martes, septiembre 10, 2024

Dagoberto Valdés Hernández desde Cuba: CUBA: ENTRE LA AGONÍA, LA GERMINACIÓN Y EL "HILO QUE NOS UNE".

CUBA: ENTRE LA AGONÍA, LA GERMINACIÓN Y EL "HILO QUE NOS UNE".

Por Dagoberto Valdés Hernández  

9 de septiembre de 2024.

“Yo no creo que mi tierra esté muerta.

Está esparcida por el viento,

y anda, en esta hora de agonía,

por los pueblos y por el mar.

Pero hay un hilo misterioso que a todos nos sujeta a la tierra querida

y será bello de ver el día en que, a un tiempo,

con la maleta entre las alas, vuelvan al nido todas las palomas”.

José Martí. Carta a Rodolfo Menéndez. (O.C. Editorial Ciencias Sociales, t. 20, p. 348)

La increíble vigencia de José Martí, el verdadero, recordado por el padre Lester, un fraile dominico cubano, amigo y hermano, de la familia de Fray Bartolomé de las Casas y Fray Antonio de Montesinos, me ha conmovido y confirmado en mi esperanza que no es ilusoria, ni utópica, sino realista.

Los que me conocen o me leen saben que no descanso en decir y vivir que Cuba es una noble y única nación formada por dos pulmones: la Isla que respira, resiste y resucita aquí cada mañana; y el otro pulmón: la Diáspora esparcida por todas las latitudes y crecida a lo largo de todos estos 65 años.

Esa Diáspora, siempre creciente, como el mar que nos rodea va en olas: exilio histórico, desterrados, marielitos, balseros, los de las rutas, las selvas y los ríos, los sepultados en el Estrecho de la Florida, los que decidieron irse por los mares, los vientos, los emigrados, cuya causa profunda es la misma de todos: escapar, no de su tierra, no de su cubanía, no de sus raíces, no de sus familias, no de su Iglesia y su barrio, sino del régimen que ha convertido la unidad predicada en desintegración obligada, por la vida invivible, por la agonía inacabable, por la muerte lenta. Es el sistema, no Cuba, el que muere.

Es por ello que quiero compartir con ustedes esta certeza de José Martí, que escribe desde Nueva York, el 26 de junio de 1889 una carta a un amigo editor de la revista Escuela Primaria. En la misma misiva le presenta el primer número de La Edad de Oro que define como “empresa del corazón”. En la carta dice Martí:

*“Yo no creo que mi tierra esté muerta. Está esparcida por el viento…”*

Comparto absolutamente esta convicción del Apóstol. Cuba no está muerta por muchas heridas de muerte que haya recibido. No está muerta, aunque casi la asfixia una ideología extranjera que va contra la naturaleza humana pero que no ha podido con la esencia humana de cada cubano: esa imagen y semejanza que toda persona ha recibido de Dios y que es imborrable, imbatible, siempre resucitada.

Las esencias de la nación cubana no han muerto. El alma de Cuba está herida por el daño antropológico infligido por el totalitarismo, pero ningún régimen puede con el espíritu humano. Pueden herir, torturar, matar el cuerpo, pero esa sangre ha fortalecido el alma de Cuba. No confundamos la agonía con la muerte. La agonía tiene solución. Puede ser fecunda. Puede ser ofrenda permanente. Toda agonía es la lucha de la vida que se resiste a morir. La agonía es crisol que purifica, es cruz que resucita, es roca sobre la que cimentamos el futuro de la nación. Cuba agoniza, pero está, por eso mismo, viva y luchando por la vida.

*“… y anda, en esta hora de agonía, por los pueblos y por el mar”.*

La más perfecta descripción de lo que estamos viviendo: agonía de los de la Isla que sufre y agonía de la Diáspora que también sufre y sobre ese sufrimiento padece la nostalgia, la separación de la familia, el desarraigo de sus raíces, la lejanía de su tierra, repito, su tierra, la nuestra, que es de ellos, que es de todos los cubanos.

Pero dice Martí que Cuba “anda”, no se ha detenido un solo segundo desde que nació a la libertad y desde que le fue arrebatada. Cuba no está muerta porque anda. Y anda no solo dentro de la Isla, sino por los pueblos del orbe entero, dando fe de que vive, de que lucha, de que progresa, de que trabaja por la libertad. Cuba anda, luego vive. Y anda más que nunca, por caminos que antes no sospechaba, por latitudes donde no se sabía de su agonía. Cuba anda por los pueblos y mares del mundo predicando su verdad, derrumbando mitos, levantando solidaridad. Cuba dispersa ha ensanchado los caminos de la libertad.

Es mentira la desintegración de Cuba. Sus pedazos esparcidos son semillas de libertad, son yemas de injerto para ramificar a la Isla en el tronco del mundo. Cada cubano es una semilla, y si la semilla no se esparce no hay surco, ni sembradío, ni cosecha de libertad y progreso. Cada cubano desgajado ha logrado injertarse en el lugar donde fue, y prender en el tronco que lo acogió, y florecer en el progreso y dar frutos en país extraño. ¿Existe prueba mayor de que Cuba vive? Hay un monumento a la resurrección de Cuba en cada país donde los cubanos han sido esparcidos, donde llegaron, plantaron y han levantado cabeza y progreso. Esa es Cuba. Esa es mi Patria querida y sufrida. Esa es Cuba, en la Isla y en la Diáspora, no el espantajo mugriento y estéril que quieren que creamos que somos.

