martes, mayo 06, 2025

Dagoberto Valdés Hernández: EL MITO DE LAS MASAS. LA OPINIÓN PÚBLICA

 
Tomado de https://centroconvivencia.org/

EL MITO DE LAS MASAS

Por Dagoberto Valdés Hernández

Mayo 5, 2025

He escuchado en estos días, después del primero de mayo, a personas que expresan su decepción por aquello de que “van muchas personas a marchar estando la situación tan crítica, sin tener que comer, ni agua, ni corriente, ni medicamentos…”. Visto así puede ser desalentador, yo prefiero mirar a la profundidad del hecho para que no nos penetre un mensaje ilusorio.

Comencemos diciendo que en los países donde se ha impuesto un régimen totalitario, es decir, que controla todas las instituciones, los centros de trabajo, las escuelas, y hasta la vida misma de los ciudadanos, hay creados unos mecanismos de presión, de chantaje, que no solo coaccionan a una gran parte de la población, sino que las amenaza con perder el trabajo y con perder la carrera universitaria o posiciones ventajosas en la sociedad. Es verdad que lo ideal sería no ceder al chantaje, no doblegarse ante las presiones, pero no todo el mundo tiene vocación de mártir civil o incruento.

Sin embargo, también es verdad que, para el nivel de control total sobre los centros de trabajo, estudio, instituciones burocráticas, barrios y personas, el porciento de los que van a desfilar es mucho menor que la población activa y consciente. Solo se necesitaría, para darnos cuenta de la proporción mínima, calcular el total de la población cubana y la cantidad de personas que desfilan, incluso teniendo en cuenta las abultadas cifras oficiales.

Solo un ejemplo: la población de La Habana oficialmente es de dos millones, 156 mil, 350 habitantes, según estimado de 2024, y según cifras oficiales desfilaron unos 600 mil habaneros, lo que significaría solo el 27,8% de la población de la capital, siempre considerando que los cálculos de participantes son los del régimen. No llega ni a un tercio de los habitantes de La Habana. Si eso fuera un referendo libre, evidentemente se podría considerar que ni la mitad de la población, ni siquiera la tercera parte, apoya al sistema. Pero estos son solo cálculos aritméticos aproximados y difusos. Otra cosa sería medir la opinión del pueblo cubano en cada cola, en cada esquina, en cada apagón, en cada hospital de Cuba. Todos sabemos cuál sería el resultado.

El mito de las masas

Profundizando en el análisis, podríamos considerar otra forma de abordar este fenómeno de los desfiles que tanto desánimo y frustración produce. Se trata de uno de los mitos más alimentados por el régimen: el mito de las masas.

Comencemos por recordar lo que significa la palabra “mito”. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua (RAE), mito es una: “Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Historia ficticia que encarna algún aspecto universal de la condición humana”. Y la RAE fija como sinónimos de mito: “fábula, leyenda, ficción, quimera, invención, cuento”. El Diccionario digital de Conceptos define que “Un mito es un relato tradicional, sagrado, dotado de carácter simbólico, que narra como si fueran reales, acontecimientos extraordinarios y trascendentes”.

En este sentido podemos afirmar que las revoluciones, en todos los tiempos y geografías, han construidos sus propios mitos. Uno de ellos es “el mito de las masas” que es el relato ficticio y fuera del tiempo histórico, que narra como si fuera real que las masas tienen pensamiento y voluntad propios, y son las que protagonizan acontecimientos extraordinarios y heroicos.

La historia y la experiencia de muchos pueblos demuestran que esto no es más que un mito, un relato construido para apoyar el protagonismo y el poder de un pequeño grupo. Podemos poner algunos ejemplos:

Las masas enardecidas que recibieron a Jesucristo en su entrada en Jerusalén aquel primer Domingo de Ramos fueron las mismas que al viernes siguiente vociferaban: crucifícalo, crucifícalo. Mientras que la verdadera trama la tejían las autoridades civiles y religiosas usando a las masas como presión y apoyo. Las masas sin criterio y sin voluntad propia son las mismas que un día apoyan a Cristo y otro día apoyan a Pilato. El mismo Jesús lamenta la vaciedad y lo variable de su pueblo cuando dice: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que son enviados a ti! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como junta la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! ¡Miren cuán desolada queda la casa de ustedes!” (Mateo 23, 37-38).

Una de las enseñanzas de este pasaje para Cuba hoy es que: con las masas no se construye la unidad de los pueblos. Es educando sus conciencias, enseñándoles a pensar y construyendo consensos de mínimos en la pluralidad, cómo se puede alcanzar la unidad respetando la diversidad de roles de la sociedad civil.

Otro ejemplo, más reciente: En los últimos momentos antes de la caída del régimen de Nicolae Ceausescu en Rumanía, todos recordamos las imágenes de aquella plaza en la que la masa, veleidosa y tornadiza, se congregaba para aplaudirlo. Dios quiera que en Cuba no suceda ni como en Jerusalén ni como en Rumanía, porque la actitud de las masas ha sido históricamente voluble. Masa no es pueblo. Masa no es comunidad. La nación es la comunidad de personas libres y responsables. Eso queremos que sea Cuba: una nación libre y soberana, unida en la diversidad.

La opinión pública

Por mucho que la propaganda repita hasta la saciedad que la situación es otra, todos los que vivimos en Cuba sabemos cuál es la realidad. Por mucho que organicen desfiles y actos de masas, todos los cubanos, incluidos los que van al desfile y los que lo organizan, sabemos perfectamente cómo está la situación en Cuba y en qué etapa terminal está la crisis sistémica en que vivimos o sobrevivimos. La masa es a la propaganda lo que la opinión pública es a la realidad. Masa y propaganda son volubles y cambian en un día. La opinión pública y la realidad son tozudas y llevan tiempo y trabajo perseverante para cambiarlas.

No en vano respondió el Padre Félix Varela a esa pregunta que desanima y paraliza: “…a los que siempre andan diciendo: ¿Quién le pone el cascabel al gato? ¿Es preciso ponérselo? …Fórmese la opinión y basta… y perciba todo el mundo que los ánimos están de acuerdo y entonces… ¡Gato escaldado, del agua fría huye!” (Varela, F. “El Habanero” II, 239).

En Cuba hoy, todo el mundo percibe la realidad que estamos viviendo. Los ánimos de los cubanos de hoy no están para creer en mitos sino para transformar las realidades.

Los mitos caen cuando la realidad se impone. Y cuando los mitos caen, los ánimos se levantan.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

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Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).

Ingeniero agrónomo. Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.

Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.

Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.

Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2007.

Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.

Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.

Reside en Pinar del Río.

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ErnestoMiami

31 de mayo, 2025

¿Por qué Marchan en Cuba? La farsa que el régimen NO quiere que veas

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Al Rojo Vivo

1 de mayo, 2025

Gobierno cubano celebra el Primero de Mayo en medio de apagones y escasez de alimentos

Mario J. Pentón

Mato 3, 2025

Los mejores momentos del 1 de Mayo en Cuba ¡Prepárate para reírte!

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Nota del Bloguista del Bloh Baracutey Cubano

Recientemente Dagoberto obtuvo el grado de Doctor por una universidad  en España.

Tomado de https://centroconvivencia.org/

Palabras del Director de Tesis Doctoral de Dagoberto Valdés Hernández. Madrid, 21 de enero de 2025

Por Dr. José Ángel Agejas

Con la venia del tribunal

Agradezco al presidente la oportunidad que me brinda de tomar la palabra en primer lugar para comentar, como director de la tesis que el doctorando Don Dagoberto Valdés Hernández acaba de exponernos, con el título: “Fundamentos antropológicos y filosóficos en la obra de José Martí: un proyecto humanista para la sanación del daño antropológico y la reconstrucción de Cuba”. Estimo oportuno destacar algunas cuestiones relativas a su trabajo que, a mi juicio, ayudan a comprender algo mejor el marco teórico y vital del que surge esta investigación, el alcance de sus logros y las posibles limitaciones que hayan podido descubrir en ella.

Ha sido un honor para mí dirigir y acompañar a don Dagoberto en su minucioso, exigente y riguroso trabajo de lectura y análisis de la obra de José Martí. Cuando don Dagoberto se dirigió a mí para solicitar mi acompañamiento en estos años de trabajo, he de reconocer que me sorprendieron dos cosas que veo muy oportuno destacar aquí: la primera relacionada con su capacidad de trabajo y formación, era su humildad, una virtud esencial en el genuino trabajo intelectual que se disponía a emprender. No hacía alarde ni de su elevada preparación ni de su dilatada experiencia. Y la segunda, más directamente vinculada con el tema de la tesis, era su amplia experiencia en el conocimiento de las cuestiones sociopolíticas muy especialmente en su amada Cuba natal.

Además, creo que es de justicia mencionar el especial esfuerzo que para don Dagoberto ha supuesto mantener la disciplina de trabajo científico y académico en las particulares condiciones que atraviesa la sociedad cubana y que, si bien todos conocemos en abstracto, se convierten en un auténtico y sorprendente viacrucis cuando uno concierta una reunión online y le cortan o bien el suministro eléctrico, o bien el acceso a Internet… O cuando es llamado una y otra vez por las autoridades policiales para que dé minuciosa cuenta de sus encuentros con estudiosos o activistas de la diáspora cubanadurante los viajes de estudios a España o a otros países del entorno norteamericano.

Como el tribunal ya conoce por la documentación que aportó el doctorando para la defensa de su tesis, junto a su amplia formación intelectual que comprende su ingeniería, master en ciencias sociales, es de justicia señalar los diversos premios internacionales por su trabajo en pro de la justicia, la paz y la convivencia. Al mismo tiempo, destacan en este sentido su más de 20 años en el think tank actualmente denominado Centro de Estudios Convivencia (CEC) heredero y continuador del extinto Centro de Formación Cívica y Religiosa.

Su investigación ha supuesto, además, un claro desarrollo de la labor científica en el marco del espíritu y misión de la Universidad Francisco de Vitoria donde el diálogo entre fe y razón permite el desarrollo de una ciencia abierta en la que las relaciones efectivas entre los marcos teóricos y hermenéuticos de las distintas ciencias superan el bloqueo y reduccionismo ideológicos para acercarse al conocimiento tanto de la obra de José Martí como de la realidad social cubana, con la narrativa propia de quien busca comprender para promover la dignidad de la persona y el bien común.

