jueves, octubre 23, 2025

El Padre Alberto Cutié le responde a Elián González, ex niño balsero cubano, quién culpa a EE.UU. de los problemas de Cuba y afirma que “no cometemos grandes errores”

 Padre Alberto Cutié

21 de octubre, 2025

Mensaje para ELIÁN GONZÁLEZ del Padre Alberto Cutié

Palabras de bienvenida del Obispo Pedro Meurice Estiú al Papa Juan Pablo II en Santiago de Cuba en enero de 1998

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Tomado de https://www.cibercuba.com/

Elián González culpa a EE.UU. de los problemas de Cuba y afirma que “no cometemos grandes errores”

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El ex niño símbolo del régimen cubano, y una de sus mayores decepciones para el pueblo, culpó a EE.UU. de la crisis en Cuba y aseguró que el gobierno “no comete grandes errores”.

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Elián González, vocero del régimen cubano

Por Redacción de CiberCuba

21 Octubre, 2025 

Elián González, el niño balsero convertido hoy en diputado y defensor del régimen cubano, responsabilizó al gobierno de Estados Unidos de la grave crisis que atraviesa Cuba y aseguró que en la Isla “no se cometen grandes errores”.

Durante una entrevista concedida al portal de noticias Diario Red, de línea editorial afín a la izquierda latinoamericana, González sostuvo que “la situación que vive el pueblo cubano es introducida y recrudecida por una política exterior de Estados Unidos”, a la que calificó como una “asfixia económica” dirigida por figuras como el presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio.

“El bloqueo lleva más de 60 años, pero hoy, con figuras como Trump y Marco Rubio, un odiador nato de Cuba, se han aplicado todas las medidas que en su momento quedaron escritas y no se habían ejecutado”, afirmó.

Según el diputado y vocero fiel del régimen, las sanciones impuestas por Washington “encerraron la economía cubana” y “dificultan la obtención de medios y recursos para desarrollarse”, llegando incluso —dijo— a impedir “un flujo económico normal con otros países”.

González, que representa a Cárdenas (Matanzas) en la Asamblea Nacional, también defendió la gestión del régimen al afirmar: “No es que cometamos grandes errores, pero suponiendo que los cometamos, nuestro principal freno es el bloqueo y la inclusión de Cuba en una lista espuria de países patrocinadores del terrorismo, cuando en realidad hemos sido víctimas de actos de terror”.

Durante la entrevista, realizada en México durante el Noveno Encuentro Continental de Solidaridad con Cuba, el ex “niño símbolo” de la propaganda castrista reiteró los argumentos oficiales de La Habana y culpó a Estados Unidos de los problemas internos de la Isla, sin reconocer las profundas causas estructurales, la ineficiencia económica ni la represión política del régimen.

Elián, el niño que más ha decepcionado al pueblo cubano y cuya madre murió tratando de darle libertad, también aprovechó el espacio para elogiar a gobiernos aliados de la región, como los de Claudia Sheinbaum en México y Gustavo Petro en Colombia, por “no dejar sola a Cuba” y respaldar su exclusión de la Cumbre de las Américas.

“La solidaridad no es solo material, también es moral; sentir el apoyo del otro nos hace sentir bien”, dijo.

Veinticinco años después del caso que lo convirtió en símbolo del enfrentamiento entre Cuba y Estados Unidos, el antiguo niño balsero defiende hoy con fervor el mismo sistema que lo utilizó como estandarte político, y desde el poder, culpa al “imperio” de todo lo que ocurre en la Isla.

En los últimos días, el actual vocero del régimen y monigote de la retórica de la cúpula ha regalado declaraciones que son una verdadera joya de la campaña propagandística del gobierno. 

En declaraciones recientes, González aseguró que “muchos de los cubanos que han emigrado volverán encantados” cuando mejore la economía del país.

Opinó también que el éxodo incontenible de cubanos en los últimos años responde sobre todo a causas económicas y expresó su confianza en que, al revertirse la crisis, muchos retornarán “porque el cubano es muy patriota y familiar”.

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DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO 

Nota del Bloguista de l blog Baracutey Cubano

Según ví y oí a una entonces pareja sobreviviente que iban en el artefacto flotante en que iban ellos, Elizabeth Brotons, Elián, el hombre  que era la  pareja de  Elizabeth Brotons y otras personas más, fue  la pareja de Elizabeth la que  puso y amarró a Elián  sobre la cámara de camión y le salvó la vida, a petición de Elizabeth, así como un recipiente con agua...Esa narración se la oí a la pareja en un programa de María Elvira Salazar varios años después de los acontecimientos.

 La propaganda Castrista   en aquel momento  califico a la pareja de Elizabeth  de individuo antisocial, mujeriego, abusador, etc.

Mediante otras fuentes  oí que  a Elián antes de  que la madre se lo llevara en el fallido intento  de llegar todos a los Estados Unidos,  varios familiares le celebraron anticipadamente el cumpleaños al niño Elián porque conocían de la partida  poco antes del  día de nacimiento de Elián; también le oí, si mal no recuerdo, al hoy difunto Padre Francisco Santana decir   que los familiares de Juan MIguel, el padre de Elián, que acogieron al niño Elián le enseñaron cartas de  Juan Miguel con los deseos de irse de Cuba y llegar a los EE.UU. No por gusto  Fidel Castro dilató la ida  de Juan MIguel  a EE.UU.  y finalmente expresó públicamente algo así como: ¨Ya Juan Miguel está listo !¨; supongo que hayan habido amenazas usando el brazo largo del Castrismo fuera de Cuba, promesas de  mejorarle la vida   a él y  a su  nueva familia  así como a  Elián.

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Tomado de http://www.diariodecuba.com

La madre de Elián, un fantasma en Cárdenas

Por Manuel Guerra Pérez
Matanzas
30 de Noviembre de 2017

A 18 años de su muerte en el mar, Elizabeth Brotons continúa siendo un fantasma en Cárdenas, Matanzas, donde vivió. Allí quedan amigos, vecinos, gente que la conoció, pero la mayoría prefiere hacer como si la madre de Elián González nunca hubiera existido. Los pocos que se atreven a hablar de ella, eligen no identificarse.