Los que quieren que creamos eso no saben que la semilla más fértil aparenta estar podrida y lo está en la profundidad de su tierra, pero la podredumbre de este tiempo trae dentro su embrión y su propia germinación. En la Isla estamos viviendo en el tiempo que necesita toda semilla aparentemente podrida para convertirse en árbol de libertad. Fijémonos en el primer experimento que hacen en casa nuestros hijos y nietos: sembrar una semilla en algodón húmedo para ver qué pasa.

Primero parece que no pasa nada, pero la semilla está viva, está trabajando por la vida sin que se vea nada, aparentemente. Después, como un milagro de vida en profundidad, brota la radícula, una insignificante raicilla sin color, pero con vigor, que empuja hacia abajo y comienza a echar unos minúsculos pelos que tienen la capacidad de absorber y alimentarse del suelo, mientras consume la reserva de la semilla que se pudre. Ha nacido la raíz. Libertad hacia abajo, pero que sin ella nada alimentará la planta en el sol de la libertad. Luego, otro milagro, este hacia arriba, nace la plúmula, yema envuelta en una minúscula hoja rudimentaria que la cubre y protege. Empuja la tierra sin dejarse podrir por ella. Se abre camino, sale a la superficie, se muestra a la luz del sol. Ha nacido el tallo. Este es el largo camino hacia la libertad de la luz.

Unos somos radícula y servimos para penetrar, beber de la tierra, alimentar al resto de la planta. Otros somos los agonizantes cotiledones de la semilla enterrada y servimos para entregar nuestras reservas a los que crecen. Otros somos los rudimentarios tallos que empujan, abren camino en la tierra, no se dejan desintegrar, se alzan hasta alcanzar el sol y son la primera señal de que la semilla ha triunfado, no estaba muerta. Solo estaba naciendo en la agonía del surco, en la profundidad del sinvivir para, muriendo por fuera, dar a la luz el árbol de la libertad.

*“Pero hay un hilo misterioso que a todos nos sujeta a la tierra querida…”*

Unos hacemos ese proceso aquí, otros cubanos nacen, crecen y dan frutos progresando en la Diáspora. Pero la nación no se deshilacha. Cuba sigue tejiendo, hilvanando, extendiendo el tejido de su sociedad civil. Pero hay un hilo primigenio. Este es el hilo con que se teje la nación cubana. Con el que permanecemos todos, no importa donde estemos, sujetos, imbricados, entretejidos a la tierra querida. ¡Que jamás olvidemos ese “hilo misterioso”! ¡Que nunca cortemos su urdimbre! ¡Que ensartemos las agujas de los nacidos en otras tierras con este hilo de cubanía! Sesenta y cinco años no han podido romper el hilo ni destruir el manto con el que nos cobijamos todos los cubanos. Todos lo sentimos, todos lo sabemos: es un manto criollo y universal, materno y fraternal. “Es emblema patrio”. Es la cubanidad.

*“Y será bello de ver el día en que, a un tiempo, con la maleta entre las alas, vuelvan al nido todas las palomas”.*

Estoy convencido que se acerca ese bello día en que, por “las aguas del regreso”, como dice la plegaria “Al pie de los altares”, vuelvan al maravilloso y desvencijado nido que intentaron destruir, para reconstruirlo más grande, mejor y más acogedor y hospitalario. Cuba será un hogar nacional mucho mejor que el de hace más de seis décadas. Seremos lo que somos: una gran nación en una pequeña, bella y próspera Isla.

Y ya no será igual que antes, porque los hilos cubanos que tejieron nuestros hermanos de la Diáspora en cada una de sus oleadas, traerán para la Isla mareas de conocimientos, talentos y prosperidad. Quienes pensaron que con el exilio destruían a Cuba solo dispersaron semillas, ganas de vivir, trabajo para progresar y una gran riqueza humana con raíces universales que harán que su Patria sea, al regreso, más grande y preciosa, otra vez, la Perla de las Antillas, la Llave del Golfo, “la tierra más hermosa que ojos humanos han visto”.

Que así sea.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

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De Gleyvis Coro Montané este otro Himno del Deterrado

  · HIMNO DEL DESTERRADO

Aunque errante, proscrito y lejano

de la tierra en que un día nací

no he salido de allí. Vivo allí, 

en el suelo infelice cubano. 

Pienso, como y respiro en cubano. 

El destierro no ha sido el entierro 

de mi esencia martiana sin par. 

Con frecuencia me nace extrañar 

desde el fondo de mí y, como un perro, 

cuanta cosa se pueda extrañar. 

Soy un triste cubano en el Polo. 

Voy con todos, con todas y todes

a decirle al tirano : ¡Te jodes! 

Estoy solo acá arriba, muy solo. 

Mi bandera cubana enarbolo

y me pongo a gritar, sin parar: 

¡No nos vas a poder separar! 