La recuperación de la obra del padre de la patria cubana y la fecundidad real y nada ideológica de su pensamiento es uno de los méritos que me gustaría destacar de este trabajo a la luz de estas claves epistemológicas.

Otro de los méritos de esta tesis es la coherencia, unidad y sistematicidad con los que la madurez intelectual del doctorando ha elaborado un itinerario de lectura de la obra de José Martí rico en proyección y matices al tiempo que plenamente coherente con el autor, su formación, su biografía y sus intenciones, lejos de manipulaciones sectarias o ideológicas.

Me permito destacar, por último, el esfuerzo de síntesis clarificadora que en la tesis ha llevado a cabo de un pensamiento que puede dar lugar a prolijos desarrollos y ensayos que, estoy convencido, serán uno de los frutos en la prospectiva de ese trabajo, pero que por rigor debían quedar en este momento, precisamente, esbozados como líneas o prospectivas de investigación y difusión para el futuro.

Lejos de la comodidad por lo ya alcanzado, su espíritu de trabajo destaca en las incontables actividades del mencionado Centro de Estudios y, particularmente, en los análisis semanales que publica acercando ese diálogo entre ciencia, razón y fe, para comprender mejor el día a día de su país. Baste apuntar aquí, por ejemplo, su columna de este pasado lunes (20 de enero) acerca de las excarcelaciones de presos políticos y las claves que ofrece para comprenderlas y valorarlas adecuadamente. El daño antropológico, la propuesta humanista y el vínculo con el día a día a los que alude el título de la tesis, tienen en estas columnas semanales un claro ejemplo de fecundidad y desarrollo.

Y en esta línea no puedo dejar de señalar algo nada casual. Precisamente hoy, hace 27 años, iniciaba Juan Pablo II la primera visita de un Papa a Cuba. En las palabras de despedida, en el aeropuerto de La Habana, el Pontífice señaló: “Antes de abandonar esta capital, quiero decir un emocionado adiós a todos los hijos de este País: (…), confiando en que continuarán conservando y promoviendo los valores más genuinos del alma cubana que, fiel a la herencia de sus mayores, ha de saber mostrar, aun en medio de las dificultades, su confianza en Dios, su fe cristiana, su vinculación a la Iglesia, su amor a la cultura y las tradiciones patrias, su vocación de justicia y de libertad. En ese proceso, todos los cubanos están llamados a contribuir al bien común, en un clima de respeto mutuo y con profundo sentido de la solidaridad”. Como puede fácilmente comprobarse, el trabajo de esta tesis engarza perfectamente con aquella invitación del Papa Magno de mantener la fidelidad a la herencia recibida y promover los valores más genuinos del alma cubana y alentar el trabajo en pro del bien común.

A este tribunal compete valorar realmente los méritos y logros del trabajo del doctorando. Las limitaciones y fallos del mismo son consecuencia no buscada de la poca pericia de este director. Aprovecho la oportunidad para agradecer, una vez más, a este tribunal su trabajo y atención, y al doctorando la confianza depositada en mí.

Muchas gracias.

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lunes, junio 03, 2024

Dagoberto Valdés Hernández desde Cuba: 30 AÑOS HACIENDO REVISTAS

 Tomado de https://centroconvivencia.org

30 AÑOS HACIENDO REVISTAS


Por Dagoberto Valdés Hernández *

3 de junio, 2024

El primer número de la revista Vitral salió a las calles de Pinar del Río el 3 de junio de 1994. Hoy se cumplen 30 años. Había sido pensada, acunada, y diseñada sobre papeles de reciclaje, en la sala de mi casa en la calle de Sol 50-G por un grupo de laicos que, con mucha ilusión, la presentamos a la consideración del Obispo Siro en el Obispado un atardecer del mes de mayo de 1994. Incluía mucho riesgo, provocaba miedo, incertidumbre, sacrificio, pero también pasión, afán, reto. Encendía el fervor interior que provoca ser apóstoles de la verdad. Desde aquel llamado “período especial” en los años 90 hasta esta etapa terminal que vivimos hoy, Dios ha estado con nosotros. No tengo la menor duda. Todos aquellos sentimientos, negativos y positivos, se han incrementado hoy. Crear y mantener un proyecto editorial independiente en Cuba durante tres largas y agónicas décadas no es tarea fácil.

Debemos dar gracias a Dios y también a muchas personas que, desde el principio hasta hoy, han colaborado fiel y sacrificadamente en este proyecto único en su fin y diverso en sus formas: escritores, artistas, editores, diseñadores, correctores, mecanógrafos, distribuidores en las parroquias, pueblos y universidades, mensajeros en bicicletas, operadores de las fotocopiadoras, empaginadores a mano, revisores hoja por hoja, presilladores, los que pegaban el lomo, los que hacían los paquetes, las secretarias de redacción, las secretarias de la Conferencia de Obispos, de los obispados de toda Cuba, de las parroquias desde Mantua en Pinar hasta Baracoa en Guantánamo. Gracias a los suscriptores en toda Cuba, que contribuían, si podían, con 12 pesos cubanos al año, dos por cada revista bimestral, gracias a su apoyo llegamos a imprimir 12 mil ejemplares de 60 páginas cada dos meses, sin fallar ni una sola vez.

(Cumpleaños de Estela  donde se ven a algunos de los fundadores y fundadoras: María del Garmen Gort, Dagoberto Valdés, Pedro Pablo Mejías, Roberto, Minet Valle y al fondo Elsa; la monja de la foto no se me parece a Sor Ligia, que era la monja más activa en la revista Vitral, que escribía, si mal no recuerdo, en la Sección Justicia y Paz; a Sor Ligia, que era colombiana,  por su activismo  en la revista y en la comunidad de El Cangre, donde llevaba a cabo la doctrina social de la Iglesia, el régimen cubano no le renovó la visa y tuvo que irse de Cuba, de la cual partió llorando; muy pocos años después falleció. Las fotos y comentarios fueron añadidos al cuerpo del artículo por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Es indispensable agradecer, para siempre, el patrocinio, el entusiasmo, la protección, el ánimo y la total confianza que depositó siempre en su director, en el consejo de redacción y en su digno asesor el entonces Padre Manolo de Céspedes, quien fuera el padre y pastor incansable, valiente y entregado, de la Diócesis de Pinar del Río y de su revista Vitral, el venerable VI obispo de Pinar del Río, Monseñor José Siro González Bacallao, a quien Dios tiene en la gloria, y que ojalá la Iglesia comience rápidamente su proceso de canonización para oficializar lo que es: un santo.

Hicimos una encuesta en Vitral y arrojó que cada revista era compartida, prestada o regalada a un promedio de 5 personas que no estaban suscritas. Todavía hoy hay colecciones completas de los primeros 78 números de Vitral, algunas de ellas encuadernadas en piel, como una que vi, personalmente, en Ciudad de México, preservada amorosamente en la vitrina de una biblioteca privada. Otras humildemente cuidadas en el viejo escaparate de una abuela que las relee y se las enseña a sus nietos como una reliquia. Cada vez, esas colecciones, tendrán más valor testimonial.

(Dagoberto Valdés con el Papa Juan Pablo II; hoy San Juan Pablo II, en diferentes momentos; en una de las fotos  le entrega al Papa  un número de la revista Vitral))

Estuvimos durante 13 años puntualmente, sin fallar una, cada dos meses, siendo fieles a este servicio. Damos gracias a Dios y a todos los que trabajaron, arriesgaron y sacrificaron. Yo ofrezco aquellos 10 años y un mes en que fui castigado a trabajar en un tractor con una carreta recogiendo yaguas. Soy y seré siempre yagüero, fueron los mejores 10 años de mi vida, gran parte de ellos, con un pie en las yaguas y otro pie en los salones de Justicia y Paz del Vaticano, gracias a Dios y a Vitral.

(Foto del  año 2004 en el aniversario 10 de la revista Vitral: Dagoberto Valdés junto al autor del primer libro sobre Polo Montañez, el cual fue publicado por Ediciones Vitral, y presentado  en  una actividad en la Casa Nuestra Señora del Loreto; anteriormente el autor  había ido  a una entidad oficialista para buscar la posibilidad de la publicación del libro, la cual le negaron..  Para la presentación, donde se develó una estatua del cantautor hecha con Papel Marché,  fueron invitados algunos  familiares de Polo Montañez, los cuales  estuvieron de acuerdo en ir, pero esa noche no asistieron pese a que la transportación de ellos estaba garantizada ... )

Damos gracias también por Ediciones Vitral en la que publicamos más de 40 libros y monográficos, fruto del Concurso Literario anual. Entre ellos publicamos un libro histórico dado por extraviado, “Instituciones de Filosofía Ecléctica Editadas para el Uso de la Juventud Estudiosa. Tomo II. Metafísica”, del Padre Félix Varela. Obra escrita y publicada, por primera vez, en 1812 en la Tipografía Antonio Gil de La Habana, que se dio por perdida durante casi un siglo y cuyo original, en latín, fue encontrado, por el Dr. Amauri B. Carbón Sierra, encuadernado junto con el Tomo I, en la Biblioteca de la Universidad de La Habana. Ediciones Vitral fue la única editorial de Cuba que aceptó la reedición del hallazgo de esta obra de Varela y lo hizo en su colección Huellas en 2006 con una cuidada edición bilingüe (latín y español) y facsimilar. Una joya de Ediciones Vitral que marca la cumbre de su servicio editorial que incluyó la revista infantil Meñique, la revista literaria DeLiras y varios boletines especializados en economía, educación e informática. Todo lo publicado en papel, revistas y libros, también estuvo recopilado y publicado en un sitio web www.vitral.org que ha desaparecido de la red con todo esa riqueza creadora.

