domingo, mayo 04, 2025

Efraín González desde Cuba: ¿Los que van a las marchas son conscientes del circo para el que se prestan? Por supuesto que lo son, pero se conforman con sobrevivir fingiéndose "participativos"

Una multitud de “participativos” y “entusiastas”

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¿Los que van a las marchas son conscientes del circo para el que se prestan? Por supuesto que lo son, pero se conforman con obrevivirs fingiéndose "participativos".

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Por Efraín González 

Mayo 2, 2025

LA HABANA, Cuba. – De los mismos que te dicen que han bajado la inflación cerrando mipymes y que el dólar sube por El Toque, que el pasaporte retenido a los médicos es por su propio bien y que no los tratan como esclavos, ahora nos llega el anuncio de que llenaron la plaza con 600.000 personas que acudieron por voluntad propia, como si ninguno de nosotros recordara las veces que fuimos amenazados con descuentos salariales o con la suspensión de la “jabita” si no íbamos a una marcha o si en las “verificaciones” que hacían rutinariamente en el CDR algún chivato daba una calificación “negativa”.

Opiniones como “no es participativo”, “es poco social”, “no es combativo” o “participa, pero sin entusiasmo” han frustrado viajes al extranjero, becas de superación, buenas ubicaciones laborales después de terminados los estudios, asignaciones de viviendas y demás “estímulos” materiales que el régimen ha usado siempre como chantaje, como eficiente herramienta para obligarnos no solo a salir en su foto oficial sino a hacerlo “con la alegría que caracteriza al buen revolucionario”.

Pero, como mismo la “participación” y el “entusiasmo” han jodido proyectos de vida de gente muy buena pero “no integrada al proceso”, también hay quienes, comprendiendo cómo es que funciona el “sistema”, han hecho carrera con ellas a pesar de la mediocridad y de la falta de talento que no les auguraban un gran futuro como profesionales en aquello de lo cual lograron graduarse en la “universidad de los revolucionarios”, pero solo a golpe de consignas, de marcha de las antorchas, de primero de mayo, de mítines de repudio, de “trabajos voluntarios” y “Días de la Defensa”.

Cuba fue secuestrada desde la llegada de los comunistas al poder por ese oportunismo disfrazado de “participación” y “entusiasmo”. El propio Miguel Díaz-Canel es el mejor ejemplo de esa realidad, en tanto la mediocridad y la falta de liderazgo no fueron inconvenientes para su designación como “administrador de la finca” sino, precisamente el motivo que inclinó la balanza a su favor cuando Raúl Castro, consciente de que las cosas con la “Tarea Ordenamiento” irían de mal en peor, abrió el casting en busca del perfecto “blanco de distracciones”. 

El heredero de su hermano, con más ganas de retirarse en su rancho a beber Cristach que de andar de visiteos por las provincias, buscaba una figura ambiciosa pero no demasiado inteligente para superarle, temerosa del verde olivo más que fiel, sin el don de la palabra, de proyección gris y, sobre todo, sin ningún otra cualidad que no sea la de la obediencia, en fin, el tipo imperfecto (incapaz) para cambiar “lo que debe ser cambiado” pero perfecto para servir de parapeto tras el cual esconder el verdadero poder pero, sobre todo, para ser ofrecido como pieza de sacrificio en caso de que el populacho se salga de control, o si alguien pidiera una cabeza “importante” en una mesa de negociaciones.

Fijémonos qué tanto es así, cuánto Raúl Castro ha logrado su objetivo de distraernos, que en las calles se escucha hablar peor del títere que del titiritero. Miguel Díaz-Canel es el gato que el castrismo le ha vendido al mundo como liebre, así como las multitudes en las imágenes del Primero de Mayo son la ilusión de “popularidad” que ofrecen a los que tienen hambre de comprársela. 