En la campaña impulsada por el Gobierno cubano para que el niño regresara a la Isla desde Miami, la figura de Elizabeth fue maltratada. Era una irresponsable, una mala madre que puso en peligro la vida de su hijo para seguir a un marido, alguien sin voluntad propia.

"Ella era enamorada, sensible. Siempre hacía bromas y era magnífica trabajadora", comenta una amiga y compañera de trabajo. "Constantemente hablaba de su hijo", añade.

Para esta mujer, Elizabeth Brotons ha sido "borrada del mapa"
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(Elián González junto a su madre, Elizabeth Brotons.)

"Me da vergüenza que hasta aquellos que fuimos sus amigos todavía tengamos pánico de hablar de ella", reconoce.

Brotons trabajaba en el Hotel Punta Arena, de Varadero, cuando decidió escapar del país con Elián. Vivían en una vieja casa colonial en los altos de la farmacia del barrio La Real.

"Era una trigueña muy linda. Siempre estaba alegre y divertida, con una sonrisa saludaba a todos", recuerda Felo, un hombre de 71 años que fue su vecino. "La veía montando en su bicicleta, con Elián para todos lados".

Los padres de Elizabeth Brotons murieron hace unos años y, según dicen los vecinos, no queda ningún otro familiar, nadie que hable de ella.

Su hijo Elián, sin embargo, sigue siendo muy conocido en Cárdenas y en toda Cuba. Desde que fue rescatado en el mar, se convirtió en una pieza clave dentro de la propaganda del Gobierno y no ha dejado de serlo.

En julio de 2001, Fidel Castro inauguró en Cárdenas el Museo de la Batalla de Ideas, popularmente conocido como "Museo de Elián". En el lugar, un antiguo cuartel de bomberos, se expone una serie de fotos de Elián y su regreso a Cuba, acompañadas de una estatua de Martí y pasajes de la Guerra de Independencia.

Hay fotos de las marchas por el regreso del niño a Cuba, otras de este con su padre, Juan Miguel González. Ninguna foto con su madre, con quien convivía.

"Esto siempre está vacío", comenta un trabajador del museo. "Los que vienen son algunos turistas que visitan el pueblo, y ya".

El aula donde estudió el niño, en la escuela primaria Marcelo Salado, también ha sido convertida en museo.

"Aquí adentro solo están las libretas que él usó y todos los pupitres del aula. Nunca se ha vuelto a abrir para dar clases y realmente es poco visitada", explica un maestro emergente de la escuela.

Luego de su regreso, Elián González fue trasladado a una amplia y moderna casa a la entrada de Cárdenas, en el reparto El Fuerte. Dos botes pequeños de madera barnizada adornan los laterales de su puerta.

Uno de los condiscípulos de Elián en la escuela secundaria asegura que ya no se le ve por las calles de Cárdenas, como si no viviera allí.

"Él siempre se creyó diferente y superior a los demás. Siempre con escoltas en la escuela y adonde fuera", afirmó.

Aunque no lo digan en voz alta, la mayoría cree que no debería sumarse al silencio en torno a su madre, pues nadie más que ella pudo haber puesto a Elián en los momentos finales sobre la cámara de camión que le salvó la vida.

Hasta Cholo, un mendigo de La Real, quien pernocta donde lo coja la noche, opina: "No se portó macho con su pura. Tenía que haberla defendido más".

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viernes, enero 27, 2023

Julio Orlando Marquez Hidalgo sobre LAS RAZONES DEL ARZOBISPO PRIMADO PEDRO CLARO MEURICE ESTIÚ PARA DECIR LAS PALABRAS DE BIENVENIDA AL PAPA JUAN PABLO II EN SANTIAGO DE CUBA EN ENERO DE 1998


Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Hizo muy bien el Arzobispo Pedro Claro Meurice Estiú  en no darle al arquitecto Orlando Márquez, persona muy cercana al Cardenal Jaime Lucas Ortega y Alaminos, las palabras de bienvenidas de él al  Papa Juan Pablo II, pues  casi de manera inmediata las conocería los órganos represivos de la tiranía Castrista.

El Arzobispo Pedro Claro Meurice Estiú con sus palabras al Papa rugió ese día cómo bien  le dijo el propio Meurice al Padre José Conrado Rodríguez Alegría cuando se encontraron nuevamente en el Arzobispado de Santiago de Cuba. El Cardenal Ortega y Alaminos  hizo todo lo contrario al darle la bienvenida al Papa Juan Pablo II en  la misa de La Habana con palabras que  echaban  ¨un cubo de agua fría¨  al ambiente que había ¨calentado¨ Monseñor  Meurice. Aún así parte del público reunido en la misa de La Habana  gritamos Libertad, Libertad, Libertad  y coreamos varias veces :  ¨El Papa libre nos quiere a todos libres¨. Yo estuve allí:

Discurso de Pedro Meurice Estiú ante Juan Pablo II en Santiago de Cuba


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Así deben ser los Arzobispos.
Publicado en Baracutey el 26 de julio de 2011
Por Tersites Domilo.