(Foto del 2004: Uno de los colaboradores de la revista Vitral  va por el Obispado de Pinar del Río a despedirse del equipo de Vitral antes de partir para el Exilio) 

Sin embargo, el día del equinoccio de primavera, 21 de marzo de 2007, la nueva autoridad eclesiástica de la diócesis de Pinar del Río, a la que pertenecían el centro de formación y la revista sociocultural, decidió intervenir la revista Vitral con el propósito de cambiar su perfil editorial, junto con la extinción del Centro de Formación Cívica y Religiosa, fundado desde el 29 de enero de 1993. El último número de esa etapa fue Vitral 78, marzo-abril 2007, año XIII. El equipo de laicos que fundó y dirigió Vitral decidió no marcharse de la Iglesia, ni de Cuba, y darse un año sabático para discernir qué hacer para ser fieles a su compromiso cristiano en Cuba.

Seis meses después nacía el proyecto Convivencia, el 15 de octubre de 2007 en la significativa fiesta de Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia, mística y poetisa del Siglo de Oro español. Ese día dimos continuidad a la formación cívica cada martes en la sala de la casa de la familia Toledo López. Cuatro meses después, el 15 de febrero de 2008 era publicada, en un nuevo sitio web, la revista Convivencia: www.centroconvivencia.org. Aquí podrán encontrarse tanto la colección completa de Convivencia, como los números del 1 al 78 de Vitral que, por cierto, en otra decisión incomprensible, fueron borrados como se puede comprobar en su actual sitio web, pero recuperados en HTML en el sitio web de Convivencia.

(En la foto Monseñor José Siro González Bacallao y a su lado Dagoberto Valdés; delante y agachado Ernesto Ortiz quien  tuvo un gran desempeño en la labor de edición de la revista  hasta que partió para España; dada la calidad de la foto no distingo si la persona que está a su lado es Yenia, quien se ocupó durante mucho tiempo  del diseño de la revista)

De esta forma, el Centro de Estudios Convivencia y su revista sociocultural Convivencia son herencia y continuidad del Centro de Formación Cívica y Religiosa y su revista Vitral. Hoy arribamos a los 30 años continuos de este servicio a la verdad y a “la libertad de la luz”. Convivencia superó con creces los números de aquella Vitral, ya estamos preparando el número 100 para julio-agosto de 2024, pero hemos mantenido fielmente: el perfil editorial, el lenguaje, la inspiración cristiana, el respeto a la persona y al bien común, y su transparencia audaz y serena. Comparto la felicidad del deber cumplido, durante 30 años, con todos los colaboradores y patrocinadores que hoy están aquí, allá, o en el Cielo.

Desde aquel 3 de junio de 1994, ambas publicaciones forman un único proyecto, un mismo propósito, tienen una misma mística y pretenden un mismo fin: servir al pueblo cubano con la verdad. Aunque las modalidades y las circunstancias hayan cambiado. Ahora somos independientes del Estado y de las estructuras pastorales de la Iglesia. Y, como siempre, también ahora lo hacemos desde la fe cristiana, siendo miembros fieles de la Iglesia católica, y permaneciendo en la Isla, aunque siempre, antes y ahora, abiertos y en colaboración y convivencia con el pulmón de la Diáspora, hasta donde debe llegar también la gratitud por su apoyo y colaboraciones literarias y artísticas.

Al cumplir 30 años de este compromiso quiero, en el plano personal, dar gracias a Dios por la inspiración, la fuerza interior y la perseverancia, que solo vienen de Él. Y también quiero dar gracias a la comunidad eclesial, gracias a nuestros hermanos, que siempre han apoyado durante estas tres décadas y que forman, como este servidor, parte del laicado comprometido de la Iglesia.

Y debo, quiero y deseo, dar gracias también a esa parte de la Iglesia que, aunque con decisiones escritas en renglones a veces incomprensibles, me ha ayudado a ensanchar los horizontes de mi compromiso cristiano más allá del servicio intraeclesial en el que estuve imbuido desde mi niñez, cuando correteaba en las galerías del Obispado y era monaguillo en la Catedral, pasando por múltiples compromisos eclesiales, hasta el 21 de marzo de 2007, providencialmente el inicio de la primavera, signo de vida nueva. Fui casi toda mi vida, gracias a Dios, un hombre del mundo entregado al trabajo en el corazón de la Iglesia, desde la base hasta su cúpula. Ahora, gracias a aquella inescrutable decisión y, sobre todo, gracias a los insondables designios de Dios, he logrado ser un hombre de Iglesia en el corazón del mundo, de Cuba, de sus dos pulmones, a la intemperie, sin paraguas humanos, pero en las Manos de Dios, cobijado en el corazón de Cristo y acurrucado en el regazo de su Madre que en Cuba se llama Virgen María de la Caridad.

Por todo ello, por ambas etapas, por toda mi vida, y aún por lo que vendrá y desconozco, doy gracias a Dios y me entrego totalmente a Él en la construcción de Su Reino aquí y ahora. Todo lo que he podido hacer y haré, ha sido, es y será con ese fin, desde la fe y la esperanza. Estoy convencido, y confío sin reservas, que, como dijo otro santo obispo cubano, Monseñor Adolfo Rodríguez Herrera: “mañana, antes que salga el sol, habrá salido, sobre Cuba y sobre el mundo entero la Providencia de Dios”.

Gracias Señor, por estos 30 años haciendo revistas y ofreciendo educación ética y cívica.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

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* Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).

Promoción 1980  o Grupo de Graduación de Dagoberto Valdés Hernández  como Ingeniero Agrónomo

Ingeniero agrónomo. Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.

Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.

Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.

Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2007.

Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.

Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.

Reside en Pinar del Río.

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 VIII Aniversario revista Vitral. Palabras del Obispo José Siro González Bacallao


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Año 2000: VI Aniversario revista Vitral. Opiniones  de Pedro Pablo Arencibia  y de Humberto Bomnín

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2003: IX Aniversario revista Vitral. Dagoberto Valdés y José Prats Sariol



2003: IX Aniversario de la revista Vitral. Palabras de Pedro Pablo Arencibia en el año de ola represiva conocida como la Primavera Negra de Cuba

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Este texto fue publicado en la revista Vitral No. 61. Los textos en itálicas corresponden a los títulos de los editoriales de la revista Vitral; los números que están entre paréntesis  corresponden al número de la revista.


Vitral, diez años después

Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso
 

Las siguientes palabras de reconocimiento y admiración hacia nuestra querida Vitral fueron escritas sobre la base de los sesenta títulos de los editoriales que Vitral ha publicado en estos diez años de arduo y perseverante trabajo; trabajo con imperfecciones, como toda obra humana, pero lleno de esperanzas y amor.


Vitral, la revista del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa de la Diócesis de Pinar del Río, es un ejemplo de publicación socio-cultural que vincula armónicamente Cultura y religión(44) y ha sido en sus DIEZ años de existencia un Espacio y proyecto (7) fundamentado en La fuerza de lo pequeño (8) que Buscando la verdad en carne viva(6) nos ha traído a muchos La Libertad de la Luz (1), pues nos ha enseñado que con el No a la violencia(3) y con Moderación y diálogo(13) podemos pasar De la Confrontación al consenso(43) y de ahí, a la Convivencia y tolerancia (9) para así llegar, sin recelos ni ánimos de revanchas disfrazadas de justicia, a Una gran alegría para todo el pueblo(22), a esa otra y constante Navidad: fiesta de utopías(4) , fiesta del pueblo (28) y Celebración pública(16) en la que nos sentiremos nuevamente hermanos en el Amor, que es sentirnos hermanos en Cristo, en esa (al decir de nuestro Apóstol) fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas que será nuestra Patria. Vitral, en todos estos años de su existir, siempre ha sido fiel a la doctrina de Paz de la Iglesia; Vitral siempre nos ha invitado, nos invita y estoy seguro que nos seguirá invitando, a que No cerremos la puerta a la esperanza(5) y a Celebrar entre todos la convivencia pacífica(52) .


Vitral durante estos DIEZ años (¡nada fáciles!) nos ha enseñado: que debemos Vivir en la verdad(18), que No sólo de pan vive el hombre(10), que Sin trabajo no hay país (12) y que tenemos El derecho a un nivel de vida digno (47) y a usar y disfrutar de El Transporte(51) sin una agónica espera ; que hay que tener en cuenta El agua y la luz (15) y que le debemos decir No a la cultura del individualismo (11) y No a la pena de muerte (45) y sí a La cultura de la vida (30), considerando la Cultura: ¿ajiaco o caldosa(14)? Confianza y espacio para crear (37) y a La Educación, el derecho de elegir cómo ser (24).


Vitral nos ha ilustrado, durante esta década de su existir, de que debemos vivir Atentos a los signos de los tiempos (19), pues Todo pasa (50) pero sin perder de vista que si bien La causa de Dios es la causa del Hombre (21), debemos Ser protagonistas de nuestra propia Historia (29) haciendo uso de la Responsabilidad para que no se apague la esperanza(26) y para que no prevalezcan El desorden social(48), La corrupción(59) y La violencia cotidiana(60); Vitral ha sembrado en nosotros la seguridad de que en algún momento de nuestra historia patria Las puertas se abrirán (40) Hacia la Reconciliación Nacional(32) dando paso a La libertad de conciencia(42) , La libertad de expresión(25) , La magnanimidad(38) y a La solución pacífica de los conflictos(41) , dejando atrás al Inmovilismo, callejón sin salida(31), y llevando a las Relaciones Iglesia y Estado(20) a como deben ser: normales y fluidas, pues ambas instituciones tienen al hombre como objeto y sujeto de su actuar.

(Portada  de la revista Vitral No. 61)

Aquellos que: Creemos en un solo Dios(39), en La Virgen de la Caridad y la Patria(27) ; los que consideramos como una bendición de Dios La visita del Papa a Cuba(17) y que Cuba después de la visita(23) no fue la misma; los que creemos que aún estando en medio de esta realidad debemos en Cuba: vivir en tránsito(36), estamos totalmente convencidos que el Abrir las puertas a la redención(34) personal nos traerá (en estos tiempos tan cercanos al Centenario de la República de Cuba(49) ) La libertad(57) para todos (y no para algunos o para la mayoría) así como nuevos y grandes Desafíos y esperanzas(35) pues Las Escrituras ya lo han dicho: «y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8, 32). Vitral, por medio de sus editoriales y otras secciones, nos ha presentado magistralmente esa única Verdad inculturada en nuestro contexto social actual e histórico.