¡Vil tirano, entre Cuba y mi pecho, 

hay un lazo de amor tan estrecho 

que no puede romperlo ni el mar!

©Se habla cubañol

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Alexis Valdes & Willy Chirino - YO SOY CUBANO (Video Oficial)


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 Soy Cubano, en la voz de Agustin Tamargo

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Después de felicitar a una amistad por los homenajes recibidos en otras latitudes, por su labor profesional, esa persona me contestó con unas emotivas palabras que incluí en uno de mis libros:

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La legión del regreso



Por Agustín Tamargo

2005

Los cubanos salen de una isla pequeña y se han diseminado por todo el mundo. Uno es profesor en una universidad de Australia; otro, inauguró en Alaska un restaurante. Nada los detiene, ni el frío ni el calor. Los seduce el trópico de la Florida, pero soportan igualmente a pie firme los hielos de Boston y Nueva York…

No mendigan, trabajan. Los que en Cuba eran pobres, aquí son ricos. Los que allá eran medio pelo, aquí son pelo y medio.

Ningún obstáculo detiene su laboriosidad beligerante si la oferta es digna. Uno es rector de la Universidad; otro, maquilla muertos. Cambian, pero solo en la superficie. En Miami siguen jugando la bolita (lotería Prohibida), peleando gallos a escondidas y enviando los hijos a la escuela privada. En Madrid, están contra José Luis Rodríguez Zapatero y en Caracas, contra Hugo Chávez, siempre en la oposición.

Se les critica y se les envidia pero en el fondo se les admira. Gallegos por el trabajo y judíos por la voluntad de sobrevivir, constituyen una legión empecinada que no se deja ignorar. Traen su música calurosa, el ruido de sus tambores, los frijoles negros y el bistec de palomilla con moros y maduros. Pero traen sobre todo la simpatía, la cordialidad y la laboriosidad.

Quienes son? Son los cubanos del destierro, la única población mundial trasplantada, que (salvo los hebreos) en más de un tercio de siglo no han perdido su identidad. Los que admiraban a Cuba desde lejos como ejemplo supremo de pujanza latinoamericana, los que veían a Cuba como un milagro étnico y cultural, donde todo parecía un relajo pero todo funcionaba bien, ya no tienen que ir a Cuba para conocerla. Aquí la tienen dentro de los mismos Estados Unidos. Esta es Cuba. Estos son los cubanos. Exagerados, fanfarrones, ruidosos, sí, pero también intensos, profundamente creadores y buenos amigos.

Y que no han hecho en estos 47 años de destierro los cubanos para poder sobrevivir con dignidad? Cuál actividad manual o intelectual no han ensayado en este o en aquel país, por complicada que pareciera, lo han realizado para no quedarse detrás, para no dejarse discriminar.

En alguna de esas actividades han llegado tan lejos que superan a emigraciones que los precedieron por cerca de medio siglo. No hay hospital en Estados Unidos donde no haya hoy un medico cubano. No hay periódico donde no haya un periodista cubano, ni banco donde no haya un banquero cubano, ni publicitaria donde no haya un publicitario cubano, ni escuela donde no haya un maestro cubano, ni universidad donde no haya un profesor cubano, ni comercio donde no haya un manager cubano.

En las Grandes Ligas del béisbol sus nombres también brillan. En Madrid, el primer poeta latinoamericano es un negro cubano.

En la Coca Cola, Kellog’s, McCormick, Pepsi Cola y tantas otras su dirigente es o fue un cubano. En el Congreso de Washington hay cuatro cubanos, en el Senado federal se sientan dos cubanos, el Ministro de Comercio de E. U. es un cubano, la Viceministro de Salud es una doctora cubana. Caramba, son unos pocos en éste país y llegaron hace muy poco tiempo.

En las tierras prestadas del extranjero parecen llevar siempre en la frente la marca del sitio de donde vienen. Los cubanos llevan a Cuba. La enaltecen y la honran, porque además de en la frente la llevan en el corazón.

Pero hay algo en el desterrado cubano, a mi juicio, superior a esa actividad profesional triunfante, y es su odio al despotismo del que huyen, su amor a la tierra que dejaron. Eso lo separa y lo define. Eso da a sus triunfos en medio del desarraigo, una grandeza que de otro modo no tendría. Por qué, preguntan algunos, no se acaban de quedar tranquilos los exiliados cubanos?

¿Por que no aceptan de una vez que perdieron la batalla? Se han afincado definitivamente en estas tierras hospitalarias que los han acogido y donde viven en lo material muchas veces mejor que como vivían en Cuba.

Los que se preguntan esto, no conocen a los cubanos. El cubano sabe esto. Aun teniéndolo todo, si les falta Cuba, no tienen nada. Quizás por ello han hecho su Cuba aquí. Saben mas todavía que esta prosperidad de que disfrutan, lejos de su isla hambreada y aterrada, es en cierto modo una forma de traición. Por eso, si se le mira bien, se verá que a veces parece que el cubano ríe, pero en realidad esta llorando por dentro.