Ha muerto Mons. Pedro Claro Meurice Estiú, Arzobispo Emérito de Santiago de Cuba, guajiro hosco, por timidez más que por orgullo, y parecía sentirse siempre incómodo cuando estaba en público. Se dice que esa timidez guajira le impidió ser arzobispo de La Habana y cardenal, cosas que un día parecieron estar escritas en su futuro. Me permito adelantar otra teoría. Meurice fue nombrado obispo por Pablo VI el 1 de julio 1967. Al ser ordenado era el obispo más joven del mundo: 35 años. Y era el hombre que Pérez Serantes quiso como sucesor en Santiago. Quien quiera entender la historia de la Iglesia en Cuba en los últimos 50 años debería concentrarse en los casi tres años que median entre el 28 enero 1979 y el 20 nov. 1981. Y Pedro Meurice fue la pieza clave que se decidió el derrotero tras esos treinta meses. El 28 enero 1979, en Puebla, México, Juan Pablo II pronuncia el discurso inaugural de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano. Allí dijo una frase que repetiría luego muchas veces durante su pontificado: "No me cansaré yo mismo de repetir, en cumplimiento de mi deber de evangelizador, a la humanidad entera: ¡No temáis!" Su discurso puso las cartas sobre la mesa: el Papa consideraba la teología de la liberación como una moda peligrosa y falaz, más que como una legítima tendencia teológica. Para Mons. Francisco Oves, arzobispo de La Habana, el discurso del Papa fue una sentencia. Él había llegado a Puebla a proponer un entendimiento con el marxismo. El obispo cubano partía de la tesis de que el comunismo era indestructible y, por tanto, se debía aprender a convivir con él. El Obispo polaco de Roma partía de la tesis contraria: el comunismo podía -y debía- ser destruido. La historia le dio la razón al polaco. Oves, tras su debacle mexicana, pasaría varios años en las frías bibliotecas vaticanas para ir a carenar a una parroquia de El Paso, Texas, mueriendo el 4 de dic, 1990, con sólo 62 años de edad. Tras meses de ausencia de Mons. Oves, el 20 feb. 1980, como regalo de cumpleaños, Mons. Meurice fue nombrado administrador apostólico de La Habana. Y el 4 abril 1980, comenzó la crisis de la Embajada del Perú, seguida por el éxodo del Mariel y la ola de pogromos organizada por la Seguridad Estado y PC con el fin de aterrorizar a los cientos de miles de ciudadanos que deseaban escapar del "paraíso" socialista.

(Juan Pablo II y Pedro Meurice en Santiago de Cuba; enero 1998)

Meurice fue a ver a José Felipe Carneado, estalinista de pura cepa encargado de "asuntos religiosos" en el CC-PC. Meurice le dijo era inaceptable que el gobierno se comportara como una banda de delincuentes; que aterrorizar, patear y linchar ciudadanos en plena calle por el simple deseo de abandonar el país era inaceptable. Carneado repitió la versión oficial del gobierno: que ninguno de aquellos horrores estaba sucediendo. La desfachatez con que mentía el viejo estalinista hizo explotar a Mons. Meurice, dando un puñetazo en el buró, le gritó: "Coño, tú sabes que es verdad todo lo que te estoy diciendo". Si es cierto ese cuento que escuché hace tiempo, mi teoría es que ese puñetazo y coñazo le costaron a Meurice el arzobispado de La Habana. 

El 1 enero 1981 tenía 16 años, aún recuerdo la homilía de Meurice en la Catedral de La Habana. Después de rememorar el horror del Mariel, se refirió al deseo confeso del gobierno de expulsar a todo aquel no se plegara a sus planes. Dijo "no se hagan ilusiones, hemos estado 500 años en Cuba, y dentro de 500 años seguiremos aquí". Sus homilías en aquella época duraban una hora, y se podía oír una mosca. Nada de lo que decía podía agradar a los mandantes. Meses después, volvió a su arquidiócesis de Santiago. Finalmente, Mons. Jaime Ortega fue nombrado arzobispo de La Habana el 20 nov. 1981

Hoy los medios han recordado las palabras de Meurice ante Juan Pablo II en Stgo. de Cuba el 24 enero 1998: "Le presento además, a un número creciente de cubanos que han confundido la Patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura con una ideología". Los comunistas suelen ser rencorosos. A Meurice no le perdonaron ese discurso, la gallardía y verdad de ese discurso. Para terminar, cuento una anécdota. Baste decir que quien me la contó tiene por qué saberla y es persona confiable. Poco después de la visita de Juan Pablo II a Cuba, los obispos cubanos acudieron a Roma para la habitual visita ad limina que hacen los obispos cada cinco años. Juan Pablo II fue saludando a los cubanos uno a uno. Al llegar ante Meurice, le tomó las manos, se sonrió y se quedó mirándolo con aquellos implacables ojos polacos. "Pedro Meurice" (le dijo, y se quedó un momento en silencio, apretándole las manos). "¡Así deben ser los arzobispos!". Descanse en paz, Pedro Meurice.
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Tomado de https://www.facebook.com

  LAS RAZONES DEL ARZOBISPO PRIMADO*

Por Julio Orlando Marquez Hidalgo

26 de enero de 2021

Yo había pedido varias veces a monseñor Pedro Meurice copia de sus palabras de saludo al Papa. Le explicaba las razones de entregarlas por anticipado y bajo embargo, como los textos del Papa y los demás obispos que ya teníamos, le hablé de los miles de copias que debíamos hacer la noche anterior a cada celebración, pero me lo negaba una y otra vez. “Se enteran de mis palabras cuando las lea en la misa en Santiago”, me dijo la última vez que le llamé, horas antes de la llegada del Papa a Cuba para su histórica visita.

Al inicio de cada misa yo entregaba a la prensa en el lugar la homilía del Papa y el saludo del obispo local, también entregaba algunas copias a las autoridades presentes y repartía a los sacerdotes, o a cualquier otro asistente, copias sobrantes. Al mismo tiempo se entregaban a la prensa en nuestra oficina en el hotel Habana Libre Tryp. En Santiago de Cuba, la diócesis primada, fue diferente. Cuando los periodistas que trasmitían desde la Plaza Antonio Maceo, y el funcionario gubernamental, me preguntaron por el texto del arzobispo primado, les trasmití su mensaje: se enteran cuando lo lea.