Vitral ha esclarecido posiciones y conceptos cuando ha habido Una confusión lamentable(54) o cuando se ha tenido que abordar el tema de Cuba y las relaciones internacionales(33) en ocasión de una importante reunión internacional en el país; también Vitral, ante la ignorancia, la duda o la incertidumbre, ha respondido con claridad meridiana las preguntas: Navidad en Cuba ¿Apertura o aislamiento?(46) y ¿Hacia dónde va la Iglesia en Pinar del Río?(53). De igual modo, Vitral en estos dos lustros nos ha llamado y alertado a meditar seriamente sobre nuestro existir al preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo con nuestra vida?(58) para que no desaprovechemos este preciado don de Dios. Por último, Vitral, con lenguaje claro y sencillo, sin utilizar recursos del, tan de moda, lenguaje apocalíptico, ha trasmitido una advertencia llena de proverbial sabiduría: Quien cierra el paso al cambio en paz, abre la puerta a la violencia(55).


Para que todo no sean lisonjas y complacencias hacia la admirada homenajeada, retomo las palabras del editorial del segundo aniversario: «Nadie presta mayor servicio a Vitral que quienes más la critican» y señaló que en sus editoriales Irse del país, solución o problema(2) y La emigración(56) así como en otros artículos en los que se ha abordado esencialmente el tema migratorio, se ha obviado, muy probablemente por mesura y no por desconocimiento, el ideario y las posiciones que asumió el mayor de todos los cubanos ante ese hecho y dilema; se ha obviado a aquel que con mucho más que un poco de luz en la frente expresó: «prefiero ser extranjero en otras patrias a serlo en la mía». La esencia y presencia de ese legado martiano en dichos editoriales no sólo nos habrian ayudado a esclarecer algunas causas sino también a comprender que hay personas que aunque se van del país no lo abandonan, ni huyen, ni escapan del mismo. También en esos editoriales se han obviado la constitución apostólica Exsul Familia y el mensaje de navidad de 1952, ambos del Papa Pío XII, así como la encíclica Pacem in Terris, específicamente su párrafo 25, del Papa Juan XXIII, documentos en los cuales la Iglesia reconoce el derecho a emigrar del país aún cuando esa emigración sea producida por causas económicas, que no es el caso cubano, por no cumplir la emigración cubana con las características generales que la literatura científica especializada, la biodemográfica, le asigna a dicho tipo de migraciones. Hasta aquí mi servicio a la trascendente Vitral, revista de temas cubanos que hoy solamente cede, a mi modesto entender, ante la singular Encuentro*, aunque reconozco que los objetivos y lectores a los que ambas están dirigidas no son los mismos.


Finalmente para concluir quiero expresar: ¡ Gracias y Felicidades Vitral! por cumplir tu promesa fundacional de ser «palabra y cauce, resonancia y espejo…a cuantos tengan sed de comunicación, reflexión y diálogos, sin distingos de colores ni empobrecedores filtros para la luz» ** ; ¡ Gracias y Felicidades Vitral!, por haber sido la Puerta de Luz que me dio fuerzas para recorrer durante estos siete años y medio, el oscuro túnel de la muerte incruenta. Muerte civil que me privó de ganar el sustento familiar y grados científicos y de darle a mi pueblo, los mejores y más maduros frutos de mi vida profesional y académica. Vitral, tú has sido la Puerta; ¿ la Luz ? : ¡Tú, mi Señor !.


¡MUCHAS GRACIAS!

Pedro Pablo Arencibia Cardoso

Nota: 

* Me refiero a la revista Encuentro de la Cultura Cubana, editada en Madrid y cuyo fundador, ya fallecido, fue el destacado intelectual cubano Jesús Díaz.
** Editorial « La libertad de la luz» año 1.no 1. mayo-junio. 1994

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Video: Pinareños en la Casa Bacardí.  Presentación del libro Apuntes para la Historia de Pinar del Río, del historiador Wilfredo Denie Valdés, publicado por Ediciones Convivencia.

 

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jueves, agosto 11, 2022

Zoé Valdés sobre Felipe VI y Simón Bolivar ante el hecho que el Rey Felipe VI fue abucheado durante la toma de posesión de Gustavo Petro como Presidente de Colombia. La opinión del comunista Carlos Marx sobre Simón Bolivar

 Tomado de https://zoepost.com/mi-rey/

Mi  Rey

Rey Felipe VI de España, Jefe del Estado Español

Por Zoé Valdés.

09/08/2022

Leo lo siguiente “durante la toma de posesión de Gustavo Petro como mandatario, el monarca español fue abucheado“… Seguramente fue abucheado por la masa de ignorantes allí presentes.

“El rey Felipe VI de España ha quedado en el centro de la polémica por protagonizar lo que ha sido considerado como un gesto irrespetuoso durante los actos protocolares de la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia, Gustavo Petro.” Continúa la nota de Agencias.

Bien, debo aclarar lo siguiente, tal como lo escribe Carmen Postigo Silva en su Facebook, a lo que adhiero:

“El 15 de junio de 1813 Simón Bolivar firmó el “Decreto de la Guerra a Muerte, Españoles y canarios, contad con la muerte…”

Ordenó el asesinato de miles de prisioneros nacidos en España, entre los que más de un tercio eran canarios. Sacaron a los presos de las prisiones, a los enfermos de sus camas y los llevaron al paredón.

En la Guaira, Caracas y Valencia los presos estuvieron durante un año y medio hacinados entre sus propias heces. Los que no murieron, fueron asesinados en las plazas de estas ciudades y fueron matados a machetazos y a pedradas. (D. Madrid).

Como para que el rey de España se levante al paso de la espada de este asesino…”

“El domingo pasado, en el masivo acto realizado en Bogotá, el monarca no se levantó de su silla cuando los efectivos de Casa Militar y custodios de la espada de Simón Bolívar, símbolo de la independencia de Colombia y otros países latinoamericanos, pasaron frente a él para colocarla en un espacio de la tarima donde Petro ofreció su primer discurso como mandatario.” No puede ser símbolo de independencia quien se negó a independizar a Haití y a Cuba, por racista.

El episodio se hubiera ahorrado si el Rey de España, Felipe VI, no hubiera asistido a esa toma de posesión, que es la toma de posesión de un narcoguerrillero terrorista; pero desdichadamente allá fue, como no quedaba otro remedio, a cumplir con su misión de Rey de España. Mi Rey. Gracias, Su Majestad, por haberse dignado a no erguirse ni a postrarse frente a un símbolo del crimen.

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Intereconomiatube
Marzo 17, 2017

En el espacio  Tiempos Modernos el empresario e investigador de origen colombiano, Pol Victoria, nos acompaña para hablar sobre la negra verdad sobre Simón Bolívar




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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

 Carlos Marx en su carta a Federico Engels de fecha 14 de febrero de 1858 se refirió a Simón Bolívar como el "canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque", . En esa misma carta, Marx afirmó que Bolívar era un mito de la fantasía popular: "La fuerza creadora de los mitos, característica de la fantasía popular, en todas las épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres. El ejemplo más notable de este tipo es, sin duda, el de Simón Bolívar".

En el extenso artículo de Carlos Marx titulado ´Bolivar y Ponte¨, publicado en el tomo III de The New American Cyclopedia y escrito en enero de 1858, aparecen sustentadas esas opiniones del socialista alemán sobre Simón Bolivar.

Hago la importante observación de que al independizarse de sus respectivas Metrópolis, las repúblicas sudamericanas eran más ricas que las Trece Colonias de Norteamérica. Al independizarse las repúblicas sudamericanas fueron escenarios de guerras civiles más sangrientas y destructoras que sus guerras de independencias. No pocos de sus antiguos libertadores se convirtieron en dictaduras, enseñoreándose sobre sus pueblos. Recordemos una de  las críticas de José Martí sobre el caudillismo.

¨... O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, - o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos. ¡ Para ajustar en la paz y en la equidad los intereses y derechos de los habitantes leales de Cuba trabajamos, y no para erigir, a la boca del continente, de la república, la mayordomía espantada de Veintimilla, o la hacienda sangrienta de Rosas, o el Paraguay lúgubre de Francia !¨
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BOLÍVAR Y PONTE

Por Carlos Marx
( escrito en 1858)

BOLÍVAR Y PONTE, Simón, el "Libertador" de Colombia, nació el 24 de julio de 1783 en Caracas y murió en San Pedro, cerca de Santa Marta, el 17 de diciembre de 1830. Descendía de una de las familias mantuanas, que en la época de la dominación española constituían la nobleza criolla en Venezuela. Con arreglo a la costumbre de los americanos acaudalados de la época, se le envió Europa a la temprana edad de 14 años. De España pasó Francia y residió por espacio de algunos años en París. En 1802 se casó en Madrid y regresó a Venezuela, donde su esposa falleció repentinamente de fiebre amarilla. Luego de este suceso se trasladó por segunda vez a Europa y asistió en 1804 a la coronación de Napoleón como emperador, hallándose presente, asimismo, cuando Bonaparte se ciñó la corona de hierro de Lombardía. En 1809 volvió a su patria y, pese a las instancias de su primo José Félix Ribas, rehusó adherirse a la revolución que estalló en Caracas el 19 de abril de 1810. Pero, con posterioridad a ese acontecimiento, aceptó la misión de ir a Londres para comprar armas y gestionar la protección del gobierno británico. El marqués de Wellesley, a la sazón ministro de relaciones exteriores, en apariencia le dio buena acogida. pero Bolívar no obtuvo más que la autorización de exportar armas abonándolas al contado y pagando fuertes derechos. A su regreso de Londres se retiró a la vida privada, nuevarnente, hasta que en setiembre de 1811 el general Miranda, por entonces comandante en jefe de las fuerzas rectas de mar y tierra, lo persuadió de que aceptara el rango de teniente coronel en el estado mayor y el mando de Puerto Cabello, la principal plaza fuerte de Venezuela.