¿Díaz-Canel y sus secuaces son conscientes del papel de distracción que desempeñan? Por supuesto que sí, pero se conforman (por ahora) con la buena ración de poder que les han ofrecido, y eso para cualquiera de esa estirpe “participativa”, “entusiasta” y “luchadora”, es mucho mejor pago que un cupón para comprar combustible extra, una bolsita de leche, o un viajecito de trabajo al extranjero de vez en cuando.

¿Los que van a las marchas son conscientes del circo para el que se prestan? Por supuesto que también lo son, pero se conforman (hasta que ocurra el milagro) con sobrevivir fingiéndose “participativos”, “entusiastas”, “luchadores”, porque una “jabita” y un viajecito de vez en cuando es la única oportunidad de comer y, de paso, de alimentar a la familia. 

Casi todos hemos conocido bien de cerca a esos especímenes “participativos” y “entusiastas”, incluso lo hemos sido aunque sea por breve tiempo, o en alguna época de juventud, de férreo adoctrinamiento, en que no podíamos imaginar otro modo de “triunfar” o simplemente de “existir” que no fuera tal como nos enseñaron nuestros padres y abuelos, que sí conocieron en carne propia de la fiebre de los fusilamientos, de la Ofensiva Revolucionaria, de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), de las escuelas “al campo” y “en el campo” (para enmascarar e institucionalizar el trabajo infantil), de los durísimos años 70 y, sobre todo, del desespero de Fidel Castro por construir un “hombre nuevo” capaz de traicionar a su familia y su fe religiosa por tal de mostrarse fiel a los “principios revolucionarios”.

Los que sabemos de esas generaciones de susurrantes, de cubanas y cubanos que aprendieron con castigos a callar sus opiniones, a “hablar del gobierno” en voz baja, a decir una cosa en la casa y otra muy distinta en la calle, a llorar en silencio y a reír en público para ganar la lavadora o hasta el pomo de aceite, también sabemos de cómo llenan las plazas con esa misma pobre gente que, terminado el circo sin pan, regresan a su día a día de angustias, de decepciones y arrepentimientos, de hambres, de “químico” y reparto, de remesas y mercado negro, de moneda nacional que se rinde ante el dólar, de la libra de arroz a 300 pesos y la dipirona a 600, de apagones y novelas turcas para olvidarse de las mentiras del Noticiero, de ganas de irse para siempre de este país de p… donde todos son unos “sin casa”.

No importa si ayer acudieron 600.000 a la plaza o si para la próxima serán 2 o 3 millones. Nadie, con el conocimiento básico de cómo funciona tanto la dictadura cubana como las mentes de quienes la sostienen, esperaba algo diferente del espectáculo que ahora los medios de propaganda del castrismo intentarán venderle al mundo (y a nosotros, que estamos muy lejos de él) como muestra de “apoyo popular”, cuando en realidad es la mayor demostración de cuán profundo es el daño que han infligido los comunistas a la sociedad cubana, tanto que para algunos se trata de un mal irreversible y hasta de un castigo más que merecido

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Mario J. Pentón

1 de mayo, 2025

"La procesión del fracaso", mi comentario sobre este 1 de mayo en Cuba


elTOQUE

3 de mayo, 2025

Ni Díaz-Canel o Raúl Castro se creen lo del 1ro de Mayo



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jueves, marzo 09, 2023

Francisco Almagro Domínguez: En Miami… ¿vale el perdón y el arrepentimiento? ¿Cómo Miami ha podido sobrevivir a tanto dolor y odios encontrados?

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Nada ilusión de una mayoría; veamos sólo algunos factores que influyeron e influyen en el comportamiento dócil de la mayoría del pueblo cubano:

1) El terror y miedo a la represión  de la dictadura que se ha manifestado fehacientemente  mediante fusilamientos, cárcel, asesinatos, hostigamientos, acosos, etc. contra aquellas personas que se manifiesten en contra  de la dictadura, represión que llega hasta a los familiares de esas personas.