Le nace el hijo, le crece, se le gradúa en la Universidad, pero el cubano suspira. Ay, si estuviera en mi Cuba! Compra una casa, un auto, o una lancha y sigue suspirando. Ay! Si todo esto lo tuviera en Cuba! De una manera misteriosa, que no puede definir, hay un vinculo con aquello que tira de aquí hacia allá. Ahora que perdió a su país, sabe que no puede vivir sin Cuba, y la sueña de noche, y le agiganta los valores y la embellece y la idealiza, y se culpa de no haberla entendido mejor, y la recrea en sus cantos y bailes, y la revive en sus historias en sus costumbres y en sus comidas.

Por que compran hoy los cubanos mas libros cubanos que nunca? Por que tienen sus casas, sus negocios y sus oficinas llenas de palmas, de banderas, de escudos y de retratos de José Martí? Por qué aunque sean USA citizens SIGUEN SIENDO CUBANOS? Por qué se reúnen en sus municipios formados en el exilio, borrando antiguos antagonismos de partido o clase?

Porque el cubano sabe que lo único auténticamente suyo fue SU CUBA y que a ella quisiera el poder regresar. No les preocupa que le devuelvan la residencia o el negocio, si lo tenían. Lo único que desean es volver a su tierra. La casa donde nació esta destruida, al pueblo se lo han puesto desconocido, la madre ha muerto. Pero no importa. El exiliado cubano quiere de todos modos ir a esa casa, a ese pueblo y a esa tumba. La Patria empieza ahí. En el exilio tropieza, yerra y se equivoca, pero está salvado también porque en el fondo de su ser nunca traicionó a Cuba.

Cuando llegue ese momento muchos volverán, otros no podrán hacerlo, pero las semillas que dejaron donde estuvieron exiliados no los olvidará, perdurarán por siempre y para siempre porque lo hicieron con mucho sacrificio, tenacidad y amor. Y aunque a lo mejor no tendremos la oportunidad de leerlo, muchos escribirán sobre su paso aquí para orgullo de sus descendientes.

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martes, julio 04, 2023

Una Declaración y su vigencia moral. Julio M. Shiling sobre el Día de la Independencia de los Estados Unidos de América. Eugenio Yáñez: Las 1.325 palabras que cambiaron el mundo para siempre

  



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Una Declaración y su vigencia moral

Por Julio M. Shiling
3 de julio de 2017

Ya habían pasado dos meses y once días desde que los primeros disparos de la Guerra Revolucionaria Norteamericana retumbaron en los campos de batalla de varios pueblos ubicados en el Condado de Middlesex en el estado de Massachusetts. El Congreso Continental, esa asamblea que acoplaba los delegados que representaban las Trece Colonias estadounidenses, unánimemente aprobaron y firmaron, el cuatro de julio de 1776, la Declaración de Independencia Estadounidense. ¿Qué sustentaba ese documento emblemático de la nación norteamericana cuya fecha histórica marca, no el alcance material y territorial de la independencia que en si ocurrió siete años y dos meses más tarde después de una guerra dura, sino un pronunciamiento de intención y la racionalización para independizarse?

El Congreso Continental, esa especie de gobierno en armas norteamericano, le encomendó a un comité de cinco delegados la tarea de redactar en forma de un listado de agravios y justificativos, un pronunciamiento para accionar hacia la independencia. Entre los más destacados del grupo estaba Tomás Jefferson, considerado el autor material del texto, y Benjamín Franklin y John Adams, quienes aportaron la capacitación editorial. Fueron un total de 1,331 palabras las que la Declaración enumeraba. Lo seminal del pronunciamiento fue, no la elocuencia indiscutiblemente brillante de su narrativa, sino la priorización de dos de los fundamentos principales de cualquier sociedad libre: la Ley Natural y el derecho de rebelión.

Qué los EE UU sea el ensayo democrático continuo más exitoso en la historia, no ha sido por casualidad. Más bien, podemos concluir, esto ha ocurrido por causalidad integralmente. Es cierto que los derechos naturales y el principio de remover a un tirano por la fuerza si dicha acción es justa y necesaria, no es un invento de los norteamericanos. Los antiguos griegos y el cristianismo ya habían planteado estos valores preeminentes mucho antes. Platón, San Agustín y Santo Tomás de Aquino articularon formidablemente sobre los derechos naturales y su supremacía sobre nociones de leyes positivas o esquemas convencionales. De igual manera, el derecho de un pueblo levantarse y derrocar por cualquier vía disponible a un régimen tiránico, cuenta a la dinastía Zhou, (1050 a. C.) como el primer practicante del derecho de revolución y los mencionados Doctores de la Iglesia enarbolaron, respectivamente, los principios teóricos de la guerra justa y del tiranicidio, ramificaciones de dicho derecho. 

Lo distintivo del caso estadounidense fue la precisión que le dieron a estos componentes éticos sacrosantos en su documento político insigne y la fidelidad que en el ejercicio de la praxis han observado de los mismos. Éstos, al final del día, representan los mayores protectores conceptuales de la libertad dentro de un modelo político que cuenta con el consentimiento de los gobernados. Los que correctamente catalogan a la democracia como un sistema de auto gobierno que reposa sobre un Estado de derecho, entienden que la defensa de la libertad, es la tarea principal de cualquier gobierno democrático. Los fundadores de la nación estadounidense, no sólo los encargados de elaborar el texto independentista, entendieron estas verdades y más aún, se alinearon expresamente con la Divina Providencia, concretando a la nueva república dentro de un formulario que buscaba vivir en libertad bajo el amparo y las normas de Dios.