Cuando los prisioneros de guerra españoles, que Miranda enviaba regularmente a Puerto Cabello para mantenerlos encerrados en la ciudadela, lograron atacar por sorpresa la guardia y la dominaron, apoderándose de la ciudadela, Bolívar, aunque los españoles estaban desarmados, mientras que él disponía de una fuerte guarnición y de un gran arsenal, se embarcó precipitadamente por la noche con ocho de sus oficiales, sin poner al tanto de lo ocurría ni a sus propias tropas, arribó al amanecer a Guaira y se retiró a su hacienda de San Mateo. Cuando la guarnición se enteró de la huida de su comandante, abandonó en buen orden la plaza, a la que ocupa de inmediato los españoles al mando de Monteverde. Este acontecimiento inclinó la balanza a favor de España y forzó a Miranda a suscribir, el 26 de julio de 1812, por encargo del congreso, el tratado de La Victoria, que sometió nuevamente a Venezuela al dominio español. El 30 de julio llegó Miranda a La Guaira, con la intención embarcarse en una nave inglesa. Mientras visitaba al coronel Manuel María Casas, comandante de la plaza, se encontró con un grupo numeroso, en el que se contaban don Miguel Peña y Simón Bolívar, que lo convencieron de que se quedara, por lo menos úna noche, en la residencia de Casas. A las dos de la madrugada, encontrándose Miranda profundamente dormido, Casas, Peña y Bolívar se introdujeron en su habitación con cuatro soldados armados, se apoderaron precavidamente de su espada y su pistola, lo despertaron y con rudeza le ordenaron que se levantara y vistiera, tras lo cual lo engrillaron y entregaron a Monteverde. El jefe español lo remitió a Cádiz, donde Miranda, encadenado, murió después de varios años de cautiverio. Ese acto, para cuya justificación se recurrió al pretexto de que Miranda había traicionado a su país la capitulación de La Victoria, valió a Bolívar el especial favor de Monteverde, a tal punto que cuando el primero le solicitó su pasaporte, el jefe español declaró: "Debe satisfacerse el pedido del coronel Bolívar, como recompensa al servicio prestado al rey de España con laentrega de Miranda".

Se autorizó así a Bolívar a que se embarcara con destino a Curazao, donde permaneció seis semanas. En compañía de su primo Ribas se trasladó luego a la pequeña república de Cartagena. Ya antes de su arribo habían huido a Cartagena gran cantidad de soldados, ex combatientes a las órdenes del general Miranda. Ribas les propuso emprender una expedición contra los españoles en Venezuela y reconocer a Bolívar como comandante en jefe. La primera propuesta recibió una acogida entusiasta; la segunda fue resistida, aunque finalmente accedieron, a condición de que Ribas fuera el lugarteniente de Bolívar. Manuel Rodríguez Torices, el presidente de la república de Cartagena, agregó a los 300 soldados así reclutados para Bolívar otros 500 hombres al mando de su primo Manuel Castillo. La expedición partió a comienzos de enero de 1813. Habiéndose producido rozamientos entre Bolívar y Castillo respecto a quién tenía el mando supremo, el segundo se retiró súbitamente con sus granaderos. Bolívar, por su parte, propuso seguir el ejemplo de Castillo y regresar a Cartagena, pero al final Ribas pudo persuadirlo de que al menos prosiguiera en su ruta hasta Bogotá, en donde a la sazón tenía su sede el Congreso de Nueva Granada. Fueron allí muy bien acogidos, se les apoyó de mil maneras y el congreso los ascendió al rango de generales. Luego de dividir su pequeño ejército en dos columnas, marcharon por distintos caminos hacia Caracas. Cuanto más avanzaban, tanto más refuerzos recibían; los crueles excesos de los españoles hacían las veces, en todas partes, de reclutadores para el ejército independentista. La capacidad de resistencia de los españoles estaba quebrantada, de un lado porque las tres cuartas partes de su ejército se componían de nativos, que en cada encuentro se pasaban al enemigo; del otro debido a la cobardía de generales tales como Tízcar, Cajigal y Fierro, que a la menor oportunidad abandonaban a sus propias tropas. De tal suerte ocurrió que Santiago Mariño, un joven sin formación, logró expulsar de las provincias de Cumaná y Barcelona a los españoles, al mismo tiempo que Bolívar ganaba terreno en las provincias occidentales. La única resistencia seria la opusieron los españoles a la columna de Ribas, quien no obstante derrotó al general Monteverde en Los Taguanes y lo obligó a encerrarse en Puerto Cabello el resto de sus tropas.

Cuando el gobernador de Caracas, general Fierro, tuvo noticias de que se acercaba Bolívar, le envió parlamentarios para ofrecerle una capitulación, la que se firmó en La Victoria. Pero Fierro, invadido por un pánico repentino y sin aguardar el regreso de sus propios emisarios, huyó secretamente por la noche y dejó a más de 1.500 españoles librados a la merced del enemigo. A Bolívar se le tributó entonces una entrada apoteótica. De pie, en un carro de triunfo, al que arrastraban doce damiselas vestidas de blanco y ataviadas con los colores nacionales, elegidas todas ellas entre las mejores familias caraqueñas, Bolívar, la cabeza descubierta y agitando un bastoncillo en la mano, fue llevado en una media hora desde la entrada la ciudad hasta su residencia. Se proclamó "Dictador y Libertador de las Provincias Occidentales de Venezuela" --Mariño había adoptado el título de "Dictador de las Provincias Orientales"--, creó la "Orden del Libertador", formó un cuerpo de tropas escogidas a las que denominó guardia de corps y se rodeó de la pompa propia de una corte. Pero, como la mayoría de sus compatriotas, era incapaz de todo esfuerzo de largo aliento y su dictadura degeneró pronto en una anarquía militar, en la cual asuntos más importantes quedaban en manos de favoritos que arruinaban las finanzas públicas y luego recurrían a medios odiosos para reorganizarlas. De este modo el novel entusiasmo popular se transformó en descontento, y las dispersas fuerzas del enemigo dispusieron de tiempo para rehacerse. Mientras que a comienzos de agosto de 1813 Monteverde estaba encerrado en la fortalede Puerto Cabello y al ejército español sólo le quedaba una angosta faja de tierra en el noroeste de Venezuela, apenas tres meses después el Libertador había perdido su prestigio y Caracas se hallaba amenazada por la súbita aparición en sus cercanías de los españoles victoriosos, al mando de Boves. Para fortalecer su poder tambaleante Bolívar reunió, el 1de enero de 1814, una junta constituida por los vecinos caraqueños más influyentes y les manifestó que no deseaba soportar más tiempo el fardo de la dictadura. Hurtado de Mendoza, por su parte, fundamentó en un prolongado discurso "la necesidad de que el poder supremo se mantuviese en las manos del general Bolívar hasta que el Congreso de Nueva Granada pudiera reunirse y Venezuela unificarse bajo un solo gobierno". Se aprobó esta propuesta y, de tal modo, la dictadura recibió una sanción legal.

Durante algún tiempo se prosiguió la guerra contra los españoles, bajo la forma de escaramuzas, sin que ninguno de los contrincantes obtuviera ventajas decisivas. En junio de 1814 Boves, tras concentrar sus tropas, marchó de Calabozo hasta La Puerta, donde los dos dictadores, Bolívar y Mariño, habían combinado sus fuerzas. Boves las encontró allí y ordenó a sus unidades que las atacaran sin dilación. Tras una breve resistencia, Bolívar huyó a Caracas, mientras que Mariño se escabullía hacia Cumaná. Puerto Cabello y Valencia cayeron en las manos de Boves, que destacó dos columnas (una de ellas al mando del coronel González) rumbo a Caracas, por distintas rutas. Ribas intentó en vano contener el avance de González. Luego de la rendición de Caracas a este jefe, Bolívar evacuó a La Guaira, ordenó a los barcos surtos en el puerto que zarparan para Cumaná y se retiró con el resto de sus tropas hacia Barcelona. Tras la derrota que Boves infligió a los insurrectos en Arguita, el 8 de agosto de 1814, Bolívar abandonó furtivamente a sus tropas, esa misma noche, para dirigirse apresuradamente y por atajos hacia Cumaná, donde pese a las airadas protestas de Ribas se embarcó de inmediato en el "Bianchi", junto con Mariño y otros oficiales. Si Ribas, Páez y los demás generales hubieran seguido a los dictadores en su fuga, todo se habría perdido. Tratados como desertores a su arribo a Juan Griego, isla Margarita, por el general Arismendi, quien les exigió que partieran, levaron anclas nuevamente hacia Carúpano, donde, habiéndolos recibido de manera análoga el coronel Bermúdez, se hicieron a la mar rumbo a Cartagena. Allí a fin de cohonestar su huida, publicaron una memoria de justificación, henchida de frases altisonantes.