Mientras él leía su discurso de saludo al Papa al inicio de la misa aquella mañana del 24 de enero de 1998, yo comencé el ascenso por un lateral de la plaza hacia el fondo del altar. Al terminar, según el ritual, monseñor Meurice abrazó al Papa y fue a ocupar su lugar. Hice señas como pude a monseñor Santo Gangemi, entonces secretario de la Nunciatura Apostólica, se acercó y le solicité que pidiera al arzobispo sus palabras para pasarla a la prensa. Así obtuve finalmente el conocido texto.

Las personas que trabajaban en nuestra oficina en La Habana me llamaban con insistencia reclamando el discurso. Muchos de los periodistas acreditados pensaban que les ocultábamos intencionalmente el texto y lo reclamaban con vehemencia, algunos hasta con cierta violencia verbal.

Descendí la gran escalinata y caminé, lo más rápido que pude y bajo un sol que quemaba tanto los zapatos como la cabeza, hasta el Hotel Meliá Santiago, donde se ubicaba la sala de prensa para la ocasión. De inmediato envié por fax a La Habana el texto para que lo distribuyeran, y pagué por dos o tres decenas de copias para entregar entre los periodistas que cubrían la misa allí mismo.

Al concluir la celebración, quienes viajábamos de regreso a La Habana nos dirigimos en las guaguas hacia el aeropuerto de Santiago. El Gobierno había habilitado dos aviones para el traslado diario hacia las diócesis. En un avión viajaba el Papa con el séquito y los periodistas acreditados por la Santa Sede; en otro avión las autoridades del Gobierno, los obispos cubanos y otros religiosos invitados por la Conferencia de obispos, el fotógrafo de la Iglesia y el fotógrafo oficial del Gobierno cubano, el reconocido Alberto Korda. Junto a Korda, en el primer asiento inmediato detrás de la cortina que nos separaba de las autoridades, me sentaba yo. Aquel día, al frente del grupo gubernamental iba Raúl Castro.

Por causas que nunca conocí, monseñor Meurice no subió al ómnibus con los demás obispos para ir al aeropuerto. Estábamos todos listos en el avión y el arzobispo no llegaba. El avión con el Papa despegó y nosotros seguíamos esperando. Ya estaba incluso Raúl Castro en su asiento en el avión, y le escuché decir algo así como: “Esperemos al arzobispo de Santiago para salir”. Fue la única voz clara que oí detrás de aquella cortina, donde el silencio se alternaba con algún susurro fugaz. Creo que esperamos más de treinta minutos dentro del avión hasta que finalmente llegó el arzobispo primado. Atravesó la primera parte de la nave, entre los asientos donde se ubicaban los funcionarios gubernamentales. Confiado en mi memoria, me arriesgo a decir que volví a escuchar una vez más a Raúl Castro: “Bueno, llegó el arzobispo. Ya podemos salir”. No percibí ironía ni molestia en su voz, ni expresó frases negativas audibles durante el vuelo. Aunque no suelo especular en lo que pudo ser y no fue, no puedo evitar pensar que, muy probablemente, otro habría ordenado despegar el avión sin el arzobispo. Monseñor Meurice pasó entonces la cortina que separaba los dos espacios y muchos de los obispos y sacerdotes gritaron su nombre y aplaudieron al verlo, mientras él avanzaba y mantenía su rostro inexpresivo y sin decir palabra, hasta el fondo del avión.

El domingo 25 de enero, tras concluir la misa en la Plaza de la Revolución de La Habana, mientras me dirigía en el carro hacia nuestra oficina en el hotel, al pasar frente a la Biblioteca Nacional, una persona que trabajaba entonces en la Conferencia de Obispos y ayudaba ese día en la sacristía habilitada en la Biblioteca, me vio y me detuvo. Me dijo que monseñor Meurice había perdido la guagua -una vez más, pensé- que llevaba a los obispos a un almuerzo en el arzobispado de La Habana con el Papa; también había quedado atrás monseñor Mario Mestril, entonces obispo de Ciego de Ávila. Este último se acomodó en el asiento trasero junto a las dos asistentes que trabajaban conmigo en nuestra oficina de prensa, y el voluminoso arzobispo de Santiago se sentó a mi lado.

La multitud se dispersaba por la ciudad, y en aquel recorrido todos oímos de él su motivación para proclamar aquel discurso al Papa y al mundo. A pesar del respeto que imponía, monseñor Meurice era más bien tímido, prefería estar fuera del foco, activo en la discreción, menos notable que su antecesor Enrique Pérez Serantes, de palabra siempre urgente para el evangelio y las exigencias sociales de cada día.

- ¿Qué piensas de mis palabras de ayer? -preguntó mirando al frente. Como éramos cuatro más en el carro, le pregunté si hablaba conmigo.

- Sí. ¿Qué piensas de lo que dije ayer en la misa de Santiago?

- Bueno, pues hoy está usted en las primeras portadas del mundo y los periodistas han llenado páginas con su discurso.

- No me interesa lo que digan los periodistas, te pregunto a ti. ¿Qué piensas tu?

- Cuando preparábamos la visita -respondí-, nos dijeron desde Roma que toda declaración, mensaje o entrevista de la Iglesia local debía hacerse antes o después de la visita papal. Cuando el Papa llega al lugar para su visita pastoral, es el centro y foco de atención. Nadie más. Hablando en cubano, usted ayer “se robó el show”. Pero si usted, en su conciencia, creyó que debía decirlo, está bien dicho.

Tras una pausa continué:

-No creo que al Gobierno le haya gustado, por supuesto, aunque algunas de las cosas que usted dijo, de algún modo, fueron dichas ya en la carta “El amor todo lo espera”.

Monseñor Meurice esperó unos segundos y dijo con voz suave pero bien audible:

-Lo hice por Pérez Serantes. Se lo debía a monseñor Pérez Serantes. Cuando estaba ya enfermo y cercano a la muerte me dijo: “Muero en silencio, como un perro”.

