marcada por la… pic.twitter.com/qZcpEOmgvL

— Observatorio Cubano de Derechos Humanos (@observacuba) May 1, 2025

Fuentes fue uno de los 75 disidentes arrestados durante la ola represiva conocida como la Primavera Negra, entre los días 18 y 20 de marzo de 2003. El 19 de marzo, agentes del régimen cubano allanaron su vivienda en Artemisa y lo detuvieron. Poco después, fue condenado a 26 años de prisión por violar el Artículo 91 del Código Penal, que castiga con severidad los actos considerados contrarios a la “independencia o la integridad territorial del Estado”. La suya fue una de las penas más severas impuestas en esa causa, y cumplió parte de su condena en la prisión de máxima seguridad de Guanajay.

Antes de su encarcelamiento, había formado parte del Consejo Nacional Coordinador del Proyecto Varela, la iniciativa cívica impulsada por el opositor Oswaldo Payá y el Movimiento Cristiano Liberación.

En 2010, Fuentes fue excarcelado y desterrado tras una negociación entre la Iglesia Católica, el gobierno español y el régimen cubano. Inicialmente se instaló en Málaga, España, y más tarde se trasladó a Estados Unidos. Desde el exilio, publicó los libros La falsa imagen de Fidel Castro y Fidel Castro y la junta militar argentina, en los que denunció los abusos del poder en la isla.

En memoria de su legado, Normando Hernández González —director general del ICLEP y compañero de prisión durante la Primavera Negra— le dedicó unas palabras de despedida: “Hoy no ha partido solo un periodista ni un expreso político: ha partido un hermano. Alfredo y yo compartimos el encierro en la prisión Kilo 5 y medio, en Pinar del Río. Lo vi resistir con dignidad el castigo y la injusticia, siempre con firmeza ética y serenidad de espíritu. Era un hombre bueno, profundamente humano, un esposo ejemplar, un padre dedicado, un amigo leal. Su muerte me deja una herida profunda, pero también el compromiso de honrar su memoria con más fuerza. Alfredo fue un hombre libre aún dentro de una celda. Que descanse en paz, con la gratitud eterna de todos los que creemos en la Cuba que él soñó y defendió”.

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DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano 

Fragmentos de la Introducción al Capítulo  III Fidel Castro   y  el  Genocidio  Camboyano del  libro La Falsa Imagen de Fidel Castro: Evidencias irrefutables del ex Preso Político y de Conciencia cubano Alfredo Felipe Fuentes, quien tuvo la cortesía y gentileza de hacerme llegar una  parte del  descomunal  testimonio que  denuncia la infame conducta del dictador totalitario comunista Fidel Castro Ruz cuando apoyó moralmente en su prensa, y no denunció, a la sanguinaria tiranía de los Jemeres Rojos mientras cometían el genocidio camboyano. Las múltiples evidencias que respaldan a este capítulo fueron tomadas del diario  Granma (órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba), la revista Bohemia (órgano de prensa  de la Revolución Cubana), un libro publicado en Cuba en 1979 y fragmentos de discursos pronunciados por Castro, mientras duró la  dictadura de Pol Pot en Camboya.

(Para comprar:  el libro los hay en una edición en blanco y negro y una edición en colores)


(Alfredo Felipe Fuentes)

En su  detallado  y exhaustivo  libro,  el autor en su investigación de cinco largos años encontró ( respecto al tema camboyano) que durante el período en el que los Jemeres perpetraron el genocidio, Fidel Castro pronunció sesenta y cinco discursos y, en seis de ellos, se refirió a Camboya o a los camboyanos; pero en ninguno condenó el crimen, sino que lo silenció. Esos discursos pueden ser leidos en el sitio Discursos e intervenciones del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba.