Habiéndose sumado Bolívar a una conspiración para derrocar al gobierno de Cartagena, tuvo que abandonar esa pequeña república y seguir viaje hacia Tunja, donde etaba reunido el Congreso de la República Federal de Nueva Granada. La provincia de Cundinamarca, en ese entonces, estaba a la cabeza de las provincias independientes que se negaban a suscribir el acuerdo federal neogranadino, mientras que Quito, Pasto, Santa Marta y otras provincias todavía se hallaban en manos de los españoles. Bolívar, que llegó el 22 de noviembre de 1814 a Tunja, designado por el congreso comandante en jefe de las fuerzas armadas federales y recibió la doble misión de obligar al presidente de la provincia de Cundinamarca a reconociera la autoridad del congreso y de marchar luego sobre Santa Marta, el único puerto de mar fortificado granadino aún en manos de los españoles. No presentó dificultades el cumplimiento del primer cometido, puesto que Bogotá, la capital de la provincia desafecta, carecía de fortificaciones. Aunque la ciudad había capitulado, Bolívar permitió a sus soldados que durante 48 horas la saquearan. En Santa Marta el general español Montalvo, disponía tan sólo de una débil guarnición de 200 hombres y de una plaza fuerte en pésimas condiciones defensivas, tenía apalabrado ya un barco francés para asegurar su propia huida; los vecinos, por su parte, enviaron un mensaje a Bolívar participándole que, no bien apareciera, abrirían las puertas de la ciudad y expulsarían a la guarnición. Pero en vez de marchar contra los españoles de Santa Marta, tal como se lo había ordenado el congreso, Bolívar se dejó arrastrar por su encono contra Castillo, el comandante de Cartagena, y actuando por su propia cuenta condujo sus tropas contra esta última ciudad, parte integral de la República Federal. Rechazado, acampó en Popa, un cerro situado aproximadamente a tiro de cañon de Cartagena. Por toda batería emplazó un pequeño cañón, contra una fortaleza artillada con unas 80 piezas. Pasó luego del asedio al bloqueo, que duró hasta comienzos de mayo, sin más resultado que la disminución de sus efectivos, por deserción o enfermedad, de 2.400 a 700 hombres. En el ínterin una gran expedición española comandada por el general Morillo y procedente de Cádiz había arribado a la isla Margarita, el 25 de marzo de 1815. Morillo destacó de inmediato poderosos refuerzos a Santa Marta y poco después sus fuerzas se adueñaron de Cartagena. Previamente, empero, el 10 de mayo 1815, Bolívar se había embarcado con una docena de oficiales en un bergantín artillado, de bandera británica, rumbo a Jamaica. Una vez llegado a este punto de refugio publicó una nueva proclama, en la que se presentaba como la víctima de alguna facción o enemigo secreto y defendía su fuga ante los españoles como si se tratara una renuncia al mando, efectuada en aras de la paz pública.

Durante su estadía de ocho meses en Kingston, los genrales que había dejado en Venezuela y el general Arismendi en la isla Margarita presentaron una tenaz resistencia las armas españolas. Pero después que Ribas, a quién Bolívar debía su renombre, cayera fusilado por los españoles tras la toma de Maturín, ocupó su lugar un hombre de condiciones militares aun más relevantes. No pudiendo desempeñar, por su calidad de extranjero, un papel autónomo en la revolución sudamericana, este hombre decidió entrar al servicio de Bolívar. Se trataba de Luis Brion. Para prestar auxilios a los revolucionarios se había hecho a la mar en Londres, rumbo a Cartagena, con una corbeta de 24 cañones, equipada en gran parte a sus propias expensas y cargada con 14.000 fusiles y una gran cantidad de otros pertrechos. Habiendo llegado demasiado tarde y no pudiendo ser útil a los rebeldes, puso proa hacia Cayos, en Haití, adonde muchos emigrados patriotas habían huido tras la capitulación de Cartagena. Entretanto Bolívar se había trasladado también a Puerto Príncipe donde, a cambio de su promesa de liberar a los esclavos, el presidente haitiano Pétion le ofreció un cuantioso apoyo material para una nueva expedición contra los españoles de Venezuela. En Los Cayos se encontró con Brion y los otros emigrados y en una junta general se propuso a sí mismo como jefe de la nueva expedición, bajo la condición de que, hasta la convocatoria de un cóngreso general, él reuniría en sus manos los poderes civil y militar. Habiendo aceptado la mayoría esa condición, los expedicionarios se hicieron a la mar el 16 de abril de 1816 con Bolívar como comandante y Brion en calidad de almirante. En Margarita, Bolívar logró ganar para su causa a Arismendi, el comandante de la isla, quien había rechazado a los españoles a tal punto que a éstos sólo les restaba un único punto de apoyo, Pampatar. Con la formal promesa de Bolívar de convocar un congreso nacional en Venezuela no bien se hubiera hecho dueño del país, Arismendi hizo reunir una junta en la catedral de Villa del Norte y proclamó públicamente a Bolívar jefe supremo de las repúblicas de Venezuela y Nueva Granada. El 31 de mayo de 1816 desembarcó Bolívar en Carúpano, pero no se atrevió a impedir que Mariño y Piar se apartaran de él y efectuaran, por su propia cuenta, una campaña contra Cumaná. Debilitado por esta separación y siguiendo los consejos de Brion se hizo a la vela rumbo a Ocumare [de la Costa], adonde arribó el 3 de julio de 1816 con 13 barcos, de los cuales sólo 7 estaban artillados. Su ejército se componía tan sólo de 650 hombres, que aumentaron a 800 por el reclutamiento de negros, cuya liberación había proclamado. En Ocumare difundió un nuevo manifiesto, en el que prometía "exterminar a los tiranos" y "convocar al pueblo para que designe sus diputados al congreso. Al avanzar en dirección a Valencia, se topó, no lejos de Ocumare, con el general español Morales, a la cabeza de unos 200 soldados y 100 milicianos. Cuando los cazadores de Morales dispersaron la vanguardia de Bolívar, éste, según un testigo ocular, perdió "toda presencia de ánimo y sin pronunciar palabra, en un santiamén volvió grupas y huyó a rienda suelta hacia Ocumare, atravesó el pueblo a toda carrera, llegó a la bahía cercana, saltó del caballo, se introdujo en un bote y subió a bordo del « Diana», dando orden a toda la escuadra de que lo siguiera a la pequeña isla de Bonaire y dejando a todos sus compañeros privados del menor auxilio". Los reproches y exhortaciones de Brion lo indujeron a reunirse a los demás jefes en la costa de Cumaná; no obstante, como lo recibieron inamistosamente y Piar lo amenazó con someterlo a un consejo de guerra por deserción y cobardía, sin tardanza volvió a partir rumbo a Los Cayos. Tras meses y meses de esfuerzos, Brion logró finalmente persuadir a la mayoría de los jefes militares venezolanos -que sentían la necesidad de que hubiera un centro, aunque simplemente fuese nominal- de que llamaran una vez más a Bolívar como comandante en jefe, bajo la condición expresa de que convocaría al congreso y no se inmiscuiría en la administración civil. El 31 de diciembre de 1816 Bolívar arribó a Barcelona con las armas, municiones y pertrechos proporcionados por Pétion. El 2 de enero de 1817 se le sumó Arismendi, y el día 4 Bolívar proclamó la ley marcial y anunció que todos los poderes estaban en sus manos. Pero 5 días después Arismendi sufrió un descalabro en una emboscada que le tendieran los españoles, y el dictador huyó a Barcelona. Las tropas se concentraron nuevamente en esa localidad, adonde Brion le envió tanto armas como nuevos refuerzos, de tal suerte que pronto Bolívar dispuso de una nueva fuerza de 1.100 hombres. El 5 de abril los españoles tomaron la ciudad de Barcelona, y las tropas de los patriotas se replegaron hacia la Casa de la Misericordia, un edificio sito en las afueras. Por orden de Bolívar se cavaron algunas trincheras, pero de manera inapropiada para defender contra un ataque serio una guarnición de 1.000 hombres. Bolívar abandonó la posición en la noche del 5 de abril, tras comunicar al coronel Freites, en quien delegó el mando, que buscaría tropas de refresco y volvería a la brevedad. Freites rechazó un ofrecimiento de capitulación, confiado en la promesa, y después del asalto fue degollado por los españoles, al igual que toda la guarnición.

Piar, un hombre de color, originario de Curazao, concibió y puso en práctica la conquista de la Guayana, a cuyo efecto el almirante Brion lo apoyó con sus cañoneras. El 20 de julio, ya liberado de los españoles todo el territorio, Piar, Brion, Zea, Mariño, Arismendi y otros convocaron en Angostura un congreso de las provincias y pusieron al frente del Ejecutivo un triunvirato; Brion, que detestaba a Piar y se interesaba profundamente por Bolívar, ya que en el éxito del mismo había puesto en juego su gran fortuna personal, logró que se designase al último como miembro del triunvirato, pese a que no se hallaba presente. Al enterarse de ello Bolívar, abandonó su refugio y se presentó en Angostura, donde, alentado por Brion, disolvió el congreso y el triunvirato y los remplazó por un "Consejo Supremo de la Nación", del que se nombró jefe, mientras que Brion y Francisco Antonio Zea quedaron al frente, el primero de la sección militar y el segundo de la sección política. Sin embargo Piar, el conquistador de Guayana, que otrora había amenazado con someter a Bolívar ante un consejo de guerra por deserción, no escatimaba sarcasmos contra el "Napoleón de las retiradas", y Bolívar aprobó por ello un plan para eliminarlo. Bajo las falsas imputaciones de haber conspirado contra los blancos, atentado contra la vida de Bolívar y aspirado al poder supremo, Piar fue llevado ante un consejo de guerra presidido por Brion y, condenado a muerte, se le fusiló el 16 de octubre de 1817. Su muerte llenó a Mariño de pavor. Plenamente consciente de su propia insignificancia al hallarse privado del concurso de Piar, Mariño, en una carta abyectísima, calumnió públicamente a su amigo victimado, se dolió de su propia rivalidad con el Libertador y apeló a la inagotable magnanimidad de Bolívar.

La conquista de la Guayana por Piar había dado un vuelco total a la situación, en favor de los patriotas, pues esta provincia sola les proporcionaba más recursos que las otras siete provincias venezolanas juntas. De ahí que todo el mundo confiara en que la nueva campaña anunciada por Bolívar en una flamante proclama conduciría a la expulsión définitiva de los españoles. Ese primer boletín, según el cual unas pequeñas partidas españolas que forrajeaban al retirarse de Calabozo eran "ejércitos que huían ante núestras tropas victoriosas", no tenía por objetivo disipar tales esperanzas. Para hacer frente a 4.000 españoles, que Morillo aún no había podido concentrar, disponía Bolívar de más de 9.000 hombres, bien armados y equipados, abundantemente provistos con todo lo necesario para la guerra. No obstante, a fines de mayo de 1818 Bolívar había perdido unas doce batallas y todas las provincias situadas al norte del Orinoco. Como dispersaba sus fuerzas, numéricamente superiores, éstas siempre eran batidas por separado. Bolívar dejó la dirección de la guerra en manos de Páez y sus demás subordinados y se retiró a Angostura. A una defección seguía la otra, y todo parecía encaminarse a un descalabro total. En ese momento extremadamente crítico, una conjunción de sucesos afortunados modificó nuevamente el curso de las cosas. En Angostura Bolívar encontró a Santander, natural de Nueva Granada, quien le solicitó elementos para una invasión a ese territorio, ya que la población local estaba pronta para alzarse en masa contra los españoles. Bolívar satisfizo hasta cierto punto esa petición. En el ínterin, llegó de Inglaterra una fuerte ayuda bajo la forma de hombres, buques y municiones, y oficiales ingleses, franceses, alemanes y polacos afluyeron de todas partes a Angostura. Finalmente, el doctor [Juan] Germán Roscio, consternado por la estrella declinante de la revolución sudamericana, hizo su entrada en escena, logró el valimiento de Bolívar y lo indujo a convocar, para el 15 de febrero de 1819, un congreso nacional, cuya sola mención demostró ser suficientemente poderosa para poner en pie un nuevo ejército de aproxi madamente 14.000 hombres, con lo cual Bolívar pudo pasar nuevamente a la ofensiva.