Por unos minutos no hubo más palabras. Su antecesor y mentor amó a Cuba como el que más, y se entregó en cuerpo y alma al servicio del país según su condición. Pastor celoso de la Iglesia y de su pueblo, monseñor Pérez Serantes no escatimó tiempo ni energía en denunciar o llamar la atención sobre los males que aquejaban a la sociedad, o para alentar lo que estaba bien. Lo hizo en La Habana a inicios del siglo XX cuando era un joven sacerdote interesado en las cuestiones obreras, y lo siguió haciendo después como vicario general en Cienfuegos, como obispo de Camagüey y, finalmente, como arzobispo de Santiago de Cuba. Desde allí, además de su decisiva intervención, en coordinación con el cardenal Manuel Arteaga, para salvar a los sobrevivientes del ataque al cuartel Moncada, entre ellos el mismo Fidel Castro, proclamó numerosos mensajes y cartas pastorales, muchas de clara inspiración social. Lo hizo aún después del triunfo de la Revolución, hasta que ya enfermo y sin fuerzas, se sintió forzado al silencio, mientras su alma gritaba. Según él mismo confesara a su sucesor, como un perro sin fuerzas que intuye y espera la muerte, en silencio...

Antes de llegar al arzobispado tuve tiempo de decirle a monseñor Meurice lo que él ya sabía: “En lo adelante, las cosas para usted y su arquidiócesis, serán más difíciles”. Así fue: más trabas, más negativas, más molestias. Incluso, en ocasiones, se organizó la conga santiaguera, única por su retumbe telúrico, frente a la catedral cuando él oficiaba misa. En 1999 Fidel Castro lo acusó públicamente de conspirar para sabotear la Cumbre Iberoamericana de La Habana de aquel año, a lo cual respondió de inmediato el cardenal Jaime Ortega desmintiéndolo públicamente y dando su apoyo al arzobispo primado.

Durante los años siguientes, dentro y fuera de Cuba, en varias ocasiones monseñor Pedro Meurice se refirió a aquellas palabras suyas y las reacciones que provocaron dentro y fuera de la Iglesia. Sabía que no podía controlar las más variadas interpretaciones que generaron, a favor y en contra. Pero estaba tranquilo.

Pienso que al saldar lo que él consideró su deuda moral con monseñor Pérez Serantes, saldaba también una deuda consigo mismo, la deuda inevitable de quien ha recogido la antorcha, y juntas se convirtieron en las razones que lo motivaron, en conciencia, a decir lo que dijo ante el Papa y ante el mundo. Años antes, se había referido a Pérez Serantes con estas palabras: “¡Qué hombre tan valiente! Sentía que tenía que decir una palabra de aclaración, que emitir un juicio de valor sobre una situación determinada, sobre limitaciones a la libertad o sobre derechos humanos pisoteados, y lo decía libremente, sin necesidad de leer entre líneas. Esa era la expresión de su fidelidad a este pueblo al que le había dado todo, y también de su fidelidad a la Iglesia”.

*Publicado originalmente en mi blog otrapalabra.com.  

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Tomado de https://www.cittanuova.it

Palabras de Mons Pedro Meurice Estiú al darle la bienvenida al Papa Juan Pablo II

"Santísimo Padre: En nombre de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba y de todos los hombres de buena voluntad de estas provincias orientales le doy la más cordial bienvenida. Esta es una tierra indómita y hospitalaria, cuna de libertad y hogar de corazón abierto. Lo recibimos como a un Padre en esta tierra que custodia, con entrañas de dignidad y raíces de cubanía, la campana de la Demajagua y la bendita imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre. EI calor de Oriente, el alma indomable de Santiago y el amor filial de los católicos de esta diócesis primada proclaman: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! 

 Quiero presentarle, Santo Padre, a este pueblo que me ha sido confiado.

Quiero que Su Santidad conozca nuestros logros en educación, salud, deportes…, nuestras grandes potencialidades y virtudes.., los anhelos y las angustias de esta porción del pueblo cubano.

Santidad, éste es un pueblo noble y es también un pueblo que sufre. Este es un pueblo que tiene la riqueza de la alegría y la pobreza material que lo entristece y agobia casi hasta no dejarlo ver más allá de la inmediata subsistencia.

Este es un pueblo que tiene vocación de universalidad y es hacedor de puentes de vecindad y afecto, pero cada vez está más bloqueado por intereses foráneos y padece una cultura del egoísmo debido a la dura crisis económica y moral que sufrimos.

Nuestro pueblo es respetuoso de la autoridad y le gusta el orden pero necesita aprender a desmitificar los falsos mesianismos.

Este es un pueblo que ha luchado largos siglos por la justicia social y ahora se encuentra, al final de una de esas etapas, buscando otra vez como superar las desigualdades y la falta de participación.

Santo Padre: Cuba es un pueblo que tiene una entrañable vocación a la solidaridad, pero a lo largo de su historia, ha visto desarticulado o encallados los espacios de asociación y participación de la sociedad civil, de modo que le presento el alma de una nación que anhela reconstruir la fraternidad a base de libertad y solidaridad.

Quiero que sepa, Beatísimo Padre, que toda Cuba ha aprendido a mirar en la pequeñez de la imagen de esta Virgen Bendita, que será coronada hoy por su Santidad, que la grandeza no está en las dimensiones de las cosas y las estructuras sino en la estatura moral del espíritu humano.

Deseo presentar en esta Eucaristía a todos aquellos cubanos y santiagueros que no encuentran sentido a sus vidas, que no han podido optar y desarrollar un proyecto de vida por causa de un camino de despersonalización que es fruto del paternalismo. Le presento además, a un número creciente de cubanos que han confundido la Patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas década y la cultura con una ideología. Son cubanos que al rechazar todo de una vez sin discernir, se sienten desarraigados, rechazan lo de aquí y sobrevaloran todo lo extranjero. Algunos consideran ésta como una de las causas más profundas del exilio interno y externo.

Santo Padre: Durante años este pueblo ha defendido la soberanía de sus fronteras geográficas con verdadera dignidad, pero hemos olvidado un tanto que esa independencia debe brotar de una soberanía de la persona humana que sostiene desde abajo todo proyecto como nación.