Con posterioridad a la caida de aquella abominable tiranía,  Fidel Castro mintió  descaradamente a través de su prensa alegando que ignoraba lo que acontecía en Camboya bajo el terror comunista. En Cambodia existía la Embajada cubana de los Castro, así como  oficiales de la entonces Dirección General de Inteligencia (DGI) y una oficina de la agencia Prensa Latina, la cual es una agencia de prensa fundada por la dictadura Castrista para hacer cumplir sus objetivos desinformativos en el mundo. Todos  los cubanos sabemos que  en la dictadura totalitaria Castrista todas las fuentes de información  estaban supeditadas  al líder de la Revolución Cubana,  al Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, al Primer Ministro de  los Consejos de Estado y de Ministros  y al Comandante en Jefe, responsabilidades que caían en una sola persona: Fidel Castro Ruz, con las ventajas que proporciona contrastar las informaciones de manera cruzada,  para que no le pasaran ¨gato por liebre¨.

Introducción



Primeramente, resulta necesario precisar que, el país en el que se perpetró el genocidio se denomina aquí, indistintamente: Camboya, Cambodia y Kampuchea Democrática. Esta triplicidad de nombres obedece a que así aparecen, indistintamente también, en las pruebas que extraje de los medios de prensa de Fidel Castro para sustentar este capítulo.

El 17 de abril de 1975, tomaron el poder en Camboya (o Cambodia) los guerrilleros comunistas universalmente conocidos como los Jemeres Rojos, quienes ese mismo día comenzaron a perpetrar uno de los genocidios más bárbaros que registra la Historia. El jefe de ese ejército  guerrillero era Pol Pot, Secretario General del Partido Comunista de Kampuchea (PCK). Y su más conocido colaborador fue, Ieng Sary. Por lo que a la tiranía de los Jemeres Rojos también se le conoce como: el régimen de Pol Pot-Ieng Sary. Horas después de su entrada a Phom Penh, capital del país, los Jemeres ordenaron la evacuación de los habitantes de todas las ciudades hacia el campo; incluidos niños, ancianos y hasta los enfermos de los hospitales, aun recién operados. Estas evacuaciones, convertidas en deportaciones, precipitadas y obligatorias, se produjeron a pie y sin ningún tipo de preparación: con escasez de agua, alimentos y medicinas. A lo anterior, se sumó el rigor del clima y la intemperie, a través de cientos de kilómetros en marcha forzada hacia zonas rurales, lo que causó la muerte de miles de personas en las carreteras. 
A quienes protestaron, les asesinaron durante la travesía. Y los sobrevivientes fueron obligados a trabajar en los campos en aras del socialismo agrario, estaliniano-maoísta, que los comunistas camboyanos proyectaban imponer. Este fue el primer acto de un genocidio que se extendió por tres años, ocho meses y veinte días: desde el 17 de abril de 1975 hasta el 7 de enero de 1979; cuya cifra de víctimas fue tan espantosa, que ha resultado imposible determinar.



Después de aquellas evacuaciones forzadas, criminales, sobrevino el delirio utópico: los Jemeres Rojos decidieron que con su régimen comenzaba de nuevo la historia de Camboya. 

Nombraron al año 1975  “Año Cero” y al día 17 de abril de ese año, “Primer día del Año Cero”. Con esta absurda y radical decisión, perseguían borrar la historia y desaparecer el pasado burgués.

Entre otras barbaridades, eliminaron la moneda, el salario, la propiedad privada, la religión, las escuelas, la Universidad, las artes, el deporte, los libros y otras publicaciones, la cultura, los intelectuales, la ciencia médica, el servicio de correo postal, la institución de la familia y, hasta la libertad de elegir pareja. Todo, con el fin destruir la civilización precedente y “construir” su utopía de un socialismo radical, de extrema colectivización de la vida y la economía; dos de cuyas consignas fueron, “comer juntos y trabajar juntos” y, “vivir y comer juntos”. (Ver fotos 66 y 67 de este capítulo).