2) El Estado es el mayor  empleador  del país y llegó a tener en sus plantillas  más del 95 de la fuerza del país. Ese hecho  de que ¨los frijoles¨  del trabajador y de su familia dependiera del Estado era un factor en la docilidad del trabajador para asistir y cumplir con las tareas que el Estado le indicara. 

3) El adoctrinamiento en todos los niveles escolares (desde el Círculo Infantil y la Universidad)  los cuales pertenecen al Estado castro comunista y las represalias que pueden tener los estudiantes si no cumplen  con las tareas revolucionarios pueden influir grandemente en su futuro. Todosconocemos la consigna  que ¨la Universidad es sólo para los revolucionarios¨

4) La falta de formación cívica y de valores humanos. Una consecuencia de ello es la ¨doble moral¨,  que realmente es no tener ninguna. Esa falta de formación en valores provoca que una gran parte  del pueblo cubano  use la simulación  y el fingir para no buscarse problemas con el Estado y más si se están cometiendo ¨ilegalidades¨para sobrevivir.

5) La saluda del país depende totalmente del Estado luego hay que fingir o portarse bien para poder salir de Cuba. 

6) La desinformación que tiene aún parte del pueblo cubano; un ejemplo es que la dictadura  dice que la falta de alimentos, medicinas, aparatos médicos, etc. es por culpa del Embargo (que ellos falsamente llaman Bloqueo)  cuando desde los años 90s del pasado siglo  se pueden comprar  al contado o cash  en los EE.UU.; además Cuba puede comerciar con más de 180 países si Cuba  tuviera solvencia y mercancias para ello.

7) etc.,etc.,etc.

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Tomado https://www.cubaencuentro.com/

En Miami… ¿vale el perdón y el arrepentimiento?

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¿Cómo Miami ha podido sobrevivir a tanto dolor y odios encontrados?

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Por Francisco Almagro Domínguez

Miami

07/03/2023 

En un cuento del malogrado y gran escritor cubano Guillermo Rosales, suerte de kafkiano insular por su original y desgarradora narrativa y vida privada, un ex torturador batistiano se sienta en el sillón del mismo barbero que ha prometido encontrarle en Miami y ajustarle cuentas. La historia corta como el filo de la navaja, que pasa una y otra vez por la garganta del esbirro. Cuando parece que será degollado por el barbero mientras lo afeita, el torturador se levanta del sillón, y antes de irse, le dice más o menos: no es fácil matar a un hombre a sangre fría, ¿verdad?

¿Cuántas veces se habrá repetido esa escena en Miami? Quizás no con tanto dramatismo, aunque sabemos que la realidad suele ser más dura que la ficción debido a sus matices. El “molde” del encuentro entre dos enemigos, la venganza y el honor con la Ciudad Mágica de trasfondo, se adapta perfectamente a la tragedia clásica, no sin el halo de comedia que siempre aporta la idiosincrasia caribeña.

Hace apenas sesenta años, tras la huida de los batistianos —un anciano me confesó sin tapujos que moriría devoto de Fulgencio— en esta misma ciudad se mesclaban militantes del 26 de julio, el Directorio y otros tantos que habían combatido al “Indio”. Después vino una segunda ola: Camarioca. Los llamados siquitrillados y los siquitralladores. Ex funcionarios del Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados caminando en la floreciente Calle 8 al lado de quienes ellos mismos habían despojado de obras de arte, joyas y casas regias.

Fue así desde entonces. Cuando ya no quedaron “ricos” en la Isla, los bodegueros, carniceros, limpiabotas y vendedores de maní en el Prado, intervenidos en la Ofensiva Revolucionaria del 68, convivían en el mismo edificio con el miliciano interventor, recién llegado en los Vuelos de la Libertad. En un capítulo inolvidable de Informe contra mí mismo, Eliseo Alberto Diego narra cómo algunos personajes de la política y la cultura, en franca discordia ideológica, terminaron viviendo en la misma ciudad, condenados a similar exilio o expatriación.