Le presentamos la época gloriosa del P. Varela, del Seminario San Carlos en La Habana y de San Antonio María Claret en Santiago, pero también los años oscuros en que, por el desgobierno del patronato la Iglesia fue diezmada a principios del siglo XIX y así atravesó el umbral de esta centuria tratando de recuperarse hasta que, en la década del 50, encontró su máximo esplendor y cubanía. Luego, fruto de la confrontación ideológica con el marxismo-leninismo, estatalmente inducido, volvió a ser empobrecida de medios y agentes de pastoral pero no de mociones del Espíritu como fue el Encuentro Nacional Eclesial Cubano.

Su Santidad encuentra a esta Iglesia en una etapa de franco crecimiento y de sufrida credibilidad que brota de la cruz vivida y compartida. Algunos quizás puedan confundir este despertar religioso con un culto pietista o con una falsa paz interior que escapa del compromiso.

Hay otra realidad que debo presentarle: la nación vive aquí y vive en la diáspora. El cubano sufre, vive y espera aquí y también sufre, vive y espera allá fuera. Somos un único pueblo que, navegando a trancos sobre todos los mares, seguimos buscando la unidad que no será nunca fruto de la uniformidad sino de un alma común y compartida a partir de la diversidad.

Por esos mares vino también esta Virgen, mestiza como nuestro pueblo. Ella es la esperanza de todos los cubanos. Ella es la Madre cuyo manto tiene cobija para todos los cubanos sin distinción de raza, credo, opción política o lugar donde viva.

La Iglesia en América Latina hizo en Puebla la opción por los pobres, y los más pobres entre nosotros son aquellos que no tienen el don preciado de la libertad.

Ore, Santidad, por los enfermos, por los presos, por los ancianos y por los niños.

Santo Padre: Los cubanos suplicamos humildemente a su Santidad que ofrezca sobre el altar, junto al Cordero Inmaculado que se hace para nosotros Pan de Vida, todas estas luchas y azares del pueblo cubano, tejiendo sobre la frente de la Madre del Cielo, esta diadema de realidades, sufrimientos, alegrías y esperanzas, de modo que, al coronar con ella esta imagen de Santa María, la Virgen Madre de nuestro Señor Jesucristo, que en Cuba llamamos bajo el incomparable titulo de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, la declare como Reina de la República de Cuba.

Así todas las generaciones de cubanos podremos continuar dirigiéndonos a Ella, pero con mayor audacia apostólica y serenidad de espíritu, con las bellas estrofas de su himno: "Y tu Nombre será nuestro escudo, nuestro amparo tu gracias serán".

Amén.

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jueves, julio 14, 2022

Cuba: El ya fallecido Arzobispo Pedro Meurice Estiú con estas memorables palabras de hace un cuarto de siglo le hala las orejas al Papa Francisco usurpador de la silla de San Pedro por intrigas y conspiraciones vaticanas


Arzobispo de Santiago de Cuba pide a la Virgen por la libertad de los jóvenes del 11J (+VIDEO)

(Fragmento)

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“Lo he dicho en aquel momento y te lo vuelvo a presentar, madre”, fueron las suplicas de Monseñor Dionisio García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba
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Por Camila Ferrer

Un año después de las históricas protestas del 11J en la isla, Monseñor Dionisio García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, elevó una plegaria a la Virgen de la Caridad del Cobre para que puedan salir en libertad todos aquellos que quisieron expresar sus opiniones y fueron brutalmente detenidos.

García Ibáñez suplicó a madre de los antillanos para que mueva los corazones de todos los que tienen en sus manos la posibilidad de modificar las situaciones para que sean revisadas de nuevo las injustas condenas contra jóvenes de la isla.

“Lo he dicho en aquel momento y te lo vuelvo a presentar, madre”, fueron sus palabras tras finalizar la eucaristía del domingo, según Radio Martí.

El Arzobispo de Santiago de Cuba consideró que hay muchas madres y familias que anhelan la libertad de estos inocentes ciudadanos injustamente encarcelados.

“Hay muchas familias sufriendo, muchas madres sufriendo, muchas, creo que sería un paso de fraternidad, de entendimiento social, el que estas personas estén en sus hogares y que nadie, también los que no están presos, tampoco paguen ninguna consecuencia, que no queden marcados por lo que hicieron sí, que no queden marcados”, indicó.
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Palabras de Bienvenida  de Pedro Meurice Estiú ante Juan Pablo II en Santiago de Cuba

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Nota del blogguista.

¿ Qué precio ha pagado la Iglesia para que la tiranía cubana le otorgue pequeñas concesiones que fueron realmente derechos arrebatados ?
La Iglesia cubana, y en particular su jerarquía, tendrán que responder en un futuro a la Historia , al pueblo de Dios y a nuestro Señor por su actuar en este casi medio siglo. Han sido pocos los que ante el ¨ ¿ Quo Vadis ? ¨ de nuestro Señor han rectificado su actuar y han retomado su misión, que como bien les apunto Juan Pablo II Magno a todos los obispos cubanos en su visita Ad Limina, a las fuentes de nuestra fe, que la Cruz forma parte del camino de Cristo y de sus discípulos. Veamos:

http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/2001/documents
/hf_jp-ii_spe_20010706_ad-limina-cuba_sp.html

En 4 se lee.