Para lograr este propósito, los camboyanos fueron obligados a convivir en los albergues colectivos de las comunas agrícolas impuestas por los Jemeres Rojos, quienes convirtieron a  Kampuchea en un estado agrícola primitivo y a su población en esclavos cultivadores.

Desde luego que, la consumación obligatoria de lo anterior conllevó extrema represión y máxima violencia. Así, dinamitaron el Banco Central, eliminaron el dinero y retornaron a la Era del trueque, desmantelaron la Biblioteca Nacional y la Universidad, asesinaron a miles de miembros de grupos religiosos y minorías étnicas; a científicos, profesores, estudiantes, intelectuales, artistas y a quien se opusiera; como revela esta otra consigna y frase favorita de Pol Pot, “quien protesta es un enemigo y quien se opone un cadáver”. 


Fue algo aberrante y sin precedentes, increíble a fines del siglo XX.
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Cambodia (o Camboya) ─renombrada Kampuchea Democrática por los Jemeres Rojos─, contaba en 1975 con unos siete millones quinientos mil habitantes. Y se estima que a causa de los asesinatos, torturas, enfermedades y epidemias causadas por la insalubridad, la subalimentación y las hambrunas, perecieron más de 1,700,000 personas. Cifra récord mundial, per cápita, de extermino poblacional.
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No obstante, después de las pruebas que siguen sobre la infame conducta de Fidel Castro mientras acontecía el genocidio, inserto un anexo con evidencias de ese crimen según la propia prensa castrista; publicadas después, y SOLO DESPUÉS, de que cayó la tiranía de Pol Pot-Ieng Sary y finalizó el genocidio en enero de 1979. Fecha a partir de la cual, Castro y sus medios comenzaron a denunciar el genocidio y a criticar a sus autores usando palabras graves como: genocidas, asesinos y torturadores; palabras estas que, sin embargo, no usaron mientras los Jemeres Rojos mantuvieron su criminal régimen. 

Antes bien, les respaldaron con elogios, silencio ante el crimen, relaciones diplomáticas y de mutuo apoyo político. (Fotos 5 a 39).




Después de que cayeron los Jemeres, Castro comenzó a justificar su silencio y apoyo a los Jemeres alegando que ignoraba el genocidio que acontecía en Cambodia. Pero esta mentira la refutaremos aquí con pruebas indiscutibles.

Las anteriores imágenes demuestran la antiética conducta de Castro al apoyar a los Jemeres Rojos. Son evidencias que resultan innegables por el castrismo, nacional e internacional, debido a que fueron extraídas de sus propios medios de prensa: periódico Granma, revista Bohemia, el libro Infierno y Amanecer en Kampuchea publicado en Cuba en agosto de 1979 y, fragmentos de discursos pronunciados por Fidel Castro mientras aquellos genocidas detentaron el poder en Camboya.



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Pol Pot y Camboya: la búsqueda del "hombre nuevo" que terminó en una de las peores masacres de la historia


Por Fernando Pedrosa
20 de julio de 2019
Por Cecilia Noce
20 de julio de 2019

Cuando recién empezaba el año 1979, hace poco más de 40 años, las tropas del Vietnam unificado que ya habían derrotado a franceses y norteamericanos, ingresaron en Phnom Penh, la capital camboyana y dispersaron al ejército del líder comunista Pol Pot poniéndolo en fuga hacia la selva. En el mismo acto imponían un nuevo gobierno satélite de los herederos de Ho Chi Minh, que se mantuvo en el poder hasta entrados los años 90.

¿Qué motivo pudo llevar a los vietnamitas a iniciar un nuevo conflicto bélico poco tiempo después de haber terminado exhaustos la guerra que los enfrentó con los Estados Unidos? El depuesto régimen camboyano traspasaba constantemente todas las líneas que dividen el territorio de ambos países y cometían todo tipo de saqueos. Más aún, habían llevado adelante una sistemática matanza de la población vietnamita que vivía a ambos lados de la frontera.