La historia se está repitiendo en nuestros días con el Patrocinato. Imaginemos —no hace falta mucho esfuerzo— que el patrocinado es el mismo que, en la Isla y en pleno Continuismo-Canelismo, era chivato cederista, sicario sindicalero, emprendedor complaciente, policía o militar descartado después del 11J. Como el Patrocinio no exige pasado alguno, y abre sus brazos a quien pueda pagar por una emigración expedita… ¿cuántas víctimas y victimarios harán la misma fila en aeropuertos y organizaciones caritativas?

¿Cómo Miami ha podido sobrevivir a tanto dolor y odios encontrados? ¿Somos en el fondo un pueblo misericordioso, con tendencia al olvido, el perdón, la reconciliación? Los fusilamientos y largas penas de cárcel en el Castrismo solo han sido momentos trágicos, condenables, expiaciones de culpas… pero ¿fácilmente olvidados? ¿Dónde comienza la justicia —a cada cual lo que corresponde— y donde el perdón, el arrepentimiento? Porque hay crímenes que no prescriben, y los culpables lo saben. Una vez con las manos llenas de sangre, a veces no se busca otra forma de lavarlas que no sea con más sangre.

Con cierta frecuencia se oye decir en esta ciudad “yo no fui comunista, nunca lo he sido”. Es, sin duda una declaración funesta y en la mayoría de los casos, poco creíble. O sea, hay que creerse que en este pueblo casi ningún cubano fue pionero, alumno ejemplar, militante de la Juventud, obrero de avanzada, dirigente sindical, jefe de área, director de empresa, militar… Sin tantos millones de personas apoyando al régimen por seis décadas —razones de cualquier tipo; lo que importa es el resultado final— el Proceso Involucionario hubiera terminado en los primeros años.

El terror más espantoso no conquista corazones. En Cuba hubo una ilusión, un sueño compartido, y por una mayoría, sin duda. Si esa mayoría estaba equivocada o no, fascinada, encandilada por el Líder Máximo, es otra discusión. En la Isla, cientos de miles desfilaban en los primeros tiempos del Difunto a pie, iban por sus propios medios y conciencias, sin listas ni presiones sindicaleras. Quien lo niegue no conoce la historia; no entiende y nunca entenderá la sobrevivencia de la Involución por tanto tiempo. No comprenderá por qué ahora va en caída libre.

En Miami habitan oleadas del desencanto, cada una con su propio dolor, su resentimiento. En Miami, junto a los cubanos, también viven los escuálidos, los boliburgueses, los ex enchufados chavistas. En la Ciudad Mágica conviven los somocistas con los sandinistas arrepentidos… por segunda vez. Aquí también están los antiguos haitianos duvalieristas, y sus opositores, en tercera generación. Parece que hay tanto por lo que luchar y trabajar para recuperar una vida digna personal y en familia que los ecos de los desagravios y los desquites quedan para políticos, esmerados en conservar los sillones camerales.

El fantasma del odio y el no perdón también se agita en la otra orilla. Es imprescindible para el Castro-Continuismo. La estampida hacia el Norte, con prisa y sin pausa, debe tener un precio psicológico para el emigrante insular: en Miami encontrará a su enemigo, ese que no olvida ni perdona.

El arrepentimiento es muy humano. Y nos hace bien, de vez en cuando, saber que estuvimos equivocados, y que podemos volver a hacer las cosas de otra manera si admitimos el error. Otra cosa es la justicia. No hay perdón sin ella. Y no hay reconciliación sin arrepentimiento. Cada cual debe asumir las responsabilidades de su pasado.

José Samarago, el Nobel portugués, tuvo la osadía de decirle al régimen que “hasta allí había llegado” al saber del fusilamiento de los jóvenes que secuestraron la lancha de Regla en 1994. Saramago, comunista vertical, ha dicho: “Para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El arrepentimiento mejor es, sencillamente, cambiar”.

Es lo que sucede en Miami. Suele cambiarse un poco.

© cubaencuentro.com

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