¨ Ustedes son bien conscientes de su responsabilidad de transmitir el mensaje de Cristo como "verdaderos y auténticos maestros de la fe, pontífices y pastores" (Christus Dominus, 2). Este mensaje ha de ser proclamado en toda su integri­dad y belleza, sin dejar de lado sus exigencias y teniendo presente que la cruz forma parte del camino de Cristo y del que recorren sus discípu­los. Guiados por el único Maestro que tiene "palabras de vida eterna" (Lc 6, 68) los hombres y mujeres de Cuba han de saber encontrar un sentido renovado y trascendente para sus vidas, acogiendo el amor divino y viendo cómo se abren ante ellos tantas posibilidades de realización personal y social. ¨

y en 6 se lee :

¨En todo el mundo los derechos humanos son un proyecto aún no perfectamente llevado a la práctica, pero no por eso se debe renunciar al propósito decidido y serio de respetarlos, pues provienen de la especial dignidad del hombre, como ser creado por Dios a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26). Cuando la Iglesia se ocupa de la dignidad de la persona y de sus derechos inalienables, no hace más que velar para que el hombre no sea dañado o degradado en ninguno de sus derechos por otros hombres, por sus autorida­des o por autoridades ajenas. Así lo reclama la justicia que la Iglesia promueve en las relaciones entre los hombres y los pueblos. En nombre de esa justicia dije claramente en su País que las medidas económicas restrictivas impuestas desde el exterior eran "injustas y éticamente inaceptables" (Discurso de despedida 25.1.1998, 4) Y lo siguen siendo aún. Pero con esa misma claridad quiero recordar que el hombre ha sido creado libre y, al defender esa libertad, la Iglesia lo hace en nombre de Jesús, que vino a liberar la persona de toda clase de opresión.

Cuando Ustedes, como Obispos católicos de Cuba, reclaman justicia, libertad o mayor solidaridad, no pretenden desafiar a nadie, sino que cumplen su misión, propiciando para el pueblo cubano una vida sólidamente basada en la verdad sobre el hombre. Por ello, les animo a continuar en el trabajo paciente en favor de la justicia, de la verdadera libertad de los hijos de Dios y de la reconciliación entre todos los cubanos, los que viven en la Isla y los que se hallan en otras partes, no ahorrando esfuerzos concilia­dores que permitan ampliar siempre el trabajo caritativo de la Iglesia en la promoción humana del pueblo. ¨
Nota del blogguista.
¿ Qué precio ha pagado la Iglesia para que la tiranía cubana le otorgue pequeñas concesiones que fueron realmente derechos arrebatados ?
La Iglesia cubana, y en particular su jerarquía, tendrán que responder en un futuro a la Historia , al pueblo de Dios y a nuestro Señor por su actuar en este casi medio siglo. Han sido pocos los que ante el ¨ ¿ Quo Vadis ? ¨ de nuestro Señor han rectificado su actuar y han retomado su misión, que como bien les apunto Juan Pablo II Magno a todos los obispos cubanos en su visita Ad Limina, a las fuentes de nuestra fe, que la Cruz forma parte del camino de Cristo y de sus discípulos. Veamos:

http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/2001/documents
/hf_jp-ii_spe_20010706_ad-limina-cuba_sp.html

En 4 se lee.

¨ Ustedes son bien conscientes de su responsabilidad de transmitir el mensaje de Cristo como "verdaderos y auténticos maestros de la fe, pontífices y pastores" (Christus Dominus, 2). Este mensaje ha de ser proclamado en toda su integri­dad y belleza, sin dejar de lado sus exigencias y teniendo presente que la cruz forma parte del camino de Cristo y del que recorren sus discípu­los. Guiados por el único Maestro que tiene "palabras de vida eterna" (Lc 6, 68) los hombres y mujeres de Cuba han de saber encontrar un sentido renovado y trascendente para sus vidas, acogiendo el amor divino y viendo cómo se abren ante ellos tantas posibilidades de realización personal y social. ¨

y en 6 se lee :

¨En todo el mundo los derechos humanos son un proyecto aún no perfectamente llevado a la práctica, pero no por eso se debe renunciar al propósito decidido y serio de respetarlos, pues provienen de la especial dignidad del hombre, como ser creado por Dios a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26). Cuando la Iglesia se ocupa de la dignidad de la persona y de sus derechos inalienables, no hace más que velar para que el hombre no sea dañado o degradado en ninguno de sus derechos por otros hombres, por sus autorida­des o por autoridades ajenas. Así lo reclama la justicia que la Iglesia promueve en las relaciones entre los hombres y los pueblos. En nombre de esa justicia dije claramente en su País que las medidas económicas restrictivas impuestas desde el exterior eran "injustas y éticamente inaceptables" (Discurso de despedida 25.1.1998, 4) Y lo siguen siendo aún. Pero con esa misma claridad quiero recordar que el hombre ha sido creado libre y, al defender esa libertad, la Iglesia lo hace en nombre de Jesús, que vino a liberar la persona de toda clase de opresión.

Cuando Ustedes, como Obispos católicos de Cuba, reclaman justicia, libertad o mayor solidaridad, no pretenden desafiar a nadie, sino que cumplen su misión, propiciando para el pueblo cubano una vida sólidamente basada en la verdad sobre el hombre. Por ello, les animo a continuar en el trabajo paciente en favor de la justicia, de la verdadera libertad de los hijos de Dios y de la reconciliación entre todos los cubanos, los que viven en la Isla y los que se hallan en otras partes, no ahorrando esfuerzos concilia­dores que permitan ampliar siempre el trabajo caritativo de la Iglesia en la promoción humana del pueblo. ¨

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 Tomado de https://www.panamaamerica.com.pa/

¿Cuáles son los objetivos de la jerarquía católica cubana? (I)

Por Manuel Castro Rodríguez

Publicado: 27/6/2010

El 30/7/1953, cuatro días después de que Fidel Castro asaltara el cuartel Moncada, el arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Enrique Pérez Serantes, le pidió garantías al jefe militar para ir a buscar a los asaltantes que habían logrado escapar, “con el nobilísimo fin de que depongan las armas y vuelvan a la normalidad”. El 3/1/1959, dos días después de producirse el triunfo revolucionario, monseñor Pérez Serantes alertó mediante una circular arzobispal: “Queremos y esperamos una república netamente democrática, en la que todos los ciudadanos puedan disfrutar con plenitud la riqueza de los derechos humanos”.