A priori algo parecía estar mal en este capítulo de la guerra fría, ya que ambos contendientes eran comunistas. Sin embargo, en la real politik los discursos ideológicos y polarizados para la opinión pública no siempre se corresponden con alineamientos políticos similares en la práctica concreta. De hecho, años antes, el también comunista y presidente chino Mao Zedong había roto relaciones con la Unión Soviética y comenzado un periodo de recomposición con los norteamericanos de la mano del entonces presidente Richard Nixon.

Entonces, detrás del conflicto entre Camboya y Vietnam también se escondían peleas mayores, como era un clásico de la guerra fría. En este caso, se trató de un ajuste de cuentas entre los ex aliados comunistas China y la Unión Soviética, el primero apoyando a los camboyanos y el segundo a  vietnamitas. El enfrentamiento llegó al punto de que las fuerzas chinas decidieron intervenir directamente con sus tropas invadiendo Vietnam que, una vez más, logró rechazar la pretensión de una potencia extranjera de tomar parte de su territorio.

(El delirante líder comunista camboyano Pol Pot)

El régimen camboyano y su líder fueron tristemente célebres por ser responsables de la matanza de entre un millón y tres millones de personas sobre una población que no llegaba a los 8 millones. Y es una cifra estimativa, ya que entonces no existían bases de datos, censos ni documentación para mensurar con exactitud la dimensión de la tragedia y, mucho menos, para realizar análisis de ADN sobre los restos hallados posteriormente y establecer así sus identidades.

Generalmente, las víctimas siguen enterradas en fosas comunes donde las dejaron sus victimarios. Por ejemplo el memorial Choeung Ek, ubicado en la capital, que fue el sitio de "descarte" de cadáveres del centro de detención Toul Sleng (conocido como S-21). Aún hoy, varios carteles advierten a los visitantes que los días de lluvia pueden aparecer restos humanos en la superficie del enorme parque, donde a la vez se pide que los depositen en urnas colocadas a tal efecto.

La utopía de la sociedad agraria que terminó en la muerte de millones

Los sucesos fueron tomando su forma definitiva en los tempranos años cincuenta cuando Pol Pot, estudiando en Francia, tomó contacto con las férreas ideas stalinistas del comunismo francés a las que fue incorporando sus propias lecturas del maoísmo que entonces estaba imponiéndose en China.

A su vuelta a Camboya, conformó el Partido Comunista de Kampuchea y su brazo armado, más conocido como Khmer Rouge (en castellano, Jemer Rojo), cuyo nombre hacía referencia a la etnia dominante en Camboya y que había conformado un extenso imperio en la región entre los siglos IX y XV después de Cristo. Luego de una cruenta guerra civil y de los bombardeos norteamericanos contra Vietnam -que cayeron también en Camboya- se abrió un periodo de inestabilidad que permitió a Pol Pot concretar un golpe de mando y convertirse así en el Primer Ministro de la rebautizada Kampuchea Democrática.

Uno de los aspectos destacados de esta etapa de la historia de Camboya es que el khmer rouge fue un intento de llevar hasta sus últimas consecuencias la lógica anti occidental y la utopía agraria comunista. Pol Pot y los suyos no se quedaron en reformismos ni medias tintas. Apenas tomaron   decidieron actuar y trasladaron forzadamente a los habitantes de las ciudades al campo y  a las familias en diversas partes del país para dedicarse solo a la producción de arroz.
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(Cráneos de víctimas de las masacres de los jemeres rojos de Pol Pot, expuestos en un museo en Camboya (Shutterstock))

El hombre nuevo requería comenzar de cero y para ello había que eliminar todas las influencias de la etapa que se dejaba atrás. Así mataron sistemáticamente a los médicos, abogados, maestros, músicos, traductores y luego siguieron con los opositores y más tarde con las purgas internas de los disidentes y todo aquel que fuera acusado de conspirar contra el régimen. También, cambiaron el calendario, dispusieron políticas de matrimonios forzados y apelaron a formas no científicas de practicar la medicina y planificar las cosechas que debían sostener la nueva sociedad comunista. El resultado fue desastroso. Los que no fueron asesinados cuando escapaban por los soldados khmer, muchísimos de ellos niños, murieron por la hambruna, trabajos forzados o enfermedades.