Los oficiales extranjeros le aconsejaron diera a entender que proyectaba un ataque contra Caracas para liberar a Venezuela del yugo español, induciendo así a Morillo a retirar sus fuerzas de Nueva Granada y concentrarlas para la defensa de aquel país, tras lo cual Bolívar debía volverse súbitamente hacia el oeste, unirse a las guerrillas de Santander y marchar sobre Bogotá. Para ejecutar ese plan, Bolívar salió el 24 de febrero de 1819 de Angostura, después de designar a Zea presidente del congreso y vicepresidente de la república durante su ausencia. Gracias a las maniobras de Páez, los revolucionarios batieron a Morillo y La Torre en Achaguas, y los habrían aniquilado completamente si Bolívar hubiese sumado sus tropas a las de Páez y Mariño. De todos modos, las victorias de Páez dieron por resultado la ocupación de la provincia de Barinas, quedando expedita así la ruta hacia Nueva Granada. Como aquí todo estaba preparado por Santander, las tropas extranjeras, compuestas fundamentalmente por ingleses, decidieron el destino de Nueva Granada merced a las victorias sucesivas alcanzadas el 1 y 23 de julio y el 7 de agosto en la provincia de Tunja. El 12 de agosto Bolívar entró triunfalmente a Bogotá, mientras que los españoles, contra los cuales se habían sublevado todas las provincias de Nueva Granada, se atrincheraban en la ciudad fortificada de Mompós.

Luego de dejar en funciones al congreso granadino y al general Santander como comandante en jefe Bolívar marchó hacia Pamplona, donde paso mas de dos meses en festejos y saraos. El 3 de noviembre llego a Mantecal, Venezuela, punto que había fijado a los jefes patriotas para que se le reunieran con sus tropas Con un tesoro de unos 2.000.000 de dólares, obtenidos de los habitantes de Nueva Granada mediante contribuciones forzosas, y disponiendo de una fuerza de aproximadamente 9.000 hombres, un tercio de los cuales eran ingleses, irlandeses, hanoverianos y otros extranjeros bien disciplinados, Bolívar debía hacer frente a un enemigo privado de toda clase de recursos, cuyos efectivos se reducían a 4.500 hombres, las dos terceras partes de los cuales, además, eran nativos y mal podían, por ende, inspirar confianza a los españoles. Habiéndose retirado Morillo de San Fernando de Apure en dirección a San Carlos, Bolívar lo persiguió hasta Calabozo, de modo que ambos estados mayores, enemigos se encontraban apenas a dos días de marcha el uno del otro. Si Bolívar hubiese avanzado con resolución, sus solas tropas europeas habrían bastado para aniquilar a los españoles. Pero prefirió prolongar la guerra cinco años más.

En octubre de 1819 el congreso de Angostura había forzado a renunciar a Zea, designado por Bolívar, y elegido en su lugar a Arismendi. No bien recibió esta noticia, Bolívar marchó con su legión extranjera sobre Angostura, tomó desprevenido a Arismendi, cuya fuerza se reducia a 600 nativos, lo deportó a la isla Margarita e invistió nuevamente a Zea en su cargo y dignidades. El doctor Roscio, que había fascinado a Bolívar con las perspectivas de un poder central, lo persuadió de que proclamara a Nueva Granada y Venezuela como "República de Colombia", promulgase una constitución para el nuevo estado --redactada por Roscio-- y permitiera la instalación de un congreso común para ambos países. El 20 de enero de 1820 Bolívar se encontraba de regreso en San Fernando de Apure. El súbito retiro de su legión extranjera, más temida por los españoles que un número diez veces mayor de colombianos, brindó a Morillo una nueva oportunidad de concentrar refuerzos. Por otra parte, la noticia de que una poderosa expedición a las órdenes de O'Donnell estaba a punto de partir de la Península, levantó los decaídos ánimos del partido español. A pesar de que disponía de fuerzas holgadamente superiores, Bolívar se las arregló para no conseguir nada durante la campaña de 1820. Entretanto llegó de Europa la noticia de que la revolución en la isla de León había puesto violento fin a la programada expedición de O'Donnell. En Nueva Granada, 15 de las 22 provincias se habían adherido al gobierno de Colombia, y a los españoles sólo les restaban la fortaleza de Cartagena y el istmo de Panamá. En Venezuela, 6 de las 8 provincias se sometieron a las leyes colombianas. Tal era el estado de cosas cuando Bolívar se dejó seducir por Morillo y entró con él en tratativas que tuvieron por resultado, el 25 de noviembre de 1820, la concertación del convenio de Trujillo, por el que se establecía una tregua de seis meses. En el acuerdo de armisticio no figuraba una sola mención siquiera a la Republica de Colombia, pese a que el congreso había prohibido, a texto expreso, la conclusión de ningún acuerdo con el jefe español si éste no reconocía previamente la independencia de la república.

El 17 de diciembre, Morillo, ansioso de desempeñar un papel en España, se embarcó en Puerto Cabello y delegó el mando supremo en Miguel de Latorre; el 10 de marzo de 1821 Bolívar escribió a Latorre participándole que las hostilidades se reiniciarían al término de un plazo de 30 días. Los españoles ocupaban una sólida posición en Carabobo, una aldea situada aproximadamente a mitad de camino entre San Carlos y Valencia; pero en vez de reunir allí todas sus fuerzas, Latorre sólo había concentrado su primera división, 2.500 infantes y unos 1.500 jinetes, mientras que Bolívar disponía aproximadamente de 6.000 infantes, entre ellos la legión británica, integrada por 1.100 hombres, y 3.000 llaneros a caballo bajo el mando de Páez. La posición del enemigo le pareció tan imponente a Bolívar, que propuso a su consejo de guerra la concertación de una nueva tregua, idea que, sin embargo, rechazaron sus subalternos. A la cabeza de una columna constituida fundamentalmente por la legión británica, Páez, siguiendo un atajo, envolvió el ala derecha del enemigo; ante la airosa ejecución de esa maniobra, Latorre fúe el primero de los españoles en huir a rienda suelta, no deteniéndose hasta llegar a Puerto Cabello, donde se encerró con el resto de sus tropas. Un rápido avance del ejército victorioso hubiera producido, inevitablemente, la rendición de Puerto Cabello, pero Bolívar perdió su tiempo haciéndose homenajear en Valencia y Caracas. El 21 de setiembre de 1821 la gran fortaleza de Cartagena capituló ante Santander. Los últimos hechos de armas en Venezuela --el combate naval de Maracaibo en agosto de 1823 y la forzada rendición de Puerto Cabello en julio de 1824-- fueron ambos la obra de Padilla. La revolución en la isla de León, que volvió imposible la partida de la expediúión de O'Donnell, y el concurso de la legión británica, habían volcado, evidentemente, la situación a favor de los colombianos.

El Congreso de Colombia inauguró sus sesiones en enero de 1821 en Cúcuta; el 30 de agosto promulgó la nueva constitución y, habiendo amenazado Bolívar una vez mas con renunciar, prorrogó los plenos poderes del Libertador. Una vez que éste hubo firmado la nueva carta constitucional, el congreso lo autorizó a emprender la campaña de Quito (1822), adonde se habían retirado los españoles tras ser desalojados del istmo de Panamá por un levantamiento general de la población. Esta campaña, que finalizó con la incorporación de Quito, Pasto y Guayaquil a Colombia, se efectuó bajo la dirección nominal de Bolívar y el general Sucre, pero los pocos éxitos alcanzados por el cuerpo de ejército se debieron íntegramente a los oficiales británicos, y en particular al coronel Sands. Durante las campañas contra los españoles en el Bajo y el Alto Peru --1823-1824-- Bolívar ya no consideró necesario representar el papel de comandante en jefe, sino que delegó en el general Sucre la conducción de la cosa militar y restringio sus actividades a las entradas triunfales, los manifiestos y la proclamación de constituciones. Mediante su guardia de corps colombiana manipuló las decisiones del Congreso de Lima, que el 10 de febrero de 1823 le encomendó la dictadura; gracias a un nuevo simulacro de renuncia, Bolívar se aseguró la reelección como presidente de Colombia. Mientras tanto su posición se había fortalecido, en parte con el reconocimiento oficial del nuevo estado por Inglaterra, en parte por la conquista de las provincias altoperuanas por Sucre, quién unificó a las últimas en una república independiente, la de Bolivia. En este país, sometido a las bayonetas de Sucre, Bolívar dio curso libre a sus tendencias al despotismo y proclamó el Código Boliviano, remedo del Code Napoleón. Proyectaba trasplantar ese código de Bolivia al Perú, y de éste a Colombia, y mantener a raya a los dos primeros estados por medio de tropas colombianas, y al último mediante la legión extranjera y soldados peruanos. Valiéndose de la violencia, pero también de la intriga, de hecho logró imponer, aunque tan sólo por unas pocas semanas, su código al Perú. Como presidente y libertador de Colombia, protector y dictador del Perú y padrino de Bolivia, había alcanzado la cúspide de su gloria. Pero en Colombia había surgido un serio antagonismo entre los centralistas, o bolivistas, y los federalistas, denominación esta última bajo la cual los enemigos de la anarquía militar se habían asociado a los rivales militares de Bolívar. Cuando el Congreso dé Colombia, a instancias de Bolívar, formuló una acusación contra Páez, vicepresidente de Venezuela, el último respondió con una revuelta abierta, la que contaba secretamente con el apoyo y aliento del propio Bolívar; éste, en efecto, necesitaba sublevaciones como pretexto para abolir la constitución y reimplantar la dictadura. A su regreso del Perú, Bolívar trajo además de su guardia de corps 1.800 soldados peruanos, presuntamente para combatir a los federalistas alzados. Pero al encontrarse con Páez en Puerto Cabello no sólo lo confirmó como máxima autoridad en Venezuela, no sólo proclamó la amnistía para los rebeldes, sino que tomó partido abiertamente por ellos y vituperó a los defensores de la constitución; el decreto del 23 de noviembre de 1826, promulgado en Bogotá, le concedió poderes dictatoriales.