La Declaración contiene cinco secciones: el preámbulo; el pronunciamiento de los derechos naturales (o derechos humanos fundamentales); los agravios que violentaban esos derechos naturales; los agravios contra la monarquía y su régimen; y el pronunciamiento de la separación formal y las firmas. Las semillas para lanzar al mundo por primera vez una república constitucional que aspiraba vivir en democracia, contenía todo lo necesario. La libertad sería reconocida como regalo de Dios y consecuentemente era preeminente y que cualquier intento de suprimir ese derecho inalienable está fuera de la jurisdicción de cualquier gobierno. Esta nueva sociedad se forjaría como pueblo impregnado con la noción de que si los medios para reformar, cambiar o reformular, pacíficamente y por vía de un reformismo gradual no eran factibles o se hallaban cerradas, pues ese gobierno habría que abolirlo por la fuerza si fuese necesario y empezar nuevamente.

Hay algo más que añadir que es obvio para cualquiera que se haya leído la Declaración de Independencia. Las columnas éticas de los derechos naturales y el principio del derecho de rebelión, estaban ligadas intrínsecamente a un precepto de entrega a un Ser Superior que imparte justicia y un código moral. “Una nación bajo Dios…”, es el criterio expreso predominante en todos los documentos fundacionales de la nación estadounidense. La Declaración que los norteamericanos y otros amantes de la libertad honran el Cuatro de Julio, ha expuesto esa realidad en un contexto grandilocuente. Hoy, en esta recesión democrática global y la ofensiva amoral en que vivimos, la transmisión de su contenido transcendental, tiene una vigencia universal que urge su aplicación.
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

La esclavitud no se aceptó de manera natural; fue un punto escabroso. Se aceptó por algunas de las Trece Colonias para preservar la unión en la lucha, la cual era necesaria para alcanzar la victoria y no ser derrotados y colgados. Benjamín Franklyn expresó lo siguiente  con relación a la necesidad de  mantener la unión: «Sí, tenemos que, de hecho, todos permanecer juntos, o casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado». Cada una de las Treces Colonias  se autogobernaban en muchos asuntos y existían grandes diferencias entre el desarrollo alcanzado y las características de cada una de ella. El Bill of Rights es otro documento que nos permite evaluar mejor como pensaban muchos de los padres fundadores. La Guerra de 1812, mediante la cual la Metrópoli inglesa estuvo muy cerca de recuperar a sus antiguas Trece Colonias,  mostró también la necesidad de mantener la unión entre ellas.

 Al hacer un análisis de un documento debemos de situarnos en  el contexto histórico en que se redactó; ni en Francia, patria del Iluminismo, se aprobó el voto de la mujer. El Iluminismo fue la corriente filosófica que más influyó en los independentistas de las Trece Colonias; a su vez la práctica política llevada a cabo por las liberadas Trece Colonias influyó grandemente en la Revolución Francesa contra la monarquía de Luis XVI. Por otra parte, EE.UU. es una República y no una Democracia en el sentido clásico, pues siguiendo las ideas del liberalismo europeo, el voto universal permite, por ejemplo,  que el voto de la persona más instruida, inteligente, conocedora del tema, menos manipulable  y mejor intencionada,sea  equiparado al de una persona que carece de todas esas característica.

Sobre las masacres de indios, ese es un tema muy complicado donde hubo excesos, salvajismos y todo tipo de racismo de ambas partes. El hecho de que los indios se pusieron al lado de la Metrópoli inglesa para luchar contra la independencia de las Trece Colonias fue un mál comienzo para esas relaciones.
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Las 1.325 palabras que cambiaron el mundo para siempre

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Se cumplen 236 años de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, un documento que nunca ha sido superado
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Por Eugenio Yáñez
 Miami 
04/07/2012

Tema no apto para “intelectuales” de izquierda, “antiimperialistas”, resentidos, marionetas, inútiles, y quienes sinceramente piensan que el futuro conduce al socialismo y que “el Imperio” vive retrocediendo de crisis en crisis.

Se cumplen 236 años de la Declaración de Independencia de Estados Unidos de América.

Documento que NUNCA, EN NINGÚN LUGAR, ha sido superado. Que no creó una nación perfecta, pero abrió las puertas hacia el mejor de los mundos posibles.

Nación que —bochornosamente— vio la luz aceptando como natural la esclavitud y negando el derecho a escoger a sus gobernantes —la base de sus fundamentos— a negros y mujeres, y logró su expansión territorial masacrando a sus indígenas, pero que fue capaz de crear mecanismos para superar sus propias insuficiencias y limitaciones, sin “perfeccionamientos”, “actualizaciones” ni “revoluciones”, y sin tener que renunciar, en ninguna circunstancia, a sus bases seminales: la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Nación gobernada por una persona electa que se convierte en la más poderosa del mundo, pero que tiene que someter sus decisiones fundamentales a un poder legislativo libérrimamente electo y la interpretación de un poder judicial independiente, y, en última instancia, a nueve respetables jueces en la Corte Suprema, que deciden, sin aceptar presiones de nadie, si las leyes y acciones responden a lo que se entiende como Estado de Derecho, o si son o no son constitucionales y, por lo tanto, derogadas o no.