Las tensas relaciones Iglesia-castrismo alcanzaron su clímax el 17/9/ 1961, cuando el Obispo Auxiliar de La Habana y otros ciento treinta sacerdotes fueron expulsados de Cuba por disentir de la incipiente tiranía.

Desde la realización del Encuentro Nacional Eclesiástico Cubano en 1986, se observa un cambio en la actitud de la jerarquía católica: prácticamente se limitó a reprocharle al castrismo que había institucionalizado el ateísmo, promovido el derecho al aborto y obstaculizado las celebraciones religiosas, y buscó insertarse en la sociedad totalitaria. Una de las honrosas excepciones fue monseñor Pedro Meurice Estío, arzobispo de Santiago de Cuba desde 1970 hasta 2007.

Monseñor Meurice dijo en la homilía que pronunció el 24/1/1998, dirigiéndose a Juan Pablo II: “Deseo presentar en esta Eucaristía a todos aquellos cubanos y santiagueros que no encuentran sentido a sus vidas, que no han podido optar y desarrollar un proyecto de vida (…) Le presento, además, a unos cubanos que han confundido la Patria con un partido, la Nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura con una ideología”.

Un año después, monseñor Meurice declaró: “Mientras el pueblo sufra alguna injusticia o limitación, por pequeña que sea, la Iglesia debe hacer de esas necesidades y dolores de su pueblo un punto cardinal del contenido de sus relaciones con el Estado. De lo contrario, la Iglesia solo reclamaría lo que pudiera ser considerado como sus derechos institucionales o concernientes a su vida interna, pero, para los seguidores de Jesucristo, estas demandas nunca pueden estar separadas de los derechos de la gente”.

Hace nueve años, el 6/7/2001, Juan Pablo II les dijo a los obispos de Cuba en visita ‘ad limina’: “Me complace saber que desde entonces han mejorado algunas cosas de particular valor para Ustedes como son, por ejemplo, la recuperación de la fiesta de la Navidad, la posibilidad de realizar algunas procesiones -que forman parte de la rica piedad popular-, una mayor participación de los católicos en la vida del País (…) Hay, sin embargo, otros aspectos que aún no han obtenido un resultado satisfactorio (…) quiero recordar que el hombre ha sido creado libre y, al defender esa libertad, la Iglesia lo hace en nombre de Jesús, que vino a liberar la persona de toda clase de opresión (…) Cuando Ustedes, como Obispos católicos de Cuba, reclaman justicia, libertad o mayor solidaridad, no pretenden desafiar a nadie, sino que cumplen su misión (…)

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Tomado de https://www.panamaamerica.com.pa/

Punto de Vista ¿Cuáles son los objetivos de la jerarquía católica cubana? (II)

Por Manuel Castro Rodríguez

Publicado: 04/7/2010

Escribo el 23/6/2010, cuando Oswaldo Payá -Coordinador del Movimiento Cristiano Liberación y Premio Sájarov del Parlamento Europeo-, declaró: “tampoco es justo con el pueblo de Cuba, ni con la fiel y sufrida Iglesia en Cuba, que es parte de pueblo, que algunos pastores acepten el papel de ser interlocutores únicos del gobierno aquí en Cuba, aceptando y practicando así la condición de exclusión que impone el propio gobierno, en el momento en que los cubanos queremos cambios con transparencia, derechos y que se le respete al pueblo lo que es del pueblo: la libertad. Esa que Dios da y que nadie puede quitarnos”.

Miles de cubanos han perdido la vida porque no se resignaron a carecer de libertad. El último fue el preso de conciencia Orlando Zapata Tamayo, a quien el régimen dejó morir el 23/2/2010, después de una huelga de hambre que duró 85 días. En varias oportunidades las Damas de Blanco fueron arrastradas, golpeadas y retenidas (http://www.youtube.com/watch?v=BikTMfYr0Xs&feature=related)

Todo esto provocó el repudio internacional, unos cincuenta mil ciudadanos de todo el mundo firmaron una carta abierta ‘Por la libertad de los presos políticos cubanos’ (http://orlandozapatatamayo.blogspot.com/) y amplios sectores de la izquierda condenaron a la gerontocracia estalinista cubana.

El castrismo estaba contra las cuerdas, necesitaba ganar tiempo y disminuir el rechazo internacional; acudió a la jerarquía católica: Raúl Castro se reunió con el cardenal Jaime Ortega el 19/5/2010. De los doscientos opositores pacíficos encarcelados, sólo se ha logrado la liberación condicional de Ariel Sigler -está paralizado de la cintura hacia abajo-, y casi desapareció la presión internacional. Hace treinta y dos años se efectuó un diálogo entre el castrismo y la comunidad cubana en el exterior: se obtuvo la liberación de ¡tres mil seiscientos presos políticos!

Del 16 al 19 de junio se celebró la X Semana Social Católica, con el objetivo de promover el diálogo entre los cubanos. “Los invitados y delegados son laicos que trabajan en la Pastoral de sus respectivas diócesis”, declaró Orlando Márquez, portavoz del arzobispado de La Habana. No explicó porqué participaron varios especialistas de las instituciones oficiales gubernamentales, pero ni uno solo de los católicos residentes en la patria que disienten públicamente del castrismo. ¿Qué tipo de diálogo promueve la jerarquía católica?

La Organización Mundial Contra la Tortura le envió una carta abierta a Raúl Castro en que “manifiesta de nuevo (…) que estas deplorables condiciones de detención y la ausencia de una atención médica adecuada en las cárceles cubanas constituyen un ejemplo de tratos crueles, inhumanos y degradantes”. ¿Por qué la jerarquía católica cubana no ha constituido algo similar a la Vicaría de la Solidaridad creada en Chile durante la dictadura de Pinochet, que documentaba e informaba de las violaciones de los derechos humanos que ocurrían durante el régimen militar chileno?

Juan Pablo II expresó en su homilía realizada en Santiago de Cuba: “La Iglesia está llamada a dar su testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y proféticas ante la corrupción del poder político o económico”. ¿Las asumirá la jerarquía católica cubana?


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