Al terminar con el régimen en 1979, los vietnamitas hicieron un gran aporte a la sociedad humana del siglo XX. Sin embargo Pol Pot y los suyos siguieron organizando su actividad guerrillera desde la selva. Curiosamente, hasta los años 90, el khmer rouge mantuvo la representación formal de Camboya ante la ONU, ya que la lógica de la guerra fría llevó a países europeos, Estados Unidos y China, a sostener ese voto para que no cayera en manos de sus adversarios soviéticos.

Los hechos que rodean a Camboya entre 1975 y 1979 están merecidamente incluidos en las grandes locuras del siglo XX, y como muchas de ellas, también tuvieron su impacto en la literatura, la música y el cine. En este último caso, especialmente, con la célebre "Los gritos del silencio" que obtuvo tres premios Oscar en 1987. En 2013 la película camboyana "La imagen perdida" del director Rithy Panh y que aborda la dura vida bajo el régimen comunista,  nominada a mejor película extranjera. En la actualidad, el tema ha vuelto a trascender, esta  en la plataforma Netflix y por la actividad de Angelina Jolie como directora del film "Se la llevaron: recuerdos de una niña de Camboya".

(El memorial de Choeung Ek, en uno de los campos de las matanzas de los jemeres rojos)

Ni en el cine ni en la vida real el final fue feliz. Pol Pot murió libre en la selva en 1998. Al menos unos meses atrás, un tribunal internacional condenó por delitos de lesa humanidad contra la población camboyana y genocidio contra la población vietnamita a dos altos (y ancianos) dirigentes por los crímenes perpetrados entre 1975 y 1979, en el marco de un juicio contra seis jerarcas del khmer rouge. El juicio ha permitido dar un cierre formal al ciclo khmer, reparar en parte a las víctimas, y repensar la memoria camboyana sobre lo sucedido.

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viernes, julio 05, 2024

Orlando Freire Santana desde Cuba: El régimen no le temía a George W. Bush, sino al Proyecto Varela. La respuesta del régimen a dicho proyecto fue el engendro constitucional que establece la irrevocabilidad del sistema socialista.

 
Tomado de https://www.cubanet.org/

El régimen no le temía a Bush, sino al Proyecto Varela

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La respuesta del régimen al Proyecto Varela fue el engendro constitucional que establece la irrevocabilidad del sistema socialista.

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Por Orlando Freire Santana

5 de julio, 2024

LA HABANA, Cuba. – Una vez más el periódico Granma miente. En esta ocasión como parte de esa arbitraria política del régimen de invisibilizar a la oposición interna y reducir todo lo que acontezca en la Isla al diferendo entre Cuba y Estados Unidos. El caso que nos ocupa está enmarcado en el aniversario 22 de la promulgación de ese engendro ―el actual artículo 4 de la Constitución de la República― que establece la “irrevocabilidad del sistema socialista” en la Isla. 

En su edición del pasado 26 de junio, el citado órgano oficial del gobernante Partido Comunista de Cuba, publicó el artículo “En Cuba el socialismo es irrevocable”, en el cual se insiste en el supuesto malestar que le habría causado al presidente George W. Bush la referida maniobra castrista. Así se expresó Granma: “El 26 de junio de 2002, el órgano legislativo, en nombre del pueblo de Cuba, adoptó cambios en la Carta Magna; 36 días después de las diatribas planteadas por Bush, la respuesta cubana le estropeaba su desayuno: ‘En Cuba el socialismo es irrevocable”. 