Corte Suprema que, cuando decide, ¡ay! no importa si afecta a quien tenga autoridad sobre miles de municiones nucleares o miles de millones de dólares, o favorece a una sencilla “negrita” que no ve razón para sentarse en el asiento trasero de un ómnibus vacío o cedérselo a un blanco soberbio para quien la cortesía natural hacia una mujer importa menos que un color de piel que él mismo porta sin haber hecho nada.

¿País perfecto? ¡Claro que no! ¿País que se supera continuamente? ¡Claro que sí! Aunque a veces demore un siglo o más arreglar lo que nunca debió haber comenzado tan mal, o nunca debió haber existido. ¿Cómo? Aboliendo la esclavitud con una desgarradora guerra civil de 600.000 muertes y 400.000 heridos; asegurando el futuro de sus ciudadanos con un sistema de seguridad social “impuesto” por un líder carismático y poliomielítico; participando en dos guerras mundiales que no fue a buscar, pero se pelearon y ganaron; garantizando atención médica a sus ciudadanos en la vejez gracias a un consenso “imposible” de lograr; enviando la Guardia Nacional a centros de estudio para garantizar que cada ser humano tenga acceso a los estudios, independientemente de su color o de sus ideas; asegurando no que todos vivan igual, sino que todos tengan las mismas oportunidades.

Nación que no temió a monarquías ni dictadores, ni a nazis, fascistas, comunistas o terroristas; que en 236 años de historia NUNCA ha dejado de celebrar elecciones abiertas, limpias y justas; que en más de dos siglos le han bastado algunas Enmiendas a su Constitución para “perfeccionar” su sistema; que lanza dos bombas nucleares contra un enemigo que le atacó a traición, y después le ayuda a reconstruirse; que alaba y premia la innovación y la prosperidad, y no persigue el “enriquecimiento”; que no permite que su presidente gobierne más de ocho años; que estimula el disenso y las opiniones diferentes; que enfrenta a sus votantes en los procesos electorales y se une monolíticamente cuando se pretende amenazar su seguridad nacional; que se enorgullece de recibir —legalmente— exiliados e inmigrantes de todo el mundo y mezclarlos en un inmenso crisol para crear “hombres nuevos” que día a día hacen al país más libre y, por ser más libre, más fuerte, más poderoso y más rico. ¡La nación más revolucionaria del mundo!

¿Cuántos “antiimperialistas” han leído esas 1.325 palabras, esa Declaración de Independencia? ¡Resentidos del mundo, uníos; atacad siempre a Estados Unidos! No resolverán nada con eso, pero al menos se entretienen.

¿Nada que criticar a Estados Unidos en este aniversario? ¡Claro que sí! ¿Por qué creer que existían “verdades evidentes” sobre la igualdad y la libertad de los seres humanos, pero “for white only”? ¿Por qué apoyar “hijos de puta” en todo el mundo, simplemente porque fueran “nuestros hijos de puta”? ¿Por qué no garantizar cobertura de salud pública a cada persona en este país, y no solamente en emergencias? ¿Por qué tener más premios Nobel que ningún otro país, y estudiantes que cada vez se retrasan más en ciencias y humanidades? ¿Por qué preocuparse más de ballenas o caribúes en peligro de extinción que de las enfermedades y la miseria en el mundo, de seres humanos en peligro de extinción? Y específicamente con relación a los cubanos y el último medio siglo, ¿por qué preocuparse más por la “estabilidad” en Cuba y Florida que por las libertades y los derechos de los pueblos?

Como personas libres no tenemos nada que esconder. La lista de lo criticable a Estados Unidos no es secreta. La verdadera y sincera. No interesan las críticas de Granma o las que repiten los papagayos “antiimperialistas”, sino las que de verdad agradece esta gran nación que se le hagan, para ser mejor cada vez.

Entonces, ¿por qué tanto orgullo por esta celebración? Porque podemos criticar y analizar todo lo que queramos sobre esta nación, sus decisiones, sus gobernantes —desde el presidente al comisionado municipal—, sus políticas y sus acuerdos, que mientras se haga sin violar las leyes lo podemos hacer donde queramos, como queramos, cuando queramos, y por los medios que queramos, sin temor a ser reprimidos por expresar abierta y libremente nuestras opiniones.

En otras palabras, porque somos verdaderamente libres en un país verdaderamente libre. ¿Le parece poco a algunos? Piensen si todos los cubanos, o todos los seres humanos, pueden decir lo mismo en los países en que viven.

© cubaencuentro.com

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(El cuadro de John Trumbull La Declaración de Independencia recoge el momento de la presentación del trabajo del Comité de los Cinco al Congreso.)

En CONGRESO, 4 de julio de 1776.

La Declaración unánime de los trece Estados Unidos de América,

Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro, y tomar entre las naciones de la Tierra el puesto separado e igual al que las leyes de la naturaleza y del Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.

Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios,el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que los gobiernos establecidos hace mucho tiempo no se cambien por motivos leves y transitorios; y, de acuerdo con esto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a sufrir, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia mediante la abolición de las formas a las que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, que persigue invariablemente el mismo objetivo, evidencia el designio de someterlos bajo un despotismo absoluto, es el derecho de ellos, es el deber de ellos, derrocar ese gobierno y proveer nuevas salvaguardas para su futura seguridad.

Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; y tal es ahora la necesidad que las compele a alterar su antiguo sistema. La historia del presente rey de la Gran Bretaña es una historia de repetidas injurias y usurpaciones, cuyo objeto principal es y ha sido el establecimiento de una absoluta tiranía sobre estos estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un mundo imparcial.

Ha rehusado asentir a las leyes más convenientes y necesarias al bien público de estas colonias, prohibiendo a sus gobernadores sancionar aun aquellas que eran de inmediata y urgente necesidad a menos que se suspendiese su ejecución hasta obtener su consentimiento, y estando así suspensas las ha desatendido enteramente.

Ha reprobado las providencias dictadas para la repartición de distritos de los pueblos, exigiendo violentamente que estos renunciasen el derecho de representación en sus legislaturas, derecho inestimable para ellos, y formidable sólo para los tiranos. Ha convocado cuerpos legislativos fuera de los lugares acostumbrados, y en sitos distantes del depósito de sus registros públicos con el único fin de molestarlos hasta obligarlos a convenir con sus medidas, y cuando estas violencias no han tenido el efecto que se esperaba, se han disuelto las salas de representantes por oponerse firme y valerosamente a las invocaciones proyectadas contra los derechos del pueblo, rehusando por largo tiempo después de desolación semejante a que se eligiesen otros, por lo que los poderes legislativos, incapaces de aniquilación, han recaído sobre el pueblo para su ejercicio, quedando el estado, entre tanto, expuesto a todo el peligro de una invasión exterior y de convulsiones internas.

Se ha esforzado en estorbar los progresos de la población en estos estados, obstruyendo a este fin las leyes para la naturalización de los extranjeros, rehusando sancionar otras para promover su establecimiento en ellos, y prohibiéndoles adquirir nuevas propiedades en estos países.

En el orden judicial, ha obstruido la administración de justicia, oponiéndose a las leyes necesarias para consolidar la autoridad de los tribunales, creando jueces que dependen solamente de su voluntad, por recibir de él el nombramiento de sus empleos y pagamento de sus sueldos, y mandando un enjambre de oficiales para oprimir a nuestro pueblo y empobrecerlo con sus estafas y rapiñas.

Ha atentado a la libertad civil de los ciudadanos, manteniendo en tiempo de paz entre nosotros tropas armadas, sin el consentimiento de nuestra legislatura: procurando hacer al militar independiente y superior al poder civil: combinando con nuestros vecinos, con plan despótico para sujetarnos a una jurisdicción extraña a nuestras leyes y no reconocida por nuestra constitución: destruyendo nuestro tráfico en todas las partes del mundo y poniendo contribuciones sin nuestro consentimiento: privándonos en muchos casos de las defensas que proporciona el juicio por jurados: transportándonos mas allá de los mares para ser juzgados por delitos supuestos: aboliendo el libre sistema de la ley inglesa en una provincia confinante: alterando fundamentalmente las formas de nuestros gobiernos y nuestras propias legislaturas y declarándose el mismo investido con el poder de dictar leyes para nosotros en todos los casos, cualesquiera que fuesen.

Ha abdicado el derecho que tenía para gobernarnos, declarándonos la guerra y poniéndonos fuera de su protección: haciendo el pillaje en nuestros mares; asolando nuestras costas; quitando la vida a nuestros conciudadanos y poniéndonos a merced de numerosos ejércitos extranjeros para completar la obra de muerte, desolación y tiranía comenzada y continuada con circunstancias de crueldad y perfidia totalmente indignas del jefe de una nación civilizada.

Ha compelido a nuestros conciudadanos hechos prisioneros en alta mar a llevar armas contra su patria, constituyéndose en verdugos de sus hermanos y amigos: excitando insurrecciones domésticas y procurando igualmente irritar contra nosotros a los habitantes de las fronteras, los indios bárbaros y feroces cuyo método conocido de hacer la guerra es la destrucción de todas las edades, sexos y condiciones.

A cada grado de estas opresiones hemos suplicado por la reforma en los términos más humildes; nuestras súplicas han sido contestadas con repetidas injurias. Un príncipe cuyo carácter está marcado por todos los actos que definen a un tirano, no es apto para ser el gobernador de un pueblo libre.

Tampoco hemos faltado a la consideración debida hacia nuestros hermanos los habitantes de la Gran Bretaña; les hemos advertido de tiempo en tiempo del atentado cometido por su legislatura en extender una ilegítima jurisdicción sobre las nuestras. Les hemos recordado las circunstancias de nuestra emigración y establecimiento en estos países; hemos apelado a su natural justicia y magnanimidad, conjurándolos por los vínculos de nuestro origen común a renunciar a esas usurpaciones que inevitablemente acabarían por interrumpir nuestra correspondencia y conexiones. También se han mostrado sordos a la voz de la justicia y consanguinidad. Debemos, por tanto, someternos a la necesidad que anuncia nuestra separación, y tratarlos como al resto del género humano: enemigos en la guerra y amigos en la paz.