En el año 1826, cuando su poder comenzaba a declinar, logro reunir un congreso en Panamá, con el objeto aparente de aprobar un nuevo código democrático internacional. Llegaron plenipotenciarios de Colombia, Brasil, La Plata, Bolivia, México, Guatemala, etc. La intención real de Bolívar era unificar a toda América del Sur en una república federal, cuyo dictador quería ser él mismo. Mientras daba así amplio vuelo a sus sueños de ligar medio mundo a su nombre, el poder efectivo se le escurría rápidamente de las manos. Las tropas colombiams destacadas en el Perú, al tener noticia de los preparativos que efectuaba Bolívar para introducir el Código Boliviano, desencadenaron una violenta insurrección. Los pruanos eligieron al general Lamar presidente de su república, ayudaron a los bolivianos a expulsar del país las tropas colombianas y emprendieron incluso una victoriosa guerra contra Colombia, finalizada por un tratado que redujo a este país a sus límites primitivos, estableció la igualdad de ambos países y separó las deudas públicas de uno y otro. La Convención de Ocaña, convocada por Bolívar para reformar la constitución de modo que su poder no encontrara trabas, se inauguró el 2 de marzo de 1828 con la lectura de un mensaje cuidadosamente redactado, en el que se realzaba la necesidad de otorgar nuevos poderes al ejecutivo. Habiéndose evidenciado, sin embargo, que el proyecto de reforma constitucional diferiría esencialmente del previsto en un principio, los amigos de Bolívar abandonaron la convención dejándola sin quórum, con lo cual las actividades de la asamblea tocaron a su fin. Bolívar, desde una casa de campo situada a algunas millas de Ocaña, publicó un nuevo manifiesto en el que pretendía estar irritado con los pasos dados por sus partidarios, pero al mismo tiempo atacaba al congreso, exhortaba a las provincias a que adoptaran medidas extraordinarias y se declaraba dispuesto a tomar sobre sí la carga del poder si ésta recaía en sus hombros. Bajo la presión de sus bayonetas, cabildos abiertos reunidos en Caracas, Cartagena y Bogotá, adonde se había trasladado Bolívar, lo invisteron nuevamente con los poderes dictatoriales. Una intentona de asesinarlo en su propio dormitorio en Bogotá, de la cual se salvó sólo porque saltó de un balcón en plena noche y permaneció agazapado bajo un puente, le permitió ejercer durante algún tiempo una especie de terror militar. Bolívar, sin embargo, se guardó de poner la mano sobre Santander, pese a que éste había participado en la conjura, mientras que hizo matar al general Padilla, cuya culpabilidad no había sido demostrada en absoluto, pero que por ser hombre de color no podía ofrecer resistencia alguna.

En 1829, la encarnizada lucha de las facciones desgarra ba a la república y Bolívar, en un nuevo llamado a la ciudadanía, la exhortó a expresar sin cortapisas sus deseos en lo tocante a posibles modificaciones de la constitución. Como respuesta a ese manifiesto, una asamblea de notables reunida en Caracas le reprochó públicamente su ambiciones, puso al descubierto las deficiencias de gobierno, proclamó la separación de Venezuela con respecto a Colombia y colocó al frente de la primera al general Páez. El Senado de Colombia respaldó a Bolivar, pero nuevas insurrecciones estallaron en diversos lugares. Tra haber dimitido por quinta vez, en enero de 1830 Bolívar aceptó de nuevo la presidencia y abandonó a Bogotá para guerrear contra Páez en nombre del congreso colombiano. A fines de marzo de 1830 avanzó a la cabeza de 8.000 hombres, tomó Caracuta, que se había sublevado, y se dirigió hacia la provincia de Maracaibo, donde Páez lo esperaba con 12.000 hombres en una fuerte posición. No bien Bolívar se enteró de que Páez proyectaba combatir seriamente, flaqueó su valor. Por un instante, incluso, pensó someterse a Páez y pronunciarse contra el congreso. Pero decreció el ascendiente de sus partidarios en ese cuerpo y Bolívar se vio obligado a presentar su dimision ya que se le dio a entender que esta vez tendría que atenerse a su palabra y que, a condición de que se retirara al extranjero, se le concedería una pensión anual. El 27 de abril de 1830, por consiguiente, presentó su renuncia ante el congreso. Con la esperanza, sin embargo, de recuperar el poder gracias a la influencia de sus adeptos, y debido a que se había iniciado un movimiento de reacción contra Joaquín. Mosquera, el nuevo presidente de Colombia, Bolívar fue postergando su partida de Bogotá y se las ingenió para prolongar su estada en San Pedro hasta fines de 1830, momento en que falleció repentinamente.

Ducoudray-Holstein nos ha dejado de Bolívar el siguiente retrato: "Simón Bolívar mide cinco pies y cuatro pulgadas de estatura, su rostro es enjunto, de mejilla hundidas, y su tez pardusca y lívida; los ojos, ni grandes ni pequeños, se hunden profundamente en las órbitas; su cabello es ralo. El bigote le da un aspecto sombrío y feroz, particularmente cuando se irrita. Todo su cuerpo es flaco y descarnado. Su aspecto es el de un hombre de 65 años Al caminar agita incesantemente los brazos. No puede andar mucho a pie y se fatiga pronto. Le agrada tenderse o sentarse en la hamaca. Tiene frecuentes y súbitos arrebatos de ira, y entonces se pone como loco, se arroja en la hamaca y se desata en improperios y maldiciones contra cuantos le rodean. Le gusta proferir sarcasmos contra los ausentes, no lee más que literatura francesa de carácter liviano, es un jinete consumado y baila valses con pasión. Le agrada oírse hablar, y pronunciar brindis le deleita. En la adversidad, y cuando está privado de ayuda exterior, resulta completamente exento de pasioness y arranques temperamentales. Entonces se vuelve apacible, paciente, afable y hasta humilde. Oculta magistralmente sus defectos bajo la urbanidad de un hombre educado en el llamado beau monde, posee un talento casi asiatico para el disimulo y conoce mucho mejor a los hombres que la mayor parte de sus compatriotas."

Por un decreto del Congreso de Nueva Granada los restos mortales de Bolívar fueron trasladados en 1842 a Caracas, donde se erigió un monumento a su memoria.

Véase: Histoire de Bolivar par Gén. Ducoudray-Holstein, continuée jusqu'á sa mort par Alphonse Viollet (Paris, 1831); Memoirs of Gen. John Miller (in the service of the Republic of Peru; Col. Hippisley's Account of his Journey to the Orinoco (London, 1819).

Artículo publicado en el tomo III de The New American Cyclopedia. Escrito en enero de 1858. Apareció en la edición alemana de MEW, t. XIV, pp. 217-231. Digitalizado para MIA-Sección en Español por Juan R. Fajardo, y transcrito a HTML por Juan R. Fajardo, febrero de 1999.
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En mi  libro, publicado en marzo del 2022, titulado  La Historia de Cuba que te ocultaron  y otros temas se pueden leer otros aspectos de la personalidad de Simón Bolivar:
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La actitud de Bolívar sobre la petición del presidente haitiano Alexandre Pétion durante su refugio en Haití es muy elocuente: Pétion le envió un pedido solicitándole a Bolívar la abolición de la esclavitud en todos los territorios que independizara, Bolívar atendió el pedido, pero nunca lo cumplió. (Barcia, 1999, p.37)   

Foner,  historiador norteamericano marxista, escribió:

«En 1830, la década de esfuerzos intensos por la independencia de Cuba se había cerrado. Las autoridades españolas seguían acusando a Colombia y México de proseguir su plan de invadir la isla, pero tal acusación tenía muy poca base real: la oposición de Estados Unidos había resuelto definitivamente la cuestión. Además, con la caída del reaccionario gobierno borbónico en Francia y el ascenso de Luis Felipe al trono de 1830, Fernando VII había perdido toda posibilidad de ayuda francesa para reconquistar sus antiguas colonias. México y Colombia, libres ya de la amenaza de España, dejaron de prestar ayuda a las actividades independentistas en Cuba, y el reconocimiento formal, por parte de España, de las repúblicas hispanoamericanas, que ocurrió en 1836, acabó con todas las esperanzas cubanas de auxilio procedente de aquellos países». (Foner, 1988, p.185)

Pero mi opinión es que las verdaderas razones del cese de las promesas de ayuda hacia Cuba por parte de las repúblicas hispanoamericanas podemos encontrarlas en el siguiente fragmento de una carta personal (es decir, sin la finalidad que su contenido se  conociera públicamente) de Bolívar del 20 de diciembre de 1824 al general Santander:

«Me parece bien que el gobierno de Colombia, por los medios que juzgase a propósito, intimase a España que si en tanto tiempo no reconocía la independencia de Colombia y hacía la paz, estas mismas tropas irían inmediatamente a La Habana y Puerto Rico.
Más cuenta nos tiene la paz que libertar esas dos islas: J’ai ma politique a moi. La Habana independiente nos daría mucho que hacer, la amenaza nos valdría más que la insurrección. Yo tengo mi política. Este negocio bien conducido puede producir un gran efecto. Si los españoles se obstinaren, Sucre puede ir a una parte, y Páez a otra, porque ambos están animados del mismo deseo... ». (Foner, 1988, p.166)

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