Por aquellos días del año 2002 cobraba fuerza, tanto a nivel nacional como más allá de nuestras fronteras, el Proyecto Varela, que cuatro años atrás había sido lanzado por el opositor Oswaldo Payá, y que había logrado reunir más de 10.000 firmas de ciudadanos de todo el país con el objetivo de lograr cambios en el sistema de gobierno de la Isla por medios pacíficos. 

El Proyecto Varela aspiraba a la implementación de reformas políticas y libertades individuales para los cubanos. Establecía los derechos de libre expresión y asociación, la amnistía para todos los presos políticos, la posibilidad de que los cubanos pudieran abrir empresas y otros negocios en el país para fomentar el desarrollo económico de la Isla, y la necesidad del advenimiento de una nueva ley electoral que fijara la elección directa por los votantes de los diputados a las asambleas provinciales y nacional del Poder Popular, y no solo a las municipales, como se estaba haciendo hasta ese momento. 

A pesar de que el Proyecto Varela cumplía con los principales requisitos que exigía la Asamblea Nacional para ser tenido en cuenta ―en especial lo referido a las 10.000 firmas―, el órgano legislativo del castrismo lo desestimó, y acusó a sus gestores de ser mercenarios al servicio del imperialismo yanqui. 

Mas, a la maquinaria del poder no le bastó con esa absurda acusación. Mediante una gigantesca movilización, que incluyó la visita casa por casa para que los ciudadanos firmaran, muchas veces usando la intimidación a las personas, un documento que reafirmaba la “irrevocabilidad del socialismo”. Esa fue la verdadera respuesta del régimen al Proyecto Varela, aunque nunca lo reconoció así, y continuó afirmando que se trataba de la reacción del pueblo cubano ante las “amenazas” de la administración estadounidense.      

La inclusión del carácter irrevocable del socialismo en la actual Constitución de la República contiene más de una contradicción. En primer término, cómo entender el doble rasero de un discurso que se opuso a la afirmación de Francis Fukuyama, en el sentido de que la Historia se detendría con la victoria de la democracia política y la economía de mercado, y ahora se aparecía con que la Historia se iba a paralizar en Cuba con el establecimiento del socialismo. Por otra parte, los que siempre habían alabado la dialéctica marxista, en este momento le cerraban el panorama al más mínimo cambio. 

De todas formas, no dudamos de que programas como el contenido en el Proyecto Varela constituyan el futuro de Cuba, y que figuras como Oswaldo Payá sean veneradas por todos los cubanos.

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sábado, mayo 12, 2018

Regis Iglesias, portavoz del MCL: "A 16 años del Proyecto Varela"


"A 16 años del Proyecto Varela", portavoz del MCL

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Nosotros lo tenemos claro, sólo el pueblo salva al pueblo y para esto debemos ser ese pueblo nosotros, debemos fundirnos a él y organizarnos junto a él
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Por Regis Iglesias
Mayo 10, 2018

 Entrega del Proyecto Varela por Oswaldo Payá, Tony Díaz, Regis Iglesias y otros activistas del MCL.

Fue la primera vez que los cubanos votaban o demandaban poder hacerlo después de casi medio siglo de dictadura aquel 10 de mayo de 2002 cuando Oswaldo Payá, Tony Díaz y yo cruzábamos el umbral de las oficinas de la Asamblea Nacional del Poder Popular y presentábamos a sus funcionarios las firmas que legitimaban nuestra demanda de referendo.

11,020 cubanos con derecho al voto, amparados, entre otros, por los artículos 1, 3, y fundamentalmente 88, inciso G de la draconiana constitución socialista vigente, daban el paso y con sus datos personales apoyaban la demanda de referendo sobre el Proyecto Varela, para que la ley garantizara el derecho a la “libertad política”, la “soberanía popular”, la libertad de los prisioneros políticos y las libertades económicas de los cubanos.