Por tanto, nosotros, los Representantes de los Estados Unidos, reunidos en Congreso General, apelando al Juez supremo del Universo, por la rectitud de nuestras intenciones, y en el nombre y con la autoridad del pueblo de estas colonias, publicamos y declaramos lo presente: que estas colonias son, y por derecho deben ser, estados libres e independientes; que están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona británica: que toda conexión política entre ellas y el estado de la Gran Bretaña, es y debe ser totalmente disuelta, y que como estados libres e independientes, tienen pleno poder para hacer la guerra, concluir la paz, contraer alianzas, establecer comercio y hacer todos los otros actos que los estados independientes pueden por derecho efectuar. Así que, para sostener esta declaración con una firme confianza en la protección divina, nosotros empeñamos mutuamente nuestras vidas, nuestras fortunas y nuestro sagrado honor.

Firmantes

    Nueva Hampshire: Josiah Bartlett, William Whipple, Matthew Thornton
    Massachusetts: Samuel Adams, John Adams, John Hancock, Robert Treat Paine, Elbridge Gerry
    Rhode Island: Stephen Hopkins, William Ellery
    Connecticut: Roger Sherman, Samuel Huntington, William Williams, Oliver Wolcott
    Nueva York: William Floyd, Philip Livingston, Francis Lewis, Lewis Morris
    Nueva Jersey: Richard Stockton, John Witherspoon, Francis Hopkinson, John Hart, Abraham Clark
    Pensilvania: Robert Morris, Benjamin Rush, Benjamin Franklin, John Morton, George Clymer, James Smith, George Taylor, James Wilson, George Ross
    Delaware: George Read, Caesar Rodney, Thomas McKean
    Maryland: Samuel Chase, William Paca, Thomas Stone, Charles Carroll of Carrollton
    Virginia: George Wythe, Richard Henry Lee, Thomas Jefferson, Benjamin Harrison, Thomas Nelson, Jr., Francis Lightfoot Lee, Carter Braxton
    Carolina del Norte: William Hooper, Joseph Hewes, John Penn
    Carolina del Sur: Edward Rutledge, Thomas Heyward, Jr., Thomas Lynch, Jr., Arthur Middleton
    Georgia: Button Gwinnett, Lyman Hall, George Walton
******************
Elaboración y aprobación de la Declaración

El 11 de junio de 1776, el Congreso nombró un "Comité de los Cinco", formado por John Adams de Massachusetts, Benjamin Franklin de Pennsylvania, Thomas Jefferson de Virginia, Robert R. Livingston de Nueva York y Roger Sherman de Connecticut, para redactar una declaración. La comisión, después de debatir las líneas generales que el documento debería seguir, decidió que Jefferson escribiría el primer borrador.

Teniendo en cuenta la apretada agenda del Congreso, Jefferson contó con tan solo 17 días para su redacción.7 Una vez elaborado el borrador por Jefferson y consultados los demás miembros, se hicieron algunos cambios y se presentó otra copia incorporando estas alteraciones. El comité presentó esta copia al Congreso el 28 de junio de 1776. El título del documento era "A Declaration by the Representatives of the United States of America, in General Congress assembled. ("Una declaración de los representantes de los Estados Unidos de América reunido en Congreso General").Mientras se producía el trabajo del comité del proyecto el Congreso reanudaba el debate sobre la resolución de Lee sobre la independencia. John Dickinson hizo un último esfuerzo para retrasar la decisión, pero tras un discurso de John Adams, el Congreso aprobó la misma el 2 de julio. Doce de las trece delegaciones votaron a favor; la delegación de Nueva York se abstuvo, ya que no habían sido autorizados a votar por la independencia, aunque serían autorizados por el Congreso Provincial de Nueva York una semana después.9 Con la aprobación de la resolución de la independencia, las colonias habían roto oficialmente los vínculos políticos con Gran Bretaña.

Después de votar a favor de la resolución de independencia, el Congreso centró su atención en la comisión del proyecto de la declaración. Durante varios días de debate, el Congreso hizo algunas modificaciones en la redacción y suprimió casi una cuarta parte del texto remitido, en concreto se eliminó todo un pasaje crítico al comercio de esclavos. El 4 de julio de 1776 se aprobó la redacción de la Declaración de Independencia y se envió a la imprenta para su publicación.

En la firma, Benjamín Franklin es citado como habiendo respondido a un comentario de John Hancock que deben permanecer todos unidos: «Sí, tenemos que, de hecho, todos permanecer juntos, o casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado», un juego de palabras que indica el hecho que de no permanecer unidos y tener éxito, serían juzgados y ejecutados, de manera individual, por traición.

Fundamento filosófico

El Preámbulo de la Declaración está influido por el espíritu de republicanismo, que fue usado como el marco de libertad.11 Además refleja la filosofía de la Ilustración, incluyendo el concepto de la ley natural, y el derecho de libre determinación. Las ideas y frases están extraídas de las obras de John Locke.


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