Más que un ejercicio cívico y legal, la iniciativa del Movimiento Cristiano Liberación (MCL) y su fundador Oswlado Payá, encontraba finalmente una metodología para crear la mínima base social en medio de un estado totalitario y represivo en el que no está reconocida la oposición y la disidencia es considerada traición.

La convocatoria para el referendo fue promovida por la alianza disidente “Todos Unidos” pero pronto, entre traiciones y celos que boicoteaban la colecta de firmas, los principales promotores del Varela decidieron organizar los Comité Ciudadanos contando para esto con las mismas personas sin adhesión política que poco a poco iban sumándose al proyecto y sólo así fueron logradas las firmas necesarias y los focos referenciales en todo el país que luego de la brutal represión de 2003 contra decenas de gestores principales de esta iniciativa pudieron mantener la esperanza de que era posible el cambio que iniciara el camino a la democracia en la isla.

En 2003, Oswaldo, Ernesto Martini y un grupo de activistas que no fueron llevados a prisión, durante la ola represiva para paralizar al pueblo, presentaron 14,384 firmas nuevas recordándole a la tiranía que el pueblo apoyaba nuestra demanda. Una vez entregadas las primeras firmas requeridas constitucionalmente a la Asamblea Nacional, el Proyecto Varela se había convertido en iniciativa de ley y por lo tanto el reclamo de referendo validado.

Trece años más tarde fueron entregadas en la sede del parlamento del régimen por Rosa María Rodríguez, la coordinadora provincial del MCL en Ciudad Habana, un nuevo grupo de 10,009 firmas que habían sido secuestradas y luego los usurpadores oportunistas intentado presentar como apoyo a propuestas mediáticas ajenas que para nada están conectadas legal o éticamente con el paso dado por miles de cubanos en el Varela.

Ha habido mucho debate, aún hoy existe.

Una de las opiniones de los detractores de nuestra metodología es que con esa estrategia se legitima el régimen. A uno de estos detractores una vez en prisión pregunté en medio del debate que sosteníamos, “-¿Tu nombraste abogado para que te defendiera de las calumnias por las que te condenaron? -Si”, me respondió. “Por supuesto y no por eso tu defensor legitimó la ley injusta, ni al tribunal parcializado que nos condenó. Pues eso mismo hacemos con el Proyecto Varela, pero no para defendernos individualmente sino para defender la libertad de todo el pueblo”. No pudo rebatirme este argumento mi compañero de presidio político.

En una dictadura como la cubana el camino “de la ley a la Ley” o las iniciativas cívicas que intenten devolver la soberanía al pueblo debe necesariamente contar primero con las personas, debe intentar organizarlas, debe conocerles y sudar con ellas en medio de las penurias diarias y la represión.

Cualquiera puede organizar un convite mediático pagado por la tontería o la mala fe de quienes pueden ser solidarios, pero prefieren ser inútiles vendedores de mesías utilitarios, pero nunca en serio podrán desafiar una tiranía y mucho menos conectar con el pueblo, esa masa sin identidad que inexorablemente decide junto a quienes se identifican con él y le acompañan en el camino a la libertad.Nosotros lo tenemos claro, sólo el pueblo salva al pueblo y para esto debemos ser ese pueblo nosotros, debemos fundirnos a él y organizarnos junto a él.

Dieciséis años después continuamos junto a muchos cubanos demandando estos derechos, sólo cuando sean reconocidos y garantizados podremos descansar, podremos frente a las tumbas de Orlando Zapata, Oswaldo Paya, Harold Cepero, Arturo Pérez de Alejo y muchos hermanos nuestros que ya no están arrodillarnos y decirles: “Amigos, ¡lo hemos logrado!”

Regis Iglesias es escritor y portavoz del Movimiento Cristiano Liberación.

(Publicado en la página web del MCL)



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